Intuición de hermanas
"Buenos días." La voz de Jane me sorprendió en cuanto salir de mi habitación para ir a desayunar.
"¡Jane! ¿Qué haces levantada tan temprano?" Eran las siete y media de la mañana y Jane nunca se levantaba antes de las diez cuando estaba de vacaciones, menos si estaba con Charles.
"Tengo algo que hacer. Después te cuento."
No tuve tiempo de preguntarle nada más porque enseguida llegamos a la cocina y, como cada mañana de los 4 días que llevábamos en Netherfield, Will ya estaba allí.
"Buenos días, Lizzie, ¿Jane?"
Miré a mi hermana con cara de "ves que es raro que estés levantada tan temprano" pero ella sólo se encogió de hombros y encendió la pava eléctrica para hacerse un té. Will me sirvió a mí una taza de café negro, la suya ya estaba a medio tomar, y luego puso unas rodajas de pan en la tostadora, yo le alcancé el jamón y el queso de la heladera mientras sacaba el yogur que volqué en dos recipientes a los que luego agregué un poco de miel, almendras e higos secos cortados en trocitos. Le pasé un bol a Will que me agradeció alcanzándome un plato con una tostada untada con un poco de manteca, unas fetas de jamón y un trozo de queso feta que habíamos comprado en el mercado del pueblo. Con todo listo nos sentamos cada uno en su banqueta favorita frente al desayunador, él cerca de la cafetera y yo, enfrente suyo, cerca de la ventana que daba al jardín.
"Jane ¿quieres algo de leer?", le pregunté mientras le pasaba a Will la sección de economía y finanzas y yo me abocaba a política pero cuando levanté la vista vi que Jane nos miraba con una sonrisa de sabelotodo que le había visto pocas veces en la vida. "¿Qué pasa Jane, estás bien?"
Antes de que pudiera responder apareció Charles con una remera arrugada, el cabello revuelto y una adorable cara de dormido. Nos miró a nosotros, se sirvió café, se sentó, le robó a Will la tostada, luego miró a Jane y le dijo: "Me lo perdí ¿verdad?"
"Sí pero tranquilo, estoy segura de que se repetirá mañana", contestó Jane mientras se sentaba a su lado y le daba un amoroso beso en el brazo que me dio una envidia tremenda y repentina. Llevaba cuatro años viendo el amor que se tenían Jane y Charles y nunca me había sentido así. De repente, un gesto de afecto casi insignificante, me hizo añorar tener lo mismo alguna vez.
"¿De qué hablan?", preguntó Will quitándome las palabras de la boca.
"Nada, tonterías nuestras", respondió Jane y como ella y Charles tenían miles de momentos de complicidad no nos extrañó esa explicación y el desayuno siguió con normalidad. Bueno, hasta que Caroline hizo su entrada triunfal.
El tiempo había estado muy lindo toda la semana, la casa era fabulosa y tenía una piscina impresionante, así que solíamos desayunar relativamente temprano (Will y yo muy temprano, los demás no tanto), después subíamos a cambiarnos y bajábamos a la piscina nuevamente. Desde mi llegada el sábado, y mi cruce con Maléfica, me había quedado más que claro que Caroline quería conquistar a Will, fuera como fuera. Lamentablemente para ella también me quedó claro que el interés era sólo de su parte y que Will encontraba sus intentos de conquista bastante patéticos. La colección de trajes de baño, por ejemplo. A las mujeres nos encanta la ropa, eso no es ninguna novedad, algunas son más fanáticas que otras, algunas disponen de más presupuesto para gastar, otras estamos más limitadas, todas usamos la ropa para reflejar nuestra personalidad o nuestro estado de ánimo, para sentirnos mejor, para impresionar, para enamorar, para atraer, para conquistar, y está muy bien pero lo de Caroline era ridículo. No había repetido prendas ni una sola vez, se cambiaba varias veces al día y cada conjunto era más escandaloso que el anterior. Solíamos bajar a desayunar en ropa de dormir (Netherfield tenía varios empleados pero por pedido de Charles no aparecían hasta la hora del almuerzo e incluso así se comportaban con mucha discreción) que generalmente era sencilla y discreta, la de todos menos la de Caroline que ya nos había mostrado la colección primavera-verano de La Perla (Victoria's Secret era poco para ella), divina obvio pero ¿hacía falta? estaba con su hermano y su futura cuñada. Bueno, también estábamos Will y yo y creo que el desfile era para nosotros. Por razones muy distintas, claro. La exhibición seguía con los trajes de baño, divinos otra vez aunque un poquito demasidao chiquitos y totalmente inadecuados para unas vacaciones en familia. Además no usaba sólo un modelo por día ¡no! usaba uno a la mañana, otro por la tarde y otro distinto si volvíamos a la piscina a la noche. Además tenía túnicas y batas, sandalias de todo tipo, siempre con tacos altísimos, varias gafas de sol, bolsos (¡bolsos! ¡para bajar a la piscina de su propia casa!), ropa de mañana, ropa de tarde y ropa de noche. Con razón trajo tantas valijas. Era extenuante.
