Bueno este es en realidad como el primer capitulo ( / u \ )

Visita inesperada

Pasaron las generaciones hasta que las profecías se cumplieron, cada joven debía batallar con su don y demostrar que podía ayudar a ser mas fuertes, torcer el destino que sus familias les habían forjado y así crearlo ellos.

Corona se volvió un reino sumamente feliz al tener de regreso a su princesa quien al casarse paso a ser la reina del lugar, con ayuda del tiempo noto que su poder no había desaparecido junto con su cabello como ella había pensado, pero eso no la detuvo para comenzar a forjar una pequeña academia de medicina con información que tenían reunidas. Por su lado Eugene vigilaba la seguridad del reino.

Cada año la reina viajaba dos o tres veces a su reino vecino Arendelle, donde se encontraban sus grandes amigas: Anna y Elsa. Y esta vez no sería la excepción. Ese mismo día tomo un barco rumbo al reino vecino solo para visitarlas, además de estar ansiosa por sabe todo sobre la boda de Anna con Kristoff.

Pasaron dos días en los que Rapunzel saltaba de emoción de un lado a otro en el barco, la emoción corría por sus venas y solo esperaba llegar pronto.

—Estamos llegando reina —aviso una sirvienta, a lo cual la joven corrió a abrazarla y hacerla dar giros —esta muy emocionada alteza —sonrió, Rapunzel solo se separo sonrojada por su reacción y camino a paso rápido a la borda.

—Que emoción, las podré volver a ver —dio pequeños aplausos, frente a ella estaba el reino del eterno invierno, o así era como muchos lo llamaban aún que no era un realidad del todo cierta. Al llegar al muelle bajo apresurada y sin esperar a su fiel sirvienta comenzó a caminar por las calles del reino.

Arendelle era un reino igualmente lleno de vida, su mayor virtud era la fidelidad además de la seguridad del reino, la cual era bastante alta y casi no habían robos o asaltos. La gente caminaba tranquila a toda hora, los vendedores no debían preocuparse en vigilar a cada persona y los niños podían jugar felices y libres.

Mientras Rapunzel caminaba hacía el castillo de las chicas, del otro lado del reino una chica de cabello castaño corría por las calles para llegar al muelle. Pasaron los minutos y finalmente llegó con la respiración agitada, se acerco a la gente que bajaba ciertos objetos y le pregunto por la Reina de Corona, pero la respuesta solo fue "al llegar, bajo y se fue antes de poder hacer algo, es muy animada". Anna suspiró, y comenzó a caminar hacía el castillo, si tenía suerte la encontraría.

La reina se encontraba leyendo una carta en su oficina que venía desde Escocia, en la cual narraban las aventuras y los intentos fallidos de ciertos habitantes para pedir su mano; Elsa reía por cada suceso que le había sucedido a Mérida, quien también avisaba su futura visita para unos días más.

Arendelle era como un centro de reuniones por así llamarlo, los reinos vecinos con los cuales tenían un pacto de unión siempre lo visitaban el reino, pero luego de los múltiples ataques de dragones en el reino de Berk, sus visitas habían disminuido hasta el punto de extinguirse para la nueva generación.

La rubia platinada guardo la carta y camino hacía la entrada del castillo, con la elegancia de una gacela pero la velocidad de un jaguar. Traía un vestido de color verde con flores, bastante primaveral. ¿Dónde estaba su hermana?

Ya cerca de la entrada se encontraba Rapunzel quien cargaba en sus brazos bastantes flores y uno que otro objeto como recuerdo para sus padres y esposo, solo alcanzó a dar un paso y alguien se tiró sobre su espalda.

—¡Rapunzel!¡Llegaste! —Gritaba Anna emocionada mientras la mayor solo reía por el comportamiento poco adecuado de una princesa.

—Llegué hace unos momentos, no pude aguantarme de bajar y caminar por el reino ¡Todo es tan hermoso! —Suspiró como una chica enamorada, ambas entraron y se acercaron hacía Elsa, quien las saludaba alegre —¡Elsa! Digo, reina Elsa —rio bajo al igual que Anna.

—Con Elsa basta —se acercaron y con su hermana le dieron un fuerte abrazo —Mérida llegará en unos días ¿Te quedarás cierto? —Preguntó mientras entraban las tres juntas e iban a la terraza.

