Bueno, esto es así.
Una seguidora me hizo dar cuenta de que hace seis meses que no actualizo y lo lamento pero la verdad es que por más que me encanta escribir estas historias, no tengo ni el tiempo ni la inspiración necesarios para actualizar con regularidad. Seguramente debería terminar una historia, o tenerla muy avanzada, antes de empezar a publicarla pero soy ansiosa y no puedo esperar tanto y además los comentarios que recibo de ustedes son lo que realmente me impulsa a seguir adelante. Tampoco se me ocurre abandonar porque quiero terminar las historias que empecé y porque tengo muchas ideas para cada una que espero poder llevar a la luz.
Entonces no me queda más que esperar que no pierdan la paciencia conmigo y me sigan leyendo a pesar de mi falta de constancia.
Dicho esto aviso que cambié el capítulo 14 porque el que había publicado anteriormente no iba por dónde yo quería que fuera la historia, así que borré ese y este es el que vale.
Chequeen mi tablero de Pinterest para imágenes de este capítulo y la próxima actualización será de "Simplemente Lizzie y Darcy".
Gracias!
"¿Cómo te fue en Netherfield?", me pregunta Charlotte y aprovecho que estoy concentrada revisando informes de la editorial para ganar tiempo y pensar la respuesta.
¿Cómo me fue? Bien. Mal. Muy bien. No sé.
En general muy bien, por supuesto. Siempre disfruto pasar tiempo con mi hermana y Charles y ni siquiera la presencia de Caroline suele molestarme demasiado pero esta vez fue diferente, por William, claro. Los primeros días nos manejamos con cautela el uno con el otro, pero poco a poco fuimos ganando confianza y empezamos un juego de seducción que, aunque bastante inocente, fue levantando temperatura y no debido al calor del sol precisamente.
La escapada en moto fue un momento especial y pensé que la cosa iría calentándose aún más pero al día siguiente Will se mostró distante y estuvo casi todo el día apartado. Dijo que tenía que trabajar pero yo creo que me estaba evitando. Aun así cada vez que me animaba a mirarlo lo encontraba con la vista fija en mí y una expresión indescifrable pero bastante parecida al enojo. Si conmigo o con él mismo no lo sé, pero no me hizo sentir nada bien. El día que nos íbamos, cuando bajamos a desayunar, Charles comentó que Will había partido casi al amanecer. Aparentemente tenía asuntos urgentes que atender pero a ninguno le convenció mucho la explicación, excusa más vale, y la Caroline tuvo el coraje de mirarme como si fuera la culpable y me hubiera encantado que tuviera razón.
Los días que pasamos juntos me habían confirmado que William es exactamente lo que quiero en un hombre, no sólo por mi –un poco deformado- recuerdo de él, ni por la increíble –y mutua- atracción sexual, sino porque se había convertido en un hombre hecho y derecho, inteligente, seguro de sí mismo, compasivo, justo, preparado, increíblemente atractivo y para colmo ¡soltero y sin hijos! Y no parecía un jugador como es tan habitual hoy en día. ¿Qué más se podía pedir? Seguramente tenía cientos de mujeres dispuestas a entregarse a él, con Caroline a la cabeza, por supuesto, pero en internet (porque sí, obviamente lo googleé) no había encontrado nada sobre sus parejas. Podía ser uno de esos tipos que tienen relaciones escondidas y medio oscuras pero no lo creo, su mirada es demasiado transparente, por eso sé que hoy no es feliz.
"¿Lizzie, estás bien?"
"¿Qué?"
"Te pregunté cómo te había ido en Netherfield hace cinco minutos." Uy, me agarró. "Me vas a tener que decir qué te está pasando últimamente, desde que Jane anunció su compromiso estás muy rara. Si no supiera que adoras a tu hermana y que por Charles no sientes más que una profunda amistad, pensaría que estás celosa."
Charlotte, mi mejor amiga, mi hermana del alma, la joven-vieja como le digo yo porque es muy sabia, me conoce como nadie y dio casi en el clavo. Yo estoy un poco celosa, sí, pero no de Jane y Charles sino casi de cualquier pareja. Lástima que como no le conté a nadie mi historia con William ahora no me queda otra que mentir, otra vez.
