Hola hola, bueno gracias otra vez para las personas que leen esta historia. Es la primera que publico y llevo mucho tiempo escribiendola, por favor denme una oportunidad, y luego me dicen que les parece si?. Bueno, aqui dejo otro capi, espero les agrade = )
Capitulo 2
Al día siguiente, Inuyasha estuvo a la hora indicada en casa de Kagome, con ni siquiera un minuto de retraso. Inuyasha había logrado llegar a la casa de Kagome con el papel que ella le había pasado el día anterior. Él golpeó la puerta de una casa muy bonita, similar a una rústica cabaña del característico tipo occidental. Y a los pocos segundos, Kagome abrió la puerta. Inuyasha quedó impresionado. Ella vestía una blusa gris y unos pantalones a rayas más oscuros, nada fuera de lo normal, pero su cabello estaba diferente, lo llevaba suelto y no amarrado como de costumbre. Esto lo notó Inuyasha de inmediato, quedando embobado por lo linda que ella se veía.
_ ¿Entras o no?- inquirió ella con su acostumbrado semblante serio.
_ S-si- contestó. La voz le se le quebró.
Inuyasha entró y se dio cuenta de que a pesar de que su compañera de trabajo era muy fría, en su hogar había un ambiente muy cálido y delicado. Se sentó en un sofá muy blando y cómodo. Allí esperó a que Kagome terminara de buscar unos libros entre muchos otros de una estantería en la sala. Había mucho silencio en la casa y esto despertó curiosidad en el chico. ¿No había nadie más con ella en casa? ¿Y su familia?
Kagome volvió y se sentó junto a él, mientras hojeaba con lentitud un libro que había depositado sobre sus piernas. Inuyasha la observó mientras tanto. De pronto ella le habló para sugerir el tema de su informe. Lo discutieron durante un rato hasta que finalmente pudieron llegar a un acuerdo.
La obra que eligieron se llamaba "Prometeo encadenado", una leyenda griega, sobre como Prometeo, el semidiós y titán, luchó contra la fuerza y la ira de los temerarios dioses por amor a la raza de los hombres. Pero fue castigado por el más terrible de todos los dioses, encadenándolo en una gran roca donde lo sometió al sufrimiento eterno. Kagome la eligió. Ella se sentía así, encadenada a sus recuerdos y sufriendo como lo hacía Prometeo. A ella también la había castigado el dios de los dioses... Cuenta la leyenda griega que, Prometeo fue liberado de su sufrimiento por un héroe. Kagome se preguntaba también para sí, ¿Quién sería su héroe?... quien sería el que la sacaría de su oscuridad.
Inuyasha notó una chispa de melancolía en los ojos de Kagome, le hubiese gustado saber porque, sin embargo, no se atrevió a preguntar. Tenía tantas dudas sobre Kagome, ella era tan misteriosa. ¿Cómo podía ser así?, se preguntaba Inuyasha. Así tan fría, así tan introvertida, así tan intimidadora. Estaba impaciente por saber, pero tenía que tener paciencia. Solo estaba deseando que las cosas salieran bien para él y se cumpliera su ahora mayor deseo.
Ambos tomaron muchos apuntes, durante varios minutos que luego se convirtieron en horas. Y a medida que el tiempo transcurría, Inuyasha quedaba más deslumbrado con ella, de pronto se había percatado de toda su sabiduría y de toda esa inteligencia que sus ojos reflejaban cuando escribía. Se fijaba en todos los movimientos que su rostro hacía, del ceño ligeramente fruncido buscando concentración y de su pelo que caía como seda sobre su frente y sus mejillas
Al darse cuenta, el manto oscuro de la noche cubrió cada rincón de la ciudad. Desde la ventana de la sala se veían las muchas luces algo lejanas, que alumbraban las calles. Inuyasha pensó en la hermosa perspectiva y sonrió, sin percatarse de que Kagome lo vio sonreír con tanta facilidad, sintiendo algo muy extraño dentro de ella. Sin embargo, desvió la mirada y no le dio mayor importancia y siguió redactando un texto sentada en la alfombra y apoyada en una mesita de centro, mientras el muchacho seguía con su descanso.
La casa de Kagome era una sencilla construcción de madera que se encontraba en la cima de una loma, rodeada de jardines que la hacían ver acogedora. Aquella casa era la que sus padres le habían heredado y la que Kagome había guardado celosamente todos esos años, ya que ella no había permitido que nadie se quedara con ella, aceptando solo el cuidado de su abuela que la visitaba a menudo para enseñarle acerca del cuidado de un hogar. Cuando la chica cumplió la mayoría de edad, no volvió a verla. Y otra vez la habían dejado sola.
