Disclaimer: Los personajes y lugares pertenecen a Stephenie Meyer y a otros. No pretendo ninguna ganancia y lo único que invierto es mi tiempo.
-o--o--o--o--o--o--o--o-
La fauna de Yellowstone
Nos tomo toda la mañana volver a tomar un ritmo constante en el viaje, nos deteníamos incesantemente por los pretextos más absurdos, pero era divertido. El itinerario que tan detalladamente había planeado Carlisle era solo un vago inconveniente lejano y caminar por la rivera del lago Yellowstone definitivamente no nos ayudaría a alcanzar la velocidad ideal para llegar a tiempo. Era una lástima que hubiera turistas en tantos lugares del parque, cada cinco kilómetros encontrábamos un punto para acampar o un centro de reuniones, un verdadero fastidio.
¡Gracias a Dios que aun estábamos en invierno! O no habríamos tenido ni las secciones del parque que se cerraban para los turistas debido a la nieve acumulada en los caminos. Nosotros no necesitábamos caminos, vagábamos libremente por entre los arboles disfrutando del paisaje.
Anochecía cuando Rosalie me pidió la mochila y se sentó en una piedra mientras revolvía en el interior.
-¿Qué buscas?- pregunte con curiosidad.
-Esto.- saco un par de zapatos gruesos, el único par extra que ella llevaba, luego extrajo una chamarra. Me había preguntado para que la habríamos traído y lo comprendí cuando se la puso. No podía aparecer ante humanos con un vestido sencillo y sin zapatos en medio del invierno.
-¿Vas a algún lado?- le dije.
-Sí, tengo que llamar a Carlisle para decirle que nos retrasamos o nos vamos a meter en problemas.- se cerró la chamarra, analizo su aspecto por un segundo y levanto los brazos esperando una opinión. -¿Cómo me veo?-
-Como un ángel que se escapo del campamento caníbal de los Donner.-
Dejó caer sus brazos a los costados y luego los puso en jarra sobre su cintura.
-¡Muy gracioso!
-Me esfuerzo cada día.- la abrace y la bese en la mejilla. –No importa lo que te pongas, te ves hermosa… ahora que si no quieres ponerte nada, quien soy yo para detenerte.- la estreche un poco mientras hablaba. Ella se rio con complicidad.
-Espera, en verdad tengo que llamar a casa. No queremos que se preocupen por nosotros. ¿O sí?- se desembarazo de mis brazos.
-No, claro que no, pero seguro se molestan por el pequeño desvió. Casi puedo escuchar a Edward: ¿Yellowstone? ¿En que estabas pensando Rosalie?- imite el tono de voz de mi hermano e incluso me pare como él. Rose me observo un instante, parpadeo y se destornillo de risa.
-Suenas como él.- recupero el aliento y me sonrió. –Voy al centro de control que vimos hace media hora, seguro que tienen un teléfono.-
-¿Y yo que hago?-
-Espérame aquí. Volveré en seguida.-
-Esperar aquí, vaya que sí soy útil.- me deje caer en la nieve.
-Tranquilo.- se acerco y me acaricio el cabello. –Ya verás que pronto vas a poder salir a lugares públicos; al cine, al teatro.-
-Al paso que voy lo dudo mucho.-
A decir verdad yo no sentía cambios reales en mi conducta, aun me daban ganas de salir corriendo a buscar humanos, en realidad tenía la esperanza de que un día simplemente se me fueran las ganas como por arte de magia. Temía que de otra forma me quedaría encerrado en la casa por los siglos de los siglos, Carlisle tendría un maravilloso sujeto de estudio encerrado en el ático y tal vez Esme tendera piedad de mí y me dejaría salir a tomar el sol cuando no hubiera nadie cerca. La imagen de Carlisle juagando a ser el científico loco me hizo sonreír.
-¿Recuerdas ese libro que nos leyó Carlisle? El del tipo que creó a un monstruo con cadáveres. Quiero ver la película, me da curiosidad.- la perspectiva de ir al cine me animó un poco.
-Mmm. No sé si "La novia de Frankenstein" aun esta en cartelera, pero si quieres, podemos ver una repetición.-
-¿Franky tiene novia? No perdió el tiempo. ¿Verdad?-
Rose meneo la cabeza con paciencia, me revolvió el cabello y se alejo unos pasos.
-Ahora vuelvo.- anuncio y luego de un instante se había ido.
Resoplé como caballo y me hundí más en la nieve. Recordé que en cuanto llegáramos a la casa iríamos a encerrarnos en la nueva habitación por algunos meses más y esa sola idea en verdad me deprimía. ¿No habría alguna manera de que nos quedáramos por aquí los próximos meses? En verdad estaba disfrutando del lugar y de la compañía de Rose, como para correr a confinarme en la nueva casa por mi propia voluntad. Comencé a pensar en alguna forma para evitar regresar. Una semana más. Dos días más. Lo que fuera, menos llegar a tiempo.
Unas pisadas me sacaron de mis ideas. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Profundas y con cautela, se hundían en la nieve aproximándose al lago. Un animal sin duda, uno grande y que parecía estar inseguro de qué dirección tomar.
