Buenos días :D vengo a dejarles una linda actualización.

Lamento mucho la tardanza, estuve un poco ocupada con otros proyectos S: pero ya regresé, y éste capítulo es el más largo que he escrito, traté de reducirlo pero me pareció que todo era muy importante para próximos capítulos así que aquí lo tienen, más de ocho mil palabras.

Bueno espero que la disfruten :D

Disclaimer: SnK y todos sus personajes no me pertenecen.

..•.¸¸•´¯`•.¸¸.ஐ Capítulo 5 ஐ..•.¸¸•´¯`•.¸¸.

"Atravesando las barreras de la desesperación"

- ¿Cómo hiciste eso? - escuchó la voz de Eren muy sorprendida.

Volteó a verlo y él ya se había incorporado un poco, sangre aún caía de su boca y nariz. Sus amigos todavía estaban a su lado, pero la veían igual de sorprendidos que el resto de los cadetes.

- Pues...

- Ya basta - se escuchó la voz del sargento -, ella es mi asistente, obviamente va a ser más fuerte que todos ustedes mocosos. Fue culpa de Leonhart por no haberlo deducido. Ustedes dos - apuntó al rubio fornido y el pelinegro alto que siempre están juntos -, llévenla a la enfermería.

Ambos chicos se inclinaron para tomar a la rubia de un brazo cada uno y al levantarse le dirigieron una rápida mirada a Agatha. Siguieron su camino y entraron al castillo. En la puerta estaba el comandante Erwin, viéndola fijamente, ella se estremeció y desvió su mirada. Genial, lo más seguro es que estuviera en problemas, muy serios problemas.

Volteó a ver a Eren y se arrodilló junto a él, Eren aún le veía asombrado y ella sólo atinó a sonrojarse un poco.

- ¿Te encuentras bien? - preguntó Agatha.

Eren asintió, parecía que por la sorpresa su voz no salía pero después volvió a hacer la pregunta anterior.

- ¿Cómo hiciste eso?

Agatha desvió la mirada y se encontró con unos ojos negros que ahora no le veían fríamente, sino de manera escrutadora, como analizándola. Se estremeció y volvió a ver a los ojos aguamarina que le veían asombrados. Se rasco un poco la mejilla con una expresión apenada.

- Bueno... pues he entrenado desde que tengo siete años y...

- ¡¿Siete?! - la interrumpió el moreno - desde tan pequeña.

Ella volvió a desviar la mirada y se encontró con la del sargento, que no se había movido de lugar. Tragó duro y asintió.

- Debido a un suceso no muy feliz para mí, decidí aprender a defenderme - le sonrió al moreno.

- ¿Un suceso? ¿Podrías contarme?

Estaba a punto de responder que no era muy importante, pero la voz del sargento la interrumpió. El azabache ordenó reanudar los combates y al rubio y a la pelinegra que llevaran a Eren a la enfermería. Ambos ayudaron al moreno a levantarse, Agatha igual se levantó y le colocó una mano en la mejilla al menor. Ambos volvieron a sentir ese estremecimiento, pero ella no apartó su mano.

- Recupérate pronto - le dijo con una sonrisa.

El moreno igual sonrió y asintió. Agatha quitó su mano antes de que la pelinegra saltara contra ella, o se la arrancara de una mordida. El pequeño rubio sólo le sonrió y los tres se encaminaron a la entrada del castillo. El comandante ya no estaba ahí.

- Vamos - dijo el sargento.

- ¿A dónde? - preguntó ella.

- Sólo sígueme.

Él empezó a caminar en la misma dirección que Eren y sus amigos, les dio algunas órdenes a sus subordinados y estos asistieron. El azabache siguió su camino y ella lo siguió. Se dio cuenta de que iban de regreso a la oficina del azabache. Al entrar pudieron ver al comandante sentado en uno de los sillones y Agatha tragó duro. Los recién llegados se sentaron frente al rubio y esperaron a que él hablara.

El comandante cerró sus ojos, cruzó sus brazos y suspiró.

- ¿De dónde exactamente vienes? - dijo sin abrir sus ojos.

Agatha no entendió la pregunta, frunció su ceño y no dijo nada.

- Te hice una pregunta - dijo el rubio al abrir sus ojos y fijarlos fríos en ella.

Agatha tragó duro una vez más, se estremeció y dijo lo primero que se le vino a la mente.

- Y-ya se los dije, desde aquí no sé dónde sea, ni siquiera sé si es otro mundo, tiempo o espacio.

- ¿Cómo es que viajaste?

- Aún no lo sé.

- ¿Vienes de un mundo experto en la guerra?

- ¿Qué?

- ¿Todos en tú mundo pelean así?

- ¿Qué? No... espere...

- ¿Están planeando algún tipo de invasión?

- ...

- Contesta.

Agatha no dijo nada, se sorprendió de las preguntas que el comandante le estaba haciendo. ¿Él creía, que venía de un mundo conquistador que la enviaron para analizar sus defensas y estrategias para poder someterlos?

Agatha no pudo aguantarse y una sonora carcajada salió de su boca, su estómago empezó a dolerle y una par de lágrimas se asomaron por sus ojos. Creo que algo de la locura de Hanji se le había pegado. Levantó el rostro y vio la dura expresión del rostro del Comandante. Rápidamente dejó de reírse y se apresuró a contestar.

- No. Yo no vengo de un planeta que desee conquistar a otros, de hecho, ni siquiera sabemos si hay otros mundos, no sé cómo rayos llegué aquí pero puedo asegurarles que ningún ejército vendrá a quitarles el control de éste extraño mundo.

Ambos superiores la vieron detenidamente, el azabache volteó a ver al ojiazul y éste, después de un largo minuto, suspiró.

- Si eso es cierto, ¿cómo es que eres tan buena peleando? Claramente tenías control de la pelea, si ella llegó a tocarte fue porque te distrajeron - volteó a ver al azabache y luego regresó su mirada a ella -. La derrotaste en menos de cinco segundos.

- Hum... pues aprendí artes marciales desde que tenía siete.

- ¿Artes marciales? - preguntó el azabache.

- Hum... es un sistema de pelea, más que nada para defenderme y lo aprendí por... - desvió su mirada - algo.

- ¿Qué cosa? - quiso saber el comandante.

