Hola! Aquí está la continuación *-* Espero que les guste. Como ya saben esta historia será corta, así que terminará en poco tiempo. ¡Disfrutenla!
Ni Volcaloid ni los personajes me pertenecen, yo solo escribo la historia utilizando su creación.
Capítulo 4
Lo vi sin poder pestañear, porque, estaba sorprendida. Este desconocido le había dado una paliza a Len y de alguna forma impidió que el cabeza de retrete recordara que es mi solo mi ex novio. Pero, de todas formas, no se suponía que Kaito debía estar frente mío.
–¿Se puede saber qué haces aquí? –le pregunté, seca. ¿Acaso me había seguido? El me miró con ofensa, a lo cual reaccioné-. Olvídalo, llegaste justo a tiempo –me agaché a donde Len y le tomé de un brazo-. Já, dejemos a este cabrón en el piso. No vale la pena subirlo a la cama.
Kaito dejó salir una risa ante eso.
–Te luciste, mi plan desde el principio era dejarlo en ridículo… en público, pero supongo que estoy bien con esto.
–¿Todo esto fue tu plan desde el principio? –sonrió, como si algo no encajara-. ¿También que yo viniera acá?
Guardé silencio unos segundos.
–Eso no, imbécil –ruedo los ojos, qué pesado-. Pero salió bien, así que…
Sin darme cuenta me quedé callada y empecé a ver a Len.
Después de contemplar cómo Len estaba ahí, tendido en el suelo inconsciente, le dediqué una mirada de desprecio y dirigí mi atención a Kaito cruzándome los brazos. El chico en serio que tenía buen cuerpo, se notaban a simple vista los abdominales por encima de la ropa.
–¿Qué tanto me ves, turquesa? –sonrió, levantando la ceja en la cual tenía la perforación.
Reaccioné ¿Qué demonios estaba haciendo? Me mordí el labio, noté que él volvió a levantar las cejas cuando lo hice, solo que esta vez noté… ¿seducción?
Nada que ver.
–Que no me digas así, maricón –le refuté, haciéndome de que no vi ese gesto-. Gracias por haberme ayudado –mi voz mostraba todo menos agradecimiento, casi sonó sarcástico-. Ahora, tengo que buscar a una amiga, vine con ella y, ella me lleva. Así que –hice una pausa, sonriéndole cínicamente mientras tomaba mi bolso-, adiós.
En realidad yo podía irme a mi apartamento felizmente pidiendo un taxi, pero esa era mi excusa para salir de ahí. Ya le agradecí al tipo ¿qué más quería? Ahora solo tengo que irme.
Me di la vuelta y saliendo de la habitación haciendo resonar los tacones en el piso inconscientemente, podía oír al chico diciendo "¡Espera!" con un pequeño tono de gracia, como si le fuera divertida esa situación.
No le presté atención. Me di cuenta de que cesó de seguirme, tal vez se hartó. Qué maravilla, hubiera sido irritante lidiar con él. Me dirigí hacia la piscina, otra vez, tratando de localizar a Neru por medio de la vista. No la encontraba. La llamaba y me lanzaba al buzón de voz.
Joder, Neru. De seguro está en algún cuarto con algún tipo y por eso apagó el celular, esa no se despegaba así como así de él. Bueno, que aproveche. Ella no tenía una hoya hirviendo en su cabeza por la rabia como yo, literalmente.
Ni modo, tenía pensado irme de inmediato por si acaso Len despertaba de repente y armaba un lío, lo cual me dificultase burlarme de él. Aunque, ahora que me pongo a ver, la gente de la fiesta podría extrañarse de que el anfitrión no se presentase en lo que queda de la fiesta. Pero me trae ligera, los invitados se ven tan ebrios que dudo que estén pendientes en algo externo de lo que pase a diez metros de ellos. Suelto un suspiro, voy a la barra y pido una Cuba Libre, necesito algo fuerte para sacarme de la cabeza lo que pasó hace minutos. Me quedo parada en la barra, tomando la bebida. Me volteo hacia la piscina, dándome cuenta de que unos tipos me miraban el trasero.
