Buenos días :3

Les traigo la actualización n.n espero que sea de su agrado.

Disclaimer: SnK y todos sus personajes no me pertenecen, son obra de su respectivo autor, Hajime Isayama.

Advertencias: Lenguaje vulgar .

..•.¸¸•´¯`•.¸¸.ஐ Capítulo 4 ஐ..•.¸¸•´¯`•.¸¸.

"Atravesando las barreras de la curiosidad"

- Bueno puedes empezar - dijo el rubio una vez que los demás se habían perdido escaleras arriba.

- Hum, supongo que lo haré yo sola, ¿verdad? - dijo dejando caer sus bolsos sobre el suelo, todo estaba asqueroso, así que no importaba si los dejaba ahí o en otro sitio.

- Supones bien.

Agatha lo miró con reproche y su mirada cambió por una de coraje cuando vio al mayor sacar un pañuelo para limpiar el polvo de una silla de madera y sentarse plácidamente. Claro, el imbécil cumpliría la orden (propia) de vigilarla, pero no movería ni un solo dedo para ayudarla a limpiar ese muladar de "habitación". Suspiró de fastidio y volvió a analizar la celda.

¿Con qué debería empezar?

Lo mejor sería con el techo y las paredes, de nada serviría limpiar el piso y los muebles si al final le vuelve a caer polvo. Volvió a suspirar. De uno de sus bolsos sacó una liga para el cabello, tomó toda su cabellera y la ató en una coleta alta, se arremangó las mangas hasta los codos, sabía que un montón de polvo se levantaría y caería mientras limpiaba, así que tomó uno de los cubre-bocas que llevaba siempre para protegerse del aerosol protector de pintura y se lo colocó.

- ¿Qué es eso? - escuchó decir al rubio.

- ¿Qué? - respondió con su voz amortiguada por el cubre-bocas.

- Lo que te pusiste sobre la boca.

- ¿Esto? - usó su dedo para señalarlo y continuó sin esperar respuesta por parte del mayor. - Sirve para protegernos de contaminantes y otras cosas, en este caso lo usaré para que el polvo no entre a mis pulmones - el rubio asintió. - ¿Al menos me podrías dar una escoba o instrumentos de limpieza?

- Ah, sí. Están en el cuarto de baño - apuntó a la puerta de madera pero no hizo ningún ademán para ayudarle.

Agatha volvió a mirarle con reproche y caminó hacia la puerta. Al abrirla un poco de polvo cayó del techo, parpadeó un poco y agitó su mano frente a su rostro para evitar que le entrara a los ojos. Efectivamente en el lugar se encontraban los instrumentos de limpieza que ella necesitaría para limpiar, pero se quedó estática al ver el resto del baño.

El excusado era un asco. Todo el polvo se había acumulado y mezclado con la poca agua que había en él. Sin mencionar que estaba lleno de sarro y polvo encima del asiento y demás. La tina no estaba mejor, pero al menos no tenía una masa de polvo y agua en el fondo. El lavabo igual que el excusado y la tina estaba lleno de polvo, sin mencionar el polvo en el suelo, paredes y techo (además de las telarañas). Suspiró pesadamente y se golpeó ligeramente la cabeza con la puerta, provocando que un poco de polvo cayera de ella. Bufó. Ese día sería muy largo.

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Primera hora en la mañana y Rivaille tenía el humor de los mil demonios, bueno, todos los días lo tenía pero ese día era mucho, mucho peor. ¿Por qué? Pues ni el mismo lo sabía, no sabía si era por el entrenamiento de las transformaciones del mocoso que supervisaba en esos momentos; por estar aguantando las reacciones molestas de la cuatro ojos cuando se emocionaba cada vez que descubría algo en el cuerpo titánico del mocoso; por el hecho de que la mocosa extraña estuviera en esos momentos con el imbécil del cejotas en una celda o porque esa celda en la que dormiría estuviera justo frente a la del mocoso titán.

Tal vez todo eso junto y por eso estaba que se lo llevaba el diablo.

- Vamos enanín, deja de fruncir ese ceño. Estás asustando a todos.

Rivaille le dirigió una de sus miradas asesinas a la científica y luego pasó su mirada por los rostros de sus subordinados. De acuerdo, tenía que dejar de hacer eso o bueno, al menos tranquilizarse un poco. Cerró sus ojos mientras suspiraba con fastidio y al abrirlos su rostro mostraba su expresión normal (la de amargado con la vida de siempre). A pesar de su rostro lleno del fastidio habitual, pudo ver como el rostro de los demás se relajaba y sus hombros se des-tensaban.

El azabache escuchó a la sargento Hanji dar la orden de transformación al ojiverde que se encontraba en el fondo del pozo. Se escuchó un estruendo y vapor empezó a salir del enorme agujero.

- Wow, éste es mucho más grande - escuchó la voz de la castaña - tal vez de unos veinticinco metros. ¿Qué lo habrá causado?...

La mujer siguió con sus preguntas y reflexiones científicas, Rivaille la ignoró y siguió vigilando el pozo. Podía escuchar los gruñidos titánicos y los rasguños que hacía el ojiverde al tratar de salir de ahí. Era muy extraño, se suponía que Jaeger sabía perfectamente que debía permanecer ahí, ¿por qué intentaba salir?

