¿PUEDO SOÑAR CONTIGO?

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La avaricia en su estado puro vive en todos aquellos que miran su fortuna por encima de todo.

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Capítulo 5.

Vocaloid no me pertenece, sino a sus respectivos dueños.

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Len sonrió con cariño cuando Lenka, cruzada de brazos y con sus mejillas hinchadas, dejaba que Meiko terminara de ajustarle la prótesis. A duras penas y a base de chantajes con dulces y bananas, Meiko había logrado que Lenka se mantuviera quieta y callada mientras le colocaba su nueva pierna. A pesar de que la menor se quejaba constantemente y manifestaba su miedo de que su herida se abriera, su doctora y su hermano mayor le intentaban animar. También sus padres, quienes a pesar de la mirada recelosa de su hijo, intentaba convencer a Lenka. Y aquellos intentos de convencer a la pequeña tuvieron que ir acompañados con promesas de dulces cada tarde y postres de helado de banana para que Lenka aceptara finalmente. No protestaría y no dejaría que el miedo se hiciera con ella. Además, como le había asegurado Len, tenía su traje de súper girl.

-Listo. –Meiko se alzó y sonrió satisfecha, observando la nueva pierna de Lenka. La base de la prótesis tenía la forma semejante al pie humano, aunque a partir de lo que sería el tobillo, ya se veía la forma mecánica que lo delataba. A Lenka no le agrada mucho que su pierna se viese tan fea, pero debía de ahorrarse el comentario si no quería prescindir de sus dulces y sus deliciosos nuevos postres.- Te has comportado como una auténtica campeona.

-No era tan complicado, ¿verdad? –Preguntó Len, ampliando su sonrisa cuando su hermana arqueó una ceja, como si hubiera dicho la mayor idiotez de las idioteces.

-Estamos orgullosos de ti, cielo. –SeeU sonrió con ternura a su hija. Lenka, encantada en el fondo de obtener tantos elogios por parte de las personas que más quería, le sonrió a su madre, mostrando una combinación de sus pequeños dientes con los huecos vacíos que habían dejado sus paletas hacía poco.

-No os olvidéis de los dulces. –Les recordó con una sonrisa inocente. Meiko y SeeU soltaron una pequeña carcajada, pero Len apenas escuchó a su hermana. Su vista quedaba en el cristal que acaparaba una buena parte de la pared de la sala de rehabilitación donde ahora estaban. Su padre estaba tras ella, tecleando en su móvil táctil y con un rostro de pocos amigos. Desde que llegó, su móvil no se despegaba de su mano, como si fuera una extensión de la propia.

-Pero aún queda lo más complicado, Lenka. –Meiko sonrió de nuevo tras anunciarlo, asustando a la pequeña. Lenka sabía perfectamente a lo que se refería. Tendría que probar a levantarse de la silla con su nueva pierna. Y sabía el esfuerzo que le conllevaría tras meses y más meses en una camilla. Len entonces volvió su vista a ella cuando escuchó a Meiko.

-Si quieres te ayudo yo. –SeeU se acercó a su hija, quien asintió ante su petición de ayuda. Len volvió a dirigirle una mirada recelosa a su madre. Era cierto que había cambiado desde que él había desaparecido de casa, aunque no tanto desde lo de Lenka. La sonrisa que ella formaba no era natural y su cabello había sido teñido de un rubio más oscuro. Su melena había sido recortada, aunque no se notara con la coleta que llevaba. Sus ojos estaban decaídos y su piel era más pálida; además de que también había bajado de peso.

Len se acercó hacia su hermana y se colocó a su lado ante la mirada de su madre. Lenka volteó a verle. Ella sabía que su hermano iba a estar con ella siempre, que no le abandonaría nunca y pronto podrá volver a jugar con él como antes. Len acarició el poco cabello que le había crecido en aquellos meses y besó su sien.

-¿Te ayudamos? –Le preguntó. Lenka volvió a sonreírle y asentir con la cabeza. SeeU sintió un mar de sentimientos cuando su hijo, finalmente, la miró y le dedicó una pequeña sonrisa, algo forzada. La mujer le devolvió la sonrisa emocionada antes de mirar a Meiko, a la espera de instrucciones.

La castaña admiró la escena endulzada. Cuando le asignaron ser la doctora de Lenka y ayudarla en todo, jamás pensaría que pudiera cogerle tanto cariño. Pero era obvio. Lenka era la chica más fuerte que había conocido en sus casi 30 años de experiencia. Su felicidad y carácter ajeno a su enfermedad, hacían ver que quería seguir viviendo. Era una niña encantadora, dulce, con cierto mal carácter cuando se enfadaba, pero sobretodo, era una luchadora.