- Pues... - suspiró, sólo diría los detalles más simples - cuando tenía seis fui secuestrada, me querían para algo... que en ese momento no entendía muy bien, pero por fortuna pude escapar y decidí aprender algo de defensa personal.

Ambos hombres la veían detenidamente, uno de manera calculadora y otro con... ¿enojo? El sargento parecía muy enfadado viendo fijamente la superficie muy bien lustrada de su mesa. Después de unos segundos el comandante habló, sacando al azabache de sus pensamientos.

- Bueno, creo que puedes volver a la limpieza de tu habitación.

- Ugh... - Agatha se había encogido en su lugar, ya había olvidado la maldita limpieza, volvió a voltear con el azabache y ella se relajó, parecía que ya estaba bien, pues su rostro era el "normal".

- Levi, encárgate de ella.

- ¿Qué? - preguntó sorprendido.

- Tengo cosas que hacer.

Agatha pudo apreciar que el azabache veía fijamente al rubio, como queriendo saber que eran las cosas que tenía que hacer, como si intuyera algo.

- Bien - respondió al fin y volteó a verla - vamos.

- Sí.

Salieron de la oficina los tres, el comandante entró a la suya y ellos siguieron el camino al sótano. Bajaron las escaleras y llegaron a la celda/habitación. Agatha se adentró y llegó hasta donde estaba la mesa donde había dejado su cubre-bocas, lo tomó y a la escoba que estaba en una esquina, empezó a barrer junto a la cama y se sorprendió de ver un par de brazos que levantaban el colchón viejo que casi se hacía pedazos. Levantó la mirada y vio al Sargento con un pañuelo en su rostro, cubriéndole su nariz y boca y otro sobre su cabello.

- ¿Qué está haciendo? - preguntó sorprendida quitándose el cubre-bocas.

- Deja de hablar si no quieres que deje de ayudarte - dijo mientras levantaba el colchón y lo sacaba al pasillo.

Agatha sonrió, volvió a cubrirse la boca y continuó barriendo. Iba a colocarse sus audífonos de nuevo, pero decidió no hacerlo por si el sargento le hablaba o empezaban alguna conversación.

Con la ayuda del azabache terminaron muy rápido, ahora sólo faltaba limpiar el baño. Agatha ya había limpiado el techo así que tomó el cepillo para fregar la tina y un bote de agua y jabón, empezó a tallar y el azabache entró al lugar.

- Puaj, que asco - dijo en una mueca - dame uno.

Agatha volteo a verle cuando extendió su mano y ella intercalaba la mirada entre los ojos del sargento y su mano sin saber a qué se refería. Él apuntó el cepillo en su mano y ella al fin comprendió. Tomó otro de los que había en el lugar y se lo dio. Vio como él se acuclilló frente al retrete y atrajo la tina de agua a un lugar entre los dos, para poderla usar. Hundió el cepillo y procedió a tallar el excusado. Agatha reaccionó.

- E-espere, no tiene que hacerlo, yo lo haré cuando termine con esto.

- Sólo déjalo así, es más rápido si se hace entre los dos, preocúpate por tallar correctamente la tina - dijo sin siquiera mirarle.

Ella se quedó callada, sonrió bajo el cubre-bocas y siguió tallando la tina. Definitivamente el sargento no era tan malo como parecía.

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Obviamente no iba a dejar que ella tallara la asquerosidad que tenía frente a él, además quería asegurarse de que quedara completamente limpio y eso sólo lo sabría si él era el que lo limpiaba. Volteó a verle disimuladamente y la vio tallar de manera minuciosa, su frente otra vez estaba cubierta de sudor y sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas.

Desvió su mirada y siguió tallando el excusado de mierda que había en el lugar, de pronto su subconsciente le trajo a la mente lo que la chica había dicho sobre su decisión de aprender a defenderse. ¿Fue secuestrada? ¿Le habrán hecho algo malo?

Ella había dicho que la querían para algo que de niña no entendía muy bien, bueno eso puede significar muchas cosas pero la vida que tuvo le mostró muchas cosas que podrían hacer con una pequeña y de sólo imaginárselo un fuerte enojo lo llenó por dentro. No se había dado cuenta de que tallaba el excusado con tanta fuerza hasta que le habló la castaña.

- Heichou, si sigue así romera el excusado.

Levi enfocó la vista y se percató de lo que hacía, se detuvo inmediatamente y volteó a ver a la chica, lo único que podía verle del rostro eran sus ojos, y se veían algo preocupados, le veían atentamente, cómo preguntando si sucedía algo malo y obviamente esperaba una respuesta de él.

- Continúa con tu trabajo - fue lo único que dijo.

Siguió tallando y un par de segundos después pudo ver como la chica continuaba tallando la tina. Su mente volvió a traer esas palabras "…me querían para algo… que en ese momento no entendía muy bien…". No sabía cómo era el mundo del cual provenía la morena, pero al parecer, los humanos no diferían mucho de los que había dentro de las murallas y sobretodo de los que había en la ciudad subterránea.

Su curiosidad no podía quedarse quieta, le daba muchas vueltas al caso y unos minutos después se encontraba preguntando:

- ¿Cómo fue… que fuiste secuestrada? ¿Y cómo escapaste?

La chica se detuvo, vio algo de miedo cruzar sus ojos, pero un parpadeo los devolvió a su mirada normal, continuó tallando pero con la mirada ausente y movimientos lentos. Él iba a hacer lo mismo pero la suave voz de la morena lo detuvo.

- No recuerdo…

- ¿Cómo que no recuerdas? - preguntó en tono neutro.

Ella volteó a verle deteniendo todo movimiento de limpieza, tenía un extraño sentimiento reflejado en la mirada, se quitó el extraño objeto que le cubría la nariz y boca y bajó la mirada.

- Soy huérfana - confesó y él se asombró, no era lo que preguntó pero sabía que tenía algo que ver -, desde que tenía cuatro años viví en un convento - su mirada se tornó ausente como si sus recuerdos pasaran frente a sus ojos-, no era uno de los mejores y en la mesa siempre faltaba algo, pero nunca me queje. Para ayudar a las monjas del lugar, unos amigos y yo ideamos una forma de ganar más dinero - dijo con una sonrisa -, solo queríamos ayudar - su sonrisa se esfumó y sus ojos se apagaron.

