Aquí un nuevo capitulo espero que les guste 3
Así como Frozen, Como entrenar a tu dragon, Enredados, Valiente y El origen de los guardines, no me pertenecen a mi si no a sus respectivos dueños.
Nuevos amigos
Ambas reinas se encontraban despiertas y desayunando en la terraza hablando sobre los reinos, y como iban sus estudios cuando se escucho un fuerte golpe, se levantaron preocupadas y caminaron por el largo pasillo. Olaf estaba corriendo de un cuarto y al ver a su creadora corrió lo más rápido que sus pequeños pies lo dejaron.
—¡Elsa! —Gritó el pequeño hombre de nieve asustado, detrás apareció Mérida con una escoba asustada.
—Olaf... ¿Qué sucede Mérida? —Pregunto Elsa al verla desordenada y aterrada, Rapunzel se agacho y comenzó a jugar con las ramitas de Olaf.
—¡Esa cosa tiene vida! —Exclamó señalándolo con la escoba, ambas chicas soltaron una pequeña risa, alzó una ceja sin comprender nada.
—Su nombre es Olaf y...
—Me gustan los abrazos —interrumpió el pequeño a su amada creadora, Mérida giró a su alrededor y lo observaba, ¡Tenía vida!
—¡Pero tiene vida! —Se cruzó de brazos mientras negaba con la cabeza.
—Mérida, no solo puedo crear objetos de nieve y hielo, también puedo darles vida si así lo deseo, cambiarle los colores incluso. —Creó un copo de nieve frente a su pelirroja amiga, este tenía el mismo estampado rojo ladrillo que las paredes, Mérida abrió la boca con una enorme "o" y asintió fascinada.
—¡Increíble! —Gritó feliz. Un fuerte golpe se escuchó y apareció Anna despeinada mirando a todos lados de manera frenética.
—¿Qué pasó? —Preguntó corriendo a las chicas.
—Nada, Mérida acaba de conocer a Olaf —informó su hermana y Anna miró a su amiga quien ahora estaba jugando con Olaf.
—Ugh... me dio hambre ¿Comemos? —Preguntó con esa mirada que nadie podría negarle algo.
—Nosotras ya desayunamos, pero ve con Mérida, en un rato deben salir, recuerda —las tres chicas abrieron los ojos, se les había olvidado su visita a Berk, asintieron y fueron al comedor, mientras que con Rapunzel salieron a dar un paseo. Ya en el jardín, la castaña se detuvo y ambas se miraron.
—¿Qué sucede? Desde ayer andas más callada de lo normal, vamos Elsa, no soy tonta y sabes que puedo enfrentarle a lo que sea —se sentó.
—Lo que te diré... —suspiró y miró a Rapunzel a los ojos —no debes decirlo a nadie aún —su amiga asintió y continuó —desde hace un tiempo a mí también me ha visitado una bruja —iba a abrir la boca pero la interrumpió —y algo se avecina... no estoy segura de como acabará todo esto, pero los protegeré a todos, solo te puedo decir que cuiden lo que este reino les dio en el comienzo de nuestra unión. Rapunzel, cuida a Anna —pidió y su amiga asintió preocupada, no le gustaba lo que Elsa estaba contando y mucho menos la manera en que lo decía.
—Suena como si no nos volviéramos a ver —susurró la castaña con un nudo en el estomago, la platina se mordió el labio inferior, ambas miraron el palacio y quedaron en silencio.
—No puedo asegurar nada.
Anna y Mérida luego de desayunar fueron a cambiarse de ropa y preparar sus prendas para el viaje, por comodidad guardarían todo en el mismo baúl que Rapunzel y así no estar muy cargadas. Al acabar decidieron ir al "establo" donde se encontraron con las demás. Ambas cruzaron mirada al ver los rostros de las reinas, no hablaban y estaban entre serias y preocupadas, al ver a las chicas cambiaron a una sonrisa.
—Pues, ¿Listas?
—¡Claro! —Respondieron animadas.
—Me alegro, porque se irán en dragones —comunicó, a lo cual solo Mérida se veía feliz por la noticia, mientras que las otras dos se veían indecisas. —Se divertirán —paso por cada una de ellas y sus vestidos se volvieron un poco mas cortos y pomposos —así estarán mas cómodas. Entréguenle esta carta a Valka —le entregó un sobre a Mérida.
