Hola, bueno, aqui tengo un nuevo capitulo...no he perdido el entusiasmo por publicar este fics, k por cierto, lo comencé hace años...pero todavía no tiene fin... espero que sea de su agrado.
Saludos : )
Capitulo 6
El día de la presentación de la obra se acercaba, habían ensayado mucho día tras día y Kagome tenía miedo. No miedo de la obra. Miedo de lo que sentía. Ese deseo desesperado en su interior. La asustaba mucho.
Se alejaba de Inuyasha cada vez que él se acercaba. Si él golpeaba a su puerta ella no le abría y si se cruzaban en el pasillo ella desviaba la mirada o se soltaba de la mano que la frenaba. El chico se estaba volviendo loco. Fionalmente, había decidido darle cierta distancia, para que ella pensara en lo que sentía. Pero se moría por conquistarla, por abrazarla y por sentir sus labios otra vez.
Esa tarde, después del ensayo, cuando creyó que nadie quedaba en el teatro, Kagome decidió probarse el vestuario para su escena más importante. Era un vestido hermoso, delicado y de un suave color champaña. La falda caía en millones y frondosos pliegues que rozaban con sus bordados, el suelo. Mientras que la blusa con encaje, le asentaba muy bien en su delgada cintura, que ocultaba a menudo bajo su ancha ropa. Anonadada por la delicadeza de sus ropas, sus ojos describían con detalle su figura reflejada en el espejo. Le provocó extrañeza el hecho de que le gustara el vestido, el color, la forma, todo iba fuera de lugar según sus propios gustos, pero esta vez no lo creía así. Tal vez por primera vez no lo creía así.
En ese momento llegó Sango a los camarines. Era la chica con quien había entablado una amistosa relación. Hablar con ella le hacía olvidar por un momento todos sus pensamientos que giraban siempre en torno al mismo tema. Inuyasha había sido el motivo de todos sus pesares esos últimos días. Extrañaba todo de él, cuando intentaba hacerla sonreír, la manera en que él le dedicaba una sonrisa, los momentos en que caminaba junto a ella en silencio tan solo para hacerle compañía. Extrañaba ese roce de sus labios. Definitivamente lo extrañaba. Y esa soledad que Inuyasha había alejado cuidadosamente de ella estaba regresando al igual que sus frecuentes recuerdos por el pasado…
_ Wow, ¡Te ves genial!- exclamó Sango.
_ ¿Sí?- dijo Kagome, como dudando de las palabras de la recién llegada.
_ Claro que si, te queda muy lindo, y más con esos colores que resaltan mucho más que los negros y grises- dijo moviendo sus manos en un gesto algo despectivo pero con gracia.
Kagome volvió la vista a su reflejo nuevamente y asintió con la cabeza levemente. Era solo hace días que ambas chicas habían comenzado a hablar. Sango se había dado cuenta por si sola como era la personalidad de Kagome, pero al igual que Inuyasha, ella creía que Kagome pese a mostrarse fría e indiferente era una excelente persona y con un gran corazón. Pero la había notado deprimida y comenzaba a entender el motivo. Sango sonrió al ver a Kagome viéndose tanto tiempo en el espejo, dándose la vuelta para ver como le quedaba el vestido en cada lado de su cuerpo.
_Vamos, ya quítate eso- le dijo Sango saliendo del camarín, pero antes se volteó y le dijo- ¿Quieres que vayamos a tomar algo?
_ Eh, claro- respondió.
_ Bien, te espero afuera.
Kagome se quitó el vestido y lo guardó con cuidado en el armario donde había muchos otros trajes con colores llamativos. Luego de haberse vestido se fue hacia la puerta, vio a Sango y ambas se encaminaron por la acera. Se fueron hablando. En cierta forma, Sango incentivaba a Kagome a participar de la conversación, es por eso que las dos hablaban animosamente y habían aprendido a llevarse muy bien.
