No me canso de agradecer los comentarios y les pido que sigan con ellos, me animan a continuar.
Como suponen no todo será color de rosa en el futuro pero Lizzie y Will todavía van a disfrutar un poco más. Se lo merecen, no?
Yo también
Lizzie y Will se habían esmerado con su aspecto para acudir al sitio sorpresa que él había reservado y cuando por primera vez se vieron con su ropa elegante los dos quedaron maravillados. Will parecía un galán de cine con sus pantalones oscuros y su camisa blanca entreabierta y Lizzie era una verdadera belleza enfundada en un sensual vestido, con el cabello arreglado y un poco de maquillaje.
"Lizzie, estás deslumbrante", le dijo Will mientras la recorría con los ojos.
"Gracias. Usted tampoco está nada mal", respondió ella con coquetería disfrutando de la mirada apreciativa de Will. "¿Vamos?", preguntó después de unos segundos. Si no salían en ese instante no saldrían más.
"Enseguida, pero antes tengo algo para ti."
Will sacó una cajita del bolsillo de su pantalón y se la entregó algo nervioso, Lizzie dudó un segundo antes de tomarla, el corazón le latía a mil por hora. 'No será un anillo ¿no?', se preguntó, 'Por supuesto que no, tonta!', se reprochó enseguida y ese pensamiento estúpido la hizo sonrojar. Abrió la caja con manos temblorosas y sonrió al encontrar una fina cadenita de oro con un precioso colgante de aguamarina en forma de gota.
"Will… es hermoso. Gracias", le dijo con los ojos brillantes por la emoción.
"¿Te gusta? Vi que el otro día lo mirabas cuando fuimos a la joyería y quise regalártelo", comentó él entusiasmado. 'Para que lleves algo mío en ti', quiso agregar pero no lo hizo.
"Me encanta. ¿Me ayudas a ponérmelo?"
Lizzie se dio vuelta y corrió su cabello hacia el costado descubriendo su cuello, recién entonces Will vio que el vestido tenía un importante escote en la espalda y le temblaron las manos. Le puso la cadenita como pudo tratando de no mirar su espalda dorada porque de otro modo no sería capaz de salir del barco esa noche. Cuando terminó le dio un beso en la base del cuello y luego la hizo girar para ver cómo le quedaba.
"Hermoso, como tú."
"Gracias", le dijo dándole un suave beso en la mejilla. "Yo también tengo algo para ti." Lizzie buscó dentro de su carterita y sacó una bolsa de terciopelo y se la entregó, mientras esperaba ansiosa a que él la abriera. Dentro había un komboloi de cuentas azules, Will sonrió al verlo. "Me di cuenta de que siempre que veías a un hombre con uno de estos te quedabas observando, supuse que te gustaban."
"Estaba pensando en comprarme uno. Gracias, lo tendré siempre conmigo." 'Aunque no me hace falta nada para recordarte porque siempre te tendré en mi corazón.' Will acarició las cuentas por unos segundos y luego puso el komboloi en su bolsillo, la abrazó y se quedó unos momentos con el rostro enterrado en su pelo. "O vamos ahora o no vamos para nada."
"Vamos, será divertido. Pero antes debemos tomarnos una foto. Nunca nos hemos visto así de bien."
Lizzie tomó las cámaras de los dos que había dejado a un lado cuando subió, las puso sobre el panel de mando y programó el automático pero tuvieron que hacerlo varias veces hasta que salió bien, el disparo siempre los sorprendía arreglándose el uno al otro, mirándose y riendo pero nunca mirando a la cámara. Finalmente lograron una bonita foto y estuvieron listos para partir.
"Tacos en el bote no!", exclamó Will mirando las sandalias de tiras doradas de Lizzie. Ella se agachó para quitárselas pero él la detuvo y le preguntó: "¿Me dejas a mí?", se arrodilló frente a ella y mientras Lizzie se sostenía de sus hombros para mantener el equilibrio, comenzó a desprenderle una sandalia y luego la otra.
"¿Tienes un fetiche con los pies?", le preguntó divertida recordando la escena de la noche anterior.
