Holamuchas gracias para los que se dan el trabajo de leer esta historia. El comienzo es bastante tragico para Kagome, pero es lo que desencadena la historia y su personalidad. Espero les guste = )
Capitulo 1
El tiempo transcurrió sin consuelo, no se detiene para echar una mirada a su alrededor. Simplemente pasa junto a ti, rápido, como si nada importara.
Pero así como el tiempo va dejando su huella, no podía sino dar paso a una mujer, cuyas lágrimas de tristeza, hacían pensar que sus heridas nunca habían parecido sanar. Ella no podía olvidar. No había logrado hasta entonces vivir sin el espectro de su familia, que aunque ya no estaban vivos, seguían junto a ella, en su mente y en su corazón.
El semblante de tristeza no la abandonaba nunca. Y la característica gama gris que la vestía, demostraba simplemente su incapacidad de volver a ser feliz. Pero el tiempo había convertido a una niña, en una mujer. Ahora su cabello era de un negro intenso, largo hasta más abajo de los hombros cuyas terminaciones eran en ligeras ondulaciones, mientras que un flequillo le cubría un poco los ojos chocolates, intentando de esta forma ocultar la belleza que estos emanaban.
…
Ella respondió elevando un poco la mano al llamado del Sr. Miwa, su profesor. Estaba sentada en una esquina del salón, afirmando su antebrazo en la mesa del banco y su cabeza, en la mano. Miraba por la ventana con la mirada perdida, reflejando la luz que entraba y haciendo brillar sus ojos como si en ellos hubiese millones de estrellas.
Había comenzado a estudiar teatro hace tres años en la universidad. El teatro era su sueño desde hace muchos años. Había declinado al sufrir la pérdida de su familia y al encontrarse totalmente desolada, pero cuando quiso entrar a la universidad, fue lo único en que pensó y así lo hizo, sintiendo cada vez más pasión por este arte que no dejaba de sorprenderla y que la hacía descubrir que en su interior había mucho para dar. Solo en esta forma de expresión ella podía ser ella…Kagome
Su mirada era intimidante. Cada vez que alguien le hablaba, ella simplemente lo apartaba sin que hiciera falta palabra alguna. Simplemente hablaba solo cuando fuese necesario y decía también las palabras precisas para expresar lo que sentía. Y para ella no hacía falta compartir con nadie. Después de todo, sola había logrado sobrevivir y sola había vivido sus días después del accidente. Así era ella.
Su rostro era delicado y bello... demasiado como para apagarse con esa profunda tristeza y soledad. Es por eso, que siempre llamaba sin querer, la atención de muchos. Y mientras ella observaba por la ventana aquella tarde, no se percataba de que había estado llamando particularmente la atención de un muchacho, al otro extremo del salón, que como la mayoría, no se atrevía a acercarse a ella. Él solo la admiraba desde la distancia.
Él había escuchado rumores sobre Kagome: que ella intimidaba con la mirada, que jamás hablaba, que nunca sonreía. Y él lo había comprobado al observarla desde su banco. Nunca la había visto sonreír y eso lo tenía algo perturbado. Pero definitivamente era lo que más le intrigaba. Era lo que lo hacía desear aún más estar cerca de ella…hablarle…conocerla…
_ Es una demente desquiciada, si le hablas te mira con ojos asesinos- fue el comentario de un chico, hacia el otro que inevitablemente la admiraba- además es una completa antisocial.
_ He escuchado muchos comentarios acerca de ella…- respondió el chico sin quitar sus ojos de ella-, en cierta forma puede ser verdad, pero…no sé - no continuó hablando, solo desvió la mirada hacia el piso y ahí la dejó.
_ Inuyasha, estás loco - dijo volteándose en su asiento y dejando de prestarle atención.
El día terminó sin ninguna novedad y para variar las clases habían sido una eternidad.