—¡Claro! Eugene es un buen rey y podrá tener todo controlado —contaba mientras movía las manos. —Ahora cuéntenme que es eso de que Anna se casara —solo el comentario sonrojo a la menor quedando como una manzana, se llevo las manos a la cara tratando de disminuir el sonrojo.

—Kristoff le pidió matrimonio hace... ¿Hace cuanto te lo pidió Anna?

—Un mes, y ¡fue tan romántico! Estábamos bajo la luz de las estrellas, hablando sobre lo que podría tenernos el futuro, me tomó de las manos y se arrodillo ante mi —Contaba mientras daba giros por la terraza mientras su voz sonaba enamorada, y sus ojos estaban perdidos. —Me miró a los ojos, y yo quede hipnotizada viendo sus ojos color miel, su cabello rubio se movía por el viento, y pronunció "Anna Arendelle, se que te dije que no creía en el amor a primera vista, pero desde que compartimos nuestro día a día, he comenzado a enamorarme, y me siento listo como para unir nuestras vidas para siempre... Anna Arendelle, ¿Te gustaría ser mi esposa?" y yo solo pude tirarme a sus brazos mientras gritaba un "sí, claro que si quiero" —suspiró con un sonrisa —fue mágico... —terminó de contar y las miró, ambas estaban jugando ajedrez mientras soltaban una que otra risa.

—¡Anna es maravilloso que estés enamorada! —Celebró la morena y miró a Elsa —¿Y tú?

—El amor no es lo mío, o por lo menos aún no golpea mi puerta...

—¿Golpearla? ¡Deberá patearla! —Interrumpió la menor haciendo reír a la invitada.

—Ya será su turno, Anna, cuando menos lo esperemos, Elsa estará enamorada de un chico —fantaseo mientras Anna asentía imaginado todo.

—No necesito a un hombre —rodó los ojos mientras movía una pieza —además debo mantener el orden de reino, no creo poder tener el tiempo —suspiró cansada —presiento que algo malo va a suceder tarde o temprano.

—¿Algo malo? —Preguntaron el unisonó, y ella asintió.

—No se que será, pero ha que estar preparados para cualquier cosa...

—¡Oh! Hace un año, cuando pensé que ya no podría curar gente por el corte de mi cabello, apareció una bruja —relató dejando a ambas hermanas con la boca abierta —me dijo que los poderes estaban dentro de mi y no en mi cabello y luego que debía proteger algo... no me dijo que cosa era, pero me recalcó que era muy importante y que algo podría pasar.

—¿Un bruja? —Alzó una ceja Anna escéptica, y la morena ladeó la cabeza.

—Bueno si tenemos magia, perfectamente puede suceder... además no olvidemos cuando Mérida paso a convertir a su madre en oso —argumento Elsa —también están los dragones...

—¿Cómo van con eso? —Preguntó curiosa.

—¡Les construimos un establo! Mas que nada para refugiarlos, cuando se recuperan se van pero siempre vuelve uno que otro —hablaba emocionada Anna.

—Son criaturas bastantes interesantes ¿Podríamos ir a verlos?

—Claro, pero mas tarde, aún debemos comer algo —respondió Elsa —Jaque mate.

—¡No! Sabía que ese había sido un mal movimiento...

Y así fue como las chicas pasaron la tarde jugando y comiendo chocolates, finalmente se les había hecho de noche y no pudieron salir, pero estaba la promesa de que irían en algún momento. Rapunzel contaba que siempre viaja con su sartén justiciera y que ahora era un "arma" bastante usada por la guardia real. Anna contaba los detalles que deseaba en su boda y Elsa sobre las últimas noticias de Mérida.

Los siguientes días habían tenido que permanecer dentro del castillo por diversas reuniones, lo cual no les permitió ir a ver los dragones dejando a una triste Rapunzel. Pero llego el día en que finalmente lo conocería.

—¿Seguras que es seguro? —Pregunto temerosa, mientras caminaban casi a las afueras del reino.

—Son criaturas incomprendidas solamente, pero son muy buenos amigos Rapunzel, tranquila —trató de calmarla, mientras Anna soltaba pequeñas risas.

—Llegamos —unció la menor, y abrió la puerta del gran establo, Rapunzel retrocedió unos pasos chocando con Elsa, quien la afirmó de los hombros. Dentro estaba lleno de distintos dragones, algunos se encontraban recostados sobre paja mientras otros volaban dentro del lugar —¿A qué son lindos, no? —Entro mientras la rubia trataba de alejarse, eran mucho mas grandes de lo que había pensado, algunos se veían peligrosos, lo suficiente como para no querer entrar.

