Holaa, aqui dejo otro capitulo, de nuevo muchas gracias por leer. este capi es u poco más cortito pero no por eso menos interesante. Saludos!


Capitulo 5

_Kagome- se escuchaba una voz femenina desde afuera de la habitación.

La chica escuchó su llamado, recordaba esa voz que se oía al exterior. No la soportaba. De inmediato una mueca de desagrado se dibujó en su rostro y quiso ignorarla, pero el llamado insistente seguía y terminó por abrir bruscamente la puerta mostrando a flor de piel su molestia. Lo primero que recibió al abrir la puerta fue un gran empujón que la dejó sujetada en la pared para no caer al suelo. Kagome se sorprendió.

_ ¿¡Que te pasa!?-exclamó Kagome reponiéndose.

_ Ayer me la quedaste debiendo- dijo ella con tono arrogante.

_ Oye, escucha - dijo Kagome con tono calmado pero a la vez forzado- No quiero que interfieras en mi camino otra vez... No creas que me he olvidado de toda la cizaña que has sembrado en mi vida.

_ Pero hermanita- dijo fingiendo irónicamente- Yo quería tener un bonito reencuentro contigo después de tanto tiempo.

_ Cállate y déjame en paz, ¡Sal de aquí!- le indicó la puerta con su dedo índice y mostrando otra vez su gran molestia

_ Tenemos muchas cosas que hablar, Kagome.

_ No será ahora.

_ De acuerdo, no será ahora, pero tenemos muchos asuntos pendientes que tratar.

_ Claro, porque hasta que no te salgas con la tuya, no te vas a quedar tranquila ¿verdad?- le dijo con tono algo burlesco.

_ Me conoces muy bien, mi querida Kagome.

_ Es que de ti no se puede esperar nada bueno…

_ No hables así, Kagome, lo mejor es que nos llevemos bien tu y yo…y lleguemos a un acuerdo que nos convenga a las dos.

_ ¿Qué nos convenga? Por favor kikyou, no creas que me vas a hacer tonta otra vez

_ Entonces…tú verás, kagome, si te opones, solo tu saldrás perjudicada…

_ Ya cállate, contaminas todo lo que hay en tu camino, ¡ya vete!

_ Me voy pero acuérdate de que nos vemos al mediodía- sonrió con ironía y salió de la habitación.

Kagome cerró la puerta de un fuerte portazo. Se quedó ahí parada y luego se dejó caer sentada en el suelo, apoyando la espalda en la madera de la puerta. Ocultó su cabeza entre sus brazos, que a su vez estaban apoyados en sus rodillas. No podía evitarlo, un nudo se formó en su garganta y un par de lágrimas salieron de sus ojos. No podía retenerlas aunque quisiera. Esa mujer le había hecho daño y recordarlo aún le dolía. Esa mujer había aumentado el dolor que en su momento había sentido por haber perdido a sus padres. Esa mujer no podía simplemente ser su media hermana.

Inuyasha se dirigía a la habitación de Kagome cuando se cruzó en el camino con Kikyou. Desde donde estaba, el chico había sentido ese gran portazo y temió un poco de lo que pudiese haber ocurrido. Preocupado se detuvo frente a la puerta de la habitación de Kagome y sintió leves sollozos desde el otro lado. Nunca la había oído llorar y sintió un gran nudo en su garganta, como si la tristeza que causaba aquel llanto se traspasara hacia él.

El chico golpeó la puerta suavemente con sus nudillos. Kagome desde adentro sintió la voz de él que preguntaba por ella y detuvo sus sollozos, se enjugó las lágrimas con una de sus mangas y se puso de pie. Por un momento no pudo creer que después de tiempo ya transcurrido, lágrimas bañaran su rostro otra vez. Creía que él la estaba sanando.

Abrió la puerta con un gran alivio, ese chico que ahora tenía enfrente la llenaba de una inmensa paz. Ella agachó la cabeza y se dio la vuelta para caminar hacia el centro de la habitación. Inuyasha la siguió y cerró la puerta atrás de sí. Él vio que ella entró al cuarto de baño, sin haber dicho nada aún. Cuando salió, había disminuido el rojo de sus ojos y mejillas.

_ Kagome- susurró Inuyasha.

_ Eso no importa- ella se anticipó a la pregunta del chico y comenzó a arreglar su bolso para ir al ensayo.

Se quedaron en silencio y Kagome seguía afanada guardando sus cosas, tomó el bolso ya listo y se disponía ir a la puerta principal, pero sintió como la mano del chico la sostenía por el brazo, reteniéndola. Él siempre hacía eso cuando quería que ella no se fuera.