Inuyasha notó que Kagome había dejado de escribir, y estaba con la mirada clavada en algo que aparentemente llamaba mucho su atención, el chico siguió su mirada y se encontró con una fotografía. Se acercó para ver y en ella se dio cuenta de que había una pareja con una chica y un niño un poco menor que ella. Inuyasha se dio cuenta de que era la fotografía de su familia.
_ ¿Donde están?- preguntó Inuyasha a Kagome.
Ella dio un suspiro y no respondió. Inuyasha se tragó su duda, ya que se dio cuenta de que ella no hablaría. Fue y se sentó junto a la chica.
_ Está bien, no es necesario que respondas…después de todo, no soy quien para presionarte a que lo hagas- suspiró él cerrando un poco sus ojos- solo pienso que podría ser que conversáramos un poco más, ya sabes, como compañeros - dijo sonriendo.
Ella lo quedó viendo, intrigada por sus palabras, y a la vez sorprendida. Ella tenía ahora una mirada difícil de describir. Como si por un segundo se hubiese emocionado. Inuyasha se sonrojó al sentir sobre él la mirada de ella. Es que no podía evitarlo, era débil ante ella y no sabía bien por qué.
Se hizo demasiado tarde, e Inuyasha comenzó a sentirse algo cansado. Eran las diez de la noche para ser exactos, no habían parado de trabajar y él tenía hambre. Se detuvo a pensar en eso. De pronto, se había dado cuenta de que ella no se había despegado de sus apuntes, y él también quería pasar un rato agradable con ella sin la lectura de sus libros. Quería significar algo para ella, su amigo, o tal vez algo más, pensó sonrojado. Con tan solo mirarla, y sentir al estar cerca, la calidez de su piel, se sentía con una inmensa alegría por dentro, pero también con una gran angustia aprisionándolo. Ella era diferente a todas las mujeres que conocía. Siendo honesto, nunca había conocido a alguien tan especial como ella.
_ No me había dado cuenta- dijo Kagome con su voz característica, casi sin ninguna entonación y hablando casi en un murmullo.
_ ¿Eh?, ¿A qué te refieres?
_ A la hora- se puso de pie dejando sus libros a un lado- lo siento, debes estar cansado.
_ No no, para nada, nada de eso- dijo haciendo un gesto con su mano mientras ella volteaba la cabeza para verlo, seria. De pronto la chica escuchó un leve rugido que provenía del estómago de Inuyasha. Había sido descuidada al no preparar nada para la cena. Inuyasha se sonrojó, avergonzado.
_ No te preocupes, prepararé algo de comer- dijo ella dirigiéndose a la cocina.
Inuyasha la vio con los ojos brillantes mientras ella se iba. Vio la sombra alargada de ella que atravesaba el pasillo, debido a la luz de la cocina. El joven se levantó de su asiento y la siguió hasta llegar al umbral de donde ella estaba y ahí se quedó apoyado en la marquesa de la puerta, observándola mientras ella cocinaba.
Se fijó en la decoración de cada rincón de la cocina, que por cierto era bastante grande y muy bonita. El techo blanco con vigas de madera a la vista. El piso de baldosa de un color mantequilla, relucía. Había muebles en la pared y muebles para cocinar alrededor de las murallas, todos de madera y en el centro de la cocina había un mesón de forma rectangular con pisos metálicos altos y cubierta de madera al rededor de él, donde al medio se dejaban condimentos y otras cosas. Ahí comía Kagome para no ir hasta el comedor principal que estaba al lado del living.
_ Tienes habilidad para la cocina- dijo él, viendo como ella movía la sartén para que no se pegaran los alimentos. Ella simplemente asintió- Yo no sé cocinar muy bien- comentó rascándose la cabeza-, intenté aprender desde pequeño y siempre terminaba quemando todo, y desde entonces, cuando intento cocinar, dejo un desastre en la cocina. Definitivamente no se me da esto.
Kagome se encontraba de espaldas a Inuyasha, y es por esto que él no pudo ver la delicada y sutil sonrisa en los labios de la chica.
Un aroma a comida le llegó a Inuyasha a la nariz. Olía muy bien. Kagome cocinaba tallarines con salsa. Suerte que a Inuyasha había adorado los tallarines, con salsa, con huevo, con pescado, fríos o como sean. Comía cualquier tipo de alimentos. Aunque eso no le importaba demasiado a Kagome, ella solamente había cocinado algo rápido y sin si quiera preguntar.
