Disclaimer: Los personajes y lugares pertenecen a Stephenie Meyer y a otros. No pretendo ninguna ganancia y lo único que invierto es mi tiempo.
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Gracias oso
Tres meses habían pasado volando y el tratado con los lobos parecía estar resultando porque hasta el momento no nos habían molestado, ni nosotros a ellos, así que esas semanas fueron realmente muy tranquilas. Todos nos habíamos ajustado muy bien a la vida en Hoquiam y parecía que después de dos visitas sorpresivas, que habíamos logrado evitar sacándome a mí de la casa con suficiente tiempo gracias a Edward, los escasos vecinos habían perdido el interés y las ganas de socializar. Mejor para todos.
Carlisle, como siempre, se estaba entregando a su trabajo en el hospital de Aberdeen y por lo visto, era la primera vez en mucho tiempo que podía tomar un turno diurno regular, en el que no tenía que recibir a los enfermos en el consultorio más sombrío del hospital.
Edward estaba intentando conseguir su pase para el próximo curso en la escuela de medicina de Oregón y había días en los que desaparecía en la biblioteca de Carlisle por horas, solo para reaparecer quejándose de lo rápido que los libros de medicina quedaban obsoletos.
Esme aun estaba intentando entrar a alguna facultad de artes en restauración, pero hasta el momento todas sus solicitudes habían sido rechazadas. A pesar de eso ella seguía intentando y había enviado otros formularios a escuelas de arquitectura, para ampliar las posibilidades. Serian una sarta de retrasados si seguían rechazando a una persona tan capaz como ella.
En cuanto a Rose y a mí, seguíamos en el encierro "voluntario", pero también habían pasado algunas otras cosas. Los planes de la boda avanzaban a pasos agigantados y no eran gracias a mi ayuda, yo solo me sentaba a escuchar los interminables arreglos por hacerse y asentía cuando se me pedía mi opinión. Rose y Esme no requerían mucho mas de mi parte. Agradecía que desde hacía dos semanas Rosalie me hubiera dado algo más de libertad y me permitiera salir de la habitación y rondar por el interior de la casa para distraerme.
También note que Carlisle, Esme y Edward se preocupaban cada vez menos de que yo deambulara solo por la casa o que una mañana me aventurara al jardín para recostarme sobre el pasto que comenzaba a verdear después de que la nieve se derritiera. Si ellos no tenían problema, por mi estaba bien. Lo único que en verdad comenzaba a irritarlos eran los "accidentes" que Rose y yo habíamos tenido.
Una puerta rota, un boquete en el muro de nuestra habitación, las tablas del suelo que se habían desprendido y algunos otros pequeños detalles insignificantes. ¿Pero que esperaban que pasara si todo lo que te rodea es frágil como esculturas de arena? Hay momentos en los que no se puede ser delicado y mucho menos poner atención al mobiliario… o a las paredes… o en las tablas del suelo… o en la cama de latón que se dobla como cartón en el primer round…
-Si les regalo otro radio de transistores.- a mi lado Edward hablo con fastidio.- ¿Crees que sean capases de pensar en otra cosa que no sea ESO?-
-No lo creo.- me reí. –Si el otro no lo logro. ¿Qué te hace pensar que uno nuevo lo hará?-
Mi hermano giro los ojos y siguió caminando a velocidad humana. Lo vi alejarse un poco y lo so legui en silencio. Me pase la mano por el cabello, no pretendía molestarlo en verdad con mis comentarios o pensamientos, pero a veces simplemente no me puedo controlar. Le agradecía que me hubiera acompañado a cazar, si bien ya casi no tenia restricciones en el terreno de la casa, salir era una historia muy diferente. Me preguntaba cuánto tiempo más me llevaría ser todo lo normal que se puede ser siendo vampiro. Edward desacelero y me miro por un instante.
-Rosalie te trajo hace ocho meses. ¿No es así?- yo hice memoria.