-Con cuidado, alcen a la pequeña súper girl. –Len y su madre ayudaron a la rubia a alzarse sobre sus dos piernas por primera vez, aunque se tambaleó y se tuvo que mantener sujeta a los brazos de su hermano y su madre. Meiko torció sus labios y se acercó hacia Lenka, quien le dedicó una mirada asustada.- Tranquila, está bien. Es normal, es la primera vez que te pones de pie. –Le sonrió con cariño antes de arrodillarse a su altura.- Es como volver a caminar. –Le recordó. Lenka tomó aire, pero finalmente, dibujó una pequeña sonrisa en su rostro.- Voy a coger estas barras y vas a intentar caminar apoyándote en ellas, ¿de acuerdo? –Meiko volvió a alzarse y acercó dos largos barrotes que colocó a cada lado, a una distancia lo suficiente para que Lenka pudiera apoyar sus dos manos. Lenka tragó duro y observó a su hermano, quien notó su mirada y volvió a verla para apoyarla con otra sonrisa.

-Puedes hacerlo. –Le aseguró. Lenka, sin confiar mucho, miró a Meiko, frente a ella tras los barrotes. Luego miró a su madre, que también le apoyaba. Estaban todos con ella, ¿por qué entonces no dejaba de tener miedo?

-Camina hacia mí, venga. –La animó Meiko, ampliando su sonrisa.

Pero Lenka no podía. Seguía inmóvil, con su disfraz de súper girl y sujeta a los brazos de su familia. Un gran miedo le aterrorizaba y era incapaz de moverle. Tenía miedo, miedo de caer y no volver a levantarse. De caer y romperse la otra pierna, de abrirse la cicatriz. Su pecho comenzó a bajar y subir con velocidad, respiraba agitada, siendo presa de su miedo. Madre e hijo miraron a la pequeña asustados y Meiko se acercó.

-No puedo hacerlo. –Murmuró la pequeña, dejándose caer sobre la silla con ayuda de SeeU y Len. El joven rubio se arrodilló frente a su hermana, tomando una de sus manos.- No puedo hacerlo, Len. No puedo. Caeré al suelo. –Y entonces comenzó a llorar. Len abrazó el pequeño cuerpo de su pequeña y SeeU acarició su espalda. Su hija lo estaba pasando fatal, lo sabía, y ahora estaba soltando todo el dolor que había guardado desde que entró. No resultaba fácil ser una niña de 5 años con un cáncer de huesos que había arrebatado de golpe una de sus piernas.- No soy fuerte, soy una cobarde. –Murmuró sobre el pecho de su hermano.

-Sht, no digas eso. –Len cerró los ojos, compartiendo el dolor de su hermana. Le dolía verla así, odiaba verla llorar.- Eres la persona más fuerte que hay en el mundo. –Alzó el rostro de su pequeña súper heroína y secó sus mejillas con sus pulgares. Lenka sorbió por la nariz, frotando uno de sus ojos.

-El miedo se puede superar. –Meiko también se había arrodillando junto a Len y SeeU asentía a cada palabra.

-Estamos contigo, cielo. Jamás vamos a abandonarte. –Comentó SeeU con ternura, aunque a Len aquellas palabras le retumban en su mente. ¿Qué no la iban a abandonar? Que no hablara por ella y su padre. Habían organizado un funeral a su hija tras enterarse de su horrible enfermedad. Sus esperanzas fueron muy pocas y le dieron la espalda automáticamente. No pensaron que su hija podría sobrevivir y seguir adelante. Únicamente se aferraban a la idea de que la perderían para siempre y no la volverían a ver.

-¿Qué ocurre? –Usee entró en la sala tras guardar su móvil. Frunció levemente el ceño cuando encontró a Len acariciar con cuidado el rostro de su hija mientras su mujer y la doctora intentaban animarla con palabras bonitas.

-A Lenka le da miedo probar su prótesis. –Contestó su mujer, volteándose para ver como Usee se acercaba a su lado y admiraba a su pequeña hija.

-Pero puede hacerlo, ¿a qué sí? –Len volvió a sonreírse con cariño a su pequeña heroína, evitando pensar en el hombre que tenía ahora a pocos centímetros. Lenka volvió a sorber por la nariz antes de mirar con algo de recelo a su hermano. Aunque el rubio no desistió y levantó la mirada para buscar la muñeca que le regaló. La localizó sobre una de las mesas y se alzó a por ella.- Seguro que Lena Mailen está dispuesta a ayudarte a seguir. –Tomó la muñeca y volteó a su hermana, quien entonces sonrió por fin. Len se acercó de nuevo a ella y le entregó la muñeca. Lenka la acunó en sus brazos y acarició con cariño sus mejillas de plástico.- ''Obvio que estoy dispuesta a ayudarla en todo''. –Len agudizó su voz para imitar la supuesta voz de la muñeca rubia. Lenka soltó una pequeña risita ante la mirada de cariño de Meiko y sus padres.