Al salir del salón, Kagome se fue caminando hacia la biblioteca, el edificio más antiguo de la universidad.. El piso era de tablones de madera y el techo también, sostenido de vigas de madera maciza, las paredes de concreto y algo sucias debido a la humedad que entraba por las pequeñas ventanas en lo alto de las paredes. Había muchos estantes de madera sosteniendo a miles de libros que estaban ya en el olvido, con las hojas amarillas y cubiertos de polvo. Pocos jóvenes habían sentados en los mesones estudiando o leyendo. Sin embargo, para Kagome eso era lo mejor: tener un lugar tranquilo donde poder estar. Ya allí buscó algunos libros para estudiar y con uno de muchas hojas en la mano, se sentó en el suelo, apoyando la espalda en el estante y quedándose oculta entre todos los altos y viejos muebles.
Inuyasha había ido a dejar unos libros que había pedido el día anterior. Y se encontraba dando una vuelta por los estantes, cuando entonces se le detuvo el corazón. La vio ahí. Ahí sentada en silencio. Se paralizó ante ella y lo único que pudo hacer fue ocultarse atrás de un estante.'Si sigo con esta estúpida actitud no voy a hablarle nunca', pensó. Así que decidido, se salió de su escondite y se dirigió hacia ella.
_Hola - le saludó el muchacho afable, muy nervioso. La voz le temblaba un poco.
Kagome se limitó a mirarlo muy extrañada. Lo vio un poco más allá de ella, de contextura delgada, con el cabello castaño que le caía en mechones hasta las orejas, con sus ojos color ámbar mirándola, y brillaban como nunca Kagome había visto brillar unos ojos. El rostro del muchacho, fino, delicado y a la vez varonil le daban un gran atractivo, pero no le prestó demasiada importancia. No estaba acostumbrada a que alguien se le acerque, ya que sabía perfectamente que todos compartían los mismos pensamientos sobre ella. Siguió con su lectura silenciosa. Pero él no se dejó intimidar y decidió continuar con lo que había comenzado.
_ ¿Eres Kagome Higurashi, verdad?, me llamo Inuyasha, somos de la misma clase.
_ Ah, claro - dijo ella luego de unos segundos y para que el chico se fuera feliz de una vez. Ella no demostraba interés alguno.
Inuyasha quedó embobado por la melodiosa voz de Kagome, con un dejo de frialdad en ella, pero muy dulce y hermosa. Estaba ahí parado y Kagome esperaba que se fuera, pues inevitablemente, la presencia de alguien más mientras ella estaba estudiando, le molestaba.
_ Pero estoy estudiando…asi que, si no te importa… - le dijo ella muy seriamente. Una forma indirecta de decirle que se fuera.
_ Sí, claro, ya me voy, no te preocupes, te dejare estudiando – no podía dejar de balbucear y él bajó la mirada con las mejillas acaloradas- Bueno, te veré mañana y espero no haberte molestado. Bueno, adiós.
_ Claro, adiós…
Ella lo quedó viendo mientras él retrocedía, y él antes de girarse hacia otro pasillo, vio como ella se sumergió otra vez en su lectura, sin siquiera inmutarse.
Inuyasha se fue caminando con el corazón acelerado. Se había sentido muy nervioso de pronto. Y ahora se sentía tan vacío. No podía creer que ella tuviese tanta amargura en su mirada. Tanto recelo en sus palabras... Tanta desconfianza.
Puede que ese rostro exquisito de Inuyasha, no pasara desapercibido, ni siquiera ante unos ojos fríos como los de Kagome, pero ella no estaba dispuesta a interrumpir su sagrado momento de estudio. No estaba interesada en otras personas e inuyasha no sería la excepción.
Ella se dio cuenta que ya se le había pasado el tiempo, eran las cuatro de la tarde y debía ir a su sesión semanal con su psicólogo. Salió de la biblioteca y atravesó los enormes jardines de la universidad, verdes y cuidados maravillosamente, cubiertos de algunas flores opacadas por la estación. Llegó hasta el estacionamiento, tomó su motocicleta y se fue al centro de la ciudad. Donde en un edificio muy alto, con muchas ventanas y bastante moderno, ella debía llegar hasta el décimo piso.