A todo esto yo había aceptado que Will me gustaba tanto o más que antes y que tenía deseos de volver a estar con él, pero también, en gran parte gracias al comportamiento lamentable de Caroline, había decidido que no iba a perseguirlo. De ninguna manera, tengo mi orgullo. Si él no quería saber nada conmigo pues qué lástima, peor para él.
Ahora, eso no significa, de ninguna manera, que voy a dejar de mostrar mis encantos (¡Ja! Qué modesta ¿no?) sólo porque a él lo puedan llegar a perturbar. Después de todo es verano, hace calor, hay piscina y me encanta el agua entonces, bueno, yo también desfilé mis modelitos de bikini y mis pijamitas por la mañana, mucho más discretos que los de Caroline, por supuesto, y pero no menos encantadores y más de una vez descubrí a Will mirándome… encantado.
En fin, volviendo a Caroline, como cada mañana acaba de aparecer con su modelito del día y se instaló al lado de Will, innecesariamente cerca me permito agregar, le ronroneó que le sirviera un té y le robó una cucharada del yogur que ¡yo! le había preparado, lamiendo la cuchara con supuesta sensualidad. Puaj. Me salvó del asco la risita contenida de Charles cuando vio que Will miraba el yogur con una expresión de disgusto y lo ponía delante de ella con un: "Puedes terminarlo, no quiero más."
"Toma Lizzie, ya lo leí", me dijo Will mientras me pasaba el suplemento de economía y yo le alcanzaba el que acababa de terminar.
"William, leer el periódico todas las mañanas no es descansar", le dijo Caroline con tono de novia preocupada. Sólo le faltó agregar 'cariño'.
"No puedo desconectarme completamente, la empresa no se maneja sola", respondió él con cara de pocos amigos.
"En eso tiene razón Will, tú nunca descansas", intervino Charles preocupado.
"Trabajas demasiado y no te tomas unas verdaderas vacaciones desde… bueno, desde hace años", insistió Caroline y al tono quejumbroso le agregó un puchero de sus labios botoxeados.
"Es verdad Will", insistió Charles, "desde que te tomaste ese medio año sabático hace cuatro años que no tienes un descanso real."
"Mi punto exactamente. Nunca debí haber hecho aquel viaje", respondió Will bruscamente.
"No digas eso amigo, sabes que no es así", le refutó Charles con suavidad.
Jane me miró como preguntándome si entendía de que estaban hablando, yo negué levemente con la cabeza porque realmente no sé a qué se refieren pero esas palabras fueron como un puñetazo en la boca del estómago. 'Nunca debí haber hecho aquel viaje' ¿Lo decía por mí? Espero que no y, de hecho, sospecho que no. Sé que algo muy malo pasó en la vida de Will hace años, algo relacionado con sus padres creo. ¿Habrá sido en esa época?
"Lizzie, ¡te publicaron otro artículo! No me habías dicho nada", exclamó Jane de repente quitándome el periódico de las manos. Eso sirvió para disipar la tensión del momento y atraer la atención de todos hacia mí lo que me hizo sonrojar.
"¿Qué artículo, de qué hablas?", preguntó Charles curioso.
"A Lizzie le publicaron ya cuatro columnas para el Times este año y otras tantas en La nueva economía y algunas otras revistas", aclaró Jane con orgullo y yo me puse todavía más colorada.
"Es grandioso Lizzie, ¡te felicito!"
"Gracias Charles, no es nada", en realidad era un montón pero me da vergüenza hablar de eso.
"¿De verdad publicas en el Times?", dijo Will con una mezcla de asombro y respeto que me llenó el corazón. "A ver ¿cuál es?" Jane le alcanzó el periódico y Will exclamó: "Lo leí. ¡Es fabuloso! Aguarda… ¿tú eres EB?", yo asentí ¿me ha leído antes? "Siempre leo tus artículos, son excelentes. ¿Por qué no firmas con tu nombre? Ni siquiera sabía que EB era mujer." Will me miraba con tanta admiración y orgullo que me enamoré un poquito más de él (porque sí, sigo enamorada de él ¿ya dije que lo había reconocido, no?).