—Vamos, tú querías verlos —la empujó Elsa, la acercó a un dragón de tonalidades celestes con verde —es un nadder, son muy inteligentes, y estos pequeños de acá —señalo a unos dragones del porte de un gato, son los terrible terror...

—¡Son muy lindos! —Se acercó para tocarlos, cuando uno le lanzó una bola de fuego que paso cerca de su cabello —¡Ah! —Se alejo y escondió detrás de Anna —ya no quiero estar acá —susurró asustada mientras se cubría el cabello con sus manos —les recuerdo que mi cabello no crece, no pretendo quedar calva joven...

—Siempre puedes usar una peluca... además de que te aseguro que fallo a propósito, ellos son mejor que cualquier tirador —explicó orgullosa la colorina.

Finalmente luego de estar un rato en el lugar, decidieron volver al pueblo para disfrutar la tarde.

Pasaron los días donde reinaban el chocolate y los dulces, los postres antes de las comidas, y la nieve sobre todas las cosas. Los sirvientes sonreían al ver a las hermanas llenas de vida, y poder tener a la reina de Corona en su reino. Finalmente llegó el día en que apareció una cabellera enrulada, salvaje y roja en el puerto, solo con verla podías sentir la valentía que poseía la muchacha, bajo del barco junto a su caballo y partió a toda velocidad hacía el castillo sin esperar siquiera a uno de sus sirvientes que siempre la acompañaban a todos los viajes.

Al llegar se bajo del caballo y se dirigió a la puerta donde una sirviente la recibió, la llevo hacía un cuarto y fue cuando al tocar la puerta esta se abrió sola dejando paso a una gran cantidad de nieve y a Anna de cabeza mirando a la recién llegada desde el suelo.

—¡Mérida! —Saludó a la pelirroja mientras ella solo soltaba una carcajada.

—¡Chicas! Vaya que se divierten —respondió mientras entraba y las saludaba a todas, la habitación estaba llena de nieve, Elsa estaba creando un ángel mientras Rapunzel saltaba de una lado a otro.

—Esto es genial —salto la rubia hundiéndose.

—Ven y diviértete un poco —le lanzó una bola de nieve la platina a lo cual acepto y saltó al igual que Rapunzel.

—¿Alguien sabe algo de Berk? —Preguntó ganándose las miradas de las demás.

—De allá... solo nos escribe Valka —respondió mientras pensaba Elsa y hacía una mueca —la verdad es que hace años que no sabemos mucho, hace unos años tuvieron un conflicto con un hombre y el rey o líder de ese momento murió...

—¡Elsa eso es horrible!

—Bueno, no podíamos hacer mucho, nos avisaron cuando acabó, Mérida —suspiró pensativa.

—¿Y si les hacemos una pequeña visita? —Propuso Rapunzel con sus ojos brillantes —Digo, si ellos no se acercan, deberíamos hacerlo nosotros... debemos estar todos unidos como nuestros antecesores —explicaba mientras las demás asentían.

—Pueden llevarse a Anna —fue la respuesta de la mayor —debo quedarme por si ocurre algún problema —alzó los hombros.

—¿Qué?¿Pero por qué?

—Anna... no dejaré a nadie el trabajo que debo hacer, recuerda que nuestros padres ya no están y no tenemos con quien dejar el reino. Te divertirás, me la cuidan chicas —las demás asintieron y Elsa hizo desaparecer la nieve del cuarto.

—¡No te quiero dejar sola! —Se cruzó de brazos e hizo un berrinche.

—Dios, Anna —rodó los ojos —dame un respiro por favor. Irás con las chicas y te divertirás, además será una buena manera de mantener la comunicación con ellos. Eres una princesa recuerda que tu deber es ayudar al reino.

—¿Cuándo nos vamos? —Preguntó Mérida.

—¡Mañana! Digan que sí por favor —rogó la reina de Corona ansiosa.

—Pero yo acabo de llegar —habló molesta.

—Solo serán unos días —se excuso Rapunzel, animándolas.

—Ugh... esta bien, pero deja de saltar, pareces hiperactiva...

—Traeré algo hermoso, Elsa —agregó Anna.

—Entonces a comer, mañana será una gran día.

—¡Sí!

