Holaa, aqui dejo otro capi, espero k les guste. Muchas Gracias para los que leen esta historia =). No olviden de dejar sus opiniones si?


Capitulo 3

Inuyasha había vuelto a su casa, muy angustiado. Triste por que no estaba logrando nada con Kagome, y sin darse cuenta ella se estaba haciendo cada vez más importante para él. Pese a que ella guardaba miles de secretos que él desconocía, al mirarla a los ojos sentía que podía ver a través de ellos y encontrar el dolor que ella refugiaba en tan solo un brillo más de su mirada. Estaba con un nudo en la garganta. Sus intentos por estar junto a ella quedaban colgados en el aire; eran un fracaso.

Estaba seguro de que Kagome siempre estaba triste, y tenía que haber una buena razón para ello. Él quería sanar toda herida que ella tuviera en el alma, pero ahora veía tan lejano aquel momento en que pudiese hacerlo. Tantos momentos pensando en ella, que ahora creía que no valían la pena. Sin embargo, no podía quitársela de su mente, ni siquiera después de la reciente discusión que lo tenía con el alma prendida de un hilo.

Intentó llamarla varias veces, pero ella no contestaba. Se quedó sentado en el suelo de su habitación como esperando a que ella fuese quien lo llamara, para decirle que sus últimas palabras no habían sido verdad… Que solo lo había dicho porque todos estaban mirando. Que lo que sentía por él era todo lo contrario. Aunque él sabía perfectamente que ella no lo haría. Su orgullo no se lo permitiría.

Su habitación estaba oscura por el invierno de afuera. Solo alumbraba la luz de su mesita de velada. Él estaba sentado en el suelo apoyando la espalda en la cama y la cabeza hacia atrás, con los ojos cerrados y el cabello sobre sus ojos. El teléfono estaba a su lado.

_ Inuyasha- lo llamó una mujer desde el otro lado de la puerta de la habitación, que por su voz, parecía que era mayor que él- Inuyasha- lo volvió a llamar.

_ Que pasa, mamá- dijo sin ánimos y gateó casi arrastrándose para acercarse a la puerta y así oírla mejor, pero aún así no la abrió.

_ Me preocupas, no has comido nada ¿Estuvo muy cansado el día?

_…Bastante… y no te preocupes, no tengo hambre.

_ Bueno, pero tu ración está en el refrigerador, buenas noches.

_ Está bien, buenas noches.

Sintió los pasos de su madre alejándose y la madera que crujía. Significaba que se había ido.

Era cierto, no había comido nada desde que llegó a casa. Estaba muy cansado de darle vueltas a su problema emocional tantas veces, por lo que se recostó sobre la cama y tras unos minutos de estar con los ojos abiertos, cayó dormido. Era cerca de las nueve de la noche y después de no mucho tiempo transcurrido, se despertó a causa del teléfono sonando. Lo alcanzó rápido, con la ilusión de que la persona que llamaba era Kagome, pero al contestar, su ilusión se le fue al suelo, pues no era ella. 'Por supuesto ¿Cómo pude siquiera haberlo pensado?', dijo en sus pensamientos.

_ Inuyasha, hola- le dijo la voz de un chico, desde el otro lado de la línea.

_ Ah, Miroku, hola- saludó.

_ Por tu voz de decepción supongo que esperabas la llamada de otra persona- dijo.

_ En realidad no- se mintió también para sí mismo.

_ Está bien… oye, sé que es un poco tarde, pero ¿Porque no vienes a mi departamento?

_ ¿Ahora?

_ Sí

_…De acuerdo- dijo tras unos minutos de pensarlo-, te veo en quince minutos.

Salió de casa apenas colgó el teléfono. El departamento de Miroku no estaba muy lejos. Miroku era de otra ciudad, pero se había venido a vivir a California con su tía y un primo desde hace unos siete años a causa de los estudios, pero ahora ellos habían salido de la ciudad, por lo que Miroku se encontraba solo. Al poco rato Inuyasha llegó al departamento y su amigo de cabello negro amarrado en una pequeña coleta, de un arete en una oreja y los ojos color violeta, lo hizo pasar muy naturalmente.