Se quedó en silencio por unos segundos, después volvió a sonreír con mirada ausente y continuó:

- Le pedimos a una de las monjas que nos cocinara algunas galletas, ella era una de las que más nos cuidaba y mimaba, así que nos hizo muchas. No nos las comimos, las empaquetamos en bolsitas y las amarramos con listones de colores. La idea era ir de casa en casa, ofreciéndolas como las niñas exploradoras hacían - su mirada regreso al presente y le sonrió - son niñas que las entrenan para sobrevivir a la intemperie, venden galletas para comprar sustentos o algo así - le explicó, probablemente había hecho una expresión de confusión y por eso lo hizo.

- Éramos tres niñas y cinco niños. Todos menores a ocho años. Nos vestimos con las mejores ropas que teníamos y nos salimos del convento por un hueco en la barda. Empezamos a tocar las puertas para vender las galletas, ni siquiera sabíamos en cuanto venderlas. Sin darnos cuenta nos alejamos mucho de la zona del convento.

Ella estaba en cuclillas, juntó sus piernas y las rodeó con sus brazos, como si fuera un acto inconsciente. Él había dejado el cepillo a un lado, una de sus rodillas se apoyó en el suelo y la otra seguía levantada y en ella apoyaba su brazo.

- Uno de los carruajes de mi mundo se detuvo a un lado de nosotros, de ahí se bajaron tres tipos, al ser unos niños los vimos muy grandes y fuertes. Se fueron contra las niñas en primer lugar - su voz había sonado un poco extraña, él sólo apretó sus manos y siguió escuchando -, de los cinco niños sólo alcanzaron a tomar dos, los demás ya habían corrido para pedir ayuda, nos cubrieron la boca y nos amarraron las muñecas y los tobillos. Nos llevaron a una bodega, en el lugar había otras niñas en las mismas condiciones. Ellos hablaban un idioma extraño y no entendíamos nada de lo que se decían, uno parecía haber bebido mucho y estaba muy enojado. Agarró a una de las niñas y…

- No lo digas. Si no quieres no tienes por qué decirlo.

Ella levantó la mirada, lo vio a los ojos y sonrió.

- La verdad ya no recuerdo nada después de eso.

- ¿Qué? ¿Te desmayaste? - ella se rio.

- No.

- ¿Entonces?

- Según mis amigos, me enojé mucho y los ataqué. Cuando… hum… por así decirlo, "desperté" mis manos estaban llenas de sangre y los tres tipos pues… no se veían muy bien.

Él la miró sorprendido, nunca se le pudo pasar por la mente de que ella había atacado a tres tipos o peor, matarlos. Pero una parte de él se relajó cuando lo supo.

- No sé qué fue lo que hice en ese momento, pero no quise llegar a ese punto otra vez - se encogió en su lugar y continuó -. Los rostros de mis amigos se veían muy… asustados, pensé que era por los tipos esos, pero cuando me acerqué, se asustaron más.

La vio muy triste y temerosa, pero parecía tener miedo de sí misma. Se acercó a ella y colocó su mano sobre su cabeza, provocando que saliera de sus pensamientos.

- No importa lo que hayas hecho, si querías sobrevivir, eso era lo único que podías hacer y no sólo te salvaste a ti, toda la bola de mocosos inútiles que te acompañaban también los salvaste.

Ella rio, tomó la mano que había dejado sobre su cabeza entre las suyas y le sonrió tiernamente.

- Gracias, Heichou.

- Tsk - fue lo único que pudo decir después de que su corazón se acelerara y su rostro se calentara.

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No sabía por qué, pero se sintió muy bien después de decirle todo eso al sargento. Al principio tenía miedo, no sabía cómo iba a reaccionar o lo que le diría. Incluso llegó a pensar que le temería, pero claro, El Sargento de las Tropas Legionarias de Expedición (¿así era no?) que se enfrentaba a tenebrosos titanes de hasta cincuenta metros de altura, no se asustaría por algo así.

Continuaron limpiando, se concentraron en lo suyo y terminaron más pronto de lo que se esperaban. Lo único que faltaba era arreglar la cama, ella salió a tomar el colchón pero el sargento se adelantó y lo cargó hasta dejarlo sobre la estructura de metálica y ella lo cubrió con la ropa de cama que había dejado ahí el comandante.

- Uff… hace mucho que no limpiaba tanto.

- Siempre deberías hacerlo así - le dijo el azabache.

Ella hizo un gesto de cansancio, cuando regresara a su casa no limpiaría en una semana, no importaba que tan sucio llegara a estar, había limpiado lo suficiente en ese día.

- Quisiera tomar un baño, pero también tengo mucha hambre - dijo dejando caer sus hombros.

- Vamos, ya casi está la cena, cuando termines vienes a tomar un baño - dijo y salió de la habitación.

Ella lo siguió y ambos subieron las escaleras. Llegaron al comedor y vieron a los cadetes sentados en su mesa y los sargentos y el resto del escuadrón del azabache en otra. Juntos llegaron hasta la ventanilla de la cocina y pidieron sus porciones. Las tomaron y se encaminaron a la mesa.

- Heichou, hoy cenaré con los reclutas.

El la miró fijamente por un momento, después desvió la mirada y chasqueó su lengua.

- No la vayas a cagar y decir algo de más. ¿Entendiste?

Y esa era su forma de decir que no diga nada sobre su mundo, ella le sonrió y asintió. Llegó hasta la mesa donde se encontraba el ojiverde junto con sus amigos.

- ¿Me puedo sentar?

Eren se giró pues estaba de espaldas a ella, su expresión demostraba sorpresa pero ella también se sorprendió de no ver ninguna herida en su rostro. Eren se levantó y le indicó que se sentara. Ella lo hizo y vio a la rubia del otro lado de la mesa, en el extremo contrario.

- Este… siento mucho lo de ésta tarde - se disculpó con ella.

La rubia volteó a verla de esa manera tan peculiar que lo hacía, fría y desinteresada. Después se volvió a girar, como si la hubiera ignorado. Agatha iba a replicar pero lo dejó pasar. Después de todo, la que había perdido la pelea era la rubia. Pero los dos chicos que la habían ayudado parecían estar analizándola. Ella se estremeció y regresó su atención al moreno.

