Confesión

La clase de solfeo y la de piano pasaron rápidamente sin ningún imprevisto. En lo único que Jasper pensaba era en que llegara rápido la última hora para sentarse con Alice. No sabía que le ocurría con esa chica pero sabía que desde que la había visto se había convertido en alguien especial. No podía estar enamorado porque hacía unas horas que la conocía, simplemente era especial.

De vez en cuando, hablaba con Emmett y los dos reían de los comentarios que hacían. Se llevaba bien con el grandullón, al menos ya tenía un amigo en la academia. La última clase llegó, Jasper y Emmett habían entrado a la clase que aún estaba vacía, pero detrás de ellos empezaron a entrar alumnos. Esta vez Jasper se sentó en el pupitre de delante y Emmett en el de atrás. Sin poder evitarlo, Jasper se dedicó a mirar hacia la puerta para ver si entraba Alice y Emmett estaba atento para ver si entraba Rosalie. Las dos chicas entraron hablando muy animadas, y como era de costumbre, Rosalie saltó para abrazarse a Emmett. Jasper ya se había hecho a la idea de que cuando Rosalie estuviera cerca, no podría hablar con Emmett, así que nada más ver su efusivo abrazo, se giró hacia adelante. Alice se sentó a su lado, parecía que le pasaba lo mismo que a él. Cuando Emmett estaba delante, Rosalie se olvidaba por completo de su amiga, pero en fin, así es el amor.

-¿Estos dos siempre están así?-le preguntó a Alice para hablar un rato.

-Si, ya lo verás. Al final acabarás acostumbrándote.-le contestó Alice, mientras se giraba para verlos.

-¿Qué tal han ido tus clases?

-Bien, bastante bien, aún teniendo a mi madre encima todo el rato.

-¿Qué quieres decir?-preguntó Jasper extrañado.

-Ah, claro, tú no lo sabes. Mi madre es la profesora de ballet.

-¿No te gusta que tu madre te dé clases?

- No es que no me guste, es que a veces parece que da clase para mí sola.

Quería seguir hablando con ella pero entró el profesor, y tuvieron que prestar atención.

La clase terminó y Jasper se despidió de sus nuevos compañeros. Era hora de ir a casa a comer. Realmente tenía hambre, en la hora del almuerzo no había comido nada y ahora le rugía el estómago. Llegó a su casa muy feliz y lo recibió su madre.

-Hola cielo, ¿Qué tal tu primer día en la academia?

-Muy bien, es genial. He conocido a unas cuantas personas muy agradables.

-Me alegro mucho hijo. ¡Ah! Me he encontrado con Edward mientras compraba, y me ha dicho que te pasaría a recoger después de las clases para hablar contigo.

-De acuerdo, es que quiere que el viernes vayamos a celebrar mi entrada en la academia. Supongo que querrá hablar de eso.

-Seguramente.

Jasper se sentó a comer el plato de pollo con patatas que le había preparado su madre, estaba delicioso. Cuando terminó, subió a su cuarto, aún le quedaba una hora y media antes de volver a las clases. No tenía nada para hacer, así que se tumbó en la cama y sin querer se quedó dormido.

-Jasper, hijo vas a llegar tarde-oía la voz de su madre a lo lejos, no quería despertarse-¡Jasper Whitlock ya son las tres y media!

Abrió los ojos lentamente, tenía mucho sueño. Vio a su madre cruzada de brazos que lo miraba con cara de pocos amigos.

-Ya, mamá, ya me voy-dijo él estirándose.

-Te has arrugado la ropa hijo.

-No importa mamá, si no me voy ya, no llegaré-le dio un beso en la mejilla, cogió el maletín y se fue corriendo.

Al llegar a la academia, vio a Emmett, Alice y Rosalie que lo esperaban en la entrada.

-Llegas tarde Jasper-le riñó Rosalie.

-Lo siento, es que me he dormido.

-Vaya, el señor tiene que hacer su siesta-se burló Alice.

-No duermo la siesta nunca, solo a sido hoy-le contestó Jasper poniendo cara de disgusto fingido.

-Bueno, entremos que si no si que llegaremos tarde de verdad-era raro ver a Emmett tan responsable.

Las chicas se fueron hacia su clase y los chicos hacia la suya. Mientras caminaban por los pasillos Emmett le iba contando a Jasper cosas sobre él.

-Sinceramente Jasper, no estoy aquí porque me guste tocar el piano. Estoy aquí porque está Rosalie. A mi me gusta hacer deporte, pero si hago deporte, no puedo ver a Rosalie tanto como quisiera, así que me apunté en la academia.

-¿Y como entraste? ¿No te hicieron la prueba?

-Si, y no me iban a coger. Pero el señor Fox es el padre de Rosalie, y ya sabes. Ella le pidió que me aceptara en la academia y aquí estoy. Lo sé, eso es favoritismo, pero lo hizo porque quería verme y estar conmigo. Sé que por mi culpa, algún buen pianista se habrá quedado fuera de la academia, pero por Rose hago lo que haga falta.

-Vaya, si que estás enamorado de ella. No creo que yo fuera capaz de hacer algo así, de renunciar a lo que me gusta de verdad por una chica.

-Eso no lo sabrás hasta que te enamores Jasper. Hablando de enamoramientos ¿Cómo va tu vida amorosa?-le preguntó moviendo las cejas de una forma insinuante.

-Prefiero no hablar de ello Emmett-le dijo casi susurrando.

-Veo que este tema no es de mi incumbencia. Cuando quieras hablar, ya sabes-se ofreció Emmett con una sonrisa triste.

-Si, gracias.

Entraron en la clase que ya estaba empezada y la profesora los miró con cara de irritación. Se sentaron rápidamente sin hacer ruido, no querían estar en la lista negra de la profesora Garret.