Muuuuuy buenas tardes *y lo dice porque llega tarde con el fic* u.u

Tengo una excusa! digo razón, primero, asistí a un curso de la facultad que iba antes de entrar, cuando lo terminé empecé a escribir pero mi cpu murió, y ahora estoy desde un ciber que me cobra un putamadral la hora (según yo, pues desde hace mucho que no venía a uno) DX

y bueno ya dejo todo mi drama.

¡Disfrúten!

Disclaimer: blablabla SnK no es mío, ¡lo que sigue!

Advertencias: LevixOC, lenguaje vulgar y un poco de OoC(?) [creo]

..•.¸¸•´¯`•.¸¸.ஐ Capítulo 6 ஐ..•.¸¸•´¯`•.¸¸.

"Atravesando las barreras del... peligro."

Si de por sí, Rivaille sufría de insomnio, la noche anterior no pudo dormir ni siquiera las dos o tres horas que normalmente duerme debido a que estuvo pensando en lo sucedido en el almacén con Agatha. Cada vez que cerraba sus ojos, el rostro sonrojado de la chica venía a su mente y lo torturaba haciéndolo pensar en infinidad de cuestiones, dudas y posibles situaciones que hubieran acontecido de haber besado esos rosados y -posiblemente- deliciosos labios que tanto se le antojaban.

Cuando pasaron las horas y no faltaba más de una hora para que amaneciera, se levantó de su lecho y se dispuso a tomar una ducha, que para su mala fortuna, la tranquilidad del baño no hacía más que continuar esos extraños pensamientos.

¿Por qué rayos tenía que sentirse así?

Como una chica enamorada, que se lamentaba de no haber tenido el valor de confesarse. Él no estaba enamorado. Podría jurarlo, nunca antes le había pasado con alguna otra mujer, sólo ha sentido deseo, lujuria, y tal vez pasión, con las pocas parejas sexuales que ha tenido -pocas, porque no le gustaba mucho el tener que compartir fluidos, pero al momento de la calentura lograba olvidarse in poco, pero cuando su cerebro se liberaba de esas toxinas, lo único que sentía era asco-, que, por su posición, su personalidad fría y su aspecto no le faltaban, pero muy pocas le llamaban la atención o lograban encenderlo y el mismo día que la conocía, se la cogía y nunca más la volvía a ver. Hasta ese momento, a ninguna mujer que le llamaba la atención la dejaba pasar, y ninguna se le había negado.

Pero con esa chica era diferente. Si la deseaba -y cómo la deseaba- pero además del deseo y la lujuria que le despertaba, había otro sentimiento igual de fuerte que los otros, o tal vez más. Ése sentimiento era el que lo frenaba al momento de querer tocarla, al momento de abrir su boca y ofrecerle una noche excitante de pasión y lujuria gracias al mejor sexo que podría tener en su vida.

Era como si quisiera algo más. Algo más que ella le tenía que dar y sentía que si se apresuraba lo perdería.

Entrecerró sus ojos y talló con más fuerza sus cabellos azabaches. Bufó con frustración y se colocó bajo el chorro de agua de la regadera. Terminó de bañarse, se afeitó, se vistió y se peinó.

Trató de tranquilizarse un poco, arrojó todos los extraños pensamientos que llegaron a él en la noche más frustrada que ha tenido en meses al fondo de su mente y salió al pasillo para dirigirse al sótano. Al llegar ahí abrió la puerta de la celda del Jaeger y se giró para ver en el interior de la celda de la castaña y la pudo ver de pie junto a su cama, pero a diferencia del día anterior, ya estaba vestida con el uniforme. Levantó su mirada para verla a los ojos pero ella la apartó rápidamente, mientras un ligero sonrojo aparecía sobre sus mejillas. Uno muy tenue, pero que él pudo notar.

- Sal ya mocosa, hay muchas cosas que hacer - dijo con su tono neutro.

Ella se estremeció y se apresuró a salir de la celda. Como no estaba cerrada la abrió ella misma y salió, iba a levantar la mirada para encontrarse con la de él, pero Rivaille apartó la mirada y se giró para caminar hacia las escaleras seguido de los dos menores.

Al estar en la primera planta se dirigieron a las escaleras para llegar a la segunda y en ella se detuvieron frente a la puerta del Comandante. Rivaille la abrió sin tocar y se adentró en ella. Se adentró y habló.

- Aquí tienes a la mocosa - le dijo al rubio que le miraba con reproche, probablemente por entrar de ese modo a su oficina.

- Está bien, ya puedes irte - dijo bajando la mirada a sus papeles.

- Ni que tuvieras que decírmelo - dijo desde la puerta.

No vio la reacción del mayor, ni escuchó su respuesta, simplemente siguió caminando por los pasillos con Eren detrás de él.

- Disculpe - escuchó la voz de Eren detrás de él -, ¿por qué dejó a Agatha con el comandante?