- Vaya, no tienes ni una cicatriz o marca, debe ser muy buena la medicina en éste lugar.

El moreno le vio de manera extraña, después se dio cuenta de lo que había dicho. Genial, lo primero que le decía el sargento y era lo primero que hacía. Sólo esperaba que nadie se diera cuenta.

- ¿Cómo que en éste lugar? - preguntó el pequeño rubio, amigo de Eren. Mierda.

- P-pues es que yo… vengo de un lugar que está muy lejos de alguna ciudad y vivimos generalmente de la tierra - mintió pero parecía creíble pues todos pusieron cara de que comprendían y dejaron el tema.

Agatha suspiró aliviada, iba a empezar a hablar con Eren pero un tipo se sentó a su lado y llamó su atención. Era el mismo del entrenamiento del día anterior.

- Hola - dijo y a Agatha le pareció que lo decía con ¿gallardía?

Quiso reír, pero eso sonaría muy maleducado, así que lo soportó y le respondió:

- Hola.

Siguió comiendo, todos parecían llevarse bien, reían y platicaban muy a gusto, a excepción de la rubia que había vencido. No parecía ser muy habladora. Le preguntaron de dónde venía ella, no supo qué decir y se inventó una ciudad, mejor dicho un pequeñísimo pueblo que Eren dijo que se encontraba del lado norte de Sina. Los demás se lo creyeron y siguieron con la cena. Escuchó como comentaban del extraño comportamiento del Sargento Levi. En la mañana parecía muy enfadado, tenían miedo de que llegara el entrenamiento y la agarrara contra ellos pero se sorprendieron al verlo muy tranquilo cuando llegó al patio.

Agatha también lo había notado pero desconocía la razón de aquello por lo que no comentó nada. Al terminar la cena, los chicos se fueron levantando. Eren se despidió de su hermana adoptiva y su amigo, la chica sólo le dirigió una mirada despectiva a Agatha y continuó su camino. En cambio Armin, le deseó buenas noches.

Eren y Agatha iban a empezar a hablar, pero unos pasos acercándose a ellos los interrumpió y voltearon a ver al recién llegado.

- Levántense - dijo el sargento Levi - tienen que regresar a sus habitaciones.

Ambos obedecieron y siguieron al azabache. Al llegar el primero en entrar fue Eren y el sargento cerró con llave la reja de la celda. Ella igual entró a la suya pero el azabache se dio media vuelta en dirección a las escaleras.

- ¿No va a cerrar la mía Heichou? - alcanzó a decir antes de que se marchara.

- El cejotas no me dio la orden, pero si quieres puedo hacerlo - dijo mientras sacaba las llaves.

- ¡No! - se apresuró a decir - Así está bien.

- Bien - y sin decir más se marchó.

Agatha se estiró, tenía mucha tensión en el cuerpo, llegó al baño y abrió la llave de la tina. Mientras se llenaba, ella regresó a la habitación y encontró a la señorita Hanji que parecía analizar la habitación.

- Señorita Hanji, ¿qué sucede?

- Oh, nada, sólo venía a entregarte tus uniformes.

- ¿Uniformes?

- Sí, son muy eficientes con eso, ya sabes, es muy fácil que se nos rompan y cosas por el estilo, te traje además una bata para dormir y claro - habló más bajo - ropa interior, toma - le extendió las prendas y ella las tomó -. Te quedó muy bien - dijo pasando la vista de nuevo por la habitación.

- Bueno, recibí un poco de ayuda.

- ¿De quién? - sus ojos parecían iluminárseles.

- Del sargento Levi.

- ¡¿En serio?! - gritó asustando a Agatha.

- S-sí.

- Wow, tengo que ir a molestarlo.

- ¿Cómo? - no había entendido el comentario de la de lentes.

- Nada, continúa con lo que hacías, hasta mañana - agitó la mano mientras salía corriendo de la habitación.

Agatha suspiró y regresó al baño sólo con la bata de dormir y unas pantis. No supo cómo pero el agua había salido tibia, ya se había hecho a la idea de que se bañaría con agua fría pero festejo internamente, o bueno no tanto pues el grito de felicidad resonó haciendo eco en las cuatro paredes de baño. Procedió a quitarse la ropa y finalmente entrar al glorioso baño que tanto se merecía. Después recordó que no tenía jabón pero vio un par de botellitas a un lado de la tina. No habían estado cuando limpió.

Se preguntó quién las habría dejado ahí, tomó una y la abrió, obviamente no tenían etiqueta alguna pero pudo reconocer el dulce aroma a manzanas. Abrió la otra, esperaba el mismo olor, pero el contenido de esa botella olía a coco. Sonrío, quienquiera que haya sido le dio dos opciones al no saber sus gustos. La verdad ambos olían bien, cualquiera hubiera servido pero se decidió el de coco y vertió un poco en su mano, procedió a tallarse el pelo y después el cuerpo. Al terminar se secó con una toalla que también había aparecido de quien sabe dónde (probablemente la había traído la misma persona que dejó el jabón).

Se vistió rápidamente, se colocó de nuevo su guardapelo y salió del baño, secó su cabello y se acercó a sus bolsos para ver si de casualidad había un cepillo, pero no encontró nada. Sacó su celular y lo encendió, todavía tenía la mitad de la pila, lo dejó sobre la mesita y se encontró con otra cosa "aparecida".

Un cepillo. Definitivamente le daría un beso a la persona que dejó todo eso ahí, claro cuando se entere. Cepilló su cabello y al terminar volvió a dejar el cepillo en la mesa. Estaba por acostarse cuando escuchó que alguien le llamaba. Se asomó por la reja (necesitaba una puerta, al menos una cortina) y se encontró con los ojos aguamarina de Eren.

- ¿Qué pasa Eren?

- Yo… sólo quería decirte que… - parecía un poco avergonzado, incluso había un poco de rubor en sus mejillas.

- ¿Si? - lo animó a continuar.

- Puedes contar conmigo, sé que debes extrañar a tu familia y amigos, pero debes saber que aquí has hecho más amigos y… a mí me puedes considerar cómo tu hermano menor.

