¿PUEDO SOÑAR CONTIGO?

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Seré el dragón que te protega hasta en tus más profundos sueños.

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Capítulo 3.

Vocaloid no me pertenece.

Dobló la esquina sobre su monopatín tras soltar el humo de su última calada y tirar el cigarro al suelo unos metros más adelante. Respiró hondo y cogió impulso, recorriendo el último tramo que le separaba del hospital de la ciudad. Nada más llegar a las puertas, bajó del monopatín y pisando una de sus esquinas, logró elevarlo y tomarlo en una de sus manos. Las puertas se abrieron a su paso y el joven caminó con calma hacia la recepción. Ahí, una mujer de cabellos rosa se mantenía ocupada entre papeleos que cubrían su mesa. Cuando elevó la vista sobre sus lentes y observó a aquél joven, sonrió y se retiró sus lentes, a la espera de que el muchacho se acercara.

-Buenos días, Len. –Saludó la muchacha al joven rubio, que le devolvió el saludo con una sonrisa.- Tu hermana está ansiosa de verte. –Le avisó la muchacha ampliando su sonrisa.- La doctora Sakine está con ella. –Añadió. La doctora Meiko Sakine era la encargada de cuidar a la pequeña paciente, hermana del rubio.

-Bien, gracias, Luka. –Agradeció el joven, caminando tras despediste de la recepcionista hacia las escaleras.

La subió de dos en dos hasta la tercera planta, donde estaba el pabellón infantil. Paseó por el pasillo sin necesidad de ver los números de cada habitación. Sabía perfectamente cual era el número de habitación donde se encontraba su hermana. Abrió la puerta de la habitación 302 y observó en silencio como la doctora Sakine, una mujer castaña de treinta y pocos años, terminaba de contar un breve cuento a su hermana quien estaba sentada sobre su camilla, con la manta rosa que él le regaló justo antes de que ingresara. Sonrió con ternura y esperó a que terminara de escuchar aquél cuento. Cosa que ocurrió poco después.

-Hombre, Lenka, mira quién ha venido a visitarte. –Meiko Sakine cerró el libro tras finalizarlo y sonrió cuando vio a Len parado frente a la puerta. El muchacho sonrió y se acercó, dejando su monopatín donde siempre, sobre el mueble junto a la puerta.

-¡Lenny! –Saludó su hermana pequeña con una notable ilusión en sus ojos, propios de una niña de cinco años. Len no pudo remediarlo y se lanzó a abrazar con cuidado el cuerpo de su pequeña princesa.

-Hola, mi supergirl. –Saludó también él, usando el apodo que le había puesto desde que su niña había emprendido una larga lucha contra la enfermedad que la obligaba a vivir en un hospital. Hacía referencia como no, a Superman. Se alejó lo mínimo que pudo de su hermana, tomando asiento sobre el taburete que sacó de debajo de la camilla. No soltó la mano de su hermana en ningún momento.

-¡Ya tardabas en venir! ¡La señorita Meiko tuvo que contarme dos cuentos para distraerme! ¡Ya te vale! –Le regañó frunciendo el ceño y poniendo unos pucheros tan monos que sacaron una pequeña risa tanto a Len como a la doctora Sakine.

-Bueno, bueno. ¿Te has portado bien? –Le preguntó él, acariciando suavemente la mano de su pequeña hermana, quien ese momento, bajó la mirada algo nerviosa. Aquél gesto no pasó desapercibido por Len, quien alzó una ceja ante el gesto nerviosos de su hermana.- Lenka.

-Regular... –Murmuró en un tono bajito, evitando cualquier contacto visual con su hermano. Él observó esta vez a Meiko, que se había acomodado sobre otro taburete al otro lado de la camilla, frente al muchacho.

En ese momento, la castaña suspiró y dejó de sonreír.

-No ha querido probarse la prótesis en la sala de rehabilitación. –Contestó por la menor, cruzándose de piernas.- Sigue temiéndolo. –Añadió con un semblante preocupado.

Len miró a su hermana, quien bajó la cabeza triste. Llevaban casi una semana intentando que la pequeña se probara la prótesis de su pierna, pero no había manera. Lenka se negaba siquiera mirarla. Temía colocársela y que se hiciera daño. Prefería seguir con la única pierna que tenía todavía.