-La señora Lena Mailen no tiene esa voz. –Reprochó, aunque no borró su pequeña sonrisa. Volvió a mirar a la muñeca. Ella podía hacerlo. Era valiente, era una súper girl. Debía intentarlo y así pronto podría jugar con Len por fin. Caminaría de nuevo, sería la chica normal que es, pero con dos piernas al fin. Podría jugar en los recesos cuando volviese a clase y devolverle aquél golpe de balón que le propinó Yuki antes de la enfermedad.- Quiero intentarlo. –Habló por fin, tendiéndole la muñeca a su hermano, que lo aceptó ampliando su sonrisa.

-No me separé de ti. –Le aseguró Meiko antes de volver a alzarse y encaminar a las dos largas barras paralelas entre sí. Lenka miró a sus padres y les sonrió antes de extender sus brazos. SeeU le devolvió la sonrisa y la ayudó a alzarse con cuidado. Usee, que no la había visto todavía con su pierna ortopédica, quedó algo sorprendido al ver el objeto que sustituía la pierna de su hija.- Agárrate de ambas barras, Lenka. –Ordenó Meiko. Lenka acató las órdenes y sus manos rodearos con fuerza ambas barras cuando su madre se aseguró de que estaba bien posicionada. Tomó aire por su nariz e intentó pensar en otra cosa.

-Si logras hacer esto, prometo llevarte al parque y jugar a tomar el té con el resto de tus muñecas. –Lenka miró a su hermano de nuevo. Tenía a su nueva muñeca acunada entre su brazo y su pecho y le sonreía orgulloso. Él sabía que su hermana era muy fuerte y podría aguantar todo lo que le viniera encima. Soportó el golpe del osteosarcoma y la dura pérdida de su pierna, aguantó todas las duras terapias que se pusieron frente a ella y continuó siendo la niña dulce de cinco años que era.

-Y yo prometo comprarte la moto amarilla que pedías antes. –Intervino Usee, viéndose superado por su hijo. Aunque tampoco supo a qué vino aquello, pero su instinto al oír a su hijo, fue elevar de cierta forma aquella promesa que Len le había prometido a Lenka. No quería que su hija se acercara tanto a Len y, que pasado un tiempo, le viera como un padre. Aunque sonara como una locura, aunque fuera una estupidez y se comportara como un crío, aunque fueran celos.

Len tuvo que morderse la lengua cuando escuchó a su padre. Por más que su mente quisiera tirar la muñeca y gritarle a su padre lo idiota que era y que jamás podría comprar a su hija con juguetes, se inclinó a seguir su conciencia tranquila, que le obligaba a morderse la lengua y guardarse todo lo que tenía que decir. Necesitaba un cigarro y salir de ahí para no volver a ver a su padre, quien se había convertido en un hombre demasiado orgulloso.

Por otra parte, SeeU miró a los dos hombres más importantes de su vida preocupada y entristecida. No le hacía falta leerles la mente para saber lo que estaba pensando cada uno. Era consciente de lo mal que lo estaban pasando los dos a pesar de que no quisieran demostrarlo abiertamente. Desde aquél momento en que Len les descubrió planeando en enterramiento de su hija (el cual se arrepentía cada segundo de cada día de su vida) todo cayó cuesta abajo. La relación se volvió más fría y se notaba una clara distancia entre su padre, Len y ella misma. Padre e hijo discutían con frecuencia debido al carácter duro que ambos poseían y la convivencia se volvía insoportable. Más cuando Len entró en el mundo de las drogas en busca de refugio. Jamás recordó momento más trágico y duro.

-La moto ha pasado de moda. –Meiko se mordió el labio para evitar soltar una carcajada ante el carácter impulsivo de la pequeña tras aquél comentario. Len se sintió aliviado, pero también evitó una sonrisa triunfante, mientras que su padre apretó los puños para hacer menos ameno la vergüenza que le supuso el hecho de que su hija le hubiera negado su promesa. SeeU abrió los ojos levemente sorprendida ante las palabras de su pequeña.- Prefiero las temporadas completas de Doraemon y Shin Chan. –Se decantó la menor, sonriendo ampliamente.- Y en una Tablet amarilla, con esa funda de plátanos que tienen caritas. –Agregó, mostrándose risueña ante la idea de conseguir por fin ese aparato fino y portátil donde tendría un sinfín de vídeo de sus series animadas favoritas.

Todas las miradas se centraron en Usee tras el pedido de la pequeña. Len no pudo remedir una sonrisa de superioridad cuando vio que la jugada de su padre había sido desmontado. Usee, en cambio, quiso deshacerse del mal sabor de boca y asintió a su hija.

-Temporadas completas de Doraemon y Shin Chan en una Tablet con una funda de plátanos con caritas, entendido. –Sonrió con cierto esfuerzo. Aunque recompensó la felicidad de su hija entonces.

-¡No retrasemos más esto! –Meiko volvió la vista a Lenka, quien, tomando una calada de aire, asintió. Teniendo a sus padres y sobretodo a Len a su lado, podía hacerlo. Sentía la confianza y el apoyo que le brindaban. Podía hacerlo.

