Los personajes no me pertenecen, pero la historia si pues ha salido totalmente de mi imaginación. Espero que les guste.

Capítulo 2:

Respiro profundamente para luego pellizcarse una pierna… no conseguía despertarse.

Pero aquello tenía que ser una pesadilla, él no podía estar en su forma humana sin ser luna nueva. Pero así era, se encontraba en un lugar extraño rodeado de cosas extrañas con una mujer aún más extraña.

Como dos gotas de agua…-susurró mientras miraba a la morena inconsciente a la cual había metido en lo que suponía que era una casa, la muchacha se había desmayado de puro miedo.

Él no quería hacerle daño, pero su parecido con Kikyo había provocado que la confundiese con ella; pero ahora que la observaba podía ver algunas diferencias.

La mujer tumbada en el sofá tenía el pelo más rizado que la sacerdotisa, era algo más baja y con el rostro ligeramente más redondeado. Además de que poseía unas curvas más acentuadas que Kikyo… Llevaba el rato que había estado observándola avergonzado por los cortos ropajes que vestía, no sabía que eran pero no parecían propios de una mujer.

Miró a su alrededor pero casi ningún objeto de la habitación le era conocido, no conseguía saber que eran y eso aunque no quisiera admitirlo le asustaba.

No sabía dónde estaba, ni que había ocurrido con la batalla y lo peor es que estaba en su débil forma humana. Volvió a salir por lo que supuso que era una puerta al jardín de la mujer y miró la luna, parecía como si se riese de él, no era nueva y a pesar de ello ahí estaba él con su cabello negro y ojos marrones.

Puta mierda…

Entró de nuevo en la casa y observó las paredes, había algo parecido a retratos pero en una calidad increíble. En casi todos estaba la mujer del sofá junto con otras personas, todos con ropas extrañas.

Una de ellas le llamo especialmente la atención, pero cuando alargo el brazo para tomar la imagen sintió un fuerte golpe en la nuca.

Luego todo se hizo negro.


Diez minutos más tarde Kagome había conseguido mover al extraño hombre hasta una pared y lo había atado con cuerdas lo más fuerte que pudo, dio gracias mentalmente a sus padres por haberla obligado a ir a los campamentos de verano donde había aprendido a hacer nudos extraños.

Realmente se sentía mal habiéndole golpeado con la pata suelta de su mesita de café, estudiando medicina no podía evitarlo, su misión era curar no dañar a nadie.

- No sé si lo he matado, espero que no, pero no podía quedarme a su merced-susurró ella mientras examinaba la nuca de su "invitado" que afortunadamente no tenía nada más allá de una leve hinchazón.

Era el momento de llamar a la policía para que se llevasen a ese hombre de su casa.

Inuyasha abrió lentamente los ojos, se encontraba desorientado y la cabeza le daba punzadas. Volvió a cerrar los ojos intentando recordar algo…

- ¡Me golpeo!- gritó abriendo nuevamente los ojos y buscando a la mujer con la mirada.

Estaba frente a él, con el miedo reflejado en sus ojos chocolate. Fue tomando consciencia de la situación al notar que no podía moverse, sus brazos estaban amarrados con cuerdas. En ese momento Inuyasha supo que como no fuese amable y tranquilo la muchacha haría algo contra él, pues lo consideraba peligroso.

- Has invadido mi casa, y me atacaste… ¿Qué esperabas que te diese las gracias?- le dijo intentando guardar la compostura y que no se notase el miedo que sentía.

E Inuyasha hizo algo que jamás hacía con nadie, bueno salvo con su madre en ciertas ocasiones.

- Lo lamento, la verdad es que estoy tan perdido como tú en todo esto- dijo con la voz más suave y tranquila que poseía. Tenía que infundirle tranquilidad mientras trazaba un plan.

La muchacha pareció dudar durante unos segundos, miraba el teléfono que tenía en sus manos y luego a él, y así hasta cuatro veces. Finalmente cogió un cojín del sofá y se sentó delante del hombre pero a una distancia prudencial.