_ Llegaste rápido- dijo él.

Inuyasha asintió con la cabeza y bajó la mirada, Miroku se dio cuenta de inmediato del motivo de esa actitud. Lo hizo pasar e Inuyasha se sentó en un sofá junto a la ventana, desde el cual se veía la ciudad. Miroku fue a la cocina por unas cervezas y volvió luego de cinco minutos. Se sentó a su lado y bebieron en silencio, pero éste no duró demasiado.

_ Oye, ¿Porque estás así?- dijo Miroku.

_ Así como- dijo en tono interrogativo.

_ No te hagas el tonto, ya se que dije cosas indebidas sobre Kagome- se recostó en el sofá- me he dado cuenta de que la miras mucho y supongo que ella te gusta aunque no me lo has dicho, creo que yo me pondría así de histérico también, si mi mejor amigo hablara mal de la chica que me gusta.

_ Al menos te das cuenta.

_ ¿Estas bien interesado en ella verdad?, digo ¿Ella es especial para ti?- dijo antes de tomar un trago de su bebida.

_...Sí, creo- dijo inclinándose hacía adelante. Apoyó sus codos en las rodillas y tomó su cabeza entre las manos.

_ Nada de que "sí, creo", se te nota en la cara de que estas loco por ella.

_ Bueno, pero de nada sirve… tenías razón después de todo, ella es bien difícil.

Miroku notó una mirada de tristeza en Inuyasha. Era su mejor amigo desde hace años y lo conocía muy bien. Sabía que cuando su amigo se enamoraba, era en serio y solo una vez lo había visto así antes. Había sufrido una desilusión y no quería verlo tan depresivo como aquella vez. Inuyasha le contó lo que Kagome le había dicho, que él no le agradaba, y cuanto lo había sentido en el alma.

_ No me digas que te vas a rendir después de eso- le dijo Miroku.

_ Bueno, si yo a ella no le intereso, no vale la pena- dijo Inuyasha.

_ Apuesto a que sí, no seas tonto, toda mujer está hecha para amar, hasta una mujer fría y distante como ella, lo que necesita es tiempo, aprende a conocerla muy bien primero.

_ Entonces eso tomará años- dijo con tono sarcástico.

_ Bueno, entonces que tome años, el tiempo que sea necesario, si estás dispuesto a esperar claro, además, sé que va a funcionar.

_ Sí- asintió- podría funcionar.

_ ¡Claro!- exclamó- además tu tienes ese don de ser tan tierno- lo molestó peñiscándole la mejilla.

_ Ya no seas idiota- lo apartó.

_ Ella no se va a poder resistir- le aseguró Miroku.

_...De verdad que eso es lo que espero- suspiró y luego tomó un trago de cerveza.

Estuvieron hablando y bebiendo durante largo rato, no habían visto la hora, pero de seguro que ya era de madrugada. Inuyasha tuvo que irse porque o sino su madre lo mataría, ya que seguramente ni siquiera le había oído salir. Miroku se ofreció para ir a dejarlo en su automóvil, ya que a esa hora casi no había locomoción por las calles. Al poco rato Inuyasha estuvo en la puerta de su casa despidiéndose de su amigo que se alejaba en su Jeep.

...

Al despertar Kagome, vio por la ventana, como cubrían el cielo las mismas nubes grises del día anterior, amenazando bañar la ciudad con sus aguas. Se quitó el cabello azabache de los ojos, y se cambió de ropa para ir a sus clases. Se vistió con un jeens negro y de una talla más grande, un sweter negro y unos zapatones que le combinaban. Su cabeza la cubrió con una boina y envuelta en un largo abrigo, salió de la casa, haciendo juego con el cielo gris. Había pensado en las palabras que le había dicho a Inuyasha durante la parte de la noche que no durmió. Volvería a verlo y por primera vez se sentía incomoda de saber que se encontraría con él. Ella no parecía intimidarse con nada, pero el muchacho era el primero que estaba logrando hacerlo, quizás por su forma de ser, algo tenía él que le producía un cosquilleo en su estómago. Algo que no sentía hace mucho tiempo… él estaba despertando en ella, sentimientos que creyó dormidos en su interior.