Cuando hubo llegado al edificio subió en un elevador hasta la consulta de su doctor y al tener la puerta en frente, se detuvo, leyendo en la placa dorada de ésta: Taisho Sesshoumaru. Ella golpeó y al oír la respuesta desde adentro, entró y vio a un joven alto, delgado y de cabello plateado y largo, amarrado en una coleta y dejando unos cuantos mechones sobre su rostro. Al voltearse hacia ella, él dejó ver sus hermosos ojos dorados como la miel y también su rostro perfecto. Él esbozó una ligera sonrisa.
_ Buenas Tardes, Kagome - le dijo él amablemente.
_ Buenas tardes - saludó ella sentándose en el sofá y dejando su morral a un lado.
Kagome asistía a un psicólogo desde hace un par de años para poder luchar contra su amargura, lo cual ella misma había decidido. Sin embargo, había declarado como incompetente a su antiguo doctor y se cambió al actual hace un año o un poco más.
_ ¿Cómo estuvo tu día? - le preguntó él, mientras se acercaba y se sentaba frente a ella en una silla de la pequeña salita, llevando un cuadernillo en la mano.
_ Nada sobrenatural, lo mismo de siempre… pero - guardó silencio durante un segundo con el dedo cerca de su boca, pensando - un chico se acercó a mí hoy, fue extraño.
_ Eso es bueno, ¿Hace cuanto tiempo que no hablas con alguien?
_ Hace…mucho.
_ ¿Lo ves?, no desaproveches oportunidades, Kagome- le dijo él- debes abrirte a los demás, y más cuando es otra persona quien se te acerca.
_ Sí…ya lo se.
_ Bien…- dijo anotando algo en su cuadernillo y luego levantando la mirada, arreglándose las gafas- ¿has dormido?
_…Sí… tomando pastillas.
_ ¿Te he mencionado que no me gusta que tomes pastillas para dormir?
_ Miles de veces.
_ Entonces hazme caso de una vez- dijo él con voz severa y más serio que de costumbre.
_ Es la única forma- exclamó ella.
_ ¡No la es!, sabes muy bien que es lo que debes hacer, hemos hablado de eso muchas veces, Kagome- cerró sus ojos un momento- te has encerrado en ti misma durante mucho tiempo. Olvidar: Eso es lo que debes hacer aunque cueste, ya que si sigues llorando cada noche, créeme que ni siquiera yo podré ayudarte y deberás pasar a un especialista de mayor rango.
_ Sí lo se.... pero es tan difícil…- suspiró, con la mirada triste. Sesshoumaru puso atención en ella -, No es que yo quiera llorar cada noche, no es que yo quiera ser así con las personas, es solo que… me cuesta… ya no puedo ser como antes – su voz era apagada – Cuando toda mi familia murió, yo me quedé sola, sola y sin nadie que me cuidara. Tuve que hacerme valer por mi misma.
_ Es cierto- dijo él- No tenías a nadie en la ciudad, ¿Verdad?
_ Así es- continuó hablando- la ley obviamente hizo el intento de enviarme con mis tíos en Nueva York, pero yo no quería. No quería dejar a mis padres aquí cuando hace poco que los había perdido. Y lo que hice fue quedarme, con la casa y todo- suspiró- a menudo iba mi abuela, para enseñarme a subsistir, pero cuando ya fui mayor de edad, nunca más la vi.
_ Entiendo…
_ No hubo nadie que me ayudara… ¿Entiendes?, nadie que me diera ánimos, que me cuidara, ya no había nadie para quererme… y eso me dolió en el alma… no puedo evitarlo.
El chico levantó su mirada, observando a la chica y pudo ver sus ojos enrojecidos. Pero sonrió ante aquella confesión. Algo extraño sentía cuando ella ponía esa mirada, expresando tristeza. A menudo deseaba que llegara su sesión semanal, más que con cualquier otro paciente. Era evidente que por ella se sentía atraído. Si pudiera, sería él quien la apoyaría siempre, sin necesidad de usar sus métodos profesionales. Suspiró pesadamente. Escuchó como ella también suspiraba. El chico aclaró su garganta para hablar.
_ Te ves un poco pálida- comentó él, con un poco de preocupación.