¿Agatha? ¿Agatha? ¿Desde cuándo se tenían esa confianza? Ah, cierto, ayer habían dicho algo de una plática ¿no? ¿De qué habrían platicado?

- ¿Heichou? - lo volvió a llamar.

- Sabes que en las mañanas practicamos tus transformaciones, sabes que es peligroso para ella por no tener un entrenamiento para enfrentar titanes.

Cómo le molestaba que estuviera hablando de ella, le gustaría poder aplastar esas esperanzas que tenía con la chica.

- Además - agregó, dejando que el enojo en su interior hablase -, no creo que te guste que ella se enterara de tu situación y termine temiéndote y piense que seas un monstruo.

Escuchó el jadeo que le provocó al menor y sintió un poco de culpa. Salió al patio cerrado en el que practicaban las transformaciones del moreno y se detuvieron junto a su equipo y Hanji que ya estaban ahí.

- Muy bien Eren, te bajaremos al pozo y ahí te transformaras, veremos si aún reaccionas como lo hiciste hace dos días.

- Sí.

El chico se puso la cuerda en la cintura, se colocó en el borde y comenzó a bajar con ayuda de Erd y Gunter que sostenían la cuerda. Una vez en el fondo, se la desanudó y se preparó para la transformación.

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Mikasa se encontraba escondida en uno de los armarios de limpieza de uno de los pasillos. Cuando escuchó la voz de Eren y la del Capitán acercarse, ése era el único lugar cercano en el cual esconderse.

Había escuchado la pocas palabras que se dirigieron, y ella le habían dado una idea.

Había pensado en varias maneras para apartar a la morena que tanto le fastidiaba del lado de su querido hermano. Su primer plan era el hacer uso de su fuerza para darle una paliza que le harán recapacitar cuando se acerque a Eren.

Pero después de ver cómo noqueó a Annie tan fácilmente, aún con su coraje y su orgullo revueltos en su interior tuvo que buscar otro plan.

Y Eren y el sargento le habían dado una idea. Nunca se le habría pasado por la mente debido a que creyó que la chica, al ser asistente del azabache, sabía de la condición de Eren. Pero ahora sabía que lo desconocía, y podía usar algo más fuerte que la fuerza bruta.

El miedo.

Si la castaña veía a su hermano transformándose en titán, lo más probable es que le tema. Otra cosa que le había llamado la atención de la plática era que, la chica no tenía entrenamiento contra los titanes.

¿Entonces que rayos estaba haciendo aquí?

Decidió dejar eso de lado. Si en dado caso su nuevo plan no funcionaba, recurriría a esa información y podría hacer que los altos mandos la echaran del cuartel.

Ahora se encontraba en la esquina de uno de los pasillos del segundo piso, con la mirada fija en la puerta del Comandante. Esperaba que nadie pasara por ese lugar porque supuestamente ella debería estar entrenando con el resto del equipo. Sólo necesitaba una situación, una pequeña oportunidad para poder llevarla hasta el lugar de entrenamiento para que pudiera verlo.

Para su mala fortuna tuvo que esperar casi dos horas para una oportunidad. Ya se estaba desesperando y temía que el entrenamiento ya hubiera acabado, cuando uno de los asistentes del Comandante entró a la oficina y un par de minutos después salían ellos dos solos. Perfecto.

Salió de su escondite y caminó lo más normal que pudo, llegó a la puerta y la golpeó. Escuchó la voz de la castaña del otro lado dándole permiso. Apretó loa puños y entró. La vio detrás del escritorio del Comandante arreglando unos papeles, levantó la vista y sus ojos color chocolate se clavaron en los suyos, negros y fríos.

- El comandante no está, acaba de salir con otro soldado a la entrada principal - dijo la castaña.

- No, venía a decirte que el sargento Levi te llama.

Mikasa pudo ver como la confusión afectaba el rostro de la chica, probablemente estaba pensando en por qué el sargento la enviaría a ella así que se apresuró en decir una mentira.

- En estos momentos está ocupado, y todo su escuadrón también, por eso te necesita, hay algunas cosas que quiere que hagas.

Aún podía ver la duda en su rostro, pero conforme pasaban los segundos su expresión se relajaba.

"Date prisa idiota, el comandante puede regresar" dijo para sus adentros.

- Bueno, ¿podrías llevarme a donde él se encuentra? - por fin aceptaba.

Mikasa no respondió, simplemente asintió y se giró para salir de la oficina, giró el rostro a la izquierda del pasillo, por donde se había ido el comandante y no vio ni escuchó nada. Contuvo un suspiro de alivio y se giró hacia la derecha, para bajar por las otras escaleras del piso, no quería toparse con el rubio a mitad de camino, además, las otras escaleras están más cerca de la puerta del patio en el que practicaban las transformaciones.

