Primero gracias a todas los que marcaron la historia como favorita y a las que enviaron sus críticas especialmente.

Segundo, a algunas les parecerá raro que Elizabeth y William se lancen a una relación conociéndose apenas pero yo imaginé que al encontrarse solos sin preconceptos ni restricciones de ninguna clase podían dar rienda suelta a la atracción que sienten el uno por el otro y yo creo que aún Jane Austen pensaba que se atraían, no creen?

Tercero, no es que tenga una obsesión con los barcos, de hecho me mareo cuando navego, sino que me parece atractivo que un hombre sepa navegar, sobre todo un velero. Pero no tengo ni idea del tema así que si me equivoco pido disculpas.

Cuarto… ojalá les guste.


Quédate

El corto trayecto entre la costa y el velero les tomó menos de diez minutos pero ninguno de los dos pronunció palabra durante ese tiempo, ni siquiera se miraron, ambos estaban con la vista fija adelante. Cuando llegaron Will amarró el bote a la popa del velero y con la fuerza de sus brazos lo situó de costado, justo al lado de la escalerilla, una vez que lo hubo asegurado bien con la soga se volvió hacia Lizzie que lo miraba desde el asiento del bote y estiró una mano hacia ella para ayudarla a ponerse de pie. Pocos segundos después estaban uno frente al otro, mirándose fijamente, y Will no pudo evitar decir lo que pensaba.

"Lizzie, te juro que lo que más deseo en este momento es pasar la noche contigo y… aunque puedo llegar a arrepentirme toda la vida por lo que voy a decir... ¿Estás realmente segura de que quieres hacer esto? No me conoces, no sabes que…"

"Eso que acabas de decir es lo que necesitaba para terminar de convencerme. Eres un buen chico Will", lo interrumpió Lizzie con una sonrisa y entonces subieron al barco. Una vez arriba se volvió hacia él con la cabeza baja, "Supongo que no importa pero… nunca hice esto antes… eh… quiero decir… nunca estuve con un hombre en la primera cita."

"Sí importa y te creo", le dijo Will.

"Bien", respondió ella y se quedaron unos segundos parados sin saber qué hacer y casi sin mirarse. "¿Es tuyo el barco?", preguntó Lizzie por fin.

"No. Lo renté en Barcelona y voy a devolverlo en Atenas."

"¿En serio se puede hacer eso, como si fuera un auto? ¿Quién lo llevará de vuelta?"

"No es lo más habitual pero se puede hacer. Lo dejaré en la marina y un piloto vendrá a buscarlo o tal vez se lo renten a alguien más."

"¿Quién te enseñó a navegar?"

Lizzie había empezado con las preguntas para romper el hielo pero ahora estaba realmente interesada y Will agradecía la distracción. Además era un tema que le encantaba y podía pasarse horas hablando de ello.

"Mi padre y mi tío. Somos gente de campo realmente pero a mi familia siempre les fascinó el mar así que solíamos pasar los veranos en la costa navegando."

"¿Pero no es un barco demasiado grande para manejarlo… digo, pilotearlo tú sólo?"

"No es tan grande, se puede", le respondió haciéndolo parecer sencillo. "¿Quieres que te muestre?"

"Sí", respondió Lizzie entusiasmada y Will se maravilló una vez más al ver su preciosa sonrisa. Debió haberse quedado mirándola por varios segundos porque ella lo miró con una ceja levantada, con ese gesto que él ya empezaba a reconocer como típico de ella, y le preguntó: "¿Vamos?"

"Te mostraré primero la cabina así de paso dejo las provisiones", le dijo Will y tomándola de la mano la condujo al interior del velero.

La cabina era obviamente pequeña pero totalmente funcional. A la derecha había un armario y a continuación un banco lateral que podía convertirse en cama. Del otro lado había una mesada con una heladera debajo, una pileta y un anafe y arriba armarios y un microondas, a continuación había otro banco con una mesa que podía plegarse para que el asiento también se convirtiera en cama. Hacia la proa había un baño en miniatura pero totalmente equipado y finalmente un dormitorio casi triangular, como la proa, en el que la cama ocupaba todo el espacio. Cuando llegaron al dormitorio Will apenas si se detuvo y Lizzie sonrió pensando que, tal vez, él estaba tan nervioso como ella. Una vez que recorrieron la cabina volvieron a cubierta donde Will le explicó lo básico sobre cómo se piloteaba, mostrándole para qué servía cada cosa y respondió feliz las preguntas certeras de Lizzie. Cuando terminaron el recorrido volvieron a proa y se sentaron en los bancos detrás del timón mientras Will le contaba alguna de sus aventuras por el Mediterráneo.