Se detuvieron frente a un café. Y cuando iban entrando, a Kagome la chocaron por el hombro empujándola un poco hacia el lado y ambos, victimas del choque dijeron a la par "¡Lo siento!", pero al voltearse Kagome a ver quien había sido, se encontró perdida en aquellas orbes doradas que ella tanto admiraba. Era Inuyasha, mirándola de una forma algo sorprendida, y Kagome de la misma manera.
Kagome se volteó bajando de inmediato la cabeza y siguió avanzando hasta entrar al café. Sango que había visto la escena se quedó mirando a Inuyasha como en sus ojos se reflejaba tristeza, hasta que se alejó caminando lentamente y ella lo vio perderse. Para cuando entró Sango al café, Kagome se había instalado en una mesita junto a un ventanal, apoyada en la cobertura de la mesa y mirando hacia fuera. Sango se acercó y se sentó frente a ella.
_ ¿Es tu novio?- le preguntó Sango a Kagome.
Kagome al escuchar la palabra "novio" se le aceleró el corazón, pero se ahogó en un suspiro y negó con la cabeza.
_ No- dijo Kagome- ….Claro que no.
_ ¿Entonces?
_ Somos…-vacilo-… amigos…
_ ¿Y?
_ Es un poco complicado…
_ Mmm…amigos…complicado…ya se, él te gusta.
_ ¡Sango!...no…es que…bueno…no se
_ Hay, pequeña tonta, se te nota en la cara que estas en las nubes…¿Qué pasa? ¿El no te quiere?
_ No se si yo sea la indicada para él, Sango… él es demasiado como para una persona como yo.
_ Kagome…- dijo Sango para que ella la mirara a la cara-… ¿Inuyasha significa mucho para ti?
Kagome se quedó sin habla… ¿Lo que Inuyasha significaba para ella?... lo meditó y pensó mucho mientras guardaba silencio, y no quería admitirlo, pero él era más importante de lo que ella se podía imaginar. Inuyasha había cambiado su vida. Sango en ese entre tanto pidió unos cafés. Para cuando el mesero llegó con éstos los dejó frente a cada una y Kagome solo atinó a revolverlo continuamente con su cuchara. Seguía pensando.
¿Como no se había dado cuenta? … ¿Que había comenzado a querer a Inuyasha? Él no se había separado de ella en todo el tiempo en que se conocían, había soportado toda palabra hiriente proveniente de Kagome. Pero él siempre había estado a su lado. Él había buscado por sus propios métodos una forma de entrar aunque sea en un solo rincón del corazón de ella. Inuyasha le había hecho comprender a Kagome cuan importante era tener un amigo. Porque ahora que se habían distanciado durante unos cuantos días se sentía vacía, sola, triste: lo que Inuyasha había logrado borrar de ella. Aún no entendía como no se había percatado de lo importante que era Inuyasha para ella. Él tenía razón: Kagome necesitaba a alguien en quien confiar y esa persona era él sin duda.
Sango la examinaba, y la veía con una mirada muy tierna, comprendiéndola. De pronto alzó la vista hacia la puerta de entrada.
_ ¡Kouga! – llamó la chica castaña. Kagome se sobresaltó con ese grito para el que no estaba preparada. Se giró para ver quien se acercaba a su mesa – ven, siéntate con nosotras.
_ Claro – respondió él con su voz grave - ¿Qué tal? – dijo clavando su mirada en Kagome.
_ Ella es Kagome – la presentó Sango.
_ Claro que sé que ella es Kagome – contestó el chico mientras acercaba una silla y se sentaba. Kagome se extrañó y el al ver su mirada de confusión, sonrió divertido – Todos conocen a la protagonista, además, si mal no recuerdo, te saludé el otro día.
_ Oh, sí – dijo Kagome distraída. La verdal es que no recordaba que él le haya saludado. Sí lo había visto un par de veces, pero de lejos solamente, cuando veía otras escenas del ensayo.
