¡Hola! Vengo a dejar el tercer capítulo, espero que sea de su agrado :)

Sin más, disfrútenlo.

Disclaimer: SnK y todos sus personajes son obra de su respectivo autor Hajime Isayama.

Advertencias: LevixOC, Lenguaje vulgar.

..•.¸¸•´¯`•.¸¸.ஐ Capítulo 3 ஐ..•.¸¸•´¯`•.¸¸.

Agatha recordó un sueño que tuvo varios meses atrás, donde soñaba que peleaba con la rubia que estaba frente a Eren, en el sueño ella también combatía con la rubia, esa fría mirada siempre analizándola de pies a cabeza, se estremece pero arremete contra ella, pelea de una manera muy diferente de la que ha aprendido, pero aun así se defiende bien, lanzándole golpes y patadas, pero al final siempre terminaba viéndola desde abajo, derrotada.

Esos sueños, igual que todos los demás los veía en primera persona, como si lo estuviera viviendo, era por eso que algunos le llegaban a perturbar.

El Sargento dio la orden de comenzar, la rubia esperó a que Eren atacara pero él nunca lo hizo, ella atacó y Eren la esquivó. El ojiverde no parecía tan malo en el combate, se defendía bien. Al final Eren detuvo su segunda patada y con su pie derecho hizo que la blonda cayera.

Agatha pudo ver cómo todos los demás novatos detenían sus combates para ver a Eren y a la rubia en el suelo, mientras contenían la respiración. Vio la sorpresa en sus rostros, y se preguntó a que se debía. Bueno, Eren había dicho que nunca le había podido ganar, pero siempre hay una primera vez ¿no?

Trató de buscar respuestas a sus interrogantes y caminó silenciosamente hasta los amigos del castaño. Se acercó a Armin y Mikasa y les habló en voz baja, si lo hacía más alto parecía que desmoronaría la situación.

- ¿Qué pasa? - susurró.

Armin se giró para verla, parpadeó un poco para salirse de su asombro. La azabache la ignoró.

- Es Eren... - dijo y volvió a posar la mirada en aquel par.

- Si, eso ya lo noté, pero ¿por qué todos están así?

- Es eso precisamente - dijo -, Eren nunca le había ganado a Annie.

- Pues eso no me impresiona a mí - dijo y volteó a ver a Eren que se acercaba a la ojiazul y le tendía una mano para ayudarle a levantarse.

- Pues porque nunca has visto pelear a Annie - continuó el menor -, nadie le ha ganado, ni siquiera Reiner.

Si no recordaba mal ése era el rubio fortachón que estaba junto al pelinegro alto. Bueno eso sí le sorprendió. Ahora entendía el ensimismamiento del resto de los chicos, aunque le seguía pareciendo que exageraban. La voz del sargento hizo que todos se tensaran y le dirigieran sus miradas.

- Ya basta de miradas estúpidas - dijo el azabache -, continúen.

- Sí, señor - gritaron todos al unísono e hicieron un extraño saludo militar.

Agatha se quedó sin saber qué hacer, sólo alcanzó a ponerse el puño derecho sobre el corazón. El azabache se giró a verla y a ella se le aceleró el corazón, tragó duro y desvío la mirada. Cuando volvió a posarla en el azabache él ya no la veía, y por alguna razón eso la entristeció. Ese chico le provocaba sensaciones que nunca había sentido, al igual que el ojiverde, pero eran sentimientos muy diferentes, lo que la confundía demasiado.

Los combates continuaron, en ésta ocasión Eren estaba a la par con Annie, probablemente en el anterior la rubia se había confiado, aunque se podía ver como luchaba con mucho esfuerzo, en cambio Eren se veía más relajado.

- Será todo por hoy - interrumpió el sargento después de unos cuarenta minutos -, ahora vayan a sus habitaciones y limpien todo, cuando terminen iré a revisarlas, los que no lo hayan hecho correctamente tendrán un severo castigo mañana, ¿entendido?

- ¡Sí, señor! - gritaron todos juntos con el saludo militar una vez más, que Agatha logró realizar, y corrieron al interior del castillo.

Agatha caminó en dirección al azabache y a medida que la distancia disminuía su corazón se aceleraba. Pudo ver que les daba algunas órdenes a sus subordinados, los cuatro chicos de su equipo, y éstos salían corriendo hacia el castillo. Llegó a dónde este se encontraba pero parecía que no se había percatado de su presencia pues se frotaba el puente de su nariz. Esperó unos segundos y decidió hablarle.

- ¿Y yo que voy a hacer? - preguntó detrás del sargento, éste se estremeció y se giró rápidamente para verla - ups, lo siento, no quería asustarte.