"No fue mi intención ocultar mi identidad ni mucho menos mi sexo pero el editor de la primera revista que me publicó me pidió un seudónimo y no se me ocurrió nada más que mis iniciales. El artículo tuvo aceptación y me llamaron de otras publicaciones y seguí firmando así."
"En realidad le divierte ver la reacción de los demás cuando se enteran", agregó Jane que hoy estaba aportando demasiada información sobre mí.
"Pues yo creo que es un descrédito para el género femenino hacerse pasar por hombre. Además es un engaño y eso es inaceptable ¿verdad William? William no tolera los engaños." Y tú tienes que recordárselo porque él solito no puede ¿no, Caroline?
"Es verdad que no tolero los engaños pero creo que puedo comprender el dilema de Elizabeth." ¿En serio? "Las mujeres aún no son debidamente reconocidas en ciertos ámbitos profesionales y se las prejuzga por su género sin darles oportunidad de demostrar cuánto valen."
"¿Pero tú aceptarías que Georgiana firmara sus novelas con un seudónimo, ocultando su nombre y, peor aún, haciéndose pasar por hombre?" Lo que yo me pregunto es qué diablos le importa a Caroline lo que yo hago con mi carrera profesional.
"No. Realmente no", admitió Will y volvió a lo que estaba leyendo.
"Georgiana, la hermana pequeña de Will, quiere ser escritora y está en la Sorbona estudiando letras. ¿Tú no la conoces, verdad Eliza?"
"No Caro, no la conozco."
"Cierto, qué pena. Bueno, Georgiana es la muchacha más linda, discreta, delicada, inteligente y educada que conozco. Tiene todas las cualidades que William admira en una mujer ¿no es verdad?"
"Claro, estoy seguro de que Will se enamoraría de ella si no fuera su hermana." Ja, ja, ja, me encanta cuando Charles se burla de ella.
"Ay, no seas bruto. Lo que digo es que William necesita una mujer como ella. Hermosa, sin dudas, pero de una forma delicada y fina, nada chabacano ni ostentoso." Primera razón por la que tú no estás en la lista. "Además tiene que ser discreta y llamar la atención por su serena elegancia y nunca por su comportamiento. Debe ser educada por supuesto, pero en materias propias del género femenino como la literatura y no en profesiones netamente masculinas como… la economía."
"¿Entonces te parece que Will debería casarse con un jarrón?" Lo siento, no me pude contener. "Delicada, discreta, elegante, serena… suena más a pieza de porcelana que a persona de carne y hueso."
"¿Ah sí? ¿Y cómo te parece que sería la mujer ideal?"
"En primer lugar no creo que exista una mujer ideal. Existe la mujer ideal para alguien, como existe el hombre ideal para alguien, y no hay recetas ni "check lists" para eso. Puede ser linda o fea, inteligente o despreocupada, educada o frívola, no importa si para Will o cualquier otro es LA mujer."
"¿Acaso estás diciendo que una no tiene que refinarse y prepararse? Me extraña viniendo de ti Eliza que eres tan… preparada. Seguramente William no querrá eso para su hermana ¿verdad?"
"No, definitivamente no quiero eso para mi hermana", respondió Will interviniendo por primera vez en nuestra conversación y que me cuelguen si no es diversión lo que veo en sus ojos.
"Por supuesto que es mejor, para mujeres y hombres, refinarse y prepararse pero no hay que perder la personalidad en el proceso ni intentar ser otra persona. Y sí, lo digo yo, que firmo mis notas con un seudónimo que lleva a confusión. Porque yo Caro, como tú bien sabes, no soy perfecta."
Y con la satisfacción de quedarme con las últimas palabras me levanto y me retiro. A ver si un rato en la piscina me quita el dolor de cabeza que me dio esta pesada.
…
"Lizzie, ¿puedo pasar?"
"Claro Jane, pasa."
"Ay, me encanta ese bikini, te queda muy bien." Me había puesto un bikini color coral con un detalle trenzado en la espalda que usé el primer día aquí. Sé que me quedaba bien y sospecho que cierto caballero alto, de cabello oscuro y hermosos ojos azules también piensa que me queda bien.
"¿Querías algo Jane o sólo te diste cuenta de que llevas cuatro días abocada casi exclusivamente a tu futuro esposo e ignorando a tu querida hermana y pretendes recuperar el tiempo perdido?"
"Qué graciosa. En realidad vine a preguntarle a mi querida hermana por qué se empeña en ocultar que se siente atraída por el mejor amigo de mi futuro esposo."
"No sé de qué hablas." ¿Tan transparente soy?
"Vamos Lizzie. Te gusta y tú le gustas."
"No es cierto."
"Claro que sí. ¿Qué me dices del ritual del desayuno, sino?"