_ Diablos – dijo de pronto Sango mientras veía el reloj de muñeca – lo siento chicos, yo me tengo que ir.
_ Pero…- intentó decir kagome, pero Sango ya estaba saliendo por la puerta.
Cuando Kagome se dio cuenta de que había quedado sola con el muchacho, se sintió algo cohibida. Sentía su mirada sobre ella y él le sonreía constantemente. Era muy agradable, pero no con el hombre que prefería sentarse a charlar.
_ ¿Estas preparada para el gran estreno? – preguntó el chico.
_ Creo que si – dijo ella.
_ Pues yo estoy muy nervioso, tu debes estarlo más ¿No es así?
_ Más o menos.
El chico seguía hablándole y ella respondía con monosílabos. Era simpático, no lo negaba, pero en ese momento no tenía cabeza para nada más que para su gran descubrimiento: ¡Se estaba enamorando de Inuyasha! Y Dios Santo como la sorprendía y enloquecía y asustaba y…se negaba. Ella no podía querer a alguien tan bueno como él…Alguien como él se merecía a alguien mejor, comenzaba a pensar.
Se hizo tarde y ambos jóvenes regresaron al hotel. En la sala de entrada estaba sentada en un sillón, Kikyou, cruzada de piernas y brazos, impaciente por la llegada de alguien. Kagome se dio cuenta de que a quien esperaba era a ella pues apenas entró, la mujer se puso de pie. Kagome le hizo un gesto de despedida a Kouga que estaba a su lado y se fue sin antes despedirse de ella con un fogoso beso en la mejilla. Habían quedado ahora solo Kagome y Kikyou.
_ Ya había esperado mucho tiempo para hablar contigo- dijo Kikyou.
_ Ahora no quiero entrar en discusiones, no es momento.
_ Oh, ¿Mi hermanita está apenada?- se burló- pero no te preocupes, que esto puede ser muy corto o muy largo, tú decides.
_ Entonces habla rápido
_ Escucha- dijo encendiendo un cigarrillo- …todavía estoy esperando la distribución equitativa de los bienes a si que…
_ No tomes posesión de lo que no es tuyo – la interrumpió.
_ Claro que es mío.
_ Intentaste quitarme mí casa, Kikyou
_ Para que sea tu casa debió haber quedado escrito un testamento, pero según lo que yo se…no existe dicho testamento.
_ Bien dices, según lo que tú sabes, ni siquiera te corresponde saberlo.
_ ¿Y a caso a ti sí?- dijo en tono despectivo.
_ Ya veremos- dijo imitando el mismo tono de Kikyou, lo que la hizo enfurecer.
_ ¡Kagome!, ¡No escapes de esto!
Kagome comenzó a alejarse de Kikyou lo más rápido como pudieron sus piernas, no quería que la alcanzara, pues ese no era el momento de discutir. No estaba de ánimo para tener otra discusión con ella. Y subió al elevador escuchando la voz de Kikyou llamándola, que se perdía luego de que se cerraron las puertas. Ni siquiera volteó para ver el rostro de la mujer que seguramente estaba rojo de rabia
Apenas subió al elevador, cerró los ojos y se recostó contra la pared. A Kikyou no le interesaba nada más que el dinero que había dejado su padre, ni siquiera lo quería a él y apenas había lamentado su muerte. Se sentía tan impotente ante esa mujer que le daban ganas de arrojarla de un décimo piso. Salió del elevador y entró con paso lento a su habitación.
No quería volver a encontrarse con esa mujer y pensaba en ello mientras miraba las calles repletas de gente desde su ventana. Se sentó en el borde de la cama y vio la luz parpadeante de la contestadota. Oprimió el pequeño botón y de inmediato escuchó una voz que para ella tranquilizadora pero que hasta ese momento había olvidado. Era Sesshoumaru: "Kagome, no me has contestado tu móvil, ¿Estas viva todavía? Supongo que tendré que ir hasta allá para comprobarlo. No me perdería tu actuación por nada del mundo. Te llamo temprano en la mañana, adiós."