Guió a la chica por los pasillos y al llegar a las puertas dobles de madera del patio abrió una y le indicó a la castaña que saliera. Mikasa pudo ver que todos estaban alrededor de Eren. Probablemente ya lo habían terminado. Bajó la mirada y maldijo internamente por la oportunidad desaprovechada.

De pronto escuchó un estruendo, rápidamente levantó el rostro y vio Eren en su forma titán tomar a la castaña en una de sus gigantescas manos iba a correr al patio pero unas voces acercándose se lo impidieron, se giró hacia el otro lado del pasillo y se apresuró a irse de ahí.

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- ¡Vamos Eren! ¡Hazlo! - gritaba la cuatro ojos junto a un cabreado Rivaille.

Ya habían terminado el entrenamiento, ya se iba a ir a su oficina a tomarse su tan anhelado té negro para quitarse todo el estrés que se le había acumulado en sólo un par de horas.

Y aquí estaba todavía, cumpliendo el capricho de la gafas de mierda de que se transformara el mocoso fuera del pozo para saber qué era lo que lo llamaba. Y para empeorarlo todo, no dejaba de gritar con un entusiasmo que a cualquiera le parecería irritante, no sólo a Rivaille.

- ¿Está segura de esto, señorita Hanji? - preguntó con un poco de duda y miedo el moreno.

- Claro que sí - hizo un movimiento de su mano para restarle importancia -, además, aquí está Levi, él se encargará si te descontrolas.

Un sonoro chasquido de lengua se escuchó, proveniente de la boca de Rivaille. El moreno se encogió y Hanji hizo otro movimiento de su mano para que no le hiciera caso.

Eren se colocó unos metros más alejado del resto y llevó su mano a su boca. Tembló por la duda y Hanji volvió a gritar para animarlo. Eren mordió su mano y se escuchó el estruendo de su transformación, se llenó de vapor que Rivaille tuvo que agitar con su mano para poder ver a su alrededor, cuando lo hizo, vio al titán agacharse e intentar tomar algo. Cuando se giró para ver qué era su corazón se detuvo y una angustia que no sentía en mucho tiempo se apoderó de su cuerpo.

Por fortuna pudo reaccionar, aunque la angustia no se fue, accionó su equipo 3D y se elevó, hizo una pirueta y cortó la mitad de la muñeca de la mano dónde Eren tenía a la castaña. Los demás chicos del equipo se apresuraron a acatar las órdenes que Rivaille gritaba, se fueron directamente a la nuca del menor para sacar al mocoso de su cuerpo titánico.

Giró el rostro para ver a la castaña y se dio cuenta de que la mano del moreno la había dejado caer, saltó y se impulsó con el gas para llegar rápidamente hasta ella, tomarla y accionar los pistones antes de llegar al suelo. Pudo ver cómo la chica estiraba sus brazos hacia él para poder sostenerse, pero por más que lo hacía no podía llegar. Igual que Rivaille, no sabía qué hacer para poder acercarse más a ella, sólo podía ver cómo se acercaba más y más al suelo.

Ese extraño sentimiento de angustia crecía en su interior, sus ojos le escocían, un nudo se formó en su garganta y su corazón se aceleró tanto que podía sentir y escuchar sus propios latidos en sus orejas. No pudo más, en su desesperación soltó una cuchilla de sus cuchillas y estiró su mano libre para poder alcanzar a la morena. Lo siguiente que vio fue una cálida sonrisa en los dulces labios de ella, no era posible que ya se hubiera rendido, ¿verdad?

Negó con la cabeza y estiró más su brazo, las puntas de sus dedos rozaron los de ella, la chica ensanchó su sonrisa. Su corazón se sacudió y el nudo en su garganta vibró. Su boca se abrió y por primera vez, dijo el nombre que tanto había ansiado pronunciar en los últimos días.

Después, la chica desapareció frente a sus ojos.

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Una vez más la oscuridad la envolvió.

Giraba su rostro a todas direcciones pero no podía ver nada.

- Agatha.

Ahí estaba esa voz que para ese entonces ya la conocía muy bien. Caminó un poco hacia donde creía que provenía la voz y un poco de luz comenzó a envolverla.

- ¿Agatha? - esa era otra voz, aunque también ya la había escuchado un par de veces antes. Una voz masculina.

La luz la cubrió por completo y pudo ver a la mujer castaña y de ojos verdes que llevaba viendo en sus sueños los últimos días. Tenía un pequeño bulto entre sus brazos. Cuando la vio a los ojos la mujer sonrió y le volvió a hablar.

- Agatha, ven a conocer a tu hermanito.

La pequeña asintió efusivamente y se apresuró a subir a la cama, con cuidado, para no lastimar a su madre. Se acercó a ella a gatas y levantó su manita para levantar un poco la cobijita color crema que cubría al bebé.

Lo primero que vio, fueron unos delgadísimos cabellos de un café más claro que el suyo y un rostro ligeramente hinchado, pero para Agatha era muy lindo y tierno.