–Demonios, ¿tan necesitados de consuelo están? –les pregunté-. Si quieren le tomo una foto y se las mando –dije enseñando mi celular, optando por un tono inmensamente sarcástico.
Los tipos se voltearon, como si no fuera con ellos. Vi a Luka caminando por la cerámica del costado de la piscina, dirigiéndose hacia la barra, osea, hacia donde yo estaba. El recuerdo de ella haciendo sus cosas con alguien más en el cuarto de baño se me vino a la mente. Tomé un trago.
–¿Qué tal, Miku? –Luka me dio una nalgada, la ignoré. Estaba ebria-. ¿Ya conseguiste otro chico para pasarla bien o sigues con Len?
–Hola, Luka –le dije, llevando el vaso de vidrio a mis labios, sin llegar a tomar, solo posándolo-. No veo a nadie interesante por aquí. Además, no vine por eso.
–¡Yo sí! –levantó los brazos- ¡Ohh!
–No me cabe duda –dije, casi en susurro.
Lo único que quería era dejar en ridículo a Len. Y, bueno, ya lo he hecho. La furia que tendrá al recordar que no logró estar conmigo esta noche lo carcomerá por dentro eternamente. Lo sé porque conozco su ego de mujeriego y, porque conviví mucho tiempo con él. Río suavemente para mí misma al imaginármelo.
–¡Andas alegre! –me dijo la de cabello rosa.
–¿Uhmm? –volteé hacia a ella con la sonrisa aún en mi boca, me di cuenta de que los mismos personajes le veían el trasero. Rodeé los ojos, tomando-. ¿Por qué no estarlo? Es una fiesta.
–… La fiesta de tu ex, se te olvida esa parte.
Dejé el trago en la madera, negando con la cabeza.
–Nada que ver. Afectaría si siguiéramos siendo algo, pero como no, aquí me ves –hice un gesto con mis manos, mostrando mi persona.
Y, justo cuando lo hice, pude ver que un pequeño grupo de personas estaban siendo empujadas poco a poco por una puerta de la casa. Levanté la mirada, mostrando curiosidad. ¿Una pelea? Entonces, oí sirenas de policías acercarse.
–Oh… por… Dios… –dejé salir de mi boca.
Tomé rápidamente mi bolso y marqué el número de Neru, corriendo hacia la parte trasera de la casa para salir por la calle de atrás. Todos los invitados empezaron a correr desenfrenados.
De un segundo a otro se formó el caos.
–Contesta, zorra. ¡Contesta, joder!
Desvío de llamada hacia el buzón de mensajes. Maldije a Neru internamente, la iban a atrapar los policías. Volteé hacia la casa, rezando para que lograra localizar a Neru.
Nada. ¡Nada! La volví a llamar por el celular, pasándome lo mismo de hace rato. Vi cómo los policías con motocicletas entraban a la casa, uno de ellos logró tomar a Luka y la esposó, llevándosela mientras ésta caminaba mareada.
–Por favor, que no esté dentro de la casa y que se haya ido sin avisarme –rogué en voz alta.
Entonces, oí una moto acercarse a mí, cuando volteé ya era muy tarde, me tenía agarrada de un brazo. Estuve tratando de zafarme de su sujetada, lanzándole codazos en el abdomen a quien estuviera detrás de mí, tanto así que logré que éste se cayera. Yo me caí con él, porque no me soltaba. Pero, me ubiqué cuando olí un perfume peculiar y una pequeña risa acompañada por él.
–Si sigues así, me van a dar ganas de tenerte toda la noche junto a mí –oí la voz ronca de Kaito en mi cuello. La aspereza de sus cuerdas vocales resultó ser sensual a mi oído, por lo que me lo rasqué para quitarme ese cosquilleo.