- ¿Quién eres?- le preguntó la morena.

- Mi nombre es Inuyasha

- ¿Inu como perro?- susurró ella sin pensar.

En cuanto dejo salir la frase de sus labios supo que no debía haberlo dicho por la cara que se le puso al muchacho, al parecer no le hacía gracia.

- Si, supongo que si-le respondió con los dientes apretados.

- Uhm, yo soy Kagome ¿Qué hacías en mi jardín?

Inuyasha pareció dudar durante unos segundos, no podía decirle que una bruja le mando hasta allí a través de un agujero. Pero tenía que ganar tiempo mientras se deshacía de la cuerda, sus muñecas dolían de tirar pero notaba como se iban aflojando ligeramente.

- Primero dime donde estoy-demandó con voz autoritaria.

- En Tokyo-lo miró extrañada- ¿Cómo no vas a saber dónde estás?

Inuyasha observó a la muchacha, no sabía cómo se iba a tomar lo que estaba a punto de decir.

- ¿Me estas escuchando?

- Sí, esto quizás te suene extraño y pienses que estoy loco-le dijo intentando parecer calmado y cuerdo.

Kagome solo le miró con interés guardando silencio.

- Creo que vengo de otro mundo-dijo bastante bajito mirando intrigado a la muchacha, ahora llegaba el momento en el que ella se reía.

- Oh, de otro mundo…-repitió ella asintiendo varias veces con la cabeza- y supongo que tienes que buscar una forma de volver a casa.

- ¡Exacto!-no podía creerlo, la muchacha no pensaba que estaba loco.

Kagome le sonrió amablemente y se alejó arrastrándose hacia atrás.

La muy perra no le creía, si solo pudiera mostrarse en su verdadera forma… No servía de nada lamentarse, solo necesitaba un par de minutos más y se liberaría.

- Bueno si me perdonas voy a…

- ¡Espera!-gritó alarmado al ver como ella volvía a tomar el aparato extraño, no sabía que era pero le daba mala sensación- No estoy loco, maldita sea. ¡Déjame demostrártelo!

Vio la duda en los ojos de la mujer, y por un momento pensó lo peor. Ella iba a avisar a alguien para que se hiciese cargo de él, sabía que nadie iba a creerle y no tenía pruebas para demostrar nada.

- ¿Ves la katana apoyada en la pared de allí?-le preguntó intentando ganar tiempo de alguna forma.

Ella se giró consternada, ¿Qué hacia una katana en su casa? Ahí estaba, apoyada contra la pared con aspecto maltrecho, tenía la empuñadura deshilachada y muchos arañazos en la vaina. Era un desastre. Se levantó del cojín y camino hasta ella.

Mientras Inuyasha se esforzaba mucho más que antes en desatarse, pues que ella se hubiese levantado dándole la espalda le aportaba una pequeña ventaja.

Kagome desenvaino la katana y la observo de cerca, estaba dentada debido al uso además de seriamente arañada por toda la longitud. Era escalofriante saber que él había tenido una katana en su poder mientras ella estaba inconsciente. Aunque eso era otro hecho que la turbaba, él no la había atacado ni violado ni nada… Casi había cuidado de ella tendiéndola sobre el sofá, quizás no fuera peligroso y únicamente estuviese un poco chalado. Volvió a dejar la katana en su sitio con cuidado de no cortarse, eso transmitiría el tétanos por lo menos.

- No sé qué hace aquí, pero ¿Qué pasa con ella?-le dijo ella girándose hacia él.

Iba a gritar, pero no le dio tiempo. El chico sorprendentemente se había soltado de su no tan perfecto nudo y ahora la arrinconaba contra la pared.

- Nada, es una mierda de Katana no funciona pero necesitaba distraerte con algo para soltarme.-dijo con una voz mucho más arrogante que la que había tenido hasta hacía unos minutos.

- Por fa-fa-favor, no me mates-susurró la muchacha asustada sintiendo como las piernas le temblaban.

