Harry

Miércoles.

Ya no se ni cuantos días han pasado desde la última vez que tuvimos sexo, pero lo que sé es que Hermione hace que cada día resulte más difícil.

El agua de la ducha cae sobre mí mientras me lavo el cabello. Ha sido un día largo en el trabajo, el ascenso ha sido muy beneficioso en cuestión económica, pero las horas de trabajo han aumentado, y mi cuerpo nota bastante el cambio.

Escucho como se abre la puerta del baño y se vuelve a cerrar. Hermione La Torturadora vuelve y me espía por la cortina de baño.

-Hola Harry -me dice traviesa.

-Hola -suspiro, sabiendo lo que se viene a continuación.

Ella entra a la ducha y puedo ver su perfecto cuerpo desnudo frente a mí. Siento como mi amigo se para dejándome en vergüenza, han pasado tantos días sin sexo que con cualquier provocación ella logra despertarme. Solo basta con una mirada, una caricia, o un roce accidental y ella me atrapa.

Observo sus pechos redondos y trago saliva, luego bajo y veo ese ombligo donde recientemente se ha colocado un pircing, me había enojado cuando me había confesado que se había puesto uno de esos, pero por dios, debía aceptar que le quedaba muy sexy. Sigo bajando y veo esos finos labios inferiores, los cuales me han recibido tantas veces, recuerdo el calor de su interior y me muerdo el labio, ella es malvada, provocativa, le gusta hacerme sentir ese tipo de sufrimiento. Siempre lo ha hecho.

-Hora de bañarse juntos -dice y se acerca mí para ser mojada también por el agua caliente. Observo como cierra los ojos mientras posa sus manos en mi pecho y deja que la ducha la empape. Siento mi miembro rozar contra su vientre, esa leve caricia me hace soltar un suspiro.

Su boca pegajosa por el brillo labial comienza a besar lentamente mi pecho, es una dulce y deliciosa agonía que ella siempre disfruta, y sigue, sigue subiendo por mi cuello, dando pequeñas e inocentes mordiditas por toda su extensión.

-Detente Hermione -le digo como siempre, pero ella no me escucha, solo sonríe y su mano rebelde baja hasta tomar mi miembro entre sus manos. Quiero que me toque, llegar en su boca, pero sé al juego al que juega, ella nunca dejara que me corra, siempre es igual. Su mano comienza mover mi miembro con lentitud, y el agua caliente hace que lo disfrute más, le pido que acelere, y cuando lo hace y siento que estoy a punto de correrme se detiene con esa sonrisa maliciosa y susurra:

-Puedes correrte dentro de mí.

Ella quiere que ceda. Pero mi palabra está en juego, asique niego como puedo con la cabeza, y ella después de un momento vuelve a tocarme y se detiene en el momento preciso. Siempre sabe cuándo estoy a punto de correrme, no importa cuánto finja, ella siempre sabe, me conoce demasiado. Y eso me frustra.

I

Jueves.

-Hoy llegan... ¡tus lentes de contacto! -exclama Hermione muy emocionada. Suspiro y me echo en el sofá, olvidando que allí estaba Crooksy, el cual chilla enloquecido y abandona el sofá echo una fiera.

-Hermione no nací para los lentes de contacto, ¡no entiendo cómo pudiste gastar tanto dinero en algo así! ¡Es innecesario! -exclamo indignado.

Después de haberme torcido las gafas en el supermercado se le había ocurrido la brillante idea, solo que no me lo había mencionado hasta que los pagó.

-Harry. Tienes que probarlos, tus gafas ya estaban muy viejas -dice con los brazos cruzados.

-Podría haberme comprado otras iguales, las gafas circulares son las mejores gafas del mundo.

-Harry tienes esas gafas desde los quince años, ¡ya han pasado de moda!

-No me importa la moda.

Hermione suelta un suspiro y se sienta junto a mí. Hora de ojitos.

