Disclaimer: Los personajes y lugares pertenecen a Stephenie Meyer y a otros. No pretendo ninguna ganancia y lo único que invierto es mi tiempo.
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Tal vez demasiado al norte
No estaba seguro de cómo me había alejado del olor de los humanos, tuve ganas de regresar por más de una hora, pero la mano de Rose me afirmaba cada vez que la mía dudaba. Aunque no menciono nada, me pareció que estaba algo molesta y pensé que era mejor no tentar a mi suerte. En cualquier caso, no pude más que admirarme de su fuerza de voluntad, así como la de los demás, se requería de un enrome carácter para vivir tan cerca de los humanos y no importaba si me costaba todo el trabajo del mundo, no iba a decepcionarlos.
Nos alejamos de Yellowstone a antes de que amaneciera y nos dirigimos al sur, después de todo el plan era visitar la cascada Shoshone y eso era justo lo que haríamos.
La vista en el lugar era impresionante, debo de admitirlo, pero lo que me parecía fenomenal era la vibración que provocaba el golpe de cientos de litros de agua chocando con las piedras del fondo del río Snake. Me tenía realmente maravillado, tanto que me recosté sobre las piedras del suelo solo para poder sentirlo mejor. Fue una pena que no pudiéramos quedarnos mucho tiempo, el sol comenzaba a salir y a la orilla del agua los arboles son casi inexistentes. No podíamos arriesgarnos a que nos vieran, así que para medio día habíamos recorrido un gran tramo siguiendo el río y nos encontrábamos cerca de Nampa.
Me sorprendí muchísimo cuando revise el mapa esa mañana.
"¡Rayos, ya estamos muy cerca! ¿Dónde está el Gran Cañón cuando se le necesita?"
No faltaba por visitar nada interesante de verdad, solamente quedaba Oregón, el aburrido Oregón y luego Washinton. Solo un condenado estado nos separaba de nuestro destino y ni siquiera era todo el estado. Si en verdad nos aplicábamos, estaríamos en casa antes del atardecer. Bufe fastidiado.
-¿Qué pasa?- pregunto Rose colgándose de mi brazo.
-Estamos cerca, endiabladamente cerca.- arrugue el mapa y lo guarde en mi bolsillo.
-¿Y eso es malo?-
-No, no, claro que no.- resople de nuevo. –Solo que… vamos a llegar pronto y… -
-¿Quieres ver el Océano Pacifico o Canadá antes de llegar?- Rose me interrumpió, no estaba seguro de si ella quería llegar cuanto antes a la casa, pero me dio la impresión de que tampoco le entusiasmaba la idea de que fuera tan pronto.
-Bueno, Hoquiam está junto al Pacifico, pero es una bahía cerrada y Canadá está un poco más al norte.- dije desdoblando de nuevo el mapa con algo más de interés. –Aquí, mira, en Bahía Neah. Creo que incluso podría lanzar una piedra y pegarle en la cabeza a un canadiense.-
Rose analizo la parte que yo señalaba en el mapa y pareció pensarlo un segundo.
-Creo que está bien, no debe haber poblados muy grandes y podemos cruzar por Edmonds a Kingston, y luego a Bywater. Tendremos que nadar un poco.-
-No creo que eso sea un inconveniente, es más, suena muy bien.- de nuevo guarde el mapa. Abracé a Rosalie por la cintura y le di un sonoro beso en la mejilla. Ella cerró los ojos por un momento y luego me miro con expresión seria.
-Después de esto, iremos directo a la nueva casa. ¿De acuerdo?-
Lo único que pude hacer fue asentir. Se me habían acabado los pretextos y las desviaciones, así que no iba a ponerme a patalear.
Nos dirigimos al norte hasta llegar al Rio Colombia, que es la división entre el estado de Oregón y Washington, y lo seguimos a contra flujo hasta las montañas donde nace. Me pareció curioso el paisaje, a pesar de la gruesa capa de nieve que lo cubría, me recordaba a las Montañas Apalaches, con las diferencias que provocaba la cada vez más presente nubosidad y la enorme cantidad de musgo congelado que cubría los arboles. Entre más al norte viajábamos menos luz del sol llegaba al suelo. Pasamos por algunas cumbres con dirección oeste y llegamos Edmonds en cosa de hora y media.