- No me asustaste - giró el rostro frunciendo el ceño -, me sorprendiste.

Agatha se rió por la tonta respuesta y él le vio con fastidio, chasqueó la lengua y volvió a apartar la mirada.

- Eres insolente - Agatha notó que lo dijo malhumorado.

- Claro que no, pero digamos que yo no tengo que obedecerte si no quiero, después de todo no soy una soldado - cruzó sus brazos.

- Tsk, por ahora sí, y si no quieres que te encadene en una celda tendrás que obedecerme.

Agatha pudo ver que el azabache se acercaba lentamente con una mirada sugerente. Se estremeció y sus mejillas se colorearon de carmín. Sus brazos se levantaron y tocaron el torso del Sargento que ya se encontraba a escasos quince centímetros de ella. Cerró sus ojos y giró el rostro a un lado, sintió el cálido aliento del azabache en su mejilla cuando volvió a hablarle.

- Ve con Hanji, ella te dirá qué hacer ahora.

Agatha sintió que el calor que la rodeaba disminuía, abrió lentamente sus ojos y pudo ver al azabache subiendo la escalinata que había en la entrada al castillo. Su sonrojo aumentó pero ahora de pura furia. ¡Ese idiota estaba jugando con ella!

Bufó y se encaminó a la puerta por donde habían entrado todos los novatos, con sus manos hechas un puño a un lado de sus muslos y lanzando improperios al aire. Cuando giró al final de un pasillo se encontró con Eren y sus amigos, el rubio y la pelinegra. Al verlo, rápidamente se fue su mal humor.

- Hola Eren - saludó -, Armin, Mikasa.

- Hola - dijo Eren con una radiante sonrisa.

- ¿A dónde van? - preguntó Agatha con sumo interés.

- A tirar la basura en el contenedor de afuera - dijo el rubio.

- Ah, mmm... de casualidad ¿saben dónde está la oficina de la señorita Hanji?

- Claro - dijo Eren algo apresurado - te puedo llevar hasta ahí, si quieres.

- ¿En serio? Me salvarías la vida.

"Literalmente" añadió en su mente, pues de lo contrario se enfrentaría a la furia del Comandante al encontrarse vagando sin vigilancia y todo por culpa del amargado ese.

- Claro - dijo el ojiverde, le pasó una bolsa a la pelinegra y se dirigió a Agatha -, vamos, por aquí - le señaló el pasillo por dónde venían esos tres.

- Eren - lo llamó Mikasa.

- Estaré bien, adelántense.

Mikasa vio fijamente a Agatha con ojos fríos, antes de seguir su camino, provocándole un estremecimiento; cuando la pelinegra se perdió al girar al final del pasillo Agatha suspiró.

- Creo que no le agrado a tu hermana - dijo mientras se estremecía - debo decir que no se parecen mucho - dijo Agatha comparando su aspecto y personalidad.

- Eso es porque no somos hermanos de sangre - dijo con una sonrisa nostálgica.

- Oh, mmm... te incomodaría si pregunto cómo llegaron a esto.

Agatha quería saber cómo habían llegado a esa relación, aunque era más por la curiosidad de saber más de ese niño. Un extraño cariño hacia Eren había aparecido de pronto en su corazón en cuanto lo vio por primera vez, era tan grande y tan fuerte, como si siempre hubiera estado ahí. Su corazón latía con fuerza, como siempre pasaba cuando veía al moreno y unas extrañas ganas de abrazarlo la inundaron. Pero afortunadamente se controló y empezaron a caminar.

- Claro que no - dijo Eren -, mmm... Mikasa, lamentablemente quedó huérfana cuando era una niña, mis padres al ser muy buenos amigos de los de Mikasa decidieron hacerse cargo de ella.

- Oh, debió ser muy duro para ella - ella no recordaba nada de sus padres, y algunos decían que era mucho mejor pues no sabría lo que perdió, pero aun así podía sentir un extraño vacío en su corazón y un sentimiento de pérdida la invadía.

- Si, cambió mucho, a partir de ese día se volvió mucho más callada e introvertida, por aquí - giraron para ir por otro pasillo -, desde entonces hemos estado juntos, y Armin también, somos muy buenos amigos.

- Si, puedo verlo, se cuidan entre los tres.

Agatha sonrió, pero en su interior, sintió cierta envidia por la pelinegra. Si se sintió mal por la pérdida de sus padres, pero ella también había perdido los suyos y pasó el resto de su infancia y su adolescencia en un orfanato rodeada de monjas que nunca sintieron afecto por ella, sólo la madre superiora, pero no era una madre real. En cambio a la azabache la recibieron en una nueva familia, tuvo padres que la cuidaran y velaran por ella, y tuvo un lindo hermano que la protegía y la quería. Sintió una extraña punzada en su corazón y sus ojos empezaron a escocerle.