Unos dragones se acercaron, eran dos exactamente, los mas dóciles que se encontraban en el reino y aceptaban que desconocidos se montaran.
—Este es un ala cambiante y este otro es un relámpago azul —presentó a ambos dragones —Mérida, te irás en el relámpago azul, es un poco mas terco así que podrás con el, Anna y Rapunzel se van en el ala cambiante, no se preocupen si cambia de color, es así, el baúl se irá con Mérida.
Luego de amarrar el baúl y colocarle monturas a los dragones las chicas se subieron hacía su nuevo destino: Berk. Elsa las despidió desde la entrada y volvió con el resto de los dragones, debía vigilar si estaban comiendo o si las heridas de algunos estaban sanando.
Desde la otra aldea, Hiccup junto con sus dos amigos, se subieron a sus dragones, sería un largo viaje ya que por la condición de Chimuelo iban a tener que detenerse más de lo normal. Ya había pasado dos horas desde que habían salido de su aldea y se encontraban descansando cuando ven dos dragones volar sobre ellos, uno iba como si nada mientras que del otro se escuchaban gritos y el dragón trataban de volar lo más normal que podía al ser casi estrangulado.
—¿Qué sucede allá? —Pregunto Astrid achinando los ojos.
—No lo sé, mejor vamos a ver, vamos Chimuelo —el dragón se levanto e Hiccup se subió mientras sus compañeros guardaban las cosas y finalmente se subían cada uno a su dragón. Se elevó rápidamente hasta alcanzarlas, las tres chicas miraron al castaño —¿De donde son? —Gritó.
—Nos enviaron desde Arendelle —respondió la pelirroja divertida. Hiccup alzó una ceja. Era una enorme coincidencia, ellas iban a su aldea y él a la de ellas.
—¡Por favor, quiero bajarme ya! —Gritó Rapunzel ahogando al dragón, mientras Anna solo chillaba abrazandola por la espalda.
—Yo voy hacía Arendelle... ¿Sucedió algo?
—No, solo vamos de paseo, ya sabes, relaciones publicas entre reinos —volvió a responder Mérida como si nada. Hiccup asintió y se dirigió hacía sus amigos, quienes no comprendía el porque las dejo ir.
—¿A dónde iban? —Pregunto desconfiada Astrid mientras acaricia a Tormenta.
—A Berk, son de Arendelle, vamos, mejor sigamos para que lleguemos pronto —respondió tratando de evitar la mirada asesina de su amiga y la pequeña risa de su amigo.
Luego de unos minutos apreciaron una enorme montaña llena de nieve con un gigantesco castillo de hielo, los tres quedaron sorprendidos ¿Quién haría semejante obra de arte? luego de otros pocos minutos pasaron por un gran bosque hasta que vieron el palacio a lo lejos y el pueblo mas cerca, al acabar el bosque observaron un lugar donde se encontraban distintos dragones caminando y recostados sobre la nieve, otros se revolcaban. Decidieron bajar con cautela para que otros dragones no le atacaran.
—Bueno, esto no me lo esperaba —soltó Patapez al ver todos los dragones —no sabía que también criaban... sus colores son distintos a los de Berk pero físicamente iguales...
—Quizás fue mala idea venir —susurró Astrid al ver como las criaturas los miraban, pero Hiccup solo se acerco cauteloso seguido de Chimuelo que caminaba de lo mas normal —Hiccup, vuelve —le llamó la atención pero el solo les hizo una señal para que avanzaran, a pesar de ser extraños ningún dragón los ataco, finalmente entraron al establo y quedaron estupefactos. No lo podían creer, el lugar estaba repleto de diferente especies, parecía un nido, el mismo nido en el que encontró a su madre. En el centro se encontraba una chica que mantenía una calurosa discusión con un joven.
—¿Cómo que se fueron? —Pregunto molesto —¡Dejaste que se fuera sin preguntarme! ¡Peor! ¡Ni me aviso! —movía las manos frenéticamente mientras caminaba de un lado a otro.
—Que ella no te avisara no es mi culpa, Kristoff. Además, ya pronto se casarán...
—¡Con mas razón debió avisarme!
—Pero esa no es mi responsabilidad —volvió a defenderse mientras observaba a un Terrible terror que tenía una especie de quemadura en su cuerpo, paso su mano sobre la zona, el pequeño dragón suspiró aliviado.