"Tengo un fetiche con toda tú", le dijo él y antes de soltarla recorrió sus piernas con las manos justo hasta el dobladillo de su vestido sin dejar de mirarla a los ojos. Lizzie enredó los dedos en su cabello y tirando de él lo obligó a levantarse. Realmente, si no salían de allí en ese mismo instante…
Lizzie subió la cuesta con las sandalias en la mano y Will tuvo que alzarla en algunos tramos para evitar que se ensuciara, iban por el mismo camino que los burros hacían todos los días para llevar mercaderías y personas hasta la cima. Llegaron arriba agotados y muertos de risa, caminaron tomados de la mano como dos enamorados hasta que llegaron al sitio que Will había reservado, un club localizado en una preciosa terraza con vista al mar, había una barra, grupos de sillones, mesitas altas con taburetes y hasta unas reposeras al lado de una pequeña piscina. Había bastante gente, la música era muy buena, la noche estaba cálida y estrellada, no podía ser mejor. Escogieron una mesa alta cerca de la baranda y miraron el paisaje que es extendía a sus pies.
"Mmm, qué rico!", exclamó Lizzie saboreando el Bellini que la camarera le había alcanzado. Will sonrió al verla, le encantaba como disfrutaba de todo lo que le gustaba. "Tuviste una excelente idea, esto es genial. ¿Quién te recomendó este lugar?"
"Pregunté por ahí el otro día, quería invitarte a algún sitio especial. Ya sabes, es nuestra primera cita."
"¿Primera cita? ¿Después de casi una semana juntos?", le preguntó Lizzie arqueando una ceja.
"Pero nunca te invité a salir", se justificó Will.
"Técnicamente ahora tampoco lo hiciste, simplemente me dijiste que habías hecho la reserva. ¿Tenías miedo de que dijera que no?", Lizzie estaba en modo juguetón.
"Es que con chicas tan lindas como tú nunca se sabe", respondió Will acercando su taburete al de ella y sentándose muy, muy cerca.
"Entonces no tenías de qué preocuparte porque a las chicas lindas como yo nos encantan los chicos buenos como tú", replicó ella acercándose aún más.
"Pero yo siempre quise ser un chico malo!", se lamentó él.
"Que bueno que no lo eres porque no estaría contigo, no me gustan ni un poquito."
"Entonces nunca más voy a renegar de eso", susurró con los labios casi pegados a los de ella, Lizzie cerró los ojos e inclinó su rostro hacia él lista para recibir uno de sus maravillosos besos pero en lugar de besarla Will la tomó de la mano y la hizo levantar. "Ven, bailemos", le dijo y la llevó a la pista.
Lo único que le faltaba a Lizzie para fascinarse completamente con Will era saber que bailaba estupendamente bien pero ella no se quedaba atrás y juntos formaban una pareja espectacular. Si hubieran tenido ojos para lo que sucedía a su alrededor habrían visto las miradas de envidia que despertaban. Cada tantos temas volvían a la mesa y compartían unos tragos mientras hablaban en voz baja y se hacían arrumacos, era una noche muy romántica. Cerca de las doce de la noche empezó a sonar la increíble voz de Norah Jones y Lizzie arrastró a Will a la pista una vez más.
"Amo esta canción."
Like a flower waiting to bloom
Like a light bulb in a dark room
I'm just sitting here waiting for you
To come on home and turn me on
Sin dejar de mirarse fijamente a los ojos se movían al ritmo de la música, los brazos de ella en el cuello de él, las manos de él en la cintura de ella.
Like the desert waiting for the rain
Like a school kid waiting for the spring
I'm just sitting here waiting for you
To come on home and turn me on
Se acercaron aún más, cada centímetro de sus cuerpos en contacto y, muy lentamente, se besaron.
My poor heart it's been so dark
Since you've been gone
After all you're the one who turns me off
You're the only one who can turn me back on
Lizzie se dio vuelta en los brazos de Will hasta que su espalda quedó contra su pecho, él acarició su espalda descubierta con una mano como había deseado hacerlo toda la noche mientras con la otra la sujetaba por la cintura y Lizzie se arqueó ante su contacto.
My hi-fi is waiting for a new tune
My glass is waiting for some fresh ice cubes
I'm just sitting here waiting for you
To come on home and turn me on
Turn me on
Will la atrajo hacía sí, rodeó su cintura con ambos brazos y ella se apoyó contra su pecho poniendo sus brazos sobre los de él. Will besó su hombro y su cuello y cuando llegó a su oído susurró:
"Salgamos de aquí. Ya."
Cuando salieron del club Lizzie se encaminó hacia la bahía pero Will tiró de su mano y la llevó hacia el otro lado.
"No vamos al barco", le dijo.
