Buenas, queridos lectores. Este es el último capítulo de la historia, y viene acompañado de un anuncio que pondré también en mi perfil. Voy a dejar de publicar en esta cuenta, ya que la empecé hace 5 años, si recuerdo correctamente, y ya no refleja mi manera de escribir en absoluto. Sin embargo, no eliminare la cuenta, así que podréis seguir leyendo los fanfics que publiqué aquí. Posiblemente me haga otra cuenta en esta web, que pondré en mi perfil y en mis historias cuando lo haga. Gracias por leer.
En el anterior capítulo, harry y draco se habían embarcado en una aventura en búsqueda de la corona del mar, como última prueba a la hora de ganar el contenido del testamento de María.
Año nuevo, vida nueva y gente nueva.
Capítulo 34: la corona.
Cuando Draco y Harry desembarcaron, se encontraron con una isla bastante pequeña y homogénea, de arena blanca y poca vegetación en el centro, donde el terreno se elevaba ligeramente. Caminaron el perímetro de la isla sin encontrar nada más que las típicas rocas y conchas, y sólo cuando subieron al montículo del centro se dieron cuenta de lo que confería a la isla su carácter especial. No se habían percatado hasta entonces de la forma ligeramente estrellada que tenía la isla, estrella de ocho puntas. Cada arista señalaba a un punto cardinal, como si de una rosa de los vientos se tratase.
- Tiene que haber algo en el centro. Si no, no entiendo por qué nos mandarían aquí. – Draco se sentó, harto, en el suelo, algo que no habría hecho ni muerto si no hubiese sido por su hastío ante la situación. Sin embargo, antes de hacer contacto con el césped, el suelo se desmaterializó y se cayó por el agujero que acababa de aparecer. - ¡AAH! – Harry se apresuró al borde del agujero que, extrañamente, estaba en el centro exacto de la isla.
- ¿Estás bien? ¿Te has hecho daño? ¿DRACO, ME OYES?
- Sí, Harry, estoy bien, no te preocupes. – Contestó la voz de draco a menos de medio metro de donde se había agachado harry. – Lumos. – El interior del agujero podía clasificarse como cueva, de lo grande que era. En él había un material que reflejaba la luz desprendida por la varita de Draco. Se acercó a ver qué era exactamente, y cuál fue su sorpresa al encontrarse con unas estacas recubiertas en oro, con cadenas igualmente doradas colgando de ellas. – Creo que lo mejor será que bajes, Harry.
De un salto, Harry se introdujo en la cueva, y soltó una exclamación al ver su contenido. Conjuró un par de hechizos de detección de barreras, pero no encontró ninguna, así que se acercó con cuidado y cogió una en sus manos. No parecía ser oro macizo, pero mirándolo de cerca se percató de que tenía unas pequeñas incrustaciones en piedras preciosas o semipreciosas, distinción que Harry nunca había entendido.
-¿Tienen algún sentido para ti? – preguntó a su compañero, a la vez que le pasaba una de las varas, señalando la acumulación de piedras.
- Es una runa, pero no tengo ni la menor idea de lo que significan. Hace demasiados años que dejé de estudiar. – Draco apoyó la vara que había estado sujetando en la pared de la cueva, y se fijó, en su lugar, en la cadena que estaba enganchada en los dos lados de lo que parecía ser la parte de arriba. Siguiendo la que salía por la derecha, tras varias decenas de metros de cadena que extendió por el suelo de la cueva, llegó a la siguiente vara, con una runa diferente incrustada. Harry comprendió lo que intentaba hacer su… ¿novio? ¿Amigo? ¿Compañero? y lo asistió en ello por el otro lado, deshaciendo el lío en el que se había convertido la cadena a lo largo de los años y ordenando las varas. Ocho varas, unidas por unos cincuenta o sesenta metros de cadena cada una, y con runas diferentes en la parte de arriba.
- Todas ellas acaban en punta. Parece como si estuviesen hechas para clavarse en alguna parte con suelo blando.
- ¿Blando como la arena de playa? – contestó Draco, con una sospecha de cuál era su tarea.
Diez minutos más tarde habían averiguado cómo salir del agujero y cómo sacar las varas de él (wingardium leviOsa) y se encontraban en la playa, intentando averiguar qué vara iba con qué signo cardinal.