¿Por qué de pronto sintió que le arrebataron algo muy valioso?

Afortunadamente se escuchó la voz de Eren anunciándole que ya habían llegado, antes de que sus ojos derramaran algunas lágrimas se despidió de él con una gran sonrisa y un movimiento de su mano, y entró a la oficina al momento en que varias gotas de agua salada recorrían sus mejillas.

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Rivaille se encontraba caminando en un pasillo en dirección a su habitación. Tenía la mente revuelta, ¿qué era lo que había estado a punto de hacer?

Si aquella mocosa no hubiera apartado el rostro la hubiera besado sin dudarlo. Tenía que calmarse, esa niña no llevaba ni un maldito día en éste lugar, no sabía nada de ella, sólo que venía de otro mundo o quien mierdas sabe. No podía dejarse llevar, también cabía la posibilidad de que estuviera mintiendo, también podría ser un titán cambiante y toda esa basura que mostró podrían venir de otra parte en este inmenso mundo de mierda.

Suspiró.

Se detuvo a un pasillo de su habitación y cayó en la cuenta de algo: envió a la mocosa a la oficina de Hanji, sola. Probablemente se pierda. Bufó, ¿y eso que mierdas le importaba a él? Siguió su camino hasta su habitación, tomó el pomo de la puerta, pero no la abrió.

¿Y si en verdad se perdía? ¿O uno de los mocosos la llega a atacar? En la tarde pudo ver perfectamente como algunos de esos mocosos de mierda llegaban a babear por ella, y ese idiota cara de caballo mal parido era el que más babeaba. Y también estaba el otro mocoso, Eren. A él también lo vio, le lanzaba extrañas miradas a la de ojos café dorado y cuando los vio platicando mientras corrían, un extraño nudo se le formó en el estómago.

Pudo ver que apretaba el pomo con fuerza, lo soltó y se giró para caminar por donde había llegado. Fue al patio y lo encontró vacío, recorrió varios pasillos, disimulando que sólo pasaba por ahí en una especie de vigilancia cuando se topaba con otros soldados, pero no pudo encontrar a la castaña, así que fue a la oficina de la loca, al llegar entró sin siquiera llamar. En el lugar estaba la soldado sola, detrás de un escritorio totalmente asqueroso para el gusto de Rivaille, lleno de migajas de pan, manchas de extraños fluidos y un montón de papeles desordenados.

- ¿La mocosa no ha venido por aquí? - preguntó viendo hacia la ventana, como si quisiera aparentar desinterés.

- Nop - dijo la de lentes sin retirar la vista de unos documentos.

- Tsk - chasqueó su lengua con fastidio y la mujer volteó a verlo.

- Oh por dios, no me digas que la perdiste - dijo alarmada levantando su vista para enfrentar la de él.

- ¿Qué? Claro que no, la envíe contigo pero lo más probable es que se haya perdido la muy idiota.

- ¡Levi! ¡No debiste hacerlo! ¿No recuerdas las órdenes de Erwin? Si la encuentra sola la castigará, puede que en verdad la vaya a encerrar - lo reprendió.

- ¡Agh, ya cállate! Eso ya lo sé, por eso la estoy buscando.

Se giró para salir de la oficina pero cuando estaba a un paso de la puerta, ésta se abrió y entró la castaña rápidamente, la puerta se cerró pero Agatha choco contra él, empujándolo y cayendo al suelo.

- Tsk, mocosa, ¿es que siempre vas a aparecer para chocar conmigo? - dijo mientras trataba de incorporarse.

La chica levantó el rostro sorprendida por escuchar su voz y Rivaille pudo ver que la mocosa estaba llorando. Sintió una punzada en su corazón, por alguna razón no le gustaba ver a esa niña llorar.

- Lo siento - sorbió la nariz -, pero no puedo detenerlas, s-sólo un mom-en-to - empezó a hipar al punto de la hiperventilación.

La castaña apoyó el rostro sobre su pecho y continuó llorando. Estaba entre las piernas de Rivaille, con sus brazos alrededor del torso abrazándolo con desesperación haciendo que el corazón del azabache se acelerara. Rivaille rogaba a Dios para que la chica no se diera cuenta.

Rivaille podía sentir como las lágrimas y otros fluidos ensuciaban su camisa y por alguna extraña razón no le importó, al contrario, sintió el deseo de reconfortarla. Estaba a punto de acariciarle los cabellos castaños cuando vio a Hanji arrodillarse a un lado y posó su mano sobre la cabeza de Agatha.