—Pero como su hermana mayor podrías haber...
—Kristoff detente. Es tu novia, mi hermana. Tu futura esposa, mi hermana. No es mi responsabilidad hacer que ella te avise todo lo que hará, es de ella —alzó una ceja y antes de que Kristoff pudiera hablar, alguien aclaró la garganta. El rubio los miró molestos, y luego hizo una mueca.
—¿Esto es Arendelle? —Preguntó Astrid cruzada de brazos. Patapez se llevo una mano a la cara apenado por el comportamiento de su amiga.
—Sí —respondió Elsa aún dándoles la espalda, movió un poco la mano y Chimuelo fue hacía ella, al llegar una sonrisa se formó en el dragón —un furia nocturna, que preciosidad, espera, ¿Qué te pasó? —Preguntó molesta al ver las escamas del dragón. Hiccup sintió un escalofrió recorrer su cuerpo por el tono de voz. La chica alejó la mano del reptil y siguió con lo suyo y el pequeño terrible terror.
—Yo... esto... —trataba de hablar Hiccup, al ver como había dejado a Chimuelo esperando.
—¿Lo curaras? —Preguntó Astrid nuevamente sin rodeos.
—¿Ves todos estos dragones? Muchos de ellos están heridos y llegaron antes, no porque sus dragones estén mal y tengan jinetes significa que sean prioridad sobre los demás. —Respondió cortante, la vikinga apretó sus manos formando puños y comenzó a caminar desafiante hacía la chica. Kristoff al igual que los demás chicos estaban atónitos. Pelea de rubias.
—¿Cómo le hablas así al líder de los vikingos? —Alzó la voz molesta.
—¿Líder? —Preguntó torpe, el rubio.
—Líder para ellos es como el rey para nosotros, y no le hablo a ninguno de ellos, te respondo a ti —respondió Elsa calmada, debía controlarse, después de todo era la reina del lugar.
—No pido que nos des prioridad, solo que puedas curar a Chimuelo —habló Hiccup tratando de calmar el ambiente, se acercó a Astrid tratando de que retrocediera.
—Vuelvo a decir, acabando con los demás...
—¡No ves que esta grave! —La interrumpió nuevamente la rubia ya roja de rabia. Patapez se acercó a ellos al igual que sus dragones, el ambiente comenzó a tensarse y los dragones del lugar gruñían y alzaban sus alas.
—Astrid, no creo que sea buena idea gritarle —susurró Patapez al ver la cara de miedo que había puesto Kristoff.
—No esta grave —informó mientras seguía en lo suyo —¿Te haz dado cuenta de que el gruñido de tu nadder esta mucho más agudo de lo normal? O ¿Qué ese gronckle esta mas delgado de lo que debería estar? —Los tres amigos se miraron sin poder responder —pues yo sí, es algo que me dedico a hacer por gusto, no por deber, así que si me lo permites, lo haré todo a mi manera, joven Astrid —se levantó y se dirigía a un pesadilla monstruosa.
—Además no pueden hablarle así —agregó Kristroff negando con la cabeza.
—Yo le hablo como quiero —respondió Astrid malhumorada. ¿Dijo que no se preocupaba por Tormenta?¡Nadie podía decir que o se preocupaba de su amiga dragón!—no ha hecho nada para ganarse mi respeto, solo veo a una chica que nos reprocha y no ayuda.
—Y yo veo a una chica que quiere ser exiliada de este reino y quizás que quiere romper el tratado. Hablas de ganarme el respeto, pero si deseas que alguien te respeta, tú hazlo también. No nos conoces, no te presentas. Solo vienes a exigir. —habló molesta Elsa.
—¡Tú no puedes hacer eso! —Le gritó para luego tener su boca tapada por la mano de un nervioso Hiccup. El comportamiento de Astrid no estaba ayudándoles de mucho para poder lograr su objetivo, en realidad solo estaba dificultando el asunto.
—Que raro... pensé que como reina del lugar podía hacer lo más beneficioso para mi reino —se giró para ver de frente a los chicos, los examinó de pies a cabeza, estaban asombrados y con la boca abierta, los tres dragones con jinetes se acercaron a ella como si estuvieran esperando algo, simplemente los acarició en la cabeza —ahora bien, no tendré a una chica insolente en mi reino. Acá todos los dragones son iguales y tienes la misma importancia, yo les aconsejo que me los dejen una semana y vuelvan luego por ellos.
