Aquí la autora desaparecida, ¿se acuerda alguien de este fanfic? Aquí hay un pequeño resumen de lo que pasó en los últimos capítulos:

María, la casera de Draco, se murió después de un atraco a su casa seguido por una paliza. Resulta que Draco es el único beneficiario de su testamento, pero para conseguir el misterioso tesoro que tenía María, éste debe resolver unas cuantas pistas. Aquí entra Harry, que se ha mudado recientemente a Santander (donde vive Draco desde que salió de Azkabán) y trabaja con Draco en el zoo de la Magdalena. Han resuelto ya un par de pistas, y están intentando encontrar una puerta en un lugar que han determinado que se llama "Infierno". En el último capítulo visitaron un bar de moteros llamado así, en el que no encontraron la puerta pero sí una buena borrachera. Dracó acabó durmiendo en el sofá de la casa de Harry, y desayunando a las 5 de la tarde.

Si os interesa saber qué ha sido de mi vida este año, lo explicaré en la nota del final. ¡Gracias por leer y espero que os guste!


AÑO NUEVO, VIDA NUEVA... ¿Y GENTE NUEVA?

CAPÍTULO 30: MERCADO

Eran ya pasadas las seis de la tarde y Draco seguía delante de su armario, indeciso. Harry le había llamado justo cuando se iba a meter en la ducha para proponerle un cambio de planes, y Draco no había podido decirle que no. Que el cambio de planes supusiese volver a disfrutar de la comida de Harry o no, eso ya era otro asunto. Al final habían quedado en ir al mercado del barrio mágico para reponer la despensa de Harry, quien se había ofrecido a cocinar de nuevo esa noche para Draco. Precisamente por eso no sabía qué ponerse; la ropa que se pondría para ir a un club sería demasiado arreglada para ir a la compra, y la ropa que se pondría para ir a la compra sería demasiado poco arreglada para ir a un club. A ver, empecemos por lo fácil. Pantalones. Esa es la prenda más versátil, ¿no? Draco cogió unos vaqueros grises del armario. Eran suficientemente ajustados como para atraer la atención de Har… de la gente, pero tampoco tan ajustados que gritasen "estoy desesperado, llévame a tu cama AHORA". Camisa… Veamos. ¿Gris? No. ¿Roja? ¿Cómo es que tengo una camisa roja? No. ¿Celeste? Apartó esa camisa de las demás, era una posibilidad. Pero después de pasar un par de camisas más, se le ocurrió la combinación perfecta. Llevaría una camiseta negra ajustada, pero con la camisa celeste encima, para que en la excursión al mercado no se convirtiese en el centro de atención, porque, desde luego, si llevaba esa ropa, era para que se fijasen en él. Para que Harry se fije en mí…

Se estaba terminando de poner la camisa cuando sonó el timbre.

-¡Ya voy!- gritó en dirección de la puerta, con la camisa aún desabrochada. – Pasa, ya estoy casi listo. – Dijo en dirección de Harry, nada más abrir la puerta, y volvió a su habitación a ponerse los zapatos. Harry lo siguió con la mirada. Desde luego, deberían poner multas por llevar ese tipo de pantalones. Se sentó en el sofá, mirando a su alrededor, y se preguntó cuánto tiempo le habría costado al otro chico sentirse cómodo en este lugar. Por lo que había entendido, Draco había escapado a Santander en cuanto había salido de Azkabán, pero antes de estar en la escalofriante cárcel, se había pasado toda su vida entre elfos domésticos. No debía haber sido fácil acostumbrarse a vivir sólo, sin la ayuda de nadie…

La entrada de Draco en la habitación de nuevo lo sacó de sus reflexiones.

-¿Listo? – Preguntó, mientras se levantaba del sofá. Draco asintió, y se dirigió a la encimera de la cocina donde tenía las llaves y la cartera. - ¿Has estado alguna vez en el mercado mágico? – Le preguntó a Draco, quien negó con la cabeza.

-No he tenido oportunidad de ir, normalmente me paso por el súper que hay cerca del zoo. Después de tantos años viviendo de manera muggle, se me va a hacer muy raro ver productos mágicos de nuevo… - Contestó, con un tono de voz que se acercaba a soñador. Harry sonrió, divertido.

-Pues seguro que te gusta. Yo fui el otro día y, aunque es más pequeño que el de Londres, no falta nada que puedas necesitar en el día a día. Para productos más especializados, eso ya no sé, no busqué muy en profundidad.

-Tampoco estoy muy interesado en ponerme a imitar a mi padrino, la verdad. – Draco se arrepintió de haber dicho eso en cuanto las palabras abandonaron su boca. Tienes que aprender a tener filtro, ¡idiota! Harry asintió con cara seria, y abrió la puerta, dispuesto a marcharse. Draco le siguió y cerró con llave. Harry le contó que había venido en autobús, porque por muy agrandadas mágicamente que estén las maletas de la moto, siempre le ha parecido más fácil llevar la compra en las manos.