"¿El… qué?"
"No me digas que ni siquiera te diste cuenta, hasta Charles lo notó."
"No entiendo de qué hablas Jane, en serio."
"Cada mañana pasa lo mismo. Bajan temprano a desayunar, Will hace el café y las tostadas y tú le preparas un yogur con frutas secas y miel, después comparten el periódico como si supieran exactamente lo que al otro le gusta leer."
"¿De verdad hacemos eso?" Sinceramente no me había dado cuenta pero ahora que lo dice, es verdad.
"Sí, es fascinante."
"¿Por eso te levantaste tan temprano hoy?", ya me parecía que tenía que haber una buena razón. "Bueno, no sé, tal vez sea cierto pero tampoco es tan raro. A los dos nos gusta levantarnos temprano y evidentemente nos gusta lo mismo para desayunar", le digo encogiéndome de hombros.
"¿Yogur griego con higos y miel? ¿Cuántas veces encontraste dos personas a quienes les guste eso?"
¿A las que fueron a Grecia, tuvieron un romance inolvidable y se aferraron a cualquier cosa que les recuerde esos momentos tan felices?, pienso pero no lo digo. Obviamente.
"Como sea Jane pero si esa es tu razón para creer que entre Will y yo hay algo, me parece un argumento un poco débil."
"Tal vez pero la verdad es que tú estás todo el tiempo pendiente de él y a Will se le ilumina la mirada cada vez que te ve."
"¿Tú crees?" Ups. Se me escapó y ahora Jane me mira como si fuera la mañana de Navidad y yo fuera Papá Noel.
"¡Lo sabía! Lizzie, es fant…"
"Jane, no te entusiasmes. Pregunté de puro vanidosa, fue un acto reflejo." En cuanto las palabras salen de mi boca la mirada escéptica de Jane me dice que no me cree ni un poquito.
"Lizzie, es obvio que hay algo especial entre ustedes, no sé por qué te empeñas en negarlo."
"Jane, no." Este es uno de los momentos en que me hubiera gustado contarlo a mi hermana mi historia con Will, tal vez así ella entendería. Pero no lo hice y ahora tengo que mentirle. Una vez más. "Claro que me gusta Will, no estoy ciega, pero es sólo admiración física."
"Vamos Lizzie, ni tú te crees eso. William no es sólo atractivo, es inteligente, exitoso…"
"¡Jane Bennet! ¿Estás pensando en cambiar de novio?" Traté de hacer una broma pero a Jane no le causó gracia.
"Lizzie, algún día vas a tener que explicarme qué pasa contigo. Eres preciosa, amorosa, divertida, inteligente, querible, muchos hombres te admiran, más que eso, pero te empeñas en estar sola. Algo pasó en Grecia o cuando regresaste, no creas que no lo noté." Claro que te diste cuenta querida hermana, si me conoces más que yo misma. "Pero recuerda algo Lizzie, estar enamorados es la mejor sensación del mundo." Lo sé Jane, lo sé.
"Te quiero", le digo y la abrazo esperando que comprenda cuán cierto es eso. "Vamos a la piscina antes de que se vaya el sol, me parece que esta tarde se va a nublar."
"Hablando de días nublados deberíamos llamar a Lydia. Ayer me envió un mail, dice que en París hace una semana que no sale el sol y está aburridísima."
"¿Puedes creer que nuestra pequeña Lydia esté viviendo sola en París? Y bien además, tuvo unas notas fabulosas en la universidad y además consiguió trabajo."
"La verdad es que con lo salvaje que era de adolescente nunca pensé que se encaminaría."
Mientras bajamos a la piscina hablamos de Lydia, nuestra hermana menor, que para sorpresa de todos y luego de unos años más que difíciles mientras estuvo en la secundaria, no sólo obtuvo una beca en la Sorbona para cursar psicología sino que además obtuvo excelentes calificaciones y consiguió un trabajo de niñera durante el verano. Jane y yo estamos muy orgullosas de ella y aunque parezca contradictorio, la distancia nos ha unido a las tres como nunca antes. Lydia puede estar lejos físicamente pero está más cerca nuestro que nunca ahora que se comporta como la joven de veinte años que es y no como una adolescente rebelde.
