Gracias x todo el apoyo! Las quiero chicas :3


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Harry

-Nos ha abandonado -le digo al gato naranja que se sube junto a mí en el sofá. Me bufa, como si supiera que ha sido mi culpa -Oye, no es mi culpa que te haya olvidado.

Me recuesto en el sofá y Crooksy aprovecha para subirse sobre mí y caminar hacia mi cara.

-No quiero iniciar una pelea.

Pero el gato me mira con sus intensos y enojados ojos verdes.

-Lo sé, fue mi culpa que se haya ido -suspiro -, lo siento.

El gato me pega un manotazo.

-¡Hey! -exclamo llevando una mano a mi mejilla -¡¿Por qué has hecho eso?!

Cierro los ojos, estoy cansado, no he podido dormir en toda la noche y ahora tengo que soportar al maldito gato enojón.

-¿Quieres que la vaya a buscar, verdad? No tengo idea de donde puede estar Crooksy, y sabiendo cómo es Hermione nunca me lo dirá... y ahora dejaré de hablar contigo porque parezco un psicópata.

Me preparo un café fuerte y lo bebo entre suspiros. Me ducho con la esperanza de sentirme mejor pero nada parece alegrarme.

Entro a la habitación de Hermione todavía con la toalla envuelta en mi cintura, Crooksy me sigue insistente, como si fuera un molesto recordatorio de que me comporté como un gilipollas con ella.

Me siento en su cama y noto que ha olvidado algunas cosas, entre ellas los retratos de la pequeña mesita de luz.

La foto de sus padres sigue allí, y me da una idea. ¿Hermione podría haber ido a la casa de sus padres? Es tan orgullosa que lo dudo, pero tal vez en un arranque de enojo fue lo único que se le ocurrió.

Me levanto de la cama rápidamente y me visto, pero cuando estoy a punto de salir del departamento Crooksy me muerde los jeans.

-¿Quieres que te lleve? -exclamo -Dime, ¿dejan subir animales en el autobús?

I

El autobús está lleno, y Crooksy no deja de removerse y bufar en la mochila, haciendo que varios pasajeros se giren a mirarme.

Me muerdo el labio inferior, estoy perdiendo la paciencia con ese gato sucio, pero intento controlarme, sabiendo que es querido por mi compañera de piso.

Un asiento se vacía y me siento. Coloco la mochila sobre mi regazo, pero aun así el gato no deja de moverse. La mujer sentada junto a mí me mira frunciendo el ceño.

-Crooksy gatito bueno -susurro sobre la mochila, pero eso no hace más que molestarlo y la mochila cae de mis piernas al suelo. Intento agarrarla pero el gato comienza a hacerla mover por todo el autobús, dando un espectáculo de mochila andante.

Me levanto rápidamente y camino entre la gente intentando atrapar la mochila, llamando la atención de todos los pasajeros.

-¡Crooksy! -susurro gateando en el suelo -¡Ven aquí!

Pero el animal se sigue moviendo por todo el autobús enojado.

Después de un momento logro atrapar la mochila.

-No se permiten animales aquí -dice el conductor enojado que ha parado el autobús.

-Lo siento.

Bajo del autobús maldiciendo y abro la mochila. El gato salta sobre mi cara.

-¡Crooksy no! -grito colocando mis manos en la bola peluda que está arañando mi cara. -¡Basta!

El animal me suelta y cae al suelo entre bufidos.

-Quedan cuarenta cuadras, y llegaremos más tarde por tu culpa, gato idiota.

Comienzo a caminar y el me sigue todavía con los pelos parados de la rabia.

El camino se hace bastante largo, comienza a hacer frío y no he traído abrigo, estoy muriéndome de hambre, y con el rostro ardiendo de dolor por culpa del animal.

Me detengo en un puesto de hot dogs y me compro uno.

Me siento en un banco y comienzo a comer. El gato me mira hambriento, y a pesar de que lo odie con todo mi corazón, no puedo evitar darle un pedazo.

-Vamos gato del infierno, solo quedan diez cuadras.

Volvemos a retomar el camino, y poco a poco nos adentramos al barrio de mi adolescencia. El pequeño parque, el bar, la confitería, la discoteca, el aire se vuelve nostálgico, mi mente se llena de recuerdos, y en la mayoría de ellos está Hermione.