Tragó duro cuando Meiko se acercó a ella y le sonrió animándola. Lenka, que no dejaba de repetirse que podía hacerlo, levantó su pierna buena y apoyó su peso en la ortopédica durante unos instantes. Agarró aire de nuevo antes de soltarlo y plantar el pie. Ahora venía lo que veía más complicado. Concentrada, alzó su pierna ortopédica y la arrastró hasta el mismo nivel que la real. Meiko, frente a ella, amplió su sonrisa, animándola para que continuara. Len admiró la valentía de su hermana y el gran esfuerzo que le suponía enfrentarse a ello. Sin siquiera notarlo, una tierna sonrisa se dibujó en su rostro. SeeU, con sus manos en puño y apoyadas en su pecho, rezaba para que su hija continuara adelante. Sus ojos se humedecían a cada paso e intento que ella daba. Era como volverla a ver andar de nuevo. Su primera pisada con aquella pierna ortopédica. Usee sonrió débilmente, observando el progreso de su única hija. Estaba orgulloso de ella. Y se arrepentía de haber planeado aquél estúpido entierro que fue culpable también del alejamiento con su hijo mayor. Sentía como si estuvieran engañando a su pequeña visitándola casi todos los días disponibles en sus apretadas agendas. SeeU y Usee veían en los ojos de su hija la fuerza con que vivía y sus sonrisas más puras. Les dolía haber pensado que podía morir siquiera. No haber tenido una mínima esperanza, no pensar que podía sobrevivir. Len tuvo razón en parte cuando se los echó en cara. Pero ambos estaban entonces en una burbuja oscura del que parecía no poder salir jamás. La angustia y el dolor les cegaban y no pensaban nada más en lo duro que sería la vida si su hija muriera en manos de aquél cáncer.

Lenka, ajena a todo lo que ocurría, dio otro paso más. Su pierna ortopédica fue arrastrada de nuevo hasta el nivel de su pierna real. No era tan difícil, pero le costaba un desgaste físico conseguir que aquella pierna se moviera. No recordaba cómo era caminar con dos piernas. No recordaba lo que se sentía al estar de pie. No recordaba lo bien que se podía estar. Pero en parte seguía temiéndolo. No podía apartar la idea de que podría caerse en cualquier momento o que la prótesis se caería de su muñón. Era algo que no podía, aún, dejar de pensar. Le temía, pero veía que podía conseguirlo. Volvió a dar un paso más, agarrando con fuerza las barras que la sostenían. Pensar que dentro de un futuro sería capaz de caminar con ambas piernas sin problemas, sin nada al que sostenerse. Jugaría con Len, seguro que él volvería a sentarla sobre sus hombros y hacer que tocara el cielo con sus manos. Su padre y ella regresarían de nuevo a esas carreras de camino a casa donde él la dejaba ganar siempre. Su madre y ella también tornarían a hacer aquellos dulces pasteles y, como siempre, correrían hacia el supermercado para comprar lo que les faltaba para crear aquellas galletas tan buenas. Volvería a su escuela y enseñaría a sus compañeros su nueva pierna, que a pesar de que todavía no le gustaba, quería enseñarla. Como si fuera una escayola. Cuando alguna compañera o algún compañero venían con una escayola en el brazo o en la pierna, todos corrían a firmarla con sus letras, enormes y todavía en proceso de mejorar. Lenka también quería aquello, que firmaran su pierna ortopédica, aunque sabía que únicamente, podía firmarle el pie.

-¡Lo has conseguido, súper girl! –Lenka alzó la mirada hacia Meiko, quien aplaudía y le sonreía satisfecha. No entendió a qué vino aquella exclamación cuando volvió la vista hacia atrás y admiró asombrada el camino que había recorrido. Había echo todo esos casi dos metros de largo.

-¡Mi campeona! –Len lanzó la muñeca a Meiko, quien la atrapó al vuelo, y corrió hacia su hermana.- ¡Lo has hecho! –Le recordó, sin esperar a que ella reaccionara. La tomó de la cintura y la elevó para luego achucharla entre sus brazos. Lenka rió por las cosquillas en sus mejillas, producidas por el roce de la suya y la de su hermano.- ¡Muy bien! Orgullosísimo estoy de ti, mi súper girl. –Le susurró, abrazándola con más fuerza.

Quizás estuviera exagerando, quizás para muchos, el hecho de tanta felicidad por aquellos pequeños pasos de la menor, fuera una tontería. Pero poder caminar de nuevo cuando se está sentenciado a permanece un año en una camilla, era como volver a nacer. Por ello Len se sentía tan rebosante de felicidad, por ello SeeU dejaba que las lágrimas cubrieran sus mejillas, por ello Usee sonreía con tanta admiración, por ello Meiko se sentía orgullosa de su trabajo. Lograron que una niña de cinco años se pusiera en camino de poder volver a andar con ayuda de una pierna ortopédica. Quedaba todavía un gran camino que recorrer, pero, ¿quién dijo que sería difícil?

