Volverte a ver
No puede ser, no puede ser, no puede ser. Después de tanto buscarlo resulta que mi Will era el famoso Darcy, el mejor amigo de Charles! Seguramente los dioses griegos me están castigando por haber sido tan… bueno, rápida o, digamos… fácil cuando lo conocí en Santorini. Pero, ¿haber dejado que estuviéramos tan cerca durante todos estos años y no permitir que nos encontráramos ni una sola vez? Eso es demasiado cruel. Y muy raro.
Sé que no tengo ningún derecho porque la estúpida idea de las postales fue mía (y vaya que lo lamento, llevo exactamente cuatro años lamentándolo) pero no puedo evitar preguntarle cómo puede ser que algo así haya pasado y él tiene el descaro de reprocharme que estuve fuera del país. Es verdad, estuve casi dos años en París, pero estaba haciendo un doctorado. Ese es un gran motivo ¿cuál es el suyo para haber estado tan ausente de la vida de su supuesto mejor amigo? Obviamente, con esa lengua impertinente que tengo (palabras de mi madre no mías) se lo cuestiono y Will me contesta con vergüenza que Charles es demasiado generoso con él porque realmente no se portó muy bien en el último tiempo. Y entonces me siento mal. ¿Cómo pude ser tan bruta?
Después lo veo saludar a Jane y Charles con verdadera alegría y me olvido del enojo. Lo encontré, por fin, está delante de mí, alto, bello, elegante con ese traje oscuro que le queda como una segunda piel, está un poco demacrado y tiene el cabello demasiado corto pero sigue siendo un Adonis. Mi dios personal. Bah ¿qué digo? Fue mi dios, por una semana hace cuatro años, ya no es más mío y… Oh Dios! ¿Será de alguien? De repente me entra el pánico.
Brindamos por los novios y por el amor (Charles puede ser muy cursi cuando quiere) y Will me mira y yo lo miro y me siento como si ya no estuviéramos en la contaminada Londres sino en la bucólica Santorini y me pierdo en su mirada y creo ver algo. Sí, ahí está…
Ahí está la mano raquítica de Caroline trepando por el brazo de Will. ¡¿Perdón?!
"William! ¿Qué estás haciendo aquí?"
Ay! ¿Tenía que usar ese tono tan agudo? Creo que me rompió el tímpano. Miro a Will y veo que sacude su brazo para liberarse de su mano mientras gira la cabeza muy despacio hacia Caroline y la mira como si quisiera matarla. Yo definitivamente quiero más cuando recuerdo que mi Will es además el jefe de Caroline y que ella siempre insinuó que entre ellos había algo más que una simple relación laboral. Oh Dios! ¿Por favor Dios dime que si Will está con alguien no es con ella?
"Hace días que quedamos en encontrarnos. ¿Acaso no organizaste esta salida tú misma?"
"Sí, pero tú no podías venir. Tenías cita con el señor Brandson, espero que no lo hayas suspendido. Él no podía en otro momento y ese trato es muy importante para la empr…"
"Yo sé mejor que nadie que es importante para mi empresa por eso le pedí a la señora Reynolds, que es la única que maneja mi agenda, que cambiara el horario de la reunión y resulta que el señor Brandson no tuvo ningún problema en encontrarse conmigo más temprano." Nop, definitivamente no está con ella. Sigue teniendo buen gusto.
"Ah pues… qué bueno."
Mmmm, aquí hay gato encerrado.
"Buenas tardes Caroline", le digo dedicándole mi sonrisa más falsa.
"Eliza, querida ¿cómo estás? Disculpa, no te había visto." Me dice mientras me da dos besos en el aire. Por suerte.
"No hay problema Caro, parece que tampoco viste a Jane y Charles ¿no? Pues míralos ahora porque tienen algo que decirte." Jane me mira con reproche pero la ignoro, estoy deseando ver como la víbora se atraganta cuando escuche la gran noticia. Además a Charles no le importa, es más, le encantan mis duelos con su hermana y cuando miro de reojo a Will veo que está tratando de reprimir una sonrisa.
"Es cierto hermanita, tengo algo que decirte." Caroline debe sospechar de qué se trata porque de repente contiene la respiración. "Jane me ha hecho el hombre más feliz del mundo porque esta mañana le propuse matrimonio y dijo que sí!" Y como soy mala mientras Charles habla mi mirada está fija en mi futura concuñada y disfruto como loca viendo como el color abandona su rostro, sus ojos se abren tanto como el botox se lo permite y le tiembla la mandíbula mientras trata de contener la rabia. A ver qué dice ahora.