- ...algo que comió, tal vez se masturbó y eso lo relajó...

- Equipo estén atentos - ordenó el azabache interrumpiendo los desvaríos locos de la científica.

- ¿Qué pasa Levi? - preguntó Hanji.

- Tsk, ¿no te has dado cuenta? - dijo al tiempo que sacaba sus cuchillas.

- ¿Qué? - se asomó al pozo y pareció analizar la situación, no pasó ni medio minuto cuando Rivaille notó en sus ojos que se había dado cuenta ella también. - Será mejor que lo saques de ahí - dijo en tono serio.

- Ya lo sé.

Subió al pozo y caminó por la orilla un poco y después se dejó caer en el interior, cayó sobre la cabeza del titán y luego al hombro, accionó los cables de su equipo y quedó suspendido frente a la nuca del ojiverde. Rápidamente hizo un corte vertical en la zona y (a pesar de su repulsión) metió sus brazos y sacó al castaño del gigante cuerpo.

El cuerpo titánico dejó de moverse, no pudo caer debido a las paredes del pozo pero sus rodillas se doblaron todo lo que pudieron, Auruo y Gunter bajaron y ayudaron a Rivaille con el ojiverde. Salieron del pozo y recostaron al menor en el suelo. Hanji se acercó y empezó a sacudirle para despertarlo.

- Eren - lo llamaba la castaña -, Eren vamos, abre los ojos.

Después de un par de minutos intentando despertar al menor, éste abrió sus ojos, estaban un poco perdidos y sin brillo, pero después de unos parpadeos recuperaron su aspecto normal.

- ¿Qué sucedió señorita Hanji? - dijo al tiempo en que se incorporaba.

- Eso debería preguntarte yo, ¿recuerdas algo de lo sucedido? - le colocó una mano sobre su hombro.

- Hum... no, pero...

- ¿Pero qué? - preguntó en un tono más alto.

- Este... no sé cómo decirlo... - se rascó la cabeza - era como un sentimiento.

- ¿Sentimiento? - preguntó confundida la científica.

- Si, sentí que alguien me llamaba, sentí le necesidad de salir del pozo pues algo me llamaba desde afuera, no podía controlarme, sólo podía seguir mis instintos.

- Hum... ¿nunca antes habías sentido eso?

- No.

- Bueno, ¿qué te parece si lo intentamos de nuevo?, tal vez fue cosa de una sola vez - se puso las manos en la cadera y explicó lo que realizarían.

El mocoso volvió a entrar en el pozo, Hanji hizo la señal y Eren mordió su mano para transformarse. Esperaron a que el vapor se dispersara, pero incluso antes de poder ver en el interior ya podían escuchar los arañazos que hacía el titán con tal de salir del lugar y buscar aquello que le llamaba. Sacaron al menor del agujero y cuando el cuerpo titánico se deshizo volvieron a intentar el experimento.

Lo hicieron tres veces más, y en todos, el titán, que cada vez aparecía más pequeño llegando a trece metros el más bajo, siempre intentaba por todos los medios salir del pozo. Decidieron suspender el experimento.

Después de que el menor se recuperara un poco decidieron ir a almorzar, apenas eran las once de la mañana, pero para esas horas todos ya deberían haber comido, o al menos deberían estar terminando. Entonces recogieron todos sus instrumentos, dejaron los equipos 3D en la bodega de almacenamiento y caminaron en dirección al comedor.

Había muy pocos cadetes, se acercaron a pedir sus porciones a la ventanilla de la cocina. Rivaille iba detrás de Eren así que pudo escuchar cuando el moreno preguntó por la mocosa de otro mundo con una sonrisa estúpida en el rostro y pudo notar que el brillo en sus ojos desaparecía cuando le dijeron que no había llegado a almorzar.

Rivaille apretó sus manos en un puño, no sabía ni porqué pero su mal humor (de los mil demonios) había regresado. Tomó su cuenco de comida casi arrebatándoselo de las manos a la pobre chica novata que le había tocado hacer el almuerzo.

Llegó a la mesa que siempre ocupaba con su equipo, y comió con enojo. Todos los presentes sintieron el aire congelarse, apresuraron el paso de sus masticadas y casi como aspirando la comida terminaron de comer en tiempo récord. Solo el escuadrón de Rivaille comía a paso normal. En cambio Eren comía más rápido aunque parecía no haberse dado cuenta del cambio de ambiente. Cuando terminó se levantó rápidamente y le habló al azabache.

- Sargento, iré a mi habitación, olvidé algo esta mañana así que iré por ello antes de empezar el entrenamiento con los…

- No - lo interrumpió. - Irás a las caballerizas y limpiarás el lugar, junto con Erd y Auruo.

- ¿Eh? - detuvo todo movimiento el ojiverde.

- Lo que oíste, tienen tres horas, será mejor que se den prisa - el ojiverde iba a protestar pero el azabache se le adelantó. - Es una orden.

Y sin más, Rivaille se levantó de su asiento y salió del lugar bajo la atenta mirada de sus subordinados. Al salir se talló el puente de su nariz. ¿Qué mierda había hecho? ¿Por qué había reaccionado de esa manera?

Cuando había escuchado al menor decir que bajaría al sótano no dudaba en que en realidad lo que quería era ver a la mocosa y simplemente habló sin pensar.