"¿No? ¿Y entonces?"
"Es una sorpresa."
"¿Otra más?"
Sin revelar nada Will la tomó de la mano y la condujo hacia su nuevo destino. Luego de caminar unos metros se detuvo y la miró. "¿Confías en mí?", le preguntó, Lizzie asintió. "Tienes que cerrar los ojos, no quiero que veas adónde vamos."
"Will, no puedo caminar por estas calles en estos tacos con los ojos cerrados."
"Cierra los ojos."
"Will…"
"Ciérralos!", Lizzie los cerró y un segundo después Will la alzó y siguió caminando con ella en brazos.
"¿Qué haces? Bájame!"
"Te bajaré cuando lleguemos, mantén los ojos cerrados por favor."
Entre exasperada y divertida Lizzie cerró los ojos y para no tentarse con mirar escondió el rostro en el cuello de Will, que además olía divinamente. De repente sintió que bajaban unas escaleras y se asustó.
"Will, bájame, nos vamos a caer. Te prometo que no miraré."
"Tranquila, te tengo bien sujeta", le dijo y Lizzie pensó 'Si sólo supieras de qué manera.' "Llegamos. Ahora te voy a bajar pero no abras los ojos todavía. Listo, ahora sí."
Lizzie abrió los ojos y se encontró en una habitación blanca, bellamente amueblada. Estaban en un hotel. Luego vio la piscina en la terraza privada y comprendió que se trataba del hotel que habían visitado días antes, Katikies.
"¿Reservaste una noche aquí?", le preguntó a Will sin darse vuelta a mirarlo.
"¿Buena sorpresa?", le preguntó Will con una enorme sonrisa en el rostro pero en lugar de responderle Lizzie se dio vuelta, se alejó de él y salió a la terraza. "Lizzie ¿qué pasa?"
"Nada."
"¿Te ofendí?", preguntó él preocupado.
"No, no es eso", respondió ella con un hilo de voz. "Sólo necesito un momento."
Lizzie apoyó los codos sobre la baranda de la terraza y Will vio como ella respiraba como si le faltara el aire. No sabía qué hacer. Se sentía como un tonto, su intención había sido buena, quería pasar una noche con ella en un lindo lugar, pero Lizzie era una mujer decente, por supuesto que lo había tomado mal. Intuyendo que ella necesitaba tiempo reprimió su deseo de acercarse y se quedó apoyado en el marco de la puerta de la habitación, esperando.
"No estés tan lejos. Ven, abrázame", le pidió Lizzie sin darse vuelta para mirarlo. Will se acercó cautamente y se colocó detrás de ella, cerca pero sin tocarla, entonces Lizzie le tomó las manos, las apoyó en su cintura e hizo que la abrazara fuertemente, luego se recostó contra él y apoyó la cabeza en su hombro.
"Lo siento hermosa, no quise ofenderte", se disculpó.
"No me ofendiste, no digas eso", respondió Lizzie enfáticamente y Will se tranquilizó.
"¿Y entonces, qué es?"
Lizzie no respondió enseguida pero se apretó aún más contra él y acarició los brazos que la rodeaban.
"Yo no tuve muchos hombres en mi vida", dijo después de unos minutos sorprendiéndolo. "Tuve dos noviazgos bastante largos y un par de relaciones menos importantes. Con mis dos novios pasé momentos muy especiales y los quise mucho pero creo que recién ahora, contigo, me siento realmente mujer." Will escuchaba sin decir nada, sin moverse, casi sin respirar. Quería decirle que no hacía falta que le contara nada, que él no le hacía falta una explicación, pero intuyó que ella necesitaba hablar. "Nunca me había acostado con un desconocido, ni siquiera en una primera cita. Jamás creí que sería capaz de algo así y cada tanto una vocecita dentro de mi cabeza me dice que está mal, que me estoy comportando como una cualquiera…", Will quiso protestar en ese momento pero ella se lo impidió. "Déjame continuar, necesito decirte esto. ¿Sabes qué es lo que realmente me hace sentir culpable?", le preguntó dándose vuelta a mirarlo. "Que no me siento culpable. Ni un poquito. Me siento bien, alegre, feliz y… excitada y eso me asombra porque nunca fui tan… sexual. Pero tú me gustas y sé que te gusto y no encuentro razones para evitarte, hasta sé que sería tonto buscarlas." Will sonrió al oír esto y tiernamente tomó un mechón de pelo y lo colocó detrás de su oreja. "Lo que me preocupa es… eh… no quiero que pienses mal de mí", confesó por fin y lo miró con tal angustia que Will no pudo menos que abrazarla muy fuerte.