_ ¿Pongo la mesa?- inquirió Inuyasha.
_ De acuerdo
_ ¿Dónde están los cubiertos?
_ En el cajón- mencionó indicando un mueble que estaba junto a ella.
_ OK
Al poco rato, estuvo lista la comida y también la mesa estuvo preparada. La muchacha pidió a Inuyasha que se sentara mientras ella servía los platos de una vajilla moderna, blanca y de forma cuadrangular. Comieron en silencio, al menos por parte de Kagome, ya que Inuyasha se había encargado de amenizar el momento, contando acerca de su vida o cosas así.
Una vez que terminaron de comer e Inuyasha haber agradecido por lo deliciosa que había estado la cena, modificaron los últimos detalles del trabajo y como era ya muy tarde, dieron por terminada la jornada. Inuyasha se despidió y se fue. Recordando con detalle mientras caminaba, cada momento en el que estuvieron juntos. En el que estuvo sentado a su lado, tan cerca de ella, admirándola cuando ella no se percataba, sintiendo su aroma…acariciando su piel con la mirada. Un suspiro se le escapó de los labios mientras hacía detener un taxi.
...
Algunas aves revoloteaban a ras del techo al amanecer, justo sobre la alcoba de Kagome, quien despertó por el sonido que éstas propinaban al buscar las semillas que caían de los árboles. La chica se levantó, harta del sonido incesante. Era domingo, no habían clases, ni tampoco trabajo, y aún así debía levantarse por unos estúpidos y molestosos bichos: esa fue la forma en que ella los nombró al encontrarse de mal humor. Se dirigió hacia el lavatorio que estaba frente a su alcoba y luego de un rato salió, con una mejor cara. O al menos ya no de tan mal humor. Se cambió de ropa y bajó las escaleras para ir a la cocina con la intención de prepararse una taza de café, pero antes de llegar, se detuvo y posó su mirada sobre la sala. El día anterior había experimentado algo nuevo. No solía tener visitas, nunca. Ni siquiera de compañeros universitarios para trabajar, pues siempre se había limitado a hacer los trabajos de colegio o universidad sin compañía.
Durante la tarde salió de su casa. Ella no solía hablar mucho, pero sí a pensar demasiado. Caminó lento por las calles, pensando. Decidió no tomar un taxi, ni ir en su motocicleta, solo quería caminar hasta donde el viento la fuera a dejar, sin importan cuán lejos. Le gustaba sentir el viento acariciando su piel, su rostro. Así encontraba tranquilidad en sí misma. El lugar por donde iba, era el que siempre recorría en su motocicleta cuando iba a la universidad. Era una larga calle levemente declinada, en la cual había muy poco tránsito y estaba rodeada de árboles que la cubrían bajo sus sombras mientras avanzaba. Unas cuantas flores silvestres crecían junto a la maleza entre medio de cada bloque de cemento de la vereda. Había muy pocas edificaciones que admirar. Eso lo hacía un lugar casi ajeno a la ciudad, donde el ruido contamina.
Ella anhelaba con ser feliz, ser algo tan diferente de cómo se sentía ahora. Tan triste, ¿Por qué esa tristeza la atormentaba tanto? Los recuerdos siempre la habían atormentado tanto. Se sentía como un ave en una jaula, sin nadie quien le ayudara a salir a volar. Se sentía como al borde de un precipicio, sin nadie que la empujara hacia atrás. Quería olvidar. Sabía que olvidando encontraría lo que tanto había deseado, ¿Pero como? Entonces aquel chico venía a sus pensamientos otra vez. Una y otra vez pensaba en él. En por que él decidió acercarse a ella. Le gustaría retenerlo a su lado por mucho tiempo, necesitando de su compañía cada vez más, pero había algo dentro de ella que se lo impedía. No reconocía ese sentimiento, jamás lo había sentido, o no que ella recordara, pues esa capacidad de sentir la había perdido hace mucho. O al menos eso era lo que ella creía.
Pisó con toda su fuerza y rabia una flor que se topó en su camino, luego levantó el pié y la vio muy aplastada y marchita. ¿Se sentía así también ella? ¿Como algo tan pequeño que cualquiera puede pisotear? A menudo esa rabia venía a ella, porque estaba cansada de su vida tan monótona, tan paralela a como la soñaba cuando pequeña. Ya no quería, pero su mente otra vez recordaba y caía y caía otra vez en el mismo agujero negro que la había aprisionado todos estos años.