Lizzie se sintió fascinada por Will, no sólo era increíblemente atractivo sino también inteligente y divertido. La combinación perfecta. Y además su boca era preciosa y muy… besable.

"Me temo que no estás aquí. ¿En qué piensas?", le preguntó Will divertido sacándola de su ensoñación.

"En que tienes una hermosa boca", respondió Lizzie sin darse cuenta de lo que decía.

"Ahora me haces sentir mal. Debería ser yo quien diga esas cosas." Will puso los ojos en blanco y le sonrió avergonzado

'Otra vez esa sonrisa', pensó Lizzie hipnotizada.

"Hazlo", respondió Lizzie con pasmosa tranquilidad sin dejar de mirarlo mientras dudaba seriamente si algún ser extraterrestre se había apoderado de su voluntad porque nunca se había sentido tan confiada.

"Será un placer", dijo Will aceptando el desafío y se deslizó hacia ella sobre el asiento hasta que estuvieron muy cerca. "Tú también tienes una boca muy hermosa", le dijo mientras miraba sus labios con ojos hambrientos y trazaba el contorno de su boca con su pulgar, obligando a Lizzie a contener un suspiro. "Y unas mejillas muy hermosas", agregó y acarició sus delicados pómulos. "Y unos ojos increíbles", dijo al tiempo que deslizaba sus dedos suavemente por la curva de sus pestañas. Está vez Lizzie no pudo reprimir un sensual ronroneo y Will sonrió con contenida satisfacción. "Y tu cuello tampoco está nada mal", dijo mientras sus mano lo recorría suavemente y Lizzie, instintivamente, inclinó la cabeza hacia atrás para darle mejor acceso a su garganta. El rostro de Will estaba tan cerca que pensó que iba a besarla pero no lo hizo, en cambio continuó con su suave toque por sus clavículas y sus hombros hasta descender por sus brazos. "Tú piel es tan suave", dijo con admiración. Cuando llegó a sus manos las llevó a sus labios y besó delicadamente cada uno de sus dedos mientras la miraba intensamente a los ojos. Lizzie nunca había experimentado nada tan sensual y no pudo aguantar más.

"¿Vas a seguir torturándome mucho tiempo más?", más que una pregunta era una súplica.

"¿Quieres que me detenga?", le preguntó Will con fingida inocencia.

Lizzie había tomado la iniciativa pero ahora era Will quien estaba al mando de la situación, incitándola y provocándola como nunca nadie lo había hecho antes y sintió como el deseo subía por su cuerpo generando sensaciones desconocidas y muy excitantes.

"No."

Y Will continuó. Liberando las manos de Lizzie bajó las suyas hasta las piernas de ella y las acarició desde el dobladillo de sus shorts bajando lentamente hasta debajo de sus rodillas y cuando llegó allí la atrajo hacía sí con un movimiento veloz hasta que Lizzie estuvo casi sobre su falda. Entonces posó ambas manos en su cintura y la acercó todavía más. Will podía sentirla temblar bajo sus manos y buscó sus ojos para descubrir si era temor o deseo. Afortunadamente no tuvo que esperar mucho para descubrirlo porque en cuanto sus ojos se encontraron supo que Lizzie quería eso tanto como él. Will deslizó una mano por la cintura de Lizzie y la otra hasta lo alto de su espalda mientras las manos de ella se movían por sus brazos hasta llegar a su cuello y luego a su rostro para despejar el cabello rebelde de su frente, sin romper jamás el contacto visual, hasta que la tensión fue insoportable. Entonces la respiración de ambos se volvió más pesada y un instante después sus bocas colisionaron en un beso explosivo y demandante, mientras las manos de cada uno recorrían el cuerpo del otro con avidez.

Estuvieron besándose así, casi como adolescentes, hasta que resultó evidente que la cubierta del velero no era el lugar adecuado para continuar y ninguno de los dos tenía intenciones de parar. Entonces se pusieron de pie, sin dejar de besarse, bajaron a la cabina y recorrieron el corto trayecto hasta el dormitorio tropezando con todo lo que se encontraba a su paso. Cuando finalmente lograron llegar a la cama se arrojaron en ella y las manos frenéticas de Will intentaban quitarle la blusa a Lizzie mientras ella se concentraba en los botones de la camisa de él. Después de bastante luchar, y reír, estuvieron piel contra piel, a excepción del sostén de Lizzie, pero entonces ella se detuvo y lo miró con seriedad.

"¿Qué pasa?", preguntó Will con la voz ronca.

"¿Tienes… protección?", preguntó Lizzie con cierta vergüenza.

