Hola! Bueno, no me queda más que agradecer a las personas que han leido, en especial a viccky-y n.n, muchas gracias por tu opinion y tus animos. Yo creo que la opinion de los lectores es lo más importante. Después de todo, es lo que motiva para seguir escibiendo...

Aqui dejo el siguiente capitulo, la historia va avanzando rápido, pero por ahora, ni si quiera yo se como terminará x.x...Bueno, saludos! y dejen sus review! = )


Capitulo 4

Kagome llegó al salón y el profesor al verla entrar, la llamó a su escritorio. No muchos alumnos habían llegado. La chica se acercó al escritorio y el Sr. Miwa la saludó, a lo que ella respondió no tan animosamente como él.

_ Niña- le dijo él- ¿Está todo bien para la obra?

_ Sí, ya estoy estudiando- respondió Kagome.

_ Que bien, porque en dos semanas nos vamos, por cierto, los pasajes en avión corren por cuenta de la organización, así que no te preocupes.

_ Está bien.

_ Estaremos por allá una temporada, que consta de tres semanas, pues hay que ensayar mucho.

_ ¿Tres semanas?- preguntó algo inquieta.

_ Sí- asintió- pero empiezan las vacaciones el jueves, no hay problema ¿O si?

_ No hay problema- afirmó ella.

Aunque si tenía un problema: su trabajo. ¿Cómo lo haría para pedir permiso en su trabajo? Seguro que el antipático de su jefe le pondría una y mil excusas para quitarle a ella el empleo o simplemente no dejarla ir al viaje. Sin embargo, ella iría a como de lugar, sin dejarse manipular por ese simple jefe amargado.

Ella fue y se sentó en su lugar habitual. Luego de un rato llegó Inuyasha y se fue a sentar junto con Kagome. Ella no dijo nada, su presencia ya no le molestaba, de hecho, ya se volvía una costumbre el que se sentaran juntos. Ya se estaba preguntando que era eso tan especial de Inuyasha, que le había hecho soportarlo tanto tiempo, y que era eso tan especial que Inuyasha le veía a ella para haberse quedado también tanto tiempo a su lado. Se quedó mirando por la ventana, mientras el muchacho a su lado la observaba sin que ella se percatara. Él conservaba una tímida sonrisa, aunque terminó por desvanecerla de sus labios cuando ella ya lo ignoró por completo.

...

Los últimos días habían estado cubiertos de nubes, pero aquel día las nubes habían dejando ver el celeste cielo y unos cuantos rayos de sol. Todo aún estaba muy húmedo por la lluvia que había caído, y Kagome se fue caminando por el césped, salpicando con un poco de agua sus pantalones. Al rato, llegó Inuyasha corriendo a su lado, ella nada más lo miró mientras él sonreía aún cansado. Caminaron juntos durante un rato y como de costumbre, en silencio. Inuyasha se ocultó atrás de un arbusto, lo que causó intriga de parte de Kagome. Cuando el chico apareció otra vez, tenía una flor roja muy bonita en la mano y se la entregó a la chica. Ella la recibió algo avergonzada, pero no lo hizo notar demasiado, pues comenzó a caminar para alejarse. Inuyasha solo sonrió, sabía que le había gustado y con eso se conformó.

Cuando la alcanzó, la tomó suavemente por el hombro, para que ella se detuviera y lo mirara.

_ Kagome- comenzó a hablarle- ¿Tienes algo que hacer en la tarde?

_ Trabajar.

_ Bueno pero eso es más tarde, ¿Qué tal si vienes a mi casa y ensayamos nuestros protagónicos? – sonrió emocionado.

_ Bueno, si te parece- dijo ella, afirmando.

_ Muy bien, ¿te espero ahí a las cinco?

_ Está bien.

_ Mira- dijo anotando en un papel su dirección- aquí vivo, no te costará trabajo llegar.

_ OK.

_ Bueno, te veo más tarde- dijo él y se acercó para despedirse de un beso en la mejilla.

Ella percibió un cosquilleo en su interior al sentir los labios de Inuyasha sobre su mejilla. Esa no era la primera vez que se despedían de esa forma, sin embargo, la primera vez que lo hizo, Kagome quedó pasmada. Ni siquiera con Sesshoumaru que tenía más confianza en él, se despedían o saludaban de esa forma. Ese chico definitivamente tenía algo muy especial que aún ella no podía descubrir, ni siquiera reconocerlo todavía.

