Buscando respuestas
Cap. 4: ¿Tienen reglas?
Holas, otra vez con la historia.
My Little Pony no es de mi propiedad, no hago este fanfic con ánimos de lucro.
Twilight estaba un poco cansada, en especial por usar sus poderes curativos para acelerar la recuperación de su flanco lastimado antes de irse a dormir, por no olvidar la ligera resaca de la fiesta de anoche. Toma su tiempo para abrir los ojos, que le pesaban, incluso cuando ya se sentía mejor físicamente. Su intención era permanecer en ignorancia por un momento más, temía que los sonidos que escuchó en la madrugada fuesen los de Spike saliendo temprano para no despedirse. Un adiós tan doloroso es lo que Spike usualmente evitaría a toda costa, pero ella tenía el sincero deseo de verlo aunque sea una vez más, aunque duela pero al menos un poco más de tiempo de la compañía de quien se había ganado un lugar en su corazón.
-Mmm... No quiero levantarme -bosteza viendo el techo-, pero no me queda de otra -sale de entre las mantas y se asoma por encima de la cama para ver la cama en que Spike solía acurrucarse-. No está – dice con el semblante bajo-.
Baja hasta la cocina, mira entre las habitaciones y sale hacia el balcón con una taza de café y la melena hecha un desastre, mira hacia el horizonte y divisa un punto morado saliendo de Ponyville. -Supongo que estará bien- dice para sus adentros mientras esboza una sonrisa que refleja el orgullo de una madre. -Creo que hablé demasiado pronto- se retracta cuando ve que se al punto morado se le acercan otros puntos de distintos colores, tres para ser exactos.
-Hola Spike, ¿a dónde vas con esa alforja? -le pregunta la potranca con moño rojo-.
-Ah, hola Bloom -se voltea-, estoy haciendo un viaje, volveré en cuanto pueda.
-¿En cuanto puedas? No dices eso muy seguido -levanta una ceja-, solo dices eso cuando no piensas cumplir.
-¿No piensas regresar? -pregunta triste la pegaso con ojos llorosos-.
-Lo siento, no quería decírselos así, por eso salí temprano, me apenaba mucho verlas tristes... a las tres -responde Spike mientras busca con la mirada a Sweetie Belle, quien aparece de estar escondida detrás de sus amigas-. Me habría puesto sentimental y esas cosas... como … ahora -le limpia los ojos con el antebrazo-.
-No te pongas triste Spike, dijiste que piensas volver, para mí eso es suficiente -trata de animarlo la unicornio-.
-Gracias, Sweetie, pero debo ser honesto, no sé si voy a volver, por eso me daba miedo despedirme de todas.
-¡Si no nos volvemos a ver estaríamos destrozadas, y tú no pensabas despedirte, eres un EGOISTA!-grita Apple Bloom para luego abofetear al dragón y abrazarlo con lágrimas en los ojos- No sabes lo horrible que se siente cuando alguien cercano se va para siempre y no puedes despedirte.
-Lo siento, no era mi intención hacerlas sentir tan mal -se disculpa Spike mientras acaricia la melena de su pelirroja amiga-. No pensé bien las cosas, ya sabes cómo soy... No puedo quedarme mucho más, espero volver a verlas.
Se rompe el abrazo y Spike continúa con su camino. No volteó porque le dolía mucho ver a sus amigas, tanto que se quedaría si lo hiciera. La reacción de las tres fue desgarradora. Apple Bloom estaba despidiéndose con voz entrecortada, Scootaloo soltaba lágrimas mientras apoyaba un casco en el hombro de Sweetie tratando de consolarla porque ella se quedó paralizada y más pálida que de costumbre -No volver- decía la unicornio con voz casi inaudible y un tono uniforme.
-¡Por favor haz algo! -le gritó desesperada Apple Bloom para que saliera del shock-.
-No volver... No volver... No volver...
De pronto se oyó como si algo en la unicornio despertara y la hiciera cambiar de humor. Salío corriendo para dar alcance a Spike, que ya se había alejado a un tiro de piedra, sus amigas trataron de seguirle el paso, pero se esforzó tanto por atrapar al dragón que lo derribó mientras lo abrazaba jadeante y con toda la fuerza que le quedaba.