"¿Eh? Oh… sí!", dijo Will y dejándola por un momento revolvió en una gaveta hasta que encontró una caja de preservativos. Cuando se volvió a mirarla la vio sentada en la cama con las manos en la cintura y una expresión extraña.

"¿A cuántas chicas has traído aquí durante estos meses?", le preguntó fingiendo indignación y fallando estrepitosamente.

"A ninguna… pero nunca perdí las esperanzas", le respondió él volviendo rápidamente a su lado sólo para encontrarse con que Lizzie levantaba sus manos delante de ella como para detenerlo.

"¿Tengo que creerte?"

"Palabra de scout", dijo Will llevando tres dedos a su sien como si fuera un niño explorador y Lizzie rió como niña hasta que él la volvió a besar, como un hombre besa a una mujer.


Una hora después cayeron los dos sobre sus espaldas respirando a duras penas y se quedaron mirando el techo por unos segundos.

"Wow", dijo Will casi sin aliento.

"Wow", repitió Lizzie volviendo la cabeza hacia un costado para mirarlo.

"Eso fue…"

"Increíble."

"Sí", susurró Will mientras ambos se recostaban de lado hasta quedar frente a frente. "¿Sabes? Esto también es una novedad para mí", continuó diciendo mientras se acercaba un poco más a Lizzie y acariciaba suavemente su rostro. "Nunca había estado con una chica en la primera cita y tampoco suelo ser tan… atrevido."

"¿En serio?", preguntó Lizzie incrédula. "Con lo atractivo que eres no me vas a decir que no tienes éxito con las mujeres."

"Yo no me quejo, aunque mi primo no estaría muy de acuerdo contigo", rió Will.

"Bueno, yo creo que tu primo está totalmente equivocado. Hiciste un gran trabajo conquistándome y me alegro", dijo Lizzie mientras se acurrucaba junto a Will, que ahora yacía sobre su espalda, y apoyaba la cabeza en su hombro.

"¿De qué?", le preguntó Will pasando un brazo sobre los hombros de ella al tiempo que con la otra mano le acariciaba el brazo que descansaba sobre su pecho.

"De que te hayas atrevido conmigo."

"Yo también", replicó Will con una sonrisa y entonces la escuchó bostezar. "¿Tienes sueño?"

"La verdad sí. Ha sido un día… intenso."

"Ya lo creo. Duerme", le dijo dándole un beso en la frente.

"Buenas noches Will."

"Buenas noches Lizzie."


Cuando despertó con la luz de la mañana colándose por las ventanillas, a Lizzie le llevó unos instantes darse cuenta de dónde estaba. 'Will', pensó mientras recordaba los eventos de la noche pasada sin poder evitar que el rubor invadiera sus mejillas y una sonrisa boba se instalara en su cara. Estiró una mano sobre la cama sólo para darse cuenta de que estaba sola en ella, se acercó al lugar donde había dormido Will y descubrió que estaba frío, debía haberse levantado hacía algún tiempo. Se quedó tirada en la cama, recordando, hasta que su conciencia empezó a picarle la cabeza, como un pájaro carpintero. 'Estás loca ¿Qué hiciste? Estás loca ¿Qué hiciste? Estás loca ¿Qué hiciste? Estás loca ¿Qué hiciste?'. Alejó esa vocecita molesta recordando que todo había salido bien, más que bien, y se sintió mejor pero entonces la mujer insegura que todas llevamos dentro se preguntó qué sucedería ahora. '¿Cómo me saludará? ¿Querrá que me vaya enseguida? ¿Se arrepentirá de lo que hicimos? ¿Pensará que soy una cualquiera?'

Escuchó ruidos afuera. 'Estará en cubierta', pensó y desperezándose empezó a salir de la cama. Mientras se levantaba encontró la camisa de Will, la tomó, era de algodón a cuadros blancos y azules, estaba toda arrugada y le encantaba, era suave y olía a él. 'Todo va a estar bien. No puede ser malo si huele así de bien.' Sin pensarlo dos veces se puso la camisa, caminó hacia el exterior y asomó la cabeza por la escalerilla para ver si lo encontraba. Will estaba en los asientos detrás del timón con una taza de café y una especie de agenda de cuero abierta sobre las piernas, tenía una pluma en la mano pero su vista estaba en el horizonte.

"Hola", le dijo Lizzie tímidamente, llamando su atención.

Will se dio vuelta hacia ella, enfocó la mirada y después de unos segundos le dijo "Hola" y le sonrió y todos sus temores se disiparon. "Bonita camisa", le dijo cuando ella salió por fin a cubierta y pudo ver cómo iba vestida.