Kagome regresó a su casa. Preparó algo de comer y almorzó tranquila y en paz. Pensaba en qué se pondría para salir. Un momento, ¿Desde cuando ella pensaba en qué ponerse?, siempre tomaba lo primero que veía en el armario. Sintió las mejillas un poco acaloradas. Bebió un trago de su vaso con agua y dio por terminada su comida. Subió las escaleras y se cambió de ropa. Pasadas las cuatro, iba saliendo rumbo a la casa de Inuyasha. Se había vestido con una falda negra y una chaqueta morada oscura, claro que debajo de ésta llevaba una blusa negra. No le costó mucho encontrar la casa de Inuyasha, tal como él se lo había dicho. Llegó a una casa enorme, de color blanca, muy bonita. Las rejas de la casa eran altas y negras. Ella tocó el timbre y tuvo que hablar por un citófono. El chico fue quien salió a recibirla, con una alegría notable al verla.

Él la hizo pasar y Kagome se encontró con una casa muy lujosa por dentro. No sabía que Inuyasha fuese de esas familias adineradas. Mas no le dio importancia. Atravesaron la sala y subieron las escaleras que bordeaban una pared y llegaron a la alcoba del chico. Estaba ordenada, poco común en chicos de esa edad. Pero también era común que siendo de una familia adinerada, una sirvienta le ordenara y limpiara la habitación.

Kagome se sentó en una orilla de la cama, e Inuyasha, en el suelo. Sacaron sus libretos y comenzaron sin demora con su ensayo. Kagome lo hacía bien, e Inuyasha no se quedaba atrás. Por una buena razón Miwa los había elegido para el protagónico. Inuyasha se sentía contento y Kagome, no emocionada, pero le alegraba saber que se vería bien en su currículum una obra como aquella.

_ Lo siento- dijo Inuyasha- me equivoqué- se rió nervioso.

_ Sí- dijo- eso lo decía yo.

_ Bueno, es que ya llevamos un buen rato ensayando, ¿Te traigo algún jugo o algo?

_ Esta bien.

_ De acuerdo, vuelvo en un segundo.

La chica quedó sola en la habitación enorme, se levantó de donde estaba y se asomó al ventanal de la pieza que daba hacia el jardín con una piscina y mucho césped alrededor. Era invierno y por eso los árboles estaban sin hojas, pero aún así se podía notar cuanta cantidad de ellos había por todo el jardín. De pronto un copo de nieve cayó cerca de la ventana. Kagome quedó perpleja, miró como otros copos de nieve caían y luego una ventisca fuerte los desviaba y los golpeaba contra el vidrio.

_ Vaya, se puso a nevar- dijo Inuyasha entrando con una bandeja y en ella dos vasos con jugo y además un platillo con algunas galletitas. Kagome se volteó un poco para verlo aparecer.

_ Sí- dijo con la voz apagada y volviendo la mirada hacia fuera.

_ Bueno, aquí está el jugo, y además galletas caceras hechas por mi madre- dijo sonriendo.

_ Que bien, gracias- dijo tomando una y mascando, sintiendo un sabor que no había probado desde hace años.

_ Kagome, ¿tienes que ir al trabajo ahora verdad?

_ Cierto.

_ Pero está nevando, puede ser peligroso.

_ Eso no le importa a mi jefe- dijo ella con el ceño fruncido como si demostrara enfado, mientras examinaba la forma de corazón que tenía la galleta que había tomado.

_ Si quieres- empezó a decir algo nervioso- te voy a dejar.

_... Oh, no, no te preocupes - sintió una alegría dentro, pero no expresó demasiado más que con un fuerte latir de su corazón. Se había puesto nerviosa.

_ No seas tonta, yo te voy a dejar, y no voy a aceptar una negativa- dijo decidido. Kagome sonrió levemente y él se sonrojó.

Luego de un rato, Inuyasha manejaba un auto deportivo de color rojo y Kagome iba a su lado. La chica veía por la ventana, como la nieve incesante ya había formado una capa sobre las calles. Se preocupó un poco, ya que no le favorecía la nieve.

Llegaron al bar e Inuyasha detuvo el auto afuera. Ambos miraron la entrada. No se veía mucha gente entrando.

_ Ya me voy, gracias por traerme.

_ No fue nada, cuídate ¿Si?

_ Adiós- Ella instintivamente se acercó un poco a Inuyasha y él por su parte se acercó el trecho que los separaba. Fue un suave beso en la mejilla que los despidió.