Desde la colina en donde nos habíamos detenido para decidir por donde cruzaríamos Puget Sound, alcanzábamos a ver la ciudad de Seattle y me sorprendió lo grande que era, o al menos más de lo que esperaba.
Escuche a Rose quejarse y me gire para ver que le pasaba. Tenía una rasgadura enorme en la falda, una que dejaba al descubierto su pierna. Ella poda quejarse, pero yo seguí disfrutando del paisaje.
-Al menos no es una falda que me guste de verdad. Solo espero que resista hasta que lleguemos a la casa y a mi guardarropa.- dijo mientras se sujetaba el pelo en una coleta alta. –Ojala no se me esponje mucho el cabello. ¿Listo?-
-Cuando digas.-
-¿Vez ese afloramiento de rocas?- apunto hacia la costa de Kingston. –De ahí corremos a Little Boston y luego nadamos de nuevo a Bywater.- siguió señalando puntos en el paisaje. -El primero en llegar gana.-
-¿Y cuál va a ser mi premio?-
-Primero tienes que ganarme.-
-Ósea que aun no lo piensas.- sonreí. –No te preocupes, ya se me ocurrirá algo.-
-Bien, tú piénsalo, te veo del otro lado.-
Rose salió corriendo, pero no me tomo por sorpresa y los dos corrimos casi a la par.
-No dijiste: "¡Fuera!"- le recrimine mientras esquivaba algunos árboles. Ella sonrió.
-¡Fuera! ¿Feliz?-
-Sí, gracias.-
Acelere y comencé a adelantarme, llegue al agua en un minuto y nade tan rápido como pude. Nunca había sido muy bueno en natación, pero cuando no necesitas respirar es solo cosa de empujar con las piernas lo más rápido que puedas. Estaba a la cabeza cuando llegue a las rocas del otro lado.
Comencé a correr para llegar a Little Boston, sentí algunos golpes de las ramas de los arboles, pero nada que me pudiera detener. Una de las ramas me choco en el hombro y sentí que algo me faltaba. Me detuve con la correa de la mochila en el hombro y el resto de la mochila regado cincuenta metros atrás de mí.
"¡Maldito árbol! ¡Maldita rama! ¡Maldita mochila!"
Regrese en un instante y tome lo que quedaba de la mochila en mis brazos, pero ese instante basto para que Rose me aventajara.
Corrí como alma que lleva el diablo. Llegue de nuevo al agua cinco segundo por detrás de Rose, cerré los ojos y solo moví las piernas lo más rápido que pude. Sentí un golpe y un chasquido cuando llegue a la orilla y choque de cabeza con una roca que se cuarteo con el impacto. Se me había metido agua por la boca y sentía que me había inflado como globo. Me arrastre fuera del agua, aun sosteniendo los restos de la mochila en mis brazos y me tire de espaldas en la orilla.
Rosalie me observaba de pie sobre mí cara.
-La próxima vez, cierra la boca.-
-¿Gane?-
-No, creo que el agua que tragaste te freno un poco.-
-Rayos.- dije algo desilusionado. -¿Y que se supone que haga? Voy a digerir esa agua o… -
-Vas a tener que regresársela al rio.-
-Que divertido.- Me levante y me dirigía a la orilla, estar repleto de agua no era una sensación que me desagradara del todo, pero no me agradaba y respirar era algo extraño, mis pulmones sonaban como si estuviera haciendo burbujas con ellos. Rose me observo sentada en una roca
-¿Y qué vas a querer que te regale como premio?- pregunte mientras regresaba desde el rio. Ella lo pensó un segundo.
-Nada.- me contesto tranquila.
-¿Nada? ¿Cómo que nada?-
-Tengo el mejor premio de todos justo aquí.- tendió su mano y la ayude a ponerse en pie. Luego me dio un beso y me entrego la mochila. Solo dios sabe cómo no me lance sobre ella en ese momento.
-¿Me pregunto si podríamos…?- la tome por la cintura y la atraje un poco hacia mí.
