10. Flores.

-Puedes irte a casa si necesitas estudiar, no hay muchos clientes.

-Oh, no hace falta, gracias. Acabo mi turno y me iré- Hikari le dijo a Tom, su compañero de trabajo en la cafetería.

-En serio, vete. Prepara el examen de mañana y ya me contarás que tal. Por la tarde, haces una hora más y ya está.

La castaña lo miró y sus ojos le indicaban determinación, así que acabó aceptando. Salió de la cafetería tras haberle dado las gracias a Tom y se dirigió a su casa. Se cerró la chaqueta al sentir el frío del otoño. Se paró ante un semáforo en rojo y buscó las llaves en su bolso, cuando levantó la vista se encontró unos ojos azules que había rehuido durante dos meses y medio. Cuando el semáforo se puso en verde atravesó la carretera ignorando al rubio que hacía lo mismo en sentido contrario. Llegó a su casa, saludó a Yolei y se encerró en su habitación para olvidarse de todo y estudiar.


¿Cuántas veces la había visto desde aquella despedida en la casa de la playa? Había perdido la cuenta. No le devolvió ninguna llamada, ningún mensaje y huía de su presencia. No solía salir con ellos y si lo hacía escapaba de su cercanía. Sin embargo, él no se había rendido, no todavía.

Envidiaba a su hermano. Matt se había convertido en muy buen amigo de la castaña. Cuando estaban juntos la veía sonreír, feliz. Tenía celos de su hermano mayor, ellos pasaban tiempo juntos mientras él echaba de menos tenerla cerca y tenía el deseo de besarla como se besaron aquella noche.

Llegó a casa y se sentó en el sofá. Puso un canal cualquiera que solo servía como telón de fondo para sus pensamientos. Recordó aquella noche, cuando Tai y él se quedaron a solas.

-¿Por qué no la has detenido, T.k.?

-Hice lo posible para que se quedara.

-Si lo hubieras hecho, ella se hubiera quedado- hubo una pausa en la que se miraron-. Desde que era pequeña era una cabezona, cuando tenía una idea la cumplía, salvo que lo que ella deseara se interpusiera e insistiera mucho- sonrió ante el recuerdo de Kari cuando era pequeña-. Por eso sé que si lo hubieras hecho mejor lo hubieras conseguido. Lo veo en sus ojos, llevo meses viéndoselo. Sus ojos brillan de forma especial desde que te conoció, ella se enamoró. Otra vez. Pienso que no eres el chico ideal para ella, lo reconozco, pero la haces feliz y has cambiado, se nota.

Takeru miraba fijamente a aquel chico en frente de él. Estaba siendo sincero, como siempre lo era.

-Si de verdad la quieres, buscala. Te costará, se negará, no querrá afrontarte, hasta que, si estoy acertado en lo que siente por ti, derrumbe su barrera y te acepte si de verdad te lo mereces.

Silencio. El rubio no sabía que decir, sus palabras habían desaparecido con Hikari.

-Buenas noches, Takeru. Piénsalo.

Ahora estaba allí, pensando en el plan que desde hacía días estaba tramando para volver a hablar con ella.


Después del examen de tres horas, Hikari se dirigió al trabajo. Se tomaría un café y después trabajaría toda la tarde y la hora que le debía a Tom. Era la una cuando llegó, Tom le preparó un café y la joven se lo tomó tranquilamente.

-Ohh, se me había olvidado – dijo el chico, atravesando una puerta y volviendo con un ramo de preciosas rosas en un jarrón con agua-. Me tomé la libertad de ponértelas en agua para que no se marchitaran. La tarjera está aquí.

Hikari, extrañada, tomó entre sus manos la tarjeta y la leyó. Sus ojos se abrieron, no sé creía que estuviera ocurriendo.

-Eh, guapa, ¿me dirás quién te ha mandado este espléndido ramo?

-Alguien que no debería haberlo hecho.

Hikari se levantó y se puso el mandil con un estampado floral y el nombre del café. La puerta se abrió y dejó paso a su hermano y a Matt que se quedaron mirando el ramo.

-Vaya –dijo sorprendido Tai-. ¿Te las han mandado a ti, Kari?

-Si –contestó Tom.

-No –contestó Kari al mismo tiempo.