- Yo sólo estoy diciendo que esta runa se parece mucho a la N del alfabeto latino, Draco. – Harry se encontraba sentado en la arena con una de las varas en su regazo. Draco no se atrevía a sentarse en el suelo de esa isla, por mucho que lo negase, así que se había quedado de pie.
- Ya lo sé, pero mira a ésta. ¿Te parece eso un NE? Porque a mi no. – Contestó el rubio mientras se agachaba para enseñárselo a Harry.
- ¿Al menos tenemos alguna idea de si una runa es simple o compleja? Porque al menos podemos minimizar el fallo a la mitad si averiguamos cuáles corresponden a norte, sur, este y oeste, ¿no crees?
- Puede que por une vez hayas tenido una buena idea, Potter.
- ¿Por una vez? Soy lo mejor que te ha pasado en los últimos siete años… Malfoy. – Contestó Harry, habiendo cambiado el tono acusatorio por uno más juguetón.
- YO soy lo mejor que te ha pasado en toda tu vida, Harry James. – Rebatió Draco a la vez que lo cogía por la camiseta y levantaba a los dos.
- No sabes en lo que te estás metiendo, Draco Lucius. – Harry se estaba acercando peligrosamente a Draco, y éste sabía que no podían distraerse mucho si no querían que se les echase la noche encima, así que se limitó a darle un pico al otro hombre antes de agacharse a recoger las otras varas para compararlas. En efecto, la mitad tenían inscritos símbolos bastante más complejos que la otra mitad. Sólo quedaba probar las cuatro posibles combinaciones.
- ¡Esta es la última estaca que clavo! Te juro que si no funciona, por mi, la herencia de tu casera se puede ir a la mierda. – Sentenció Harry antes de clavar la vara en el agujero que se había quedado en la arista de las otras dos veces que había clavado una diferente. Gracias a Merlín, Morgana y Dumbledore, algo bajo sus pies hizo clic y la isla se sacudió. Del suelo comenzó a salir una luz dorada, que se transformó en una pared que transcurría de vara en vara. Los hombres vieron con sorpresa cómo, al tocar las cadenas colgando entre los puntos cardinales, la isla guardaba un asombroso parecido a una ostentosa corona. Sin embargo, la luz no se paró en las cadenas, simplemente cambió su ángulo para transcurrir de manera paralela al suelo, a la altura de los hombros de Harry. Los dos chicos, temerosos de tocar la luz, retrocedieron hasta llegar al centro de la isla. La luz no mostraba señas de parar, así que se abrazaron y esperaron lo peor. Sin notarlo, ambos cerraron los ojos, y no vieron la transformación de su entorno.
Pasados unos minutos sin ningún cambio perceptible al tacto o al oído, ambos abrieron los ojos, para encontrarse en el despacho del abogado encargado del testamento de María. Éste estaba sentado, con cara de aburrimiento, tras su mesa, quizás esperando a que los chicos se separasen, quizás esperando lo contrario. Con ese hombre nunca se sabía. Cuando, en efecto, Draco y Harry soltaron al otro, el otro hombre se limitó a asentir y sacar unos papeles de un cajón.
-Enhorabuena, señor Malfoy. Ha completado todas las tareas asignadas al testamento. Los bienes físicos están listados en este papel, y tomará su posesión en cuanto firme aquí – indicó el señor Ventura – con esta pluma. He de advertirle entera, es una pluma de sangre. Es un requisito para comprobar su identidad, y nos es legalmente imposible conservar su sangre. – Draco asintió, y cogió la pluma con una mano ligeramente temblante. Ni siquiera se dignó a leer la lista de posesiones, era demasiado larga como para molestarse. Ya la estudiaría a fondo con Harry en otro momento. En el momento de firmar sintió un pinchazo en la mano, y vio la cara de dolor de Harry. Le tendría que preguntar sobre ello en algún momento en el futuro. El futuro por el que ya no se tenía que preocupar, pues lo tenía virtualmente resuelto.
Cuando salieron del bufete a la calle, Draco se sentía como un hombre nuevo. Se tomó la libertad de besar a Harry en la misma puerta, y cuando éste le preguntó que a qué se debía tal muestra de afecto, algo muy difícil de hallar en un Malfoy, Draco se limitó a contestar con un "¿Por qué no?". A partir de ese día, su política hacia la vida iba a ser esa.
¿Por qué no?
Gracias por estar conmigo en esta gran aventura,lectores. Por favor, comentad lo que os ha parecido. Posiblemente publique un epílogo, pero nada es seguro ahora mismo.