Me mira con esa mirada dulce a la que nunca le puedo decir que no.

-¿Lo puedes intentar? Siempre me preocupa cuando hacemos el amor y te sacas las gafas, ¡no ves nada! ¡Tranquilamente podrías imaginarte que soy otra mujer!

Se le ocurren cosas tan locas que no puedo evitar reírme.

-Nunca podría imaginarme con otra mujer -le digo y ella aprovecha esa confesión para subirse a horcajadas a mí.

-¿De verdad? ¿Te gusto mucho? -me pregunta con voz suave.

-Deja de seducirme -le susurro con una sonrisa, ella se mueve sobre mí -Mione...

El timbre me salva de una posible tortura.

Hermione abre la puerta y le entregan una pequeña caja, después de firmar, se acerca hacia mí con una sonrisa.

-Han llegado tus lentes de contacto Harry Potter -me dice entusiasmada.

-La pregunta es ¿cómo mierda me pondré esas cosas? No puedo tocarme el ojo me da mucha impresión -suspiro.

-Yo te los pondré -contesta divertida.

-Oh no. Claro que no.

Ella abre la caja traviesamente y abre el estuche de lentes, unas lentillas flotan en un líquido transparente, ella pone una en su dedo.

-No -me niego levantándome del sofá.

-Oh si, Harry Potter se pondrá lentillas -dice acechándome como un león.

Quiero correr hacia mi habitación, pero Crooksy está en el pasillo y me mira muy enojado por el reciente accidente en el sofá.

-No puedes escapar, estas rodeado -dice Hermione imitando el tono policial de las películas.

Mi novia termina sentándome en el sofá y se sienta sobre mí.

-Bien. Ahora quieto.

-¿Acaso sabes poner esto? -pregunto algo nervioso.

-¿Recuerdas a Jeanne? Ella usaba lentes de contacto en la secundaria siempre se los veía ponerse. Asique tranquilo.

Su dedo con el coso de plástico se acerca a mí.

-Abre más el ojo.

-Dios. No puedo.

Ella con su otra mano abre mi ojo y acerca el plástico, lo siento rozar mi ojo pero comienzo a pestañar inconscientemente.

-¡Harry basta! ¡Quieto! ¡No es tan difícil!

-¡Dices eso porque tú no tienes que ponértelos! -exclamo más enojado de lo que pensé.

Crooksy bufa.

-Quieto.

-Está bien.

-No mires mi escote. Mira hacia arriba.

-Está bien -bufo y se me escapa una sonrisa.

El lente de contacto se pega a mi ojo, es una sensación molesta.

-Mierda.

-Se te ha desacomodado.

Ella mete el dedo en mi ojo y corre el lente de contacto hacia el lugar correcto, es tanta la impresión que me da nauseas. Tener a alguien tocándote el ojo no es nada divertido.

Cuando el lente de contacto se coloca correctamente Hermione me sonríe.

-Solo falta el otro.

Me lo coloca y me mira dulcemente.

-¿Y? ¿Cómo me ves?

Sonrío. El resultado es asombroso.

-Te veo HD -bromeo y ella se ríe.

Me abraza con fuerza.

-¿Viste que podías? -me susurra en el oído y luego muerde mi oreja.

-Pero sigo prefiriendo mis gafas...

Hermione se ríe.

-Lo sé, pero puedes usar las lentillas de vez en cuando para apreciar mi desnudez -susurra y comienza a desabotonarse la camisa.

Me apoyo completamente en el sofá y la observo, Hermione deja a la vista su sostén morado y me da una sonrisa para luego desabrocharme la mía.

-¿Cuánto más te vas a resistir? La verdad es que estás sorprendiéndome... -musita mientras acaricia mi pecho con sus uñas. Suelto un suspiro. Me encanta cuando hace eso.

-Aguantaré un poco más...