Los tres chicos la observaron y ella acabó afirmando que eran suyas.

-Se ha gastado una pasta en el ramo. ¿Quién es el caballero?

-No lo conocéis, no sé por qué me las ha mandado- mintió de nuevo la castaña.

-Se las ha mandado un tal Takeru o un nombre parecido, no me acuerdo como era.

Los dos mayores se miraron y observaron a la pequeña castaña, que miraba con cara de asesina a Tom.

-¿Qué pasa?

-No debería meterte en lo que no debes.

Tomó la taza que había usado para tomarse su café y entro en la habitación contigua para limpiarla, dejando atrás a un Tom extrañado y a Tai y a Matt confundidos. ¿Qué estaba pasando allí?

A solas, volvió a tomar la tarjeta y la leyó.

"El amor es el dolor de vivir lejos del ser amado.

¿Me echas de menos, Hikari? Yo mucho, nunca he conocido a nadie como tú. Te necesito.

Takeru Takaishi."


Hikari no se podía creer aquello. Una semana, siete días y cada uno de ellos un ramo de rosas rojas con una tarjeta. Cada una de ellas distintas, pero con el mismo significado. La echaba de menos y ella también a él. Sin embargo, su orgullo no dejaría que cayera en la tentación. No sufriría, no otra vez por amor.


Era miércoles, habían pasado siete días desde que había comenzado con su plan. Su primera idea fue seguirla en persona, pero le pareció mejor, por ahora, hacerlo enviándole rosas y notas. La clase de contabilidad estaba siendo muy aburrida, menos mal que apenas le quedaba unos minutos. El profesor se despidió de sus alumnos y el rubio salió del aula con su amigo Jake. Cuando salió al pasillo la vio, allí parada estaba la castaña, esperando a alguien, a él. Sus miradas se cruzaron y ella se acercó rápidamente. Le dio una carta sin mediar palabra y desapareció tan rápido como había venido.

-¿Quién es? ¿No me digas que es una nueva admiradora? –preguntó Jake.

-Una amiga enfadada conmigo, más quisiera yo que fuera mi admiradora.

Abrió el sobre y leyó las palabras que contenía.

"Si hubieras sido más listo y me hubieras dejado fuera de todos tus asuntos esto no estaría ocurriendo. Deja de acosarme con flores y tarjetas, no quiero hablar contigo. ¿Me necesitas? En cambio yo estoy bien sin nadie que me complique la vida, así que te invito a dejarme en paz.

Hikari Yagami."

-Voy a buscarla. Mañana nos vemos, Jake.

El rubio salió corriendo en la misma dirección que lo había hecho la castaña un minuto antes.


Había entregado la carta y después del temor de rendirse ante esa mirada azul se sentía aliviada. Caminaba tranquilamente después de haber salido de la facultad de Takeru y se dirigía hacia la biblioteca para pasar la hora libre que tenía antes de volver a clase. Sin embargo, algo o más bien alguien le impidió continuar andando.

-No eres tan rápida como pensabas.

-Mierda- pensó Hikari. Había sido tonta y ahora se tenía que enfrentar a él.

-No puedes hablar, pero sí escribir, ¿eh?

-Entonces ya somos dos, Takaishi.

-¿Dos? No me incluyas en tus cálculos, Hikari. Te he llamado, te he mandado mensajes e intentado hablar contigo centenares de veces y me has ignorado, ¿qué querías que hiciera?

-Intentarlo una vez más- tarde se dio cuenta de que lo había dicho en alto y no solo en su pensamiento.

-Pues esta es esa vez. Quiero que hablemos tranquilamente, que todo se aclare. Luego tú eliges si quieres ser mi amiga o algo más o prefieres que nos olvidemos para siempre el uno del otro.

Los ojos castaños observaron los azules. Dos mares bravos que le atormentaban e intimidaban en aquel momento.

-Yo…


Buenas noches! :) Espero que les guste este nuevo capítulo.

Muchas gracias anaiza18 por tu review! :)

Me alegraría recibir alguno más esta vez!

Bueno, que ocurrirá con la parejita.. que decidirá Hikari?

Creo que ya sé como será el final de esta historia, pero todavía quedan capítulos por delante.

Que tengan un buen fin de semana! Cuidense! ^^