Y de pronto, en un par de segundos y casi sin darse cuenta, Kagome se encontraba atrapada entre los brazos del muchacho. Él la estrechó fuerte contra su pecho, mientras la chica no podía evitar mostrar una sorpresiva mirada, sus mejillas se tiñeron de rosa y su corazón palpitó tan fuerte que creyó que Inuyasha escucharía sus latidos. El bolso que la chica sostenía se cayó al suelo y se quedaron así durante lo que parecía una eternidad, aunque en la realidad solo eran algunos segundos.

Nunca habían sentido la calidez de sus cuerpos a esa cercanía. Inuyasha le susurró a Kagome al oído que confiara en él, lo que siempre le había pedido. El chico se dejaba llevar por sus emociones, ya había comprendido que esa perseverancia a estar a su lado, sentirla cerca a cada momento y velar en pensamientos de alguna vez verla reír de alegría, significaba que se estaba enamorando de ella como nunca lo había estado antes. Definitivamente verla sonreír abiertamente era un sueño que nunca lo dejaría. De pronto el momento comenzó a romperse ya que Kagome lentamente y con mucha sutileza se desprendió de él. Inuyasha pudo notar aún las mejillas sonrojadas de ella y sonrió, sin darse cuenta que él las tenía el doble.

La chica evitó mirarlo a los ojos, y el también desvió su mirada, clavándola en algún punto del piso. De pronto sintió la puerta de la habitación cerrarse y se dio cuenta de que Kagome ya había salido del lugar. Se recostó en el sofá que había ahí y sintió ese aroma suave que Kagome siempre llevaba consigo, pues daba vueltas por todo el ambiente. Se puso de pie y salió de la habitación sin dejar de pensar en lo recién sucedido.

Durante la tarde en el ensayo, Kagome ni se percataba de los punzantes ojos de Kikyou. Estaba tan sumida en sus pensamientos, que hasta sus líneas se le habían olvidado, por lo que tuvo que sentarse un poco apartada del grupo para estudiarlas nuevamente. Inuyasha solo la observaba tener esa actitud poco característica de ella.

_ ¡Kagome!- fue la voz de Kikyou que retumbó en todo el teatro- ¿¡Ya terminaste de aprenderte tus líneas!?- y dijo luego con un tono irónico- pensé que eras más responsable como para habértelas aprendido.

_ Oye, ¿Quien te crees para hablarle así a ella?- le dijo Inuyasha a Kikyou frunciendo el ceño.

_ ¿Y tú eres?- preguntó ella viéndolo por debajo de su hombro.

_ Bueno, ya - habló Miwa que se había mantenido callado- ¿Qué te pasa, Kikyou?

Ella no respondió y agitó su cabello mientras se daba media vuelta y se escondía atrás del telón. Inuyasha la vio desaparecer aliviado y se giró hacia Kagome que lo veía con ojos confundidos. Él se sonrojó y se sentó en una silla para ver como otros de los estudiantes trabajaban en una escena, siendo supervisados por Miwa.

Kikyou por su parte se mantuvo en silencio detrás del telón. Ella y Kagome se guardaban un puro rencor, y las cosas habían empeorado al morir su padre. Desde entonces su relación había llegado al límite de lo desagradable. Se alejó del lugar cruzada de brazos y pensando en lo mucho que debía hablar con esa niña, Kagome.

El pasar de las horas fue lento. Kagome e Inuyasha no se habían hablado desde lo sucedido, pero intercambiaban algunas cómplices miradas, la de Kagome era de confusión y el estomago se le apretaba al encontrarse con los ambarinos ojos de Inuyasha, que la hipnotizaban por completo. En cambio Inuyasha, mostraba un cariño en la suya sin intentar contradecir sus propios sentimientos como lo hacía la chica.

Inuyasha estaba sentado en la misma silla aún y sintió sonar su móvil. Vio el número telefónico registrado en la pantalla y se apartó un momento para poder contestar. Kagome lo observó levantarse, no sintió curiosidad por saber quien lo llamaba, pero comenzaba a gustarle ese cosquilleo que sentía al detallar con la mirada cada movimiento del chico, cada gesto, escuchar cada suspiro que salía de sus labios. Verlo le causaba diferentes emociones y sentimientos. Pero luego se enfurecía. Su mente no quería reconocer ninguna de las sensaciones que comenzaba a sentir por él. Todo debía ser un absurdo pensamiento y nada más...