- Muerta no me sirves y no voy matando humanas indefensas por ahí.

Kagome quería respirar aliviada pero no podía, sentía que iba a tener una crisis de ansiedad de un momento a otro. Intentó mirar a otro lugar que no fuera al muchacho frente a ella para tranquilizarse. Se fijó de reojo en la mano de él, de su muñeca caía un hilo de sangre, debía de habérselo hecho mientras se soltaba.

Casi se cae de la impresión al fijarse detenidamente en la piel.

- Dios mío, tu muñeca…

Inuyasha miro extrañado a la mujer, no sabía a qué se refería. Miro de cerca la herida que tenía y lo vio.

- ¡Si joder!-gritó lleno de júbilo- ¿cómo explicas esto humana?

Su muñeca estaba sanando, la piel crecía a una velocidad pasmosa y sin dejar cicatriz ninguna. ¿Qué clase de monstruo era él? ¿Todo era una broma?

- ¿Q-q-que eres?-al momento de hacer esa pregunta se arrepintió-

- Soy un youkai.


Sesshomaru estaba furioso, la batalla había sido literalmente un fracaso.

Nada más comenzar fueron acribillados por cañones, y muchos soldados fueron triturados por los golpes. Solo cuando consiguieron acercarse lo suficiente para atacarles obtuvieron ventaja sobre esos estúpidos humanos, pero el ejército humano era mucho más numeroso que el suyo y poco a poco tuvieron que retroceder.

Lo que más le llenaba de ira era la ausencia de su medio hermano, él muy estúpido no había aparecido y eso había hecho que su diferencia numérica fuera mucho más notable.

Cuando lo encontraran iba a arrancarle los ojos con sus propias garras por bastardo traidor a su sangre. Realmente Sesshomaru sabía que algo le había pasado a su medio hermano, pues no tenía lógica que él hiciese una estupidez tan grande en un guerra como la que estaban teniendo. Su medio hermano buscaba la aprobación de su padre y huir de ese modo no era la forma de conseguirlo, eso seguro.

- Milord.

Se sorprendió al escuchar la suave voz tras él, no necesitaba girarse para saber quién era, tenía ese maldito olor a melocotón y miel incrustado en su nariz.

- Dime Rin-le dijo a la mujer tras el a la vez que se giraba, nunca lo admitiría en voz alta pero la presencia de la mujer le hervía la sangre.

Y no de ira precisamente.

- Su padre me ha ordenado que le diga que han encontrado muchos restos del batallón de su herma...

- Medio hermano- corrigió él con dureza.

- Me-medio hermano, perdone milord- la chica tomo aire para seguir con la explicación- emm… ¡ah sí! Han encontrado restos y un gran sello de sangre, no han encontrado a Inuyasha, su olor desaparece en un punto concreto.

El peliblanco miró a la mujer visiblemente contrariado, si el olor del hanyou desaparecía de repente solo podía significar una cosa…

- Ya puedes retirarte Rin, yo mismo iré donde mi padre.

Y sin dar tiempo a la muchacha salió de la habitación, no aguantaba ni un segundo más con esa mujer en el mismo cuarto. Aprovecharía para hablar con su padre de las sospechas sobre que le había ocurrido al estúpido de Inuyasha.

Rin suspiró aliviada cuando el youkai se marchó dejándola sola, y es que no podía evitar ponerse nerviosa en presencia de él. Era tan hermoso y majestuoso… Tan inalcanzable.

Ante tal pensamiento la morena comenzó a negar rápidamente con la cabeza, tenía que dejar esos pensamientos bien lejos. El lord Sesshomaru jamás se fijaría en ella, después de todo solo era una insignificante humana. Sonrió tristemente mientras tomaba el cesto que anteriormente había estado en sus manos, quitó las sabanas de la cama del youkai y no pudo evitar olerlas discretamente.

Olían condenadamente bien, una mezcla de canela y tierra. Se sintió tentada a envolverse con las sabanas para poder conservar ese olor por siempre. Y es que no podía evitarlo, estaba totalmente enamorada de Lord Sesshomaru. Una triste sonrisa asomó entre sus labios, pues sabía que sus sentimientos jamás serian correspondidos.