Le acarició la cabecita y el pequeño se removió un poco en los brazos de su madre, estiró sus bracitos y su boca formó una perfecta "o" cuando bostezó. Entonces abrió sus ojos y Agatha pudo apreciar el hermoso color verde de los ojos de su madre en los de ese pequeño.

El bebé comenzó a ver todo a su alrededor y cuando fijó su vista en los ojos de su hermana, sonrió. Agatha también sonrió y volvió a acariciarle su cabecita junto con sus mejillas.

- ¿Ya tienes el nombre para tu hermano? - preguntó la mujer.

- ¡Claro!

- ¿Y? ¿Cuál es?

- ...

Dejó de escuchar las voces y poco a poco la escena se difuminó frente a sus ojos.

Después la oscuridad la volvió a envolver.

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Riiiiing Riiiiing

El timbre de su teléfono fijo* la despertó. Se revolvió en su cama y se estiró hasta el buró para tomar el teléfono inalámbrico que se encontraba sobre él. Lo tomó con la diestra, apretó el botón de contestar y se lo llevó a su oído.

- ¡AGATHA! - el estridente grito de Edith al otro lado de la línea hizo que se separara inmediatamente del teléfono.

Se removió en su cama, tomó una almohada y se cubrió con ella la cabeza para cubrirse de la luz del sol que se colaba por la ventana. Eran vacaciones, así que no le apetecía levantarse temprano en esos momentos después de haber tenido el sueño más extraño y largo de toda su vida.

Volvió a colocarse el auricular en su oreja y habló.

- Si... ¿qué pasa? - preguntó un poco adormilada.

- ¡¿Cómo que qué pasa?! - volvió a gritar.

- ¡Edith!, ¡o dejas de hacer eso o te cuelgo!

- ¡Ja! ¡Después de lo que nos has preocupado los últimos tres días yo soy la que debería colgarte, ¡pero con una cuerda!

- ¿Eh? - pestañeó.

- ¡Ah! ¡Ahora vas a fingir demencia! - su sarcasmo salió a flote.

- Edith, no sé de qué estás hablando - dijo con la cabeza aún bajo la almohada.

Un suspiro de fastidio se escuchó por el auricular. Agatha creyó que en cualquier momento escucharía el sonido del corte de llamada, pero unos segundos después la pelirroja volvía a hablar.

- Agatha, desde el día en que caíste por la ventana del edificio de la universidad y desapareciste han pasado tres días en los que, ni Evangeline ni yo supimos nada de ti.

- ¿La... ventana?... - preguntó con la mirada ausente.

Rápidamente se incorporó, se sentó sobre la cama y se miró a sí misma.

- ... no... puede ser...

Se miró las piernas, el torso, los brazos. No era su pijama lo que vestía, imposible. Esa chaqueta café, esa camisa blanca, los pantalones claros y las botas hasta la rodilla ¿cómo jodidos iban a ser su pijama?

Se pellizcó su mejilla con su mano libre, le dolió pero aun así siguió pellizcándose. Su mirada volvió a tornarse ausente y el recuerdo de sus últimos días en ese otro mundo del cual no sabía nada vino a su mente. Los titanes, los soldados, los ciudadanos, el comandante, la señorita Hanji, Eren... el sargento.

Sus ojos recuperaron el brillo al enfocar su alrededor. Estaba en su casa, por fin, ya no estaba en ese extraño mundo y su vida ya no peligraría por una invasión titánica. Debería estar feliz, debería estar celebrándolo, brincar, gritar de alivio y felicidad. Pero entonces, ¿por qué se sentía... vacía? ¿Por qué un extraño sentimiento de pérdida se apoderaba de su interior? ¿Por qué, al saber que todo aquello no era un sueño y había regresado, su corazón se estrujaba y sus ojos escocían?

La voz de Edith gritando desde el otro lado de la línea la sacó de sus pensamientos, se aclaró la garganta y le contestó.

- Sí, sí, aquí sigo, Edith, llama a Evangeline y vengas las dos a mi departamento.

Escuchó como su amiga le respondía con un comentario sarcástico diciéndole que no estaba esperando su permiso y que ya iba en camino. Se despidieron y colgaron. Se escuchó el beep del aparato y Agatha lo dejó caer sobre el colchón.

Mierda, ¿y ahora cómo le explicaba todo lo sucedido a sus amigas?

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Eren lentamente abrió sus ojos y casi al mismo tiempo tuvo que volverlos a cerrar por la brillante luminosidad que le atacó. Parpadeó repetidamente para poder adaptar sus pupilas a la luz que al enfocar se dio cuenta de que no era tan fuerte como el creyó en un principio.

Fijó su vista al frente, y vio el techo que repetidas veces había visto en las últimas semanas. El techo de la enfermería. Eso quería decir que se encontraba acostado en una de las camillas del lugar. Cerró los ojos y trató de rememorar los últimos minutos que tuvo de lucidez antes de caer inconsciente.