Len detuvo sus achuchones cuando notó su móvil vibrar en su bolsillo. Besó la mejilla de Lenka antes de que SeeU se acercara, tras secarse sus mejillas, y tomara a su hija en brazos, dispuesta a llenarla de besos y halagos por su esfuerzo.

-Ahora vuelvo. –Avisó antes de salir de la sala y sacar su móvil.

No se sorprendió cuando en la pantalla, sobre el nombre de su mejor amigo, saliera la foto de éste con su boca cubierta de helado de vainilla, sonriendo ampliamente sobre un plato hondo lleno de ese postre. Descolgó enseguida y se llevó el aparto a su oreja justo cuando llegó a las afueras del centro médico.

-Dime, BaKaito. –Habló, usando el apodo que le había adherido desde el momento en que se conocieron. Le pareció bastante gracioso el hecho de que el nombre de su mejor amigo y la palabra baka se asemejaran y formaran un gracioso apodo que, a parte, le venía bien ajustado a su carácter.

-Hola, Lenny, cielo, mejor compañero de piso, mejor amigo de la vida, BFF, rubio natural, adorable ser perfecto, sexy symbol. –Len pestañeó varias veces seguidas ante tanto halago por parte de su mejor amigo. Aunque intuía que detrás había algún favor o había echo algo grave.

-¿Qué has hecho? –Preguntó, cortándole todavía la larga lista de halagos que estaba recibiendo. No le molestaba en absoluto que las personas le dijeran todas aquellas verdades, pero prefería que fueran las chicas quienes le halagaran de aquella forma.

-¿Quéé? –Escuchó la pregunta con una voz aguda que delataba a Kaito. El joven amante del helado, tras la línea, sonreía nervioso mientras sostenía en su mano libre su décima paleta de helado.- ¿Por qué crees que tu mejorísimo amigo, quien estuvo a tu lado en las buenas y en las malas, quien te quiere y jamás te dejará de lado, ese amigo que siempre está junto a ti y se separa únicamente para ir al baño, quien siempre te tenderá la mano esperando que tú hagas lo mismo, ha hecho algo? –Len despegó su móvil de su oreja y comprobó que con quien estaba hablando era realmente Kaito.

-No has usado más adjetivos en tu vida hasta ahora. –Le contestó el rubio, apoyándose en uno de los muros que formaban los pilares de las escaleras.

-Brrf. –Aquella pedorreta que hizo Kaito para evitar su risa nerviosa volvió a delatarle. Len rodó los ojos. Cuando se dará cuenta su mejor amigo que él le conocía como si fuera su propia madre.- Bueno… eh… -Kaito tragó saliva y cogió aire. Debía de decírselo. Pero mejor cara a cara, ¿no?- Es que… tienes que venir a casa. Es algo muy importante.

Len frunció el ceño curioso. ¿Algo muy importante? La última vez que le dijo que pidió que volviera a casa porque había ocurrido algo muy importante además de grave, lo último que esperó fue lo que encontró: una treintena de gatos en casa.

-No me esperará nada raro, ¿cierto? –Preguntó, incapaz de evitar pensar que se encontraría otra manada de gatos en el departamento.

-No, señor. Lo juro, prometo, apalabro, comprometo y doy mi palabra.

-Está bien, voy hacia ahí. Dame quince minutos. –Le dijo antes de colgarle y volver dentro del centro.

No estaba seguro de lo que podría encontrarse cuando llegara, pero de lo que sí estaba era que no quería encontrarse a más gatos.

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-Me ha llamado Kaito y dice que tiene que hablar conmigo urgente. –Dijo el joven cuando volvió a la sala de rehabilitación. Sus padres, Meiko y Lenka se voltearon para observar como cogía su mochila y la colgaba en su hombro antes de tomar su skate. Se acercó a Lenka, ahora sentada sobre una de las mesas y le sonrió con cariño.

-¿Te vas? –Le preguntó Lenka, juntado sus cejas cuando su hermano besó su mejilla como despedida. Len asintió.- Pero todavía es pronto. –Le recriminó, poniendo uno de sus tiernas muecas. Len sonrió de nuevo y la abrazó.

-Lo sé, pero Kaito me necesita. –Le dijo, aspirando por última vez en el día, su dulce y adictivo aroma a bananas.

-Que oportuno es el tonto de Kaito. –Comentó en alto, sacando de nuevo varias risas entre sus seres queridos. Cuando se separó de Len, le sonrió automáticamente.- Vuelve pronto, ¿vale? Estaré con mi disfraz. –Le aseguró.- Te quiero, Lenny. –Le hizo saber, enterneciendo por completo el acorazado corazón de su hermano, quien no dejaba de sonreírle con todo el amor que pudo.

-Y yo, muchísimo. –Besó de nuevo su mejilla antes de dirigirse a Meiko. La castaña le guiñó un ojo y le sonrió ampliamente.