-Tal vez tenga que bailarte un poco -dice ella y comienza a mover los hombros haciéndome reír. Llevo una mano a la curvatura de uno de sus pechos y paso mi dedo por allí, Hermione cierra los ojos. Me acerco y deposito un beso en su pecho, ella suelta un suspiro y se remueve contra mi erección.

Se saca el sostén, dejando un par de pechos desnudos a centímetros de mi boca.

Mis manos van instintivamente hacia ellos y los aprietan, arrancándole varios gemidos que me hacen titubear sobre lanzarla en el sofá y hacerle el amor hasta fin de mes.

Lo soporto, la dejo que juegue hasta que se cansa y se va a bañar.

No quiero hacérsela tan fácil.

II

Viernes.

Me despierto sintiendo unas pequeñas mordiditas sobre mi bóxer. Todavía es de noche, ya que la habitación está completamente oscura.

-Mione... -murmuro sorprendido, siempre supe que Hermione era terca y no paraba hasta lograr sus objetivos, pero para que me despertara a las cuatro de la mañana debía de estar totalmente empecinada en lograrlo.

Siento como corre mi bóxer y su boca húmeda besar la punta de mi miembro. Me aferro a las sabanas mordiéndome el labio hasta sentir sangre.

Hermione toma mi miembro y lo abre lentamente, su lengua comienza a lamer allí y cualquier pensamiento racional es borrado instantáneamente de mi cabeza.

Mi mano pasa por debajo de las sabanas hasta llegar a sus cabellos, aprieto y ella adivina mis deseos y lo mete completamente en su boca.

Jadeo.

Hace tanto que no hacemos algo así que se siente el doble de mejor. Después de un momento me suelta y sale de entre las sabanas. Ahora que mis ojos se han acostumbrado a la oscuridad puedo notar que está desnuda, algo que no hace otra cosa que volverme más loco de lo que estoy.

-Iré a dormir a mi habitación, te estaré esperando si te decides -murmura y sale del cuarto dejándome más débil que nunca.

Me levanto de la cama y camino hacia su habitación, ella está acostada en la cama, con el vientre pegado al colchón sosteniéndose con los codos. Su cabello cae en cascadas sobre su espalda y hombros. Se ve tan hermosa, tan sexy que ya no me importa el desafío que me he puesto, camino hacia ella y sus ojos me miran con malicia.

-¿No pudiste soportarlo más Harry? -ronronea, pero la callo con besos y colocándome entre sus piernas. Hermione me aferra a ella arqueando sus caderas, pidiendo eso que estoy deseando desde hace semanas.

Me introduzco dentro de ella en un movimiento rápido, haciéndonos gemir a los dos, y comienzo a moverme, sintiendo ese conocido calor que vuelve a darme la bienvenida.

Mi boca va directo a su cuello donde muerdo, succiono hasta dejar marcas. Siento sus uñas largas clavadas en mi espalda cada vez que se sacude en un grito, en un orgasmo. El sudor comienza a bañarnos, y cada vez me cuesta más soportar el colapso que promete ser liberador, los gritos de Hermione, los gemidos, los jadeos, todo lo que hace me vuelva loco.

Rodamos en la cama, peleándonos por tener el control, mi compañera de piso se mueve sobre mí lentamente, intentando seguir con la tortura que ha implementado durante toda la semana. No la dejo seguir, la obligo a ponerse en cuatro patas y me coloco detrás de ella, dejando salir la parte más sucia de mí.

La penetro mientras estiro mis manos hasta lograr pellizcar sus pezones, y mientras escucho sus dulces gemidos, me dejo llevar, y llego hasta sacar la última gota de mi interior.

Ambos caemos exhaustos en la cama, Hermione me mira y se ríe, tiene las mejillas tan rojas como un tomate. Me rio yo también y la abrazo.

-Faltemos al trabajo hoy -susurro.

-Diré que estoy enferma entonces -dice guiñándome un ojo.

Y luego de un momento, volvemos a enredarnos en la cama otra vez.