Igual de silenciosa que entro, salió de la enorme habitación. Aún tenía mucho que hacer y limpiar.


Las palabras de él aun resonaban sin conseguir encontrarlas sentido en sus oídos.

Soy un youkai.

Ella por un momento espero que se riese y dijera algo sobre una cámara oculta, pero para su desgracia eso no sucedió, y comenzó a plantearse cosas que iban fuera de su lógica. Sabía perfectamente que no era normal esa capacidad de regeneración celular, era demasiado rápida. Pero no podía negar lo que había visto, y teniendo en cuenta que ya se había pellizcado varias veces podía aceptar que no era una pesadilla.

Ese muchacho no era humano.

Inuyasha por su parte seguía en la posición que había tomado desde hacía diez minutos, sentado en el suelo con las piernas cruzadas y mirando fijamente la espada medio desenvainada entre sus manos. Parecía meditar sobre alguna cuestión importante por la expresión preocupada de su rostro.

- Esto… Inuyasha ¿verdad?-le llamó Kagome haciendo que su atención se centrase en ella- ¿Cómo has podido regenerarte tan rápido?

- Ya te lo he dicho mujer, soy un youkai- no iba a mencionar que era incompleto, no quería que esa mujer lo mirase con repugnancia, bastante tenía con las miradas de su mundo- es natural para mí, tengo habilidades con las que un simple humano solo podría soñar.

- No aparentas ser algo sobrenatural, pareces un muchacho normal.

- Mi apariencia real no es esta, no sé qué ocurre pero aquí soy humano-se miró la muñeca que antes le sangraba pero que ahora estaba totalmente curada- bueno, casi.

La azabache cogió aire y lo soltó lentamente, si lo que él decía era cierto había muchas más cosas increíbles que la ciencia aún no había explicado. Quizás, al igual que antiguas civilizaciones pensaban que el sol o la luna eran dioses, el poder de regeneración de Inuyasha aunque pareciese mágico tendría una explicación lógica, algún tipo de célula o sustancia que lo provocase.

Si ella se presentaba con él en el laboratorio de la universidad obtendría muchísimos avances contra grandes enfermedades como el cáncer, incluso quizás pudieran regenerar miembros con ese conocimiento. Pero por otra parte sabía que Inuyasha sería tratado como un animal de laboratorio, y que las grandes empresas se pelearían por él para arrancar el secreto que entrañaba su organismo.

No podía hacerle eso a un ser humano tan único, quizás sonase estúpido pero una parte de su mente le gritaba que no lo llevase a ningún sitio, que cuidara de él.

Era ridículo.

- Vale, creo que te creo-dijo mirándole, a lo que él le devolvió la mirada levantando una oscura ceja- bueno, sí, te creo totalmente. No podrías haber fingido esa capacidad regenerativa de ninguna forma.

¡Al fin! La mujer le creía y ahora él podría pedirle ayuda, a pesar de que su orgullo se sintiera herido, pues se consideraba bastante independiente del resto de seres. No le gustaba pedir ayuda a personas que le despreciaban por su condición, pero Kagome al no saber que era realmente no le miraba con repulsión en los ojos ni intentaba acabar con él.

Aunque así había sido al principio con Kikyo, y luego ella se volvió en su contra también. Las palabras de la bruja aun resonaban dolorosas en su mente, él habría dado la vida por Kikyo… quizás aún sentía que podría hacerlo pues seguía enamorado de ella.

- Necesito…-hizo una pausa intentando que no se le atascara la lengua al tener que pedir semejante cosa- tu ayuda mujer.

- Supongo que quieres volver a tu mundo ¿no?

- Así es, mi mundo está en guerra y me enviaron aquí cuando me dirigía a una batalla.

