Deseo

El mes de Julio pasó terriblemente rápido para Alice y Jasper. Ya era día veintisiete, de modo que Alice se iría en dos días. Habían hecho una cena el día anterior celebrando la llegada de Rosalie y de Bella, que había llegado una semana antes, y así despedirse de Alice.

Eran las ocho de la tarde, Alice había invitado a Jasper a cenar esa noche en su casa y él aceptó. No le hacía mucha gracia tener que compartir mesa con la señora Brandon, pero tampoco quería ser maleducado.

Estaban los cuatro sentados en la mesa charlando tranquilamente, cuando Alice informó de algo a sus padres.

-Jasper y yo iremos al cine hoy, a la sesión de noche.

Jasper no sabía tenía ni idea de aquello, aunque optó por no decir nada por si acaso.

-¿De noche?-preguntó su padre.

-Si, es que estrenan una película que seguro que está muy bien, pero la primera sesión es esta noche.

-¿Y como es que la estrenan por la noche?-preguntó su madre

-No lo sé. Puedo ir ¿verdad?

-No hay problema, aunque espero que no termine demasiado tarde. ¿A que hora empieza?-preguntó su padre.

-A las once me parece.

-¿Tan tarde?-preguntó su madre escandalizada.

-Si.

-Déjalos Caroline, ya son mayorcitos. Que vayan al cine. Pero, eso sí, cuando termine la película te vienes a casa directamente. Jasper ¿tú te ocupas de traerla?

-Si señor, no hay problema-dijo Jasper intentando parecer seguro, ya que no se enteraba de nada.

Terminaron de cenar y salieron de la casa.

-Alice, ¿se supone que habíamos quedado para ir al cine hoy?-le preguntó Jasper extrañado.

-No, claro que no. Solo es que tengo ganas de estar contigo más tiempo-le dijo mientras le cogía la mano, llevándolo hasta la camioneta.

-¿Dónde quieres ir si no quieres que vayamos al cine?

-¿Podríamos ir a casa de tu abuela?-le preguntó ella.

-Si, claro.

Condujo hacia la casa de su abuela, o mejor dicho, su futura casa.

Los dos bajaron de la camioneta y entraron en la casa.

-¿Qué quieres hacer aquí? Ya sabes que no hay nada, salvo el piano y algunos muebles-le dijo Jasper parado en medio del comedor.

-Lo sé-Alice empezó a subir las escaleras. Jasper la siguió sin decir nada.

Entraron en la habitación que ya estaba acabada.

Era una habitación amplia, con una cama de matrimonio en medio. Enfrente de ella había un gran armario de madera. A cada lado de la cama habían dos mesitas de noche del mismo material que el armario.

Alice estaba de espaldas a él, mirando algo que Jasper no lograba ver.

-¿Qué te pasa?-le preguntó Jasper.

Alice se giró y se acercó a él lentamente mirándolo fijamente a los ojos. Se puso de puntillas para rozar sus labios con los de Jasper, hasta acabar uniéndolos en un beso. Lentamente entrelazó sus manos en el pelo de Jasper, y este puso sus manos en la cintura de Alice.

Sin dejar de besarlo, empezó a desabrocharle la camisa hasta haberle despojado de aquella prenda, ella misma se deshizo de su jersey.

Él la empujó suavemente hasta quedar los dos tumbados en la cama. Continuaron besándose hasta que Alice le empezó a desabrochar el cinturón. En ese momento Jasper se puso de pie de un brinco.

-¿Qué te pasa?-le preguntó Alice sentándose en la cama.

-No puedo-le contestó él.

-¿Por qué? ¿He hecho algo mal?

- No, no es culpa tuya, claro que no, es que…

-¿Qué?-le preguntó Alice invitándolo a que continuara hablando.

Jasper se sentó a su lado, en la cama pensando bien lo que tenía que decirle.

-¿Es que tú…no…no me deseas?-le preguntó Alice, temiendo la respuesta.

-Ese es el problema, que te deseo demasiado.

-No te entiendo.

-Claro que te deseo, te deseo mucho. Pero también te desearé mañana y no podré tenerte. Yo quiero desearte todos los días y poder tenerte todos los días. ¿Me entiendes ahora?

Alice asintió.

-Además, no quiero que lo hagamos ahora, como si fuera una despedida. No te despidas así de mí Alice. Quiero que esperemos y cuando la vida nos vuelva a juntar…

Una lágrima resbaló por la mejilla de Alice, él tenía razón.

-Lo siento-se disculpó ella.

-No tienes que disculparte por nada. Me acabas de demostrar lo importante que soy para ti…ojala yo pudiera demostrarte lo mucho que te quiero.

-Lo haces cada día Jazz, cuando me sonríes, cuando me abrazas, cuando me besas o incluso cuando me miras, en todas esas ocasiones soy capaz de sentir lo mucho que me quieres.

Jasper la miró sonriéndole.

-Jazz…

-¿Si?

-¿Algún día…?-le preguntó Alice.

-Algún día-le prometió Jasper.

Se abrazaron y se volvieron a tumbar en la cama sin separarse.

Esa noche no se demostrarían lo importante que eran el uno para el otro, pero tal vez, el destino los volviera a unir en otra ocasión.