Disclaimer: The Lost Canvas no me pertenece.
Hola, Papá:
¿Recuerdas que en mi última carta te contaba que todo había estado bastante tranquilo durante unos días? Creo que era algo así como la calma que precede a la tempestad. Ahora me arrepiento de no haber atesorado esos días de paz. Será que es cierto eso de que no apreciamos lo que tenemos hasta que lo perdemos.
Esta vez nos han dejado dos grandes guerreros. Manigoldo de Cáncer y el Patriarca han perdido sus vidas en una batalla contra Thanatos, uno de los dioses gemelos que luchan en el bando de Hades. Dos personas, dos seres humanos, dos mortales se enfrentaron al dios de la muerte y… le vencieron. Uniendo fuerzas lograron sellarle a cambio de sus vidas.
El caballero de Cáncer era un tipo extraño. Tenía un sentido del humor algo excéntrico y una forma única de ver la vida. Por las características de su armadura, era el que más relación tenía con la muerte. La temía y la odiaba a partes iguales. No creo que fuera casualidad que fuera él quien se enfrentase a ese dios en concreto. Quizá fuera el destino.
Estoy seguro de que conocías al Patriarca. ¿Qué caballero no conoce a la figura más importante en rango del Santuario, solo por debajo de la diosa Atenea? Él fue quien me dio la oportunidad de vestir tu armadura, nuestra armadura, la armadura de Leo. Confió en mí y me proporcionó los medios para alcanzar mi meta y por eso le estaré eternamente agradecido.
Hemos vencido a uno de los dioses gemelos, a uno de las piezas clave del ejército de Hades. Pero las cosas no pintan nada bien para nosotros. Hemos perdido a Albafica, a Asmita, a Aldebarán, a Manigoldo, al Patriarca… Y no sé si contar también al tío Sísifo.
La verdad es que no sé qué decir. Están pasando muchas cosas en muy poco tiempo y no sé qué sentir al respecto.
Te necesito,
Regulus