- No debiste ser tan cruel enano - escuchó una fastidiosa voz detrás suyo -. El muchacho sólo quería ver a la pequeña Agatha por un ratito.

- ¿Y a mí que mierdas me importa cuatro ojos? - preguntó con fastidio apresurando el paso a su oficina. Hanji soltó una risotada y después de calmarse y alcanzar al de menor estatura volvió a hablar.

- No me digas que no lo hiciste para evitar que se vieran - Rivaille no contestó -, yo sé que Agatha te interesa.

- Tsk - subió la velocidad de sus pasos.

- ¿Ves? ¡No lo niegas! - prácticamente corría detrás del pelinegro.

- Ya déjame en paz estúpida cuatro ojos - llegó a su oficina, abrió la puerta y la azotó detrás de él, pero antes de que se cerrara por completo, la científica puso el pie para evitarlo.

- No lo haré, hasta que me digas lo que sientes.

- No siento nada, la acabo de conocer ayer, ¿cómo mierdas puedes creer que siento algo por ella? - empujaba la puerta para cerrarla.

- ¡Oye!, ¿qué hay del amor a primera vista? - forcejeaba para abrir la puerta.

- Primera vista mi trasero, ya lárgate - le dio un fuerte pisotón para que retirara el pie que se interponía para cerrar la puerta.

- Sabes que no siento nada en ese pie desde que dejaste caer tu equipo 3D sobre él, como sea, está bien me voy, pero antes de eso, yo que tú iba al sótano para ver qué pasa con Agatha y Erwin - Rivaille dejó de forcejear - la chica de la cocina dijo que todavía no subían, tal vez y el cejotas está ganando terreno con Agatha.

La castaña le mandó una mirada sugerente al azabache, retiró su pie de la abertura de la puerta y se fue contoneándose por el pasillo mientras silbaba. Rivaille cerró su puerta con mirada ausente, caminó hasta su escritorio y tomó uno de los papeles que el imbécil de Erwin le había dejado. Fijó sus ojos en el papel, pero su mirada estaba perdida.

Se quedó pensando en las últimas palabras de la loca. ¿Y si era cierto que Erwin estaba detrás de la mocosa? ¿Y si le hizo algo y por eso no fueron a almorzar? Chasqueó su lengua, no era posible, el cejotas nunca haría algo así, esa chica nunca le atraería.

Aunque, si logró algo en él, y en muchos de los mocosos hijos de puta de los cadetes, probablemente también pueda con el comandante. Bufó. ¿En qué mierdas estaba pensando?

Parpadeó un poco y se propuso poner atención a las palabras escritas en el papel. No leyó ni dos palabras antes de que su mente divagara una vez más.

¿Y si…?

Lo mejor sería revisar, sólo para asegurarse de que el comandante no estuviera realizando algo ilegal. Bueno, no sabía la edad de la chica pero… no pasaba de los veinte ¿no?

Salió de su oficina, y a grandes zancadas se dirigió al sótano. Bajó los escalones casi corriendo, por poco tropezaba y bajaba el resto rodando, pero por fortuna no sucedió. Bajó la velocidad de sus pasos, mejor dicho trote, y se acercó a la reja de la celda lo más lento y silencioso posible. Escuchó sonidos que se podrían atribuir al uso del sacudidor y la escoba.

Cuando por fin estuvo justo frente a la reja se quedó pasmado al ver la escena que se presentaba ante sus ojos.

Frente a él se encontraba Erwin sentado en una silla de madera, dándole la espalda al azabache para ver fijamente como el cuerpo de la castaña se desplazaba de un lugar para otro, moviéndose de manera… provocadora. Justo frente al imbécil hijo de puta de Erwin. Ella se movía, bueno bailaba, de manera muy sensual mientras sacudía el último espacio sucio del techo. Igual que el rubio, le daba la espalda. Cuando la morena quitó la última telaraña con el sacudidor, se dio media vuelta y sus ojos color café se clavaron en los grises de Rivaille.

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Eren se encontraba en las caballerizas limpiando el heno del suelo con gran furia. ¿Quién se creía el azabache para hacerle eso a él?

Bueno era su superior, pero no tenía porqué ser tan duro. Es cierto que había mentido para poder ver a la castaña solo un momento, pero sólo quería verificar que estuviera bien con el comandante, que no la estuviera forzando o le intente hacer algún tipo de experimento. Él sabía perfectamente como podrían ser algunos de los planes del rubio. Fríos y calculadores.

Además, quería platicar con ella, quería decirle que comprendía su situación y que la ayudaría a volver a su hogar. Además de que sería como un hermano para ella, que podría contar con él y le podría platicar de lo que quisiera.

- ¿Qué mierda hiciste para que te castigara mocoso? - se escuchó la voz de Auruo - ¿Y por qué mierdas tenemos que acompañarte?

- Yo no hice nada.

- Si como no.

- ¿Qué no notó que estaba enojado? Desde antes de que me sacara de mi celda ya estaba así.

- ¿En serio? - preguntó Erd y él asintió - pues debe haber sido algo muy fuerte, será mejor que guarden su distancia y agachen la cabeza cuando estén cerca de él, no querrán que se enfade más - advirtió.