-Lenka… -Suspiró su hermano, pasando su mano por su cabello.- ¿Qué te he dicho? Debes dejar que los médicos…

-…te ayuden. Saben lo que hacen y estarás ha salvo. –Completó la menor a la misma vez que su hermano, que le dedicó una débil sonrisa.- Pero, ¿y si no lo saben, eh? ¡Seguro que me haré daño! –Habló con miedo, alzando la mirada y dirigiéndola a su hermano.- A lo mejor la cicatriz que tengo se abre. –Pensó con inocencia.

Meiko sonrió esta vez con ternura y se inclinó a ella, acariciando su otra mano.

-No te va ha pasar nada, Lenka. –Aseguró la médico, ensanchando su sonrisa.- Lo tenemos todo preparado. Tu pierna estará cómoda en la prótesis, lo prometo. –Lenka miró un punto indefinido de la sábana rosa que cubría de su cintura hacia abajo.

Tomó aire y con ambas manos, tiró de la sábana, mostrando su pantalón de pijama rosa con dibujos de unicornios dibujados en el. La parte izquierda de su pantalón estaba vacío. Tan solo llegaba hasta la zona de la rodilla, la única parte de su pierna que se salvó. El resto fue amputado hace un par de meses por culpa del cáncer que la llevaba en una larga lucha. El osteosarcoma, un tipo de cáncer de huesos, llevaba atormentándola desde los cuatro años. Se lo diagnosticaron a esa edad, apartándola del colegio, de los nuevos amigos que tanto había costado conseguir y, sobretodo, de su familia. Sus padres no podían permanecer todos los días a su lado, ya que trabajaban y Len lograba visitarla en todo el tiempo libre que su vida de estudiante le permitía. Él había decidido vivir junto a su mejor amigo, Kaito, en una residencia que quedaba a diez minutos del hospital. Aunque aquella vez, no había salido de aquella residencia precisamente.

-¿Seguro que no me va ha pasar nada? –Preguntó con un hilillo de voz, sin apartar sus ojos de lo que quedaba de su pierna izquierda.

-Seguro. Estoy aquí contigo, mi pequeña reina. –Le prometió su hermano esta vez, acariciando el poco cabello rubio que comenzaba a crecerle a la pequeña, también relacionado con el tumor. Para realizar la quimioterapia, tanto antes de la amputación como después, tuvieron que raparle por completo su larga melena rubia y evitar que la caída de pelo, efectos de aquella terapia, asustara a la menor.

Lenka le miró a los ojos y tomó de nuevo aire.

-También quiero que vengan mamá y papá… -Murmuró cuando su hermano se acercó de nuevo para abrazarla. Len tomó aire por la nariz, algo tenso.

Justo, la relación padres e hijo no era buena. Se había complicado muchísimo desde que Lenka había sido diagnosticada con osteosarcoma. Tanto Len como sus padres se vieron encerrados en un pozo completamente oscuro. No sabían cómo actuar ante la enfermedad de la pequeña y tampoco afrontarla. Necesitaron centenares de visitas al psicólogos y tanto Usee como SeeU Kagamine, tuvieron que dejar de trabajar durante una larga temporada. Y si hablamos de Len, las cosas le fueron peor. Su hermana era su único destello de luz en casa. Le sacaba toneladas de risas y podía pasarse jugando con ella horas y horas sin cansarse. Era la niña de sus ojos. No podía imaginarse siquiera una vida sin ella. Y menos llegar de las clases y al abrir la puerta de casa, no encontrarse a su pequeña heroína esperándole. Cuando le detectaron aquél horrible cáncer, a pesar de las visitas al psicólogo, una mala compañía le llevó por un camino horrible. Len comenzó a fumar. Sí, a los dieciséis años, el joven Kagamine comenzó a fumar cigarro tras cigarro. No llegó a más, puesto que Kaito, su mejor amigo, intervino a tiempo, pero no lo suficiente para evitar que se enganchara a los cigarros. El joven quería olvidarse de lo que ocurría a su alrededor por unos momentos, olvidar que su hermana se encontraba ingresada por osteosarcoma, que sus padres discutieran por cada idiotez, que su madre llorara por las noches ha pesar de tener a su padre apoyándola. Quería olvidarse de todo. A pesar de las insistencia de Kaito y de sus padres por dejar de fumar, Len no pudo quitarse aquella adicción. Era demasiado fuerte. Aquella adicción también fue, en parte, causa de su distanciamiento con sus padres. Aunque la verdadera razón era algo más fuerte e impactante.