Kagome le observó durante unos segundos en silencio, realmente tenia pinta de guerrero, con esa mirada feroz, músculos marcados, manos fuertes…

- Inuyasha no sé cómo hacer lo que me pides, solo soy estudiante de medicina-le dijo con nerviosismo, no sabía cómo el muchacho se lo iba a tomar.

- ¿Eres una miko?

- ¿Qué? No, claro que no. Soy una chica simplemente, estudio en la universidad.

- Uni-ni… ¿Qué?- repitió Inuyasha visiblemente contrariado, no entendía muy bien a la muchacha.

- Simplemente es el lugar donde me formo como médica.

- ¿Y no conoces a ninguna bruja, monje o miko? Ellos sabrán como volver a mi mundo, si les explico cómo era el sello quizás…

- Lo siento Inuyasha pero en mi mundo no existen… emm personas con esas capacidades, las brujas jamás han existido y los monjes y mikos son simples personas.

El corazón de Inuyasha comenzó a latir descontrolado, eso quería decir que estaba atrapado en ese mundo. No podía volver a casa.

- De veras que lo siento Inuyasha-le dijo la chica arrodillándose frente a él y mirándole directamente a los ojos. No entendía porque pero los ojos de él la tranquilizaban.

El muchacho miro los ojos tristes de la chica frente a él. Realmente parecía preocupada, y se sintió levemente reconfortado.

- Supongo que gracias…-le dijo con un pequeño sonrojo-

- De nada Inuyasha, puedes dormir esta noche si quieres aquí-le dijo sabiendo que quizás era una imprudencia por su parte, pero había algo que le decía que confiase en él.

Kagome observó como Inuyasha asintió levemente con la cabeza y susurró otro gracias. Aprovechó ese momento para levantarse y buscar algo en la nevera, era bien tarde y quizás el chico tenía hambre. Decidió hacer unos sándwiches e intentar sacarle algo más de información.

Mientras sacaba el pan de molde y el resto de cosas su móvil comenzó a sonar. Miró la pantalla iluminada extrañada, ¿quién sería a esas horas?

- ¿Si?

- ¡Kagome! No me llamaste, creí que ibas a venir-se escuchó la voz estridente de Ayumi a través del móvil.

- Realmente no te dije que si Ayumi.

- ¿Kagome con quien hablas?-dijo Inuyasha mirando extrañado a la muchacha que tenía en su oreja un aparato rectangular.

- Eso que oigo es un hombre ¿no?, dios mío Kagome haberme dicho que tenías una cita y ya está, te hubiese dejado con el maromo. ¿Por qué estará bueno verdad?

Por la mirada de Inuyasha y el sonrojo que apareció en su rostro, se dio cuenta que había escuchado a su amiga. Avergonzada le hizo una señal a Inuyasha de que guardara silencio.

- Ayumi, lo siento olvide avisarte que hoy no podía ir-aunque realmente ella no le había dicho que si… pero pasó de discutir y alargar la conversación- mañana nos vemos en clase, ¡buenas noches!

- Kagome no me cuel…

Kagome negó con la cabeza varias veces, para luego proseguir con lo que hacía antes de ser interrumpida. Lo que realmente le molestaba es que mañana Ayumi iba a interrogarla, y no le hacia ninguna gracia. Apreciaba a su amiga, pero era demasiado cotilla y metomentodo.

- ¿Cómo podías hablar con alguien más?

Inuyasha miró a la muchacha morena moverse de un lado a otro y meter algo dentro de otro extraño aparato. Ese mundo era jodidamente raro, ¿Cómo podía haber escuchado una voz salir de esa cosa?

- ¡Eh! Te estoy hablando-le dijo altaneramente, ya comenzaba a relucir su verdadero carácter pues estaba mucho más tranquilo y no tenía que ser "simpático" con la muchacha.

- ¿Qué? Ah, lo siento Inuyasha estaba pensando en mis cosas… Es un teléfono móvil sirve para comunicarse con otras personas, transmite la voz a tiempo real-le explicó mientras sacaba los sándwiches de la sandwichera y ponía cada uno en un plato-

Iba a seguir interrogándola cuando un delicioso aroma llego a sus fosas nasales, y su estómago en consecuencia gruñó. La chica le dio un plato con una especie de alimento rectangular.