_ Soy así- respondió.
_ Sabes a que me refiero- frunció el ceño- ... ¿almorzaste?
_ No tuve tiempo para esas cosas.
_ ¿Cómo que "Para esas cosas"?, lo dices como si no fuese importante- dijo él con reproche- ¿Crees que está bien que no quiera cuidar de ti misma?
_ Lo hago todos los días.
_ Entonces piensas que comer no es necesario.
_ No…no es eso…es que…-guardó silencio, hasta que él le habló, a los minutos después.
_ ¿No será que quieres mantener tu mente ocupada para no pensar en ellos?
_…Puede ser…Dios mío, ¿Acaso esto nunca va a terminar? ¿Nunca dejaré de sentirme tan vacía?…Llevo años en esto…Estoy cansada
_…Ya veo- dijo él- ¿Se te ocurre algo para dejar de sentirte asi?
_ Creo que si lo supiera, ya lo habría hecho- lo miró seriamente.
_ Quiero que pienses en ello, Kagome… y que me cuentes la próxima semana, que es lo que hace falta en ti.
_ Uf…muchas cosas…
_ Empecemos porque siempre estás diciendo que no tienes tiempo de comer, o que duermes mal, estudias hasta tarde y luego lo único que haces es llorar hasta que amanece y vas a la universidad… - dijo el poniéndose de pié mientras desabotonaba su delantal blanco y se dirigía hacia su escritorio- No sabes valorarte, ¿crees que a tu familia le gustaría saber que no te estás cuidando?
Kagome lo miró sorprendida, solía sermonearla por sus descuidos con ella misma, más como un amigo que como su psicólogo, pero ahora podía notar que él estaba preocupado. Sesshoumaru había desaparecido detrás de una puerta y tras unos segundos había aparecido nuevamente poniéndose un abrigo gris, largo.
_ Bueno yo…-pensó Kagome- creo que no.
_ No, ¿Verdad?
_ No
_ De acuerdo, entonces haz funcionar la cabeza y si tu no te das cuenta de lo que hace falta en ti misma, entonces podríamos llevar muchos años en la misma situación. Yo te conozco, Kagome… y se que eres capaz… eres inteligente y muy fuerte, eres independiente sí, ¿Pero porque sola?...la vida es muy corta para estar solo, Kagome.
_ Ya lo se…lo se…- murmuró ella.
Sesshoumaru tomó entonces el bolso de Kagome y se lo tendió.
_ Ahora vamos- dijo él- te llevaré a comer.
_ Pero yo…no es necesario- intentó negarse ella.
_ No aceptaré que te niegues, ven- esta vez la tomó de la mano para que se levantara y se fueron.
Se podía decir que con él era el único que hablaba y confesaba lo que sentía o le contaba como iba todo en su vida tan monótona. En él tenía confianza. Pero lo que ella no sabía era que él la quería como no quería a ninguna otra mujer. Con él, ella era capaz de hablar más de cuatro palabras en una frase. Kagome no tenía a nadie más que a él para desahogarse. Había aprendido a tenerle cariño a medida que lo visitaba cada semana. Pero él era solo eso: un médico que la ayudaría algún día a superar lo que tanto le atormentaba.
El joven la llevó a un restaurante cercano, allí comieron. Kagome guardaba silencio y una mirada con un poco de fastidio. Ni siquiera que él se preocupara, le agradaba. Odiaba cuando se preocupaban por ella hasta el punto de tener que haberla casi obligado a pedir un plato de comida. Ella miró su ensalada, pinchó una lechuga con el tenedor y luego la dejó caer y así estuvo un buen rato. No tenía hambre. Finalmente desvió la mirada al reloj.
_ Es tarde- murmuró la chica.
_ Y eso qué, no has comido nada- respondió Sesshoumaru mirándola con el ceño fruncido.
_ Tengo cosas que hacer, Sesshoumaru- pronunció lentamente mientras se levantaba y cogía su bolso.
_ ¿Cómo?, claro que no, siéntate.