- ¿Por qué lo soportan? - preguntó Eren.

Erd lo miró por unos segundos antes de sonreír y contestar.

- Porque es nuestro superior y eso hace que tengamos que obedecerle, además, lo admiro, quiero llegar a ser tan buen soldado como él, ¿qué no lo admirabas tú también?

Era verdad, desde que era un niño siempre había admirado al azabache, él también quería llegar a ser como él, matar a tantos titanes y poder llegar a su nivel, ser su subordinado y pelear codo a codo contra esas monstruosas criaturas que evitan el que él pueda salir a explorar el mundo.

¿A dónde se había ido esa admiración? ¿Por qué se fue en primer lugar?

¿Por Agatha? ¿Sólo porque la chica se acercaba a él empezó a odiarlo?

Tenía que calmarse, no podía dejar que sus sentimientos interfirieran con las relaciones laborales o bueno de compañerismo con sus camaradas. Eso, en el exterior contra los titanes, podría provocar su muerte, o peor la de sus amigos y compañeros.

Siguió con su trabajo mientras meditaba el asunto, además si él ya había aclarado sus sentimientos y estaba completamente seguro de no querer a la castaña más que de una forma fraternal, ¿por qué no dejaba que la chica estuviera con quién quisiera?

Ah, sí, por ese sentimiento de protección que le nacía cada vez que la veía o la tenía cerca. Nunca había sentido algo así, ni siquiera por Mikasa. Jean ha tratado de acercárcele a la pelinegra desde que estaban en el entrenamiento y ni el cinco por ciento de ese instinto protector había aparecido en él, en cambio, cuando el ojimiel preguntó por la morena sus pelos se pusieron de punta y su estómago se revolvió de coraje.

Tenía que averiguar el porqué de ese sentimiento, sólo esperaba encontrarlo antes de que la chica tuviera que regresar a su hogar.

Se estremeció ante la idea de dejarla ir, suspiró y decidió enfocarse en lo que estaba haciendo. Después de limpiar los establos tenía que asistir al entrenamiento con los demás reclutas, y conociendo al Sargento, y más ahora que estaba enojado, el entrenamiento sería extremo. Bufó. Ese día sería muy largo.

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La castaña se quitó esos extraños tapones para los oídos, que dejaban escuchar música, junto con un extraño objeto que le cubría la nariz y la boca, y le habló.

- Ah, Heichou - Erwin se puso de pie y volteó a verlo -. ¿Viene a analizar mi trabajo? - le dijo la castaña. Se veía cansada, su frente estaba perlada por el sudor y sus mejillas ligeramente sonrojadas.

- Rivaille, ¿cuánto tiempo tienes ahí? - preguntó y Rivaille pudo ver un ligero sonrojo sobre las mejillas del más alto.

Hijo de puta.

- Bueno, yo debería hacer la misma pregunta - dijo viéndolo de manera amaga mientras cruzaba sus brazos, y luego dirigió su vista a la menor-, ya son casi las doce y no han ido a almorzar.

Erwin desvió la mirada y la castaña gritó un "¿Qué?" mientras sacaba su extraño aparato musical de uno de sus bolsillos.

- Bueno - habló el rubio con un extraño nudo en su garganta y se dio media vuelta para ver a la castaña -, por el momento puedes descansar. Iré a hacer un par de cosas y nos vemos aquí a las dos.

- ¿Eh? ¿Tendré que continuar? - dijo con un poco de fastidio la menor.

- Dormirás aquí, si no quieres dormir entre la suciedad será mejor que termines para el anochecer.

Agatha bajó la mirada y murmuró un "De acuerdo" con los dientes apretados. Erwin volteó y le dirigió una mirada… ¿apenada?, parecía eso, a Rivaille. Sus mejillas se sonrojaron muy tenuemente y el azabache bajó su mirada. Apretó la mandíbula cuando pudo notar un bulto ligeramente hinchado en la entrepierna del mayor, apretó sus puños con los brazos todavía cruzados y afiló la mirada. Erwin bajó la suya.

Ahora si estaba muerto, desgraciado mal parido.

- Levi, encárgate de ella por el momento.

- ¿Qué hay de la montaña de papeles que me pediste revisar? - preguntó con voz fría.

- Llévala contigo - le respondió tratando de igualar su tono de voz. Pero claro, nadie puede igualar a Rivaille en ese aspecto.

Rivaille apartó la mirada y Erwin estaba a punto de salir cuando la voz de la castaña lo llamó.

- ¿Comandante?

- ¿Sí? - respondió girándose parcialmente para verla a los ojos.

- Tal vez cuando vuelva pueda traer ese colchón que me prometió - dijo con las manos en la cadera, como si fuera un reproche.

- Claro - le sonrió y se giró para seguir su camino.

Una vez solos, Rivaille se giró para ver a la castaña y cuando sus miradas se conectaron ella la apartó rápidamente. Se quitó ese extraño objeto que usaba para tapar su boca y lo dejó sobre una pequeña mesa de madera que había en el lugar.

- ¿A dónde me llevará, Heichou?

- A mi oficina, tengo trabajo que hacer - dijo con su tono habitual de voz -, pero primero iremos al comedor por algo para que comas. Muévete.