Igual, todo pensamiento fraternal se esfuma de mi cabeza en cuanto salimos la jardín y me encuentro a Will sentado al borde de la piscina riendo por algo que dice Charles y de repente se me corta la respiración y me siento caliente, muy caliente. Después de cinco minutos en los que Jane y yo no podemos quitar los ojos de nuestros… ehm, de los hombres, reconozco que Charles también está muy bien aunque no sea mi tipo, ellos se dan cuenta de que estamos ahí. A Charles, como siempre, se le ilumina el rostro al ver a mi hermana y se olvida de su amigo y de mí y de todo lo que lo rodea, igual que ella. Es muy dulce verlos juntos aunque un poco empalagoso también. Will me mira a mí, me recorre de pies a cabeza, me devora con la mirada y por unos preciosos instantes veo la pasión en sus ojos, que no sólo no ha muerto sino que es aún más intensa que antes. Pero enseguida endurece su rostro y sin decir ni una palabra se da vuelta y se sumerge en lo profundo.
Bueno, parece que hoy me piensa ignorar. Como quiera. Yo pienso aprovechar este precioso día así que me acomodo al lado de una reposera al borde de la piscina, me quito el short y la camiseta y me pongo protector esparciéndolo lenta y cuidadosamente en toda mi piel. El sol está terrible y no me quiero quemar.
¿Lizzie tenía que ponerse otra vez ese bikini que le queda tan bien? ¿Y acaso está intentando provocarme poniéndose el bronceador de esa manera haciéndome desear que esa mano que recorre su suave piel sea la mía?
"¡Ouch. Me pegaste Charles!"
"No te pegué Will, te arrojé la pelota. Yo no tengo la culpa de que estuvieras distraído mirando a Li… ¡Hey, me pegaste!"
"No te pequé Charles. Te arrojé la pelota. ¿Vienes a jugar o no?"
Charles vuelve a la piscina y preparamos la red para jugar watervoley pero Charles no deja de mirarme con una expresión sospechosa. Sabe que me descubrió babeándome por Lizzie y yo sé que no lo va a dejar pasar. Creía haber hecho un buen trabajo disimulando lo que siento por ella pero parece que no fue así. Esta mañana me hizo unos comentarios rarísimos sobre el desayuno y que Lizzie y yo parecíamos tener los mismos gustos y no sé cuántas tonterías más pero la verdad es que desde la primera mañana que pasamos aquí en Netherfield el desayuno se convirtió mi momento preferido del día, sólo entonces puedo estar un rato a solas con ella. Me encanta verla cada mañana tan increíblemente bella sin siquiera buscarlo, me encanta que a pesar de todo se sienta lo suficientemente cómoda conmigo como para bajar en pijama y me encanta que me prepare el yogur como a mí me gusta y me ceda la sección de finanzas porque sabe que me gusta leerla primero que nada. Y para colmo hoy me entero de que Lizzie es la persona detrás de las columnas que me he aficionado a leer en los últimos meses, lo que me hace admirarla aún más.
Si no fuera tan cobarde, si no tuviera tanto miedo de abrir mi corazón y volver a sufrir, la próxima vez que la viera aparecer en la cocina con el cabello revuelto y los ojitos medio cerrados por el sueño, la tomaría entre mis brazos y la arrastraría a mi habitación donde pasaría todo el día haciéndole el amor. Pero soy cobarde y no me animo pero tampoco me quiero alejar y por eso estoy aquí, sufriendo la tortura de verla todos los días, tan cerca y tan lejos a la vez. Debo ser masoquista.
"¡Ay Charles, me empapaste! Mira cómo me dejaste."
"Si no te hubieras sentado tan cerca no te habrías mojado, ¿no ves que estamos jugando?"
"No entiendo por qué sigues arrastrando a William con tus juegos infantiles."
"Y yo no entiendo por qué sigues pretendiendo saber qué es lo que Will quiere o no quiere hacer. Si él no hubiera querido jugar me habría dicho que no, así que mejor vuelve a tu revista de modas y aléjate un poco si no quieres mojarte."
Menos mal que Charles sabe que su hermana no me interesa ni me interesará nunca y la mantiene alejada de mí todo lo que puede pero en ocasiones como esta resulta difícil. Si no la apreciara tanto por ser la hermana de mi mejor amigo y porque la conozco hace tantos años sería más duro con ella pero la verdad es que siento lástima. Caroline es hermosa, a su manera, seguramente hay un hombre por ahí perfecto para ella pero está tan obsesionada conmigo que no permite que nadie más se le acerque. Vamos, si ni siquiera se da cuenta de que todos sus esfuerzos por seducirme usando ropa insinuante y haciéndose la sexy la dejan muy mal parada al lado de la frescura y la naturalidad de Elizabeth.
"Gracias Charles", le digo disimuladamente en cuanto veo que Caroline se aleja un poco.
"Sabes que sería mucho más fácil alejarla de ti si estuvieras con alguien ¿verdad?"
"¿Otra vez con eso Charles?"