-Hasta mañana, rubio. –Se despidió de él. Len le devolvió la sonrisa antes de dirigirse a la puerta.

Pero se detuvo cuando su mano tomó el pomo. Tomando una calada de aire, volteó su rostro hacia sus padres, sonriendo con esfuerzo.

-Me voy. –Les dijo, recordando las miles de veces que les decía aquellas dos simples palabras cuando salía con sus amigos. Su madre siempre le gritaba que tomara una chaqueta por si luego hacía fresco, su padre que tuviera el móvil cargado y encendido y su hermana que volviera con algún dulce para ella. Eso era parte del pasado, ese pasado feliz que estaba seguro, jamás recuperaría.

-Hasta mañana, Len. Cuídate y ten cuidado cuando cruces la calle, ¿vale? –El instinto materno de SeeU salió a flote de inmediato, sin que la rubia pudiera controlarlo. Len abrió sus ojos sorprendido de la rapidez con que su madre contestó, pero pronto recuperó su sonrisa; aquella vez, menos forzada.

-Lo haré. –Le aseguró antes de sonreírle por última vez y salir de la sala sin dirigirle la mirada todavía a su padre.

Cuando salió del centro hospitalario, suspiró de alivio. Era la primera vez que había intercambiado palabra con su madre sin que levantara la voz o se sintiera atacado y enfadado. Veía eso como un gran paso adelante para reconstruir su relación. A pesar de que su padre todavía no se atrevía a decirle nada, sabía que si lograba acercarse a su madre, todo comenzaría a equilibrarse por fin. Pero tenía muy sabido que sería un larguísimo camino y que tampoco sería fácil, pues todavía quedaba fresca el duro episodio de ver a tus propios padres planear el entierro de su hija.

Pasó su mano por su atolondrado cabello antes de tomar otra calada de aire y descolgar una de las asas de su mochila para buscar su paquete de cigarros. Necesitaba fumar. Siempre que se sentía nervioso, confundido o enfadado, no podía ver otra escapatoria que uno de sus cigarros. Sentía que sus penas se iban del mismo modo que se escapa el humo de su boca. Se llevó uno de ellos a su boca y encendió su mechero antes de acercarlo con cuidado al cigarro. Cuando supo que se encendió, guardó el mechero en uno de sus bolsillos antes de tomar su skate y bajar las escaleras. Se retiró el cigarro de sus labios y soltó su primera calada antes de ponerse en marcha hacia casa, sin saber que lo que le esperaba era una sorpresa tan grande como cuando encontró a la treintena de gatos.


Kaito tragó duro ante el rostro sorprendido de su mejor amigo, sentado sobre uno de los sillones amarillos del pequeño salón frente a él. Len mantenía sus ojos abiertos de par en par y sus labios mantenían una destacable distancia entre ellos. Hacía cinco minutos que gobernaba el silencio absoluto desde que Kaito le contó todo sobre en qué trabaja y qué hacía. Len había escuchado atentamente todo lo que su mejor amigo decía. Naturalmente, al principio, creyó que su hermano de no-sangre había sufrido alguna sobredosis de helado que le había producido alucinaciones o había visto demasiadas series. Pero Kaito le había jurado y demostrado la existencia de la organización. Le había mostrado alguno de los logros que había conseguido junto a Gran B y lo bien que se sentía uno al hacer una buena acción.

-Por favor, tío, di algo. –Habló por fin Kaito, agobiado con la gran tensión que se había creado. Len se humedeció los labios finalmente y pestañeó varias veces, procesando de nuevo todo lo que Kaito le había dicho. Aunque lo que todavía no había conseguido entender era que su casero era el cabecilla de todo eso. Gran B, como él insistía en que le llamaran, era, no partícipe, sino el jefe de toda esa… organización estilo Robin Hood.- Sé que es impactante, pero lo que viene ahora es más fuerte y necesito que me digas que lo has entendido. –Le suplicó, juntando sus cejas mientras daba otro lametón a otra paleta de helado.

No era culpa de su adicción a los helados, sino a lo nervios que sentía con toda esa situación.

-Es… o sea… es… increíble. –Habló segundos después, volviendo la mirada a Kaito. El joven suspiró de alivio antes de darle otro lametón al dulce helado.- ¿Enserio… enserio que en todos esos 'secuestros' que salían en la televisión estabais detrás vosotros? –Preguntó, todavía sorprendido. Kaito asintió.- Entonces secuestráis a gente multimillonaria sin corazón que prometía cosas a los más pobres, le lleváis a vuestra sala de operaciones inconsciente para que no se entere del camino, lo encerráis en una habitación atado a una cama, pedís como rescate el dinero o las cosas que éste a prometido… Sois como ese Robin Hood que roba a los malos para dar a los buenos. –Resumió, más para él que para Kaito, aunque él asintió, satisfecho y aliviado de que Len lo entendiera a la primera y no se lo tomara tan mal.- ¿Y habéis hecho algo últimamente? –Preguntó de nuevo.