- Es un sándwich, lleva queso y jamón espero que te guste.

Si no hubiese estado tan hambriento quizás se lo hubiese pensado un poco antes de aceptar comida tan extraña, pero olía bien y su estómago se retorcía. Le pegó un buen bocado y masticó varias veces con cara pensativa, unos segundos más tarde tragó y no puedo evitar pegarle otro gran bocado.

- Esta bueno ¿verdad?, si quieres puedo hacerte otro si tienes más hambre- le dijo mientras ella comía el suyo lentamente, vio como el muchacho devoró literalmente el sándwich y la miró como pidiendo otro- Emmm vale ya veo que tenías hambre, voy a por otro.

Tras comerse su tercer sándwich ante la sorprendida mirada de Kagome, Inuyasha fue consciente de todas sus débiles necesidades humanas. Se sentía jodidamente cansado y no podía aguantar con los ojos abiertos, sin saber cómo se vio acostado en lo que la chica llamó sofá y que era increíblemente cómodo. Lo último que escucho antes de dormir fue un buenas noches de Kagome.


- Señorita, si encuentra tan aburridas mis clases quizás debería irse al césped a dormir y evitar hacerlo en la clase.

Kagome ni siquiera escuchó que esa voz se dirigía a ella, casi no había dormido en toda la noche. Primero por la adrenalina que aun recorría su cuerpo y que sabía que en cuanto se fuese caería rendida, y después cuando por fin la adrenalina parecía abandonarla Inuyasha comenzó a hablar en sueños.

Si alguna duda le quedaba de la procedencia del chico, quedo disipada después de escucharle. No podía ser una mala persona, llamaba a una tal Kikyo con voz angustiada y dolida, como si la mujer le hubiera hecho daño. Era realmente triste y sin saber porque se levantó de la cama para calmarle acariciándole el pelo. Algo que lo calmo a él pero a ella no.

- Que pasa conmigo-susurró intentando abrir algo más los ojos-

- ¡Señorita!- gritó el profesor a la vez que golpeaba la mesa de Kagome con el bastón de madera que había en la clase para señalar en la gran pizarra.

Kagome se sobresaltó muchísimo y casi se cae de la silla, ese hombre estaba loco.

- Fuera de mi clase de inmediato-le dijo con visible enfado-

La muchacha sintió sus mejillas arder al ver como varios compañeros cuchicheaban, cogió su bloc de apuntes cuya página estaba en blanco y salió rápidamente de la clase.

Jamás en la vida habían tenido que llamarle la atención en clase, llegaba ese extraño muchacho y trastocaba toda su vida en menos de 24 horas. Pero no podía dejar de pensar en lo desesperante que debía ser estar lejos de tus seres queridos, en un lugar extraño y además sabiendo que de dónde vienes están en guerra.

Camino deprisa por los solitarios pasillos, iría a la sala de ordenadores, total en media hora tocaba su siguiente clase. Ando unos metros más y torció a la derecha, al final del pasillo había unas puertas metálicas, era la sala de informática. Al abrir la puerta esta chirrió e hizo que todas las miradas se posasen en ella, por segunda vez en lo que iba de día sentía sus mejillas enrojecerse. Se colocó lo más rápido que pudo al final de una de las filas de ordenadores y metió en el tarjetero su carnet universitario. Tenía que bajarse las diapositivas para la siguiente clase y mandar un par de correos.

Cuando terminó de hacer todo miró la hora, aun le quedaban diez minutos. Podía tontear un poco en internet, mirar las redes sociales o…

O buscar algo para poder ayudarle.

Torció la boca mientras tecleaba en google: viajes a otros mundos.

No tardo el buscador más de dos segundos en presentarle miles de webs donde se incluían sus palabras. Eso no iba a ser nada productivo, bajo la página a ver si encontraba algo interesante, paso a varias páginas mas adelante y estuvo a punto de dejarlo en la sexta cuando vio un link.

