Hola...bueno, este capitulo me gustó mucho cuando lo escribi...espero que a ustedes también les agrade. Gracias a las personas que se dan el tiempo de leerlo y porque me dan una oportunidad de mostrarles mi fic...gracias!
Además, en este capitulo he tomado, un fragmento de "Romeo y Julieta", el cual está con letras cursivas para destacarlo y dejar en claro que no ha sido creación mía. Sin más que agregar los invito a leer.
atte
yuki-chan
Capitulo 7
_ No puedo dejar de felicitarte, Inuyasha – le decía su profesor mientras apoyaba su mano en el hombro del chico – has hecho un excelente trabajo estas semanas
_ Pero todos hemos hecho un buen trabajo – sonrió él dirigiendo su mirada a todos los chicos que andaban de un lado y otro, locos por los preparativos para esa noche.
_ Sí, tienes razón. Y no dudes en ningún momento que llegaras lejos, muchacho – sonrió sinceramente – llegarás lejos…
El ensayo había culminado a eso de las once y media, antes del medio día, saliendo todo a la perfección, tal como debía ser. La obra duraba más de dos horas, era un excelente trabajo que todos habían hecho. Y los profesores encargados no podían dejar de sentirse orgullosos por sus alumnos, que no por casualidad cada uno de ellos estaba ahí, sino por que cada de uno de ellos tenía un talento innato, y por eso debían darse a conocer por el mundo. Claro que debían empezar por una parte, y esa noche sería el inicio de sus vidas.
Los trajes estaban preparados, la escenografía en su lugar, la iluminación perfecta, y el telón, se cerraba y abría correctamente. Hasta el mínimo detalle era revisado por todos. Cada uno de los que estaba allí querían que saliera todo bien y rezaban para que sus voces se oyeran limpias, y sus cuerpos pudieran expresar toda la emoción que sentían de estar allí.
Kagome suspiró, estaba sentada en uno de los asientos donde más tarde se situarían todos los espectadores. Estaba muy nerviosa, y la noche pasada apenas había podido dormir…ahora tenía tres dilemas en su cabeza: La obra, Inuyasha y Sesshoumaru. Kikyou no contaba como dilema…ella entraba en la clasificación de cosas banales.
Desde la noche anterior que no había visto a su psicólogo, y la verdad es que no quería que se apareciera. No podía creer lo que él le había confesado. ¿Cuál era la función de esos dos hermanos en su vida? ¿Confundirla a más no poder?…pero…
Ella ya no tenía duda de lo que sentía. Y la rotunda verdad era que…quería a Inuyasha como no había querido a nadie más. Él había llenado un vacío en ella que no sabía de que otra forma se hubiese llenado. Y lo peor de todo…lo que más temía y lo que más la angustiaba, era que necesitaba a ese chico más que a nada. Él se había convertido en sus sonrisas, en su esperanza, en sus ilusiones…Lo quería pero…tenía miedo. Miedo de quererlo tanto tanto… y perderlo después. No soportaría perderlo.
Pensaba en todo esto, mientras otro suspiro escapaba de sus labios. Y sentía ganas de echarse a llorar, absolutamente temerosa de lo que sentía por él, de que su corazón saliera lastimado. Se sentía triste, pero sin poder dejar de pensar, que eso que sentía, era definitivamente lo más hermoso que podía haber. No tenía ánimos para levantarse de ese asiento. Echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos siendo lo último que vio, el foco de una luz en el techo que le alumbraba directamente el rostro.
_ ¿Kagome? ¿Estás dormida? – le habló Sango, que la miraba de pie junto a ella. Kagome abrió los ojos.
_ No… - murmuró Kagome. Se puso de pie y se restregó los ojos que se encandilaron por la luz.
_ ¿Te encuentras bien? – preguntó, con la preocupación asomando de sus ojos.
_ Estoy bien, no te preocupes… ¿Dónde están todos? – dijo mientras repasaba con la mirada el lugar y no encontró a nadie más que a ellas dos.
_ Ya todos se fueron… Tenemos que estar aquí a las cinco en punto para comenzar a vestirnos, maquillarnos y todo lo demás, ¡Muchacha donde estabas! ¿En la luna?
_…Sí, creo que si… - suspiró.
_ Hay Kagome – dijo mientras la tomaba del brazo y la hacía avanzar hacia la salida. Juntas caminaron por la acera sin un rumbo fijo mientras las invadía el ruido de la calle, las bocinas, las voces, dejando atrás el teatro y el enorme cartel que anunciaba la más grande obra de Shakespiare, que sería representada por ellos esa misma noche.