_ No puedo, gracias por la comida- dijo ella- me marcho- se dio la vuelta. Sesshoumaru se había levantado de su silla para tomarla por el brazo y detenerla. Es que odiaba que hiciera eso; ella, que él la detuviera, y él, que ella se fuera de esa forma.
La chica lo miró sin mucho entusiasmo. El chico poco a poco cedió, soltándola, sin decir nada. Sabía que ella tenía cosas que hacer y no podía retenerla. La siguió con la mirada hasta que ella salió del lugar. El chico volvió a sentarse, desanimado. Pidió la cuenta y se fue. Le costaba trabajo pensar que ella simplemente lo veía como su psicólogo. Sesshoumaru caminó por la calle hasta llegar a su automóvil, pensando en ella, recordándola.
...
Eran ya las ocho de la noche. Kagome por las noches, trabajaba de mesera en un bar a excepción del fin de semana. Algo muy duro para ella, pues terminaba cada noche muy tarde y muy cansada. A veces había hombres muy desagradables que se emborrachaban y armaban escándalos sin querer irse del local. Y parte de su trabajo era ese: esperar a que se fueran para poder limpiar y ordenar. A veces se aprovechaban de sus pocas palabras, para insultarla o humillarla. Y tarde en la madrugada terminaba cada noche de trabajar y llegaba a su casa a estudiar, aún cuando el cansancio la derrumbaba.
El dinero que sus padres le habían dejado, había sido ahorrado cautelosamente para su universidad y el pago de todas las deudas que ellos le habían dejado. Casi ese dinero se había acabado. Pero ella con su trabajo, aunque no con muchos frutos, había logrado juntar suficiente para vivir tranquila, sin que nada le faltase.
Estaba atendiendo algunas mesas, no de muy buena gana. Estaba cansada, ya que la noche anterior tampoco había dormido bien, pues le había costado mucho trabajo irse del bar. Ese día no había demasiadas personas a quien atender, por lo que fue y se sentó en el mesón a descansar. Una suave música sonaba en el lugar. Algunas parejas bailaban en la pista y ella ni siquiera se limitó a observar.
_ ¡Kagome!- la llamó algo enfadado su jefe.
_ ¿Si?- respondió sin ánimos.
_ Bueno, ¿y crees que te pago por sentarte a descansar?, muévete y ve a limpiar el desastre que dejó ese tipo- indicando a un sujeto pasado de tragos que se había caído sobre una mesa y ahora yacía en el suelo, tanto él como la mesa. La chica suspiró y fue hacia allí.
Limpió el desorden y por un rato intentó sacar al sujeto de ahí, que ya era el único que quedaba. Luego de fastidiarse y advertir que el sujeto no tenía intenciones de moverse, dio por terminado su turno y se fue a quitar el uniforme. Eso pasaba algunas veces. Estaba muy aburrida de trabajar ahí, quizás debía considerar la opción de cambiar de empleo.
Eran alrededor de las una de la madrugada cuando se fue, terminado su turno. Llegó a casa y se decidió a prepararse un café para comenzar a estudiar. Se cambió de ropa y se sentó en el escritorio con una pila de cuadernos y libros sobre la mesa. Vestía con el pantalón de algodón de su pijama negro y ancho, un suéter morado oscuro de lana que le quedaba un poco suelto, un gorro tejido negro que le cubría hasta la mitad de las orejas, calcetines y sus pantuflas. Leía sus apuntes una y otra vez, intentando que la materia se le quedara grabada pues con el sueño, poco aprendía. La luz de la lámpara del escritorio le hacía doler los ojos.
Eran cerca de las cuatro de la mañana cuando consideró que debía dormirse para poder descansar un poco. Tomó una pastilla para dormir, ya que si tomaba más, quizás no despertara para ir a la universidad. Esa madrugada no le dio tiempo a sus penas de acudir a ella. Solo se durmió y despertó a las cinco horas después, lista para asistir a la universidad.