"Lizzie, hermosa, divina, perfecta Lizzie. ¿Cómo puedes creer algo así? ¿No ves que estoy loco por ti?", le preguntó y tomándole el rostro con las manos lo obligó a mirarlo. "Jamás pensaría que eres una cualquiera. Si lo fueras yo sería un aprovechador y no lo soy. Lo que nos pasó es algo que yo creí que sólo existía en las películas. Que una chica y un chico se vean por ahí, se gusten y terminen pasando la semana juntos es de película, no me digas que no." Lizzie rió, por fin. Will la tomó de las manos y la llevó hasta una de las reposeras que había en la terraza, se sentó y la hizo sentarse sobre sus piernas. "Esto es lo mejor que me pasó en la vida, tú eres lo mejor que me pasó en la vida. Sí, sonrójate porque es verdad, y vas a tener que empezar a aceptar los cumplidos alguna vez", le dijo besando sus mejillas coloradas. "Yo tampoco tuve muchas mujeres en mi vida, definitivamente más relaciones que tú pero no tantas y pocas fueron realmente importantes. Disfruto el sexo, no lo voy a negar, pero pocas veces vino acompañado de algo más, ese algo que lo hace verdaderamente especial, y eso lo siento contigo." A medida que hablaba se fue poniendo serio y Lizzie también, ya no estaban bromeando. "No sé qué hay exactamente entre nosotros Lizzie pero quiero averiguarlo. Quiero seguir viéndote cuando volvamos."
"Yo también", replicó Lizzie y algo en su voz le dijo a Will que había algo más.
"¿Pero?"
"Estoy asustada."
"¿Por qué?"
"Esto es un paraíso Will, casi una fantasía. Tengo miedo de lo que sucederá cuando volvamos a la realidad. Temo convertirme en calabaza."
"¿Y yo que sería entonces?", preguntó Will riendo.
"Un sapo!", respondió Lizzie y ambos rieron.
"En serio, ¿por qué tienes tanto miedo?"
"Porque no nos conocemos."
"No estoy de acuerdo. No sabemos nuestro apellido pero hemos hablando tanto estos últimos días que yo siento que te conozco y estoy segura de que tú me conoces también. Dime lo que sabes de mí y verás que tengo razón."
"Está bien. Sé que eres increíblemente atractivo… Sonrójate tú ahora, tampoco aceptas bien los cumplidos… Sé que eres un buen chico, divertido, inteligente, galante, sensible y le discutiré a tu primo y a quien sea si se atreven a decir lo contrario. Sé que tienes unos padres a los que quieres y respetas mucho, que tu padre es tu referente en la vida y tu madre un ejemplo de amor incondicional, que tienes una hermana a la que adoras, un primo que te molesta bastante pero también lo quieres y varios amigos, uno de ellos en especial. Sé que estás orgulloso de tu pasado y de tu herencia, que te has preparado durante años para asumir el rol que te corresponde dentro de tu familia y la empresa y estoy convencida de que lo harás estupendamente bien. Sé que amas el campo y el mar, los caballos y los perros y que tus dos preferidos son unos cachorros Beagle que se llaman Castor y Pólux, nombres clásicos pero originales porque los más comunes deben ser Rómulo y Remo. Y sé…creo, que te llevarías muy bien con mi padre, que mi hermana mayor pensaría inmediatamente que eres un gran hombre, que mi hermana menor se babearía por tus abdominales –yo ya lo hago- y mi madre haría hasta lo imposible para que te casaras con una de nosotras, porque eres un gran partido." Will rió genuinamente y la besó con ternura.
"Ahora el asustado soy yo. Si así es cómo me ves, te llevarás una gran desilusión porque me convertiré en sapo en cuanto pise suelo británico."
"Lo bueno es que sabemos que el hechizo se rompe con un beso. Ahora te toca a ti", recordó Lizzie expectante.