Cuando el sol se escondió, todos volvieron al hotel. Todos excepto Kagome, que se quedó vagando por el teatro un momento. No había visto a Kikyou desde la tarde, y eso la tenía más tranquila, pero lo que aún no la dejaba eran sus pensamientos hacia cierta persona. En eso sintió una voz femenina hablándole.

_ ¿Tienes fuego?- le preguntó una chica de cabello castaño, mostrándole un cigarrillo apagado entre sus dedos. La reconoció: era una de las chicas del elenco.

_ No- dijo Kagome.

_ Oh, lástima- habló luego con tono de desilusión mientras guardaba el cigarrillo en su bolsillo. Levantó la mirada y se encontró con la de Kagome- Me llamo Sango- se apresuró a decir- Soy de California.

_ Kagome- contestó ella respondiéndole al saludo de mano que le ofrecía la otra chica.

_ Mucho gusto- sonrió- vine porque olvide mi libreto ¿Y tú que haces aquí tan tarde?

_ Nada, es que este lugar es muy tranquilo.

_ Mm…Eres muy callada.

_ Más o menos - dijo mientras daba algunos pasos para alcanzar con su mano una pintura que estaba en un muro.

_ Bueno, me voy… ¿Vas a venir?

_…Sí.

Ambas jóvenes se fueron hablando camino al hotel. Más bien Sango era quien no tenía problemas para entablar una conversación, mientras Kagome solo la escuchaba y asentía a algunos comentarios. Kagome averiguó que la chica estudiaba no muy lejos de su universidad y a Sango le pareció buena idea que se vieran después de la obra, según ella, ambas podían congeniar muy bien.

Por un momento, Kagome logró olvidar sus inquietudes y se sintió grata de hablar con la chica recién conocida. Se despidieron y cada una se dirigió a su habitación. Al llegar Kagome a la suya, se percató de la hora; era tarde. Se dirigió a la cama y en un par de segundos después de haberse cobijado entre las mantas, se durmió placidamente.

Eran pasadas la media noche, cuando la chica, entre sueños escuchó un leve golpeteo que la terminó por despertar completamente al darse cuenta de que era la puerta principal a la que alguien llamaba. Su corazón saltó al ilusionarse de que fuera Inuyasha, y se sorprendió pensar que no se lo había quitado de la cabeza ni siquiera en sus sueños. Se abrigó y fue a abrir, y el salto que dio su corazón fue más que el doble de lo acelerado que estaba. Era aquel chico que la tenía fuera de su órbita. Ambos se quedaron viendo sin decir nada.

_ Perdona que haya venido tan tarde- se disculpó el chico aún al otro lado del umbral- No podía dormir.

_ Pasa- dijo la chica intentando no sonar demasiado feliz mientras haciéndose a un lado, dejó pasar al chico.

Inuyasha entró, se fijó en que Kagome debajo de su chaqueta llevaba un pijama y sonrió al notar su cabello algo enmarañado por haber dormido ya. Él también estaba en pijama y cubriéndose con una chaqueta. Se sentó en el sofá mientras Kagome sacaba unas latas de cervezas para ambos.

Kagome apareció con dos latas de cerveza, una se la entregó a Inuyasha y la otra se la quedó ella, luego se acomodó en el sofá junto a él y bebieron cada uno lentamente, solo sorbos. Beber no era algo que apasionara a ninguno de los dos, y menos en ese momento cuando bajo la tenue luz de la habitación, no hacían más que mirarse cuando el otro no se percataba. Había un profundo silencio en toda la habitación, solo el ruido de vehículos en las calles de Nueva York.

Estaban en penumbra, los alcanzaba la tenue luz que se filtraba por las cortinas que venía desde los postes del alumbrado público y una pequeña lámpara de pedestal en la esquina de la habitación.

_ Kagome- vaciló en decir.

_ ¿M?.

Inuyasha tragó su cerveza, sintiendo como el líquido amargo bajaba por su garganta hasta llegar a su estómago. Tuvo la sensación de que el calor que le hacía sentir la bebida incrementaba en su interior, pero se dio cuenta que solo era su nerviosismo. Se llevó una mano a una mejilla para comprobar que estaba tibia, debido a que seguramente debía estar muy sonrojado. Aún compartiendo una amistad de hace ya algún tiempo, se seguía poniendo nervioso al hablar cualquier cosa con ella, pues después de todo, la chica era muy impredecible y no sabía de la forma que reaccionaría.

Dejó su bebida en la mesita de centro y se acomodó bien en el sofá.

_ Respecto lo que pasó esta tarde…- se ruborizó- yo…yo…

_ Inuyasha- dijo ella poniendo blancos los ojos- no me expliques nada.