- Oh, dios, ¿te pasó algo Agatha? ¿Alguien te hizo daño? ¿Erwin te vio sola?

Por un instante Rivaille sintió la culpa carcomerle, pero se sintió aliviado al ver a la castaña negar con la cabeza, aún hipaba y sorbía su nariz.

- Entonces ¿qué sucedió?

La chica poco a poco levantó el rostro, pudo ver sus ojos y nariz ligeramente rojos y sus mejillas tenía marcadas las recientes lágrimas. Esos ojos dorados lo vieron por un instante y pudo ver claramente como las mejillas se tornaban rosadas, ella esquivó su mirada y se posó en la de la científica.

- La verdad, no entiendo -hip- el porqué, mis -hip- sentimientos están muy revueltos.

Se incorporó, se sentó sobre sus tobillos y talló sus ojos para quitarse las lágrimas y luego frotó sus mejillas. Quedaron más rojas pero las marcas de las lágrimas ya no eran tan visibles.

- ¿Cómo que tus sentimientos? - Hanji le quitó la pregunta de sus labios.

- Bueno - empezó a hablar más calmada -, ustedes no son los únicos extrañados y confundidos - sorbió su nariz -, ustedes aún están en el lugar que conocen de toda la vida, con personas que también conocen, en cambio yo, me siento confundida, asustada, frustrada, ansiosa, triste, y todo eso en un lugar con personas completamente extraños para mí - bajó su mirada.

Rivaille se sintió mal por ella, era cierto todo lo que decía y él no había hecho mucho por ayudar, ni siquiera se detuvo a pensar en cómo se sentía la castaña, sólo la abandonó en el patio a su suerte.

- Y ahora - continuó pero más para sí misma y después habló en francés - esto que siente mi corazón.

El corazón de Rivaille dio un brinco por enésima vez en el día. Ya se estaba empezando a hartar de ese inútil órgano vital que no había tenido las agallas para hacerse notar los últimos años y ahora con ésta niña se ha vuelto loco. Quiso deshacerse de él. Hasta una loca idea pasó por su mente, una que incluía a sus cuchillas.

Pero, ¿qué era lo que estaba sintiendo su corazón? ¿Y con quién? Debió haber sido alguien que había visto después de que la dejó en el patio. Se arrepintió de haberlo hecho, pero ya no podía cambiar nada.

Estaba tan metido en sus pensamientos que no se dio cuenta que las dos castañas habían continuado la plática.

- ...en serio señorita Hanji, ya estoy bien.

- Pero necesito saber si alguien causó que te sintieras así.

- En serio, simplemente iba caminando por un pasillo y me dio el bajón emocional.

La chica que había evitado el contacto visual con Rivaille, tímidamente dirigió su mirada a éste, sus manos empezaron a frotarse contra su regazo y le habló.

- Yo... lo siento - bajó la mirada y se percató del estado en el que había dejado la pulcra camisa del azabache - ¡ah! Lamento lo de su camisa, puede entregármela para que se la lave.

- No es necesario - habló secamente sin poder evitarlo. Mierda ¿cómo es que siempre terminaba haciendo eso?

Pero ésta vez la chica no se asustó, solamente le veía con comprensión. Rivaille se incorporó, sacudió sus ropas para quitarse el polvo y le tendió una mano para ayudarle. La chica sonrió y gustosamente aceptó su ayuda. Una vez de pie ella también se sacudió y volvió a disculparse, él sólo chasqueó la lengua, sin saber que más hacer pues esa sonrisa lo descolocaba y lo distraía, se alejó de ellas alegando tener que supervisar el trabajo de los cadetes, pero antes de salir de la oficina escuchó la voz de Agatha.

- Gracias, Heichou.

Y salió de la oficina.

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Eren había notado la extraña mirada que tenía la castaña antes de entrar a la oficina de la señorita Hanji. Su boca formaba una sonrisa, muy resplandeciente, pero él veía sus ojos y en ellos había un gran dolor.

Su corazón sintió una puñalada y decidió seguir a Agatha, pero sólo abrió escasos centímetros la puerta y se tensó al ver la escena que le mostraba ese pequeño campo de visión.

Agatha se encontraba encima del sargento Rivaille, llorando y aferrándose fuerte a él, su estómago se revolvió y apretó sus puños fuertemente a sus costados. Se sentía enfadado, pero... ¿por qué?

¿Eran celos? Anteriormente se había hecho esa misma pregunta pero no había encontrado respuesta. Entonces... ¿esa chica le gustaba? Trató de imaginarse besando a Agatha, un escalofrío cruzó su cuerpo y su estómago se volvió a revolver pero no del mismo modo que antes.