Caminaron hasta llegar a un pequeño parque, donde había un par de columpios vacíos movidos por el viento, y otros juegos ausente de niños a esas horas. Ambas se sentaron cada una en un columpio, todavía sin mencionar ninguna palabra.
_ ¿Te había dicho, Kagome? – le habló Sango.
_ ¿Que cosa? – la miró con signos interrogativos sobre su cabeza.
_ Que hablar contigo, hace descubrir a una persona muy interesante – le sonrió. Kagome la quedó viendo sin palabras. No supo que responder.
_ Soy como cualquier persona.
_ Claro que no, tonta. Todos tenemos algo especial, pero en ti es fácil descubrir que tienes un buen corazón.
Los ojos de Kagome se llenaron de lágrimas. Sonrió sintiéndose tonta y vulnerable. "La vida es demasiado corta como para estar sola" recordó. Ahí estaba una nueva amiga, para tenderle una mano cuando ella lo necesitara. Tenía a Inuyasha, tenía a su familia que estaba en su corazón. Ella ya no estaba sola. Y más importante aún, ella ya no se sentía sola.
_ Gracias – dijo Kagome, enjugándose las lagrimas con una manga. Eran lágrimas que había estado reteniendo desde hace rato ya y que por fin habían caído.
_ Te conozco muy poquito, pero no importa. Quiero ser tu amiga, ¿Si? – sonrió. Kagome asintió – Ahora vamos – se levanto y le tendió las manos para impulsarla a levantarse…
El sol a esas horas estaba tan dorado que encandilaba sin que fuera necesario mirarlo directamente. Hacía calor y eso inundó a ambas chicas mientras caminaban hacia el hotel para almorzar.
Sango hablaba y hablaba siempre sonriente. Y Kagome la observaba, también con una sonrisa que no quería borrar. ¿Es que por fin habia encontrado a una amiga?
...Gracias a Dios…
Es que, no siempre es fácil darnos cuenta de que un amigo es algo tan importante. Está ahí cuando necesitamos llorar o reír, y a veces, cuando nos damos cuenta de que un amigo nos falta, la pena inunda y de pronto se siente todo tan vacío. Kagome se sentía con el corazón gigante y rebosante de alegría. ¿Cuándo había sido la última vez que se había sentido así? Ya ni lo recordaba…pues lo que sentía en ese momento no era comparable con nada. Y entonces lo comprendió, que en ese lugar tenía todo cuanto necesitaba en su vida: una amistad, la pasión del teatro, y por supuesto… el amor de su vida.
_ Kouga, ven a sentarte con nosotras – dijo Sango al chico que había recién llenado su plato con comida y buscaba una mesa libre para comer. Se acercó sonriente a donde se encontraban Kagome y Sango a mitad de su almuerzo.
Se sentó junto a Sango y frente a Kagome. De pronto veía a Kagome tan bonita y sonrió. Pero ese no era el momento de distraerse, pensó el muchacho, pues debía concentrarse en su comida, y luego en la gran obra.
_ Estas semanas se pasaron muy rápido ¿No? – comentó el muchacho.
_ Si es verdad…- dijo Sango – mañana regresamos a nuestros hogares y…la verdad es que no quiero – sonrió.
_ Sí, yo tampoco deseo regresar – dijo Kagome mirando su plato, como con la mirada perdida en él y una sonrisa nostálgica. En ese viaje había experimentado muchas sensaciones nuevas, y eso todavía no terminaba.
Al terminar de almorzar. Los tres se encaminaron hacia sus habitaciones, Sango se despidió y quedaron solos Kouga y Kagome, fuera del ascensor en el pasillo.
_ Oye, Kagome – le habló Kouga antes de que se separaran para ir a sus habitaciones a repasar sus libretos por última vez.
_ ¿Dime?
_ Sango me contó que eres de California – decía algo nervioso.
_ Así es…
_ Bueno, yo también – sonrió – de hecho, voy en el mismo nivel que Sango, y pensaba que sería buena idea que nos siguiéremos viendo allí.
_ Me parece genial – sonrió también.
_ Estupendo – se acercó para despedirse de ella con un beso en la mejilla – Bueno, adiós, nos vemos en unas horitas más.
_ Sí, nos vemos – se alejó hacia su habitación mientras hacía con la mano un gesto de despedida.