Viajes a mundos paralelos.

Cliqueo y se abrió un blog bastante decorado con muchos gadjets extraños, no parecía muy fiable ciertamente. En él se resumían muchas formas de viajar a mundos paralelos al nuestro.

Que pérdida de tiempo

Ya se había dado por vencida e iba a parar de leer cuando algo llamo su atención.

"Existen diversos mundos paralelos, y el viaje entre ellos es posible mientras se haga utilizando un portal. Un portal no es más que algo que se encuentra en ambos mundos, algo lo suficientemente sólido y que no haya sido modificado por el hombre. Numerosos escritos a lo largo de los años han explicado esta forma de viajar entre mundos y la mayoría coincidían en que la luz de la luna llena era la que provocaba la apertura durante unas horas del portal…"

Realmente no tenía ninguna base científica ni lógica, y no entendía porque se había detenido en ese párrafo, quizás simplemente un presentimiento. Apunto lo que había leído junto con varias cosas más de esa misma página. Miró la hora y vio que solo quedaban un par de minutos. Cerró todo y se fue rápidamente, ¡no podía perderse la siguiente clase!


Inu No Taisho estaba visiblemente molesto, todo había salido mal. Su hijo mayor había sido derrotado en la batalla y su hijo pequeño seguía desaparecido. Todo por lo que había luchado desde hacía siglos estaba derrumbándose bajo sus pies, incluso las personas…

No pudo evitar recordar el rostro bañado de lágrimas de su mujer, Izayoi. Ella era humana y la madre de Inuyasha, él sabía lo mucho que le había costado a su mujer adaptarse al mundo youkai y tener un hijo suyo, lo duro que había sido. Y ahora que todo iba mejor comenzaba la guerra y su hijo Inuyasha desaparecía sin dejar rastro.

Unos golpes secos en las puertas del salón del trono hicieron que el inuyoukai perdiese el hilo de sus pensamientos.

Adelante.

Ante él apareció un joven humano, por sus vestimentas debía ser un monje, aunque los ojos azules brillantes demostraban demasiada picardía. Traía en una de sus manos un báculo dorado con anillas, y en la otra pudo notar una fuerza extraña.

- ¿Quién sois?-le dijo al humano- no tengo tiempo para quejas humanas

- Mi nombre es Miroku mi señor, he podido escuchar lo que le ha ocurrido a su hijo menor y vengo a prestar mis servicios pues conozco la magia negra como la palma de mi mano.

El youkai notó algún tipo de broma en la frase del hombre, pero decidió ignorarlo. Él realmente no era muy amigo de la magia, de ninguna clase, pero estaba desesperado por calmar la situación.

- Te hare rico monje si consigues traerme a mi hijo de vuelta-le dijo mirándole duramente- pero si me mientes te hare pedazos sin remordimientos.

- No le defraudare mi señor-dijo a la vez que se inclinaba haciendo una reverencia- comenzaré de inmediato, necesito saber que paso exactamente.

Inu No Taisho le contó la historia tal y como lo había hecho Sesshomaru, no omitió ni un detalle y le dejo ver al monje cual era el dibujo hecho con sangre que había podido reconstruir del bosque. Mientras él explicaba el monje solo asentía y le miraba concentrado. Cuando terminó el corto relato, Miroku asintió con la cabeza varias veces.

Se lo que hay que hacer… pero no sé si resultará-murmuró sabiendo que el youkai podía oírle perfectamente- deme unas horas para analizar todo, y si es posible en tres días tendrá aquí a su hijo.


Hola!

Se que traigo el capitulo con una semana de retraso, pero es que consegui tener internet anoche T.T

Pero bueno al menos tengo otro cap mas o menos escrito. He decidido que el fic no será muy largo y ocurriran las cosas rapidillo.

Muchas gracias por el favorito, los dos reviews y todo lo demas.

Ya sabeis si os gusta comentad que es lo que alimenta mis ganas de hacer capitulo.