¿Entonces qué era lo que sentía? ¿Celos de amigos? Bufó, ¿cómo podía ser tan posesivo con esa niña?

Volvió al presente cuando escuchó la voz entrecortada de la castaña, hipaba muy fuerte y hablaba muy bajo, apenas y podía escucharla. ¿Qué era lo que decía?

¿Sentimientos? ¿Triste? ¿Confundida? ¿Lugar y personas extrañas?

Es verdad, esa chica está completamente sola en este lugar, probablemente extrañaba a su familia y amigos.

Entonces Eren se dio cuenta del porqué reaccionó así la chica. Él estaba aquí, hablando felizmente de su hermana y su amigo y ella no pudo evitar en los suyos. Se palmeó el rostro dándose cuenta de lo insensible que había sido, ni siquiera le había preguntado por ella.

La voz del sargento lo sacó de sus pensamientos, parecía que ya iba a salir de la oficina. Eren trató de buscar un escondite y lo encontró a un par de metros, se acercó y abrió la puerta de un armario de limpieza. Dejó la puerta entreabierta y se quedó ahí esperando a que el azabache saliera, se había detenido en la puerta pero a los dos segundos ya estaba saliendo de ahí.

Eren salió de su refugio cuando vio al mayor girar al final del pasillo, suspiró y dándole una última mirada a la puerta por dónde había entrado la castaña, se giró y caminó en dirección a las habitaciones de sus compañeros.

Durante su camino no paraba de pensar en la de ojos dorados, llegó hasta donde estaban Mikasa y Armin y les ayudó en lo poco que quedaba para que terminaran. Él no tenía que limpiar, puesto que su habitación es el sótano y la limpia todos los días así que tenía el tiempo libre, por eso les ofreció su ayuda a los dos. El Sargento llegó a supervisar y a Eren se le revolvió el estómago del coraje al recordar a la chica sobre él.

Llegó la hora de la cena y Eren todavía pensaba en la castaña, incluso mientras platicaba con sus amigos en la mesa que usarían para cenar, sin darse cuenta que su hermana vigilaba atentamente cada uno de sus movimientos y expresiones.

La cena la prepararían Christa e Ymir y Eren muy amable les explicó el funcionamiento de la estufa y les mostró la bodega de donde sacarían los alimentos necesarios para prepararla. Volvió a la charla con sus amigos, aunque no fuera muy participativo, pues en su mente todavía pensaba en qué hacer para que la castaña se sintiera más cómoda en ese lugar.

Al pasar los minutos Eren empezaba a emocionarse. Ya casi era la hora en la que llegarían todos los soldados para comer, cada vez que escuchaba la puerta del comedor abrirse siempre volteaba para ver quien entraba. No era una sorpresa pero esperaba a Agatha, en esta ocasión haría de todo para hacerla sentir segura, le diría que podía confiar en él y que siempre estaría a su lado hasta encontrar la forma de regresarla a su casa. Un extraño nudo se le formó en el estómago ante la idea de no ver a la castaña nunca más. Pero por la felicidad de esa chica lo haría.

La puerta se volvió a abrir y pudo ver a los sargentos entrar, pero ahora no estaba la castaña entre ellos. Se acercó a la mayor Hanji y le preguntó por la chica. El Sargento se giró a verlo pero el fingió no darse cuenta. La científica le dijo que al parecer no se sentía bien y se fue a la cama temprano. Eren suspiró y se giró para regresar a su lugar. Ante la atenta mirada de dos azabaches.

Al terminar de cenar todos se dirigieron a sus habitaciones. Eren se despidió de sus amigos y fue hasta donde estaba el equipo Rivaille. Esa noche era el turno de Auruo de llevarlo hasta su celda pero el sargento dijo que lo haría él. Eren un poco extrañado siguió al azabache escaleras abajo. Rivaille abrió la celda y se hizo a un lado para que pasara, pero lo detuvo en último momento.

- ¿Tú fuiste el que llevó a la mocosa a la oficina de Hanji?

- ¿Disculpe? - preguntó Eren confundido.

- ¿Qué acaso eres sordo? ¿Fuiste tú o no? - Eren parpadeó ante el repentino enfado.

- N-no... digo si fui yo.

- Bien, métete rápido.

- Sí.

Después de entrar, el sargento cerró la celda con llave y se alejó en largas zancadas. Eren suspiró. Cambió su ropa y se recostó. Estaba un poco preocupado por la castaña, pero como había decidido más temprano, la ayudaría y la acompañaría para que no se sintiera sola.

Cerró sus ojos y se dejó llevar por el sueño.