-La semana que entra se cumplen los nueve.-
-Bueno, pues ya no deberías preocuparte tanto, al paso que vas podrás ir a la escuela en un par de meses.-
"¿Yo? ¿A la escuela? ¿Por qué diablos querría ir a la escuela? Me aburro en la casa pero no es para tanto."
-La escuela no es tan mala cuando te acostumbras…- enarque una ceja. –Bueno, si es bastante horrible, pero hay que seguir el juego, tú sabes, fingir. Además así tendrás otra cosa que hacer…-
-¿…qué no sea ESO?- no lo dijo, pero me dio la impresión de que eso quería decir. Edward solo torció la boca y yo me reí de nuevo. –¿Tan molesto te parece todo lo que pienso?-
-No, ese no es el problema, normalmente es fácil evadir los pensamientos de ese tipo de una persona.-suspiro pesadamente y arrastro las palabras. –Pero son dos. Rosalie y tú. Es frustrante.-
Quería reírme otra vez, pero entendí a lo que se refería. Mejor no molestarlo más con eso, al menos no de momento. Me dio algo de curiosidad. Edward me miro de nuevo.
-Si, Rosalie también.- sonó como si comenzara a perder la paciencia.
Estaba a punto de decirle que no tenía que contestar todas mis preguntas y dudas mentales cuando capte un olor que me llamo la atención. Pelo, tierra, vegetación y carne, todo junto. Escuche un bramido bajo desde los arboles de la derecha y en un instante el bosque estallo. Un oso enorme, mas grande de lo que nunca había visto salió trotando hacia nosotros.
Algo muy en el fondo de mí, algo que aun recordaba las dentelladas feroces, los zarpazos sin compasión y la aterradora sensación de impotencia, me hizo dar un paso hacia atrás. Pero en un instante ese algo quedo opacado por una certeza. Ahora yo era el depredador. El mejor. Y ningún oso enfadado me iba a atacar.
Camine al encuentro del animal y este se detuvo a unos pasos de mi, empujo con sus enormes patas delanteras y se irguió rugiendo. Lo observe con curiosidad y luego le regrese el rugido. Me dio la impresión de que el oso no estaba seguro de lo que estaba pasando y decidió echárseme encima. Sentí sus colmillos sobre mi hombro y sus brazos me rodeaban, pero no logro moverme ni un centímetro. Lo abrace y comencé a empujarlo. El oso se dio cuenta de que no me estaba haciendo nada y empezó a intentar morderme la cara. Levante el brazo y lo lance hacia atrás. Cayó de espaldas contra el suelo y no pude evitar sonreír. Esto era una especie de satisfacción extraña que no había imaginado, el oso era fuerte y en verdad me atacaba con ganas, algo que ninguna otra presa, animal o humana, había intentado. ¿Dónde había estados los osos todo este tiempo? Invernado claro está. Pero ahora yo había encontrado mi presa favorita.
Espere a que el oso se incorporara.
-¿Qué? ¿Eso es todo? ¿No vas a intentar abrirme la cabeza o a arrojarme rodando con las costillas fracturadas?-
El oso me rugió de nuevo y me lanzo un par de zarpazos que solo me rasgaron la camisa. Se abalanzo con todo su peso sobre mí, yo lo atrape de las patas y caímos girando por el suelo. Me lo saque impulsándolo con las piernas y el animal se derrapo por la tierra del bosque hasta chocar con un árbol. Se quedo tumbado respirando pesadamente.
-Que desilusión. Recuerdo que fue mucho más desagradable con tu primo. Yo soy más amable así que no te preocupes.-
Empecé a acercarme con toda la intención de terminar con el juego, pero un chillido de pánico me hizo detenerme. Por entre los arbustos, justo de donde había aparecido el oso, distinguí tres cabecitas peludas con ojos aterrados. Tres cachorros de oso me miraban y luego berreaban llamando a su madre. El oso con el que peleaba no era oso, sino una osa.