_ Es que no es eso… es que yo…yo, bueno… quería…

_ Si, que cosa- dijo ya para presionarlo a hablar.

_Quería preguntarte…- la quedó mirando- Kagome, tu… ¿Necesitas de un abrazo?, así como yo te abracé esta tarde.

_ De que hablas…no seas tonto

_ Yo pienso que sí, porque siempre te veía sola y…bueno, si entiendes a lo que me refiero.

_ No necesito de nadie que me abrace, estoy bien así- dijo cruzándose de brazos, esquivando sus ojos.

_ Si estás bien así, ¿Entonces podrías decirme por qué estabas llorando en ese momento?

_ No es algo que te interese- frunció el ceño.

_ ¡Si me interesa! - exclamó y Kagome se sobresaltó - ¡Porque si tu estás llorando, me preocupo!, ¿No te das cuenta?

Kagome lo quedó mirando algo sorprendida. Por primera vez Inuyasha pudo ver esa mirada expresiva. Siguieron hablando, en voz baja…solo susurros, como si temieran que lo escucharan. Se volvía un ambiente muy intimo y el ruido de las calles ya casi no lo oían, solo el sonido de sus voces y la respiración de cada uno.

_ No te entiendo- dijo Kagome- no entiendo porque haces esto, porque llegas un día con el fin de acercarte a mí. ¿Por qué lo hiciste?

_ Quería…descubrirte…a ti – él la miró firmemente para recalcar el significado de sus palabras.

_ ¿Esa…esa es tu respuesta?

_ Así es…

Kagome se acomodó en su sitio, sentada de lado, viéndolo de frente mientras las sombras de su cara cautivaban más a Inuyasha. Ella le hablaba muy suave, como si en su voz hubiese un tono de amargura o dolor…de tristeza tal vez. Inuyasha la veía tan hermosa, con su cabello negro y esos ojos que le encantaban.

_ Perdóname Inuyasha…

Inuyasha no podía creer lo que había escuchado. ¿Qué la perdonara? ¿Pero por qué? ¿Por hacer que se enamorara de ella? ¡No! Lo que sentía en ese momento por ella, era lo más importante que le había pasado en la vida. Sentía unos enormes deseos de abrazarle y hacerle saber que él estaría con ella en todo momento. La chica encogió sus piernas y las abrazó con sus manos. Inuyasha no sabía que decir.

_ Kagome, no seas tonta, no tengo nada que perdonarte.

_ Es que siendo sincera, no se como has aguantado que te tratara tan mal- dijo sonriendo de medio lado.

_…Era algo que estaba dispuesto a soportar.

_ Bueno…-inclinó la cabeza un poco, como si ya se le hubiesen acabado las palabras.

_ ¿Estas bien?- dijo él, levantado su mentón suavemente con su mano, acercándose más a ella.

_ Sí, es solo que…ya no soy la misma desde que llegaste tú, Inuyasha – dijo mientras lo miraba a los ojos y él se sorprendía. Ella quiso seguir hablando y él no quiso interrumpir-…Hace ya años que perdí a mi familia. Me sentía sola, tan sola que no hacía más que llorar… ¿Qué hace un chica de quince años cuando se queda sin familia?... No sabía que hacer para que no me atormentara la culpa…pero tú, Inuyasha… Tú lograste que cambiara las lágrimas por algo que ni siquiera puedo explicar, por un sentimiento aquí adentro, que no lo puedo si quiera nombrar – dijo mientras cerraba sus ojos fuertemente y ponía las manos sobre su pecho, sin saber si quería arrepentirse o no de lo que había confesado.

Inuyasha casi quedó en shock. Eso era algo que nunca se hubiese imaginado. Pero no pudo evitarlo. Se incorporó de su asiento y acercó su rostro hacia el de ella, enredando sus dedos en el cabello suave de la chica. Estar tan cerca de ella le permitió sentir ese tan agradable aroma a jazmín que ella tenía. Definitivamente ella lo hechizaba, todo de ella lo encantaba. Se acercó hasta que toda distancia entre los dos se hubiera disipado. Sus ojos sorpresivos se cruzaron, pero Inuyasha no tardo más y unió sus labios con los de ella en un beso suave y tan añorado que se le iba la respiración mientras sentía su dulce sabor.

_ Inuyasha…- pronunció ella, alejándolo, angustiada-…No…

Él vio como los ojos de ella se empañaban de lágrimas y brillaban con la luz.

_ Kagome, perdóname, no quise…

_ No es nada…solo vete…por favor…