"¡Nooooo!", grita Caroline y juro que aunque esperaba una reacción fuerte por parte de ella jamás pensé que sería algo así. Miro a Will y él la está viendo con el mismo asombro que yo así que ni siquiera me animo a mirar a Jane y Charles. Por suerte Caroline parece darse cuenta de la situación y unos segundos después intenta remediarla. "Eh… Por fin. Qué felicidad!", dice y se apresura a abrazar a la feliz pareja que respira aliviada.
"Gracias Caroline", le dice Jane con su dulzura de siempre y luego Charles recibe el abrazo de su hermana y le susurra algo al oído. Seguramente una advertencia por la cara que puso ella.
"¿Nos sentamos?", sugiere Charles y William, como el caballero que sé que es, se acerca a mí para acercarme la silla. Luego intenta ayudar a Caroline a sentarse al lado de su hermano pero ella se apresura a ocupar el asiento que está a mi lado, interponiéndose entre Will y yo. Mi única satisfacción es ver que él no parece muy contento con la situación.
"¿Qué es esto?", pregunta Caroline con disgusto cuando su pierna choca con algo que está debajo de la mesa y resulta ser mi bolsa.
"Mis libros."
"Ay Eliza, tú siempre con estas bolsas ridículas", dice la pesada mientras toma mi bolsa y la aleja de sí como si tuviera pescado podrido.
No sé por qué le molesta, a mí me parecen divertidas. Hace unos años cuando se pusieron de moda las bolsas ecológicas comencé a cargar mis libros y papeles de la universidad en ellas y sin darme cuenta empecé a comprar cada bolsa que me gustaba. Hoy tengo casi 30 y las escojo según el día o mi estado de ánimo. La de hoy dice "Mis otras bolsas son Prada".
"¿Qué, no te gusta?", le pregunto con fingida inocencia mientras la agarro para colocarla otro lugar y veo que Will la mira con curiosidad.
"Lizzie, tiene una colección, cada día usa una distinta. Son divertidas y útiles. Sirven para saber cómo está de humor", le explica Jane a Will que es el único que no conocía mi manía.
"Lo tendré en cuenta", dice él mirándome y en mi interior se despierta una esperanza. "Pero la de hoy no es muy reveladora."
"No, es verdad. La escogí porque me pareció que iba bien para este lugar", explico y sonrío al ver simpatía en su mirada.
"¿Y también te pareció que tu teléfono iba bien con el lugar?", pregunta Caroline mirando mi IPhone con desprecio.
"¿No es genial? Me lo regaló Charlie", respondo mientras levanto orgullosa mi IPhone con su cubierta rosada que me regaló Charlotte y dice "Mantén la calma porque soy sexy".
"¿Quién es Charly?", me pregunta Will mientras mira mi teléfono con el ceño fruncido aunque no sé por qué.
"Bueno, ¿podemos hablar de los novios ya?" nos interrumpe Caroline antes de que yo pueda contestar pero por una vez coincido con ella. Esta es la noche de Jane y Charles y son ellos quienes merecen toda nuestra atención y ni siquiera mi emoción por haber vuelto a ver a Will ni mi curiosidad por saber qué fue de su vida en el tiempo que estuvimos separados impedirá que me dedique a mi hermana más querida y su futuro esposo. Mi propia historia (¿de amor?) tendrá que esperar.
Durante la siguiente hora recordamos cómo se conocieron, contamos anécdotas de sus años juntos, recordamos los buenos momentos, también algunos malos, y pensamos en el futuro que seguramente será tan brillante como la sonrisa de Jane. Me llena el alma verla tan feliz, si alguien en este mundo merece tanta dicha es ella, especialmente después de lo que sufrió con George.
William está muy callado y no se parece en nada al hombre sexy, vibrante y divertido que conocí en Santorini. Es como una sombra de ese Will y me entristece ver cierta oscuridad en sus ojos. En varias ocasiones lo descubro mirándome pero en cada encuentro él desvía su mirada y frunce el ceño. Me pregunto qué le habrá pasado en este tiempo y, sobre todo, qué estará pensando ahora. De mí.