Las tres chicas salieron quedando solo Elsa en el cuarto, se acercó al balcón cuando alguien apareció detrás de ella, cabello ondulado y plateado. La reina volteó y quedo frente a la mujer.

—Reina Elsa —hizo una leve reverencia.

—¿Sucede algo? —Pregunto nerviosa, hace días que tenía un mal presentimiento pero nada había cambiado, pero solo con la aparición de la bruja, sabía que nada iba bien. Negó con la cabeza, y sintió como su corazón comenzó a latir fuerte.

—Una fuerza oscura se comenzó a mover, solo pude ver que es un viejo enemigo de otro reino, el cual ahora tiene una pequeña ayuda de otra bruja. Vengo a avisarte porque este reino es donde los demás se unen, si dejan de existir... seguramente las demás también lo hagan —ambas guardaron silencio.

—Necesitaré que revivas a alguien —pidió, lo cual sorprendió a la bruja —Jack Frost.

—No se si el hombre de la luna me permita quitarle a uno de sus guardianes —pensó en voz alta, pero finalmente dibujo una sonrisa en sus labios —no pierdo nada tratando ¿Para que lo necesita? Los guardianes solo protegen a los niños...

—Los niños son los futuros del reino, ellos serán los que finalmente moverán los reinos cuando nosotros ya no estemos, además... necesito que alguien los cuide por si no no logramos salvar el reino. Anastasia, la bruja de las profecías.

—Te haré la misma pregunta que te hice hace unos años... ¿Te sacrificarías por la salvación de los reinos?

—Claro, no soy solo la reina de Arendelle, si no la protectora de esta unión. —Respondió decidida.

—Elsa, la lealtad te la haz ganado, no solo la de los otros reinos, si no la de tus aldeanos, la mía y la de tus iguales. Te ayudaré hasta el final por ese noble corazón, cuando caigas te levantaré y cuando llores te consolaré. Pero debes tener claro que solo hay una manera de que vivas...

—¿Te refieres a las piedras? —La bruja asintió lentamente —pero eso lo deben descubrir ellos mismos, no podré darles ni pistas —suspiró.

—No pierdas la confianza y fe en ellos, tarde o temprano ellos se darán cuenta y volverás con ellos —sonrió transmitiendo confianza, alegrando a la joven reina. —Por ahora me debo de marchar, pero yo estaré atenta. No te abandonaré —desapareció dejando las palabras en el viento.

—¡Elsa! Ven a comer con nosotras —entró su hermana, la reina se dio la vuelta y le sonrió, caminó hacía su hermana y la abrazo fuerte, como rara vez hacia.

—Anna, te quiero dar algo antes, un recuerdo y es sumamente importante, no quiero que lo pierdas ni te separes de el ¿De acuerdo? —la menor asintió, sus ojos azules brillaban de la emoción. La mayor caminó hacía el escritorio y abrió un cajón con una llave, dentro saco una pequeña cajita y se la entregó. Anna la tomó delicadamente y la abrió, dentro había una piedra preciosa de color calipso, tenía una cadena —cada vez que te sientas perdida ella te ayudará a seguir adelante.

—¿Sucede algo? Digo es muy hermosa, pero te ves extraña —entrecerró los ojos vigilándola.

—Sucede que si no nos movemos, Mérida acabará con toda la comida —rio mientras caminaba a paso rápido fuera de la habitación.

Anna la miró salir y decidió seguirla sin antes guardar la piedra en uno de sus bolsillos secretos. Cuando alcanzó a su hermana, Rapunzel estaba riéndose al ver como Mérida agitaba una ala de pollo mientras le contaba sus aventuras y citas fallidas con los hijos de otros lideres.

—¡Empezaron sin nosotras! —Las acusó la menor, mientras corría a la mesa, y Elsa la seguía.

—Por lo menos los chocolates siguen acá —señalo la platina tomando uno —bueno ¿Y qué harás en Berck, Rapunzel? Allá los dragones se ven por todos lados, son como sus mascotas o amigos...

—Deberé usar un casco, o bien me quedaré calva y usaré una peluca, por lo menos exigiré una como el cabello de Mérida —le señalo a la cual la joven se quejo con la boca llena —iug, te vi hasta las amígdalas —se quejo la morena asqueada.

—Ups, jejeje, perdón —se disculpó a carcajadas, contagiando a Anna mientras ambas rubias estaban algo asqueadas aún.