Kagome bajó del auto a una velocidad increíble. No podía evitar sentirse un poco nerviosa. ¿Qué diablos le estaba pasando? Y más encima le daba un beso en la mejilla. Ese chico la ponía fuera de sus principios, costumbres y todo lo demás que no había hecho nunca.

...

Las semanas transcurrieron muy lentas para Kagome e Inuyasha, pues ya estaban pensando en la obra que representarían en un tiempo más, y cuando alguien de verdad anhela algo, pareciera que el tiempo es una eternidad. Así lo parecía. Pero al fin el esperado día del viaje había llegado e Inuyasha quiso ir a buscar a Kagome a su casa, para ir juntos al aeropuerto.

El chico se sintió muy afortunado de haber sido el escogido por su profesor para interpretar el papel principal junto a la chica más especial que había conocido. Estaba muy contento, y eso se le notaba en los ojos, y en el rostro. Él estaba seguro de que el corazón de Kagome aún no le pertenecía, pero el suyo se lo había entregado por completo, desde la primera vez que le había dirigido la palabra. Sin embargo, sentía como la chica aún era muy cerrada con él.. Aún existían millones de secretos que ella le ocultaba, y eso lo estaba inquietando demasiado.

...

Al llegar al aeropuerto, estaban ahí su profesor y otros jóvenes, que seguramente pertenecían a las otras universidades que les había nombrado el Sr. Miwa. Habían llegado temprano, faltaban unos cuantos minutos para que el avión despegara. Kagome fue y se sentó en una banca, con su maleta junto a ella y no transcurrieron demasiados segundos para que Inuyasha llegara a su lado, siguiéndola como siempre, como si fuese su propia sombra.

_ ¿Te traigo algo?- preguntó Inuyasha- ¿Una bebida?

_ No, gracias- respondió mirando hacia otra parte.

Quince minutos más tarde tuvieron que subir al avión que ya iba a despegar. Todo el avión estaba muy limpio, los asientos muy cómodos y a Kagome le habían asignado un asiento junto a una ventanilla. No se extrañó que Inuyasha se sentara a su lado, pues ya estaba convencida de que el destino los quería juntos. Aunque ella a como de lugar trataba de oponer resistencia a eso, a encontrarse cada vez los dos, sin embargo, no podía evitar que el muchacho siempre la siguiera, al igual como no podía evitar que su corazón comenzara a sentir. Pensó en esto muy sorprendida, sintiendo como le subía la temperatura al rostro, a las mejillas. Sintió fuerte latir su corazón y esto la hizo voltear lentamente la cabeza hacia Inuyasha ahí a su lado, quedando ella más sorprendida aún, pues el chico dormía. Casi podía ver como una luz blanquecina brillaba en su rostro, haciéndolo parecer un verdadero ángel. Ahora era ella quien le devolvía a Inuyasha todas aquellas caricias tan solo con la mirada.

Por un momento su mano más cercana al muchacho, adquirió vida propia y quiso apoderarse de la de Inuyasha, pero justo antes de cumplir su intención, se detuvo, pues tomó conciencia y quitó rápidamente su mano, dejándola reposar sobre sus piernas. Suspiró cerrando sus ojos y volteándose a ver hacia fuera. Había podido sentir la tibieza que emanaba de su piel antes de alcanzar a rozarlo, lo cual le dio un breve estremecimiento. Contempló por unos segundos a Inuyasha dormir, ya que ella no pudo hacerlo en todo el viaje.

Era un viaje de cinco horas aproximadamente y como habían viajado de noche, llegarían a Nueva York en la madrugada. Los pasajeros durmieron todo el viaje, en especial el pequeño grupo del elenco de la obra y apenas se percataron de que habían llegado a su destino, se bajaron rápidamente.

_ Muy bien, ahora nos vamos al hotel, para dormir y acomodarse- mirando su reloj de muñeca, dio instrucciones el profesor Miwa- pues aún es muy temprano, y durante el día daré las Instrucciones para nuestra estadía aquí.

Al estar en el hotel, a cada uno se le asignó una habitación diferente. No todas eran iguales, pues algunas eran individuales, otras en parejas y otras de a tres personas. Pero aunque eran muy sencillas y no muy grandes, eran muy iluminadas y con lo necesario para mantenerlos cómodos durante todo el tiempo que debía permanecer allí. Estaban todos en la recepción mientras el profesor entregaba las llaves para sus habitaciones.