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En el patio del castillo, ocultos entre las sombras de los árboles, había tres chicos hablando seriamente. Uno de ellos era alto, el más alto de los tres, con cabello negro y ojos de un azul oscuro. El segundo era un chico rubio, un poco más bajo que el pelinegro pero más musculoso, con ojos de un azul cielo, y el tercero, era una chica rubia, la más baja de los tres, con una mirada fría y porte duro.

- ¿Qué rayos pasó ésta tarde? - preguntó el chico rubio en un tono más alto del normal.

- No lo sé - se limitó a decir la chica.

- ¿Cómo es po… - se detuvo y volvió a hablar un poco más calmado -, ¿de verdad no te dejaste vencer? - preguntó viéndola fijamente.

- No - dijo devolviéndole la mirada de manera glacial y el rubio se pasó una mano por su cabello.

- ¿Cómo es posible que Eren haya obtenido tanta fuerza? - preguntó más para sí mismo, aunque los otros dos lo escucharon perfectamente.

- Tenemos que vigilarlo más, si vuelve a pasar hay que analizarlo para ver qué hay en común en ambas ocasiones - dijo la rubia.

- Eso es más que obvio, a partir de mañana no vayan a perderlo de vista, no podemos dejar que se entrometa en nuestros planes.

- ¿Creen que haya encontrado la fuente de su poder? – preguntó el azabache.

- No, desapareció hace más de quince años, el jefe de la aldea dijo que no nos preocupáramos por eso, sólo hay que vigilar a Jaegar.

Los tres chicos asintieron mientras se veían fijamente.

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Estaba rodeada de oscuridad. Alguien la llamaba.

- ¿Agatha?

Era una suave voz, le llamaba con dulzura.

- ¿Agatha? ¿Hija, dónde estás?

- Aquí - respondió una voz infantil.

¿Qué fue esa voz? ¿Quién había respondido por ella?

- ¿Agatha?

La oscuridad se revolvió, la luz la envolvió y se encontró detrás de unos arbustos.

- ¡Te encontré!

Unas manos la agarraron desde atrás, levantándola del suelo mientras se reía. La mujer le hacía cosquillas y ella no podía parar de reír.

- Mamá, basta - dijo a duras penas entre la risa.

Sus ojos empezaron a lagrimear y levantó el rostro para ver a su madre, pero la veía borrosa. Tenía su piel aperlada, como la de ella; ojos verdes y cabello castaño un poco más claro que el suyo. No pudo ver con claridad los rasgos de su rostro pero le parecía haberla visto antes.

El escenario cambió, parecía estar debajo de una cama, en una casa con piso y paredes de madera, podía ver dos pares de piernas, las de un hombre y una mujer

- ¡No te la puedes llevar! - aquella suave y dulce voz que antes la llamaba, ahora le decía a gritos a alguien más.

Escuchaba sollozos, al parecer de ella misma debajo de la cama, junto con los de aquella mujer.

- Entiéndelo, si no lo hago, ellos se la llevarán, tenemos que ocultarla - una voz de hombre quería razonar con la mujer.

- No, no pueden, es mi hija y nadie me la quitará, ni siquiera tú.

- Cariño, lo harán, y podrían llegar a matarla por el poder que oculta en su sangre - trataba de razonar.

-Pero sólo tiene cuatro años -dijo un poco más calmada -, ¿De verdad es la única manera?

El hombre no respondió pero al parecer había respondido con un asentimiento, pues sólo podía ver sus pies desde debajo de la cama. La mujer se sentó en un silla de madera y el hombre hincó una de sus rodillas quedando frente a esa mujer que no paraba de sollozar, igual que Agatha.

- Te prometo que ella volverá a nosotros, con esto - le mostró algo que tampoco alcanzó a ver -, esto siempre la protegerá y la salvará cuando esté en peligro.

- ¿Cómo? - quiso saber la mujer.

- La bruja de aquella aldea está de mi parte, me dio esto, es magia antigua, verás que pronto volverá a nosotros.

El hombre se levantó y volvió a arrodillarse pero ésta vez junto a la cama. Agatha volvió a temblar. El hombre se inclinó y cuando estaba a punto de ver su rostro, un estridente sonido disolvió la imagen, llevándola de vuelta a la oscuridad.

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Beep beep beep.

Agatha estiró su brazo y tanteaba la superficie del mueble junto a su cama. Tomó su celular y lo metió por debajo de las sábanas para poder apagar la alarma.

Estaba completamente cubierta de blancas sábanas, se estiró debajo de estas y pudo escuchar como los huesos de su espalda y brazos se reacomodaban.