...

Cuando vio aparecer a Inuyasha por la puerta del salón, se cruzaron las miradas. Inuyasha no se sentó junto a Kagome, más bien se ubicó algo lejano a ella, como lo era antes de que comenzaran a hablarse. Kagome no escuchó casi nada de la clase, estaba sumida en sus pensamientos, sin saber que a Inuyasha le pasaba exactamente lo mismo. Al terminar la clase el profesor llamó a Inuyasha tal como lo había hecho con Kagome el día anterior. La chica se tardó a propósito para ser ella la última que salía del salón y escuchar un poco de la conversación que tenían el profesor e Inuyasha. No alcanzó a oír mucho, pero seguramente le estaba pidiendo que actuara en la obra. Ella salió y se dirigió a la biblioteca. Cuando estuvo allí se sentó en el mismo lugar de su anterior visita, recostando la espalda en la madera de un estante, sacó de su bolso el libreto de la obra y comenzó a hojearlo y leyó algunos fragmentos, hasta que se aburrió. Recordó de pronto el día en que Inuyasha se le había acercado mientras ella estudiaba. Era como si esperara a que apareciera otra vez. Suspiró. Leyó también la materia pasada ese día y luego se fue a trabajar. Este día no podría escapar de su trabajo.

...

_ ¿Por que no viniste ayer? ¡Sabes que los días lunes tenemos más clientela!- le reclamó el dueño del local donde trabajaba Kagome.

_ Todos los días hay igual clientela- fue lo único que dijo Kagome con cara de pocos amigos y pasó de largo hacia atrás del mesón de ventas y entró por una puerta, la cual cerró atrás de sí. Allí dejó sus cosas y salió luego de un segundo.

Durante la noche había más clientes, así que a Kagome le tocaba la peor parte del trabajo. Esperó a que alguien llegara al mesón para atenderlos, y se quedó apoyada en él con su antebrazo.

_ Kagome- le dijo el dueño- atiende a la mesa cinco, pero ya.

Kagome obedeció al mandado, como siempre lo hacía. Odiaba que el dueño del local la tratara así, no quería tener problemas, de lo contrario, seguramente hubiese golpeado al sujeto. Él le hablaba y mangoneaba como si fuese la única mesera. Su trabajo de medio tiempo la tenía cansada. Casi no la dejaba estudiar, por lo que debía quedarse muy tarde por la noche haciéndolo, para no bajar su rendimiento en la universidad. En la mesa había un tipo bastante pesado que no la trató de muy buena gana. Ella sin importarle mucho siguió con su trabajo pero con una cara que casi le llegaba hasta el suelo.

Cuando terminó su turno cerca de las dos de la madrugada, se fue en su motocicleta. Camino a casa la tomó por sorpresa una lluvia que la mojó por completo. El cabello lo tenía empapado al igual que toda su ropa, y el gorro que llevaba puesto ya no servía de nada pues iba igual de mojado, nada más formaba un peso en su cabeza. Era una noche muy fría. El viento que la motocicleta le propinaba por la velocidad que llevaba, le hacía estremecer…

Cuando estuvo a unos cuantos metros de su casa, vio desde lejos como si alguien estuviese en la entrada de su hogar. Sí, al acercarse comprobó que había alguien sentado en el peldaño que estaba antes de la puerta. Ella se sorprendió un poco. Reconoció su cabello castaño y el brillo de esos ojos ambarinos que se levantaron cuando ella apareció. Inuyasha otra vez en su camino. ¿A esas horas?, debía estar loco.

_ Kagome- susurró él y se levantó al verla, ya que se encontraba durmiendo y despertó con el ruido de la motocicleta de Kagome- te esperaba hace rato.

_ ¿Qué haces aquí?- preguntó fijándose que las ropas de Inuyasha estaban igual de empapadas que las suyas.

_ Bueno, así que tendrás que seguir soportándome- sonrió- iremos juntos a Nueva York, ¿Qué te parece?