Kagome se tumbó en la cama y cerró los ojos. Lo único que quería era dormir.
...
Mientras tanto, la indecisión atormentaba a Inuyasha. No sabía que hacer, no sabía si ir a golpear a la puerta de Kagome, si dejar que pasara el tiempo, o simplemente olvidarse de ella. Bueno, no tan "simplemente olvidarse de ella", después de todo, arrancársela de la mente…y del corazón, no sería una tardea fácil. Ya era tarde para eso.
Pronto estaría junto a Kagome en el escenario, diciéndose palabras de amor que le hacían latir el corazón a mil por hora en cada ensayo. No sabía si podría contenerse de abrazarla mientras estaba junto a ella frente a los demás actores. ¿Qué hacer?
De pronto, se incorporó de la cama con una decisión clara en su mente. Le diría a Kagome sus sentimientos, iría temprano por la mañana, antes de que ella saliera de su alcoba para ir al ensayo. Se volvió a recostar, muy nervioso pensando en lo que le diría y estuvo pensando en ello durante horas, dándose vueltas en la cama hacia un lado y otro. Finalmente se durmió, sin tener nada claro en su mente más que tenía que decirle que la quería con todo el corazón, no sabía como, pero lo haría.
A la mañana siguiente, la despertó el sonido de la puerta. Alguien golpeaba. Se levantó sobresaltada, mirando su reloj, pero descubrió que aún era temprano para ir al teatro. Entonces volvieron a golpear, y arreglándose un poco el cabello y restregándose los ojos, fue a abrir. No pensó que le daría tanta vergüenza encontrarse en pijamas frente a él. Hasta se le había olvidado que iría a verla, no pensó que estaría allí tan pronto.
_ Sesshoumaru – susurró sorprendida.
_ ¡Hola! – la saludo con una sonrisa y se metió en la habitación de ella aunque ni siquiera ella lo había autorizado a entrar.
_ ¿Qué estas haciendo aquí? – inquirió cerrando la puerta.
_ ¿No recibiste mi mensaje?
_ Bueno, si, pero no pensé que traerías hasta acá mis sesiones. Tampoco estoy tan loca – frunció el ceño.
_ No seas tonta – sonrió - ¡No podía perderme tu obra!
_ Bueno, gracias por haber venido…- dijo mientras se ponía un suéter encima del pijama y se alisaba el cabello con los dedos – siéntate – le ofreció ella.
_ Gracias – dijo mientras la veía a los ojos con una sonrisa, sin poder despegar su mirada de ella. Kagome se sintió incómoda.
_ ¿Qué pasa? – preguntó cruzada de brazos.
_ Oh nada, es que hace tiempo no te veía, ¿Cómo has estado?
_ Bien – dijo ensombreciendo su mirada, pues a su mente vino cierto chico que no podía olvidar – solo un poco nerviosa por el estreno de la obra.
Kagome se apoyó en la pared, frente a Sesshoumaru, mientras él le contaba que ya había reservado una habitación en el hotel y que no hallaba la hora de verla con su vestido de época en el escenario. Y le seguía hablando, alegre, sin notar que Kagome le escuchaba solo la mitad de lo que decía, concentrada en algún punto del suelo, recordando por milésima vez los labios de Inuyasha sobre los suyos.
Y aunque en la obra debían de besarse al final, en los ensayos no habían sido besos en los labios, no como el que se habían dado en esa misma habitación.
Unos nudillos golpearon la puerta suavemente desde afuera. Kagome dirigió la mirada hacia la puerta sin moverse del lugar. Su corazón se paró, ¿Sería Inuyasha?...
_ ¿Esperas a alguien?
_ No, claro que no…no estaría así vestida si esperara a alguien…con decirte que ni siquiera esperaba que llegaras tan temprano – dijo apuntándose las ropas, que evidentemente la incomodaban otra vez.
