Hermione

El supermercado está completamente vacío. Es Domingo y Harry y yo hemos decidido ir a hacer las compras del mes apenas nos han pagado el sueldo.

Es el séptimo día de abstinencia, y a Harry ya comienzan a vérseles las secuelas, me mira, me roza más de lo normal, algo que suele ser bastante divertido.

Me subo al carrito y me siento con un paquete de papas fritas. Harry me mira negando con la cabeza pero termina sonriendo.

-¿Quieres una papa? -le pregunto abriendo el paquete.

-Tienes que pagar antes de abrirlo -contesta y yo ruedo los ojos.

-Por dios Harry, ¿hasta para eso eres tan correcto? ¿Sabes qué? Mejor, más papás para mí. -digo encogiéndome de hombros y mordiendo una.

-Hey, no seas malvada.

Cierra los ojos y abre la boca, deposito una papa en su lengua.

-¿Siempre comes estas cosas? ¿Cómo puedes estar tan delgada?

-No lo sé, pero me gustaría engordar un poco para tener más pechos.

Harry se ríe.

-¿Qué?

-Eres perfecta así -dice metiendo una caja de cereal en el carrito.

Me acerco a él con una sonrisa.

-¿Ah sí? -digo enroscando mis brazos en su cuello. -¿Te gustan mis pechos Harry?

Suspira, claramente acalorado.

-Tus pechos son perfectos -suelta con cierto rubor en las mejillas.

Me rio es tan lindo que a veces me cuesta creerlo.

-Te has ganado otra papa -le digo metiendo otra en su boca, él la saborea con una sonrisa. -¿No crees que es el aperitivo más delicioso del mundo?

-Prefiero lo dulce -contesta encogiéndose de hombros y volviendo a caminar con el carrito.

-Oh por dios Harry, ¿lo dulce? Dime, ¿qué comerías? ¿una pizza o un helado?

-Un helado -responde suspirando.

-¡¿Qué?! ¡Yo prefiero mil veces la pizza! Ese queso mmm... Harry almorcemos pizza hoy.

-Si crees que te cumpliré cada capricho estás equivocada -dice él levantando una ceja.

-Ya me has sacado el sexo, si me sacas la comida no sé en lo que me convertiré.

Harry se ríe, y mete una lata de atún en el carrito.

-Odio el pescado.

-Lo sé, pero a mí me encanta.

-Creo que tendremos serios problemas en el futuro -le digo seriamente.

-No creo que una lata de atún sea nuestro problema en el futuro.

-¡Ajá! ¡¿Crees que habrá problemas?! ¡¿Cuáles?! -exclamo y el niega con la cabeza divertido.

-¿Has pensado alguna vez en tener hijos? -me pregunta lanzando paquetes de galletas al carro.

Me quedo callada por unos segundos. Lo he pensado, claro, cualquier persona lo pensaría, pero hay algo en sus palabras que me hace dudar. Me imagino de repente Harry y yo cuidando a un niño y me rio.

-Ni siquiera puedo cuidarme a mí misma.

-Por eso mismo lo digo -suspira y se rasca la cabeza.

-¿Tú quieres un niño? -le pregunto curiosa. El me mira y sonríe.

-Tal vez en un par de años... ahora sería bastante catastrófico tener uno...

-Es verdad, creo que todavía necesito tiempo para tirarme en el sofá y ver películas tranquila, o tener sexo cuando lo desee o abrir un chocolate y que nadie me haga ojitos para que le convide.

Harry se ríe.

-Eres demasiado egoísta.

-Solo digo la verdad -digo encogiéndome de hombros mientras entramos a la zona de colchones -Oye Harry, ¡este es el lugar perfecto para comprar la cama y el colchón que querías!

-Tienes razón, compremos ese bendito colchón antes de que sea aplastado por una castaña que conozco -bromea y yo me rio.

Me bajo del carrito y comienzo a inspeccionar las diferentes camas que hay en el lugar.

-¿Cuál te gusta? -me pregunta.

-¿Cómo lo voy a saber si ni siquiera los he probado?

Me lanzo al colchón y Harry me mira con la boca abierta, luego mira a sus lados fijándose que nadie nos esté viendo.

-Hermione estás loca, sal de ahí antes de que el encargado venga.

-¿Por qué? ¿Está prohibido probar un colchón?

Él se acerca enojado para sacarme de allí, pero yo tomo su brazo y lo lanzo al colchón junto a mí.

-¡Hey! -exclama, quiere parecer enojado, pero su sonrisa no tarda en salir.

-Este es cómodo -suspiro cerrando los ojos -, ¿pero crees que será bueno para el sexo?

Me mira con la boca abierta.

-Creo que no, es muy... blando, se nos hundirían las manos y sería una distracción, veamos el otro -comento levantándome y pasando a la otra cama. Harry me sigue, y otra vez duda en acostarse, asique vuelvo a tirar de su mano.

-Oh dios mío. Este es perfecto -digo cerrando mis ojos y acariciando la textura -Mira, siéntelo.

-¿Podrías dejar de gemir así? -me pregunta, abro los ojos y veo que Harry me mira con esos ojos oscuros del deseo.

Le sonrió traviesamente, y me giro hacia su lado. Lo observo.

-Me pregunto cuanto aguantarás -susurro. El suspira y cierra los ojos, sonríe.

-Tienes razón es perfecto, llevémoslo, y la cama es de madera, creo que es una buena opción. Vamos. -dice y se levanta rápidamente.

Después de hablar con el encargado y de comprar la cama, vuelvo a subirme al carrito y continuamos comprando alimentos.

Miro hacia mis lados pícaramente, Harry me mira curioso.

-¿Qué estás tramando? -me pregunta resignado.

-Harry no hay nadie en este momento alrededor, creo que ya es hora de que corras con el carrito, será bastante divertido -contesto mirándolo con una sonrisa de oreja a oreja.

-Oh no. No haré eso, Hermione ya no somos niños para hacer estas tonterías.

Suspiro.

-Vamos Harry, prometo que esta será la última vez o... no -le guiño un ojo.

-El carrito está lleno, sería peligroso...

-Oh vamos Harry, olvídate del peligro y diviértete.

Se muerde el labio y sé que ya lo he convencido. Toma carrera y empieza a correr a toda velocidad, haciéndome gritar de júbilo mientras levanto los brazos.

Comenzamos a reírnos a carcajadas, hasta que Harry se resbala y nos estrellamos con el sector de harinas y pan. Ambos caemos al suelo, y el carrito desparrama su contenido por todo el suelo mientras llueven panes y paquetes de galletas.

El encargado aparece, y hasta yo me he puesto roja hasta las orejas. Miro a Harry y veo que se ha puesto peor, y que ha torcido sus gafas en la caída.

Y sé que mi compañero de piso no dejará de regañarme durante varias semanas.