Nervios

No había pegado ojo en toda la noche y se le notaba en la cara. Tenía unas ojeras enormes, así que decidió darse una ducha de agua fría. Se sintió algo mejor cuando notó las gotas heladas caer sobre su cuerpo. No sabía si lo que le provocaban los temblores eran las gotas frías o eran los nervios. Optó por lo segundo, era lo más probable.

Cuando salió de la ducha se secó y se peinó, no estaba seguro de si era necesario ponerse ropa muy formal. Se puso una camisa blanca recién planchada con unos pantalones grises y una corbata del mismo color. Cogió prestados unos zapatos de su padre, ya que los que tenía él estaban desgastados y también se echó colonia. Cuando su madre lo vio, se le llenaron los ojos de lágrimas.

-Mamá por Dios, no es para tanto-le dijo cuando vio a su madre llorando.

-Lo sé hijo, solo es que estoy muy contenta por ti. Ya eres todo un hombre.

-Mamá…no empieces por favor. No quiero que me des el discurso que dan todas las madres cuando sus hijos se hacen adultos. Sé que estás orgullosa de mí y con eso me basta-le dijo Jasper con una risita.

-Está bien, hijo. Vamos vete que aún llegarás tarde.

Jasper salió de su casa a paso ligero, se había entretenido demasiado arreglándose. La academia le quedaba a veinte minutos de su casa y tenía la prueba a las once en punto. Eran las once menos diez, no iba a llegar puntual, de modo que empezó a correr por las calles dejando atrás los comentarios que le hacía la gente con la que se chocaba. Al llegar a la puerta se detuvo en seco, le faltaba el aire y tenía náuseas. Sentía como le dolía el pecho de los latidos tan fuertes que le daba el corazón. Estuvo a punto de darse la vuelta e irse a su casa, pero decidió que debía hacerlo, no podía irse ahora que estaba tan cerca de conseguir algo. Realmente no estaba cerca de conseguir nada, pero no sabía lo que pasaría esa mañana. Entró en el gran edificio y se dirigió a lo que parecía ser secretaría.

-Buenos días, soy Jasper Whitlock y vengo para hacer una prueba. Hace unos meses envié una carta presentando mi solicitud para entrar en la academia y la semana pasada me llegó la respuesta, donde me decían que me presentara hoy con una melodía preparada, y bueno aquí estoy-le dijo Jasper sonriéndole a la joven que estaba sentada en aquel gran mostrador.

-Muy bien señor Whitlock, siéntese por favor, avisaré a los responsables de la academia.-le respondió la joven haciéndole ojitos y sonriéndole.

Estaba demasiado nervioso como para hacerle caso. Esperó sentado cinco minutos, aguantando como la secretaria no le quitaba el ojo de encima.

Por las escaleras bajaron tres personas, un hombre bajito, calvo y con gafas, le seguía una mujer alta y pelirroja con el pelo recogido en un gran moño y con cara de pocos amigos y finalmente un hombre más o menos de la edad de su padre, moreno y que parecía agradable. Jasper de puso en pie, y vio como el hombre bajito se detenía delante de él, le llegaba por la barbilla, así que el hombre tuvo que levantar la cabeza para poder hablar con él.

-Usted debe de ser Jasper Whitlock-le tendió la mano.

-Así es-respondió Jasper estrechándosela.

-Yo soy Charles Fox, el director de la academia, ella es la señora Owen la subdirectora, y por último el señor Griffin, es el profesor de piano.

-Es un placer-dijo intentando ser educado, nunca le había gustado tratar con personas que se creían mejor que él, y por lo que parecía, la señora Owen lo creía. En cambio el señor Griffin le caía bien, no lo conocía pero le inspiraba confianza.

-Bueno, no perdamos más el tiempo con las presentaciones y vamos a oír como toca el piano, joven-le dijo el señor Fox son una sonrisa.

En ese momento empezó a ponerse blanco, el momento de la verdad había llegado.