Agatha se sorprendió, era cierto que había hecho varios amigos, pero al pensar en el moreno como un hermano menor un sentimiento cálido llenó su pecho. Le sonrió al ojiverde y asintió.

- Gracias Eren, serás un lindo hermano menor, no tengo ninguno así que eso sería lindo.

- ¿No tienes?

- La verdad no tengo familia.

- ¿Qué?

Agatha se recargó en las rejas, Eren también se acercó a la reja de su celda y esperó a que ella continuara.

- Soy huérfana - ya eran dos personas a la que le confesaba eso, en el mismo día -, desde los cuatro años.

- Vaya, pero supongo que tienes amigos que te esperan en ese lugar.

- Claro, ahora que lo dices, mis amigas deben estar muy preocupadas.

Con todo lo que había pasado se había olvidado de Edith y Evangeline, la vieron caer de la ventana, si no habían sufrido un ataque cardiaco deben estar muy preocupadas. La voz del moreno la trajo de vuelta al presente.

- ¿Pasa algo?

- Oh, nada, recordé que mis amigas me vieron desaparecer, deben estar muy preocupadas.

- Bueno, espero que pronto puedas regresar, de todas formas, aquí tendrás un hermano.

- Gracias.

Eren bostezó y se lo contagió a Agatha, ella se separó de las barras de la reja y le hablo.

- Será mejor dormir, ambos debemos estar muy cansados.

- La verdad sí - él se estiró y se giró para llegar a su cama.

Ella hizo lo mismo, retiró las frazadas y se metió a la cama. Escuchó unas tenues Buenas noches por parte del ojiverde y ella se las devolvió. Cerró sus ojos y se dejó llevar por el cansancio y el sueño.

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Oscuridad, eso era lo único que veía.

- ¿Agatha?

Alguien la llamaba, era esa suave y dulce voz que antes había escuchado. Giraba su rostro en la oscuridad, quería saber quién era la persona que le llamaba pero no podía visualizar nada.

- ¿Agatha?

- Ya voy mamá - volvió a contestar esa voz infantil.

Una puerta se abrió frente a ella y se acercó a una mujer que se encontraba en cama, al llegar junto a ella le entregó un vaso de leche y una rebanada de pan.

- Gracias hija - era una bella mujer, con expresión amable y una tierna sonrisa, cabello castaño más claro que el suyo y unos ojos color verde; tomó las cosas y las dejó sobre el buró junto a la cama.

Esa mujer se le hizo familiar a Agatha, no recordaba de dónde, pero estaba segura de haberla visto antes.

- Dime hija, - palmeó el lugar vacío junto a ella - ¿ya comiste tú?

- Sí - contestó animadamente mientras subía con algo de dificultad la cama.

- Bueno - la mujer le sonrió.

- Mamá tienes que comer para que te recuperes pronto.

- Lo sé, lo sé - dijo y tomó el vaso para darle un largo sorbo.

- Tienes que comer muy bien para que mi hermanito nazca muy fuerte - dijo mientras le acariciaba el abultado vientre a la mujer.

- Así es.

- ¿Cómo se llamará? - preguntó entusiasmada la niña.

- No lo sé, por qué no le pones tú el nombre.

- ¿De verdad? - la mujer asintió - ¡Sí! Encontraré el mejor nombre para mi hermanito.

La oscuridad volvió a envolverla.

- No papi - escuchaba su voz infantil llorando - eso me duele.

Sus sollozos se hacían cada vez más fuertes. Un haz de luz comenzó a aparecer frente a sus ojos, pero su vista estaba nublada por las lágrimas de su llanto.

- No papi, por favor.

La silueta de un hombre apareció frente a ella, la tomó del brazo y le acercó algo parecido a una jeringa.

- Tranquila hija, todo estará bien.

- No... Papi... - aquel líquido parecía estar haciendo efecto en ella, su vista cada vez era más borrosa y sus párpados le pesaban.

La mano de aquel hombre se acercó a su rostro, le acarició la frente y se inclinó para darle un beso. No pudo distinguir su rostro, pero pudo ver que usaba unos lentes y sus ojos eran de un color café similar al suyo.

Después todo se volvió a llenar de oscuridad.

•.¸¸.•✿•.¸¸.•

Beep beep beep

El molesto sonido de la alarma del celular comenzó a sonar.

Tanteó el lugar a un lado de su cama pero estaba vacío. Levantó la cabeza, sacándola de las sábanas blancas, la habitación estaba ligeramente oscura, sólo un halo de luz entraba por la diminuta ventana que había en la parte superior del lugar. Vio la luz de la pantalla de su celular sobre la mesa. Se levantó y se aproximó a ella, tomó el celular y deslizó el dedo sobre la pantalla para desactivar la alarma.

- ¿Qué era eso, señorita Agatha? - escuchó la voz de Eren a su espalda.

Agatha se giró para responderle pero se encontró con el sargento Levi viéndole de la cabeza a los pies. Su corazón se aceleró, sus mejillas se calentaron y sus manos viajaron rápidamente al dobladillo de su camisón (que le llegaba a medio muslo) y tiró de él para intentar cubrirse un poco más.

- ¿Q-qué está haciendo?

El azabache levantó la mirada, que se había detenido en sus piernas cuando la "inspeccionaba", y la miró a los ojos.

- Vengo a sacar a éste mocoso, tiene trabajo que hacer.

El sargento se dio la vuelta abrió la reja de la celda de Eren y después de unos segundos éste salía de su habitación. Saludó a Agatha y ella se lo devolvió.

- ¿Qué era lo que se escuchaba señorita Agatha?

- ¿Señorita? - preguntó con una ceja levantada - Creo que después de la plática de anoche puedes decirme sólo Agatha - le sonrió.

Eren igual sonrió y volvió a preguntar ésta vez sin usar el honorífico. Ella se acercó y le mostró el celular.

- Es un objeto de mi mundo, sirve para muchas cosas, entre ellas despertarme ruidosamente - dijo y rio un poco.

Eren también rio, iba a preguntar algo pero el sargento, que aún estaba en el lugar les habló.

- Si ya terminaron, muévanse. Eren, en la puerta del sótano te espera Erd, él tiene indicaciones para tus tareas de hoy.
- Sí, señor - respondió el ojiverde haciendo el saludo militar, se giró y antes de irse se despidió de Agatha con una sonrisa y un movimiento de su mano.

