7. Apariencia y protección.
La noche había caído y las estrellas brillaban en el firmamento. Kari se encontraba sentada en la arena observando el horizonte. Se había alejado de la fogata y la gente que celebraba una fiesta en aquella playa. Era su cuarto día en aquel lugar y le fascinaba.
-¿Estás bien? –la castaña volteó a ver al poseedor de aquella voz.
-Sí, solo estaba pensando.
-¿En qué?
-En algunas cosas.
Axel no replicó ante la falta de información. Se sentó junto a la castaña y se dedicó a observar el mar también.
-¿Puedo hacerte una pregunta? –preguntó el joven, ante lo cual Hikari solo asintió-. ¿Qué tipo de relación tienes con T.K? Es decir, ¿te gusta?
-Solo somos amigos, muy bueno amigos.
Axel asintió y suspiró. Se levantó y le ofreció la mano a la castaña para ayudarla a levantarse. Kari la aceptó, pero el castaño utilizó más fuerza de la necesaria y la abrazó. Sus ojos color esmeralda, que brillaban en la oscuridad, se encontraron con los achocolatados de Kari y agachó su rostro para besar a la joven.
Sus labios saborearon los de la castaña que parecía no ser consciente. De repente, y para sorpresa de él, ella respondió. Movían sus labios suavemente mientras él la sujetaba cada vez más cerca de su cuerpo y bajaba poco a poco sus manos por debajo de la cintura de la castaña. Segundo después, Kari reaccionó y se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo. Apartó bruscamente al chico y salió corriendo.
T.K había perdido de vista a Kari hacía un buen rato. Más tarde, también se dio cuenta de que Axel había desaparecido y temió que él estuviera con ella.
-¡Ey, T.K!- la voz de su hermano hizo despertarle de su ensimismamiento-. Te quiero presentar a un par de amigas- la mirada del menor se posó en las dos jóvenes frente a él. Una de las rubias le sonreía coquetamente-. Brook, Kayla, este es mi hermano T.K.
Mi hermano traía abrazada a Brook. Era una rubia despampanante que parecía estar muy acaramelada con Matt. Kayla, al igual que su amiga era rubia, y su belleza no era peor que la de su amiga.
-Así que tú eres su hermanito –afirmó Kayla acercándose peligrosamente.
La rubia, que había tomado varias copas, abrazó al joven y acercó peligrosamente su rostro al de Takeru, posando su mirada en los labios de este.
De repente, el rubio vio la pequeña silueta de su amiga correr a lo lejos. Preocupado, se deshizo brusca y rápidamente del abrazo de la chica y se dirigió rápidamente en dirección de su amiga.
Tanto Matt como las dos chicas se quedaron sorprendidos de la acción del joven. Sin embargo, Matt volvió a centrar su atención en su compañera.
La castaña había estado corriendo un buen rato. Decidió pararse cuando llegó a una zona rocosa y se sentó en una roca.
Se sentía mal, había besado a Axel por culpa de una mala pasada de su mente. Los ojos verdes de aquel chico le habían recordado a los azules de Takeru. Ella no era el tipo de chica que va besando a cualquier chico que se pone delante.
Segundos después, una lágrima se escapó de sus ojos al recordar la imagen de T.K con aquella rubia.
-¡Mierda! –susurró en la oscuridad.
Ella lo sabía. Se había enamorado del rubio, pero él no tenía ningún compromiso con ella. Él podía hacer lo que quisiera, estar con todas las chicas que él quiera. Se limpió las furtivas lágrimas y recordó la promesa que se hizo a sí misma hacía tiempo: no lloraría por hombres. Aquella promesa se la hizo cuando acabó con su anterior novio, tras una relación de un año y medio casi.
-¿Kari?
Aquella voz que tanto le gustaba la sorprendió y volteó a encarar al rubio.
-¿Estás bien? ¿Por qué corrías?
-Estoy bien, no pasa nada –la castaña le sonrió, pero Takeru se dio cuenta de que era una sonrisa falsa.