A medida que la noche avanza Caroline sucumbe al alcohol, yo misma tomé unos cuantos tragos (aquí hacen unos llamados "Prohibido" que están deliciosos) y aprovecho que la bruja afloja un poco su control sobre Will para acercarme a él aunque no tengo mucho éxito. Cada vez que intento entablar una conversación con él alguien nos interrumpe o él mismo la corta con una respuesta seca y monosilábica. Cada vez estoy más intrigada por su comportamiento y francamente espero que no me odie por esa estupidez que cometí hace cuatro años e hizo que nos desencontráramos. Aunque mi mayor temor es que se arrepienta de lo nuestro y no le alegre que nos hayamos vuelto a encontrar. Eso me mataría. Al menos podríamos ser amigos ¿no?
Estamos a punto de irnos y aún no pude hablar con él pero al menos ahora sé cómo se llama y podré encontrarlo. Antes de retirarnos, paso por el baño y cuando salgo veo que Will y Charles están conversando cerca de la puerta y me acerco en silencio esperando una oportunidad para hablarle a solas, aunque él no quiera.
"Will, estuviste callado toda la noche y con cara de enojado. ¿Pasa algo?", le pregunta Charles y me detengo detrás de una columna esperando que no me vean. Ya sé que está mal escuchar conversaciones ajenas pero no lo puedo evitar.
"No pasa nada Charles. Discúlpame, tengo muchas cosas en la cabeza."
"Está bien, lo entiendo. Me alegro que por fin hayas conocido a Lizzy ¿no es encantadora?", cada vez quiero más a mi futuro cuñado.
"Eh… sí, supongo", responde Will con un desinterés que me congela el corazón.
"¿Supongo? Vamos Will, es hermosa, inteligente, simpática, divertida. No me vas a decir que no te gustó ni un poquito! Además increíblemente está sola, si no hubiera conocido a Jane definitivamente habría intentado conquistar a Lizzie." Al escuchar eso casi me arrepiento de haberle presentado a Charles a mi hermana.
"Mira Charles, mejor vuelve con tu novia, que sí es realmente preciosa, y déjame tranquilo. No necesito que me busques novia y menos si es la hermana soltera de la tuya." Se me encoge el corazón al escucharlo hablar así.
Charles lo mira dolido pero luego se encoge de hombros, como desentendiéndose de su amigo, y se van juntos. Yo me quedo detrás de mi columna deseando creer que el alcohol me haya hecho escuchar mal, Will no puede haber dicho algo así. No mi Will.
"Siento que hayas escuchado eso pero es para mejor, créeme, no te hagas ilusiones. William Darcy no es para ti." Caroline ni bebida pierde la maldad.
"No entiendo de qué hablas", digo haciendo lo imposible por ocultar mi desilusión. No pienso dejar que esta bruja me vea tambalear.
"Vamos Eliza, vi como lo miraste toda la noche. Te lo repito, no-es-para-ti."
"¿Y por qué? Si se puede saber" ¿Quién se cree que es para decir si Will puede estar conmigo o no?
"Por favor! ¿Te has visto?"
Sí, me he visto y también la he visto a ella con ese vestido, que ella cree elegante pero la hace parecer una buscona, y no me amilano. Si una vez le gusté le puedo volver a gustar, Will no puede haber cambiado tan drásticamente sus preferencias por más tiempo que haya pasado, y aunque nunca vuelva a estar con él no importa, jamás me sentí ni me sentiré inferior a otra mujer. Mucho menos de Caroline Bingley.
"Yo me he visto ¿Te has visto tú?" Digo esto mientras la recorro con la mirada de arriba abajo, luego me doy media vuelta y me voy tratando de mantener la cabeza en alto. Necesito salir ya de aquí.
He pasado los últimos cuatro años extrañando a Lizzie pero en este momento lo que más deseo es poder alejarme de ella. Su recuerdo me persiguió desde que la vi por última vez en el ferry que se la llevó lejos de mí pero ahora su presencia me atormenta. Quisiera tomarla en mis brazos y llevarla conmigo pero también quisiera irme y no volverla a ver. O mejor, no haberla vuelto a ver.