Cuando el joven regresó a casa una mañana de verano, encontró a sus padres junto a un funerario y a un médico que recordó haberle visto en el hospital. Escuchó como él les hablaba sobre la enfermedad de su hija y el porcentaje de probabilidades de supervivencia a pesar de la quimioterapia y la amputación de su pierna. Sus padres, abrazados, asentían con un rostro preocupado. Pudo ver que aquel funerario tenía en sus manos un folleto sobre modelos de tumbas y sus precios. Len no creía lo que estaba presenciando. En el salón de su casa, sus padres preparaban el futuro entierro de su hija. ¡De su propia hija! ¡Sin parase siquiera a pensar que su hija sobreviviría! Cuando cerró bruscamente la puerta y ambos progenitores lo encontraron, se alzaron de inmediato y se acercaron para hablar con él, bastante sorprendidos del regreso de su hijo a casa sin previo aviso. Pero Len no quería escuchar nada. Les gritó a ambos lo estúpidos que eran por no detenerse a pensar que su hija podría ser de aquellos 70% de niños que podían incluso curarse y no de ese 30% restante. A pesar de la insistencia de sus padres para hablarlo, Len subió escaleras arriba y se encerró en su habitación.

Desde entonces, aquella relación se deterioraba cada vez más hasta el punto de verse incapaces de vivir bajo el mismo techo sin gritarse. Sobre todo padre e hijo. Len decidió vivir en aquella residencia, dicha antes, de estudiantes, junto a Kaito, que no dudó en seguirlo tras enterarse de lo sucedido.

-¿Quieres que les llame? –Prepuso Meiko, mirando sobretodo al joven. Sabía que la relación entre Len y su padre se había empeorado y que por ese motivo, las visitas también habían sido remodeladas. Len visitaría a su hermana todas las mañana y sus padres cada tarde si su horario laboral se lo permitía.

-Claro, si Lenka quiere no soy nadie para impedírselo. –Contestó por fin el joven tras minutos de silencio.

-Bien. –Meiko se alzó y guardó el taburete bajo la camilla, dedicándole una mirada de apoyo al joven rubio.- Vuelvo enseguida. Llamaré a vuestros padres y traeré la prótesis. No hagas muchas travesuras, Lenka. –Advirtió la castaña antes de salir de la habitación tras sonreírle a la menor.

Tras escuchar la puerta de la habitación cerrarse, Len soltó un suspiro y se cubrió el rostro con ambas manos. Tendría que enfrentarse con sus padres con su hermana pequeña delante. Estaba claro que no debía de mostrar ningún signo de repulsión hacia su padre o cualquier cosa que la alterara. Lenka había vivido al margen de lo que ocurrió y todavía pensaba que su familia seguía siendo la que era a pesar de su enfermedad. Pero no era así.

-Lenny, ¿estás bien? –Preguntó su hermana pequeña, observando con curiosidad y preocupación. Le tomó de las manos y se las retiró con cuidado. Len sonrió cuando vio el rostro de su hermana.

-Sí, tranquila, mi supergirl. –Acarició su rostro con cuidado, sacándole una pequeña sonrisa a su hermana. Pero entonces recordó lo que traía en su mochila.- Por cierto, te he traído algo. –Avisó mientras se retiraba su mochila de la espalda y la colocaba junto al cuerpo de su hermana. La abrió y de ahí extrajo una caja rectangular envuelta en papel de regalo. Se lo entregó con una sonrisa y las pequeñas manos de la menor tomaron con sorpresa el regalo.- Una de las cosas que hay dentro de la caja se parece a ti. –Comentó, dejando su mochila en tierra sin perder de vista la ilusión que su hermana desprendía de sus ojos mientras desenvolvía el papel de regalo.