"Con gusto. Sé que eres la mujer más linda que vi en mi vida. ¿Sin sonrojarte? Wow! Que eres inteligente, divertida, generosa, alegre, sexy… que tienes un cuerpo espectacular y no me canso de mirarte, sobre todo cuando llevas mi camisa a cuadros y nada más." Obviamente Lizzie se sonrojó ante el cumplido y Will sonrió. "Sé que tienes dos hermanas, la mayor es tu mejor amiga y la menor es algo revoltosa pero la quieres. Sé que adoras a tu padre y eres muy parecida a él y que amas a tu madre a pesar de que a veces te resulta agobiante. Sé que te acabas de graduar y como eres realmente brillante ya tienes trabajo y pronto empezarás un doctorado, que quieres trabajar en algo que te permita ayudar a otros y que además quieres hacerte cargo de la empresa familiar y sacarla adelante y estoy seguro de que lo lograrás. Que eres una chica de ciudad, no sabes cabalgar –yo puedo enseñarte y lo amarás- y que no tienes mascotas, pero Cástor y Pólux te van a conquistar. Sé que eres encantadora y debes ser el alma de las fiestas y podrías presentarte ante la mismísima Reina con total tranquilidad. Sé que tienes unos pies preciosos, unas piernas divinas, un torso perfecto, un rostro hermoso y unos ojos inolvidables. Sé que mis padres te adorarían y que cuando mi hermana te conozca te convertirás inmediatamente en su ídola y me encantaría que fueran amigas. Mi primo coquetearía contigo y yo me enojaría porque seguramente te va a gustar. Y sé… que quiero que conozcas a mis padres, mi hermana, mi primo, mi mejor amigo, mis caballos y mis perros", Lizzie rió al escuchar eso, "y, sobre todo, que quiero que me conozcas realmente a mí porque esto no puede terminar aquí", terminó de decir Will casi con desesperación.
"No va a terminar aquí", afirmó Lizzie como si fuera un hecho porque lo era. Lo que tenían, fuera lo que fuera, era demasiado fuerte para terminar ahí.
Se miraron fijamente durante algunos segundos como sopesando la situación hasta que Lizzie se puso de pie, lo tomó de la mano y lo condujo hasta la piscina. "Creo que ya hemos hablado demasiado y, ya que estamos aquí, no vamos a desperdiciar este lujo ¿verdad?", dándose vuelta le expuso su espalda y señalando su vestido le dijo: "¿Me ayudas?"
La noche en el hotel fue espectacular. Hicieron el amor, hablaron, se durmieron abrazados, despertaron y volvieron a hacer el amor, siguieron hablando y durmieron un poco más. Se levantaron cerca de las diez de la mañana y después de compartir un baño en la espaciosa ducha y amarse una vez más allí, pidieron el desayuno a la habitación y lo tomaron en la terraza.
"¿Entonces, cómo haremos? ¿Intercambiamos direcciones y teléfonos?", le preguntó Will mientras untaba una tostada con manteca y se la pasaba a Lizzie.
"Demasiado prosaico para una relación tan poética ¿no te parece?", dijo Lizzie dejando la tostada en su plato y pasándole a Will el cuenco con yogur, frutas y miel que le había preparado.
"Perdón, olvidé que estoy hablando con una fanática de la literatura. ¿Qué propones?"
"¿Qué te parece si cuando salimos de acá compramos cada uno una postal, anotamos nuestra dirección y las intercambiamos? Así, cuando lleguemos a casa cada uno le enviará la postal al otro y así sabremos cómo encontrarnos de una forma un poco más original."
"No sé Lizzie, ¿y si nunca llegan?"
"¿Por qué no van a llegar? Vamos, no seas aburrido. Si quieres las enviamos por Fedex."
"No es por aburrido pero… no soportaría no poder encontrarte", admitió Will.
Lizzie se levantó de su silla y se sentó en la falda de él. Le tomó el rostro con las manos, despejó el cabello de su cara para verle bien los ojos y lo miró seriamente.
"¿Realmente crees que después de lo que hemos vivido podría separarnos algo tan simple como el correo?", le preguntó.
"Preferiría no arriesgarme Lizzie. Nunca experimenté algo así. Lo que yo siento por ti es… Lizzie, yo te…", Lizzie puso un dedo sobre sus labios y le impidió continuar.
"No lo digas."
"¿Por qué?"
"Es muy pronto", respondió Lizzie conmovida.
"Pero es lo que siento Lizzie. Te…", Lizzie lo interrumpió una vez más.
"Yo también", admitió.
Se miraron, intensamente, por un largo rato mientras la profundidad de lo que sentían el uno por el otro los alcanzaba hasta dominar por competo sus mentes, cuerpos y corazones.
Próximo capítulo: Piensa en mí.