Recordó el entrenamiento, sus intentos por hacer una transformación normal, sin que ese extraño y desconcertante sentimiento -que más parecía una llamada a su persona- apareciera. Pero no fue así, intento tras intento fue igual. Un fracaso.

Y el último no fue diferen...

- El último... - dijo en un susurro casi inaudible, como si no fueran palabras, sólo el susurro del viento.

Recordó todo. La transformación, la llamada que en esos instantes era tan intensa, su corazón -si es que su titánico tiene uno- desbocado, el rostro sorprendido de Agatha, esa imperante necesidad de tomarla entre sus brazos.

O su mano.

Dios, ¡la había levantado con su mano! La había elevado por los aires y al hacer contacto con ella sintió el ya conocido estremecimiento que recorre su cuerpo al ser tocado por -o al tocar- ese cuerpo. Pero todo se volvía muy difuso a partir de ese momento. Muchas voces, muchos gritos, la voz de Agatha que pedía a gritos que lo dejaran en paz.

Aun sintiendo angustia, no pudo evitar sentir calidez en su corazón al saber que la castaña, aun viendo su cuerpo en ese estado, se preocupara por él.

Pero ahora ya no recordaba nada, probablemente en ese instante ya lo estuvieran sacando del titán.

Entonces, ¿dónde estaba? ¿Se habría lastimado? ¿Los chicos habrán alcanzado a salvarla? ¿Y si no? Oh por dios, ¿qué había hecho?

Rápidamente se incorporó en la camilla y recorrió la habitación con la mirada, no había nadie. Después, como si sus oídos acabaran de oprimir el botón de encendido, unas voces llegaron a ellos desde el otro lado de la puerta. Voces que él conocía, la mayor Hanji, el comandante y el sargento.

- ... cálmate Levi, no puedes hacer nada ya y eso que piensas hacer tampoco ayudará a traer de vuelta a Agatha decía la voz de la científica.

¿Traer de vuelta? ¿De qué hablaban? ¿Traerla de vuelta de dónde? ¿Acaso había...?

- Ya lo sé, pero necesito descargar mi frustración y como él es el culpable lo pagará él.

- Levi - habló el comandante - no puedes lastimarlo.

- ¿Qué tiene de malo? Después de todo se regenera.

¿Se regenera? ¿Hablaba de él? ¿El culpable era él? ¿El culpable de qué? ¿Podría ser...?

No, imposible. Agatha no podría... ella no podría... por su culpa...

Un par de lágrimas salieron de sus ojos y se derramaron por sus mejillas incluso antes de que el moreno se hubiera dado cuenta de que se habían formado en sus ojos.

- No lo harás - dijo tajante el comandante y como respuesta recibió un chasquido de lengua.

- Ahora, hay que esperar a que Eren despierte y comunicárselo.

- ¿Y por qué a él? - preguntó en tono fastidiado el sargento.

- Oye, ellos dos se habían hecho buenos amigos, incluso se dijeron que se tratarían como hermanos - le comunicó la mayor.

- ¡Ja! Dudo mucho que el mocoso la vea como un simple hermano - dijo más fastidiado.

- Yo si lo creo, me di cuenta de ello - y ella también recibió un chasquido de lengua.

- Bueno hay que entrar a ver si ya despertó - anunció el comandante.

Eren no pudo reaccionar ni siquiera en esos momentos. La puerta se abrió y la señorita Hanji entró seguida de un malhumorado sargento y del Comandante -que no supo deducir su expresión-.

- ¡Eren! - exclamó la castaña - ¿Por qué lloras?

No se había dado cuenta, pero ese par de lágrimas no habían sido las únicas que se habían liberado de sus ojos. La científica se acercó y le colocó una mano sobre su hombro.

- ¿Estas bien?

- ¿Es cierto? - preguntó haciendo caso omiso a la pregunta antes dicha - E-ella está... está...

- Nos escuchaste - afirmó en un suspiro.

- ¿Ella...? - no pudo terminar la pregunta.

Pudo ver como la boca de la señorita se abría, pero otra voz fue la que respondió a su pregunta no formulada.

- No está muerta - aseguró el pelinegro de baja estatura.

Giró su rostro hasta poder fijar su mirada en ese rostro, que se mostraba tan cabreado que inconscientemente retrocedió todo lo que pudo en la cama. El pelinegro curvó sus labios en una sonrisa arrogante y giró el rostro.

- ¿Entonces...? - una vez más no pudo terminar pero por fortuna supieron a qué se refería.

- Creemos que ha vuelto a su mundo - esta vez respondió la señorita Hanji y el fijó su vista en ella.

- ¿Cómo lo saben?

- Desapareció frente a mis ojos - volvió a hablar el sargento -, igual como apareció, se fue - dijo como si reprochara que la morena se fuera.

