Hermione

Entro al departamento después de una ardua mañana de trabajo. El dulce aroma a pastel inunda mi nariz.

-¿Qué es eso que huele tan bien? -pregunto colgando mi abrigo.

Harry asoma su cabeza por la cocina y me sonríe.

-Pastel de chocolate.

Me acerco y rio. Harry tiene puesto un delantal rosado.

-Te ves bien -bromeo.

-Por supuesto que me veo bien -dice con una sonrisa.

Harry se ve muy bien después de aquel día de fiebre, las medicinas de Charlie mágicamente funcionaron, y cuando mi compañero se despertó al día siguiente estaba mucho mejor.

Harry saca el pastel del horno. Se ve perfecto.

-Me pregunto cuando podré hacer un pastel así -digo haciendo puchero.

-En cien años -dice riendo.

-Oye, que malvado. ¿Aunque sea me convidarás?

-Te daré un pedazo de este pastel, pero con una condición -contesta desparramando chocolate blanco sobre el pastel.

Mi estómago gruñe al instante.

-¿Qué condición?

-Tienes que juntar tus braguitas del sofá -dice con una sonrisa pícara.

-¿Mis...? ¡Oh por dios! -exclamo y corro hacia el sofá.

-Veo que el color rojo sigue siendo tu favorito -suspira Harry.

-¡Hey! -exclamo con las mejillas ardiendo, tomo las braguitas y las guardo en mi cuarto.

-Y tienes que ayudarme con la limpieza, este departamento es un asco -se queja mientras corta el pastel y me da un pedazo.

Me siento en el sofá y lo pruebo.

-¡Oh dios mío! ¡Harry Potter eres el dios de los pasteles! -exclamo saboreando aquel chocolate delicioso.

Harry se sienta junto a mí con una sonrisa. Me apoyo cómodamente en el sofá y paso mis piernas sobre su regazo.

-¿Te parece correcto comer así? -me pregunta fingiendo enfado.

-Déjame descansar antes de comenzar la limpieza -suspiro hundiendo mis dientes otra vez en el pastel. -¿Cómo te fue en el trabajo?

-Hoy trabajé menos horas -comenta -, el jefe estaba de buen humor, y se puede decir que me ascendió, porque quiso darme más espacio en el periódico.

-¡Harry eso es genial! -grito sorprendida. -¡Felicidades!

Sonríe.

-Ahora que lo pienso nunca he leído algo tuyo -le digo sorprendida.

-No tienes por qué hacerlo...

Se pasa una mano por el cabello, en una señal clara de que está nervioso.

-¡¿Estás avergonzado?! ¡¿Es en serio Harry?! -exclamo acercándome atónita -¡No puedes tener vergüenza conmigo!

Se sonroja.

-Empecemos a limpiar antes de que se haga de noche -dice levantándose del sofá.

-Harry Potter, aunque no quieras mostrarme por tu cuenta tus escritos ¡puedo ir a comprar el diario cuando quiera!

Harry se sorprende.

-¿Ah sí? ¡Bueno entonces pienso robarte cada braguita que esté en el suelo o en el lugar incorrecto y te quedarás sin bragas Hermione!

Me quedo con la boca abierta. No puedo evitar reír. El grado de inmadurez de ambos es terrible. Esa expresión enojada cambia y se ríe conmigo.

-Vamos, busca la escoba, hay que ordenar este chiquero -dice suspirando.

Busco la escoba y pongo mi CD en el equipo de música.

-¿Otra vez ese CD Hermione? -suspira.

-¡¿Tienes algo en contra de mi CD?! -le grito y el levanta las manos rendido.

Limpiamos el departamento con la música a todo volumen, Madonna logra hacer la limpieza más divertida, y Harry termina cantando algunas estrofas conmigo.

-¡Ese gato deja pelos por todas partes! -se queja mientras barre.

-Pero Crooksy no tiene la culpa de ser tan peludito y adorable -lo defiendo, y acaricio al gato.

-Adorable, cuando tú estás. Ese gato tiene dos caras.

Me rio. El odio que le tiene Harry a Crooksy es paranoico.

-¿Hermione que mierda haces con tus bragas? -pregunta sacando unas rosadas debajo del sofá.

Quiero arrebatárselas, pero Harry las esconde detrás de su espalda divertido.

-¡Harry devuélveme mis bragas!

-¿Para qué? ¿Para que vuelvan a aparecer en el suelo? ¡No voy a juntar bragas toda mi vida!

Me rio e intento sacárselas, al principio es divertido, pero después comienzo a enojarme.

Me subo a su espalda en un arranque de desesperación mientras se ríe.

Le muerdo fuerte una oreja y suelta una exclamación.

-¡Dámelas!

Caemos al sofá y Harry aprovecha para hacerme cosquillas, sabiendo que es la peor tortura que alguien me puede hacer.