Kaito sonrió nervioso.

-Bueno… eh… sobre eso quería hablar contigo. –Se rascó la nuca antes de darle otro lametón a su helado.- Tenemos bajo llave a una chica que… bueno, al principio no era parte del plan. Quisimos atrapar a su prometido, pero cometí un error y me confundí de persona… -Len no sabía por qué no se sorprendía ante esa confesión.- ¡Bueno! ¡No fue mi culpa! Estaba oscuro, era de noche y ella salió de su casa y creí que era él y me lancé a por ella. –Explicó volviendo a su helado, avergonzado por una parte al confesar su metedura de pata.- ¡Pero Gran B dice que tampoco nos viene mal la chica! Quizás logremos el dinero con más rapidez.

Len silbó para aliviar la tensión. Todavía no podía hacerse a la idea de que su mejor amigo, quien consideraba un hermano, había capturado y secuestrado a personas con gran poder económico. Personas que eran un icono, que gozaban de una prestigiosa popularidad entre la sociedad. Era una locura. Era increíble que Kaito hubiera echo todo lo que él había contado. Pero se alegraba, se enorgullecía de tenerse a su lado. A pesar de hacer sufrir a la familia del secuestrado, no le hacían daño físicamente. Amenazaban con torturarle si el dinero no llegaba o se retrasaba o llegaba una cantidad menos, pero jamás lograban cumplir su promesa. Únicamente les retenían en aquella habitación, suministrándoles alimento e incluso ropa limpia. No intercambiaban palabra si el retenido no abría la boca. Lo que deseaban solamente era cumplir la promesa que ellos prometían exclusivamente para aumentar su fama: dinero para los comedores sociales, dinero para reparar casa de acogida, dinero para ayudas a familias empobrecidas, dinero para ayudas a hospitales…

Aunque aún intentaba hacerse a la idea de que su casero, el mismo hombre que les tendió la mano cuando no tenían a donde ir, el hombre que se presentó con un nombre muy raro, pero que insistió en que les llamara Gran B, era el cabecilla de todo eso. Todavía no se hacía a la idea, tenía que verlo con sus ojos para creerlo.

-¿Para qué la queréis? –Preguntó el rubio nuevamente, sintiéndose atraído por todo el tema. Kaito carraspeó y terminó su helado antes de contestarle.

-Bueno… es la prometida del hijo de uno de los empresarios más enriquecidos del país. Es el vicedirector del banco Bank Jishin*. –Explicó, haciendo mención al banco referente de Japón. Era una empresa financiera que, prácticamente, había batido records de clientes y accionistas que se interesaban. Ofrecían un gran abanico de posibilidades en cuanto a préstamos, devoluciones de créditos… e incluso prometían un aumento del 0,x% en sus ahorros. Len abrió sus ojos sorprendido ante la gran bomba que le soltó Kaito. ¿Tenían bajo llave a la prometida del hijo del, ni más ni menos, vicedirector de uno de los bancos más influyentes de Japón?- Pero no solo eso, sino que controla una empresa multinacional. –Añadió para más sorpresa de Len.

¿Qué era entonces, un millonario o billonario?

-¿Cómo se llama la empresa? –Preguntó Len, interesado cada vez más en todo aquello.

Kaito frunció sus labios, haciendo memoria del nombre.

-Eh… si mal no recuerdo, ese empresario se llama Daichi Hatsune, conque seguro el nombre de la empresa tiene que ver con el apellido. –Contestó Kaito, todavía dudoso del nombre completos de la empresa. Pero a Len tan solo le bastó con ese apellido para que su alma cayera a sus pies.

-¿Hatsune Company? –Preguntó tragando saliva. Kaito asintió algo sorprendido de que su mejor amigo hubiera adivinado el nombre de la empresa.- Quiero ser de vuestro equipo. –Habló de nuevo, frunciendo levemente el ceño y alzándose de su sillón. Kaito no salía todavía de su asombro y miró curioso al rubio que tenía frente a él. ¿Tan fácil resultó conseguir que fuera su cómplice? Y él que pensaba que tendría que usar todo su equipamiento de súplicas y chantajes para lograrlo.- El hospital en donde está Lenka tiene serios problemas financieros, está endeudado hasta el cuello. –Comenzó a explicar.- Meiko me explicó que el centro debía de reducir la plantilla de doctores, cirujanos, enfermeros y conductores de ambulancias para intentar sostenerse. Hace casi tres meses que esa empresa les prometió una ayuda económica voluntaria, pero no ha llegado ni la milésima parte. Sabes cuánto les prometió, ¿verdad? –Le preguntó. Len había hablando con una voz cargada de repulsión y odio.

-50.000 dólares, ¿cierto? –Habló Kaito poco después, haciendo recordatorio de la charla de Gran B antes de que saliera del almacén aquella noche y secuestrara erróneamente a Rin. Len asintió, sonriendo con incredulidad.