Eren se extrañó del tono de voz del sargento, ¿qué no debería estar contento de ya no cargar con ella? Aunque recordando el extraño interés que mostró por Agatha en los días que pasó en este lugar siempre estuvo al pendiente de ella. ¿Sería que estaba interesado en ella?

Nuevamente el extraño sentimiento de protección con la castaña se activó manteniéndolo alerta, aunque claro, ya no importaba. Agatha ya no estaba en este mundo. Probablemente ya estuviera en su casa con sus amigas. Desechó ese sentimiento de protección para ser reemplazado por uno de pérdida. Inclinó el rostro, fijando su mirada en sus manos, que apretaban la sábana de la camilla sin darse cuenta. Entrecerró los ojos al tiempo de que le volvían a escocer. Las lágrimas volvieron a aparecer pero se negó a botarlas.

Agatha ya estaba en su hogar, el hogar que ha conocido toda su vida, el cual extrañaba y ansiaba regresar. No importa que aquí hubiera un mocoso cuatro años menor, que se auto- proclamó su hermano.

No eso no importaba, eso era lo mejor. Siguió repitiéndose esas palabras por mucho, mucho tiempo.

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Rivaille abrió la puerta de su oficina con gran enfado, de no ser por estar fija a la pared la hubiera mandado a volar hasta Shiganshina. Detrás de él entró Hanji y Erwin.

- En serio enano, deberías calmarte - dijo tranquilamente mientras se sentaba en uno de los sillones - estás mucho más amargado que cualquier otro día.

- Tsk, no me importa, les dije que me dejaran desquitar un poco de mi frustración y ustedes no lo permitieron.

- No íbamos a dejar que dejaras medio muerto a Eren sólo por eso - dijo el rubio, sentándose a un lado de la castaña.

- Y él no tiene la culpa de que Agatha haya desaparecido - se apresuró a decir Hanji antes de que el pelinegro empezara a decir la misma excusa que llevaba diciendo las últimas horas -. Primero hay que saber por qué Agatha estaba en ése lugar si se suponía alguien la estaba vigilando - dirigió sus ojos acusadores al rubio junto a su lado.

- ¿Qué? Yo la dejé en mi oficina, se suponía que estaba clasificando unos documentos.

- Tú no tienes consideración ni siquiera con las personas que no están bajo tu mando ¿verdad? - dijo Hanji mientras negaba con la cabeza.

- Oye, si se la va a pasar el tiempo vagando…

- ¡Ya basta! Ya no importa nada de eso, la mocosa se fue, nunca volverá, ella misma lo ha dicho, que cuando volviera se aseguraría de no volver - dijo Rivaille exponiendo una vez más su mal humor.

El par de soldados sentados frente a él le dirigieron sus miradas sorprendida, y poco a poco una sonrisa de burla apareció en los labios de la científica.

- ¡Ya entendí tu mal humor! - dijo y dio un aplauso.

Los dos hombres voltearon a verla, uno con una mirada de interrogación y el otro con fastidio y desinterés mal disimulado.

- Estás con ese humor de perros porque ya no volverás a ver a Agatha nunca más.

Los ojos de Rivaille se abrieron desmesuradamente, giró su cabeza tan rápido que poco faltó para que se escuchar un chasquido peligroso. Erwin pasó su mirada de Hanji a Rivaille con la incredulidad pura labrada en su rostro. Cuando las dos personas sentadas frente a él, fijaron sus ojos en los suyos no pudo evitar que el sonrojo delator de sus razones -que no eran diferentes a las que dijo Hanji- de su mal humor, se formara en sus mejillas, extendiéndose hasta sus orejas.

Rápidamente apartó el rostro, pero de nada servía ya, los dos se dieron cuenta de que era verdadera la acusación de la castaña, que al saber que no se equivocaba soltó una estridente carcajada mientras se afirmaba el estómago. Pero eso n o terminó ahí, después de unos segundos escuchó las risitas que soltaba el rubio.

"Desgraciados hijos de perra, los mataré" pensó el ojigris.

Su sonrojo pasó de ser de vergüenza, a ser de coraje, el más puro y peligroso de los corajes. Estaba a punto de levantarse, sacar la navaja que tenía oculta en una de sus botas y abalanzarse contra los dos idiotas que tenía enfrente, cuando la voz de la castaña se volvió a escuchar entre risas.

- Ok, ok. Lo siento - se disculpó, una disculpa que no tenía mucha convicción al aun estar convulsionando por sus carcajadas, después se detuvo y habló normalmente otra vez -. Bien, te diré una cosa Levicito.

- ¿Y qué es eso? - contestó con más agresividad de la que moderó.

- Yo creo que ésta no será la última vez que vemos a la pequeña Agatha - dijo muy convencida.

- ¿Qué te hace pensar eso? - no pudo detener la pregunta antes de que saliera de su boca, igual que la pequeña esperanza que empezó a crecer en su interior.

- Pues porque en este lugar dejó personas que se volvieron muy importantes para ella en sólo en unos cuántos días - dijo mientras se re-ajustaba los anteojos sobre el puente de su nariz.