—¿Dejarlos? —Preguntó triste Patapez, era muy unido a Gondontúa.
—¿Insolente? —Soltó una carcajada —seas la reina o no, no dejaré que me hables así —se acercó a Elsa quien con un solo movimiento levanto una pared de hielo de unos dos metros de alto, impidiendo el paso. Justo a tiempo, un terrible terror le había lanzado una bola de fuego directo a los visitantes, choco con el hielo derritiéndolo un poco.
—Te vuelvo a repetir, vete de mi reino si solo vienes a generar problemas, si no lo detengo estarías quemada ahora —la pared finalmente desapareció dejando a los chicos mudos.
—Te dije, no debías hablarle así —susurraron ambos rubios.
—Ahora, todos fuera. Tú también Kristoff o te haré un cubo de hielo —le amenazó con un leve sonrisa que ocultada bajo una mirada amenazadora. El chico alzó las manos derrotado y fue el primero en salir.
—Deseo que me deje quedarme —soltó el castaño bajo la mirada de reproche y otra de angustia —no le haré problemas reina, incluso me puedo quedar en este establo a dormir...
—¡Hiccup! —Exclamaron ambos acompañantes. Elsa se llevo una mano al mentón y lo consideró.
—La verdad es que se habla muy bien de ustedes domesticando dragones...
—Me mando Valka...
—¡Valka! —Sus ojos azules se iluminaron al recordar como aquella mujer las había ayudado a ella y su hermana, volvió a mirar de arriba y abajo al joven, cabello castaño, ojos verdes, pescas en su rostro, con la típica vestimenta vikinga. Esperen ¿Le falta un pie? Miro a los dragones que observaban a sus dueños, algo logró que se ablandara —esta bien, solo por Valka, ella es una gran mujer, es muy querida en este lugar —relató con gran emoción, comenzó a caminar de un lugar a otro explicando todo lo que había hecho por ellas, como les enseño a domesticar y entrenar a los dragones. Se detuvo de golpe y se sonrojo ¿Dónde estaba su compostura? Una reina no puede andar de parlanchina y menos con un extraño, bueno no era tan extraño... era... ¿Quién es este chico? —¿Por qué Valka te mando a ti?
—Soy su hijo... —una frase, tres palabras, un sentimiento. ¡Claro que era el hijo! Se sonrojo avergonzada por no notarlo antes, Hiccup sonrió con ternura, la escena para él era lo mas adorable que había visto. Pero se notaba que aquella joven reina tenía un carácter igual de fuerte que el de un dragón.
—Bueno —tosió un poco y recuperó su postura impecable —puedes quedarte —el joven sonrió como un niño en navidad —pero, como dije: ella se va —señalo a su amiga quien se iba a quejar.
—De acuerdo —respondió antes de que Astrid hablara, se giró y quedo frente a sus amigos.
—¿Estás seguro, Hiccup? —Preguntó Patapez, todo estaba siendo muy raro, y lo principal era no dejarlo solo, ahora como volverían a la aldea y le dirían a Valka que su hijo se quedo solo en un reino que no conocen.
—Si me quedo solo será más fácil...
—¡Pues no me separaré de Tormenta! —La dragona se acercó a su dueña y se recostó a su lado.
—Puedes llevártela, ella y él gronckle. Solo necesitan un descanso y comer más, en el caso de esta pequeña que esta muy delgada —acarició en el estomago a Gordontúa —fuera de eso, solo el furia nocturna esta realmente mal —alzó las manos como si se rindiera al ver el rostro de la chica —si deseas me dejas a tu furia y vuelves después por ella y asunto solucionado, así tu novia no me mata y tu amigo deja su cara de terror —sonrió tratando de que no hubieran mas problemas. Nadie le había dicho que habría gente tan desconfiada y difícil en la vida.
—¡No somos novios!
—Vaya hasta me gritan al mismo tiempo... ¿Son amantes?
—¡Tampoco! —Cruzaron miradas algo fastidiados. —Hiccup puede hacer lo que quiera, solo me aseguro de que nada le vaya a pasar acá.
—Entonces se gustan... —se llevo una mano al mentón, esa sería la respuesta mas lógica, la chica se enamora del chico pero el chico no esta seguro o siente temor... o quizás ambos se gustan y no dicen nada, bueno es un chico guapo y ella una bella chica a pesar de su carácter abrumador.
