Cuatro años I
"Adiós… futura señora Bingley", digo antes de terminar la llamada.
Qué bien se siente decir eso y cuánto tiempo llevo esperando hacerlo! No puedo creer que el tonto de Charles haya demorado cuatro años en proponerle matrimonio a Jane. Todos sabíamos que terminarían así. Yo misma supe que eran el uno para el otro la primera vez que lo vi.
Aún recuerdo cómo conocí a Charles. Fue en un deli de Soho, yo estaba comprando los ingredientes para una cena de inspiración griega con la que agasajaría a mis amigas y cuando quise tomar el último trozo de queso feta una mano masculina intentó apoderarse de él, pero yo no iba a permitirlo, ¿cómo iba a hacer mi famosa ensalada griega sin feta? Miré al dueño de la mano y me encontré con un simpático pelirrojo que me observaba suplicante pero no cedí ni cuando me dijo que era para un amigo suyo que estaba pasando un momento familiar malo y como él sabía que la comida griega le gustaba mucho decidió darle el gusto.
"¿Realmente quieres competir para ver quien tiene la historia más patética para contar? Porque te aseguro que voy a ganar", le dije pensando en mi pobre hermana Jane –y en mí misma para el caso- y él me invitó a compartir esas anécdotas con un café.
Fuimos a un bar cercano y pasamos casi dos horas hablando. Era realmente encantador y nos llevamos bien de inmediato pero durante todo el tiempo que estuve con él yo no podía dejar de pensar lo perfecto que era para Jane. Cuando me dijo que era pediatra y que le interesaba trabajar con niños de escasos recursos supe que tenía que contactarlo con Jane. Y aquí estamos.
Lo más gracioso es que nadie, ni siquiera Jane, sabe por qué Charles siempre tiene queso feta en la casa cuando yo voy a visitarlos.
Me encantaría poder escaparme de la universidad y correr a encontrarme con Jane para ver ese maravilloso anillo de cerca pero hoy no será posible. Llevo toda la mañana tapada en papeles gracias a unos burócratas resentidos que creen que necesito llenar exactamente 23 planillas para siquiera poder presentar la candidatura a la beca para mi investigación y tengo seis horas de clase por delante más una reunión de profesores y la mentada salida organizada por mi querida Caroline. Menos mal que Jane me dio una buena noticia porque realmente lo último que necesito hoy es terminar el día viendo la cara botoxeada de mi futura cuñada política pero se los prometí a Jane y a Charles y me las tendré que aguantar aunque, pensándolo bien, voy a disfrutar mucho la expresión de Caro cuando sepa que su hermano se va a casar con Jane "trepadora" Bennet. Ella no sabe que yo sé que llama así a mi hermana pero una vez la escuché hablar con la víbora de Louisa, su mejor amiga, y si no dije nada fue para no mortificar a Jane y a Charles.
¿Ya son las once menos diez? Ufff, qué tarde! Tengo que estar en clase en 5 minutos. Libros, Ok. Ensayos, Ok. Ipad, Ok. Teléfono, Ok. ¿Algo más? No, todo listo, me voy al aula. Espero que los chicos hayan terminado sus trabajos porque hoy no tengo mucha paciencia.
Uy, no, no, no, ahí viene Patrick! Menos mal que se me hace tarde así no puedo detenerme a conversar con él. Pobre, me da un poco de lástima, pero él ya sabe que entre nosotros no puede haber nada. Más le valdría dejar de intentar.
"Elizabeth! ¿Tienes un momento?"
"Hola Patrick. No, lo siento, mi clase empieza en dos minutos y me asignaron un aula del otro lado del edificio." ¿Por qué me sigue? Si estaba yendo hacia en otra dirección.
"Es que quería discutir algo contigo. ¿Después de clases tal vez?"
"Tengo planes. Lo siento. Nos vemos el lunes, adiós." A ver si le queda claro que tampoco estoy disponible el viernes, ni el sábado, ni el domingo. Ya sabe que no estoy disponible, no sé por qué insiste.
Paso las dos horas siguientes dictando mi clase de microeconomía en la Escuela de Economía y Financias Queen Mary y realmente las disfruto. Enseñar no es fácil pero me encanta, sobre todo estas últimas clases del año cuando por fin puedo comprobar si mis esfuerzos llegaron a buen puerto y mis alumnos nunca me decepcionan. Es fascinante ver como las discusiones de las primeras clases, que parecían más bien conversaciones superficiales después de haber leído el diario del domingo, se fueron transformando gradualmente en intercambios intelectuales profundos y certeros y eso me hace sentir terriblemente orgullosa, de ellos y de mí. ¿Y pensar que puedo tener alguna influencia en su futuro? No hay nada más satisfactorio y aterrorizante en el mundo. Cuando termina la clase recibo un abucheo general por la cantidad de trabajo que les dejo pero el curso está terminando y quiero que mis estudiantes obtengan las mejores calificaciones de la carrera. Otra vez. Y sé que pueden hacerlo. ¿Competitiva yo? Noooo, qué va!