Y por primera vez en todo su tiempo como compañeros, Rivaille hizo caso a las palabras de la científica y esperaba que estuviera en lo correcto.

•.¸¸.•✿•.¸¸.•✿•.¸¸.•

- Tengo que buscar la manera de regresar.

- ¿Y cómo piensas hacerlo eh? - le respondió Edith que se encontraba sentada en el sillón color chocolate, junto a Evangeline mientras ambas veían a su amiga de ojos café dorado caminando de un lado para otro frente a ellas.

- No lo sé - dijo Agatha con una mueca.

- ¿Por qué no intentas tirarte de un tercer piso como la vez anterior? - preguntó Evangeline.

- Claro, si quieres yo te ayudo - respondió Edith que aún estaba un poco enfadada y se podía ver en sus ojos que ansiaba aventarla por el balcón, y no precisamente para verificar si aquello la llevaría de vuelta al mundo titánico.

En cuanto habían llegado sus amigas, Edith no había dejado hablar a Agatha, inmediatamente se ocupó en gritarle a la cara que era una mala amiga que las hacía sufrir mientras ella probablemente se había ido de vacaciones y muchas cosas más.

Agatha había dejado que su amiga liberara todo su enfado, sin interrumpirle ni una vez, pues sabía claramente que si lo hacía sería peor. Así que, cuando la pelirroja -un poco más calmada- reparó en sus extrañas ropas, supo que ya podía hablar y explicarles todo.

Lo contó tal y como sucedió, la caída, el "viaje", que para ella fue como entrar a por una puerta a otra dimensión -más o menos-, como la habían recibido unos brazos pertenecientes a una persona de la cual no quiso explicar mucho, los soldados, Eren, los entrenamientos, la ciudad, las murallas... los titanes. Sobre todo los titanes.

Omitió el hecho de que Eren se transformó en titán, el mismo titán que la había levantado y dejado -bueno obligado- caer, sólo les dijo que un titán salido de no sé donde la había dejado caer y en su caída sucedió el mismo viaje pero ahora de regreso.

Sus amigas al principio estaban un poco reticentes a creer esa historia, en primera, ¿otro mundo? ¿Viajes interdimensionales -o en el tiempo, cualquiera de las dos-? ¡Bah! ¿Quién rayos se creería eso? Otra era ¿Titanes? ¿Seres come-hombres de hasta cincuenta metros?

Bueno, llevaban mucho tiempo viendo los cuadros de su amiga que en un principio creyeron que se había vuelto loca y creía que esa era su realidad. Pero no, era Agatha de quien hablaban, la chica más cabal que conocían, su amiga. Y para sorpresa de Agatha, ambas chicas dijeron que le creían.

Ahora, arreglado el asunto de su "escapada", ella exteriorizó sus deseos. Deseaba volver a ese lugar, el lugar más atemorizante que podrías imaginar, así que debía haber algo muy importante al otro lado para que quisiera volver.

- Tal vez no sea necesario - dijo Agatha.

- ¿De qué hablas? - preguntaron al unísono sus amigas.

- Que tal vez haya otra forma que no me provoque taquicardia por pensar que mis neuronas quedarían embarradas en el suelo - dijo un poco alterada, sólo un poquito -. Además no es la primera vez que voy y la vez ante...

- ¡¿Cómo?! - la castaña tuvo que taparse las orejas por el estridente grito de sus amigas.

- Si, no es la primera vez, aunque esa vez creí que todo había sido un sueño pues no estuve ni media hora en el lugar.

La cara que sus amigas tenían en ese momento era un claro "Cuéntanos hasta el último minuto de esa vez", así que soltando un suspiro y sentándose en el sofá frente a ellas empezó a relatarlo.

El niño en la calle que salvó empujándolo, su ataque de "no me muevo ni un milímetro" que muy pocas veces le pasaba, los pequeños, el enorme titán colosal -del cual supo su nombre de por así decirlo "clasificación" cuando se lo dijo la señorita Hanji-, su carrera para salvar a los niños que salieron corriendo en dirección al peligro, el titán que atacó su casa -ya destruida por la enorme roca- y se comió a la madre de los pequeños -que no recordaba muy bien- y como intentó comérsela también a ella.

Las caras de terror de sus amigas eran iguales a las que pones cuando ves una película de exorcismo -de las buenas-. Agatha sólo se encogió de hombros tratando de darle menos importancia de la que -supuestamente sus amigas- debería.

Una vez que se recuperaron del relato, Evangeline volvió a hablar.

- Entonces, si analizamos las situaciones que te obligaron a viajar, ¿qué tienen todas ellas en común?

Agatha empezó a pensar. Los titanes no podían ser pues en éste mundo no había. Las caídas tampoco, pues el primer viaje no fue así. ¿Entonces, qué era?

Un atropello. Un intento de ser comida. Una caída. Y... pues otra caída.