Ya se me hacía raro de que un policía tuviera el abdomen tan duro. Me abalancé hacia un lado, quitándome de encima de él, levantándome y limpiándome de césped las rodillas. El se levantó y se subió a su moto, haciéndola sonar el motor.
–¿Vienes? –me preguntó, viéndome expectante.
Vi lo que tenía al frente: un chico con aspecto de delincuente y una moto, con un ambiente nocturno.
–Definitivamente no –le dije.
Oí unos gritos de auxilio detrás de mí y las sirenas resonando.
El chico sonrió.
–Muy bien –hizo sonar la moto-. Te quedas.
Y arrancó, dejándome ahí.
–¡No, no, no! –me fui detrás de él corriendo. Se detuvo al poco rato, volteando hacia mí, dándome a ver su mirada entrecerrada y su espalda-. ¡Cambié de opinión, Kaito! –levante las manos a la altura de mi pecho, como si fuera una defensa.
Me miró de arriba abajo, después me hizo movió la cabeza, indicándome de que me montara.
Me monté detrás de él, quedando en el momento decisivo de: sujetarme de su cintura o de la parte de atrás de la moto. Él se dio cuenta de que estaba indecisa, por lo que arrancó repentinamente. Yo me asusté y por acto reflejo le tomé de la cintura. Después, me di cuenta de que caí en la trampa.
Demonios. Y la broma es que si me suelto y me agarro de atrás me caigo, porque va a una velocidad impresionante por la avenida.
–¡Vas demasiado rápido! –le dije, con la cabeza prácticamente engomada con pega a su espalda, porque es que me daba miedo despegarme por la velocidad.
–Así es que se anda, turquesa.
Gruñí.
–Que no me lla…
Un frenazo épico me detuvo, si no hubiera estado agarrada salgo volando. Los neumáticos de la moto rechinaron y ésta se había levantado un poco hacia adelante. Abrí los ojos ante ello. Miré al frente y me di cuenta de que era un semáforo en rojo. Pensé unos momentos. No me creo que éste tipo respete los semáforos, hizo eso sólo para callarme. Le miré, percatándome de que él también lo hacía de reojo y sonrió con los labios cerrados, como si «callarme» hubiera sido un premio.
–Ugh, déjalo –refunfuñé sin ganas-. Llámame como quieras.
«Idiota» murmuré. Parece haberlo oído, porque sonrió ante ello, viendo al frente mientras aceleraba.
–¿Quieres tomarte algo antes de que me digas a dónde llevarte?
Un trago –de lo que sea, desde agua hasta vodka- me iría bien para quedarme a pensar.
Nos estacionamos en un pequeño restaurante, de esos que tienen solo dos tipos de comida: la que tiene grasa y la que tiene mucha grasa. Me senté afuera en la calle en un muro, justo al lado de la moto de él, Kaito se quedó parado junto a lo que se refería su vehículo.
Tenía en mi mano la botella de un refresco de uva muy frío, pero no podía darle ni un sorbo a la pajilla debido a mis pensamientos. ¿Neru estará en la policía? La llamé de nuevo y bajé el celular al tener la misma respuesta. Suspiré con aspereza. Perfecto.
–¿Estás bien? –preguntó el con esa voz ronca, mientras tomaba de la boquilla de la botella. Creo que había pedido un refresco… o una cerveza, no sé, no le presté atención.
En fin, le miré forzando una sonrisa cerrada, asintiendo. Kaito me siguió viendo y no me creyó.
–¿Tu amiga, la que te iba a llevar, no te responde?
–Exacto –le disparé con la mano, dándole a entender de que dio justo en el clavo. Me puse en pie, por exaltación-. Y no sé si está en la policía o…
Guardé silencio, no sé qué podía estar haciendo. Llevé mis dedos delicadamente hacia mi frente, bajando el refresco. Me quedé viendo hacia el vacío, angustiada.
Kaito me vio y, bajó la mirada. Volteó hacia un lado, como buscando qué decir. Levantó la cabeza junto con un trago espeso que le dio a su botella, acercándose a mí mientras tragaba y bajaba su bebida.