_ Por ahora, vayan a descanzar- les dijo el profesor - pero deben saber que el almuerzo se sirve al medio dia. Luego nos juntaremos aquí a las tres de la tarde en punto.

Apenas Kagome estuvo con la llave de su habitación en la mano, que por cierto era una habitación individual, se fue al elevador más próximo. Inuyasha quiso alcanzarla, pero no alcanzó a llegar antes de que las puertas del ascensor se cerraran. Él no sabía lo que pasaba por la mente de la chica, y ella lo que quería ahora era escapar de él. Todas aquellas sensaciones que había tenido hace un rato a causa de él, la estaban contradiciendo y quería estar lejos de Inuyasha por un momento.

Cuando salió del elevador, caminó por un pasillo con las paredes blancas y el piso alfombrado, había muchas puertas por ambos lados del pasillo y buscó con la mirada a medida que avanzaba, el número de su habitación. La encontró justo antes de llegar al final, donde había una ventana desde la cual se podía ver gran parte de la ciudad. Entró a su habitación y la encontró perfecta para ella. Estaba alfombrada al igual que el pasillo al exterior. Era pequeña, sí, tenía una cama pequeña, un sillón a los pies de esta, el armario, la puerta del baño y un pequeño refrigerador, todo extremadamente compacto. Se fue hacia el ventanal y vislumbró desde ahí, el teatro donde actuaría en unas semanas. Desvió la mirada hacía el resto del paisaje y descubrió que la ciudad era bastante bonita. No la recordaba así. A lo lejos se veían muchas arboledas, que desde ahí se veían casi de fantasía. Recordó la última vez que había visitado aquella ciudad, y su mirada se llenó de melancolía. Era aún temprano, el sol estaba naciendo a los lejos y por esto, se recostó en la cama, quedándose profundamente dormida.

El sonido de alguien tocando la puerta la sacó de sus sueños. Antes de ir a ver quien tocaba, vio el reloj que llevaba en su muñeca, eran cerca de la una de la tarde y descubrió para su buena suerte, que se había perdido la hora del almuerzo. Entró al baño unos segundos para mojarse el rostro y enseguida se dirigió a la puerta y abrió; era un muchacho que le entregó su equipaje. Ella sacó de su bolsillo propina para el chico y él se fue, cerrando ella la puerta. Pero antes de que se diera la vuelta alguien la buscaba otra vez. Volvió a abrir no de muy buen humor y se encontró con esos ojos ambarinos que la perseguían.

_ Hola- saludó el chico.

_ Que quieres, estoy cansada.- le dijo secamente.

_ Nada más venía a avisarte que, Miwa adelantó la hora de encuentro y nos quiere en la recepción a las dos y media.

_ De acuerdo- dijo cerrando la puerta, pero el chico estiró su mano y la detuvo antes de que la madera chocara en su nariz.

_ Espera- dijo él, clavando los ojos en los de Kagome, ella no dijo ni hizo nada.- me preguntaba si querrías salir a tomar algo.

Kagome notó un leve sonrojo en las mejillas de Inuyasha, y le hubiese gustado reír ante esto, pero se contuvo y aceptó a la invitación. Bajaron en el elevador y cruzaron la recepción en cosa de segundos, saliendo a una muy ruidosa ciudad. Caminaron por la acera un momento hasta que Inuyasha le indicó a Kagome una heladería en la cual había muchas mesitas donde se podían acomodar. La chica tomó una, y esperó a que Inuyasha fuera por unos helados al mesón. Ella siguió con la mirada cada paso del muchacho hasta que regresó.

_ Vaya, fue un buen viaje ¿No?- dijo Inuyasha- apenas me acomodé en el asiento, me quedé dormido… ¿Y tu?

_ Eh yo…-titubeó por un momento, recordando todos los pensamientos que cruzaron por su mente en el avión respecto a Inuyasha- no pude dormir mucho.

_ ¿Y eso por que?

_ Porque- bajó la mirada- tenía jaqueca.

_ ¿De verdad?, debiste decirme, siempre llevo algunas pastillas en mi bolso.

_ ¿Eso no lo hacen las chicas?- esbozó una pequeña sonrisa de burla.

_ Es que…-se sonrojó- mi mamá, ya te imaginas.

_ Claro – dijo revolviendo su helado.

Ambos tenían frente a ellos una copa de helado muy grande, y estuvieron en silencio mientras cada uno empujaba el helado con la cuchara. Estuvieron así hasta que llegó la hora de regresar al hotel.