"No es eso Charlie, es que… bueno, estoy un poco cansada de estar sola." Y es la pura verdad, al final no me hizo falta mentir.
"Dios sabe que te entiendo", Charlie tampoco tiene suerte en el amor, "pero tú tienes gran parte de culpa. No me mires así, rechazaste a todo los hombres que se te acercaron."
"Tampoco se me acercaron tantos."
"¡Porque cuando algún hombre te hace una mínima insinuación pareces un pitbull más que una soltera de veintilargos! Obvio que no se te acercan ¡no se animan!"
"¿Me estás llamando solterona reprimida?"
"Te estoy diciendo que rechazaste tipos perfectamente aceptables."
"¿Perfectamente aceptables? Espero que no te estés refiriendo por ejemplo a Collins."
"Ehm… bueno… justo a él no."
William Collins es hijo de un primo de mi padre, cuando éramos chicos nos veíamos religiosamente una vez al año cuando el primo Collins hacía su gira anual por el Reino Unido visitando a sus distintos familiares, generalmente –y casualmente- en época de fiestas, así que indefectiblemente en Navidad, Año nuevo o Pascuas, teníamos en casa a William Collins padre, Milfred Collins y William Collins hijo. A los cinco años a Jane y a mí, que tengo la misma edad que él, nos parecía divertido tener un niño con quien jugar; a los diez todavía éramos buenas y nos esforzábamos por incorporar al retraído niño a nuestras actividades; a los quince nos empezó preocupar el comportamiento del Collins adolescente, con las hormonas evidentemente revolucionadas por la edad pero muy reprimido por el mandato de su padre clérigo y su madre puritana, y hacíamos todo lo posible para no estar cerca suyo; a los veinte no nos sorprendió nada saber que había elegido seguir los pasos de su progenitor e ingresar a la iglesia; y a los veinticinco casi nos morimos de la estupefacción cuando un Collins adulto y recién salido del seminario se presentó en casa y pidió hablar en privado con mi padre para decirle que sabía que yo estaba esperando una propuesta suya desde hacía años pero él no se sentía digno de mí hasta ese momento cuando, ya ordenado, había sido nombrado al frente de una pequeña pero muy digna parroquia de Kent, en tierras de una rancia Lady seguramentetan pomposa como él. La reacción de mi padre fue de esperar y hasta mi madre, que había escuchado la conversación a través de la puerta, quedó espantada.
Papá me llamó en cuanto Collins se fue para advertirme que estaba camino a Londres para verme y por eso cuando llegó yo estaba preparada y pude rechazarlo con tranquilidad y sin soltarle una carcajada en la cara. ¿De dónde habrá sacado ese tipo que yo sentía algo por él? En fin, lo peor no fue eso sino que un par de días después Collins se encontró con Charlotte cuando ambos ahogaban penas en un bar (mi amiga es terriblemente inteligente pero cuando le gusta un hombre se pone tonta y más de una vez sale lastimada), una cosa llevó a la otra y a la mañana siguiente Charlotte se despertó con Collins a su lado desnudo y perdidamente enamorado. A Charlie no le atraía especialmente Collins pero le dio una oportunidad y lo intentaron por un tiempo hasta que Collins le anunció que pensaba ir a casa de sus padres a pedir su mano. Todavía me entra la risa cuando recuerdo la cara de Charlie cuando me lo contó y creo que ella también porque ahora mismo está roja como un tomate.
"Está bien, Collins no era el mejor partido pero ¿y el profesor?"
"Patrick es 'perfectamente aceptable' como tú dices pero no me interesa para nada. No hay piel."
"Y sí, contra eso no hay nada que hacer."
"Además estás siendo injusta porque sabes que lo intenté con otros y no funcionó."