Tengo 30 minutos antes de mi siguiente clase así que compro una ensalada y un jugo de arándanos en la cafetería y voy a almorzar al parque. Intento adelantar el trabajo de mañana pero mi mente vuelve una y otra vez a la salida de la noche. Jane me envió un mensaje con la dirección del lugar: Booking Office. Obvio, Caroline lo eligió y no sé porque me asombra, es EL lugar hoy en día pero es tan snob. Menos mal que me puse un vestido y tacos. Será de H&M y no de diseñador como todo lo que ella usa pero es perfecto para un after office y también adecuado para mí larguísimo día de trabajo. Obviamente sé que Caroline se va a aparecer enfundada en uno de esos vestidos súper ajustados que sólo le quedan bien a Victoria Beckham (y todas sabemos que a Posh Spice la admiramos sólo porque es la esposa del maravilloso David porque si no la veríamos como lo que realmente es: una flacucha con cara de estreñida) pero esa patética imitación de Barbie pelirroja no me va a intimidar. Además yo trabajo en la universidad, dándole clase a veinteañeros y saltando de un aula a otra, mientras que ella trabaja en la empresa de Darcy y se pasa el tiempo en una fabulosa oficina en una torre de la city.
Nunca voy a entender cómo un hombre tan maravilloso como Charles puede compartir el mismo mapa genético que la insufrible Caroline y menos aún voy a entender cómo Darcy, que evidentemente es brillante para los negocios y muchas otras cosas más, decidió contratarla a ella. Se supone que es excelente para las relaciones públicas y la organización de eventos pero, francamente! Y lo peor es que cada vez que nos vemos me refriega en la cara lo bien que trabaja con Darcy, la confianza que él le tiene y bla, bla, bla. Cómo si me importara! Cómo si tuviera alguna oportunidad con él! Ja!
Lista para esta noche? Qué te pusiste?
Charlotte me mensajea por Whatsapp.
Vestido camisero, gasa azul oscura, corto, mangas 3/4
Le escribo todos los detalles porque sino me va a volver loca.
Zapatos? Cartera? Peinado?
Negros. Negra. Recogido informal
Tacos?
Sí mamá
Maquillaje?
Luego. Tengo dos clases más
No te olvides
No mamá
Tonta
Tú más
Te quiero
Yo más. Bye
Cómo la quiero! Charlotte es la mejor amiga que cualquier mujer puede desear: leal, franca, divertida, muy sabia pero con el toque justo de frivolidad. Jane, ella y yo somos un trío de temer aunque Jane se alejó un poco, lógicamente, cuando lo suyo con Charles se puso serio. Aun así nos vemos religiosamente una vez por semana, los martes, y nos hablamos o mensajeamos todos los días. Personalmente prefiero los mensajes, nuestras conversaciones son de antología. Un día podemos comentar las noticias internacionales, como la guerra civil de Siria, y al otro pasarnos horas intercambiando fotos de streetstyle que vamos capturando por ahí. Somos mujeres después de todo ¿no?
Estoy terminando de almorzar cuando se me acercan Maggie Hale y Jo March, dos de mis mejores alumnas y me voy con ellas a mi siguiente clase, Proyectos Económicos. En el camino aprovechamos para hablar del proyecto que voy a presentar para la beca, si ganamos ellas serán parte del equipo de investigación junto con Jonathan Thornton y Friedrich Bhaer, dos graduados que tuve de alumnos en un posgrado el año pasado y que están ganando créditos para el doctorado. Estoy convencida de que haremos un gran equipo, sólo tengo que convencer a la junta de que el proyecto vale la pena. Pero eso será mañana, ahora tengo por delante dos horas más de clase y terminar el papeleo, para eso le pido a las chicas que me ayuden y quedamos en que irán a mi oficina cuando terminen las clases.
"Profe, ¿usted no tenía que ir a algún lado hoy?", me pregunta Jo y cuando miro el reloj me doy cuenta de que ya son casi las siete y tengo que salir corriendo si no quiero llegar tarde al bar.
"Tienes razón, me tengo que ir! Mi hermana Jane se comprometió con su novio y vamos a festejar."
"Qué bueno, felicitaciones!"