_ No me queda más remedio- dijo pasando por al lado de Inuyasha y abriendo la puerta.

Inuyasha se volteó para mirar a Kagome a los ojos y ella se quedó parada en el umbral de la puerta. La chica le ofreció a Inuyasha entrar, después de todo, sus ropas estaban muy mojadas y él la había estado esperando quizás hace cuanto rato. El chico entró, se sintió algo contento cuando ella lo hizo pasar. Su chaqueta estaba goteando, por lo que se quedó cerca de la puerta para no mojar la casa, mientras Kagome desapareció por un pasillo, sintiendo Inuyasha los pasos de ella subiendo las escaleras. Luego de un minuto volvió con una toalla para él. Ella volvió a desaparecer otra vez, pero ahora tardó un poco más que antes.

'¿Para que habrá venido?', se preguntaba Kagome mientras sacaba del armario de su habitación, ropa seca. Tomó un pantalón ancho y negro con bolsillos a los lados, una camiseta también negra y un suéter blanco que le abrigaba mucho, pues era con cuello y las mangas largas, que no le quedaba ajustado, pero sí se le veía bien. '¿Habrá venido solo para restregarme en la cara que nos iremos juntos a Nueva York?', seguía con su monólogo mientras estaba envuelta en una toalla y se secaba el cabello. 'En cierto modo, me…me… me aleg… no… ¡odio que esté aquí!', luego de esto frunció el ceño y apagó con furia el secador de pelo. Lo arrojó a la cama y se vistió.

Cuando regresó, Inuyasha había dejado su chaqueta colgada de un perchero junto a la puerta y seguía parado donde mismo. Se había quedado mirándola, pues encontraba que se veía muy linda así, con un aspecto hogareño. Sonrió. Kagome le dijo que mejor se sacara los zapatos para pasar a la sala ya que éstos estaban igual de mojados que la chaqueta y él así lo hizo. Se sentó en el sofá poniendo la toalla abajo, para no mojarlo con sus pantalones. La chica preparó café para ambos. Inuyasha solo la contemplaba, ¿De verdad él no le agradaba? ¿Entonces por qué estaba siendo tan amable? Pues sí, la chica era mucho más amable de lo que él dimensionaba. Kagome le entregó la taza de café y se sentó en otro sofá al frente de él. Ahí lo quedó mirando un par de segundos.

_ Dime de verdad por que viniste- dijo ella.

_ ¿Qué no es obvio?- en sus ojos se notó un poco de tristeza y guardó silencio- Yo no entiendo por que eras tan fría, o por qué prefieres estar sola que acompañada. Me agradaste cuando hablamos, pese a tus rechazos… y por eso quiero ser tu amigo… Pero, ¿En serio quieres que me aleje de ti?... ¿En serio yo no te agrado?

Ella no contestó, bebió de su café y clavó la mirada en el suelo. Inuyasha la observó y volvió a repetir la última pregunta. Parecieron horas las que transcurrieron hasta que Kagome se dignó a pronunciar palabra.

_ No lo sé- dijo ella, a lo que Inuyasha respondió con una sonrisa- No… no era verdad- dijo, con las mejillas un poco acaloradas- pero tenía que decirlo… ¡Me sofocas!

El chico rió. Estaba feliz y se disculpó por ser así.

_ Kagome, lo que te dije, que quiero que confíes en mí, es cierto… puedes hacerlo- le dijo firmemente.

_ Ya veremos- dijo tomando por última vez de su café y se puso de pie.

Ya era muy tarde, debían ser las cuatro de la madrugada o incluso más tarde.

_ Es tarde, ¿Te vas a quedar?- preguntó ella.

A Inuyasha le latió el corazón muy fuerte. Intentaba recuperarse de esa tremenda alegría que sintió dentro para responder con un '¡Sí!', con miles y gigantescos signos de exclamación, pero ni la voz le salía. Kagome seguía esperando la respuesta e Inuyasha la quedó viendo con ojos muy tiernos, los cuales Kagome esquivó para no perderse en ellos, ya que si lo hacía, temió de no poder encontrar nunca una salida y quedarse en ellos por siempre.