"Es que nunca va a funcionar Lizzie porque tú no quieres. No sé si tienes miedo de salir lastimada o si tienes un amor imposible", ay amiga, si supieras, "pero estás muy cerrada, no dejas que nadie se te acerque y hasta rechazaste a Christian que es perfecto para ti. Perfecto para cualquiera en realidad."
Ya sabía que iba a salir el tema de Christian tarde o temprano. Charlie está convencida de que es mi alma gemela y que soy una tonta por no estar con él.
Conocí a Christian durante mi primera semana en París cuando fui a hacer el doctorado y nos hicimos amigos enseguida. Él es francés (alto, rubio, de ojos claros, detrás de sus anteojos de intelectual se esconde un consumado seductor y detrás de sus sweaters holgados unos abdominales de infarto) y me ayudó a encontrar departamento y conocer la ciudad. Obviamente me di cuenta de que se sentía atraído por mí, y yo por él un poco también, pero mi mente seguía –sigue- fija en William y nunca pude verlo como más que un amigo. Hoy es una de las personas más importantes en mi vida y por eso cuando Lydia decidió estudiar en la Sorbona le pedí que se ocupara un poco de ella y hoy se quieren como hermanos. Christian tampoco tuvo suerte en el amor y yo deseo con todo mi corazón que algún día encuentre a la mujer de su vida. Y que deje de pensar que puedo ser yo.
"Me encantaría estar enamorada de él, te lo aseguro, pero no lo estoy." Y de verdad lo lamento, Christian es perfecto, sólo que no para mí.
"Está bien, no te molesto más con eso pero cuéntame algo más de Netherfield por favor. Me muero por saber qué hizo Caroline."
Ese sí es un tema que me encanta, Charlotte tampoco la aguanta, así que me paso una buena media hora contándole anécdotas sobre nuestra villana favorita y esquivando lo mejor que puedo las incisivas preguntas de mi amiga sobre Will. Obviamente se dio cuenta de que hay algo ahí y sé que no va a parar hasta sacarme información.
"¿Sabes qué? La próxima vez que organicemos algo vienes y listo porque llevamos casi una hora aquí y todavía no hablamos nada de la editorial."
"Te voy a dejar escapar esta vez porque tengo un par de asuntos importantes que hablar contigo y no tengo demasiado tiempo pero no creas que este recreo durará para siempre. Te brillan los ojitos cada vez que mencionas a William y cambias de tema cada vez que sale su nombre. No intentes negarlo porque es así y sabes que tarde o temprano me lo vas a admitir ¿verdad?"
"No tengo idea de qué hablas." Sé perfectamente de qué habla pero si aflojo ahora no me va a dejar en paz, tengo que aguantar un poco más, al menos hasta que yo misma tenga más claro si hay algo que contar o no.
"Voy a hacer de cuenta que te creo. Por ahora." Me dice mientras me mira por encima de sus anteojos y yo le sostengo la mirada, como cuando hacíamos que nos peleábamos cuando éramos chicas y jugábamos a ver quien sostenía más tiempo la mirada. Y como siempre, terminamos soltando tremendas carcajadas.
…
Me despedí de Charlie después de nuestra cena en un restaurante italiano que nos gusta mucho y decidí volver caminando a casa, necesito pensar. Las cosas van bien en la editorial, con Charlotte a cargo no puede ser de otra manera, y cada vez tenemos más y mejores proyectos en la universidad así que por el lado profesional no me puedo quejar; Jane está feliz, Lydia parece haber sentado cabeza y se está convirtiendo en una gran joven mujer, mis padres se encuentran tolerablemente bien, por lo que del lado de la familia tampoco hay conflictos a la vista; tengo un pequeño pero excelente grupo de amigos, incluyendo a Christian, y sin embargo siento que algo me falta para ser realmente feliz. Bah, sé que algo me falta. Tal vez llegó la hora de escuchar esa vocecita que desde hace tiempo me dice que lo que me falta es amor. El amor de un hombre, más precisamente. Lástima que el único amor que quiero es el de Will.