Me llevó mucho tiempo rearmar mi vida después de lo de mis padres y otras cosas más pero al volver a ver a Lizzie siento que todo se desmoronará como si se tratara de un castillo de naipes. Sé que logré llegar hasta aquí relativamente entero como para ponerme al frente de la empresa y mantener la fuerza suficiente para cuidar de mi hermana a costa de endurecer mi corazón pero nadie puede culparme, estaba solo, completamente solo, y fue el único modo que encontré.
Charles intenta que me acerque a ella diciéndome lo bella, inteligente y divertida que es. ¿Cómo si necesitara que alguien me lo recordara? Yo la conocí primero, yo la conquisté, yo le hice el amor, yo dormí entre sus brazos, yo la hice reír… Así que no necesito que nadie me diga lo perfecta que es. Obviamente le contesto como el idiota que soy y puedo ver que lo ofendí. Por un momento siento unos celos terribles pero enseguida recuerdo que él está realmente enamorado de Jane y que lo que siente por Elizabeth es un amor fraternal casi más intenso que el que siente por su propia hermana y me maldigo por lo bajo. Lo hice otra vez. Me cuesta entender por qué Charles me sigue aguantando, debe ser una especie de santo.
Nos reunimos todos para despedirnos y cuando Lizzie se acerca veo que está muy seria, me mira por un segundo y luego desvía la mirada y se pone a hablar con su hermana.
"¿Trajiste el auto Lizzie?"
"No, supuse que iba a beber."
"Yo te llevo" dice alguien y recién cuando todos se dan vuelta a mirarme me doy cuenta de que fui yo. Lizzie se queda muda y Charles se apresura a decir que él y Jane la llevarán, antes de poder insistir siento que Caroline se cuelga de mi brazo.
"Llévame a mí Darcy por favor, yo tampoco traje mi auto." ¿De dónde habrá sacado que hacer pucheros y hablar como una niña es sexy?
Pero no me queda otro remedio así que me empiezo a despedir y de repente siento un vacío en el pecho sólo de pensar que volverá a alejarse de mí. La miro pero ella me ignora. Me dirijo a Jane y con la excusa de querer felicitarla una vez más le doy un beso, luego me acerco a Lizzie y me agacho hasta quedar a su altura para hacer lo mismo, su increíble aroma me inunda y el roce de su piel sobre mis labios me causa una sensación que hace que mis rodillas se aflojen. ¿Cómo puede ser que esta delicada mujercita me sacuda de esta manera? Mi único consuelo es sentir que ella tiembla ante mi contacto, está tan afectada como yo.
Quería decirle que quiero verla a solas, que tenemos que hablar… que la extrañé, pero las palabras se me quedan atragantadas y lo único que consigo es mirarla a los ojos para tratar de transmitirle todo lo que siento. Ella suaviza su mirada y entonces sé que lo entiende y que hablaremos, ya llegará el momento.
Caroline nos apura y nos encaminamos todos al estacionamiento donde Charles las ayuda a Jane y a Lizzie a entrar en su auto con un gesto protector, antes de meterse en el asiento del conductor me lanza una mirada de advertencia. Genial, está enojado. Tiene razón. Le pido disculpas en silencio y él asiente, como siempre, pero sé que se está cansando de mi mal humor. Ayudo a Caroline a subir al auto y mientras salimos a la calle intento captar aunque sea una imagen fugaz de Lizzie pero Charles se mete en medio del tránsito demasiado rápido y la pierdo de vista. Una vez más.
"¿Quieres subir?"
¿Ya llegamos? No recuerdo haber llegado hasta aquí pero estamos frente al edificio donde vive Caroline.
"No, gracias", le respondo y salgo del auto para abrirle la puerta. Dejo que me dé un beso de despedida y espero a que el portero le abra para irme.
Cuando llego a mi departamento miro alrededor. Es amplio y abierto, todo era de madera, metal, vidrio y cuero, muy moderno y funcional, pero era… aséptico. ¿Siempre había sido tan frío? No sé por qué me lo pregunto ahora, hace más de dos años que vivo aquí y es perfecto para mí. Pero sí sé por qué me lo pregunto. Lizzie. Otra vez ella.