-Es vicedirector de Bank Jishin y dirige una empresa multinacional. –Sacudió su cabeza de un lado a otro, incapaz de comprenderlo.- Está forrado de dinero. 50.000 dólares para él no es nada; sería como pagar 20 escasos dólares. –Kaito bajó la mirada asintiendo a todo lo que decir Len. Él tenía razón.

La avaricia en su estado puro gobernaba en semejantes multimillonarios.

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*Jishin: significa confianza en japonés. O sea, el padre de Mikuo es vicedirector del 'Banco Confianza'.

¡QUINTO CAPÍTULOOOO! Oh, Dios. Estoy apunto de que me dé algún ataque al corazón de la alegría que tengo en el cuerpo. ¿¡Adivinan quién ha terminado secundaria y está de verano?! ¡Sí, yo! –Fuegos artificiales por todas partes.- ¡Por fin! ¡Libre! Esta mañana fui a recoger mis notas y me llevé la gran, GRANDÍSIMA sorpresa de que no reprobé ninguna. Y me llevé otra sorpresa cuando vi la nota de Literatura Castellana. Jamás pensé que lograría sacar un seis. :'D Siempre me quedo en el cinco. Ni subo un punto ni bajo otro. ¡PERO ESTOY QUE ME SUBO POR LAS PAREDES! Por fin un verano sin estrés. *-*

Dejando a parte mi vida que sé que poco os interesa, TOCA ROOONDA DE PREEEGUNTAAS: ¿Se reconstruirá la relación que SeeU, Usee y Len tenían? ¿Lograrán Len dejar a lado ese duro rencor que tiene a sus padres? ¿Lenka conseguirá andar si apoyos? ¿Por qué a Kaito no se le termina los helados? ¿Qué piensan de Daichi Hatsune, el padre de Mikuo? ¿Y de los empresarios con tanta cara como él? ¿Por qué creen que Gran B es el jefe de toda esa trama? ¿Por qué creen también que Kaito se unió a él? ¿Quieren saber la historia completa de nuestro zampa helados al completo? ¿Creen que será fácil que Len entre en esa organización? ¿Cómo funciona esquemáticamente todo? ¿Por qué no he creado esta ronda de preguntas antes?

¡NO OLVIDEN MANDAR REVIEW CON SUS COMENTARIOS, MENSAJES, CRÍTICAS, PETICIONES DE MATRIMONIO, PATATAS, FRUTAS, SUERTE, INSULTOS, GRITOS! Todo será bienvenido.

Okey. Como se han enterado, eeestoy de vacaciones y como gracias a Dios no he reprobado nada, tengo la grandísima suerte de que podré súper adelantar todo lo que tengo pendiente y futuros proyectos. A pesar de que tengo el ramadán de por medio [sí, este año comienza el 18 de Junio. Jé, jé, jé] igualmente tendré más tiempo incluso. Ya saben, usaré esa excusa de: ''mamá, si estoy con la computadora, se me pasará el día más rápido y no pensaré en comer ni beber.'' El año pasado me funcionó. Recen para que lo haga este año. (?)

Bien, dejando mis problemas a un lado, ¿qué les pareció el capítulo? Personalmente, la parte final me quedó algo… ¿cómo decirlo?... rápido. O sea, que parece que lo haya escrito en dos minutos con rapidez y sin fijarme. ._. Creo que tengo que pulir más mi narración.

AY. Ahora que me acuerdo. Fans de 'Mortal Instruments'/'Cazadores de Sombras', supongo que varias de vosotras y varios de vosotros se habrán enterado de que dentro de un año, en el 2016, sacarán la serie de esa fantástica/maravillosa/perfecta/encantadora/sexy/hechizadora novela de la inigualable Cassandra Clare. Bien, hace poco revisé a los actores que harán de nuestro sexy y provocador Jace, nuestro babeante Alec, nuestra encantadora Isabelle, nuestra amada Clary, nuestro extravagante Magnus, nuestro añorado Simon, nuestra querida Jocelyn, nuestro repugnante Valentine, nuestro respetado Luke, nuestra odiada/sexy también Camille y etcétera, etcétera…

No me convencieron. No, no, no y no. No me llegaron al corazón. Y quiero saber vuestra opinión también. CONQUE NO OS OLVIDÉIS TAMPOCO DE DÁRMELA. O me dejaréis sin dormir. (?)

Vale, me estoy quedando sin temas para escribir, conque debo dejarlo aquí.

¡Mucha suerte a todas y todos aquellos que todavía están en época de exámenes! Aprobaréis o moriréis en el intento. (?)

Gracias, graaacias a quienes me mandan reviews, me dan favorito y me siguen los fics. Enserio que no me canso de deciros lo mismo. Toneladas de gracias y abrazos cibernéticos, ya puestos a añadir. :'D

Que la vida os sea muy bonita y disfrutéis de ella,

MAISA.-

P.D: ¿Se pueden creer que fui a recoger mi boletín de notas en falda? (?)