—No nos gustamos —rodó los ojos el castaño algo cansado, mientras la rubia desvió la mirada. Oh-oh... parece que no es tan cierto eso. Al notarlo el chico trató de tomarla del brazo peor ella salió rápidamente del lugar y la siguió.
—Auch, parece que algo no terminara bien ahí... —habló Elsa, el chico la miró y negó con la cabeza, giró para ver a los dragones y uno lo sorprendió, era algo nuevo, no conocido por él. Y eso era decir mucho, Patapez amaba los libros y sabía cada cosa de cada dragón.
—¿Qué especie es esa? Se parece mucho a Chimuelo —se acercó lentamente, Elsa soltó una pequeña risa al ver al chico tan interesado y lo acompañó.
—No estamos seguras, pero le hemos llamado furia congelada, parece una mutación de la furia nocturna, pero como vez su piel es blanca como la nieve, y sus ojos son como del color del mar, ten cuidado, si bien esta acostumbrada a los humanos, suele ser algo territorial y moles... —solo fue cosas de segundos cuando con la cola había golpeado al chico dejándolo en el suelo semi inconsciente. La de ojos azul piscina trato de levantarlo pero no había caso, era mucho mas pesado de lo que se imaginó. Miró al dragón y mantuvieron la mirada como si discutieran, finalmente ambas bufaron, se agachó y comenzó a moverlo del hombro, sin resultados, le dio una cachetada que obtuvo resultados, Patapez comenzó a parpadear, veía todo borroso hasta que su visión comenzó a enfocarse.
—¿Eres un ángel? —Preguntó distraído mientras veía los ojos azules de Elsa y su trenza platinada caer por un costado. La joven trataba de aguantar una risa y finalmente se alejó.
—Claro, el ángel caído. Me llamo Elsa Arendelle —se presentó educadamente, el rubio se sentó ya consciente de todo y se sonrojó. —Perdona a Escarcha, es algo pesada con los hombres —hizo una mueca y miró al joven. La dragona ya se había ido al final del lugar, Chimuelo se encontraba afuera junto a Hiccup, al igual que Tormenta y Astrid.
—Y-yo... esto... no te preocupes, fue error mío acercarme de golpe y...
—¡Patapez! ¿Podrías ir con Astrid a la aldea? Esta algo molesta, no se bien la razón pero esta un poco agresiva —susurró lo último cuando quedo al lado de su amigo quien acepto un poco triste, deseaba quedarse y seguir aprendiendo de aquella extraña especie.
—Aún que no sé que tan buena idea sea estar con ella en ese estado —pensó mejor un poco asustado, en voz alta.
—No me digas que puedes sobrevivir al golpe de un dragón pero no a una chica enojada —bromeó la reina, sonrojando a ambos chicos.
—Astrid... tiene un carácter fuerte...
—¿Fuerte? Le puedo decir reina que prefiero quedarme encerrado con un dragón —afirmó el rubio, Hiccup soltó una fuerte carcajada.
Finalmente llego el momento en que ambos amigos de su nueva visita se iban, Patapez le dio un beso en la mano como despedida, mientras que Astrid simplemente se montó sobre su nadder azul un poco más tranquila esperando a su compañero de vuelo. Los dragones movieron sus alas y comenzaron a elevarse por los cielos de Arendelle para finalmente desaparecer en el horizonte.
—Tu amigo es bastante simpático y ama a los dragones —describió mientras revisaba algunos dragones, la visita le había acortado gran parte del día y si no acababa no podría regresar tranquila al palacio.
—Es un gran amigo, siempre me acompaña a todos lados y le gusta mucho leer libros... ¿Cómo llegaron todos estos dragones? —Por donde apuntara su vista habían dragones de todas las especies y color, diferentes tamaños, algunos aún eran huevos. Eres asombroso, todo estaba en armonía al igual que el nido donde se encontró con su madre.
—Muchos llegaron solos realmente, otros llegaron con mi hermana y conmigo luego de un viaje, los encontramos y ayudamos, luego de eso no se alejaron, bastantes llegaron heridos con lanzas, arpones y otras cosas en sus alas y cuerpos ¿Cómo se perdió parte de la cola tu furia nocturna? —Ya había llegado a esa extraña especie, la examinó desde la cola hasta llegar al cuello y patas, las alas se encontraban bien, las patas estaban firmes, pero en general habían lugares en donde faltaban escamas y la piel parecía quemada, le abrió la boca al dragón y metió la mano. Estaba hirviendo, con un solo movimiento bajo la temperatura del dragón a una más normal, saco la mano y observo la ala de su cola.