Me sirvo un trago y voy a mi escritorio. Dormir está fuera de discusión, tengo claro que estaré despierto hasta bien entrada la noche. Enciendo la computadora para trabajar un poco pero después de haber contestado un par de mails no puedo resistir la tentación y entro a Facebook. Nunca me interesaron estas cosas pero sabía que Georgiana (y millones de personas más en el mundo) lo usaban para encontrar amigos y en el afán de encontrar a Lizzie abrí una cuenta hace años. Increíblemente pude anotarme simplemente como "Will" y como imagen de perfil subí una foto que Lizzie me había tomado en el velero, completé los datos llenando todos esos tontos casilleros con mis gustos y aficiones eligiendo cada palabra para que sirviera de pista si ella me buscaba. Luego me dediqué a buscarla pero lo único que sabía era su apodo y hay miles de Lizzies en Facebook así que, al principio cada día y más tarde cada semana, revisé los perfiles, uno por uno, de todas esas chicas pero nunca la encontré. No me limité sólo a Facebook sino que busqué en todas las redes sociales, siempre sin éxito. Lizzie, Elizabeth como siempre supuse que se llamaba, era una tradición en Inglaterra. Ese fue mi mayor escape durante la convalecencia de mi madre pero cuando ella murió me pareció una frivolidad y decidí dejarlo así. El destino había querido que nos encontráramos pero también que nos separáramos.
Esa noche lo volví a intentar. Abrí Google y escribí las palabras mágicas… "Elizabeth Bennet". 0,25 segundos después su vida apareció ante mí. Primero miré su perfil en Facebook y no pude evitar sonreír al ver que aunque estaba inscripta con su nombre completo tenía un mensaje que decía "Soy Lizzie" y su foto era una que yo mismo le había tomado el día que nos conocimos. Estaba preciosa con su blusa bordada, el cabello al viento y esa sonrisa cautivadora, aunque no necesitaba ver la foto para recordarla porque está grabada en mi mente y en mi corazón. Durante las siguientes tres horas leo cada dato que puedo encontrar y me asalta un ridículo orgullo al ver que se graduó con honores, que ganó una beca para hacer el doctorado en la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Económicas de Francia (por eso vivió en París dos años), que da clases en la universidad y que, además, está al frente de la editorial de la familia junto con una señorita Lucas. Siempre supe que era inteligente pero me asombra un poco saber cuánto. Luego veo sus fotos, cientos de fotos, Lizzie en su graduación, Lizzie con Jane y algunas chicas más, Lizzie… no, Elizabeth Bennet dictando una conferencia, recibiendo un premio, dando una nota, con sus alumnos, sus colegas, con… un hombre rubio un una, dos, tres, diez fotos. ¿Quién diablos es? ¿Será el tal Charly que mencionó? Vuelvo a mirar todas las fotos en las que está con él, al parecer en París, pero Charles me dijo que estaba sola. Al menos ahora. ¿Habrán sido pareja alguna vez?
Cierro la máquina con brusquedad, si sigo con esto me voy a volver loco.
"William, bienvenido. ¿Tuviste buen viaje?"
"Sí James, gracias. Me alegro de estar en casa", le contesto mientras juego con Castor y Pólux que, como siempre, corrieron a recibirme.
Lo que dije es cierto, Pemberley es mi casa, mi hogar, y detesto no poder pasar aquí tanto tiempo como quisiera.
James administra la propiedad en mi ausencia y en realidad también cuando yo estoy porque su familia Sullivan lleva generaciones con los Darcy. El padre de James trabajó para el mío y luego le dejó el puesto a su hijo que, cuando mi padre murió, siguió trabajando para mí. James y su esposa, la señora Jenkins que es el ama de llaves, son los verdaderos sostenes de Pemberley y nuestra mano derecha en lo que se refiere a esta propiedad aunque más bien son parte de la familia, para Georgie y para mí son como unos tíos.
Como ya es bastante tarde tengo que desistir de salir a cabalgar como había planeado aunque realmente necesito el ejercicio, entre mi reencuentro con lIzzie de la noche anterior y mi reunión de esta mañana con los Jefes (como llama mi primo Richard a su propio padre Frederick Matlock y a nuestro tío Edmund de Bourgh) siento que me va a estallar la cabeza. Aun así hago un esfuerzo y me reúno con James para revisar asuntos pendientes y delinear el trabajo para las próximas semanas.