¿Qué podían tener todas en común?

Siguió pensando por un par de minutos más, igual que sus amigas. Entonces, unas palabras dichas por una voz masculina que últimamente aparecía mucho en sus sueños, llegaron a su mente como si intentara ayudar.

"Te prometo que ella volverá a nosotros, con esto - le mostró algo que no alcanzó a ver -, esto siempre la protegerá y la salvará cuando esté en peligro."

"...esto siempre la protegerá y la salvara cuando esté en peligro"

"...cuando esté en peligro..."

"...peligro..."

Agatha abrió los ojos de par en par al darse cuenta. ¡Claro! El peligro era lo que tenían en común. El peligro... de muerte...

Tragó duro ante el pensamiento. Si quería volver a ese lugar lo que tenía que hacer era ponerse en peligro de muerte. Suspiró, cerró sus ojos e inclinó el rostro hasta que su flequillo cubrió sus ojos. Repasó las palabras que su mente le recordaron y reparó en otra cosa, la voz de su -probablemente- padre hacía alusión a un objeto. Un objeto.

¿Qué objeto? ¿Qué es lo que usaba en esos momentos, en esas cuatro situaciones?

La ropa no podía ser y una parte de su cuerpo pues tampoco.

Sus ojos volvieron a abrirse y al estar su rostro inclinado pudo ver hacia abajo, sobre su torso, en la zona bajo su pecho, casi llegando a su ombligo, la protuberancia que se distinguía bajo la blusa.

El guardapelo.

Lo único que tenía como recuerdo de su madre, bueno su familia. Llevó su mano hasta su cuello y tiró de la cadena hasta sacar el objeto de entre sus ropas. Lo tomó en su mano y lo vio fijamente, el hermoso labrado de las flores con sus tallos y sus hojas y el par de piedras que se encontraban en el centro de cada flor. Una verde aguamarina y la otra café dorado.

- ¿Crees que sea la baba del titán? - preguntó la pelirroja.

- Edith - dijo con una mano sobre su frente -, la baba del titán sólo la tocó una vez - trató de razonar con la otra.

- Bueno yo solo dec...

- Ya sé qué es - interrumpió la castaña.

- ¿Qué es? - preguntaron las otras dos chicas.

- El peligro.

Ambas chicas empezaron a analizar las situaciones y al terminar afirmaron la hipótesis, porque eso era hasta no comprobar lo contrario.

- Bueno, ¿y qué harás? ¿Te aventamos a la calle o por el balcón? - preguntó Edith.

¿El autobús o la altura?

Prefería intentar otro método, un poco más rápido, además, ya pasaban de las diez de la noche, no podían andar en la calle a esa hora esperando un autobús que la atropelle, y si no recordaba mal, si viajabas en caída, llegabas en caída, así que mejor otro método.

- No - respondió Agatha -, quiero intentar otra cosa, síganme - dijo mientras se levantaba y se dirigía a la cocina.

Sus dos amigas la siguieron y cuando vieron que agarraba uno de los cuchillos de uno de sus cajones se detuvieron a dos metros de ella.

- ¿Qué haces? - preguntó con un toque de miedo la pelinegra, Edith se había olvidado de hasta respirar.

- Intentar otros métodos - dijo mientras les extendía el cuchillo de no más de quince centímetros de largo y dos de ancho -. En el corazón o en la garganta - dijo como si hablara de cereales.

- Estás loca - atinó a decir Edith sin aliento - ¿A caso crees que podría hacerlo?

- Por favor, necesito de su ayuda, si lo hago yo misma no creo que funcione - les volvió a extender el cuchillo.

- ¿Y si nos equivocamos? ¿Y si no es el peligro?

- Tengo una razón para creer que es el peligro - dijo recordando la voz de su padre.

Agatha puso el mejor rostro manipulador... perdón, de cambia opiniones, que pudo. Aun un poco desconfiada, Edith extendió su mano y tomó el cuchillo, lo apretó un poco con sus dedos y volvió a preguntar, cuando tuvo su afirmación empuñó el cuchillo y apuntó al corazón de la castaña, que apretaba su guardapelo con su mano derecha y cerraba los ojos. La pelirroja contó hasta tres y de un rápido movimiento apuñaló a su amiga.

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Teléfono fijo: el de casa(?)

Uy, ¿Agatha habrá estado en lo correcto? ¿Y si no? ¿Morirá? ¿Y si lo está?

haha bueno, habrá que esperar un poco más para saberlo. y no se preocupen, el próximo llegará a tiempo.

Espero sus reviews, y muchas gracias por los que me dejaron. Se siente bien saber que tu historia es esperada y eso me da más ánimos de escribir.

Bueno, hasta luego :D

::: (_( :* .¸¸.•Hana
*: (=' :') :* .¸¸.• Usagi
•.. (,(")(")¤°.¸¸.•´¯`» 12/08/14