Tras una larga caminata, llegó a una plaza, con muchos niños jugando en ella. Kagome se echó las manos a los bolsillos y no muy animada, pateó lejos una piedra, a la cual siguió con la mirada, hasta que chocó con los pies de otra persona. Ella no le prestó importancia, y al parecer la otra persona tampoco, ni siquiera levantó la mirada para ver, y él o ella no dijo nada así que la chica siguió con su camino, pensando. Pero sintió como alguien la tomó del brazo, arrancando su mano del bolsillo, pero no con brusquedad. Fue entonces cuando ella levantó la mirada.
_ ¿Que haces por estos lados?- preguntó un chico mientras le sonreía.
Kagome se sorprendió de encontrarlo allí, pero supo muy bien como mantener las mismas facciones sin expresión de su rostro. Era el chico en el que había estado pensando. Inuyasha. ¿Por qué lo encontraba ahora en su camino?
_ Hola- le dijo Inuyasha sonriendo aún.
_ Hola- dijo ella.
_ Que sorpresa verte- le dijo mientras sonreía y Kagome lo admiró mientras lo hacía.
Aún la tenía sujeta suavemente por el brazo, pero la soltó al escuchar que lo estaban llamando, era Miroku, su amigo que al voltearse Kagome e Inuyasha, estaba abrazando a otra chica un poco menor que él. Inuyasha le ofreció a Kagome un paseo con sus amigos, pero ella se negó, por lo que no le quedó más remedio que despedirse de ella aunque se le partiera el alma en dos. Esa oportunidad de haberla encontrado en un día normal, era maravilloso, pero así como era un día normal, también no era el indicado. Se alejó, no queriendo despegar el reflejo de ella en sus ojos. Kagome también lo quedó viendo alejarse con sus amigos, quedándose ella sola otra vez, pero ahora algo confundida.
Se hizo tarde, y volvió a casa. Había caminado mucho, y estaba cansada. El encuentro con Inuyasha la había dejado algo perturbada, fue extraño, '¿para qué el destino me lo está poniendo en mi camino?', pensaba a cada instante sin comprender. Finalmente se fue a la cama.
Kagome se quedó mirando hacia el techo durante un rato, mientras estaba cubierta con las sabanas. Se giró en la cama y vio el brillo del portarretratos en su mesita de velada. 'Los extraño mucho…', susurró ella con lágrimas en los ojos. Una lágrima resbaló por su mejilla, pero esa solo fue la primera de las muchas otras que bañaron su rostro. Seguía recordando aquel accidente como si el tiempo nunca hubiese transcurrido. '¿Por qué fui yo la única que despertó de esa pesadilla?' Se preguntaba cada noche. Y los recuerdos la invadían por completo. Se aferró a su almohada dejándola húmeda con sus lágrimas. Nunca más tuvo el apoyo de una madre, ni discusiones de un hermano menor, ni el cariño de un padre. Ella los seguía extrañando sin poder nunca quitarlos de su mente. Pero ella los sentía a su lado a veces cuando lloraba, aunque no los pudiera ver, los sentía consolándola.
...
Inuyasha quería recordar la cara que puso ella cuando lo vio, pero haciendo memoria, ni siquiera se mostró sorpresiva. Aquella chica lo estaba matando de tanto pensar en ella sin llegar a ningún pensamiento cuerdo. Su esperanza de ser importante para ella algún día, se desmoronaba con cada mirada inexpresiva. Ya no estaba seguro de que ella cambiaría un poco su actitud como lo había imaginado muchas veces en sus sueños. Y para no seguir destrozándose a pensamientos, se fue a dormir, para soñar otra vez con ella y ser feliz por lo menos en una fantasía.
No importaba… él no se rendiría tan fácilmente hasta no ver una sonrisa dibujada en los labios de Kagome, solo para él.
Le costaba un poco conciliar el sueño, se encerraba en sus pensamientos y los repetía como una película en su mente. Pero no solo recordaba su encuentro con la chica sino también, como sus amigos se habían burlado de él al enterarse de que estaba hablando con una "demente".
"_ No creí que fueras hablarle a esa loca, Inuyasha- le dijo Miroku, el mismo amigo que siempre lo acompañaba.
_ ¿No has escuchado todos los rumores que han dicho sobre ella?- dijo la chica abrazada a Miroku.