Rayos, había tenido un sueño extraño. Había soñado que otra vez había aparecido en el extraño mundo de los seres gigantes, el sueño parecía tan largo como si hubiera pasado ahí todo un día. Y luego el sueño con esa mujer. Su corazón latió con más fuerza, ¿había sido su madre?

Escuchó una puerta abrirse y cerrarse y su cuerpo se tensó de inmediato. Ella vivía sola.

Lentamente fue asomándose por encima de las sábanas y pudo ver una habitación completamente diferente a la suya. Paredes de piedra, muebles de madera y papeles regados sobre la mesa de noche.

"¿Pero qué rayos?" - pensó.

Y ahí vio a cierta castaña con la que había "soñado", la señorita Hanji. Suspiró y dejó caer la cabeza en la almohada, empezó a patalear mientras gritaba en su mente: "¡No fue un sueño!". Incluso sintió ganas de llorar.

Volvió a ver su celular y lo encontró apagado, ella lo había apagado el día anterior para que no se le descargara, pero la alarma se encendía aunque el celular estuviera apagado. Saludó a la castaña con un "Buenos días" un poco decepcionado, siendo respondido por uno totalmente animado.

Se levantó de la cama, llevaba solamente una camisa (un par de tallas más grande) sobre su ropa interior. Había dormido en la habitación de la científica así que no parecía problema el sólo llevar eso. Se talló los ojos y pasó sus dedos entre sus largos cabellos enmarañados.

Hanji ya se estaba vistiendo, pero al verla de ese modo corrió a abrazarla fuertemente mientras gritaba un "adorable" que resonó en las cuatro paredes.

Cuando al fin pudo zafarse del agarre de la científica habló.

- ¿Qué usaré yo? - preguntó viendo el uniforme sucio que se había quitado en la noche.

- Toma - le tendió un uniforme limpio.

- ¿Estás segura? - no quería ensuciar otro, probablemente no tenga muchos la mujer, pero parecía que le leyó la mente pues le respondió.

- No te preocupes, tengo muchos porque siempre me estoy ensuciando, ya mandé a hacer unos para ti, no sabemos si estarás mucho tiempo aquí, pero es mejor tener ropa propia - dijo mientras se peinaba -, ahora entra al baño, tienes que apurarte si no quieres que te regañe el fenómeno de la limpieza - dijo con una risa y Agatha frunció el ceño.

- ¿Fenómeno...? - preguntó extrañada.

- Ah, ese es Levi, es un loco de la limpieza, a la mínima mota de polvo gruñe y dice que esta asqueroso - dijo y se carcajeó.

Agatha solo sonrió al imaginarse al azabache de ese modo y entró al baño. Terminó rápido y salió mientras secaba su cabello con una toalla. De pronto se escuchó que golpearon la puerta, ambas se miraron y como ya estaban vestidas Hanji abrió la puerta. El corazón de Agatha se detuvo al ver entrar al Comandante y al Sargento Rivaille. Ella quedó estática y el rubio habló.

- Esta mañana estarás bajo mi supervisión mientras limpias tu nueva habitación - dijo sin ninguna emoción.

- ¿Y cuál será? - preguntó Agatha.

- Como todas las habitaciones de éste lado del castillo están ocupadas por los nuevos reclutas y no podemos mandarte tan apartada del resto, me temo que - se detuvo y la vio fijamente con ojos fríos, Agatha se estremeció - tendrás que quedarte en una celda del sótano.

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Eren pudo ver como el sargento llegaba a la misma hora de siempre para abrir su celda. Pero esta mañana no iba sólo. Junto a él iban el Comandante, la Sargento Hanji y Agatha.

Ella lo saludó con una sonrisa y un movimiento de su mano y él le respondió de la misma manera. La reja se abrió y saludó a los superiores con el saludo militar. Ahí fue cuando vio que la de ojos dorados iba cargando todos sus extraños bolsos.

- Levi - habló el comandante -, abre ésta reja.

- ¿Justo enfrente de la del mocoso? - preguntó con un ligero enfado el sargento.

- Es la más cerca a la puerta, además de que para ser una celda es la única que cuenta con un baño - dijo con voz fría el rubio, hasta Eren se estremeció.

El Sargento sólo chasqueó la lengua y se dispuso a abrir la reja como le habían "pedido", Eren volteó a ver a la Sargento Hanji y vio una sonrisita de burla en sus labios. Volteó a ver a Agatha en busca de una explicación, ella se encogió de hombros y le habló en susurros.

- Seré tu vecina - dijo simplemente.

A Eren se le detuvo el corazón por un instante, ¿ella? ¿Dormir aquí?