El animal saco fuerzas de flaqueza y se levanto pesadamente para interponerse entre sus crías y yo. El estomago se me encogió. Estaba intentado defender a su familia.
"Por lo regular los osos solo atacan si los sorprendes con comida o con sus crías. Cualquier cazador principiante sabe eso y tu llevas dos en el conteo."
La osa se irguió de nuevo en sus patas traseras y comenzó a rugir con todas sus fuerzas. Los oseznos dieron media vuelta y echaron a correr, luego de un instante la osa se giro y siguió a sus crías dando resoplidos y revisando de reojo que no los siguiera.
Los perdí de vista en unos segundos.
"No cazas humanos, no cazas osos, ¿de qué diablos se supone que te vas a alimentar? ¿Gallina? Esa te sienta bien. Valiente depredador."
Si quisiera podría alcanzarlos, acabar con los cuatro osos pardos no sería difícil. Pero un pensamiento me cruzo la mente, tal vez era solo para excusarme a mí mismo, pero recordé el ataque de ese oso negro hace ya tantos meses. El miedo y el dolor eran ya tan lejanos. Pensar en que sería capaz de atravesar toda la experiencia de nuevo, sin chistar, no una sino mil veces si el resultado fuera el mismo que tenía ahora; mi familia. Mi padre, Cralisle era un hombre recto, digno de toda mi admiración. Esme, no encontraría nunca forma alguna de retribuirle todo su cariño. Edward, todo un fastidio… y la persona más paciente que conozco, pero para eso son los hermanos, para fastidiarlos y quererlos, no encontraría un hermano mejor jamás. Y Rose, ella por sobre todo, mi amado ángel, ¿Qué no haría por ella? Ni siquiera encontraba palabras para describirlo y toda la eternidad no me alcanzaría para demostrarle mi amor.
Ese oso negro me había hecho el mayor favor que nunca nadie podría hacerme. Así que de momento me sentí a mano con los osos.
Edward carraspeo y yo lo mire. El enarco una ceja. Me encogí de hombros.
-El público infantil me quita el apetito.- le aclare.
-Seguro.-
-Oye si le llegas a decir a alguien lo que…-
-Entiendo, entiendo… nada de exponer tu lado sentimental.- se cruzo de brazos.
-¡Yo no tengo lado sentimental!- camine hasta donde él se encontraba y seguí derecho sin mirarlo. –Vamos por tu dichoso puma y regresemos a la casa.-
-Como digas.- levanto las manos en son de paz. –Pero solo para que lo sepas, tú también eres un fastidio.-
-Gracias.- sonreí y le propine un golpe en el brazo.
No tardamos mucho en regresar a la casa y cuando llegamos me percate de que la puerta del garaje estaba abierta de par en par, sentí curiosidad y deje que Edward entrara a la sala mientras yo iba a investigar. Escuché algunos repiqueteos metálicos y cuchicheos bajos, me di cuenta de que era la voz de Rose la que salía desde el interior. Asome la cabeza y fue hasta que note sus piernas debajo del automóvil de Carlisle que comprendí que estaba haciendo. Me acerque aparte el gato hidráulico que detenía el peso del carro y lo levante un poco más para poder ver su rostro. Rose me miro algo extrañada de que la interrumpiera.
-¿Qué haces?- le dije intrigado.
-El tanque de gasolina tiene una filtración y el escape esta algo flojo, así que lo voy a cambiar.- tomo una llave del suelo y apretó al que yo no alcanzaba a ver.
-¿Necesitas ayuda?-
-No, puedo yo sola, si quieres puedes volver a poner el gato mientras trabajo.-
"¿Y perderme la espectacular vista de tus piernas desde aquí? No gracias."
-Está bien, puedo con el auto.-
Si bien Rose estaba usando un extraño overol caqui con muchos bolsillos, eso no le restaba nada a la panorámica, además me parecía curioso verla de pantalones. Le quedaban bien. Taaan entallados.