Ella igual se despidió y giró el rostro para ver al azabache. Automáticamente sus manos viajaron hasta su camisón y tiraron de él un poco más. El azabache bajó su mirada y se dio cuenta claramente de lo que Agatha estaba intentando hacer. Él volvió a subir la mirada y la vio a los ojos, después le extendió una especie de morral y ella lo tomó con algo de duda.

- ¿Qué es esto? - preguntó mientras trataba de ver en su interior.

- Ropa, cámbiate, si vas a tomar un baño hazlo rápido, estaré esperando en la puerta del sótano - dijo y empezó a caminar hacia las escaleras.

Ella sólo lo vio alejarse, cuando sus pasos ya no se escuchaban abrió el morral y sacó el contenido. Era un pantalón azul oscuro y una camisa (claramente masculina) blanca, por fortuna parecía de su talla, tal vez le quedaría un poco grande de las mangas pero eso se podría arreglar. Entró al baño y abrió la llave para que se llenara la tina, se desvistió rápidamente y entró a la bañera cuando el agua no estaba ni a la mitad. El agua, igual que en la noche, estaba tibia, así que relajó los músculos y comenzó a bañarse.

Al terminar se secó pasando la toalla por todo su cuerpo y al final la enrolló en su cabello. Se vistió con la ropa que le había dado el sargento. Los pantalones le quedaban bien, si acaso uno o dos dedos más grandes, la camisa en cambio le llegaba a medio muslo y las mangas cubrían todo el brazo hasta los dedos. Se fajó la camisa dentro del pantalón y las mangas las enrolló un poco para que llegaran hasta sus muñecas. Salió del baño, se cepilló el cabello en tiempo récord y se calzó las botas del uniforme. Subió casi corriendo las escaleras y al abrir la puerta vio al azabache cruzado de brazos esperándola. No se había fijado, pero ese día no llevaba el uniforme de soldado, llevaba unos pantalones negros, una camisa blanca y unas botas negras, un poco más cortas que las del uniforme pues éstas le llegaban a medio muslo.

Él se giró a verla y con un gesto le indicó que lo siguiera. Salieron del castillo y se dirigieron a un lugar al cual Agatha no había ido. Al entrar a una construcción de madera se pudo dar cuenta que eran las caballerizas, él se acercó a uno de los box y sacó un caballo color café oscuro con patas blancas. Ya estaba ensillado y listo para montar.

- Toma - el azabache le extendió las riendas, ella un poco confundida las tomó y él sin decir nada se acercó a otro box y sacó otro caballo, éste era uno completamente negro, a excepción de una pequeña franja blanca en medio de sus ojos.

- E-espere, ¿qué es lo que va a hacer?

- Iremos a la ciudad - dijo mientras dirigía al caballo a la salida - tengo algunas cosas que comprar.

- ¿E-en caballo?

- Obviamente.

- ¿Y espera que vaya con usted? - dijo con incredulidad. ¿Acaso cree que ella sabe montar?

- Por eso te llamé - dijo con su tono de voz normal.

- No puedo.

Él le vio fijamente por unos segundos, después se llevó una mano al puente de su nariz y le volvió a hablar.

- ¿No puedes o no quieres?

- No puedo, no sé montar.

Él abrió sus ojos sorprendidos, y le miró incrédulo.

- ¿Qué? En mi mundo yo no me traslado en caballos, ya nadie lo hace, bueno casi nadie, en las ciudades nadie anda por ahí en montados en caballos - dijo un poco sarcástica, tenía miedo de que la obligara a subir a ese monstruoso caballo, y cuando tiene miedo se pone un poco sarcástica.

El azabache la miró fijamente por unos segundos, después cerró sus ojos y suspiró.

- De acuerdo, sostén a Caronte*.

- ¿Caronte?

- Así se llama mi caballo.

Ella se acercó y tomó las riendas del caballo negro y le pasó las otras al sargento. Él metió al caballo a su box, le quitó la silla y las riendas y al final salió del lugar. Volvió a tomar a Caronte y lo sacó de las caballerizas. Abrió una de las bolsas que había a los lados de la montura y de ella sacó dos capas color negro.

- Póntela - dijo en tono de orden.

Ella lo hizo y el igual se colocó la suya para después montar al caballo, le tendió una mano y ella todavía con un poco de miedo la tomó y subió atrás del sargento. Sus brazos rápidamente rodearon la cintura del azabache. Sintió un temblor en el cuerpo al que se aferraba pero lo más probable es que hubiera sido ella.

- Supongo que no hay necesidad de decirte que te sostengas.

Ella iba a responder con un comentario sarcástico pero se le atoró en la garganta cuando el sargento tiró de las riendas de Caronte y el caballo comenzó a trotar un poco rápido. El sargento llegó a las puertas de la barda y dio la orden de abrirlas. Los soldados obedecieron al instante y en cuanto estuvieron abiertas el caballo reanudó su trote.

Para distraerse, Agatha puso atención a los sonidos que la rodeaban, aves, grillos, un riachuelo y muchos otros sonidos de la naturaleza, después decidió enfocar el sentido del olfato. Olía mucho a hierbas silvestres pero el olor que le dio de lleno, fue un dulce olor a manzanas que se le hacía conocido.

Después de unos minutos llegaron a la ciudad. Bueno, una ciudad ahí era muy diferente a una ciudad en Francia, o en cualquier lugar del mundo donde provenía. Las casas todas eran de madera, en las entradas había postes donde seguramente ataban a los caballos, todo medio de transporte era un caballo, o una carreta halada por uno.

Había muchos vendedores y muchos locales de todo tipo de cosas. El sargento se detuvo frente a un almacén y bajó del caballo, tomó a Agatha de la cintura y la ayudó a bajar. Ella se acercó al poste donde el azabache ataba a Caronte y se recargó un poco en él.

Las piernas las tenía entumecidas, y ni hablar de su trasero. Y para colmo caminaba con las piernas muy separadas.

- Joder... si Edith me viera en estos momentos, diría que me ha cogido un negro - dijo en francés.