Pero ¿será realmente imposible conseguirlo? En los últimos días percibí que siente algo por mí, no le llamaría amor pero definitivamente es más que una simple atracción. Bueno, en un par de días tal vez podré descubrir un poco más. Jane y Charles nos nombraron padrinos de la boda y tenemos que empezar a definir cosas así que quedamos en encontrarnos sólo nosotros cuatro, sin la pesada de Caroline que en Netherfield tuvo tan mala actitud cada vez que hablábamos del tema que los novios prefirieron no hablarlo delante de ella.
Ahora el tema es cómo reaccionará él cuando nos veamos. ¿Se mostrará cercano como en los primeros días en Nehterfield o distante como al final? Me parece que lo mejor que puedo hacer es ser un poco cuidadosa yo misma y no mostrar demasiado claramente lo que siento. Sí, eso voy a hacer, me conviene ser precavida.
C: Esta noche a las 7. Trae vino.
Me da risa el sutil método de Charles de decirme que ni se me ocurra faltar hoy. A veces me asusta que me conozca tan bien porque la verdad es que estaba buscando excusas para no ir. Pero no puedo ser tan cobarde.
D: Tinto o blanco?
C: Tinto para nosotros, blanco para las chicas.
C: Dulce.
C: Puaj!
C: Qué tendrán las mujeres con el vino dulce?
C: Y los tragos dulces!
D: Entro a una reunión.
D: Nos vemos esta noche.
C: Entendí.
C: Nos vemos.
Mentira, no tengo ninguna reunión pero a Charles le encanta el chat, se porta como un chico con el teléfono, y podríamos estar así todo el día si no lo corto ya.
Aunque en realidad el que se está portando como un chico últimamente soy yo. No puedo creer que mi reacción ante la atracción que siento por Elizabeth haya sido ignorarla durante los últimos días que pasamos en Netherfield. Y yo que me creo muy maduro. Pero la verdad es que no sé qué hacer con el tema. No quiero volver con ella. Bueno, sí quiero, obvio que quiero, pero no debo. No la merezco, soy un hombre roto, incompleto, las cosas que me pasaron después de nuestra semana en Grecia me marcaron a fuego y sé que nunca volveré a ser el hombre relajado y feliz que era en ese momento. Lizzie merece algo mucho mejor, por eso tengo que mantener la distancia por más que me cueste y la primera prueba será esta noche cuando nos encontremos en casa de Jane y Charles.
Es lo que intenté hacer en Netherfield después del día que pasamos juntos en la moto pero mi mente –y mi corazón- gravitaba hacia Lizzie inevitablemente y no podía dejar de mirarla, y sé que me descubrió con la mirada fija en ella más de una vez. Terminé yéndome antes con la excusa –que nadie creyó- de que tenía trabajo urgente, pero desde que volví mi problema volvió a ser el de antes, el de siempre, cómo hacer para no pensar en ella. Para colmo en la empresa la actividad disminuye bastante por ser verano, casi no hay reuniones y parte del directorio está de vacaciones así que todo está muy calmado. ¡Si hasta extraño a Richard! Y a Georgie claro pero ella está disfrutando de sus vacaciones y yo me alegro mucho, necesita divertirse. Hablando de Georgie… ¿Estará disponible ahora? Me encantaría hablar con ella.
"¡Hola Will!", la preciosa carita de mi hermana aparece dos minutos después en FaceTime.
"Hola hermosa, ¿cómo estás?"
"Ay Will, ¡esto es tan hermoso! Y nos estamos divirtiendo tanto."
"¿Dónde están ahora?" En el fondo veo sombrillas y reposeras así que supongo que están en la playa pero no alcanzo a ver mucho más.
"Ahora estamos en Paros, llegamos hace dos días, también estuvimos en Naxos y antes en Mykonos. No puedo creer lo bellas que son las islas, podría pasarme la vida aquí", me dice Georgie entusiasmada y yo no puedo evitar recordar que un día también soñé con pasar mi vida en Grecia con cierta morena de ojos color almendra.
"¿Todo bien con los viajes y los hoteles? ¿Tuvieron algún problema?"