—Cuando conocí a Chimuelo, lo derribé con una trampa para finalmente encontrarlo en una especie de risco... no podía subirlo y cuando lo noté, vi que había perdido parte de las alas de la cola, así que al hacerme su amigo, le pude crear esa especie de ala... pero ahora no puede volar realmente solo, debe tener a un jinete —explicó nervioso, las manos le sudaban. Respiró profundo, debía calmarse, no había motivos para estar así, solo le explicaba a reina... R-E-I-N-A amante de los dragones... comenzó a hiperventilar.
—Ya veo... pues es una buena idea, muchos dragones mueren sin poder volver a volar, por lo menos este amigo aún puede hacerlo ¿Y cómo perdiste la pierna? Oh... perdón, no debería preguntar esas cosas —abrió los ojos asustada. La curiosidad mato al gato, Elsa. ¿Los modales dónde quedaron? ¡Esos chicos le hacían salirse del protocolo! Una frustración cayó sobre sus hombros, sus padres deben estar sumamente decepcionados por su comportamiento, su respiración se le aceleró; solo pensar en sus padres desilusionados la hacía sentir inútil y buena para nada, era un perfecto punto donde atacarla si alguien la quería destrozada. Hiccup miraba curioso todas las caras que hacía la reina frente a él, como si estuviera debatiendo mentalmente sus acciones, sonrió de medio lado.
—Pues Chimuelo no se pudo quedar tranquilo y cobro una pequeña venganza supongo —rio, mientras Elsa casi se le caía la boca al ver la naturalidad con la que el joven hablaba, le restaba el peso al accidente que realmente debió ser horrible. Solo con esas palabras se podía dar cuenta que era un chico bastante valiente.
—Me impresionas —susurró asombrada, Chimuelo dio un pequeño suspiro llamando la atención "hola, soy el herido, atención y caricias para mi, por favor". Ambos miraron al hermoso dragón negro como si hubieran entendido el porque su suspiro —¡Hey amigo! Que estamos hablando de ti, vaya, es un dragón joven, quizás su cambio hace que sus síntomas se vean más graves —hablaba más para si misma, una mano que apareció frente a ella y acariciando al dragón le hizo recordar que no estaba exactamente sola en el lugar.
—Sabes mucho de dragones —alagó el castaño, se le hacía bastante sencillo confiar en ella a pesar de no conocerla, también hablarle era sencillo, a pesar de ser la reina ella se veía bastante cercana a los demás y para nada pesada.
—Tu madre me enseño muchas cosas, tienes una gran mujer como madre, Hiccup. Lamentamos como reino no haber podido ayudarles en la guerra que tuvieron contra Drago Manodura, quizás si hubiéramos estado ahí...
—No sucede nada, mi madre me contó que ustedes igual estaba con ciertos problemas acá, además nada hubiera podido detener la muerte de mi padre, pero ha sido algo que nos hizo mas fuertes a todos y ahora tengo a mi madre —hizo un pausa —¿Qué fue lo que paso acá?
—Oh... mi hermana menor y la única que tengo, pensaba en casarse con un príncipe a pesar de solo conocerlo por un día. Finalmente congelé el reino sin querer mientras huía, pasamos por unos problemas; finalmente nos dimos cuenta de que a él solo le interesaba gobernar Arendelle, incluso iba a dejar a mi hermana morir y asesinarme a mi. Fue un gran caos, pero gracias a él mi relación con ella mejoró y pude comenzar a controlar mis poderes. ¡Quizás la viste! La mandé a Berk junto con la reina de Corona y la princesa de Escocia... espero que no les causen problemas —torció la boca al imaginarse las locuras de su hermana.
—¿Una pelirroja?
—Ella es Mérida, princesa de Escocia, la castaña era Rapunzel la reina de Corona, y la que iba con ella es mi hermana Anna. Esos son los reinos con los cuales tenemos el pacto —explicó y el asintió avergonzado. Realmente sabía muy pocas cosas de los otros reinos con los cuales estaba unido.