_ Si los he escuchado- dijo algo molesto Inuyasha- pero como tú lo dijiste, son solo rumores, ya verás que no son verdad…
_ ¿Qué acaso no lo has comprobado tú?- le preguntó ella otra vez.
_ Bueno, sí es distinta a todas… pero te diré que ella no es como todos creen, no es una loca como tú dices, Miroku… ella es especial- dijo casi en un susurro, Inuyasha.
_ Insisto, estás loco- dijo Miroku.
_ ¡Ya basta!- exclamó Inuyasha- ¡Hablen lo que quieran sobre ella, pero no delante de mis narices!
El chico enojado, se fue del lugar dando pasos largos y dejando a sus amigos algo desconcertados, no entendiendo el cambio tan radical de su amigo."
Se había enfadado con Miroku y su chica, por culpa de Kagome. Definitivamente ella lo terminaría volviendo loco. Quizás Miroku tenía razón. Se sentía como un estúpido pensando en ella. En alguien que ni siquiera lo tomaba en cuenta, y eso le estaba doliendo, muy dentro de su corazón.
Cuando le sonó el reloj despertador en un oído, se levantó sin muchos ánimos. Volvería a ver a sus amigos y tendría que disculparse por lo dicho el día anterior, aunque no se arrepentía de ninguna palabra salida de su boca. Se despidió de sus padres, salió de su casa y se fue. El cielo estaba cubierto de nubes grises oscuras, llenas de agua, que en cualquier momento estallarían en miles de suaves gotas de lluvia. Inuyasha caminó mirando el cielo, el día estaba aburrido y sin ánimos. Típico de un día nublado, que contagiaba a todos con su hostilidad, pero no se dejaría llevar por eso, y seguiría con su propósito de conquistar a Kagome, alegremente como lo había hecho hasta entonces, olvidando sus desanimes de la noche anterior.
Al llegar al salón, vio que Kagome ya había llegado. Estaba sentada en su banco esperando que comenzara la clase. Inuyasha se fijó que Miroku no había llegado aún, así que no se preocupó y se dirigió hacia ella con actitud decidida.
_ Hola- saludó él- me dio gusto verte ayer- sonrió.
_ Hola…-respondió ella vagamente.
_ ¿Te ocurre algo?- pregunto preocupado.
_ No, nada.
La noche anterior, Kagome había llorado un poco antes de dormir, por lo mismo que siempre la hacía llorar. Le dolía un poco la cabeza ahora y estaba desanimada como de costumbre. Inuyasha se sentó a su lado y ahí se quedó hasta que la clase terminó. El muchacho se dio cuenta de los ojos hinchados de Kagome y de pronto se sintió muy angustiado, pensando que dentro de ella había un gran dolor, atormentándola. Inuyasha y Kagome no hablaron más después de lo anterior. Solo estuvieron en silencio. Inuyasha sabía que así lo prefería Kagome. La clase terminó y el profesor despachó a los alumnos del salón.
_ Kagome- la llamó el profesor- tú quédate por favor.
Kagome escuchó un murmullo de algunos estudiantes que la miraban con sorpresa a medida que salían y ella se quedó de pié esperando quedarse a solas con el profesor. Inuyasha que estaba atrás de ella la quedó viendo algo angustiado. Nunca sabría lo que ella sentía al ser discriminada por la mayoría del salón… y solo por ser diferente. El joven le dijo que la esperaría afuera, hasta que ella saliera.
_ Kagome- le comenzó hablar el profesor-, me parece muy bien que una alumna tenga esta clase de notas. Eres una de las mejores estudiantes del salón- dijo entregandole un examen de ella, manteniendo una sonrisa en sus labios-, y bueno, sin más rodeos, quería hacerte una propuesta.
La chica lo miró expectante.
_ ¿Actuaría junto a otras universidades en Nueva York?
Kagome se quedó atónita. Solo siguió escuchando las palabras de él.
_ Cuando interpretaste el monólogo de Hamlet hace algunos meses, me pareció con mucha fuerza y creo que tienes mucho potencial. ¿Qué tal si lo intentas?
_ Yo…- fue interrumpida.
_ Pero no es necesario que contestes ahora, puedes pensarlo unos días.
_ No es necesario, está bien, lo haré.
_ ¿De verdad?, ¡Eso es excelente!, Bueno, la obra es una adaptación de un clásico de Shakespeare, es "Romeo y Julieta", aquí esta toda la obra- le entregó un libreto- hubo una reunión de profesores de distintas universidad, y yo te inscribí con el papel principal.
_ ¿El de Julieta?- preguntó algo exaltada.