Tras el papel, una caja marrón. Lenka miró curiosa a su hermano, que le sonrió y señaló la caja, dándole permiso para abrirla. La menor la abrió y dentro de esta encontró una muñeca del tamaño de un bebé, con un pañuelo en su cabeza. Lenka la miró con ternura y sonrió. Sus ojos eran azules como los de ella, sonreía enseñando los dientes como ella solía hacer y vestía con una camisa amarilla donde el nombre de la pequeña venía bordado en grande sobre la camisa; también traía puesto una falda blanca y con unas converse amarillas también. Se quedó embobada con la muñeca. ¡Era el mejor de los regalos! La abrazó con cariño y no la soltó. Con una de sus manos extrajo lo último que había en la caja. Venía en un paquete transparente, pero no le hizo falta saber de lo que se trataba.

-M-me has comprado un disfraz de Supergirl… -Murmuró sorprendida, dejando descansar su nueva muñeca a su lado y extrayendo del paquete su disfraz que durante tanto tiempo lo estaba pidiendo. Len asintió sin dejar de sonreír ni un solo momento. Era su hermana, el pilar que le sostenía. Era una súper-heroína, y como toda súper-heroína, debía de tener un disfraz.

Lenka había sacado el disfraz completo y lo extendió a lo largo de su camilla. El disfraz se componía de una camisa azul de mangas cortas, con el logotipo de Superman impreso en el centro, una capa azul hasta la cintura, una falda de tul corta con un cinturón dorado y capas de color rojo y azul, unos leggins* rojos hasta las rodillas y unos botines rojos con los bordes superiores dorados también. Lenka quedó embobada mirando el disfraz. Era exactamente lo que quería.

-No sabía si te gustaría porque… -Pero antes de que Len terminara de hablar, su hermana se había lanzado a sus brazos.

-¡Eres el mejor hermano del muuundo entero! –Dijo muy segura de sus palabras tras abrazarle y sonreírle con cariño. Len arrugó su nariz y besó la mejilla de su pequeña.- ¿Me ayudas a ponérmelo? ¡Quiero que mamá me vea con esto! –Habló con ilusión la pequeña, deshaciéndose de su camisa lo más rápido que pudo.

Len rió y se acercó a ayudarla. Tras retirarle la camisa de su pijama, tomó la del disfraz y pasó el cuello por la cabeza de la pequeña con cuidado. Lenka se veía ilusionada y feliz. Su hermano le traía en cada visita algún dulce o regalos que siempre acababan por sacarle miles de sonrisas. Quería a su hermano por encima de todo. Era el mejor del mundo. Len la ayudó a quitarse también el pantalón -tras terminar de colocarle la capa- dejando a la vista sus delgadas y pálidas piernas, una de ellas, con la mitad desaparecida. Tomó aire por la nariz y acarició la cicatriz, que había dejado la operación con el propósito de que el tumor no se extendiera, con cuidado de no lastimarla.

-No duele, pero se hace raro no tener la mitad de tu pierna. –Comentó Lenka cuando notó a su hermano acariciar con miedo su cicatriz. Amplió su sonrisa cuando sus miradas volvieron a conectar. Len le revolvió el poco cabello que tenía y tomó los leggins.

-Esto te quedará mejor cuando te pongas la prótesis. –Comentó el joven, ayudando a encajar aquellos pantalones elásticos por ambas piernas. Lenka subió la parte izquierda de los leggins hasta medio muslo y sonrió a su hermano.- Solo te queda la falda. –Tomó la prenda y Lenka se ofreció para ponérsela ella sola.

-¡Adoro el disfraz! ¡No me lo pienso quitar nunca! –Gritó la menor ilusionada, sacando una segunda risa al joven.- Quiero mirarme.

-Eso está hecho.

Len cogió a su hermana al estilo nupcial y entre giros y risas, la llevó al espejo que había en una de las puertas del pequeño armario donde tenían la ropa de Lenka. Ahí, con cuidado, Len bajó a su hermana, quien se apoyó en su único pie y usó como soporte el hombro de su hermano, arrodillado a su lado. Ambos se vieron reflejados en el espejo. Eran dos gotas de agua. Len sonrió observando el reflejo de su hermana. Lenka se sonreía, tomando uno de los lados de la falda y alzándola. Se veía como una princesa. Una princesa súper luchadora cuyo dragón era su hermano. Pero no los dragones malos que salen en los cuentos para raptar a la princesa, sino los dragones buenos que protegen a la princesa sin necesidad de raptarla. Un dragón que haría cualquiera cosa por impedir que su princesa se lastimara.