Rivaille se dio media vuelta y caminó a la reja, escuchó la voz de la castaña que le pedía un poco de tiempo y se detuvo en el pasillo. La observo sacar y meter objetos de sus bolsos, tomó uno y se dirigió al grande y rectangular. Sacó un cuaderno y por fin salió de la celda.

- Listo - dijo ella con una sonrisa.

El corazón de Rivaille dio un brinco y desvió rápidamente la mirada antes de que ella notara el sonrojo que apenas se estaba formando en esas blancas mejillas. Empezó a caminar sin decirle nada, ella lo siguió de cerca, subieron al primer piso y su primera parada fue el comedor, pidió una porción de comida para Agatha y al recibirla dejó la bandeja sobre las manos de ella, sin importarle que llevara cargando el bolso y el cuaderno.

- Toma, ahora, sígueme que tengo mucho trabajo.

Eso no era cierto, bueno, sí. Tenía demasiado trabajo, pero el hecho de apresurarse y llevársela a su oficina (sin importarle en lo absoluto si la ensuciaba o no) era por las miradas lascivas en los pocos soldados que había en el lugar, aunque fueran menos de quince. A Rivaille no le importó y la apresuró, incluso en el camino pues muchos soldados hacían un giro de casi 180° para ver a la castaña pasar. Él les dirigía una de esas miradas, que si pudieran, ya estarías tres metros bajo tierra.

Al llegar abrió la puerta y dejó pasar a la menor en primer lugar.

- Siéntate ahí - apuntó uno de los sofás del lugar.

Ella obedeció, dejó la bandeja en la mesita de centro junto con su bolso y su cuaderno.

- ¿Dónde me puedo lavar las manos? - el azabache volteó a verla y apuntó a una puerta de madera que había en el lugar -. Gracias - de nuevo sonrió y el corazón de Rivaille volvió a reaccionar.

Apartó la mirada, caminó hasta su escritorio, tomó asiento y tomó una hoja para leerla, y así fue por los diez minutos que se tomó la castaña en el baño pues al salir y sentarse en el sillón para alimentarse Rivaille no podía pensar en otra cosa que no fuera ella. Tomaba los papeles y fingía leerlos. De vez en cuando le dirigía miradas furtivas a la menor y antes de que ella se diera cuenta, la apartaba.

Terminó de comer y él firmó un papel del cual no había leído ni una línea completa. Esperaba que no fuera un ataque al reino. Cuando terminó de comer, la castaña sacó unos pañuelos de su bolso junto con una botellita color melocotón, vertió un poco del contenido en los pañuelos y lo pasó por la superficie de la mesa.

- Oi mocosa, ¿qué mierdas le estás haciendo a mi mesa?

- ¿Eh?... ¡Ah! No se preocupe, es sólo un poco de gel antibacterial para limpiar la mesa - le mostró la botellita.

- ¿Qué? - preguntó frunciendo el ceño.

- Hum.. es un producto de higiene - se levantó y se acercó a Rivaille, se detuvo frente al escritorio -, mire, yo lo uso para desinfectarme las manos después de tocar algo público, cómo los asientos de los autobuses, los pasamanos de las escaleras, los barandales de la facultad...

- ¿Autobuses? ¿Pasamanos? ¿Barandales? - la interrumpió, tomó esa botella y la abrió, el olor a desinfectante, muy fuerte, se mezclaba con un delicioso aroma a durazno.

- Oh, lo siento, son objetos que hay en mi mundo - dijo -, espere, le puedo mostrar unos dibujos.

Regresó a la mesa y tomó su cuaderno, pasó algunas hojas revisando lo que había en ellas y luego se detuvo.

- Es éste - le mostró el dibujo -, es un autobús turístico, en la parte de arriba no tiene techo para que los que vayan en el segundo nivel puedan ver la ciudad.

Rivaille analizó el dibujo, estaba a lápiz pero podía identificar todo, parecía una especie de caja enorme (pues había gente dentro de ella y afuera) no sabía de qué material estaba hecho, y aunque estuviera a color dudaba en saber cuál era.

- Son como carruajes - trató de explicar la castaña, y cuando lo dijo pudo ver las ruedas debajo de la estructura -, sólo que en ellos sube mucha gente, pueden ser cientos en un día, por eso cuando me bajo de alguno, limpio mis manos con el desinfectante.

Vaya, entonces si esa cosa podía quitarte las bacterias de cientos de asquerosos humanos podían quitarte lo de un titán, ¿o no?

- ¿Tienes más de esta cosa? - preguntó mientras agitaba la botellita en su mano.

- Eeeeh... no, es lo único que traía en mis cosas.

- Tsk - chasqueó la lengua y le regresó el desinfectante para luego regresar su "atención" a los papeles.

Pudo sentir que la menor aún lo observaba y no podía evitar que su corazón se acelerara.

- ¿Vas a quedarte todo el rato ahí o te vas a ir a sentar? - preguntó sin levantar la vista.

- Eh... claro, hum, puede quedárselo - dijo y le acercó la botellita color melocotón. Él la tomó y levantó su mirada para verla a los ojos.

- ¿Y qué hay de ti?

- Yo puedo comprar más en el lugar de dónde vengo - dijo restándole importancia, tomó su cuaderno y se dirigió al sillón.