Pienso en ella, en lo dulce y jovial que sigue siendo, en lo mal que me comporté con ella. Me enoja pensar que la he hecho llorar otra vez, que la he cagado como hace seis años atrás. Tal vez ella tenga toda la razón, tal vez me he convertido en un adulto amargo y aburrido. Compruebo eso mismo cuando recuerdo el día en que la vi frente a mi puerta, con esa gran valija y su cara de susto, es increíble como la llegada o la vuelta de alguien a tu vida pueda cambiar totalmente tu estado de humor. Sí, me he peleado mucho con ella, hemos discutido por varias cosas de la casa, pero aun así, durante este mes me divertí más que en los pasados seis años.

Es tanta la luz que Hermione irradia que apenas con una sonrisa puede hacer que mis días sean más felices. Pienso en ella bailando en el sofá, prendiendo fuego la cocina, inundando el baño, y comienzo a reír.

Tal vez seamos completamente diferentes, pero sé ahora que ella es la parte que me falta, la parte que me complementa...

Espero no haberla cagado demasiado, que me de otra oportunidad, que me perdone, que llegue a pensar aunque sea un poquito que tal vez yo también soy esa parte que a ella también le falta...

Me he perdido tanto en mis pensamientos que no me he dado cuenta de que ya hemos llegado a la gran casa rosada. Miro a Crooksy y el me mira a mí.

-Espero que Hermione esté aquí -le digo y él me contesta con un maullido.

Toco el timbre y una versión de Hermione más mayor me abre la puerta.

-¿Harry? -pregunta con los ojos iluminados.

-¿Sra. Granger?

Recibo un gran abrazo de su parte y sonrío. Siempre ha sido como una segunda madre para mí.

Toma mi rostro entre sus manos y me mira sin poder creerlo.

-Harry Potter ya eres todo un hombre, por dios querido cuanto has crecido -dijo cálidamente.

-Me alegro de verla Sr. Granger.

-Estás muy lastimado, ¿ese gato malvado te ha hecho daño?

Me rio.

-Sí, pero descuide, solo es así conmigo. De hecho le pertenece a Hermione.

-Pasa querido, pasa así me sigues contando.

Entro a la casa que sigue siendo la misma, el aire está impregnado con ese aroma a pastel y chocolate, como hace tantos años atrás.

-¿Hermione está aquí? -pregunto deseando con todas mis fuerzas que me diga que sí.

Ella me sonríe.

-Sí, pero ahora fue al supermercado, seguramente dentro de media hora estará de vuelta. Puedes sentarte y esperar si lo deseas.

Asiento y me siento en el sofá junto a Crooksy que ya se ha echado una siesta.

La Sra. Granger aparece con un pastel de chocolate y me sirve un trozo, luego me trae una chocolatada como en los viejos tiempos.

-Gracias -le agradezco con una sonrisa, recordando las grandes meriendas que teníamos con Hermione después del colegio.

La Sra. Granger se sienta en el sofá del frente y me observa cariñosamente mientras cómo.

-¿A qué te dedicas Harry?

-Soy escritor, en el diario The Sun.

-Eso es genial. Como siempre habías querido...

Nos quedamos en silencio por un momento, y la escucho suspirar.

-Harry, sabes que eres casi como un hijo para mí, pero ayer Hermione llegó llorando a casa, ¿ha pasado algo entre ustedes? -me pregunta algo asustada, como si temiera que la pregunta me incomodara.

-Si... -admito avergonzado -Me he comportado como un tonto con ella... ¿cree que podrá perdonarme?

-Mi hija es muy cabezota, tal vez cueste un poco... ¿Ha sido una pelea muy fuerte?

-Todas nuestras peleas son fuertes -digo con una triste sonrisa -, a veces no puedo creer lo diferentes pero tan parecidos que somos, ¿cómo puede ser eso posible?

La Sra. Granger se ríe.

-Recuerdo cuando te trajo a casa y te presentó, no podía creer que ustedes dos se llevaran bien, eran tan diferentes que me parecía imposible creerlo. Pero después con el tiempo me di cuenta de que ambos se querían mucho, y creo que eso es mucho más fuerte que las diferencias, ¿sabes?

Le sonrío.

-Gracias, me siento más aliviado ahora.

La puerta se abre y veo a Hermione allí, mirándome incrédula a mí y a Crooksy que se ha despertado de repente.

-¿Qué hacen aquí?