Se descubrió sonriente mientras buscaba en su bolso la llave para abrir su puerta. Allí se sentía tan llena de paz. En esa ciudad nadie sabía los comentarios que se hacían de ella en su universidad. Allí era una chica nueva, una chica que daba la impresión de ser extraña, pero que sin embargo, cautivaba con su sonrisa, que eran para sorpresa de Kagome, cada vez más frecuentes.
...
Estaba muy nerviosa, parada frente al espejo. Su delgado cuerpo lucía el vestido color champaña que se había probado hace un par de días. Se sentía como una princesa. Y sin embargo ese día lo era.
_ Te ves preciosa – le dijo una voz atrás de ella.
_ …Gracias – dijo, con las mejillas sonrojadas.
_ ¿Estas lista? – le preguntó con una mirada muy serena.
_ Sí, ¿Y tu? – su corazón le latía rápido.
_ Sí… - sonrió levemente, como con tristeza. Era una sonrisa para ella, para transmitirle que la extrañaba – nos vemos en el escenario…buena suerte.
_ Igual para ti.
Quiso desfallecer. Sus palabras habían sonado tan frías, y sin embargo ella sabía que él de verdad le deseaba toda la suerte del mundo. Y ella también a él. Y cuando todo lo de la obra terminara, esperaba que las cosas entre los dos pudieran arreglarse. Ella ya no soportaba tener que intercambiar miradas fugaces con él. Lo necesitaba…pero ¿Se decidiría a confesarle sus sentimientos? Y además ¿Cuando…?
Mientras tanto, todos recorrían los pasillos de sus camerinos, ataviados con sus trajes y accesorios de la antigua Italia. Los hombres con camisas de mangas y pantalones aglobados, de colores relucientes y medias apretadas que los hacían sonrojar, pero sentirse a la vez con un profundo respeto. Y por su parte las mujeres con sus vestidos pulcramente estirados de finísimos colores. Todo ya estaba listo. Solo tenían que bajar las luces y…abrir el telón:
"En la hermosa Verona, donde acaecieron estos amores,
dos familias rivales igualmente nobles habían derramado,
por sus odios mutuos inculpada sangre.
Sus inocentes hijos pagaron la pena de estos rencores,
que trajeron su muerte y el fin de su triste amor."
Dios Santo, estaba tan nerviosa cuando salió a escena y vio tantos rostros de personas que la miraban expectantes. El corazón le daba golpes en el pecho como si de una manada de caballos se tratara. Respiró profundamente y comenzó a decir sus líneas, con voz fuerte, clara, límpida, resonando por cada rincón del teatro. Hablaba con pasión. En cada palabra transmitía todo su amor por el teatro, en cada gesto, en cada expresión de su rostro, su talento se hacía más evidente. Se sumergía cada vez más en su personaje y para cuando tuvo que meterse atrás de escena, le brillaban los ojos con una alegría y pasión rebosantes. Se apoyó en una pared respirando agitada, pero totalmente confiada…y entonces supo que todo saldría bien.
Vio como Inuyasha le dedicaba su última mirada antes de salir a escena, pues era su turno de dejar con la boca abierta a todo espectador. Y él le sonrió, como diciéndole que había estado maravillosamente bien.
Kagome se asomó para ver con admiración cómo Inuyasha tenía tanto desplante en escena. Sus movimientos con tanta confianza la dejaron totalmente sorprendida y admirada. No podía borrar la sonrisa de su rostro mientras veía como cautivaba a cada una de las personas del público.
Así avanzaba el guión y avanzaba la obra. Juntos, Inuyasha y Kagome se veían en el escenario con una mirada tan intensa que se traspasaban con fervor. Sus ojos reflejaban miles se chispas de emoción. Cada vez que Inuyasha pronunciaba "Amor mío" y ella "Oh, mi Romeo" se sentían desfallecer. Ambos se estaban entregando todo su amor en esos instantes, en los que sus cuerpos que aunque en almas de personajes ficticios, en ese momento se hacían reales, siento personificados y traídos al mundo real. Ellos hacían que Romeo y Julieta fuese la pareja de enamorados más hermosa de la historia y trasladaban a cada una de las personas del público al pasado para que fuesen testigos de ese legado de amor que existiría por siempre y para siempre.