"Pues sí. No sé por qué te empeñas en seguir sólo. Eres uno de los solteros más codiciados del país, sobre todo ahora que William se casó con Katherine…"
"¿Me estás comparando con el príncipe?"
"¿Por qué no? si hasta eres más atractivo que él."
Apenas termina de decirlo se lanza encima de mí, me abraza e intenta besarme. Mientras lucho para sacármelo de encima siento los gritos indignados de Caroline pidiéndole a su hermano que me suelte pero luego empiezo a escuchar la risa cristalina de Lizzie y Jane y al final me animo a reírme yo también. Después de un rato salgo de la piscina todavía muerto de risa mientras veo que Charles intenta arrastrar a Jane al agua a pesar de sus protestas.
"Es muy bueno verte reír así." Giro la cabeza en dirección a Lizzie que me mira con una sonrisa dulce en los labios, luego se levanta de la reposera pasa por al lado mío y se arroja a la piscina. "¿Varones contra mujeres?", pregunta tomando la pelota y mirándome desafiante.
"¿Un desafío señorita Bennet?", pregunta Charles divertido.
"Doctora Bennet para usted. Y sí, es un desafío ¿aceptan?"
"Por supuesto", respondo yo sorprendiéndolos a todos y vuelvo a meterme en la piscina. "Pero no tendremos contemplaciones señoras."
"Ven aquí Jane, vamos a darle una lección a estos dos", dice Lizzie haciéndose la seria pero sus ojos brillaban de alegría.
Jugamos durante unos veinte minutos hasta que Jane y Charles dicen que prefieren jugar juntos y entonces quedan ellos contra nosotros (no puedo evitar sentir algo especial al asociar la palabra nosotros a Lizzie y a mí) y resulta que hacemos una excelente pareja, de watervoley al menos, y somos tan competitivos que terminamos dándole una paliza a la parejita feliz. El buen clima sigue durante el almuerzo y nos divertimos tanto que hasta me olvido de la pesada de Caroline que no deja de revolotear a mí alrededor pero después de un rato se vuelve insoportable y decido aprovechar la tarde nublada para dar una vuelta en la motocicleta que Charles tiene guardada en el cobertizo. La compró cuando empezó la universidad y la usó durante toda la carrera pero cuando empezó a trabajar tuvo que dejarla aunque nunca pudo desprenderse de ella y la guardó en el campo. Cuando estoy por alejarme de la casa veo a Elizabeth sentada bajo un árbol leyendo, parece que ella también quiso escapar de la casa. El ruido del motor la hace mirar en mi dirección así que disminuyo la velocidad y me acerco a ella.
"¡Qué buena motocicleta! ¿Es una Harley, verdad?", pregunta mientras se acerca y la acaricia con la yema de los dedos. Preferiría que me acariciara a mí.
"Sí, es de Charles."
"No sabía que tuviera una moto."
"Dejó de usarla cuando terminó la facultad pero era su gran orgullo, se pasaba horas reparándola y dejándola brillante. A las chicas les encantaba, le debe más de una conquista."
"Uh, mejor no se lo contemos a Jane. ¿Se la pediste prestada alguna vez o tenías la tuya?" Si me descuido pensaría que está coqueteando conmigo.
"Nunca tuve moto, nunca me hizo falta." Sueno engreído, lo sé, pero me encanta.
"Por supuesto", responde y se da vuelta para irse.
"¿Aprendiste a andar alguna vez?", le pregunto intentando que no se aleje de mí. Niega con la cabeza y le digo: "¿Quieres que te enseñe?"
"¿En serio?", me pregunta con los ojos abiertos como una niña a la que le prometen una nueva muñeca. "¿Es segura?"
"Claro, ya está un poco vieja y no es tan potente como las de ahora. Además yo estaré contigo." Bajo de la moto y le tiendo la mano para ayudarla a montarse en ella, le explico cuáles son los comandos y pedales después me subo detrás de ella. "Iremos juntos primero, tú manejarás los pedales pero yo te ayudaré con el manubrio hasta que le tomes la mano. Ten cuidado porque los dos vamos sin casco. ¿Lista?"
"¡Lista!", dice Lizzie con una enorme sonrisa y se remueve excitada en el asiento sin darse cuenta de lo que ese movimiento de su precioso trasero contra mi entrepierna me hace a mí.
"Bueno, arranca. Y no te muevas tanto."