Volteó a ver al sargento y lo vio con una ceja levantada, ella negó con la cabeza. Probablemente no le había entendido nada. Él no dijo nada y se adentró al local, ella lo siguió con algo de dificultad obviamente, y lo vio dar vuelta en un pasillo. Parecía analizar muy bien un par de productos de limpieza, claro, es un maniático de la limpieza.

Al final tomó ambos, ella bufó. Después él se acercó a un estante donde había botellas iguales a las que habían aparecido en su baño. Él las apuntó y le habló.

- Aquí hay varios aromas, puedes escoger el que gustes - dijo sin mirarla.

Entonces él... ¿él fue el que dejó todas esas cosas? Sonrió.

- El de coco está bien.

Pudo ver cómo el cuerpo del mayor reaccionó como sorprendido. Le llamó, el respondió pero no giró su rostro, ella volvió a llamarlo y con fastidio él le contestó pero no volteó a verle.

- ¡Heichou! - exclamó simulando fastidio.

- ¡¿Qué mierdas quieres?! - gritó mientras se daba la vuelta para encararla.

Ella se acercó a él en un movimiento rápido y le besó suavemente una mejilla, que enrojeció junto con la otra mientras él le veía asombrado. Ella sonrió ante la reacción del sargento y su corazón se agitó un poco. Se giró para ver las botellas pero sintió la mano del azabache tomarla de la muñeca y tirar de ella hasta que chocó contra su pecho, le rodeó la cintura con un brazo y la estrechó más contra su cuerpo.

Agatha levantó la mirada y vio fijamente a los ojos grises que le veían de una manera muy diferente a la usual. Él tomó de su barbilla entre el índice y el pulgar y le levantó el rostro un poco más mientras se acercaba de manera peligrosa. El corazón de Agatha se aceleró, su rostro se calentó tanto que juraría que estaba del mismo color que un tomate. Vio cómo el rostro del sargento se acercaba al suyo, su respiración se detuvo y lentamente cerró sus ojos.

Pero nunca llegó lo que esperaba. El agarre que el azabache tenía en su cintura se aflojó hasta ya no sentir su brazo rodeándola. Abrió sus ojos y vio cómo el sargento se alejaba de ella.

- Apresúrate, todavía hay muchas cosas que comprar.

Ella se quedó ahí, anclada al suelo como la vez del autobús o con el titán. ¿Qué había sucedido?

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Obviamente no iba a besarla en medio de un pasillo de productos de limpieza de un almacén. ¿En qué mierdas estaba pensando? ¿Por qué no se dio cuenta de lo que hacía?

No, ¿por qué cojones no pensó antes de hacer lo que hizo? Mierda, la había cagado. Se había echado de cabeza, esa mocosa tal vez ya se había dado cuenta de lo que sentía por ella... Espera un minuto, ni siquiera él sabía qué era lo que sentía por ella. ¿Ella sentiría algo por él? Lo dudaba, sólo llevaban tres días de conocerse, aunque... ella cerró sus ojos. Eso era una clara aceptación ¿no?

Joder... tal vez si debió haberla besado sin importarle el lugar. Pero bueno eso ya no importaba. La cagó cuando la atrajo hacia él y la cagó cuando no la beso. Mierda.

Salió de la tienda y se dirigió a otras, compró varias cosas y aunque trataba de sacarse "ese" suceso con cualquier otra cosa, no lo lograba. Llegó a un mercado* y se acercó a varios puestos pero nada le llamaba la atención. Volteó a ver a la castaña y la encontró en un puesto de chucherías, accesorios como collares, pulseras, aretes y toda esa mierda que usan las mujeres. La vio sorprenderse por algo, rápidamente tomó con la mano que llevaba libre de las compras de él y lo examinó detenidamente.

Después con una expresión de pena lo volvió a dejar sobre la mesa y caminó al siguiente puesto. Él se acercó y tomó la cosa esa que había tomado la morena. Era una pulsera, de un material parecido al bronce, con muchas piedras de color aguamarina y café dorado. Sin pensarlo mucho preguntó por el precio. No era nada barato, pero nunca compraba nada más que productos de limpieza así que tenía mucho dinero ahorrado.

Lamentablemente la comida que había pensado tener con la chica tendría que ser para otra ocasión. Pagó por la pulsera y la mujer le dio como regalo una linda caja de terciopelo azul oscuro para guardar la pulsera en ella. Hizo una leve inclinación de cabeza como agradecimiento y se alejó.

Como todo su dinero se había ido en ese pequeño accesorio ya no tenían nada que hacer en la ciudad. Llamó a la chica y ella un poco sonrojada regresó a él esperando sus órdenes.

- Ya vamos a volver - dijo y se giró para ir a donde había dejado a Caronte.

Ella asintió y lo siguió un poco alejada. Guardaron las cosas en los bolsos de la montura. Levi subió y ayudó a la chica que ahora no ponía ninguna resistencia y cuando estuvo detrás de él lo rodeó con sus brazos pero ya no se aferró a él con el fervor con el que lo había hecho en el viaje de ida. Frunció el ceño y pensó en hacer galopar a Caronte pero desechó esa idea, lo más probable es que la muy idiota se caiga.

Bufó y emprendió el camino de vuelta.

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Agatha no había podido dormir en toda la noche. Había estado pensando en el casi-beso con el sargento. Cuando el azabache la había rechazado se sintió muy mal, su corazón sintió una punzada y un sentimiento de vacío creció en su interior. En la mañana cuando fue a sacar al ojiverde a ella la trató con normalidad, la llevó hasta la oficina del Comandante y sin decir nada más se alejó.

Y para empeorar su día sus malditas piernas habían amanecido entumecidas y adoloridas y no podía evitar caminar con las piernas un poco más abiertas de lo normal. Definitivamente si Edith la viera diría que un negro se la habría cogido toda la noche sin descanso. Bueno, no tanto, pues no caminaba como mono capuchino erguido.

En la oficina del Comandante sólo estaba él arreglando su papeleo, le pidió ayuda para clasificar algunos documentos, ella accedió y se sentó frente a él. Pasaron al menos una hora sin decirse nada, sólo se escuchaba el sonido de las hojas de papel. Después de un rato tocaron la puerta y un hombre rubio, fornido y un poco más alto que el comandante entró.

Le dijo que un tal Pixis había llegado al lugar y el comandante Smith se apresuró a salir dejándole todo el trabajo a ella, suspiró y continuó con la clasificación. No habían pasado ni cinco minutos que el rubio se había ido cuando volvieron a tocar a la puerta.