El final de la obra estaba solo a poco minutos. Sus cuerpos pronto caerían en el lecho de muerte del sepulcro, preparado para ellos y allí solo existirían ellos dos, cuando ese beso uniera por segunda vez sus labios…
Y ahí se encontraban los dos, Inuyasha observando a Kagome en el sepulcro. Ella respirando pausadamente con los ojos cerrados, fingiendo estar dormida.
Inuyasha cogió el frasco de veneno rojizo en su mano y lo observó con ojos brillantes y decididos
Romeo: ¡Ven, amargo conductor! ¡Ven, guía fatal! ¡Tú, desesperado piloto, lanza ahora de golpe, para que vaya a estrellarse contra las duras rocas, tu maltrecho bajel, harto de navegar! (bebiendo). ¡Brindo por mi amada! ¡Oh sincero boticario! ¡Tus drogas son activas! … Así muero… ¡con un beso!…
Sus labios se acercaron a los de Kagome, sintiendo su tibio y perfumado respirar. Pero no se besaron, él cayó a su lado, muerto por el veneno que había recorrido su cuerpo en segundos. Sus ojos se cerraron mientras sentía el aroma de Kagome junto a él, y la tibieza se su tacto, en ese lecho de muerte.
En escena entró un muchacho vestido con sotana negra.
Fray Lorenzo: - Pero ¡Dios mío! ¿Qué sangre es esta en las gradas del monumento? ¿Qué espadas éstas sin dueño, y tintas todavía de sangre? (Entra en el sepulcro) ¡Romeo! ¡Pálido está como la muerte! ¡Paris cubierto de sangre!…
Y de pronto, Kagome se irguió de su lecho exhalando fuertemente, como si hubiese estado conteniendo la respiración. Su público estaba atento. Todos sabían lo que venía: Su trágica muerte…pero una muerte que la llevaría junto a su amado. Una muerte que valía la pena.
Julieta:- Padre, ¿dónde está mi esposo? Ya recuerdo dónde debía yo estar y allí estoy. Pero ¿Dónde está Romeo, padre mío?
Fray Lorenzo:- Oigo ruido. Deja tú pronto este foco de infección, ese lecho de fingida muerte. La suprema voluntad de Dios ha venido a desbaratar mis planes. Sígueme. Tu esposo yace muerto a tu lado, y Paris muerto también. Sígueme a un devoto convento y nada más me digas, porque la gente se acerca. Sígueme, Julieta, que no podemos detenernos aquí.
Julieta:- ¡Vete, márchate de aquí, pues yo no me moveré! (Sale Fray Lorenzo) ¡Esposo mío! Mas ¿qué veo? Una copa tiene en las manos. Con veneno ha apresurado su muerte. ¡Cruel! No me dejó ni una gota que beber. Pero besaré tus labios que quizá contienen algún resabio del veneno. Él me matará y me salvará.
Ella se sintió más nerviosa que nunca y él la sintió recargándose sobre su cuerpo, sintió cada uno de sus dedos haciendo fuerza sobre su tórax, sintió también su aroma a jazmín que se desprendía de su cabello. Ella estaba cada vez más cerca. Inuyasha tenía los ojos cerrados, pero qué hubiese dado por mirarla a los ojos en ese momento. Sintió el aliento de ella sobre su boca y luego ese dulce sabor que no había logrado olvidar. Sintió los suaves labios de su Kagome sobre los suyos, besándolo. Quizás el beso duró dos segundos, pero para él, el tiempo se había detenido.
Kagome encontró dentro de su mente, el valor para separarse de sus labios y de su cuerpo y respirando hondamente se irguió y su voz resonó en el teatro nuevamente
Julieta: ¡Tus labios están calientes todavía!
Se escuchó una voz atrás de escena: ¡Guíanos, muchacho! ¿Por dónde?
Julieta: ¿Qué? ¿Rumor? ¡Seamos breves entonces! (Cogiendo la daga de Romeo) ¡Oh daga bienhechora! ¡Enmohécete aquí y dame la muerte!
Clavó la falsa daga en su pecho y un paño rojo como la sangre, brotó de sus vestiduras. Su cuerpo cayó sobre el de su amado Inuyasha, y de allí no se movió más. En eso salió el narrador, ataviado con sus vestiduras elegantes y sombrero. Pero ni Inuyasha ni Kagome escucharon las últimas palabras que él había pronunciado, poniendo final a la obra, no antes de hacer su profunda reverencia en dirección al público.