De nuevo, la puerta. Entonces se incorporó de su apoyo y se dirigió hacía ésta, sin saber si abrir o no…queriendo que fuera Inuyasha…pero…
Entonces cuando abrió, vio esa melena castaña y ese rostro que no paraba de imaginar y recordar. Se sintió nerviosa, que sus oídos se tapaban y escuchaba solo el latir de su corazón.
_ Hola – murmuró Inuyasha, con una mirada que acogía varias emociones: angustia, ansiedad, alegría, confusión… y varias más. Kagome se hizo a un lado para dejarlo pasar, olvidando completamente que ya tenía a alguien dentro de su alcoba. Y entonces… - ¿Sesshoumaru? – inquirió sorprendido al verlo ahí, miró luego hacia Kagome, sin entender nada. El aludido se puso de pie, con una mirada enojada.
_ ¿Ustedes se conocen? – preguntó Kagome, extrañada.
_ Claro, si Inuyasha es mi hermano – respondió Sesshoumaru mientras se acercaba a Kagome y le ponía la mano sobre el hombro – ¿Cómo estás? – preguntó, pero no con interés.
_ ¿Y…desde cuando te importa como esté? – dijo Inuyasha arrastrando la voz, y con la mirada fija en la mano de Sesshoumaru sobre el hombro de su chica.
_ Bueno, si tienes razón, la verdad es que no me interesa…solo vine por Kagome – dijo como si lo estuviese desafiando.
_ Eh…sabes que, Kagome…yo solo quería hablar contigo, pero creo que mejor será otro día –dijo tomando el pomo de la puerta.
_ Eh…está bien – murmuró ella, sin saber que decir.
_ Adiós – recalcó Sesshoumaru.
Inuyasha salió de allí muy rápido, casi con el corazón en la mano. Dios Santo… ¿Qué hacía ahí su hermano? Con Kagome…solos en su habitación…poniendo su mano sobre su hombro…Que rabia sentía… que angustia.
Nunca se había llevado bien con su hermano. Siempre se habían echo la vida imposible. Recordaba la última vez que había hablado con Sesshoumaru, pues fue cuando este último le había arrebatado a su novia, así, simplemente porque se habían enamorado a sus espaldas, engañándolo a él. Y más encima, se había enterado de que Sesshoumaru la había dejado al mes siguiente de eso. Y ahora… estaba ahí con Kagome. ¿Que pretendía?... ¿Repetir la historia?... no se lo iba a permitir…
_ ¿Sesshoumaru?, ¿Qué fue eso? – preguntó Kagome, sin comprender.
_ Pues que Inuyasha es mi hermano…eso…
_ ¿Y lo tratas así?
_ No nos llevamos muy bien que digamos…
_ ¿Con que moral entonces haces terapia? – inquirió enfadada, no sabía si por como se habían tratado los dos ahí frente a ella, o si era porque no pudo escuchar lo que Inuyasha venía a decirle. En el fondo de ella lo único que quería era hablar con él. Pero era demasiado orgullosa y peor aún, todavía no aceptaba del todo que estaba irrevocablemente enamorada.
_ Kagome, no me hables así, todos tenemos problemas en nuestra vida personal, yo tampoco tengo una vida perfecta color de rosa.
_ Sí…claro…pero debería intentar arreglar las cosas ¿no?
_ Ya veré…
…
_ ¿Kagome? – Le habló su profesor - ¿Te encuentras bien?
_ Sí, sí… lo siento mucho – dijo mientras se quedaba parada en mitad del escenario sin dejar fluir las palabras. Inuyasha la veía desde atrás de escena, preocupado.
Al momento siguió con su guión, con su voz resonando por el teatro, recobrando su confianza y su pasión. Era solo que tenía la cabeza en otra parte, pero eso tenía que terminarse. No podía dejar de lado su trabajo y sus responsabilidades por culpa de Inuyasha y de sus dichosos sentimientos hacia él.