- Pase - dijo Agatha.

La puerta se volvió a abrir y la hermana adoptiva de Eren entró.

- El comandante no está, acaba de salir con otro soldado a la entrada principal - le informó para que pudiera alcanzarlo.

- No, venía a decirte que el sargento Levi te llama.

Agatha se extrañó un poco. Si el sargento la llamaba, ¿por qué no mandó a alguien de su escuadrón?

- En estos momentos está ocupado, y todo su escuadrón también - le informó la azabache como si hubiera leído su mente - por eso te necesita, hay algunas cosas que quiere que hagas.

Agatha aun así dudó un poco, no debía andar por ahí sin supervisión del sargento, el comandante o la mayor Hanji. Pero el sargento la llamaba, no había problema, ¿verdad?

- Bueno, ¿podrías llevarme a donde él se encuentra?

La chica no respondió, solo asintió y se dio media vuelta para salir de la oficina, Agatha se apresuró y la alcanzó en el pasillo. La azabache la guio por el castillo por unos pasillos que nunca había recorrido, salieron por una puerta doble de madera que dio a un patio cerrado, nunca antes había estado en esa parte del castillo, pero Agatha no le tomó mucha importancia, pues no llevaba ni una semana en el lugar.

Alcanzó a ver las figuras del sargento, la señorita Hanji, el escuadrón del azabache y de Eren. Todos le daban la espalda. Escuchó la animada voz de Hanji que alentaba a Eren a hacer algo, no sabía a qué se refería. Ella empezó a caminar en dirección al grupo y dejó atrás a la azabache. Cuando no le faltaban ni cinco metros para llegar con ellos un estallido se escuchó en el lugar, algo enorme rodeado de vapor estaba frente al grupo completo, excepto... un momento, ¿dónde estaba Eren?

La cosa gigante se dio media vuelta y Agatha pudo identificarlo. Era un titán. Ella se asustó un poco pero por el resto de las personas. ¿Dónde rayos estaba Eren?

El monstruo medía alrededor de quince metros, y de un sólo paso se acercó a ella. No había apartado su vista de él, pero pudo escuchar los gritos del sargento y los demás. El titán se inclinó y acercó su enorme mano a ella.

- ¡Eren, no lo hagas! - gritó la señorita Hanji.

¿Eren? ¿Ése titán era Eren?

Y como si respondieran a sus preguntas, cuando la enorme mano del titán la rodeó pudo sentir ése extraño estremecimiento que siempre sentía cuando tocaba al ojiverde. Pero en ésta ocasión había sido mucho más fuerte.

¿Por qué sentía que su energía abandonaba su cuerpo?

Eren la levantó, ella escuchó como los pistones de varios equipos 3D se accionaban y los cables metálicos se desenrollaban y enrollaban. Pudo ver la silueta de alguien y el filo de una cuchilla cortó la mano de Eren.

Todo el escuadrón comenzó a atacarlo y enormes gritos titánicos salían de la boca de Eren.

- ¡Basta! ¡No lo lastimen! - gritó Agatha.

Después sintió como la mano aflojaba el agarre y la dejaba en caída libre. Escuchó cómo alguien accionaba su equipo 3D. Una pequeña figura se acercaba a ella mientras hacía una pirueta, cuando estuvo más cerca lo reconoció. Era el sargento Levi.

Ella estiró sus brazos para agarrarse a él. El sargento tenía sus manos ocupadas con sus cuchillas así que ella tenía que aferrarse a alguna parte del cuerpo del azabache. Pero estaba muy lejos. Detrás de él pudo ver cómo el resto de los muchachos atacaban la parte trasera del cuello de Eren. Volvió a gritar un "Basta", pero nadie la escuchaba.

Volvió a enfocar la vista en el sargento, no quería voltear hacia abajo pero sabía muy bien que no le quedaba mucha altura y el sargento todavía estaba muy lejos. Estiró aún más sus manos en dirección al azabache mientras veía cómo el rostro del sargento cambiaba poco a poco. A cada segundo que pasaba, la desesperación llenaba más y más sus ojos. Después de no mucho, el sargento soltó una de sus cuchillas y estiró su brazo en su dirección. Agatha sabía perfectamente qué era lo que significaba eso.

Le dirigió al sargento una cálida y tierna sonrisa, sus manos todavía estaban extendidas hacia él pero solamente por el efecto de la caída. Él estiró aún más su mano y alcanzó a rozar las puntas de los dedos de Agatha. Ella le sonrió aún más, él negó con la cabeza y por primera vez pudo escuchar su nombre de los labios del azabache.

Lo último que vio fue el rostro lleno de desesperación del sargento. Después, todo se difuminó.

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Caronte: en la mitología griega, Caronte es el nombre del barquero que lleva las almas al hades. ¿Por qué lo elegí? Porque para Levi, el mundo en el que vive es el infierno o inframundo, para él claro, y su medio de transporte, osea el caballo se debería llamar así, ¿si me expliqué?

Mercado: en mi país, o al menos en el lugar donde vivo, un mercado es como un tianguis(?) donde muchas personas ponen mesas y carpas en las calles y se ponen a vender ropa, joyería, juguetes, accesorios y mucha porquería que compramos por el consumismo xD

¿Y qué les pareció?

Agradecería que me dejaran un review para saber si voy bien con esta historia, sino para tratar de arreglarla :S

Y como dije al principio, todo lo que viene en este capítulo es para algo que se relacionará con los próximos capítulos. Pude haber quitado una de las dos escenas de Levi y Agatha (la del baño o la de la ciudad) pero por dios! éste es un Levi x OC y no había escrito nada así xD y bueno, hubo un casi beso que los dejó pensando a ambos, no me maten, les prometo más!

¿Y bueno qué habrá pasado con Agatha? ¿Cuál es su relación con Eren?

Creo que les he dejado muchas pistas, y algunas ya se habrán dado cuenta xD

Eso es todo. Ya saben, dejen review y actualizaré muy pronto :D

::: (_( :* .¸¸.•Hana
*: (=' :') :* .¸¸.• Usagi
.. (,(")(")¤°.¸¸.•´¯`» 13/07/14