_ ¿Algún problema?, porque si es así puedo conseguirte otro para que no te sientas incómoda
_ No- mirando el libreto- es un desafío digno de aceptar- dijo ella lentamente.
_ Que bien, porque estoy seguro de que lo harás excelente- sonrió- …y recuerda que esta obra se verá muy bien en tu currículum al graduarte, además le dejará un porcentaje de ganancias a cada uno de los jóvenes del elenco.
_ Ah, eso es bueno- dijo mirando el libreto que se encontraba entre sus manos.
_ Bueno, ahora me queda hablar con el 'Romeo', pero eso será mañana.
_ ¿El Romeo?- preguntó curiosa, más como una pregunta para sí misma que para su profesor.
_ Sí, Inuyasha Taisho- dijo con aire de orgullo.
"Inuyasha"… ¿Pero como era posible? El profesor le siguió hablando muy entusiasmado, pero ella parecía no escucharlo, estaba sumida en el eco que resonaba en su mente. El que repetía el nombre de Inuyasha por todas partes. Cuando el señor terminó de hablar, la chica salió del salón. Y como Inuyasha le había dicho, él la esperó hasta que saliera.
_ ¿Y bien?- preguntó Inuyasha con una sonrisa- que fue lo que te dijo.
Kagome lo quedó mirando aún sin palabras en su boca, desvió la mirada y se fue caminando sin responderle. El chico la siguió en silencio, pero de pronto la tomó del brazo lo suficientemente fuerte como para que ella se detuviera.
_ ¿Qué paso? ¿Por qué no me dices?- preguntó el con los ojos brillantes y algo preocupado, pensando que había ocurrido algo malo.
_ No pasó nada.
_ ¿Entonces? Dime por que te pusiste así.
_ ¡Eres tan insistente! ¡Déjame en paz!- exclamó soltándose bruscamente de la mano de Inuyasha. Algunos estudiantes que había cerca, voltearon sus cabezas para ver lo que estaba sucediendo. ¿Kagome Higurashi gritando? Se preguntaron asombrados.
_ Espera, no te vayas- la detuvo otra vez- solo quiero saber que es lo que te puso así. Quiero que confíes en mí, Kagome- le dijo con un tono suave en la voz- que me digas que te pasa, yo de verdad que así lo quiero…más que a nada en este momento y estoy seguro de que puedo lograrlo… puedo llegar a ser aquella persona en quien confíes…
_ Eso… Eso no es algo que le importe a una persona como tú, que eres popular, rodeado de amigos y... ¿Que diablos haces siguiéndome? ¡Deja de hacerlo!, ¡Tú no me agradas, Taisho!
Kagome se fue corriendo, intentando escapar de todos esos ojos que observaban la discusión de Inuyasha y ella. También escapó de Inuyasha. La frase retenida en su mente 'Quiero que confíes en mi', se le había quedado grabada. No sabía si en realidad estaba harta de Inuyasha, de que la siguiera a todas partes, pero él perturbara su tranquilidad, pues desde que lo había conocido no tenía un solo momento tranquilo, pensando en la próxima vez que pudiera encontrárselo, imaginando con qué palabras la sorprendería la próxima vez. Sin embargo, cada vez que lo hacía, sentía un cosquilleo extraño en el vientre. Y ahora, actuarían juntos en una obra de…amor… Aquella palabra le hizo latir el corazón muy fuerte, le hizo recordar también que llevaba rato corriendo fuerte y se detuvo en seco, dándose cuenta de que a su alrededor había mucha gente, niños jugando, parejas hablando, y ella cayó de rodillas al suelo del cansancio. 'Amor', aquella palabra y sentimiento era algo desconocido para ella, había amado a su madre algún día, a su padre, a su hermano… y ese sentimiento había dejado de existir tal cual como dejaron de existir ellos.
...
Ese día no fue a trabajar, no estaba de ánimos. Decidió quedarse en casa, refugiándose del mundo. De la lluvia que había comenzado a caer fuertemente. El teléfono sonó insistentemente durante gran parte de la tarde, pero terminó por desconectarlo ya que no soportaba que la perturbara ese sonido. La tenía harta. Inuyasha la tenía harta. Porque eso que sentía, significaba que él era solo una molestia… ¿Verdad? …
Quizás significaba todo lo contrario, no obstante, de eso ella no se daría cuenta fácilmente. No se daría cuenta de que lo que sentía podía ser algo más grande que todo lo que había vivido en toda su vida.