Eran las dos y media y se encontraban Inuyasha y Kagome junto a los demás del viaje, sentados en una variedad de sillones en la recepción. Esperaban al profesor, quien les daría las indicaciones para la obra. Al poco rato, se hizo presente junto a una mujer bastante hermosa, del cabello largo, muy oscuro y los ojos fríos, los cuales intimidaron a todos en la habitación. A excepción de Kagome, ya que ésta tenía unos ojos como los de ella, pero a diferencia, Kagome tenía una chispa de amabilidad en los suyos. Ambas, la recién llegada y Kagome se miraron a los ojos de una forma muy fría…quizás la más fría mirada que cada una tenía. '¿Qué hace aquí?',pensó Kagome, mientras Inuyasha la veía algo intrigado.

_ Me alegro que no haya ninguno retrasado- dijo Miwa, luego de saludarlos y recibir respuesta de todos los presentes- Bueno, primero que nada, ella es Mirasawa Kikyou y es la dueña del teatro donde ustedes actuarán y como excelente actriz- dijo sonriendo abiertamente- los aconsejará en cada uno de los pasos que den.

Siguieron escuchando las instrucciones de Miwa, mientras la mujer junto a él seguía mirando a Kagome de la misma manera fría, respondiéndole ella de la misma forma. Y ahora no solo Inuyasha se había dado cuenta de esto, sino que la mayoría de los estudiantes, y con ellos también Miwa.

_ ¿Pasa algo?- preguntó él, dirigiéndose a su acompañante mientras ella negaba con la cabeza.

El hombre no quiso preguntar más. Siguió con su tarea y envió a todos a sus habitaciones a repasar sus guiones, pues al día siguiente a primera hora, tenían el primer ensayo. Kagome pasó por el lado de Kikyou, como queriendo rozarla bruscamente y lo consiguió. Quería que supiera que las cosas entre ellas seguían igual aún así hayan pasado años. Al pasar Kagome se volteó hacia atrás y la mujer la miraba de una forma desagradable. Kagome sonrió maliciosamente para sus adentros, y siguió con su camino. Inuyasha la había visto irse y le llamó mucho la atención de que ambas mujeres se trataran de esa forma, pero no quiso molestar a Kagome en ese momento para preguntarle, así que se dirigió a su habitación como se los había indicado Miwa.

...

Solo las luces de las calles, edificios, la luna y las estrellas, iluminaron toda la ciudad. Inuyasha había permanecido en su habitación todo el día, desde que se había separado de todos en la recepción. Se había encerrado ahí con la intención de practicar sus líneas, mas no podía hacerlo, preguntándose intrigado, una y otra vez, que era lo que se estaban comunicando Kagome y la compañera de Miwa con aquellas miradas tan frías, como si entre ellas existiera un odio mutuo. Como si ya se conocieran desde hace mucho tiempo. Quería preguntarle a Kagome, pero no se atrevía. Y ella se sumaba a sus pensamientos otra vez. Siempre terminaba pensando en ella. Describiendo en su mente repetidas veces lo maravillosa que era para él. Como si la chica lo hiciera entrar en otro mundo donde no existía nadie más que los dos. No la había visto hace algunas horas y ya sentía que la extrañaba. Se asomó al ventanal que daba a las calles y sumergió la mirada en el oscuro lecho del cielo, refugiando a las miles de estrellas con su manto. El chico suspiró.

Se fijó en lo tarde que era, y se fue a acostar en su cama. Se quitó la camisa y se cobijó entre las sabanas, quedándose profundamente dormido en un par de segundos, rogando para que en sus sueños estuviera ella otra vez, porque a pesar de que la chica existía en cada pensamiento de él, Inuyasha jamás quería que los abandonara.

Kagome por su parte, no conciliaba el sueño, cubierta hasta la cabeza con las frazadas de su cama. Intentando refugiarse del frío que penetraba en el ambiente. Aún estaba extrañada de que Inuyasha no fuera a verla por la tarde, ya se le hacía costumbre verlo muy seguido y el que no se hubiese presentado ante ella, la tenía un poco preocupada…o angustiada…lo que no admitiría nunca, era que muy en el fondo…extrañaba profusamente sus ojos. Se volvía cada ves más adicta a su mirada tan luminosa, a esa mirada tan llena de…de pasión.

Se durmió finalmente, presa de sus sueños, en los que no cabía nadie más que ella y...él...