"No encontré mi ropa", mintió ella encogiendo los hombros.

"Te queda muy bien. ¿Café?"

"Sí, por favor."

Will sirvió café de un termo en un jarro térmico y se lo extendió mientras Lizzie se sentaba cerca de él y miraba por primera vez a su alrededor.

"Wow, qué vista!", exclamó maravillada al ver la ladera rocosa de la isla y las casitas blancas en la cima.

"Preciosa", dijo Will y algo en su tono hizo que Lizzie se volviera a verlo, él la estaba mirando directamente a ella.

"No estás mirando el paisaje", le reprochó divertida.

"Pero estoy admirando la vista", se defendió él.

"¿Qué diría tu primo si te viera ahora, galán?"

"Creo que estaría orgulloso de mí."

Lizzie soltó una carcajada y se sentó más cerca de él.

"¿Qué es eso, una bitácora?", preguntó señalando la libreta de cuero.

"Algo así", respondió Will cerrándola y poniéndola a un costado. Luego tomó a Lizzie entre sus brazos y la hizo sentarse con la espalda apoyada en su pecho. Se quedaron así unos minutos mientras ella tomaba su café. "La pasé muy bien anoche", susurró en su oído sabiendo que esa frase apenas alcanzaba para describir lo bien que lo había pasado en realidad. Desde que se habían encontrado la tarde anterior se sentía en las nubes, nunca había conocido a una mujer tan hermosa, pura, divertida, inteligente, sensual e interesante como ella.

"Yo también", replicó Lizzie y, dejando la taza a un lado, puso sus dos brazos sobre los de él y los apretó aún más mientras apoyaba la cabeza en su hombro.

"¿Hasta cuándo te quedas?", le preguntó después de un rato.

"Tomo el ferry el viernes por la mañana y esa misma noche vuelo a Londres. El lunes empiezo a trabajar. ¿Y tú?"

"No lo sé, todavía tengo unos días más", respondió Will y volvieron a quedar en silencio hasta que él dijo: "Quédate."

"¿Hoy?", preguntó ella girando la cabeza para mirarlo.

"Hoy, mañana, pasado. Quédate toda la semana", le pidió. Lizzie se despegó de su abrazo, se dio vuelta para verlo de frente y vio que hablaba en serio. Will notó su mirada asombrada y ¿preocupada? "Es que… disfruté… disfruto tanto contigo que me gustaría que pasáramos juntos todo el día, todos estos días." La observó esperando una respuesta que no llegaba y finalmente bajó la vista resignado. "Lo siento, es demasiado, lo sé. Bueno, cuando quieras te llevo…", la mano de Lizzie sobre sus labios lo interrumpió y levantó la vista para mirarla.

"Sí", dijo ella.

"¿Sí?"

"Sí."

"¿En serio?", volvió a preguntar él sin poder creérselo.

"Es una locura pero sí… en serio", dijo Lizzie riendo y a Will se le iluminó la cara.

"Qué bueno!", exclamó tomándola en sus brazos una vez más y dándole un tierno beso. "Vamos a buscar tus cosas al hotel. Todavía es temprano, podríamos salir a navegar", propuso entusiasmado.

"Bueno, voy a vestirme", dijo Lizzie y mientras volvía a la cabina se preguntaba si estaba haciendo bien pero algo en su interior le decía que sí, que estaba bien.


Llegaron al hotel, donde no había pasado más de veinte minutos, y mientras Will esperaba afuera ella fue a la habitación a recoger su bolso y luego al mostrador para hacer el check out.

"Te retiras antes de lo previsto. ¿Algún problema?", le preguntó la chica de la recepción.

"No, ninguno. Es que me encontré con unos amigos y voy a quedarme con ellos", explicó Lizzie señalando hacia afuera.

"¿Amigos? ¿Quieres decir que hay más cómo él?", preguntó la chica mirando significativamente a Will.

Lizzie rió, pagó la estadía, le agradeció la atención y salió a encontrarse con Will. Él tomó el bolso de su mano y juntos fueron nuevamente al supermercado a comprar algo para almorzar en el barco, más yogur y más pistachos. En menos de una hora estaban de vuelta en el velero preparados para zarpar. El día estaba espectacular.

"¿Lista?", le preguntó Will con una mano en el timón y otra en el encendido.

"Lista!", afirmó Lizzie con una enorme sonrisa.

Will encendió el motor y maniobró hasta sacer el barco de la bahía entonces, con la ayuda de Lizzie, desplegó las velas y el viento los llevó hacia lo que ambos sentían que sería un viaje apasionante. En más de un sentido.


Próximo capítulo: Días de sol I