Luego de unos minutos, Rosalie termino y mientras se incorporaba le tendí la mano para ayudarla a salir. Se acerco al encendido y echo a andar el motor, se asomo por debajo de la carrocería y sonrió satisfecha.
-Ya esta listo. Puedes bajarlo.- obedecí y baje el auto. Ella lo apago, se giro para verme y se puso los brazos en jarra. -¿Qué te paso? O mejor dicho. ¿Qué le paso a tu ropa?-
-¿Qué le paso a la tuya?- replique. Rose bajo los brazos y se vio a sí misma. – Yo me pelé con un oso. Pero tú no tienes ni una gota de aceite encima. Debes de enseñarme a hacer eso.-
Puse mis manos en su cintura y juguetee con el borde de la playera inmaculadamente blanca que traía puesta.
-¿Quieres que te enseñé?- sonrió. –Pero si no solo te ensucias, esta camisa quedó hecha jirones.- su mano se deslizo por los tajos en la tela y toco mi abdomen con las yemas de sus dedos.
-Pues al demonio con la camisa.- me acerque y la bese. Definitivamente jamás dejaría de sentir esa deliciosa corriente eléctrica que me recorre la columna. ¡Qué bien!
En segundos ya había deslizado mi mano izquierda por debajo de la playera, recorriendo la suave piel de su cintura, y había acorralado su cuerpo contra el auto. Sus manos se dirigieron a los botones de mi camisa y tiro de ellos con fuerza, al fin y al cabo, la camisa ya estaba hecha un trapo. Levante un poco su cuerpo y la senté encima del capó. Sus labios rosaron mi oreja y me estremecí, su respiración en mi oído me ponía loco. Cerré la mano derecha y me pareció que había atrapado una hoja de papel que acababa de arrugar entre mis dedos.
"¿Qué diablos hace una hoja de papel aquí?"
Abrí los ojos algo extrañado y me quede helado al darme cuenta de lo que acababa de hacer.
-¡Ufff!- deje escapar entre los dientes. –Creo que Carlisle va a reconsiderar seriamente su propuesta de que nos quedemos en la casa.-
Rose me miro consternada y siguió la dirección de mis ojos. Se llevo la mano a la boca por la impresión. Ahí entre mis dedos, no estaba una hoja de papel, sino una parte del capó del extremadamente caro Rolls Royce de Carlisle. Acababa de dejarle impresa mi mano apretada al metal del automóvil de nuestro padre.
-Dime que ya tomaste un curso en hojalatería y pintura.- Rosalie negó sin separarle la vista al metal magullado.
-Tenemos media hora antes de que él y Esme regresen de cazar.-
-Siendo objetivos… -dije acercándome a su oído y rosando la piel de su vientre. –Tenemos muchos más tiempo que eso, mucho más. Tenemos todo el tiempo del mundo.- ella me sonrió con complicidad.
No me mal interpreten, no soy tan irresponsable… bueno tal vez si lo sea, pero verla sonreír vale todo en este mundo.
"Gracias oso, muchas gracias."
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Nota de Autora: No lo puedo creer. ¡Lo termine! ¡Realmente lo termine y el final me hace feliz! Mil y un gracias a todos ustedes que han llegado hasta estas ultimas letras. Sin su apoyo y comentarios no habría terminado esta historia. No me despido por que ya verán que pronto estaré de regreso con algunas cosillas más, así que nos estamos viendo muy pronto. Solo para que sepan, ustedes han leído aproximadamente unas 45mil palabras, más o menos unas 110 hojas de un documento Word, han dejado (hasta el momento en el que escribo) 129 maravillosos reviews, y el registro de gente de unas 20 nacionalidades distintas que visito esta historia. Así que no exagero cuando digo que fueron ustedes los que hicieron esta historia, yo solo la escribí, ustedes le dan el aliento de vida que necesita. MUCHAS GRACIAS A TODOS. Les mando un enorme abrazo de oso desde México.
Mil besos.