En los dos primeros intentos casi nos vamos para atrás pero a la tercera vez Lizzie consigue arrancar y al cabo de unos minutos conduce con bastante soltura. Mientras andamos voy dándole algunas indicaciones pero lo hace muy bien y casi sin darnos cuenta abandonamos la propiedad y tomamos un camino secundario para llegar al pueblo. Yo quisiera que este viaje durara para siempre, adoro sentir el calor de su cuerpo contra el mío, sentir sus muslos firmes y suaves a la vez entre los míos, su cabello acariciándome el rostro, y confieso que aprovecho cada oportunidad para rozarla, tocarla, apretarla. Un par de veces la siento tensarse, seguramente dudando si ese contacto tan cercano entre nosotros es realmente necesario, pero en seguida se relaja y se apoya todavía más en mí, buscándome ella también.
Nos detenemos en una gasolinera porque quiero devolverle la moto a Charles con el tanque lleno y Lizzie entra a comprar algo para beber. Cuando me acerco a la caja para pagar la gasolina la encuentro frente a una pequeña góndola de maquillajes con dos frascos de esmalte de uñas en las manos, uno rojo y otro violeta.
"Rojo", le susurro al oído y veo con satisfacción como se le erizan los pelos de la nuca.
"Aburrido", me contesta.
"Sexy", afirmo yo y juraría que de su garganta sale una exclamación pero no me mira y yo sigo hacia la caja y luego vuelvo a salir. Ella sale un par de minutos después y se sube detrás de mí en la moto. Volvemos a la casa en un silencio roto solamente por el silbido del aire a nuestro alrededor y el tuntún, tuntún de mi corazón.
…
"¡Hermanito! ¡Estás bronceado! Me encanta ese color."
"¿Cómo que hermanito? Habrás crecido querida pero la pequeñita de la familia sigues siendo tú."
"Will… ¡Tengo veinte años!"
Veinte años. No puedo creer como pasa el tiempo. Me parece que fue ayer cuando mamá y papá me anunciaron que iba a tener una hermana y ahora me encuentro hablando por Skype con ella porque está en París estudiando psicología, viviendo sola y ¿con novio? Espero que no aunque si aún no tiene sé que no pasará mucho tiempo, Georgiana es toda una belleza con su cabello oscuro, su piel de porcelana y sus enormes ojos azules. Debe tener decenas de admiradores. Ugh, mejor pienso en otra cosa.
"¿Qué pasó Will? De repente te pusiste triste."
"Triste no Georgie, sólo estaba pensando. Pero dime ¿cuándo vienes?"
"De eso quería hablarte. Unos amigos me invitaron a pasar unos días en Grecia y realmente quiero ir. A ti te gustó tanto que sé que me va a encantar. ¿No te molesta si retraso mi vuelta un par de semanas no?" Georgie usa todo su arsenal de morisquetas para convencerme y lo logra pero no voy a reconocérselo enseguida porque necesito saber quiénes son esos amigos.
"¿Qué amigos? ¿Los conozco? ¿Son sólo chicos, no hay chicas?"
"Ya sabía que te ibas a poner en investigador así que te voy a contestar Sherlock."
Me cuenta entonces que son unos compañeros suyos de la universidad, cuatro chicos y tres chicas, unos son unos ingleses cuyas familias conozco y también hay franceses, españoles y un italiano. Le digo que se cuide del italiano, todo el mundo sabe que son unos casanovas. Promete enviarme los datos completos de cada uno y también el itinerario del viaje. Preferiría tener más control sobre ella pero no puedo ni debo, ya es grande mal que me pese y tiene que hacer su camino.
"Asegúrate de ir a Santorini, te va a fascinar."
"Sí, ya lo tengo en la lista. Recuerdo que fue el lugar que más te gustó. Gracias por dejarme ir", me dice con esa vocecita dulce que siempre fue mi perdición.
"Ambos sabemos que no podría impedírtelo tampoco."
"Aun así te agradezco que siempre apoyes lo que quiero hacer."
"Para eso está la familia", le digo y cuando nos miramos a los ojos los dos reconocemos la añoranza por lo que perdimos en la mirada del otro.
"Cuéntame tú como lo estás pasando en Netherfield."
"Muy bien, estoy descansando bastante y la estoy pasando bien. Tranquilo, aquí no hay mucho que hacer pero la propiedad es fabulosa, tú ya la conoces, y la compañía es grandiosa así que…"
"¿Qué, Caroline no fue?"
"¿Perdón? Me pareció escuchar un comentario sarcástico por ahí."
"Bueno, nunca antes habías dicho que la compañía era grandiosa si Caroline estaba entre ella. Por favor no me digas que al final te conquistó."
"No me conquistó ni me va a conquistar, sabes que con eso no juego. Pero Caroline no es la única que está aquí, también están Charles, Jane y Elizabeth", digo rápido esperando que el nombre pase desapercibido pero…
"¿Elizabeth? ¿Quién es Elizabeth?"