Paso todo el día siguiente recorriendo los campos a caballo y por un momento me siento feliz pero pasado un rato vuelvo a pensar en Lizzie sin cesar y me hundo en la melancolía. Me la imagino cabalgando a mi lado supervisando las plantaciones, conversando con los trabajadores y los campesinos, acompañándome a visitar los tambos y los corrales, descansando abrazados a la sombra de un árbol, jugando con mis perros, conversando con Georgiana en el salón de la casa, corriendo por los pasillos de Pemberley mientras yo la persigo porque ya no puedo pasar ni un minuto más sin hacerle el amor… ¡Diablos! Me estoy volviendo un estúpido. Porque, desde que la vi no puedo dejar de pensar en ella pero ¿estará ella pensando en mí? O estará con ese tipo, o divirtiéndose con amigas por ahí.
El lunes, mientras conduzco de vuelta a Londres tomo una decisión.
"Odio los lunes", me dice Maddie Gardiner con voz de dormida cuando entro a la sala de profesores el lunes por la mañana.
Normalmente habría coincidido con ella pero después de haber pasado todo el fin de semana pensando única y exclusivamente (y obsesivamente) en William Darcy, la llegada del lunes me parece una maravilla.
"Pues yo me alegro, hoy tengo ganas de dar clase."
"Tú nunca tienes ganas de dar clase los lunes Lizzie, ¿necesito recordarte que la de hoy la compartes con Collins?", me pregunta mirándome extrañada.
Ahí me tiene. Me había olvidado del inefable William Collins a quien me endilgaron, literalmente, porque él está haciendo sus prácticas y al rector le parece que soy la mejor para ayudarlo.
"¿Tenías que hacerme acordar? Yo que venía tan contenta…"
"¿Contenta de venir a trabajar un lunes y compartir tres horas de clase con Collins? Dime ya mismo que te pasa."
La miro como diciendo "nada" pero no me cree porque me conoce demasiado bien. Madeleine, aunque es unos años mayor que yo, es una de mis mejores amigas y mi consejera tanto en lo académico como en lo personal porque es una de las personas más sensibles y centradas que conozco y junto con su esposo Edward son mi modelo de pareja.
"Está bien. No tuve mi mejor fin de semana", admito.
"¿Algo serio?"
"No, serio no pero me sacudió un poco."
"¿Un hombre?"
"Obvio."
"Ay, ay, ay… fueron creados para volvernos locas."
"Tú no te puedes quejar Maddie, Ed es un santo."
"Lo que no quiere decir que no me vuelva loca."
Antes de que pueda responder suena mi teléfono y respondo aunque no conozco el número.
"¿Hola?"
"¿Elizabeth Bennet?"
"Sí", respondo con voz temblorosa porque reconozco esa voz profunda.
"Soy William Darcy… Will", me responde él y mi corazón se saltea un par de latidos.
"Hola"
"Hola… Eh… ¿Interrumpo algo, estás ocupada?"
"Tengo unos minutos. Dime."
"Tenemos que hablar."
"Claro."
"¿Puede ser hoy?"
"Sí, pero tengo clase hasta las 7."
"Te paso a buscar 7.30 ¿Te parece bien?"
"Está bien."
"Bien. Gracias Liz… eh… Elizabeth. Hasta luego."
"Adiós."
"Lizzie, ¿estás bien?", me pregunta Maddie al ver que me quedo mirando el teléfono como una tonta.
"Sí, estoy bien. Me pasa a buscar esta tarde."
"¿Quién? ¿De qué hablas?"
"¿Eh? Nada, de nadie. Te dejo Maddie, llego tarde a clase. Luego te llamo."
Me voy corriendo hacia el aula mientras agradezco tener compañía en la clase, aunque más no sea de Collins, porque sé con certeza que mi cabeza va a estar en otro lado.
Bueno, por fin actualicé. Gracias, como siempre, por la lealtad, la paciencia y los comentarios.
Tal vez en este capítulo Darcy les haya parecido un poco blando, por llamarlo de alguna manera, pero él la pasó muy mal en los cuatro años que pasó lejos de Lizzie (ya iremos sabiendo más de eso) y volverla a ver lo lleva a replantearse muchas cosas y, sobre todo, a darse cuenta de lo solo que está.
Pasando a otro tema, a aquellas que sigan Simplemente Lizzie y Darcy les digo que espero poder actualizar pronto (relativamente) y les pido que voten la encuesta que está en mi perfil para decidir qué será el bebé de Elizabeth y Fitzwilliam.
Ah… y no se olviden de chequear mi tablero en Pinterest. El link está en mi perfil.