-Podemos hacer lo que quieras cuando lleguemos a la casa. Recuerda que aun vamos a estar encerrados algunos meses.-
-¿Lo que quiera?-
-Siempre y cuando me ayudes a organizar la boda.-
-¿Boda?-
-Sí, boda. Dijiste que te casarías conmigo.- su voz sonó algo alterada.
-Sé lo que dije, pero… ¿Boda? ¿No prefieres algo pequeño? Un juez, tú y yo.- no se veía nada entusiasmada con mi idea. –Ok, ok, una boda, pero vas a tener que esperar a que no me afectan los humanos.-
-Esperare.-
Me encogí de hombros, si quería una boda enorme, eso es lo que le daría. Además la perspectiva de estar encerrados en la habitación empezaba a sonar mucho menos desagradable. Podíamos organizar lo que ella quisiera, siempre y cuando, estuviéramos solos.
Atravesamos la ruta del norte de la península de Olympic, cerca de Port Angeles, era casi de noche cuando llegamos a Bahía Neah. Era lindo, el Océano Pacifico se veía gris y revuelto, pero eso no le restaba magnificencia y Canadá en verdad quedaba algo mas lejos de lo que esperaba, así que no alcance a ningún canadiense con mis piedras. Luego de un par de horas de platicar y caminar en la playa partimos al sur.
Acabábamos de cruzar el río Quillayute cuando un olor desconocido me obligo a detenerme. Era extraño, no se parecía a ningún otro aroma que hubiera olido antes. Sin duda algún animal, pelo, tierra y algo que no sabía definir. Me hizo arrugar la nariz y activo algo en lo profundo de mi cerebro. Me puso en alerta, listo para despedazar a ese animal. Mire de reojo a Rosalie.
-¿Qué es?-
-No lo sé.- dijo sin mirarme.
Ubique la dirección del olor y me acerque, olía mas fuerte y desagradable, junto a un enorme pino. Había un rastro y comencé a seguirlo, iba de nuevo al norte, se alejaba de nosotros. Llegamos al Quillayute de nuevo, el rastro entraba en el agua y se disipaba al oeste con la corriente del río.
-Que listo.- dije analizando. –Diría yo que casi demasiado.-
Esta cosa nos había estado siguiendo por un buen tramo, cuando se dio cuenta de que lo habíamos detectado, regreso sobre su propio rastro hasta el río y, como si supiera que cruzar el agua no le serviría de nada para perder a un rastreador, siguió la corriente.
Observe con atención y de inmediato ubique una huella fresca en el lodo de la orilla. Era enorme, de alguna especie de canino, lobo o coyote, pero jamás había visto uno de esos animales capaz de dejar una huella más grande que mi mano. Me tire al suelo y olisque mas de cerca. Me daban ganas de seguir a este animal, tal vez, con su tamaño, sería divertido luchar con él. Un par de rounds y luego el desayuno. Sonreí ante la idea.
-Voy a seguirlo.- me puse en pie de un brinco.
-¿Qué? No. No sabemos que es. Por dios, ve el tamaño de sus huellas. ¿Qué tal si hay más?-
-Mas para el desayuno.- Rose se cruzo de brazos. –Oh vamos nena, será divertido, huele horrible pero tal vez tenga buen sabor.-
-¿Nena?- dio media vuelta y comenzó a caminar sin mirarme.
-Está bien, está bien. – la alcance corriendo. –Solo bromeaba, si no quieres que te diga nena, solo dilo lindura.-
Me golpeo suavemente con el dorso de la mano en el hombro, siguió caminando, pero pude ver que sonreía.
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Nota de Autora: Ok creo que este capítulo esta algo raro ,menciones muchos puntos geográficos por que tengo la esperanza de que quede claro justo por donde se me ocurrió que acababan de pasar Rose y Emm. Yo sé que mis lectores son inteligentes y notaron de inmediato que cruzaron muuuuy cerca de Forks, por consecuencia, cerca del territorio de los lobos. No diré más para no arruinar el próximo capítulo. Ojala les haya gustado, ya saben que me esfuerzo para que así sea. Si les gustó, o creen que es mejor que me ahorque con el cable de la lámpara no duden en dejar un review n_n.
PD Creo que ya solo quedan 2 capítulos por delante, no se pierdan nuestro gran final. (el numero de caps. puede variar, aun no sé lo que puede suceder.)
Saluditos