-No está bien que me mientas. ¿No te habrán hecho daño? –el joven escaneó a su amiga, mientras por la mente de ella aparecía la imagen de Axel.
-No.
El rubio suspiró y se sentó junto a ella. Cuando Kari tomaba aquella actitud no le conseguiría sacar ninguna información. De repente, tuvo una idea.
La castaña no se dio cuenta de nada hasta que el rubio la cogió en brazos.
-¿Qué demonios estás haciendo, T.K? –preguntó alertada la joven mientras pasaba sus brazos por el cuello del rubio para asegurarse de no caerse.
La castaña se dio cuenta de que se el rubio se había quitado la camisa verde que llevaba y se dio cuenta de sus intenciones.
-Pasar un rato divertido.
El rubio llevaba a la castaña al agua que a aquellas horas de la noche estaba fría.
-Ni se te ocurra soltarme.
-A tus órdenes –el rubio sumergió en el frío mar a la castaña.
-¡Maldita sea, Takeru! –gritó mientras se quitaba los cabellos mojados que se le habían pegado al rostro.
Ella se zafó de los brazos del rubio y comenzó mojarle. Riéndose y, a duras penas, se alejó de él, pues nadaba más rápido. Pronto la volvió a abrazar, pero esta vez ella fue más rápida y lo sumergió. Segundos después, T.k vio que la castaña nadaba hacia la orilla y la siguió. Riéndose de sí mismos salieron del agua.
-¡Estás loco, T.K!
-Tal vez, pero te he alegrado la noche.
Ella lo miraba incrédula mientras él se fijaba en chica que le parecía preciosa a la luz de la luna. El rubio tomó su camisa y se la puso a la castaña. Kari agradeció sonriéndole. Le quedaba grande y le llegaba a mitad de los muslos. La castaña se quitó sus pantalones cortos mojados que llevaba quedando solo con la camisa del rubio y su bikini rosa.
-Vamos- la chica asintió y se pusieron en marcha para volver a la fiesta.
Eran casi las cinco de la madrugada cuando regresaron a casa, salvo Matt que había desaparecido hacía un buen rato. Menos mal que la madre de los dos rubios había decidido pasar unos días en casa de una amiga soltera mientras los chicos estaban allí. Se despidieron en susurros y cada uno se dirigió a su habitación.
Kari entró en la habitación tras despedirse de T.K. Dejó sus pantalones ya secos sobre una silla y la camisa del rubio encima. En ese momento, sintió su puerta abrirse y ver al rubio menor entrar en su habitación. El corazón comenzó a latirle con gran fuerza a la castaña.
-¿Qué haces aquí?
-Bueno, verás –T.K. dudó en como explicárselo-. No puedo dormir en mi habitación porque Matt… bueno, está con una chica rubia que ha conocido y bueno ellos…
-Lo entendí –asintió-. ¿Piensas qué te voy a dejar dormir conmigo?
-Dormiría en el sofá, pero es muy incómodo y bueno…esta es mi habitación. Además, mañana por la mañana vendrá mi madre y no creo que le guste saber lo que ha estado haciendo su hijo esta noche.
-No es un buen argumento.
-No te voy a tocar, Kari. No te preocupes.
Ante aquella la castaña se sonrojó, aunque no fue percibido por el rubio debido a la oscuridad de la habitación. Ella asintió y él sonrió. La castaña buscó su pijama y fue al baño mientras T.k se metía en la cama. Minutos después regresó y se tumbó junto al ojiazul.
-Podías haberte cambiado aquí- bromeó haciendo sonrojarla.
-Eres un pervertido. Como digas algo más te echo a la calle a dormir.
-Me encanta cuando te enfadas conmigo nena.
-¡T.K!- protestó la castaña y lo golpeó, ante lo que el rubio se rió-. Quiero dormir, ¿vale?
-A sus órdenes, preciosa –el rubio le dio un beso en la mejilla y se giró, dándole la espalda a un sonrojada Yagami.
