Desesperación

Continuó ahí de pie sin moverse, la había vuelto a perder. Era el hombre más idiota del mundo. Se había olvidado completamente de la visita de Tracy, y mucho menos había pensado en que sucedería aquello. En ese momento no pensaba en Tracy sino en Alice.

Hacía tres días que había vuelto y se habían reencontrado, al otro día se habían perdonado y habían estado juntos, al día siguiente le había pedido que se quedara con él y ella había aceptado, y ese mismo día todo se había derrumbado. Como si los días anteriores no hubieran existido.

Aunque sabía con seguridad que ella sentía por él lo mismo que él sentía por ella, siempre se lo había demostrado. Lo que más le dolió fue comprobar la poca confianza que Alice le tenía, ni siquiera le había dejado explicarse. Tal vez no lo quería realmente tanto como decía.

De todos modos necesitaba hablar con ella.

Reaccionó y bajó las escaleras corriendo, se había pasado media hora de pie en la habitación. Descolgó el teléfono y marcó los números atropelladamente. Le contestó la voz de Bella.

-¿Diga?

-Bella soy Jasper, ¿está Alice ahí?-intentó sonar lo más serio posible aunque no lo logró.

-No, no está- no sonó nada convincente.

-Bella, sé que está con vosotros.

-De acuerdo, está aquí-se rindió.

-¿Puedes decirle que se ponga?

-No creo que sea el mejor momento Jazz, creo que deberías dejarla hasta mañana, para que piense las cosas con calma. Además no quiere hablar contigo.

-Lo sé, pero necesito que lo haga, necesito explicarle lo que ha pasado.

-Escúchame, llama mañana, ahora todo está muy reciente.

-De acuerdo-se rindió él-¿puedes decirle que la quiero?

-Si, se lo diré. Hasta mañana Jazz.

-Adiós.

Colgó el teléfono y se dejó caer pesadamente en el sofá. No podía sentirse peor. Se había acostumbrado demasiado rápido a tener a Alice cerca, y ahora que no la tenía, se sentía muy solo.

Se levantó del sofá y se dirigió a uno de los armarios que había en el comedor. Sacó un vaso y una botella de whisky, y empezó a servirse. Sabía que no debía hacerlo pero en aquel momento no le importaba demasiado.

Subió con la botella y el vaso lleno hasta la habitación donde se encontraba el piano, depositó el vaso y la botella encima del gran instrumento, se sentó delante y empezó a tocar casi con desesperación.