Hola *-* Aquí les traigo el segundo capítulo de "No Necesito Permiso", espero que les guste. Aviso, este va a ser un fic corto. Sin más preámbulo sigan leyendo.
Ni Vocaloid ni sus personajes me pertenecen, sino a Yamaha Corporation. Yo solo utilizo los personajes por diversión y sin fines de lucro.
No Necesito Permiso
Capítulo 2
Llegamos a la vecindad del rubio, en donde se veían un montón de autos estacionados en la acera, cerca de la casa de él. Neru aparcó el auto y nos bajamos para caminar a paso lento.
Dios, recuerdo perfectamente esta acera.
A media cuadra, nos encontramos con una casa color ponche de dos pisos muy grande, la cual desbordaba música. Nos vimos las caras. Asentimos.
Sin muchos "peros", entramos a la inmensa casa, y al hacerlo, percibimos un desastre. Vasos de plástico llenos de bebida por todos lados, invitados hasta el colapse, ropa interior colgada en la baranda de la escalera... Y que ni siquiera se mencione la piscina. Con solo decir que había un cartel que tenía grabado: "Prohibido chicas con ropa", se entiende perfectamente el nivel y profundidad del asunto.
Pero, en realidad no sé por qué me sorprende. Es una fiesta de Len Kagamine, todas son así.
Neru y yo nos sentamos en el bar y pedimos lo ordinario, vodka con naranja.
Delicioso, esto será esencial para hacer lo que tengo que hacer; cortejarlo y después humillarlo.
Me acomodo en la silla, viendo a la piscina.
–Qué locura –me dijo Neru, bebiendo serena
–Y nada de nada del anfitrión.
–Ese ya aparecerá, ya verás... –tomó un poco del contenido de su bebida y, de repente quedó quieta y en silencio unos segundos-. Miku...
–¿Ummm? –musito.
–¿Ese chico me está viendo a mi o a ti?
–¿Eehh?
Dirijo mi mirada, rastreando a la persona de la cual Neru está hablando.
Quedo perpleja.
Un chico de ojos azul zafiro, al igual que su cabello perfectamente liso. Vestía una franela negra con una guitarra blanca tintada. También llevaba una gorra plana azul marino y un piercing en su ceja. Daba mala espina, así a un aire de rebelde callejero –por no decir criminal. No me extrañaría que guardara un arma escondida en su vestimenta. Lo más gracioso es que aproximadamente el 30% de las personas en la fiesta eran así. Y, ya que hay muchos invitados, vendrían siendo unos veinte siete criminales, más o menos.
El chico era atractivo, mucho. Pero igual daba un aire de maleante.
Me estaba viendo, fijamente con los ojos entrecerrados.
Coño, ahora sí me jodí yo. Un maleante viéndome fijamente con los ojos entrecerrados. A la verga.
Me tranquilizo.
–Te está viendo a ti –respondo desinteresada a Neru, viendo para otro lado, negando la realidad.
–¿En serio? –me pregunta con un tono burlón-. Noo... yo creo que te...
–Voy a buscar a Len –digo bajándome de la silla, cortando la conversación.
No quiero otro romance, no me interesa. Los romances no se me dan bien, siempre termino en un gran problema. Quiero terminar con esto e irme de una vez. No aguanto esta fiesta.
¿Donde buscare a Len? Entrar a las habitaciones de la casa seria suicidio, mejor busco en los baños.
Al abrir la puerta del baño de la primera planta, me encontré a Luka Megurine haciendo sus cosas con un chico del salón que no recuerdo su nombre.
Cierro la puerta de un solo jalón.
Me quedo unos segundos quieta para poder almacenar y encarar la información recién adquirida. Suelto un suspiro y volteo.
Sonrío al levantar la mirada. No fue necesario buscarlo a fondo.
–Aquí estás –le digo a él.
Len Kagamine. Tan alto de estatura como siempre. Con su cabello rubio alborotado y su medio deshecha corbata roja.
–Al parecer sí viniste, gatita –Len levantó su mano y acarició mi mejilla lenta y detalladamente. Note que admiró mi rostro minuciosamente-. Te estaba esperando con ansias –se acercó a mi cuello y depositó un delicado beso detrás de mi oreja-. Estas hermosa, amor –susurró a mi oído lentamente.
Qué asco.