Cuando T.K se levantó la castaña ya no estaba y en la casa solo estaba despierto su hermano.
-Buenos días hermanito, espero que lo hayas pasado bien esta noche.
-Sé lo que insinúas y no la he tocado. El que mejor noche has pasado eres tú. ¿Dónde está el resto?
-Uhm… Ken y Yolei salieron a dar una vuelta, Tai y Sora no han despertado y tu amada Kari con nuestra madre de compras. Debo darle gracias a esa chiquilla por entretener a nuestra madre, casi me pilla cuando me despedía de Brook.
Una hora después, Tai y Sora estaban levantados desayunando, mientras los dos hermanos hablaban con Axel e Ian. Las risas de su madre y de la castaña cortaron el hilo de la conversación y todos se fijaron en ellas.
-Buenos días chicos –saludó la señora Takaishi entre risas-. Hijos, no sabía que tenías a una amiga con tan buen gusto. Además está soltera, animaos.
Al escuchar aquello, Tai casi se atraganta con la tostada que estaba tomando. Al ver la reacción, ambas volvieron a reírse y se dirigieron a la cocina a dejar un par de bolsas con comida y dejaron en una silla de la sal un par de bolsas con ropa que habían comprado.
-Mamá, parece que has estado bebiendo.
La señora Takaishi comenzó a reírse ante lo dicho por su hijo menor.
-Nos hemos tomado un par de mojitos, hijo. Hace demasiado calor hoy. ¿Te apetece otro, Kari?
-No, gracias señora Takaishi. Es demasiado alcohol por la mañana.
-Llámame Natsuko. Ya saldremos otro día, Kari, me lo he pasado genial. Chicos, me tengo que ir he quedado con Jane.
Todos asintieron, todavía sorprendidos por la escena, y abrazó a sus dos hijos.
-Páselo bien –se despidió Kari ante lo que recibió como respuesta un guiño.
Todos se quedaros a la castaña que sonreía.
-Creo que me debes una, Matt –afirmó y subió a su cuarto llevando las bolsas.
-¿Qué tal con Kathe, Davis?
-Muy bien, tengo muchas cosas que contarte. ¿Qué tal vosotros? Estoy seguro de que me tienes que contar.
-Nos lo estamos pasando muy bien –suspiró-. No ha pasado nada con ella.
-Vaya, Romeo. Tus encantos están perdiendo fuerza. Al menos intenta que nadie se interponga.
El rubio se mantuvo en silencio y observó que se estaba acercando Axel a su querida castaña.
-Tengo que cortar, amigo. No me gusta nada lo que trama Axel con Kari. Ya te contaré.
-Vale, T.k.
-Espero verte algún día por aquí, se te echa de menos.
El rubio colgó el teléfono y se acercó a los jóvenes.
Axel divisó a Kari andando tranquilamente por la playa. Decidió no perder ninguna oportunidad y se acercó a ella con paso decidido.
-Hikari, ¿puedo hablar contigo? –preguntó con un tono tierno.
Ella únicamente asintió y observó a aquel chico que la noche anterior la había besado.
-¿Qué piensas de lo de anoche?
-Cometí un error, Axel.
-Entonces debo pedirte perdón –realizó un breve silencio y observó a la castaña-. Kari, me pareces una chica muy dulce, tierna y preciosa. Para mí no fue ningún error. Querría saber si tendría alguna oportunidad contigo.
Ella abrió los ojos sorprendida. Desde que conoció a aquel chico le pareció de poca confianza. Aparentaba ser uno de esos hombres que casa noche buscan a una chica distinta, ¿se habría confundido? No lo creía.
-No.
Rotundamente había sido rechazado. Para Axel fue como un cubo de agua fría en medio del invierno. Era la primera o, al menos, una de las primeras mujeres en rechazarlo. Él sabía que era bastante atractivo y llamaba la atención de la mayoría de las mujeres, pero en esta ocasión no parecía funcionar.