-No... te vayas -recupera el aliento-. Podemos ir contigo, somos más que amigos o familia, podemos ayudarte. Podemos cocinar o explorar en lugares a los que un dragón no puede llegar, podemos cuidarte si te enfermas, ayudarte si te encuentras a un animal salvaje o simplemente hablar contigo para que no te aburras, pero por favor llévanos contigo -le ruega con lágrimas en los ojos-.
-En serio quisiera poder ir con ustedes, esta podría ser una gran aventura para encontrar sus Cutie Marks, pero esta -se esfuerza por respirar- es una cruzada que no puedo hacer con ustedes, estoy yendo a tierras de dragones, no puedo ponerlas en ese riesgo, no soportaría que algo malo les pase.
Sweetie Belle piensa por un momento mientras sus amigas ven con ojos tristes la escena.
-Entonces -lo presiona contra su pecho-, prométeme que volverás, prométenos que volverás para contarnos de tu viaje y de los dragones, y para ayudarnos a conseguir nuestras cutie marks.
-Pero no puedo hacerlo, la última vez que fui casi me hacen pedazos. No sé si siquiera me dejen volver a donde están los ponies, o si al menos sobreviviré.
-No me importa, aunque tengas que volver con una sola pata o ciego o sin escamas, ¡No te dejaré ir si no nos prometes volver y lo cumples! -concluyó llorando desconsoladamente-.
-Yo... -ya no puede contener las lágrimas-¡Prometo volver, les contaré todo lo que aprenda de los dragones y les ayudaré a conseguir sus cutie marks!
Las tres se despiden abrazando al mismo tiempo al dragón, luego se sientan en el suelo y ven cómo un buen amigo desaparece a través del bosque Everfree. No se vio a la pony ámbar porque no podía soportar una escena tan conmovedora, ella solo se quedó en su habitación abrazada de un conjeo blanco que trataba de limpiar sus lágrimas con su pata delantera. Un viaje empieza...
Para no hacer que nuestros lectores se queden abrumados por una laaaarga descripción del viaje de Spike, iremos directo a la parte en que llega a la entrada de la ciudad de los dragones.
-"Esta es la Ciudad de la Garra, entre bajo su propio riesgo" -lee el carter a la entrada de una ciudad amurallada de apariencia decadente-. Bueno, si los búhos estelares y las harpías de las montañas no pudieron conmigo, no creo que sea demasiado riesgo. Pero las quimeras de hielo, eso sí que fue espeluznante.
Entra por la puerta, que estaba abierta y cae por unos escalones, los suficientes como para llegar a más de 15 metros de altura.
-Ouch, eso me dolerá mañana... Mmm, esto no se parece mucho a las cosas que escribió Star Swirl en su libro -saca el libro y lo ojea un poco-. No recuerdo que hablara de ciudades ni cosas parecidas, mas bien, parece que los ponies ven a los dragones como unos salvajes. Pero en este lugar las cosas se ven diferentes a lo que cualquier pony esperaría. Aquí hay campos deportivos, bares, restaurantes y muchas cosas similares a las que vemos en Manehatam, pero se ven más … ehm...
-¿Rústicos? -completó un dragón de apariencia decrépita-.
-Sí, esa es la palabra adecuada...
Una cosa llevó a la otra y de repente Spike tenía ya a su primer amigo dragón, un viejo sabio llamado Rhodas. Se trataba de un dragón viejo de cerca de 6 metros de altura, caracterizado por tener muchas cicatrices en la espalda, y cuatro marcas de grilletes, una en cada extremidad. También destacaba por una larga barba, con la que a veces tropezaba, por lo cual se la llevaba hacia la espalda a modo de bufanda.
Se quedó con el dragón viejo porque le recordaba un poco a Twilight, frecuentaba las bibliotecas de la ciudad y lo corregía cada vez que no se comportaba con propiedad. Se empezaba a sentir a gusto ayudándole con los quehaceres en su hogar. Un día lo acompañó a hacer las compras.
-Vaya, no creí que los dragones fueran tan hospitalarios y amables, en la tienda de caracoles nos dieron más de lo que pedimos -dice contento mientras cuenta las cosas en una bolsa que cargaba-.
