16. Próxima parada... Londres.

Observaba el océano a través de la ventanilla del avión. Hacía un par de horas que el avión había despegado, dejando atrás su vida y dando inicio a una nueva. Ahora era directora de la sucursal de su padre. Sonrió melancólicamente ante el recuerdo de sus amigos.

Había sido una gran compañera de piso y buena confidente. Yolei había hecho mucho más fácil su estancia y ahora era una de sus mejores amigas. Aunque llorara ante la noticia de su marcha, no se podía permitir que la despedida quedara en unas lagrimas y un adiós en el aeropuerto, así que arrastró en la noche del sábado a la castaña de fiesta. Su ida a Londres sería una realidad el lunes, así que aprovechó aquella reunión para despedirse de los que acudieron. Tai, Sora, Matt, Davis, Ken, Yolei y ella se reunieron para aquella noche.

A la castaña le vinieron un montón de recuerdos que había pasado con sus amigos. Tai iría a visitarla cuando pudiera, esperaba que lo hiciera con Sora, la cual ya consideraba su cuñada. Era una buena chica y lo más importante, hacía feliz a su hermano. Dejaba a su hermano en buenas manos.

Había mantenido una relación prácticamente de hermanos con Matt, aunque con episodios como el del beso. Sin embargo, le había proporcionado muchos momentos de risa junto a su hermano, Davis y T.k. Muchas tardes con ellos escuchando las tonterías de esos cuatro. Se sentía contenta de que Tai tuviera un amigo tan fiel como Yamatto, sería un gran apoyo, como lo había sido hasta ese momento.

Davis. Solo verlo una sonrisa asomaba en sus labios. Nunca había conocido un personaje como él. Nunca lo había visto triste, nada que apagara su sonrisa y sus ganas de bromear. Fiel amigo también, se mantendría como apoyo de T.k. Aquella noche tuvo la tentación de preguntar varias veces por él, pero prefirió no hacerlo en el último momento.

Sobre Ken poco podía decir. Era un buen chico, pero no había entablado mucha relación con él. Era un chico bueno, pero muy tímido, lo cual contrastaba con Yolei, pero suponía que por eso ambos encajaban tan bien.

Aquella noche se hizo la idea de que no vería más a T.k., aunque estaba muy equivocada.


Había tomado un par de copas de más, aunque lo suficiente para controlar. Volvía sola a casa, Yolei como muchos fines de semana pasaría la noche con Ken. Subía las escaleras mientras buscaba las llaves de casa en su bolso, las cuales parecían estar resistiéndose a ser encontradas. Al subir los últimos escalones las encontró y al mirar hacia la puerta de su casa se encontró con alguien que no esperaba.

-Takeru...- susurro.

-Buenas noches, Hikari, o buenos días.

-¿Qué haces aquí?

-Verte una última vez antes de que te vayas.

Ella asintió y le dejó pasó al apartamento. La castaña se sentó en el sofá, estaba cansada y tenía sueño, pero escucharía lo que tenía que decirle el rubio.

-Te escucho -se quitó la bota derecha.

-No hay mucho que decir, creo que todo quedó claro el otro día. Pero todavía no puedo hacerme a la idea de no volverte a ver una vez más, sobre todo estando todavía en la misma ciudad.

Ella suspiró y cerró los ojos.

-Es doloroso, espero que algún día al recordar nuestra relación pensemos en lo feliz que hemos sido y no en la mierda de final.

La castaña se puso de pie y se secó las lágrimas, maldiciendo sus sentimientos.

-Ojala hubiera más personas como tú.

-Las hay, pero hay que buscarlas bien.

-Pero ahora, solo te quiero a ti.

Se había acercado a ella y sus ojos se habían clavado en los ojos miel de la castaña. Finalmente, sus labios se unieron en desesperación. Las manos de ella fueron a parar a su cuello, y ella sintió una de sus manos en la cadera y otra en la espalda. Se acercaron lo máximo posible y, finalmente, él la cogió y ella rodeó su cintura con sus piernas. Sin embargo, sus bocas no se separaron ni un milímetro y él le condujo a la habitación.