"Gracias Maggie. ¿Puedo pedirles que se queden cinco minutos más y ordenen las carpetas? Mañana me encargaré yo de sacar las copias."
"Claro profe, no se preocupe."
"Cuando terminen cierren directamente, me llevo la llave."
"Tranquila, nosotras nos encargamos. Dele saludos a Jane."
"Gracias Jo, adiós Maggie. Hasta mañana."
Tomo un taxi y aprovecho para maquillarme y peinarme un poco, no quiero llegar hecha un desastre. Hoy no traje el auto porque pienso tomar esta noche para celebrar. Listo, más no puedo hacer, pienso mientras veo mi reflejo en el espejito de mano. Luego cumplo con mi ritual de cada día: abro mi teléfono y busco la fotografía, mi preferida, una autofoto de Will y mía con el atardecer detrás. Ambos sonreímos y nos miramos con ojos soñadores, Will tiene una sonrisa tan hermosa, estamos a contraluz pero aun así se puede ver la expresión de nuestras miradas, puro amor. "Te amo Will", le susurro a la imagen del teléfono y no le doy un beso porque no quiero que el taxista crea que estoy loca.
Al final llego a la estación St. Pancras menos tarde de lo que esperaba. El lugar es fabuloso, tengo que reconocérselo a Caroline. Es una sala abovedada de ladrillo visto y techo de madera con unas preciosas ventanas de doble altura, el mobiliario es moderno pero confortable y el clima es muy agradable. Es un poco demasiado formal pero hoy es jueves y aunque todavía es temprano ya se está empezando a llenar de jóvenes profesionales y emprendedores, empresarios exitosos y simpáticos trepadores. A Charlotte y a mí nos gusta venir a este tipo de bares de vez cada tanto aunque más no sea para regodear la vista. Es como una exhibición en vivo de GQ: hombres atractivos e impecablemente vestidos por doquier. Mujeres también hay, obvio, pero ¿a quién le importa?
Sigo mi camino entre las mesas y cuando veo a Jane y Charles en un apartado prácticamente me arrojo sobre ellos de lo feliz que estoy. Abrazo a Jane y ella está tan emocionada que no puede ni hablar así que me dirijo a Charles.
"Por fin te decidiste. Casi me salen canas esperando a que te animaras", le digo mientras le doy un golpecito en el brazo. Sé que no se va a molestar porque es como mi hermano mayor y me quiere tanto como yo a él.
"¿Y por casa cómo andamos Lizzie? Van cuatro años para ti también." Charles es una de las pocas personas a las que les permito hacer ese tipo de comentario porque sé que realmente quiere verme feliz.
"Bueno, ya sabes lo que dicen. Lo bueno se hace esperar."
"Me van a salir canas a mí si sigues así."
Me olvido de mi futuro cuñado y le pido a Jane que me muestre su maravilloso anillo y de repente escucho a Charles decir que su amigo William Darcy ya llegó. Por fin voy a conocerlo. Es un poco absurdo pensando que conozco a Charles hace cuatro años y Darcy es su mejor amigo pero siempre pareció que el destino estuvo en nuestra contra, cada vez que se daba una ocasión para que nos encontráramos algo lo impedía. Primero yo estuve casi dos años fuera del país estudiando y trabajando y cuando volví se fue él y cosas así. Estoy segura de que Jane y Charles esperan que nos gustemos, parece que él también estuvo solo todo este tiempo, pero yo no creo que suceda. Se llamará William pero no es mi Will.
"William, aquí!", grita Charles, me doy vuelta para verlo y se me para el corazón.
Charles sigue hablando, creo que nos está presentando, pero yo no escucho, lo único que puedo hacer es mirar al hombre parado delante de mí. Alto, cabello oscuro muy corto, rasgos firmes y muy masculinos y ojos azules, los más azules que vi en mi vida, esos mismos ojos que vi por primera vez hace cuatro años bajo el sol de Grecia y nunca he podido olvidar.
'Oh por Dios! Es él! William Darcy es Will, mi Will.'
Varias cosas
Primero: gracias por seguir la historia y tomarse el tiempo de comentar.
Segundo: seguramente esperaban un capítulo más largo y en realidad lo es pero como demoro bastante revisando prefiero subir ahora la primera parte del capítulo mientras termino de pulir la segunda.
Tercero: Como pasaron cuatro años desde la última vez que Lizzie y Will se vieron sus vidas y las de los demás personajes de la historia, cambiaron así que los primeros capítulos de la segunda parte sirven para saber en qué está cada uno ahora. Espero que no les aburra pero creo que es necesario para ver como evolucionaron sus vidas en ese tiempo y entender por qué son como son ahora.