–Me alegro que te guste –mentira-. Bailemos.
Le tomo de la mano y lo acerco al centro de baile. Noto que él ve gustoso mi espalda. Yo lo veo a él. ¿Por qué no darle el gusto? Me quito el chaleco y el bolso, lanzándolo a un mueble, dándome apenas cuenta de que cayó encima de Lin, o Rin… como se llame.
Len me saca de mis pensamientos llevando su dedo índice a mi barbilla y doblando mi rostro frente a él.
Empieza la música.
Me abrazo de su cuello y dejo que él me tome de la cintura, bajando hacia mis caderas. Me está devorando con la mirada.
Asco.
Miku, solo relájate y síguele el juego. Sólo completa el plan.
Noto que Len se satisface con mi perfume.
–No sabes la falta que me has hecho –dijo él, mirándome.
–Y tú… –respondí, dejando salir un suspiro-. No aguanté las ganas de venir a verte.
Dios. Qué hipócrita. Deberían darme la medalla a "Mejor Mentirosa del Año"
A Len se le agrandaron las pupilas y sus comisuras se alargaron, mostrándome sus blancos dientes.
Es hora de dar otro paso hacia adelante. Sostengo su corbata roja y lo halo hacia mí, entrecerrando los ojos en el acto. Len se deja llevar por mi impulso y se muestra sumiso. Le deposito un beso de media luna, es decir, en la esquina de sus labios.
Sabe a retrete.
Esta es mi oportunidad para salir, ahora que él está medio perplejo. Lo tomo o lo dejo.
Le suelto la corbata y me pierdo en la multitud de invitados.
Mientras tanto en mi mente: "¡Mierda, mierda, mierda, mierda! ¡Corre antes de que te alcance! ¡Coooorreeee!"
Y, en efecto. Obedecí a mi mente.
Corrí y corrí, tratando de que no chocarme con el gentío que había en la fiesta. En un momento miré hacia atrás para verificar que el pendejo ése no me estuviera persiguiendo.
Hasta que choqué con alguien.
Miré al frente, la tintura de una guitarra blanca estaba al frente de mis ojos.
–Wow, wow, mamasita. ¿Por qué tan apurada, nena? –sonrió hacia mi simpático y, terriblemente sexy. Le vi el rostro, me perdí en él. Sentí que mi alma salió de mi cuerpo ante esa sonrisa.
Pamplinas.
Era él, el chico que me observaba de antes, el de cabello azul, el del piercing en la ceja. Jadeo mi cabeza para sacarme del lapsus que ése chico me dejó.
–Quítate, idiota –le digo volviendo a mi estado natural de rebeldía. Me hago paso ante la multitud.
Al parecer al chico le agradó aquello. No me importa. Me recuesto detrás de una columna, ya lejos. Qué guapo, era el perfecto chico malo. Un momento. ¡Mikuuu! ¡Te prometiste a ti misma que no te ibas a enamorar de nuevo y mira cómo andas! Me doy una cachetada a mí misma para sacarme esa nube rosa que se formó en mi mente reproduciendo la anterior escena, volviéndose morada y con calaveras al pensar en él. Qué fresa tan rockera, asco. Bien, tranquila. Necesito hablar con Neru para saber en dónde está e informarle sobre el avance del plan.
Busco mi celular en los bolsillos de mi short. Oh, cierto que mi short no tiene bolsillos. No importa. Lo busco en los bolsillos de mi camisa, en los laterales no está, ni tampoco en el frontal a la izquierda. Guardo silencio y me petrifico por unos segundos.
Lo dejé en el bolso que le tiré al sofá, en la pista de baile, donde está Len.
La puta recontra mierda.
Ni modo, me despediré del bolso, el celular, dinero, cosas de chicas, las llaves de mi casa…
Mientras tanto en el universo de mi mente, se mantienen infinitos puntos suspensivos suspendidos en el aire "…"
No puedo despedirme de todo eso, no puedo. Tampoco puedo regresar allá, simplemente no puedo.
De nuevo, alguien me saca de mis pensamientos, apareciendo de repente por un lado de la columna.
Él.
–¿Estás cabreada, menor? –me preguntó aquel chico de la franela negra. Aquel "menor" Lo entendí como "menor de edad", supongo que lo dedujo por mi baja estatura. Y, ahora que veo bien, el parece un universitario.