Cuando despertó, la castaña se deshizo del brazo del rubio. Se duchó, se vistió y dejó a Takeru dormido, mientras ella iba a despedirse de sus compañeros de trabajo.

Cuando volvió, él ya no estaba. Fue la última vez que lo vio, al menos por un tiempo sería así.


No había ido a despedirse de ella al aeropuerto y no se lo reprochaba. Tai, Sora, Matt, David, Yolei y su madre habían ido a despedirle. La pelimorada había acabado siendo un mar de lágrimas, intentando ser consolada por la pelirroja. En parte, el llanto de su amiga le hacía gracia e intentaba consolarla diciendo que no perderían el contacto y que se visitarían cuando pudieran.

Tai viajaría en un par de semanas para ver como se había acomodado su hermana y hablar sobre la empresa. Al igual que su hermana, ahora debía acompasar el estudio y el trabajo, aunque a él solo le quedaban meses para acabar la carrera.

La mayor sorpresa es que su madre estuviera allí. No la había perdonado, aunque la relación no estaba tan tensa como antes debido al episodio de su padre. Pero, pensaba que nunca la perdonaría por desaparecer sin dejar pista y volver años después como si no hubiera ocurrido nada. Cruzaron pocas palabras antes de que se dirigiera hacia la última persona de la que se despediría.

Davis la abrazó con fuerza, tal vez por él y por su compañero de apartamento.

-Si necesitas algo ya sabes donde estamos. Sé que me echarás de menos- no pude evitar el sonreír-. Espero que los británicos no sean muy raros y se porten muy bien contigo.

-Siempre te puedo contratar como guardaespaldas cuando acabes la carrera, ¿qué te parece?

-Empezaré hoy mismo con el gimnasio.

Ambos se rieron ante las estupideces que podían llegar a decir. La volvió a abrazar y acercó su boca a la oreja de la castaña para susurrar.

-Me gustaría que hubiera venido, pero le entiendo. Me ha dado algo para ti.

Davis sacó algo de su bolsillo trasero, era un sobre, pero no quiso abrirlo hasta estar en el avión. Si lo abría en aquel momento le sería más difícil subirse al avión y quería cumplir con su padre.


Observó el sobre sus piernas y decidió que era hora de abrirlo. Con cuidado lo abrió, para encontrarse con una foto de ellos dos. Era de sus vacaciones juntos, aquellas que habían acabado con ella yéndose y que la llevó a no hablarse durante mucho tiempo. En aquel entonces todavía no habían sido valientes para confesar sus sentimientos. Estaban en la playa, había una luz especial gracias a la puesta de sol. Observó el brillo de los ojos de ambos, un brillo que no había visto en esos ojos que tanto le gustaban la última vez que los vio. Volteó la foto y se encontró una letra que conocía perfectamente.

"Tal vez el destino no quiera un futuro juntos para nosotros, espero que no sea así. Pero estaré igualmente agradecido por todos los momentos que he vivido contigo, porque no sabía que una persona te puede cambiar así. Tú, pequeña, tienes un corazón enorme. Espero tener la suerte de que el destino nos vuelva a unir, sino espero que seas feliz, Hikari. Lo mereces, más que nadie. Si no soy yo quien esté contigo en un futuro, espero que te cuide y que te quiera tanto como yo (porque más es imposible), que sepa que estaré celoso y que siempre te protegeré.

Ten un buen viaje, cariño. Vive cada día con la pasión que se merece esa aventura y, cuando te acuerdes de mi, sonríe.

Te amo, ahora y el resto de mi vida.

Takeru."

Lágrimas y una gran sonrisa adornaron el rostro de Hikari. Nunca pensó que conocería y que amaría tanto a alguien así. Se limpió las lágrimas y volvió a mirar la fotografía sonriendo.

Atrás dejaba Baton Rouge. Era el inicio de una nueva aventura, como T.k. había escrito.

Próxima parada... Londres.


Queda un único capítulo, ¿chan, chan? Muchas gracias a los que han llegado hasta aquí con esta historia, os lo agradezco mucho. :)