Gire la cabeza y pude ver a una alce que se veía poco confiado de acercarse del todo. Logre verlo directamente y comprendí que le pasaba, a pesar de su tamaño era un alce inmaduro, aun no era un ejemplar adulto, seguramente su madre lo había alejado para tener a otro bebe y no cargar con ambos durante el invierno. Sus patas se veían largar y al parecer, él aun no se acostumbraba a su enorme tamaño. Todo un adolecente.
Lo observe sin moverme y él se acerco a la orilla del lago con su paso vacilante, no me pareció que buscara agua aunque le dio un par de lengüetazos al hielo de la superficie, si quería agua solo tenía que morder la nieve. Agacho la cabeza mientras rascaba el suelo, tomo una rama y comenzó a masticarla. Que confundió y perdido se veía.
Suspire. Recordé como si fuera un sueño lejano que mi padre solía decirme que en el bosque solo existen dos tipos de anímeles; los vivos y los que son la cena. Este era en definitiva la cena, pero la de alguien más porque yo no tenía ganas ni de levantarme.
El alce dejo de morder la rama, levanto la cabeza y oriento las orejas en varias direcciones hasta que su atención estuvo puesta en mi. Pensé que saldría corriendo, en cambio olisqueo el aire levantando el hocico. Tal vez nunca en su vida había visto a alguien, o algo, como yo y si existe una cosa que mata más rápido a los animales jóvenes que su inexperiencia, es su curiosidad. En situaciones normales el no tendría por qué temerme, los de mi especie por lo regular no atacamos a animales, solo humanos. Pero yo no era como ningún otro cazador, ni nada remotamente parecido a lo que este alce podría encontrar en toda su vida.
-¿Crees que tienes problemas?- le dije apenas con voz audible. –Bueno, pues no eres el único. Nos soy como los demás. ¿Entiendes?
El alce agito las orejas como si intentara reconocer mis palabras. Irguió la cabeza, resoplo y comenzó a golpear el suelo con las patas. Intentaba verse amenazante y por supuesto estaba fallando rotundamente.
-¡Vete! Shuuuuu. ¡Vete ya!- le grite mientras agitaba el brazo.
El animal se paralizo un segundo por la impresión, luego dio media vuelta y echo a correr con su trote desgarbado. De hecho, fue bastante cómico verlo alejarse.
-No soy como los demás y no lo seré nunca.- mi propia voz me sorprendió, soné muchos más seguro de lo que me sentía.
-¿No serás que cosa?- Rosalie se acercaba caminando descalza, con los zapatos y la chamarra colgando sobre sus brazos.
-Nada, nada, solo recordaba un chiste del periódico.- incline la cabeza. -¿Cómo te fue?-
-Esme me regañó por cinco minutos diciendo lo total y completamente irresponsable que es de nuestra parte detenernos a perder el tiempo.- se encogió de hombros. –Después nos deseó suerte.-
-Me imagino que no estaba Carlisle.-
-No, el me habría sermoneado por diez minutos y Edward lo hubiera hecho por media hora. Así es mejor. Esme se encargara de decirles y yo no tendré que escuchar sus regaños.-
Me levante, tome los zapatos y la chamarra y los guarde en la mochila.
-¿Y ahora que quieres ver? ¿Los géiseres o nos vamos a la cascada Shoshone?-
Rosalie estaba decidiendo cuando una ráfaga de viento llego hasta nosotros. Humanos, varios, se acercaban desde el sur a favor del viento. Se me tensaron los músculos y la mandíbula. Gire la cabeza para percibir mejor el aroma, era increíblemente apetitoso. Sentí un tirón en mi mano y me volví para ver que me detenía con un gruñido bajo.
-Lo prometiste. Prometiste portarte bien.- la mano de Rose apenas me sujetaba. Si quisiera en verdad podría marcharme, no sería tan difícil.
Deje de respirar.
-Lo prometí.-hable solo para mí. -No soy como los demás.- el ultimo aire que había guardado se me acabo, apreté la correa de la mochila en mi hombro y comencé a caminar al norte, hacia los geiseres y su azufre. Entre más lejos del olor humano, mejor.
o--o--o--o--o--o--o--o-
Nota de Autora: Mil gracias por los Reviews!!!! 100!! Aun no me lo creo, es en verdad un honor para mí. Gracias a todos. Bueno, sobre el capitulo, creo que era necesario un momento de calma para nuestro querido Emmett, le hacía falta para relajarse y pensar, y que mejor lugar. Además de que una buena forma para poder refrenar los instintos, es interiorizar un poco. Yo sé que no fue excelente, pero creo que cumplió con lo que quería poner. ¿Qué les parece? Como notas culturales: los Donner fueron un grupo de familias de peregrinos que se quedaron atrapadas en el invierno de 1847 y llevaron a cabo canibalismo para sobrevivir, me imagine que Rose se vería como ellos; pálida y sin ropa buena, supongo que algún encargado podría haberse llevado el susto se su vida. La película de "La novia de Frankenstein" se estreno a principios del 35 y creo que a Emmett no le dio tiempo de ir a verla por sus trabajos, je je je. De nuevo gracias a todos por leer y por sus reviews T_T son la onda. Nos vemos dentro de poco.
Saluditos. n_n