Quiso protestar, alegar que no era un buen sitio para ella que era una señorita, estaba a punto de abrir su boca para expresar sus pensamientos pero una vocecita le habló desde el fondo de su mente. "Si ella dormirá aquí, tendrás más tiempo para hablarle y conocerle".

Y cerró la boca.

La chica entró seguida por el rubio y empezó a analizar la habitación/celda, incluso Eren podía analizarla, llena de polvo, telarañas en las esquinas y las vigas, papeles que nada tenían que hacer ahí, la cama con un colchón simple y lleno de polvo sin sábanas que le cubrieran. Y las cadenas, en la cabecera, ella fingió no verlas pero Eren pudo notar el estremecimiento que se produjo por todo su cuerpo.

- Espero que me cambien ese asqueroso y apestoso colchón - dijo apuntando a la cama -, no creo poder rescatarlo, parece como si fuera a deshacerse.

- No te preocupes, creo que podría conseguirte uno - dijo el comandante y luego se giró a los otros tres - ya pueden irse.

Eren quiso protestar, ¿por qué se quedaría él solo con la castaña? Pero Hanji pasó un brazo sobre sus hombros y lo llevo escaleras arriba, cuando iban a la mitad ella le habló bajito.

- Practicaremos tus transformaciones de Titán, ella no puede venir.

Y Eren comprendió que sería muy arriesgado para la castaña, en esos momentos no era importante el fingir ser la asistente del azabache pues en el lugar sólo estaban ellos tres y el equipo del sargento Rivaille en caso de que se presente algún problema, es decir, que perdiera el control.

Salió del sótano y se dirigió al patio trasero para hacer los experimentos, pero en el camino se encontró a su hermana adoptiva, la saludó con una sonrisa que reflejaba su emoción, y no la de la práctica, sino la de que Agatha está cada vez más cerca de él.

Ella lo vio fijamente con esos ojos que muy rara vez mostraban alguna emoción, para después despedirse. Unos minutos después ya estaban practicando sus transformaciones.

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Mikasa se había levantado muy temprano para poder ver a su hermano antes de las prácticas, pero cuando iba de camino al sótano se encontró con el Comandante junto con los sargentos y esa extraña chica que le provocaba un creciente odio en su interior, y sólo porque parecía llevarse bien con su hermano.

Hizo el saludo militar y se quedó en su lugar mientras los otros pasaban, esa chica le sonrió, a pesar de todos los bolsos (extraños) que llevaba se veía muy ligera, pero ella no le respondió.

- Señorita Hanji ¿por qué en el sótano? ¿No había otro lugar más lúgubre en este enorme castillo? - preguntó con fastidio y Mikasa agudizó el oído.

- Ya te explicó el comandante, tendrás que acostumbrarte.

Y aquella chica suspiró con cansancio murmurando un "no quiero dormir en ese lugar". Y Mikasa se dio cuenta de que esos extraños bolsos eran el equipaje de esa chica, y ella dormiría cerca de su hermano, su preciado y querido hermano. Una creciente cólera empezó a nacer en su interior, sus ojos llameaban y sus manos se hicieron un puño a sus costados.

Se quedó anclada a ese lugar hasta que vio a su hermano salir de ahí junto con los sargentos. Él la saludó con una gran sonrisa y ella pudo notar la emoción en ella y en sus ojos. Eren estaba feliz, y ella sabía el porqué, sus puños se apretaron más y el odio en su interior aumentó de sobremanera.

Se despidió de Eren y caminó en dirección contraria. Nunca aceptaría ninguna relación que su hermano llegue a tener con esa chica, no importa si sólo son amigos, nunca lo aceptaría y ella se encargaría de separarlos, esa tipa nunca más se acercaría a su hermano aunque éste lo quiera.

Ella sabía lo que Eren había visto en esa chica, lo sabía, pudo identificarlo de inmediato aunque ese despistado no se haya dado cuenta. Era obvio que le llamaría la atención pero no dejaría que por una coincidencia así, una extraña llegara y le arrebatara su única familia.

No, Mikasa Ackerman nunca lo permitiría.

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O: si lo que Eren siente no es amor, ¿entonces qué es? D: ¿Y qué hará Mikasa? ¿Agatha y Eren se acercarán más?

¿Por qué diablos hago tantas preguntas? hahaha (lo siento, nunca lo había hecho?

Uff, creí que no terminaría, bueno el próximo capítulo también se tardará un poco sobretodo si no me dan señales de que lo están leyendo -.-

Bueno, eso es todo por ahora, espero sus comentarios(?)

Hasta la próxima n.n

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*: (=' :') :* .¸¸.• Hana
•.. (,(")(")¤°.¸¸.•´¯`» Usagi