- ¿Y si no regresas? - la pregunta se salió de los labios de Rivaille y se reprendió mentalmente por eso.

Agatha sólo le sonrió y se sentó en el mullido sillón mientras decía:

- Ya regresé una vez, creo que podría hacerlo de nuevo.

¿Otra vez? ¿Cómo que de nuevo?

- ¿A qué te refieres? ¿Cómo que otra vez?

- Ya se los había dicho - le miró a los ojos - ya había venido aquí.

- No lo mencionaste - le dijo frunciendo el ceño.

- ¿No lo hice? - parecía sorprendida -, estoy segura de haberlo hecho, incluso les pregunté si un titán de más de cincuenta metros había perforado una de sus murallas - dijo y empezó a sacar cosas de su bolso.

- Si eso lo preguntaste, pero no mencionaste nada de que habías venido y regresado.

- Bueno eso era obvio, ¿no? - dijo en tono casi de burla y Rivaille se abstuvo de responderle con un insulto - Bueno, si comenté eso y aparecí frente a ti es porque vine y regresé ¿no? - al fin volteó a verle, pero en sus ojos no había brillos de burla, sólo sinceridad por lo que Rivaille tragó duro y le respondió.

- Es verdad, ¿cómo volviste esa vez?

¿Anda muy hablador no? Rivaille también lo sintió pero poco le importó, quería saber como evitar que la chica se fuera. Espera... ¿evitar? ¿Dijo evitar? Lo ignoró y puso atención a la respuesta de la menor.

- Me atrapó un titán - dijo tranquila como si fuera lo más normal del mundo.

- ¡¿Qué?! - gritó, casi golpea el escritorio con sus manos y se pone de pie, lo evitó en último momento.

- Bueno, no sé si eso fue lo que me envió a casa, pero un titán me atrapó, me dejó en su boca y antes de que me masticara o comiera me desmayé - explicó. Abrió su cuaderno en una hoja en blanco y tomó un lápiz.

- ¿Y luego? - preguntó Rivaille en su tono habitual, es decir ya más tranquilo, sólo un poco.

- No lo sé, cuando desperté, cosa que creí que no pasaría, lo hice en mi departamento - empezó a realizar trazos sobre la superficie de papel.

- ¿Depar...? - preguntó extrañado.

- Ah, mi casa - explicó. Levantó su vista y la bajó de nuevo para realizar unos trazos en el cuaderno.

¿Entonces todo lo que necesita es alejarla de los titanes? Bueno eso es algo muy fácil de hacer. La observó detenidamente por unos minutos, ella seguía con su trabajo sobre el papel, en ocasiones levantaba la vista y al encontrarse con la mirada de Rivaille sus mejillas se teñían ligeramente de carmesí, luego bajaba y continuaba haciendo trazos.

Rivaille bajó su mirada para enfocarse en sus papeles, cosa imposible pues cada tanto sentía la mirada de la castaña sobre él, y cuando levantaba su mirada para verla, siempre estaba enfocada en su cuaderno. Se preguntaba qué era lo que hacía pero siempre que estaba a punto de preguntarle sus palabras se atoraban en su garganta y no había nada que lograra hacerlas salir. La menor se acomodó sobre el sillón y cuando encontró una posición más cómoda reanudó sus trazos.

Rivaille dejó el papel ignorado a un lado y tomó otro para ser ignorado de igual forma que el anterior. La chica cambiaba de lápices, tallaba con sus dedos la hoja, borraba y volvía a hacer trazos; Rivaille se preguntaba qué mierdas hacía sobre el papel. La menor levantó su mirada y sonrió, claro, Rivaille tenía su mirada en el papel pero su atención en la morena, por eso pudo darse cuenta de la sonrisa que se formó en sus labios. Tomó el cuaderno con sus manos y lo alejó un poco, como analizándolo, intercalando su mirada en él y en Rivaille. Al final sonrió y cerró el cuaderno.

- Volveré a usar su baño, Heichou - anunció y se puso de pie.

Entró al cubículo y Rivaille se planteó la idea de mirar un poco lo que acababa de hacer en la libreta esa. Dudó un poco, pero al final se levantó y silenciosamente se acercó a la mesa. Tomó el cuaderno entre sus dedos y pasó rápidamente las hojas hasta llegar a la última.

Al ver la última página usada sus ojos se abrieron con sorpresa, sus mejillas se sonrojaron ligeramente e incluso un ligero temblor apareció en sus manos. En la hoja estaba él, detrás de su escritorio "revisando" los papeles importantes. Su corazón se había acelerado, cosa de la cual no se había percatado hasta que escuchó la cadena del baño, cerró rápidamente el cuaderno y lo colocó tal y como lo había tomado, no alcanzó a llegar al escritorio cuando la puerta se abrió así que rápidamente, casi como si se lo llevara el diablo, tomó un libro cualquiera del librero y fingió verificar una información.

- Heichou...

El sonido de la puerta abriéndose interrumpió a la morena.

- Levi - la loca de Hanji había entrado a la oficina sin tocar y se había sorprendido al ver a la chica en el lugar, le envió una mirada inquisidora al azabache y luego volvió a hablar -. Oh, lo siento, no sabía que estabas ocupado enano, mejor me voy.

Estaba a punto de cerrar la puerta para alivio de Rivaille, cuando la voz de la menor la llamó.

