Visita
No pudo dormir, estaba muy nervioso. Nervioso por volver a verla, por volver a hablar con ella y porque tenía ganas de preguntarle miles de cosas y seguramente no sabría por donde empezar. No sabía exactamente a qué hora iría.
Eran las dos, se estaba preparando algo rápido para comer cuando sonó el teléfono. Salió de la cocina a paso ligero para cogerlo. Era Edward.
-Hola Jazz, ¿Que tal?
-Bien, ¿y vosotros?
-Todo bien. ¿Cómo fue con Alice?
-Fue bien, hoy vendrá a casa.
-¿De veras? ¡Eso es genial!
-Edward, solo vamos a hablar.-insistió Jasper.
-Espero de veras que os arregléis, me gustaría que vinierais a la boda juntos.
-Creo que te estás haciendo demasiadas ilusiones.-Bien mirado, a él no le parecía mal.
-Ya me contarás que tal. Por cierto, ayer entre la sorpresa de Alice no te pude felicitar por el recital, estuviste estupendo.
-Gracias Edward.
-Bueno, ya hablaremos, mucha suerte.
-Si…adiós.
Colgó el teléfono pensando en las palabras de Edward, ¿realmente creía que podrían volver?
Estaba de pie al lado del teléfono cuando sintió un leve olor a quemado. Empezó a correr hacia la cocina, ya se había quedado sin comida.
Eran las cuatro de la tarde y Jasper estaba sentado en el sofá, intentando enfrascarse en alguna de sus novelas de guerras para que el tiempo se le pasara con más rapidez, pero no podía. No podía dejar de pensar en que quería que Alice estuviera ya en su casa. Y como si le hubiera leído el pensamiento, tocaron a la puerta. Se levantó de un salto, dejó el libro en la estantería y se dirigió a la puerta. Respiró profundamente una vez y abrió. Allí estaba ella, tan sonriente y elegante como siempre. Por un momento creyó que continuaban teniendo dieciocho años y que era una de aquellas tardes de verano en las que iba a visitarlo.
-Hola-le saludó ella.
-Hola Alice, pasa-le ofreció él.
-Vaya, veo que te esforzaste mucho en terminar la casa, ha quedado preciosa.-le dijo ella mientras entraba.
-Si, me costó acabarla, sobretodo porque no sabía como pintarla y finalmente me decanté por el blanco, como a ti te gustaba.
Alice le sonrió, parecía que no sabía que decir.
-Aún no he preparado el café, lo haré ahora-le dijo Jasper para romper el hielo ya que los dos se habían quedado callados.
-Te ayudo.
Entraron en la cocina y entre los dos prepararon dos tazas de café. Fueron al comedor y se sentaron uno en cada sillón.
-Bueno, ¿Qué tal por Nueva York?-le preguntó Jasper.
-Bien, la academia es muy prestigiosa y todos tenían un gran nivel cuando yo llegué, de modo que me costó un poco adaptarme, pero finalmente me esforcé y conseguí lo que me proponía. Ahora soy bailarina profesional/profesora. De vez en cuando bailo en teatros y en salas de baile y los días normales, trabajo de profesora para niñas pequeñas. Me encanta.
-Me alegro mucho de que al fin hicieras realidad tu sueño.
-Gracias. ¿Y tú? ¿Qué tal todo?
-Pues…seguí estudiando en la academia y hace un año, el profesor Griffin tuvo que dejar la academia y me ofreció su puesto. Yo acepté encantado y ahora soy profesor, como te contó Bella. Me compré un coche, terminé de arreglar la casa…y ya está.
-Ya he visto tu coche, es magnífico. Por cierto, ayer vi a tus padres, me hizo mucha ilusión volverlos a ver. Ellos también se alegraron mucho de verme.
-No me dijeron nada de que te habían visto-ahora entendía porqué de sonreían de aquel modo la noche anterior.
Parecía que no sabían que decirse, estaban los dos muy tensos.
-¿Has conocido a alguien en estos años?-le preguntó finalmente Jasper.
-¿A qué te refieres?
-¿Te…te has enamorado de alguien?
-No. ¿Y tú?
-Tampoco. Pensaba que estarías prometida o algo así.
-No, no he hecho muchas amistades allí. La gente es más cerrada y en la academia solo se va a trabajar, no a hacer amigos. No salgo mucho la verdad. De vez en cuando, después de las representaciones de ballet, muchos hombres me preguntaban si quería ir a cenar con ellos y cosas así, pero siempre les decía que no.
-¿Por qué?
-Supongo que, porqué no tenía ganas de estar con nadie.
Jasper estuvo varios minutos con la mirada perdida pensando en lo que le había dicho.
-Jasper ¿estás bien?-le preguntó ella mientras le daba golpecitos en la mano al ver que no reaccionaba.
Estaba tan metido en sus pensamientos que se sobresaltó al notar la mano de Alice sobre la suya.
Alice rió. Hacía años que no escuchaba aquella risa y le alegró volverla a oír.
-Si, estoy perfectamente. ¿Cómo están tus padres?-le preguntó Jasper.
-Bien, están los dos muy bien. Se han quedado allí, no les parecía bien que viniera. Pero no podía quedarme en Nueva York mientras aquí se celebraba la boda de mi mejor amiga.
-¿Por qué no les parecía bien que vinieras?
-No lo sé. Supongo…que tienen miedo que me quiera quedar aquí con la vida que tengo montada allí.
-Claro, es normal.-se decepcionó al oír aquello, sabía que Alice tenía intenciones de volver a Nueva York, pero en el fondo, aunque no quisiera aceptarlo, guardaba esperanzas de que se quedara.
Estuvieron charlando horas, hasta que se hizo de noche. Ya eran las ocho y media y ninguno de ellos se dio cuenta de lo tarde que era.