—Bueno la que parecía divertirse era solo Mérida —recordó, miró a su amigo —¿Entonces qué tiene Chimuelo?
—Bueno según esto tiene 23 años, así que debe estar cambiando... ya sabes, de juventud a adultez, las escamas... me preocupa un poco, no es normal que se les caigan tantas, y hay una zona que esta inflamada, quizás se enterró algo, si baja de acá a unos días sabremos mejor que es, también debe comer para que no se debilite —su tono de voz calmado tranquilizó a Hiccup, ella se levantó y lo miró —ya es un poco tarde y debo volver al palacio ¿Viene o te quedas? Te aseguro que acá estará muy bien acompañado y no le faltará nada —le animó, el asintió sin antes darle un abrazo a su mejor amigo quien al soltarlo se fue hacía otros dragones. Si bien no solían separarse, comprendía también que era un buen lugar y seguramente se divertiría mas con los demás dragones que caminando por las calles.
Se encontraban en la calle camino al palacio, la gente al ver a su reina hacía una leve reverencia además de darle -algunos- unos obsequios como frutas, flores, telas, entre otras cosas. Parecía una broma, estaba llena de objetos que casi tapaban su visón del camino, cuando, su joven acompañante le quitó algunas cosas y le ayudo a cargar los regalos como todo un caballero, ella agradeció en silenció, sus manos ya estaba rojas y dolían por el peso de las cestas. Al llegar al palacio las puertas se abrieron de par en par, unas sirvientas corrieron hacía Elsa e Hiccup quitándoles las cosas de las manos, cuando una cesta se comenzó a mover, curiosos se acercaron y la platinada abrió la tapa, una gallina comenzó a cacarear y tratar de volar frenética, retrocedió casi de un salto chocando con el líder de Berk que se sobaba la boca por el golpe que le había pasado a dar Elsa. Ella giró sobre sus talones quedando frente a él y se llevo las manos a la boca avergonzada, ya habían pasado muchos deslices con su invitado ¿Qué imagen le estaba dando al rey de Berk?
Luego de una serie de disculpas, todas aceptadas. Le enseñaron el cuarto en donde se hospedaría en los siguientes días, un lugar amplio, la cama era de dos plazas con un edredón verde musgo y paredes color tierra. Piso de madera y una gran ventana que iluminaba el cuarto. Luego de que cada uno fue a su cuarto para ducharse, volvieron a encontrar en el comedor para el almuerzo. Una mesa larga de madera color caoba, sillas de respaldo alto y las zonas acolchadas con un tapiz marfil.
Mientras que en Berk tres chicas se encontraban como niñas en un paseo escolar, miraban asombradas cada casa, cada persona, cada hormiga que pasaba por ahí. Valka reía con ganas, hace mucho que esperaba la visita de algún reino pero jamás espero que Elsa mandaría a tres embajadoras, reina y princesas al mismo tiempo. Pasaron por la academia en donde les presentó a Patán, Brutilda y Brutacio. Donde ambos chicos no perdieron la oportunidad de "conquistar" a las chicas mientras Brutilda los miraba con cara de asco.
—¿Y que tal en el ámbito amoroso chicas? —Pregunto la mayor curiosa, dos de las jóvenes se sonrojaron menos la pelirroja que negaba con la cabeza.
—Pues... yo ya estoy casada —contaba Rapunzel, mientras recordaba a su esposo ¿Qué estará haciendo?" se preguntaba gran parte del día.
—Yo tengo ya planes de boda y me propuso matrimonio mi novio —chillaba Anna alegre imaginando todo lo que tenía planeado.
—Yo aún no me enamoro ni encuentro un candidato que me llame la atención.
—Me alegro por ustedes chicas, y Mérida, ya llegará tu chico —animaba Valka.
—Lo sé, pero puede seguir tardando, no tengo ningún apuro aún, soy feliz con mi arco y flecha...
—Agh, cuando te enamores, dejarás el arco Mérida —interrumpió Anna casi con corazones en los ojos y Rapunzel que se reía por la reacción de su amiga.
—No creo en el amor chicas —guiñó un ojo y las cuatro comenzaron a reír, sin duda iba a ser realmente una visita increíble.
A lo lejos se podía observar una figura humano en el cielo observando Berk, para finalmente desparecer en el viento.
Espero que les haya gustado el capitulo y no duden en comentar 3