Al levantarse por la mañana, se metió en el cuarto de baño y se dio una ducha. Al poco rato salía con la boca fresca y con el aroma de la pasta dental, el cuerpo aún un poco húmedo y rodeado en una toalla, mientras el pelo lo llevaba envuelto en una toalla enrollada para que no goteara el piso. Se vistió abrigadamente, pues hacía mucho frío afuera. Cubrió el cansancio de sus ojos con algo de maquillaje, se secó el cabello y luego bajó hasta la cocina para desayunar.
Sin tomarse más tiempo, asistió a sus clases como siempre lo hacía. Dejó su motocicleta estacionada junto a otros automóviles y camino a la entrada a su mismo paso lento y calmado de siempre.
_ ¡Kagome!- la alcanzó un chico sonriendo- Buenos días.
Era Inuyasha. Parecía que el chico no se rendiría fácilmente.
_ Buen día- dijo ella sin ánimos.
_ ¿Como estás hoy?
_ Bien… - dijo poniendo blancos los ojos.
Inuyasha no hizo más preguntas, se quedó conforme de haber escuchado su voz aunque sea en esas pocas palabras. Se había pasado la noche desvelado, pues no paraba de pensar en ella. En como le parecía su voz tan melodiosa y la mujer más hermosa que había visto. Pensó también en como poder hablar con ella. No se le ocurría como, pero al parecer el destino le estaba dando la solución.
...
_ Para finalizar este semestre, - comenzó a explicar el profesor- escribirán un informe en parejas acerca de una obra del genero dramático a elección, con sus opiniones y comentarios acerca de ésta. Además tendrán que representar frente a la clase, vestimentas o elementos acorde al tema elegido. Deberán mencionar el autor de la obra, su biografía, otras obras del autor y responder el cuestionario general que les entrego ahora- pasando por cada banco y entregándole un apunte a cada uno- Quiero un informe completo como se espera de alumnos de tercer año.
A los pocos segundos, tocó la campana de finalización de clases. Todos ya comentaban el tema de su ensayo, y tenían elegidas sus parejas. Inuyasha se quedó mirando como Kagome estaba aún guardando sus cosas con lentitud, sin prisa.
_ ¿Vamos a hacer el trabajo juntos?- le preguntó Miroku a Inuyasha, su mejor amigo.
_ Lo siento, pero tengo pensado en preguntárselo- respondió Inuyasha mientras miraba a Kagome y Miroku siguió la trayectoria de su mirada. Puso los ojos blancos.
_ Te estas rayando con ella, Inuyasha- dijo tomando sus cosas y saliendo del aula.
El chico no prestó atención a las palabras de Miroku y se acercó a Kagome, cuando ya no quedaba casi nadie en el salón. Todos ya se habían ido en ese frío día de invierno.
_ ¿Quieres ser mi pareja?- le preguntó Inuyasha a la chica que levantó su mirada al oírlo.
Ella lo miró perpleja, tragó saliva.
_ Para el trabajo- especificó Inuyasha, sonrojándose un poco.
_ Lo siento…pero no lo creo- respondió confundida y caminando hacia la salida. Inuyasha la siguió- trabajo mejor… sola.
_ ¿Por qué no intentas trabajar conmigo? Quizás sea más fácil, por favor, solo dame una oportunidad.
Ella lo miró a los ojos perpleja y él le sonreía esperanzado. Ella asintió muy dudosa, y muy desconfiada.
_ ¡Genial!- no pudo evitar sonreír de oreja a oreja-, ¿Que te parece si escribimos el informe en mi casa?- Ella lo miró sin decir nada. Estaba casi sin habla - O en tu casa.- dijo luego al ver la mirada de ella.
_ Me da igual.
_ Será mejor que sea en tu casa, llevaré material y libros, para decidir el tema.
_ Muy bien, mañana a las cinco puede ser.
_ Está bien, como tú quieras- sonrió.
Kagome paró de caminar y sacó de su bolso un cuadernillo, le arrancó una hoja de papel y en ella escribió algunas palabras y números. Cuando acabó, se la entregó a Inuyasha, él la recibió y clavó la mirada en los ojos de Kagome. Nunca los había visto tan de cerca. Eran tan brillantes. Ella se despidió con un gesto de mano y se fue. El chico la siguió con la mirada hasta que se perdió entre la multitud.