_ Sí, claro- respondió por fin Inuyasha.

Kagome lo hizo seguirla por el pasillo en el que ella anteriormente había desaparecido, subieron la escalera y le indicó una habitación. En ella había una cama de visitas, que no se ocupaba con frecuencia debido a que Kagome nunca recibía visitas, pero ella solía dormir en aquella cama a veces cuando se iba a estudiar ahí y el sueño la vencía. La muchacha lamentó para sí, no tener ropa para que el chico se cambiase, pero algunas pijamas eran grandes para su fino cuerpo y como eran de color neutro o generalmente negro, le dio una a Inuyasha, él se echó a reír al ver la ropa, pero no se quejó. Mientras él sonreía, Kagome siguió con su semblante de siempre. Luego, ella cerró la puerta y lo dejó solo.

_Buenas noches- susurró Inuyasha aún conservando su sonrisa una vez que la chica ya había salido…

Kagome por su parte, se quedó afuera de la puerta, apoyada en ella. Pensando, dio un suspiro. '¿Que es lo que veo en tus ojos que me hace sentir esto?', susurró ella algo angustiada. Su habitación estaba al frente y rápido, se encerró en ella. Se puso pijama, y aunque era tarde, no sentía sueño, se quedó recostada sobre las cobijas. Esa noche sus penas nunca aparecieron. No si estaba Inuyasha en la otra habitación… No paraba de pensar en eso.

Cuando el chico despertó, tomó su ropa que ya estaba seca y se la puso. Salió al pasillo y entró al baño que estaba junto a la habitación. Cuando salió, sintió curiosidad de ver la puerta de la habitación de Kagome entre abierta. Empujó un poco más la puerta y se quedó parado en el umbral. La cama estaba hecha y no había rastros de la chica. La alcoba era de color morado claro y las cortinas en el mismo tomo, pero más oscuras. Había un escritorio con vista a la única ventana de la habitación, en el cual había simples accesorios que adornaban, dándole a todo un toque muy femenino. También había sobre el escritorio, una fotografía de su familia, muy similar a la que había en la sala. Un poco más allá había un espejo grande en la pared, y al lado, un armario. La habitación era muy bonita. Inuyasha pensó que ahí se refleja como era Kagome en realidad. De pronto, sintió una presencia atrás suyo, se volteó y la vio. Casi sintió el techo sobre su cabeza.

_ ¿Qué haces?- le preguntó ella con el ceño fruncido.

_ Nada de nada, es que, la puerta estaba abierta y tan solo sentí curiosidad- explicó muy nervioso.

_ Como sea- dijo ella poniendo blancos los ojos- baja, que el desayuno ya está.

_ De acuerdo, voy enseguida- sonrió.

Más tarde, se fueron juntos a la universidad. Inuyasha tuvo que subirse en la motocicleta con Kagome, aferrándose fuerte a su cintura. Ninguno de los dos quería romper aquel silencio tan hermoso que había en el ambiente, pese a que estaba el ruido incesante del vehículo, y de los otros de la ciudad, ninguno de los dos los oía sumidos en su propio silencio.

Al llegar a su destino, algunos los vieron llegar juntos, lo que trajo mucho que hablar sobre ellos. Uno de los que los vio fue Miroku, quien no dudó en acercarse de inmediato a su amigo, lo detuvo y dejaron que Kagome se alejara un poco más, pues ella se había encaminado primero. A Inuyasha se le notaba una chispa de alegría en los ojos.

_ Dime si pasó algo- le dijo Miroku con tono interrogativo y una mirada pícara.

_ No, que crees que soy...¿Tu?- dijo Inuyasha mirándolo muy serio.

_ Oye, solo preguntaba...-sonrió de medio lado

Inuyasha comenzó a caminar y Miroku lo siguió. Se le estaba pegando lo de Kagome, pensó esbozando una sonrisa, pero al escuchar la voz de su amigo hablándole otra vez e interrogándole, comenzó a contarle lo que había sucedido. De cómo de haber estado muy triste ahora estaba feliz, pues había recobrado la esperanza de hacerse importante para la chica. Así como ella era importante para él.