–No preocupes por eso, turquesa –me dijo, tomándome de los hombros. Pude sentir cómo la boquilla de su botella mojaba levemente la tela que rozaba de mi cuerpo, pero no le di importancia-. La conoces bien, ¿no?
–Un montón –le dije, sentándome en el murito otra vez. Ahora mismo, mi cabeza estaba a la altura de su pecho, considerando que tuve que hacer esfuerzo para abalanzarme al muro, pues yo no llegaba.
Mierda, este chico es alto. Pestañeo unos segundos y vuelvo en mí.
–Pero… –sigo-. Ahora que me lo dices… no creo que la muy astuta se haya quedado en esa casa. De seguro huyó.
Kaito sonrió de medio lado, como si con eso me calmara. Pues, lo logró.
Un momento…
… Estamos cerca.
Muy cerca. Y, él me está tomando de los hombros. Estamos frente a frente. Vuelvo a pestañear. Noto que la bebida de él llego a parar al lado mío, descansando en el concreto del muro. Como también percibo que una de sus manos ya no está en mi hombro, sino en mi pierna, subiendo hacia la parte trasera de mi cintura. Lo miré y, por un instante, un pequeñísimo instante, me perdí en sus ojos, como también en su perfume de hombre, que me envió a un mundo alterno.
No me gusta este sentimiento que me está haciendo sentir este maldito. ¿Y qué demonios hace tan cerca? Sin pensarlo dos veces le di una cachetada que resonó fuertemente. El dueño del restaurante oyó es estruendo y se giró a ver.
–Maldito. No me vuelvas a tocar, ¿me captas? –le dije, levantando mi mano, señalándole amenazante mientras lo rodeaba sin quitarle la vista.
Kaito no se inmutó ante la cachetada. ¿Pero de qué está hecho? ¿De acero? Volteó lentamente hacia mí y volvió a levantarme las cejas.
¿Por qué demonios me parece sexy ese gesto?
¡Nada que ver! Me dan ganas de darme una cachetada a mí misma por esa idiotez. Deben ser las copas, debo estar, por lo menos, un poco borracha para estar arrepintiéndome de no haberme dejado besar. ¡Debe ser así!
Pero, su frialdad a la situación cesó, mostrando cómo se formaba poco a poco una sonrisa, cuando se percató de que yo me estaba mordiendo el labio.
Ya va… ¿qué? ¿Me estaba mordiendo el labio? No, no… joder, sí. ¿Qué demonios me está pasando? ¡Tienen que ser las copas! Sí, sí. La Miku normal no se inquietaría por un delincuente.
Noto que el presunto maleante se vuelve a montar en su moto, conduciendo hasta posicionarse cerca de mí. Hizo sonar el motor nuevamente y, me hizo ese gesto de invitación.
–Espero llevarte a tu casa –su mirada era… como decirlo, ¿tan maliciosa y traviesa?-. Esta es la hora tope de la noche, no sería agradable pensar qué le pasaría a una niña como tú sola en las calles.
Revisé mis opciones. Si pedía un taxi podía tardar horas hasta que uno desocupado pasara por esa parte de la ciudad, lo que le daba punto a la hipótesis abierta de Kaito. La otra era seguir llamando a Neru hasta que me contestara y me llevase. Y, la que menos me gustaba, era decirle a este sinvergüenza en dónde vivo e irme con él, sin tener la certeza de que llegaré a mi apartamento sana y salva.
Pero… ¿qué otra opción tenía?
–Me las pagarás, lo juro –le dije con odio, montándome detrás de él, agarrándome fugazmente de la parte trasera de la moto. No iba a permitirle el placer de que yo le tomase por la cintura nuevamente.
–Estoy ansioso porque me castigues –hizo resonar la moto y arrancó, haciéndose paso entre los autos, dándole importancia mínima a los semáforos.
Esto no se va a quedar así.
Espero les haya gustado *-* Díganme en los reviews si desean continuación :D