-¡Detente! ¡Detente por favor! -chillo riendo con los ojos llenos de lágrimas.

-¡Tú te lo buscaste!

-¡Esta-esta bien pu-puedes quedártelas! -exclamo entre carcajadas.

Pero Harry sigue haciéndome cosquillas totalmente divertido.

Se escucha el timbre.

-¿Será la pizza? -suspiro agradeciéndole al pizzero por salvarme.

Camino hacia la puerta todavía riendo, y la abro. Una hermosa chica me mira sorprendida.

-¿Si? -digo algo confundida.

La chica me mira de arriba a abajo molesta.

-¿Amy? -Harry aparece detrás de mí.

-¿Quién es ella? -pregunta la mujer y sus ojos me miran llenos de odio.

-¿Qué haces aquí? -dice Harry enojado.

-¡¿Quién es ella?! -chilla como loca sorprendiéndome.

-Bueno... yo... los dejo hablar tranquilos... -murmuro volviendo a entrar y me meto en mi habitación. Me pongo los auriculares, sabiendo que sería irrespetuoso escuchar, aunque los gritos se escuchan sobre la música.

¿Es esa la chica que fue su novia durante un año?

Era una mujer preciosa, con ojos azules y el pelo muy lacio.

No puedo evitar sentirme algo celosa al respecto, aquella chica era despampanante, inolvidable.

¿Harry habrá sufrido mucho por ella? Seguro que sí.

Suspiro. Todas las que hemos estado con Harry hemos sido unas zorras con él. Me pregunto si estar arrepentida sirve de algo, creo que él me ha perdonado, pero aún siento algo doloroso en el pecho, la culpa de haberlo hecho sufrir. Éramos adolescentes sí, pero no sé si es una buena excusa, era muy inmadura, pero haberlo lastimado así no tiene perdón.

Escucho un portazo que me avisa que la conversación ha acabado.

Me saco los auriculares y me levanto de la cama. Cuando salgo de la habitación lo encuentro sentado en el sofá. Tiene los codos apoyados en sus rodillas y las manos en su cabello.

Abro la heladera y saco un par de latas de cervezas. Me siento junto a él y le tiendo una.

Harry la acepta sin mirarme y da un trago. Lo imito, y nos quedamos en silencio, solo bebiendo.

Después de la cuarta lata de cerveza siento como Harry se apoya en mi hombro. Suspiro y me apoyo en su cabeza, nos quedamos así por un tiempo.

-La quería... -murmura -, intenté darle todo lo que pude... pero nunca fue suficiente para ella...

-Tal vez eres demasiado bueno para ella Harry, como lo fuiste conmigo, ese corazón puro que tienes no puede ser para cualquier mujer... -susurro.

-¿Debería ser malo? De esos chicos con chaqueta de cuero y moto... creo que ser así funciona con las chicas...

Sonrío.

-Eres un chico increíble Harry, no debes cambiar por los caprichos idiotas de algunas mujeres, ya vendrá esa chica especial.

-¿Tú lo crees? Creía que ella era esa chica especial... y mira como me fue... tal vez sea yo Mione... no lo sé...

-¡Basta Harry! -exclamo -¡Deja de menospreciarte!

Suspira.

-¡Vamos grita que Amy es una perra!

-¿Qué? -pregunta riendo, y lanzo la sexta lata de cerveza vacía.

-¡Que grites que Amy es una perra!

-Estás loca.

-¡Vamos! -exclamo zamarreándolo.

-Estás borracha -me dice.

-¿Y tú? ¡Vamos Harry!

-¡Amy es una perra! -grita.

-¡Mas fuerte!

-¡Amy es una maldita perra!

Me rio.

-¡Ahora grita que eres sexy! -exclamo levantándome del sofá.

-Por dios Hermione, ¿qué hora es? Charlie se quejará.

-Me importa una mierda Charlie, lo único que quiero que hagas es que grites.

-No gritaré eso.

-¡Si no gritas eso pondré las Spice Girls! -lo amenazo y se ríe.

-¡Soy sexy!

-¡Mas fuerte!

-¡Soy sexyyyyyyyyyyyyyy!

Me dirijo al equipo de música y cambio de CD.

-¡Me prometiste que no pondrías las Spice Girls! -se queja el levantándose tambaleante.

-Te dije eso, pero no dije nada de Britney Spears -digo subiendo el volumen.

Me acerco a Harry y vuelvo a sentarlo en el sofá.

-¿Harás otros de tus shows? -me pregunta suspirando.

-Te enseñaré mis mejores movimientos, y después tú me acompañaras.

Gimme More comienza a sonar.

-No bailaré esto -dice con una sonrisa.

Pongo una mano en mi coleta y tiro soltando mi cabello.

-Sexy -dice él apoyándose contra el sofá cómodamente.

Me rio. Comienzo a bailar y él se ríe aplaudiendo al ritmo de la música.