- No se preocupe señorita Hanji, sólo estoy bajo el cuidado del sargento por el momento, puede hablar con él.

- Tsk - se escuchó el chasquido por toda la oficina - ¿Qué mierdas quieres cuatro ojos?

- Tranquilo enano, sólo venía a decirte que ya casi es la hora del entrenamiento con los nuevos reclutas.

Se le había olvidado por completo, chasqueó la lengua una vez más con un claro y potente fastidio. Cerró sus ojos y talló el puente de su nariz. ¿Y ahora como le hacía con la mocosa ésta?

- Puedo ir con usted Heichou, y después me manda al sótano con uno de sus subordinados - dijo mientras le sonreía.

Rivaille se sonrojó y apartó la vista para evitar que ella lo notara.

- Ya voy para allá, que empiecen la formación - le dijo a la científica.

- A sus órdenes enano - y salió de la oficina antes de ser asesinada a sangre fría.

- Tsk.

Se acercó a su escritorio y arregló un poco los papeles antes "revisados" y vio la botellita color melocotón sobre uno de estos. La tomó y la guardó en una de los bolsillos de su chaqueta. Tenía el tamaño justo así que cabía perfectamente.

Caminó hacia la salida con la morena detrás de él y salió al pasillo.

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Al salir al patio rápidamente se dirigieron al sitio dónde todos los novatos estaban calentando para el entrenamiento. Agatha caminó detrás del sargento, con su cuaderno abrazado al pecho y su bolso colgando de su brazo izquierdo. Al llegar al lugar se posicionó a un lado de éste, sólo que un paso atrás. Por jerarquía claro.

Las órdenes fueron claras, diez vueltas al perímetro del castillo y al terminar, combate cuerpo a cuerpo. Agatha pudo notar que algunos miraron con extrañeza al azabache, incluso el niño de ojos bonitos que en cuanto la vio la saludo y le sonrió. Después de eso sintió una aguda mirada que le heló todo el cuerpo, los cadetes empezaron a correr y ella se apresuró a buscar con la mirada a quien le veía fríamente y sus ojos se conectaron con otros negros y fríos, sintió un escalofrío pasar por su columna e inmediatamente se colocó detrás del sargento para evitar a la hermana adoptiva de Eren.

El azabache giró su cabeza un poco y ella se pegó a la espalda del azabache. Sintió un ligero temblor en el cuerpo del mayor pero fue tan mínimo que lo descartó. El sargento se iba a mover pero ella lo sostuvo para que no se moviera.

- E-espera que esa chica me da miedo - dijo con un estremecimiento.

- ¿Quién? - preguntó él.

- Esa, la pelinegra que no aparta la vista de mí.

El azabache la buscó con la mirada y cuando lo hizo le dijo:

- ¿Qué le hiciste? Parece ser que te tiene mucho odio.

Agatha dejó salir un sonido parecido al de un berrinche y fingió lagrimitas en sus ojos.

- Ya lo sé, pero ni siquiera yo sé porque me odia, es la hermana de Eren supongo que cree que le robaré a su hermano o algo así.

El sargento no dijo nada, pero pudo sentir su cuerpo tensarse.

- ¿Y estás planeando robártelo? - aún estaba pegada a su espalda así que no pudo ver su expresión, pero su voz sonaba como si apretara sus dientes.

- ¿Eh? Claro que no, lo único que quiero es tener una vida pacífica mientras encuentro la manera de volver a mi hogar.

El sargento ya no dijo nada, pero su cuerpo aún no se relajaba. Salió de su escondite y se posicionó frente a él. Su semblante estaba endurecido, su mandíbula apretada, pudo notar que sus manos estaban hechas un puño y en su mirada había una extraño sentimiento que no pudo identificar, ¿pena, tal vez?

Después pareció percatarse que ya no se encontraba detrás de él y cambió completamente su expresión por la de siempre (según la señorita Hanji).

- Bueno, esa mocosa ya se fue, busca algo que hacer mientras llega la hora para que te marches – dijo y desvió la mirada.

- Si… Heichou.

Caminó hasta un árbol cercano, se sentó recargando su espalda en el tronco dejando su cuaderno y si bolso a un lado. No apartaba su mirada del rostro del pelinegro, ¿por qué su expresión se había vuelto así?

Fijó su mirada en el azabache y le gustó la manera en la que estaba de pie, con su porte imponente, erguido en su totalidad, con los brazos cruzados y sus piernas un poco separadas, y esa mirada que te puede helar hasta los huesos junto con su ceño fruncido. Una vez más sintió ese cosquilleo en los dedos por dibujar a ese hombre que le llamaba tanto la atención y le provocaba extraños sentimientos en su interior.

Tomó su cuaderno y sacó su estuche de lápices. Ahora no contaba con mucho tiempo pues ya casi eran las dos de la tarde así que empezó a dibujar sin líneas guía, primero la cabeza, luego los hombros, sus brazos cruzados sobre el pecho, la cadera, las piernas. Después regresó a su rostro, dibujo los finos labios ligeramente apretados del azabache, su nariz y finalmente sus ojos.

"Hermosos" susurró.

Para cuando terminó los detalles, los cadetes ya habían terminado con el calentamiento. Se acercaron a trote al lugar que antes ocuparon y esperaron las órdenes del azabache.