La obra se estrenaba al día siguiente por la noche y los nervios se dejaban ver en cada uno de los jóvenes actores, en su primera obra importante y con un público crítico. Era una obra realmente importante y una oportunidad que como estudiantes, no podían darse el privilegio de rechazar.
Cuando el ensayo acabó, se acordó que a primera hora del día siguiente estarían ensayando, pero solo hasta medio día, pues después se venían los preparativos de escena. Todos se estrecharon las manos y se abrazaron nerviosos, pues entre todos ellos había surgido un cariño y una admiración que eran inevitable sentir.
Al salir del teatro, Kagome junto con Sango y Kouga caminando mientras estos dos últimos hablaban de lo bien que cada uno actuaba y de que la obra sería un gran éxito, pero Kagome para variar tenía la mente por las nubes.
_ Kagome – sintió que la llamaban. Ella se giró para encontrarse con su apuesto psicólogo que la estaba esperando bajo la luz de un poste.
La chica se despidió bajo la atenta mirada de los dos... y de nada menos que bajo la atenta mirada de Inuyasha, cuya sonrisa que traía se había desvanecido en cosa de un segundo al ver a su hermano allí. Pero siguió caminando, cruzó la calle y entró al hotel, con un enfado palpable. Tenía ganas de arrojar al piso todo lo había sobre las mesas. Se tomó la cabeza mientras esperaba a que llegara el ascensor. Suspiró con pesadez. Él no podía jugar sucio como lo había hecho su hermano. El tenía valores, y si se ganaba a Kagome, iba a ser porque él como persona se la merecía con todo lo que había echo por ella. Pero no por eso iba a dejar de luchar por ella. Sesshoumaru ya sabría que él tenía agallas y que no se dejaría vencer. Le diría a Kagome cuanto la quería. Eso estaba más que claro.
Las puertas del ascensor se abrieron y el chico subió en él. Se apoyó en una pared, con una mirada de tristeza que no podía ocultar. Cuando llegó a su habitación, entró como derrotado, arrastrando los pies y lanzándose sobre la cama. Allí se quedó durante mucho tiempo, perdió la noción de la hora y estuvo así tumbado, hasta que la noche calló completamente sobre la ciudad.
…
_ ¿Qué vas pedir? – le preguntó Sesshoumaru a Kagome, que estaba sentada frente a él, en una mesita redonda de un restaurante. Kagome había hojeado el menú como tres veces y todavía no se decidía.
_ No lo se todavía… - respondió con la voz totalmente apagada.
_ Kagome – dijo quitándole el menú, cerrándolo y dejándolo a un lado. La miró directamente a los ojos mientras ella también lo miraba, pero con una mirada vacía - ¿Qué ocurre?
_ ¿Cómo? No me ocurre nada – respondió ella.
_ Se que ocurre algo, dime…
_ Es solo que…estoy muy abrumada por los ensayos, estoy cansada y preocupada de que todo salga bien mañana. Es eso – dijo queriendo restarle importancia al asunto.
_ ¿Segura que es solo eso?
_ Sí…Ahora, ¿Quieres pedirme una ensalada?
Con eso, la chica dejó de hablar de lo que le ocurría, pero Sesshoumaru sabía que algo no andaba bien con ella. Kagome no habló demasiado mientras comía su ensalada, sin ganas. Y cuando acabaron, regresaron al hotel. Cortésmente, Sesshoumaru fue a dejar a Kagome a la puerta de su habitación y se despidió de ella con un beso en la mejilla. Un beso en la mejilla que nunca antes se habían dado.
Entonces, Sesshoumaru se acercó a su oído y le susurró dos palabras a Kagome antes de alejarse por el pasillo. La chica quedó sorprendida e inmóvil y cuando se volteó para pedirle alguna explicación a Sesshoumaru, él ya se había ido de su vista.
"Te quiero"