-¿Es por T.K, verdad?
Desde que habían llegado la castaña y el rubio habían pasado mucho tiempo juntos, y para él no pasó desapercibido que a ella le gustara él.
Ella no había contestado cuando la voz de Takeru llamó su atención.
-¿Qué hacéis aquí? –el tono de voz fue algo más grave que el normal.
-Solo charlábamos, ¿verdad, Kari?
Ella asintió y miró la suave arena. No los creía.
-Entonces no les molestará si me quedo.
-Yo voy a ir a buscar a Yolei, tenía que ayudarla a hacer un par de cosas.
La castaña se despidió y se fue en dirección de la casa.
La noche estaba fresca. A última hora de la tarde una tormenta se había desatado y había refrescado el ambiente.
Hikari se encontraba sentada mirando por la ventana de su habitación. Le encantaba tener el mar de fondo. La ayudaba a pensar.
Eran las tres de la madrugada. Hacía una media hora habían acabado de ver una película de miedo y ahora todos dormían o, por lo menos, se encontraban en sus habitaciones.
La castaña suspiró y se volteó al escuchar el sonido de la puerta.
-¿Qué haces otra vez aquí? –susurró.
-Tenía que hablar contigo.
-¿Qué es tan importante para venir a estas horas, T.k? –La castaña se había levantado y se mantenía al otro lado de la habitación, pues el rubio se mantenía quieto al lado de la puerta.
-Quiero saber que te ocurre. ¿Te ha pasado algo?
-No, no es nada.
-¿Kari? –T.k se había acercado y ahora la miraba fijamente a sus ojos color chocolate que brillaban en la oscuridad.
-No me pasa nada, de verdad.
-No se te da bien mentir. ¿Te ha hecho algo Axel? –los ojos de la castaña se abrieron por el asombro-. ¿Es su culpa, verdad?
-No, él no ha hecho nada.
-Kari –el rubio se acercó a la castaña, quedando a escasos centímetros, y puso sus manos en los hombros de la joven-. No es un buen chico, ha estado con cientos de chicas y, bueno, no es bonito lo que las hace. No debes acercarte a él.
La Yagami tan solo escucho las palabras, pues no contestó. Miraba aquellos ojos azules que tanto le gustaban y podía sentir la respiración del rubio.
-No dejaré que te haga daño, no permitiré que juegue contigo.
T.k se acercó peligrosamente a la castaña y ella espero aquello que tanto deseaba, pero los labios del él se posaron en su frente.
-Buenas noches, Kari –la observó con sus ojos brillantes-. Que descanses.
El menor de los rubios abandonó con calma la habitación, dejando a una Kari sorprendida que no podía dejar de mirar la puerta por la que había salido él.
Poco después, decidió obedecer a su amigo y acostarse.
-No dejaré que te haga daño, no permitiré que juegue contigo.
Recordó aquella frase pronunciada escasos minutos por el rubio y sonrió. Estando con él se sentía segura y protegida. Poco a poco, se fue quedando dormida.
Mientras, en la habitación de al lado el rubio menor daba vueltas en la cama pensando en Kari y Axel. Debía alejarle de ella y él tenía que acercarse a ella. Desde hacía mucho tiempo no sentía aquello por ninguna mujer. Sin duda, se había enamorado de la pequeña castaña.
Recordando la escena de hacía unos minutos en la que casi besó a su amiga, aunque consiguió vencer sus ganas, en parte, pues la había besado en la frente protectoramente, se quedó dormido.
Hacía mucho que no actualizaba ninguna de mis historias.
Espero que les guste el capítulo y, bueno, intentaré actualiza pronto, al igual que mi otro fic. No promento nada.
Además dentro de unas semanas empiezo las clases en la universidad, así que intentaré actualizar en este tiempo.
Muchas gracias por leer esta historiay por vuestros reviews, aunque la última vez solo tuve uno T.T (Muchas gracias anaiza18)
Cuídense! :)