Len sacó entonces su móvil y abrió la cámara. Su hermana, al ver sus intenciones, sonrió mostrando sus pequeños dientes frente al espejo y él sonriendo también, pulsó el botón táctil de la cámara y el sonido de la cámara inundó la sala. Justo cuando él le iba enseñar la foto, la puerta se abrió y apareció la doctora Sakine Meiko con la prótesis de la pierna de la menor en una de sus manos. Soltó un suspiro de alivio y se acercó a ambos jóvenes.

-Lo siento. Tras llamar a vuestros padres, una ambulancia regresó con un joven en estado crítico y he corrido ha socorrerlo. –Se disculpó, sentándose sobre su anterior taburete, con la prótesis todavía en mano.

-¿No había más médico para atenderle? –Preguntó el muchacho, cargando de nuevo a su hermana pequeña en sus brazos tras guardarse su móvil en uno de sus bolsillos. Meiko negó con la cabeza y se volteó a la camilla, donde Len dejó con cuidado el cuerpo de su hermana, sobre su pijama y junto a su nueva muñeca, quien Lenka tomó de inmediato.

-El hospital se ve endeudado y últimamente la plantilla de médicos y cirujanos va disminuyendo. –Explicó la doctora Sakine.- Hace casi tres meses que una empresa multinacional, Hatsune company, prometió una ayuda económica voluntaria, el hospital no debería nada. La ayuda era de 50.000 dólares. –Recalcó la cifra, sorprendiendo al joven muchacho. Eso era una suma bastante importante de dinero. Aquella empresa debía de ser bastante rica.- Pero todavía no ha llegado ni la cuarta parte del dinero prometido. –Añadió Meiko, con una notable molestia en su voz.

Len suspiró y se sentó sobre su taburete. Aquello si era un golpe bajo. Que una empresa de prestigio internacional no haya prometido la ayuda a un hospital con pacientes como su hermana, debía de ser noticia de portadas. Quizás con ese dinero, se aumente la plantilla médica y se consiga una mejoría en el centro hospitalario. El hospital pagaría su deuda e incluso la ayuda serviría también para adelantar investigaciones para la cura de algún virus o enfermedad.

-Menudo golpe tan bajo.

-Lo sé…

-No entiendo de qué habláis, pero, señorita Meiko, ¿a qué te gusta el traje de supergirl que Lenny me ha regalado? –Rompió el hielo la pequeña Kagamine, sacando de nuevo la risa de ambos. A pesar de lo mal que lo pasaba, a pesar de lo pequeña que era, a pesar de donde se encontraba, era ese destello de luz al final del túnel. Te hacía reír, te sacaba toneladas de sonrisas a pesar de estar con una autoestima bajísima.- ¡Y la muñeca! –Señaló su nuevo juguete, que Meiko miró con una amplia sonrisa.

-¡Vaya! Como te cuida el hermano. –Comentó, tomando la muñeca en su mano libre y percatándose de que no tenía pelo bajo el pañuelo. Tenía los mismos ojos y la misma sonrisa que ella e incluso en su camisa venía su nombre inscrito.- Y se parece mucho a ti. –Añadió, a lo que Lenka asintió con ilusión.

-¡Es lo mejor de todo! –Arrugó su nariz en una amplia sonrisa.- La he llamado Lena Meilen. –Len y Meiko soltaron de nuevo otra risa ante el nombre tan original que había dicho orgullosa la pequeña.- ¡No os riáis! Es bonito. –Habló, ajustando con cariño la camisa de su muñeca cuando Meiko se la entregó.- He puesto el de Len, añadiendo la a, para que parezca nombre de chica y he mezclado el nombre de la señorita Meiko y el mío para el segundo nombre. –Explicó, mirando a ambos mayores con otra sonrisa de oreja a oreja. Meiko y Len la miraron sorprendidos, pero pronto cambiaron su mirada a una de pura ternura. Tanto para Len como para Meiko, quien había sido su cuidadora desde el principio, le pareció el gesto más inocente y tierno. No pudieron evitar abrazarla con rapidez.

-¡Que bonita eres y como te quiero, Lenka!

-¡Te requiero, pequeña!