"Para nada. Los hoteles son increíbles, aquí estamos en una villa como la de las postales, blanca con las ventanas azules ¡y está justo sobre la playa! Hicimos casi todos los viajes en ferry, que son muy buenos, pero desde Naxos vinimos en el velero de unos finlandeses que conocimos allí."
"¿Qué finlandeses? ¿Quiénes son? No me gusta que te hayas subido al barco de gente extraña. ¡Por favor Georgiana! ¿En qué estabas pensando?"
Estoy furioso, le di permiso porque ya es grande y no puedo tenerla encerrada en una jaula, además sé que es responsable pero cuando hace estas cosas me pone loco. Georgie siempre fue un poco confiada, hace unos años estuvo a punto de caer en las garras de un gigoló que se decía mi amigo pero en realidad tenía toda la intención de utilizarla por dinero y además, lo que más me aterra, de abusar de ella, y ahora me dice que se subió con sus amigas al barco de unos finlandeses que acababan de conocer y seguro eran unos rubios parranderos que no tienen nada que hacer metiéndose con niñas tan jóvenes…
"Tranquilo Will, no pasa nada." La voz despreocupada de mi hermana interrumpe mi soliloquio. "Eran una pareja como de sesenta años que acaba de jubilarse y decidieron Europa en su velero. Los conocimos en un restaurante y dijeron que les recordábamos a sus hijos y cuando supieron que veníamos para el mismo lado se ofrecieron a traernos. Además sabes que los chicos nunca hubieran permitido que nos pasara nada."
Me quedo más tranquilo la verdad, pero veo que me he relajado demasiado con el hecho de que viva sola y lejos de casa. Y además todavía me falta conocer a esos famosos chicos de los que tanto habla.
"Georgie, sé que eres grande y realmente no puedo decirte nada pero ten cuidado por favor. Me moriría si te pasara algo." No me gusta jugar la carta de la culpa con ella pero lo que le digo es cierto, no podría vivir sin ella.
"Tranquilo hermano, te prometo que me voy a cuidar."
"Gracias."
Georgie me regala una de sus maravillosas sonrisas y eso me afloja un poco pero entonces aparece a su lado el torso desnudo de un hombre. ¿Quién diablos es ese y qué hace tan cerca de mi hermana?
"Georgiana, ¿se puede saber quien es ese tipo?"
"¿Quién?", me pregunta con total frescura como si no notara que el tipo se sentó en su misma reposera y la está rozando. "Ah, es Mike. Mike dile hola a mi hermano", el tal Mike se da vuelta y para acercarse al teléfono ¡la abraza! Vete, vete, ¡no toques a mi hermana!
"Hola William, soy…"
"Señor Darcy", corrijo a pesar del gesto de fastidio de Georgie. Y funciona porque Mike quita sus manotas de mi hermanita.
"Eh… señor Darcy. Soy Michael Drumond, creo que conoce a mi padre James."
"¿El abogado? Si, lo conozco, tratamos algunos asuntos juntos." Eso me deja más tranquilo, James Drumond es un abogado muy respetado y la reputación de su familia es impecable. Igual eso no me asegura que su hijo sea igual. "Bien Michael, espero que le hagas honor a tu apellido y tú y tus amigos se ocupen de que las chicas estén bien y seguras. ¿Puedo contar con eso?"
"Wiiiiilllliaaam!", se queja Georgie fastidiada por mi advertencia.
"Está bien Georgie, no me molesta", la tranquiliza el joven Drumond y reconozco que me cae un poco mejor aunque no confío en el. "Mi propia hermana está en este viaje y nunca permitiría que le pasara nada malo así que quédese tranquilo, Roger, Frank y yo nos aseguramos de que estén bien."
"Se lo agradezco. Georgie, cuídate por favor y llámame mas seguido."
"Lo hare. Te quiero."
"Yo también te quiero. ¿Sabes cuanto, verdad?"
"Lo se. Cuídate tu también."