-Estaba pensando en hacer rissotto de setas y queso de hipogrifa, ¿te parece bien? – Propuso Harry. Había descubierto ese queso en una de sus primeras excursiones al mundo mágico y le había fascinado, tanto el sabor como la textura.

-¿Sabes? Siempre me ha parecido muy interesante que la naturaleza y la magia se hayan combinado para hacer que los hipogrifos mamen. Lo de que el pico se endurezca con la edad me parece increíble.

-¿Ya no te dan miedo los hipogrifos? – Preguntó Harry, con tono medio burlón. Draco le envió una mirada asesina, también en broma.

-La verdad es que antes de ese episodio, los hipogrifos me habían encantado. Las criaturas mágicas eran mi tema favorito de niño, y tenía varios libros sobre los hipogrifos. Pero como quise ser un adolescente idiota y desobedecer al profesor, aún tengo una cicatriz en mi brazo. – Ambos jóvenes se quedaron en silencio después de eso, rememorando sus tiempos de alumnos en Hogwarts. El autobús llegó en seguida a la entrada al mundo mágico, y, una vez apeados, la atmósfera nostálgica se había disipado, dando paso a un Draco bastante emocionado. Cuando cruzaron la entrada Harry los guió a través del entramado de calles hasta una bastante larga, hacia la izquierda de la plaza principal. Allí había dos hileras de puestos con todo tipo de productos frescos, desde la lechuga muggle más corriente hasta la carne de dragón de la mejor calidad. Esa era una de las cosas sobre este mercado que Harry había disfrutado más en su primera visita, la mezcla de alimentos que permitía hacer la compra completa en un mismo lugar, no como en otros barrios mágicos. Se pararon en el principio de la calle, y Harry dejó que Draco disfrutase de las vistas unos instantes, mientras que él disfrutaba de las vistas del hombre que tenía delante. A Draco la madurez le podría haber llegado un poco tarde, pero, desde luego, le había sentado muy bien. Harry sacó dos cestas diminutas de su bolsillo y, después de agrandarlas, entregó una a Draco, para que colocase los productos que Harry le indicase en ella. Se tomaron su tiempo, recorriendo el mercado entero, primero la hilera de la derecha, que contenía puestos de cereales, conservas y hierbas; y luego la de la izquierda, compuesta principalmente por puestos de frutas, verduras, carne y pescado frescos, conservados en ese estado con varios hechizos. Cuando se dieron por terminados, ambas cestas estaban llenas y eran casi las ocho de la tarde, una hora más que razonable para empezar a cocinar la cena. Los dos magos habían pasado casi todo ese tiempo hablando, conociendo más del otro, compartiendo cosas que nunca habían sabido el uno del otro simplemente porque no se habían molestado en intentar saberlas. En cuanto llegaron a casa de Harry, éste se puso a hacer la cena, y Draco encontró una radio mágica en la que puso su emisora favorita de cuando era pequeño. La radio en cuestión estaba encantada para recibir la señal desde Inglaterra, no la española, así que enseguida los dos chicos se encontraron cantando y riendo al son de la música.

-Me sorprende que no sepas cantar – Dijo Harry, tirado en el sofá al lado de Draco y riéndose a carcajadas después de que Draco por poco asesinara a una canción de the Weird Sisters. Este último se puso de morritos, porque sí, cantaba mal, pero ¿qué más da? Harry se acercó lentamente a Draco, le miró a los ojos, nervioso. ¿Y si la cago? Oh, joder, ¿y si estoy equivocado? Joder, que os den, inseguridades. Draco se encontró que ya no podía estar de morritos, porque Harry estaba besándolo.


¡Hola! A ver, lo primero, ¡espero que os haya gustado! Lo segundo, ¿qué os ha parecido? Los reviews se agradecen mucho.

Lo tercero: explicaciones de por qué me he tirado más de un año para actualizar. Si os habéis leído las notas de autora de los otros capítulos, sabréis que este año (el que acaba de pasar) he participado en un programa de intercambio en Estados Unidos. Por qué dejé de escribir en abril, para eso no tengo más excusa que me bloqueé. Pero una vez en EEUU, a donde fui en agosto del año pasado, se me empezó a hacer muy difícil hablar en español, y mucho más escribir, ya que estaba hablando, escribiendo y pensando en inglés todos los días. No quería subir una mierdecilla, así que decidí esperar a volver a España y a poder hablar más fluido el español de nuevo. La verdad es que este capítulo no habría pasado si una amiga no me hubiese amenazado de muerte por haberos dejado esperando más de un año. Así que, gracias, Alie, aunque nunca leerás esto.

Una última cosa, ¡EL FINAL ESTÁ PLANEADO! Eso es algo que casi nunca pasa cuando escribo así que podéis sentiros afortunados, queridos lectores. Ahora sólo tengo que escribir lo que falta, pero sé qué va a pasar, lo que lo va a hacer mucho más rápido.

Si habéis llegado hasta aquí, enhorabuena. La nota de autora es casi más larga que el capítulo en sí. Muchísimas gracias por leer. ¡Probablemente nos leamos el fin de semana que viene!