-No es que sean amables con cualquiera, mira cómo sacan a patadas a un joven que no tiene suficientes huesos para la cuenta.
Spike mira atentamente la paliza que le dan a otro dragón, ligeramente mayor que él. No solo lo sacaron del lugar con una patada en la cara, literalmente hablando, sino que también le propinaron una golpiza en el suelo un par de dragones de tierra con mandiles y gorros de servicio.
-¡Y no te atrevas a venir por alcohol sin unos huesos en el bolsillo! -regaña el de mayor tamaño-.
-Eso, pequeño, es lo que pasa cuando no tienes la moneda local.
-No creí que fueran así.
-Siempre fueron así, los dragones solo respetan tres cosas: La sabiduría, la fuerza bruta y el amor hacia los tesoros.
-no puedo creer que no lo haya notado.
-Entonces no tiene mucha sabiduría qué respetar, pequeño.
-Tal vez debí animarme a preguntarte antes.
-Eso ahora prueba que no tienes nada de iniciativa.
Llegaron a la guarida de Rhodas.
-Spike, por favor deja las bolsas junto a la piedra verde plana, luego nos encargamos de la comida.
-OK, no tienes que repetírmelo.
-Una cosa más, tenemos que hablar.
Justo las palabras que más le disgustaban al dragón cuando se sentía tranquilo. El dragón mayor se sentó sobre una piedra y esperó a que el más joven se sentara en el suelo.
-Mira, pequeño, estoy sorprendido porque he notado algunas cosas en ti.
-¿Cosas, qué hay de raro en mí?
-Nada en especial, excepto por esto: 1) No eres tan codicioso como los demás dragones que conozco, 2) No veo que quieras hacerle daño a otros, incluso cuando te faltan al respeto, y 3) No te sabes casi nada de lo que hacen los dragones, casi actúas como si fuese una especie de...
-¿Pony? -completó con miedo-.
-Sí, como si fuese un pony, eso no te hace muy popular en estos lares, ¿hay algo que quieras contarme?
-Bueno, soy un dragón que no ha crecido con otros, eso no es algo que no sepas, solo que he sido criado por ponies.
-Déjame adivinar. Buscas averiguar sobre tus raíces y cosas sin sentido que los adolescentes hacen por la crisis de identidad que tan de moda se ha puesto.
-Ehm... Creo que le diste al clavo.
-Nunca en mi vida había escuchado esa expresión, pero creo que podría acostumbrarme a usarla, porque suena bien.
-¿Y es algo de lo que tenga que preocuparme?
-No, no hay nada de malo en usar expresiones diferentes, eso hace más divertido el día.
-Yo me refería a mi origen.
-Tampoco, solo si no eres un demente con impulso suicida.
-No creo serlo.
-Entonces estás en peligro, es una suerte que te toparas conmigo en vez de alguno de esos bravucones.
-Creo que estoy agradecido por eso.
-Sí, deberías estarlo, porque no tienes nada de lo que los dragones respetan, te habrían comido vivo, literalmente.
-¿Y eso era todo lo que querías decir?
-No del todo. Mira, cuando te vi por primera vez,creí que se trataba de un dragoncillo cualquiera, pero me equivoqué, y me di cuenta de eso apenas entraste a mi cueva, no tomaste ninguna de mis gemas, hasta me quedé sorprendido cuando no volteaste a ver los rubíes de fuego, que son demasiado tentadores para cualquier dragón de tu edad.
-Siii, se veían muy deliciosos y añejados. Pero no puedo tomar lo que no es mío, no quiero ser un dragón enorme y codicioso.
-Eso es exactamente de lo que quería hablar contigo, soy un dragón viejo, pero conozco a alguien que puede pulir lo que tienes en potencial.
-¿Y por qué serías tan generoso conmigo?
-Por que me ayudaste sin saber quién soy. La generosidad engendra generosidad, que a su vez engendra generosidad, que luego vuelve hacia ti.
-Eso me recordó a una amiga mía.
-Supongo que debió ser una amiga muy sabia.
-Ehm... Yo no usaría la misma palabra para describirla, pero sí, era muy especial para mi.
-¿Era? -pregunta intrigado el dragón senil con una ceja levantada.