Georgie se despide con un beso y aunque ya tiene mas de 20 años yo sigo viéndola como esa pequeña regordeta y preciosa que me llenaba la cara de besos pegajosos y me despeinaba con sus torpes manitos. Georgie nació varios años después que yo y de inmediato se convirtió en la princesa de la casa. Siempre fue una nina tan feliz, cariñosa y demostrativa que me dolió aun mas ver como se retrajo cuando nuestros padres murieron y luego cuando ese despreciable individuo abusó de ella y la lastimó. Tal vez esté sobreprotegiéndola ahora pero prefiero eso antes que arriesgarme a que algo le pase y estoy segura de que ella lo entiende aunque a veces quiera matarme, como hoy.
Lo que no sé sinceramente es qué diablos voy a hacer cuando me diga que tiene novio. Sé que salió con algunos chicos pero nunca llegó a presentarme a ninguno, dice que no hubo nadie tan importante, y creo que todavía es… bueno… que no tuvo relaciones. ¡Ufff, me cuesta hasta pensarlo! Es en momentos así cuando más siento la ausencia de una mujer que acompañe a Georgie mientras crece y me ayude a mí a manejar este tipo de situaciones. Obvio que Georgie no me va a preguntar 'cómo se hacen los bebés', digamos, pero quisiera poder ofrecerle consejo si lo necesita.
Seguro que Lizzie sabría qué hacer. Es mujer, tiene hermanas y amigas, es inteligente y sensible. Bah… es perfecta. Y no es tuya Darcy ¿cuándo vas a darte cuenta?
¿Y cuándo vas a dejar de hablar solo como los locos?
…
"Llegas tarde." Es todo lo que me dice Charles cuando me abre la puerta y después de tomar las botellas que cargo me hace una seña para que lo siga hasta la cocina.
"Lo siento, tuve una reunión de último momento", le digo a Jane –que es la única que merece una disculpa- mientras le doy un beso y le entrego las flores que le traje. Aunque es mentira, estuve hasta último momento escondiéndome en mi oficina hasta que no me quedó más remedio que salir.
"Tranquilo Will, Lizzie todavía no llegó. Gracias, son hermosas", me contesta ella dedicándome una de sus preciosas sonrisas y sale a buscar un recipiente para poner las flores.
"¿A Lizzie no le trajiste nada?", pregunta Charles cuando Jane regresa y sé que espero hasta que su novia volviera a propósito para hacerme quedar mal.
"Son para la dueña de casa, Lizzie no vive aquí. ¿Tu madre no te enseño que siempre se homenajea a la dueña de casa?"
"Mi padre me enseño que se homenajea a todas las mujeres. Ya que compraste un ramo no te costaba nada comprar otro para mi futura cuñada."
"¿Y tú le compraste algo a tu futura cuñada? ¿O a tu futura mujer para el caso?"
"Pues sí. Como sé que a mi futura cuñada le encanta la comida griega fui hasta Harrod's porque sé que ahí venden un queso feta y unas aceitunas negras que le gustan especialmente y, como soy un excelente novio, también le compré a mi adorada Jane el Earl Gray de Fortnum and Mason que tanto le gusta. ¿Te parece bien?"
"Pollerudo", le digo disimulando el insulto con un ataque de tos.
"¿Hace mucho que están así?"
"Desde que Will llegó."
Recién entonces Charles y yo nos damos cuenta de que Lizzie llegó y ella y Jane están mirándonos muy divertidas, con los codos sobre la isla de la cocina y sus perfectos rostros apoyados en las manos, listas para el espectáculo.
"Parece que se acabó el show", dice Jane levantándose. "¿Vino?"
"Por favor", responde Lizzie y juntas van hacia el refrigerador pero antes pasan por al lado nuestro, Lizzie nos da un beso en la mejilla –demasiado rápido y demasiado suave, a cada uno- y yo no puedo evitar sentir el calor que irradia ni dejar de percibir su aroma fresco y femenino. Sólo cuando se aleja lo suficiente logro salir del trance pero entonces veo lo que tiene puesto. Ay, Dios. Lleva una pollera de jean cortísima que deja a la vista sus increíbles piernas –que alguna vez tuve enredadas alrededor de mi cintura mientras… ¡No, no, no, no vayas ahí!- una sencilla remera blanca de algodón y un saco oscuro y que me cuelguen si no es la mujer más sexy que vi en mi vida.
