Las cartas
Ya era de noche aunque no sabían la hora exacta. Habían estado todo el día en la habitación de Jasper. Podrían pasar así semanas, incluso meses.
Estaban los dos tumbados en la cama con las manos entrelazadas.
-¿De verdad no tienes hambre?-le preguntó Jasper por tercera vez.
-Te he dicho que no, aquí estoy muy bien.
-Yo también, pero me ruge el estómago.
-Pues prepara algo para comer y tráelo aquí.
-¿Y porqué no lo preparas tú? Yo te he preparado el desayuno-su quejó Jasper.
-Yo soy la invitada, la casa no es mía, no puedes hacerme preparar la cena a mí-le dijo ella haciendo un mohín.
-Bueno eso tiene arreglo. Quédate aquí conmigo y la casa también será tuya.
-¿Qué?-le preguntó Alice abriendo los ojos de par en par.
-Ya me has oído. No quiero que te vayas a Nueva York, quédate a vivir conmigo, Alice.
-¿Me lo dices de verdad?
-Claro, no hay nada en el mundo que me gustaría más que eso. ¿Lo harás?
-Pregúntamelo.
-¿Qué? Pero si ya te lo he dicho.
-Da igual, pregúntamelo-insistió Alice.
Jasper suspiró.
-¿Te gustaría quedarte a vivir conmigo?
-¡Si!-se abalanzó encima de él para abrazarlo y besarlo-aunque tengo que ir a buscar las maletas al hotel, y de todos modos en Nueva York aún tengo cosas mías-pensó Alice en voz alta-también quiero saber que pasó con las cartas. ¿Me dejarías hacer una llamada?
-Claro, pero ¿no crees que es muy tarde?-le preguntó Jasper señalando el reloj que marcaba las once.
-No importa, tengo que resolver esto ahora-se levantó de la cama, se puso la camisa de Jasper que se había puesto por la mañana y bajó las escaleras. Jasper se puso unos pantalones y la siguió.
Alice cogió el teléfono y marcó el número. Después de tres pitidos contestaron.
-¿Diga?-se escuchó la voz de Amy.
-Hola Amy, siento mucho llamar tan tarde pero necesito hablar con mi madre ¿está por ahí?
-Ahora mismo se la paso señorita Alice.
Esperó.
-Alice, me tenías preocupada ¿Cómo estás?-se escuchó la voz de su madre.
-Muy bien, aunque no gracias a ti.
-¿Alice que te pasa?
-Explícame lo de las cartas-le exigió.
-¿Qué cartas?-preguntó su madre.
-Lo sabes muy bien, las cartas que le escribí a Jasper. ¿Qué hiciste con ellas?
Estuvieron varios segundos en silencio.
-No puedes culparme de nada Alice, tú se las dabas al cartero la culpa no es mía.
-¿Estás segura de lo que dices?
-Está bien, le pagué al cartero para que después de que tú se las entregaras, él me las devolviera. Alice lo hice por tu bien entiéndeme.
-¿Por mi bien?-preguntó exaltada-¡He estado cinco años de mi vida destrozada pensando que el chico al que amo me había olvidado! ¿Y tú me dices que lo hiciste por mi bien?
-Si, lo hice por ti, para asegurarte una buena vida.
-Claro, la vida que tú querías, no la que quería yo. ¿Sabes qué mamá? Estoy en casa de Jasper y me voy a quedar a vivir con él. Dentro de dos semanas volveré para recoger mis cosas. Dile a papá que le quiero, adiós.
Colgó sin darle tiempo a responder.
-¿No crees que te has pasado un poco?-le preguntó Jasper.
-Se lo merecía. Por cierto, ¿tú no tienes que ir a trabajar mañana?
-Es cierto, lo había olvidado por completo-le dijo Jasper tapándose la boca con una mano en señal de sorpresa.
-Mientras tú estés trabajando, yo iré al hotel a recoger mis cosas, así no me aburriré tanto.
-De acuerdo. ¿Qué te parece si me preparas algo para cenar? Ahora no tienes excusa para no hacerlo-le dijo Jasper en tono de burla.
-Muy gracioso-le dijo irónicamente. Entró a la cocina y empezó a preparar la cena.