Volviendo al tema: qué pregunta tan imbécil.
Alzo la mirada con odio. Es más alto que yo. Contrólate, Miku.
–¿Tú crees? –frunzo los labios en una sonrisa sarcástica.
–No –dijo-. Es que te ves contentísima, por eso pregunto para ver si es que estás actuando, chiqui –copió mi sarcasmo-. ¿Me equivoco?
–No, estás en lo cierto –convierto mi sonrisa sarcástica a una cálida y forzada-. ¡Estoy muy feliz! ¡Demasiado! ¡La vida es una fiesta! ¡Ou! –ese grito me salió con complejo de Michael Jackson.
El se me quedó viendo con un rostro asemejado al de pokerface, como si pensaba que me faltaba algún tornillo. Pasó un buen tiempo así.
Ay.
Por fin emitió:
–Pues, ¿te digo algo? Actúas como un culo.
Le dediqué una mirada de odio. Cinco segundos pasaron, puro contacto visual, hasta que casi me perdí en sus zafiros. Me di la vuelta evadiendo su mirada. Ya estaba por fugarme, cuando me tomó de la mano y oí su risa. Qué risa tan cálida, al igual que su tacto.
–¡Ey, pero no te enojes! –rió– Disculpa, turquesa.
Me giré y me zafé de su agarre rústicamente.
–No me digas así –le dije entrecortadamente con odio.
Eso solo hizo que su sonrisa se ampliara más.
Demonios…
–Entonces… ¿Puedes decirme tu nombre, linda?
No sabría explicar el movimiento que hizo con su cabeza y los rasgos que mostró. Pero fue algo así: inclinó levemente la cabeza y suavizó la forma de sus cejas, pestañeando una sola vez profundamente para dedicarme una mirada penetrante y brillante, como también una tenue sonrisa. Fue algo entre lo peligroso y lo encantador, el perfecto balance.
Tomé aire, aguantando arduamente un suspiro. No pude aguantar aquél gesto tan magnífico.
–Miku –le dije relajando mi postura y voz, limpiándome en donde él me toco como si fuera polvo. Lo hice adrede, pero al parecer él lo tomo por alto. Levantó las cejas, como si estuviera alegre por haberlo oído salir de mi boca-. ¿Y tú?
–Kaito –volvió a sonreír, pestañeando profundamente. Sus dientes estaban perfectamente alineados.
¡Diablos!
Ahora, mi alma andaba recolectando aire en Jupiter con una bolsita. Mis latidos no eran normales, en serio. De seguro estoy a punto de que me diagnostiquen taquicardia y asma.
Reacciona, Miku.
–¡Deja de hacer eso de una vez! ¡Imbécil! ¡Gilipollas! ¡Déjame en paz, cara de niña!
Le empujé y salí de ahí, sin antes notar de nuevo su pokerface y un "¿… Qué coño?" que se le salió de los labios, supongo yo, por mi anterior acción.
Creo que no debí hacer eso. De seguro después me espera en la esquina y me mete cuatro tiros. Tiene toda la pinta de ser un criminal.
Kaito Shion quedó viéndole la espalda a la chica que se alejaba de él. Se mordió el labio. Iba a alcanzarla cuando sintió la mano de alguien en su hombro. Volteó y pudo notar unos cabellos pelirrojos danzando en la brisa. Su hermano, Akaito.
–Al parecer te has interesado por Miku… –dijo Akaito dando palmaditas en el hombro-. Ah, ella estudia conmigo. Es una buena amiga… –seguido a él apareció Nero, permitiéndose interrumpir la palabrería de su amigo Akaito. El rubio Akita se hallaba tomándose un café de Starbucks que sabe Dios de dónde lo sacó.
–Será buena amiga tuya y de mi hermana. Pero… –continuó- como novia es una diabla. Me lo dijo Len. Sí, fue su novia, otra.
Kaito oyó lo que los dos adolescentes amigos del anfitrión le estaban diciendo. Cerró los ojos y, quitó con cuidado la mano de su hermano del hombro.
–Pues, si es así… no me importaría que me llevase al infierno.
Woojoo! Les gusta este Kaito? Espero que sí *amenazando con un cuchillo* Y disculpen si no les gusta las groserías de Miku xD Lo siento, así me salió.
¡DEJEN REVIEWS SI QUIEREN 3er CAPITULO!