Kagome e Inuyasha, con su respiración agitada, se miraban a los ojos aún recostados sobre el lecho, oyendo como los invadía una oleada de aplausos, llenando cada espacio del teatro y escuchándose incluso hasta el hotel. Los aplausos y gritos de alegría y emoción traspasaron a cada uno de los actores.
Inuyasha tomó la mano de Kagome fuertemente y juntos se dirigieron de frente al público, escuchando cómo les aplaudían a los dos. Nada se comparaba con esa sensación de logro de ambos. Kagome se sentía tan llena de emociones. Y comprendió que la mayor recompensa de esa obra, había sido el aplauso y clamor de todo el público. Era algo que sus oídos nunca olvidarían. Sus ojos se llenaron de lágrimas y el telón de cerró dejando ocultos a todo el elenco que había salido para hacer sus reverencias.
Todos se abrazaron detrás del telón, felices porque todo había terminado. Todos felicitaban a Kagome e Inuyasha por sus estupendos papeles e interpretaciones. Aquel era un momento glorioso.
Kagome, que había sido abrazada efusivamente por una contentísima Sango, sintió luego cómo alguien la tomaba de la mano. Ese tacto lo reconoció de inmediato y al voltearse se sumergió en esos ojos de soles dorados que le encantaban. Inuyasha le sonreía, y haciéndole un gesto, hizo que lo siguiera hasta el pasillo donde no había nadie más que ellos dos.
Ambos demostraban su alegría a flor de piel, y aunque aún podían escuchar a sus compañeros riendo y dándose felicitaciones en el escenario, estuvieron solo ellos dos y no hacían más que mirarse a los ojos, lo que era suficiente para expresar todo lo que sentían en ese momento.
_ Kagome, yo quería decirte que…estuviste estupenda – le sonrió abiertamente y la abrazaba.
_ Tu también estuviste maravilloso, Inuyasha.
El abrazo se rompió, pero ninguno de los dos había dejado de mirarse a los ojos.
_ Kagome…yo…quería decirte algo más…- se sonrojó hasta el pelo.
_ ¿Si?
_ Yo…Kagome – le tomó una mano entre las suyas – yo quería decirte que...bueno, quería decirte que yo te…
_ ¡Kagome aquí estas! – llegó corriendo Sesshoumaru, quien apartó a Inuyasha y abrazó a Kagome fuertemente. Ella apenas reaccionó ante aquel abrazo. Inuyasha suspiró pesadamente mientras inclinaba la cabeza y la muchacha vio a través de la cabellera de Sesshoumaru, cómo Inuyasha se iba de allí lentamente. Ella quiso detenerlo pero no pudo soltarse de aquel agarre y cuando Inuyasha se volteó para verlos por última vez, los vio:...Sesshoumaru estaba besando a Kagome en los labios.
_ Te traje estas flores – le entrego, el chico, un ramo de hermosas rosas rojas una vez que se había separado de ella. Kagome estaba sorprendida a más no poder, recibió las flores solo por un acto reflejo, pero por supuesto con la mente en el chico que se había ido de allí con la mirada de mayor decepción que había visto – estuviste maravillosa, Kagome, realmente hermosa.
_ …Gracias – murmuró con el corazón quebrado.
...
_ ¿Inuyasha? ¿Qué pasa? – le preguntó Sango al muchacho.
_ No ocurre nada – dijo él mientras, borraba su mirada sombría y le besaba la mejilla a la chica – felicitaciones – sonrió – estuviste muy bien en escena, Sango.
_ Gracias, tu también…pero... ¿Seguro que no ocurre nada? ¿Dónde está Kagome?
_…Está con mejor compañía…
El chico se alejó hacia su camerino para quitarse sus ropas. Luego todos se irían a celebrar. Pero la verdad es que no tenía deseos de celebrar cómo Sesshoumaru destrozaba su vida. Y ahora se preguntaba como había sido tan imbécil para no haber puesto en su lugar a su hermano, por haberlos interrumpido y por haber…por haber…bueno, eso. Pero entonces creyó que no valía la pena. Y de pronto, sintió el corazón destrozado, y se sintió muy apenado. Se dejó caer en la butaca que había en el camerino y se apoyó en uno de los brazos de ésta. Se tocó la cabeza con una mano, revolviéndose el cabello y cerrando los ojos. ¿Kagome quería a Sesshoumaru? Era la pregunta que se hacía una y otra vez, mientras desabotonaba su camisa con la mirada perdida.
El que creía el mejor día de su vida, definitivamente se había convertido en el más desdichado.