Lenka se vio abrumada ante tanto abrazo y muestras de cariño. No entendía por qué se habían puesto tan tiernos con ella. Tan solo había puesto el nombre de la muñeca de las dos personas que más cariño tenía.

Pero antes de que la doctora y el joven siguieran asfixiando a la muchacha, unos golpes obligaron al hermano y a la doctora a separarse. Lenka por fin pudo respirar y se arregló la falda de su nuevo disfraz, murmurando que le habían arrugado su atuendo favorito, ante la cariñosa y atenta mirada de su hermano mayor. Meiko les sonrió y dejó la prótesis al pie de la cama antes de acercarse a abrir. Tras la puerta, una mujer y un hombre, con el mismo tono de cabello rubio pálido y unos ojos azules hipnotizadores resaltados sobre la tez pálida de ambos. El señor Usee y la señora SeeU Kagamine habían llegado.

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*Leggins: son las mayas, una especie de pantalones elásticos que suelen ser negros.

¡HEEEEEEEY! ¡Buenísimas mañanas/tardes/noche desde España, gente! Por fin, por fin, ¡tercer capítulo de '¿Puedo soñar contigo?'! *^* Vale, sé que llega un poco bastante tarde, ¡pero lo he remediado con la aparición de Len! JASJAS. Y, bueno, creo que os liaréis un poco con esto, porque seguro os preguntaréis: ¿Y qué carajos hace esta desgraciada haciendo sufrir a Lenka? ¿Qué ha pasado con Rin y Kaito? ¿Quién carajos es el cabecilla de todo esto? ¿Len tiene algo que ver con el misterioso secuestro de Rin? Bien, bien, solo tengo respuesta para la primera pregunta: el cáncer que sufre Lenka tiene mucho que ver en esto, ya lo verán según vaya la historia reproduciéndose. eue Me informé muchísimo sobre este tipo de cáncer para relatarlo de la mejor manera posible y para poder hablarlo con toda la verdad en los próximos capítulos. Sé que quizás esté siendo algo mala con esto, pero algo de drama tenía que poner. (?) Y qué mejor que una enfermedad curiosa y malévola, a su vez, para de paso, sepáis de que trata y cómo afecta. De momento, da la impresión de que Lenka se lo toma bastante normal, pero pronto sabréis por qué. Misterios everywhere. (?) Y, bueno, también decir que este capitulo me ha gustado en especial por tratar sobre esta enfermedad, ya que a mí personalmente, me agrada este mundo que trata sobre enfermedades crónicas, mentales y raras. No sé, es como entrar en un mundo nuevo y súper curioso. *-* Pero, obvio, deseo que encontrasen ya alguna cura DEFINITIVA para las enfermedades crónicas y mentales que afectan a todo tipo de personas para mal. Ya sea la esquizofrenia o el cáncer. Lo deseo con toda mi alma, enserio.

Y, bueno, dejando este tema a parte, no tengo mucho que decir. Solo dos cosas. Spice! está en su recta final de su primer capitulo, ya que me he liado bastante con esto. ouo Lo sé, soy un caso aparte. He tenido que remodelarlo desde el principio y volverlo a hacer. ¡Pero de seguro que os va ha encantar! Me he esforzado bastante en ello, y tampoco me ha quedado tan mal, ME QUEDA EL DICHOSO FINAL QUE NO SÉ CÓMO ACABARLO. e_é Se me resiste el muy desgraciado. ¡Pero prometo que nada más terminarlo lo subiré! Y, por otro lado, La que me vuelve loco también está terminada y espero que mi dichosa imaginación me ayude y pueda ponerse en marcha para que pueda describir de una vez un baile. ¡Que cuesta lo suyo! Pero creo que con el segundo capítulo también será de su agrado porque tiene ese toque de humor y romance que sé que gusta tanto. eue

Y no quiero aburrirles más. Solo si me dejan un review, eso que se escribe para decir lo que opinan y que tanto me gusta, sí, sí, eso que tenéis abajo y donde puedes escribir y mandarle al autor tus opiniones y tal, TOTALMENTE GRATIS, me haría MUY, MUY, feliz. *^*

Por millonésima vez, gracias por leer y soportar mis idioteces.

¡Que tengan una buenísima semana y que la vida os sea bonita!

MAISA.-