Mientras que en otro reino, aldea y lugar, se encontraba un joven de cabello castaña y ojos verdes acariciando a su gran dragón, el cual se encontraba recostado a la sombra sin muchos ánimos de moverse. Ya comenzaba a ser una preocupación para Hiccup el ver que su amigo llamado Chimuelo siempre en la sombra y sin muchos ánimos de hacer cosas. Al comienzo el cambio fue pequeño, solo estaba algunos momentos del día bajo la sombra, luego cada vez quería volar menos y estar lejos del sol, hasta que finalmente casi no volaba y su ánimo comenzó a caer dramáticamente.

—Chimuelo... —nombró y el dragón trato de levantar la mirada —no te esfuerces, ya mejoraras, solo debes necesitar descansar —trató de animarlo, y creerse él mismo las palabras.

—Hijo —se acercó a su hijo y al dragón —creo que es mejor que lo lleves a Arendelle —aconsejó la mujer castaña y de unos ojos verdes muy claros, su hijo giró sin entenderle a su madre —encontrarás ayuda para Chimuelo, hay una joven que cuida de ellos y los recupera, creo que es lo mejor que podríamos hacer para que se recupere —acarició la cabeza del furia nocturna.

—¿Arendelle?¿No es el reino con el que tenemos un tratado? —Preguntó tratando de recordar las tantas conversaciones que tuvo con su difunto padre hace muchos años atrás, su madre asintió con una sonrisa —pero... hace mucho que no...

—Te ayudarán no te preocupes, la reina no le cierra la puerta a sus reinos amigos, y mucho menos a un dragón enfermo —le interrumpió su madre transmitiéndole confianza —en caso de que algo salga mal, solo di que vas de mi parte, Hiccup.

—Esta bien, partiremos mañana Chimuelo, haré lo necesario para que estés bien nuevamente...

Chimuelo le lamió la mano y volvió a recostarse, Hiccup por su lado había ido junto con su madre a buscar un mapa. Luego de la explicación de como llegar, guardo el mapa junto con sus demás objetos, y se preparó para el viaje. Chimuelo por su estado solo volaba en intervalos de una hora como máximo, por lo cual deberían hacer unas pocas paradas realmente y no habría problema.

La noche había llegado junto con las estrellas, el viento fresco movía las ramas y hojas del bosque de Berk, en la casa de Hiccup se encontraba su madre, Astrid y Patapez.

—No puedes ir solo —repitió nuevamente Astrid cruzada de brazos.

—Es mejor que vaya solo, así no ocasionamos un gran revuelo, además ¿Qué podría pasarme? Tenemos una alianza, no me harán nada —argumentó.

—¡No puedes estar seguro! ¿Qué sabemos de ellos? ¡Nada! —Exclamó defendiendo su punto de vista, lo cual hizo fruncir el ceño a la mayor.

—No hables así de ellos, no es solo un tratado de alianza, es un pacto de unión, al reino que le suceda algo, aún que sea mínimo, los otros reinos acudirán con ayuda sin reclamos...

—Pues yo no vi a otros reinos ayudándonos contra Drago Manodura, si lo hubieron hecho tu padre estaría con vida ahora.

—Astrid, nosotros como reino nos alejamos cuando comenzamos a tener los ataques de los dragones, por lo mismo la comunicación con los demás reinos ha sido casi nula, solo fueron avisados de lo que ocurrió cuando todo acabó. Yo misma mande la carta para informarles, y pedí que no mandaran ayuda. —Respondió molesta. La muerte de su esposo con el cual casi no había podido compartir, era una herida bastante grande que ya comenzaba a sanar, pero no podía culpar de todo a otras personas que ellos mismos no habían querido entrometerlas.

—Hiccup ¿Estás seguro de ir? —Preguntó su amigo algo temeroso.

—Sí, buscaré como sanar a Chimuelo, aún que eso me lleve a lugar que nunca pensé que tocaría.

—Entonces vamos contigo —soltó decidida Astrid, mientras Patapez abría la boca sin poder decir nada.

—¿Están seguros?

—Claro que sí. No podemos dejar a nuestro líder ir solo a lugares que pueden ser peligrosos.

—Hiccup es mejor si te acompañan, por si Chimuelo le pasa algo en el camino, por lo menos tendrás a tus amigos que te pueden ayudar —apoyó la idea.

—Esta bien, saldremos mañana temprano, nos vemos acá —los otros dos asintieron y cada uno se fue a su casa.

Espero que les haya gustado *-*