- Ya les había dicho que sería combate cuerpo a cuerpo, las parejas serán igual que ayer - explicó -. Comiencen.

Dio la orden y todos los soldados se acomodaron. Eren volvió a posicionarse frente a la rubia. Igual que el día anterior ella esperó por el ataque, pero tuvo que salir a buscarlo ella misma. Pero esta vez, Eren no lo evitó.

La patada dio de lleno en su costado derecho, le sacó el aire pero ella no se detuvo, volvió a golpearlo unas cuantas veces más. El corazón de Agatha se aceleró y un extraño miedo le recorrió el cuerpo.

La rubia seguía golpeando al castaño, de una patada lo tumbó, se posicionó sobre él y lo siguió golpeando. Agatha veía como los labios de la chica se movían, parecía estarle diciendo algo al moreno. La voz de la ojiazul llegó a los oídos de Agatha y pudo identificar lo que le decía.

- Vamos Eren, saca esa fuerza que liberaste ayer.

No se había dado cuenta que ya estaba justo a un lado del par cuando detuvo el siguiente puñetazo que iba directo al rostro del menor.

- Ya fue suficiente - dijo Agatha con los dientes apretados.

Apretó el brazo de la rubia y la quitó de encima del chico.

- ¿Eren estás bien? - se acuclilló junto al moreno, estaba apunto de colocarle una mano en la frente al chico cuando sintió la mano de alguien sobre su hombro, la giraron con fuerza y provocó que cayera de sentón.

- No interfieras - dijo la rubia.

Agatha se enfadó, se puso de pie y se interpuso entre el moreno y la rubia.

- Si quieres pelear rudo, ¿por qué mejor no te enfrentas a mí?

La chica sonrió de lado, nunca la había visto sonreír, pero hasta sus amigos y compañeros se sorprendieron, sólo un poco y la miró con ojos llenos de superioridad.

- Como quieras.

- Agatha - escuchó la voz del moreno que estaba siendo atendido por su amigo el rubio y la pelinegra odiosa.

- Estaré bien - le dijo sin voltear, no quería perder de vista a la chica. Annie se llamaba, ¿no?

Por el rabillo del ojo vio que el sargento se acercaba, sería mejor empezar con eso antes de que llegue el mayor, es probable que el lo termine antes de siquiera empezar.

También pudo darse cuenta de una figura alta y fornida cerca de la escalinata de la entrada. Probablemente el comandante. Si esto se salía de control podría irle muy mal a Agatha.

Annie atacó con una patada que Agatha pudo verla y esquivarla fácilmente. Los siguientes golpes los veía casi en cámara lenta, era muy fácil para ella. La ojiazul le lanzó un puñetazo que ella esquivó y atacó ese lado. Golpeó a la otra en el costado y esta retrocedió colocándose una mano sobre el lugar dañado. Era un punto vital, pero Agatha no usó la fuerza suficiente como para hacerle un daño crítico.

Volvió a tomar posición de defensa y esperó a que la chica atacara, y no faltó mucho, la chica se abalanzó a ella, le lanzaba patadas y puñetazos por todos lados, aún así, Agatha los esquivo todos. Parecía que cada vez que fallaba uno, la rubia se enfurecía más y más.

Agatha estaba apunto de golpear a la chica en una pierna cuando la voz del azabache se escuchó provocando distraerla. El puño de Annie le rozó la mejilla izquierda y Agatha reaccionó sin poderlo evitar.

Golpeó los brazos de la rubia hacia un lado, con un golpe en la mandíbula mandó su cabeza hacia atrás, se colocó detrás de ella en un movimiento rápido, con sus manos sobre la mandíbula, tiró del cuerpo de la ojiazul hacia atrás y la dejó caer boca abajo de manera ruda, para finalizar le golpeó la nuca y la dejó inconsciente.

Se puso de pie y dejó salir el aire que sus pulmones habían aprisionado. Levantó la mirada y se encontró con decenas de miradas asombradas. Giró el rostro y se encontró con los ojos grises sorprendidos del sargento, aún más que cuando los vio en su llegada a ese lugar. Y detrás de él, el comandante que parecía haber presenciado el espectáculo. Bajó la mirada y vio el cuerpo de la chica que dejó inconsciente en menos de cinco segundos.

Mierda, se había dejado llevar.

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Uff... Agatha casi le hace un streptease (así se escribe(?)) a Erwin xD aunque lo que escuchaba Agatha en si Ipod eran canciones de Coldplay, pero vamos, todas las mujeres hacemos movimientos "sensuales" mientras limpiamos la casa no? xD

Y bueno el movimiento que Agatha hizo para noquear a Annie era uno de Krav Maga, si lo quieren ver sólo escriban en Youtube KRAV MAGA TRAINING • End a fight in 3 seconds! es el primero que sale y si no pongan el siguiente link:

/watch?v=qWJlooO_4jQ

Spoiler: en el próximo capítulo Mikasa llevará a cabo su plan :B

haha xD

Gracias por sus reviews, les agradezco el apoyo y el aliento para que siga con mi fic.

Nos leemos en el siguiente.

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::: (_( .¸¸.• Hana
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•.. (,(")(")¤°.¸¸.•´¯`» 28/06/14