Mis movimientos en este estado de ebriedad cuestan mucho más, por lo que no puedo parar de reír y tropezarme.

-¡Wow me sorprende tu capacidad para bailar! -se burla -¡Conquistarías a cualquier hombre así!

-¡Claro que conquistaría a cualquier hombre! -exclamo guiñándole un ojo.

Él se queda con la boca abierta.

-¡¿No recuerdas cuando nos besamos por primera vez?! -le pregunto mientras doy un giro -Estábamos bailando.

-¿Era esta canción?

-No recuerdo -digo desabrochándome algunos botones de la camisa.

-¿Se ha convertido en un strip tease? -pregunta él con una pícara sonrisa.

Me acerco a él, y le bailo de manera sexy a propósito, moviendo mi cabello, y creo que le gusta, porque su mirada comienza a reflejar algo oscuro que nunca había visto antes.

Siento como toma mi mano y tira hasta tenerme sentada sobre él.

-Hazlo desde aquí -murmura haciendo erizar cada parte de mi piel, agarrándome por las caderas.

Estoy sorprendida, nuestra cercanía hace que mi corazón comience a latir como loco.

Tardo unos segundos en reaccionar, pero al final termino llevando mis manos a mi camisa para comenzar a desabrochar los botones restantes.

Lanzo la prenda al suelo, dejando a la vista mi sostén, sus ojos esmeralda me observan con fervor y sus manos no tardan en subir y acariciar mi vientre.

Gimo con tan solo sentir aquello, se sienten tan bien sus manos sobre mí. Harry no aparta sus ojos de los míos, me observa fijamente, para después acercarse y darme un suave beso en el cuello.

Luego comienza a subir sus lentos besos hasta llegar a mi mentón.

Coloco mis manos en sus gafas y se las quito mirando aquellos ojos deslumbradores.

Mis manos van a su camisa y comienzo a desabrocharla sin prisas y cuando ya está abierta, mis manos van a su pecho para acariciarlo.

Siento su dura erección debajo de mí algo que me hace suspirar, siento ese calor abrasador en mi vientre que apenas me deja pensar.

Me quedo inmóvil, siendo observada por él. Su mano se entierra en mi cabello para atraerme hacia él. Me va a besar. Ese cosquilleo aumenta, estoy ansiosa por sentirlo otra vez.

Sus labios hacen contacto con los míos, comienza siendo algo simple, casto, pero luego, cuando siento su lengua entrar a mi boca mi mundo explota.

Gimo, totalmente complacida, y mi lengua no tarda en enredarse con la suya, dandome cuenta de que lo he extrañado mas de lo que imaginaba.

Lo siento gruñir contra mis labios, y sus manos acarician mi espalda haciendome estremecer de placer. Se detiene en los ganchitos de mi sostén y los desabrocha lentamente. Deja de besarme con la respiración agitada. Toma mis breteles y termina sacando el sostén suavemente viajando por mis brazos.

Mis pechos quedan al descubierto. Nunca me ha excitado tanto que un hombre me mire desnuda.

Sus manos van a mis pechos, acaricia, pellizca, me deleita con su toque. Y cuando siento su boca húmeda allí, me aferro a él, totalmente extasiada por su toque.

Quiero saber hasta dónde va a llegar, me siento tan mojada, y preparada que mi cuerpo me pide a gritos que le suplique que siga, que no se detenga, que me haga allí mismo el amor.

El timbre suena. Apenas le prestamos atención, pero comienza a volverse insistente.

Harry se aleja de mí lentamente.

-¡Pizza! -grita un hombre mientras golpea la puerta.

Él me deja sobre el sofá, y se abrocha la camisa.

-¡Pizza!

-¡Ya va! -grita Harry perdiendo la paciencia y busca el dinero.

Tomo mi camisa y me la pongo sintiendo frío de repente. Siento mis mejillas ardiendo, decido levantarme e ir por un vaso de agua.

Ha sucedido todo tan rápidamente que apenas puedo creerlo.

Harry abre la puerta y recibe la pizza. La deja sobre la pequeña mesa y se pone las gafas.

Me mira haciéndome sentir tímida.

-¿Estás bien? -murmura y veo como se ruboriza al igual que yo.

No puedo evitar pensar que hubiera sucedido si no nos interrumpían.

-Si... -contesto acomodándome el cabello.

-¿Quieres comer?

Se acerca entrando a la cocina y busca un cuchillo.

De repente vuelvo a sentir calor, me aferro a la mesada para no perder el equilibrio.

-Claro.

Nos sentamos en el sofá, nunca en mi vida me he sentido tan avergonzada.

Tomo un pedazo de pizza, que es lo único que logro comer. Harry también come poco, y el silencio es tan incómodo que no lo soporto y me despido diciéndole que me voy a dormir.

Aunque sé que no lograré dormir en toda la noche.

Porque lo he vuelto a sentir.