_ Estás progresando- fue el comentario alegre de Miroku, dándole una palmada en la espalda- eso está genial, sigue así, galán- remarcó la última palabra, casi burlándose de él. Inuyasha lo miró fulminante.

Desde la mañana, Inuyasha y Kagome estuvieron haciéndose mutua compañía. Ambos comenzaron ese día una agradable relación. Transcurrieron las clases y no tenían nada que hacer más tarde. A excepción de Kagome que debía ir a trabajar.

...

Kagome estaba en su casa, estudiando sobre su cama, era ya de madrugada, pues hace un rato que había llegado del trabajo. De pronto escuchó el teléfono, no quiso contestar. Entonces empezó la grabadora. Solo una persona sabía que ella estaba despierta a esas horas de la madrugada.

'Kagome, se que está ahí, nunca contestas el teléfono, ¿Para que tienes teléfono entonces?, recuerda que nuestra sesión se corrió para una hora más tarde del viernes, ¿de acuerdo?... bueno, ya sabes todo lo que tienes que hacer, come, duerme y no te estreses.' No era necesario que dijera su nombre, pues Kagome lo conocía perfectamente, era Sesshoumaru. Tenía que ir con él al día siguiente. Tenía que contarle que desde que había conocido a Inuyasha todo era diferente para ella. Que desde que conoció a Inuyasha, su vida ya no era tan monótona.

Era tarde, se quedó dormida sobre los cuadernos y apuntes sin siquiera cubrirse con las frazadas o ponerse el pijama. Cuando despertó a la mañana siguiente se sintió más cansada que nunca. Fue a clases como de costumbre, vio a Inuyasha, se sentaron juntos y por la tarde fue a ver a Sesshoumaru.

_ ¿Algo nuevo que contarme?- preguntó Sesshoumaru a Kagome que ya le había comentado que había conocido a alguien.- ¿Qué cosa?

_ Bueno, ¿Recuerdas al chico que te hable la pasada vez?, hemos estado hablando…- esperó respuesta de Sesshoumaru.

_ Si recuerdo, ¿Qué pasó? ¿Te hizo algo o que? – preguntó con un tono más celoso que por curiosidad.

_ Nos hemos llevado bien desde entonces, es agradable....debo admitirlo.

_ ¿Qué?- dijo con los ojos como platos- di-dijiste, ¿Agradable?

_ S-sí- bajó la mirada- supongo que él me ha hecho ver las cosas de otra manera en estos días.

_ Y- y quien es ese tipo ¿Eh?

_ Su nombre es Inuyasha.

De pronto, un rayo pareció que había cruzado por la mirada del chico. '¿Cómo no lo había imaginado?', pensó él. 'Solo mi hermano es tan idiota como para atreverse a acercarse a Kagome, el muy imbécil'. Apretó los puños y Kagome se dio cuenta. Había olvidado que su hermano estaba estudiando teatro, ¿Cómo era posible que fuese él, a quien tanto odiaba, la persona que estuviese sacando a Kagome de su soledad?, ¡Él era psicólogo! Era obvio que podía hacer algo mejor que Inuyasha para ayudar a Kagome.

_ ¿Qué ocurre?- preguntó Kagome.

_ Nada… y dime, ¿Qué es lo que sientes exactamente?

_ Bueno- dudó- no lo se, es extraño que yo hable con la gente, pero ha sido el único que se ha acercado a mí, él quiere que yo confíe en él.

_ Debes hacerlo- le dijo, dejando de lado sus celos y viendo desde la perspectiva de su profesionalismo- sería muy bueno para ti- otra vez.

_ Es difícil- dijo ella casi en un susurro.

_ Ya lo sé… '¡Entonces no te molestes en hacerlo!'

Sesshoumaru sentía que explotaría de la rabia cuando Kagome se fue. Eso no le podía estar pasando.

Se asomó a la ventana mientras veía como la muchacha se aferraba a su abrigo al cruzar por la calle. El viento solplaba fuerte contra la ventana.

_ Inuyasha...- murmuró Sesshoumaru- nunca terminarás de aruinar mi vida...