No, no pasó.
"Es la hermana de Jane. Entonces ¿Cuándo te vas a…?"
"Momento." Oh, oh. Georgie detectó algo. ¿Es que las mujeres tienen un radar? "Nunca habías mencionado a Elizabeth."
"No la conocía, nos vimos recién hace unos días."
"Ah… ¿Y es tan linda como Jane?"
"Es mucho más lind…" Ups.
"¡William Darcy! ¿Acabas de admitir que te gusta una mujer? ¿Cómo es? Dime por favor. Quiero verla", dice y de repente desaparece de la pantalla porque está… ¿saltando encima de la cama?"
"Georgie. Georgie. ¡Georgie! Cálmate. No te entusiasmes. La mía fue una observación puramente objetiva. Elizabeth es linda. Punto. No busques más porque no hay."
"Pfff. Tonterías. Quiero verla."
"Vuelve a Inglaterra."
"Ja, qué gracioso. Muévete, quiero verla."
"¿Y cómo quieres que haga?"
"Tu computadora es portátil ¿no? Pues entonces muévela hasta donde está ella y preséntamela."
"Georgie, estoy cómodamente sentado y no tengo ganas de levantarme ahora porque a ti se te ocurre. Además no sé dónde está, tal vez está ocupada y tampoco voy a buscarla por toda la casa sólo para mostrártela ¿no te parece?"
"Bueno, no pero tengo ganas de saludar a Charles también así que ahí tienes una excusa."
"No sé dónde está Georgie…"
"¡Pregunta!"
"Uy, qué molesta."
Al final me levanto para ver dónde están los demás porque sé que mi querida hermana no va a parar hasta conseguir lo que quiere. La malcrío mucho, ya sé, pero no lo puedo evitar. Averiguo que están todos en el playroom y vuelvo a la biblioteca para recoger la computadora y llevarla hasta allí.
"Mira que se puede cortar la comunicación."
"No se va a cortar Will, no seas pesado." Pesado yo. Ja.
"¿Will, quieres jugar?", me pregunta Charles cuando me ve llegar. Está preparando las bolas en la mesa de pool mientras Lizzie y Jane juegan con la Wii y Caroline se aburre en un rincón.
"Estaba hablando con Georgie y los quiere saludar", explico y doy vuelta la máquina para que la vean a ella también.
"Muñequita ¿cómo estás?"
Charles conoce a mi hermana desde que era chica y siempre la llamó así porque Georgie parecía una muñeca de porcelana. Hablan unos minutos, Georgie lo adora y luego se suman Jane y Caroline que empieza a hablarle de los desfiles de alta costura y no sé qué otras cosas que a mi hermana no le interesan en lo más mínimo. Aunque parezca mentira, a través de nuestra comunicación virtual, siento que Georgie se está poniendo ansiosa.
"Y esta es Elizabeth, la hermana de Jane", le digo y Lizzie se pone al lado mío para saludar a mi hermana.
"Hola Georgie. Por fin te conozco, me han hablado mucho de ti", le dice mientras saluda con la mano a la pantalla.
"Oh… eres tú…", susurra Georgie con cara de haber visto un fantasma.
"Bueno sí, supongo que soy yo", responde Lizzie algo confundida y me mira a mí pero yo tampoco tengo idea de qué le pasa.
"¿Estás bien Georgie?", le pregunto preocupado.
"¡Muy bien! Elizabeth… ¡Qué gusto conocerte! Eres hermosa", le dice con una enorme sonrisa en el rostro.
"Eh… gracias. Tú también. Ah, llámame Lizzie."
"Ay Will ¡qué suerte!" Ahora sí que no tengo idea de qué le pasa.
"Eh… bueno. ¿Seguro que estás bien?"
"Mejor que nunca." Qué raro todo.
"Bueno, voy a cortar. Cuídate y llámame pronto ¿sí?"
"Sí hermanito, te quiero. Adiós Lizzie." Corto la comunicación antes de que Georgie pueda meter la pata.
"¿Hermanito?", me pregunta Lizzie y yo me encojo de hombros.
"¿Jugamos Will?", me invita Charles desde la mesa de pool. Acepto y cuando me agacho para dejar la computadora en la mesa ratona veo que Lizzie está descalza y tiene las uñas pintadas. De rojo. La miro con los ojos entrecerrados.
"Sexies ¿no?", me pregunta en voz muy baja.
"Muy", le contesto y me alejo. Después de acariciarla con la mirada.
No sé adónde nos llevará este juego pero apuesto todo a ganar.
Pasaron mil años, ya sé, pero la cabeza no me daba para más. Espero que les guste igual. Y, de todos modos, gracias.