"Me encanta lo que tienes puesto, esa mini te queda espectacular", la alaba Jane mientras toman unas bandejas para llevarlas al comedor y sin siquiera pensarlo la sigo. Porque es así, me atrae como si tuviera un imán.
"Uff, no me hables. Pensaba pasar todo el día en casa preparando el proyecto de investigación pero me llamó Charlie y tuve que salir corriendo, literalmente, a una reunión con un autor que queremos conseguir para la editorial así que me puse el saco y los zapatos sobre lo que tenía puesto. Al menos tenía la ropa limpia", terminó Lizzie riendo.
"Sí, sé perfectamente con qué fachas andas en tu casa, pero eso te queda divino."
"Ese blazer azul también te queda divino Will, resalta el color de tus ojos", dice Charles y todos nos ponemos a reír porque mi amigo siempre sabe cómo generar buen ambiente.
Cuando vuelvo a mirar a los demás noto que Lizzie me está mirando con… interés, como si coincidiera con la afirmación de Charles, pero cuando nuestros ojos se cruzan noto que una expresión de decepción o tristeza, no sé, cruza su semblante y desvía la mirada rápidamente. Extraño. ¿Estará dolida por la forma en que la traté en Netherfield? Razón no le faltaría.
La conversación continúa liviana y divertida, gracias principalmente al humor casi infantil de Charles y a las ingeniosas intervenciones de Lizzie, y de a poco vamos entrando en el tema de la boda que se realizará en Netherfield en menos de tres meses. A pesar de que la familia Bingley es muy reconocida en la sociedad londinense ambos se decantan por una celebración bastante íntima y con poco más de 100 invitados, lo que seguramente pondrá en crisis a los Bingley, a quienes les encantan los eventos fastuosos. Charles es el único que nunca se comportó así.
"Mamá nos está volviendo locos como te imaginarás pero no voy a dar el brazo a torcer, esto es lo que Jane y yo queremos. Además tiene a Caroline cuyo casamiento hará que la boda de William y Kate parezca un chiste."
"Mamá también te está torturando", afirma, más que pregunta, Lizzie y Jane hunde la cabeza entre las manos y… gruñe.
"¡Ay Lizzie! Está insoportable. Me llama al menos tres veces por día y no sé cómo consiguió el teléfono de la madre de Charles y también la llama a ella. Está furiosa porque habrá tan pocos invitados, dice que cómo no va a invitar a los Templeton y los Harrison y no sé quiénes más. ¡Si ni siquiera son amigos! Solo quiere refregarles en el rostro que su hija se casa con un millonario. ¡Argghh! Ya no doy más."
"Tranquila amor, mi madre está igual. Hasta quiere invitar a no sé qué primo lejano sólo porque tiene un título de conde, duque a qué se yo", dice Charles intentando consolar a Jane que está evidentemente abochornada.
La charla me hace recordar las cientos de veces en que Caroline se quejó de la familia Bennet diciendo que eran unos oportunistas y que Jane no era un ángel sino una excelente actriz. Sinceramente no creo que Jane esté fingiendo su amor por Charles y tampoco creo que Lizzie sea una mujer interesada pero no puedo evitar preguntarme si la unión de Charles con una familia así es conveniente para él. Mi amigo siempre fue muy independiente y trabajó muy duro por sí mismo y sin aprovecharse de la reputación de su familia para conseguir un lugar importante en su profesión pero el apellido no es algo que se pueda o deba ignorar. Los Bingley, aunque no tienen abolengo y consiguieron su fortuna con el comercio, hoy tienen una posición respetable en la sociedad y si quieren asentarla para el futuro deberían relacionarse con familias de clase.
Y yo debería hacer lo mismo.
Pero mientras observo a mis amigos compartiendo platos, copas y risas me pregunto si tendré la fuerza necesaria para seguir el mandato aunque eso signifique pasar mi vida sin la mujer que amo.
