Le dicen la desaparecida~ okno

Pero enserio, me desaparecí, es que estaba terminando el trimestre y me cuesta un poco llevar el ritmo de las clases, además estoy muy enferma y estuve faltando, no podía agarrar la compu por el dolor de cabeza TT^TT estuve tratando de hacer algo, pero solo salían cosas raras sin sentido, en fin, ya no los aburro :D.

GRACIAS NEXO-D! La verdad no pensaba que alguien iba a dejar reviews ¡así que estoy muy agradecida! :3 Gracias por los apoyos, consejos, etc.

No me animaba a leer los reviews por miedo a una crítica ofensiva, pero desp me dije "¡A huevo! ¿Vas a vivir como una miedosa marica o vas a enfrentar todo lo que te tire el destino?"

(Los leí cuando empecé este cap. XD)

Y pos, aquí me lees :D

Sobre lo de Otroso, no tenía inspiración y así se llamaba en el libro así que YOLO! -.-U

Glosario:

-diálogos-

-pensamientos-

Títulos

(Mis notas o aclaraciones)

-*acciones*-


Capítulo anterior:

-¡Ya está! ¡La tengo!- gritó Puppet, así, con el cuidado de un cirujano, sacó la baldosa. Debajo de la baldosa estaba el cemento gris y rugoso, pero ahora todo era posible. Se despidieron apurados. Otroso apenas tenía milímetros de existencia, y al día siguiente, y al otro, y al otro se volverían a juntar para cavar.

El largo camino hacia abajo:

Las otras baldosas salieron casi enseguida, y quedó a la vista un cuadrado de cemento señalando que ahí iba a estar (el todavía no construido) Otroso.

Estuvieron trabajando días en la capa de cemento, trabajando con el buril y con la masa. A la semana llegaron a la tierra. Estaba húmeda, fría.

-Bueno- dijo Fred, fue lo primero que dijo en toda la semana-. Ahora sí. Empecemos a cavar.

Mangle sonrió y se sacudió el pelo como una diva, sacándose el polvo de cemento que ahora reinaba en la cocina, que parecía medio demolida, con montoncitos de escombro, herramientas tiradas y unos listones de madera*, con los que pensaban hacer la entrada a Otroso, con los que iban a sostener al piso.

Era un momento para el ingenio. Por eso, fue Puppet la capitana de la puerta. Nadie entendía cómo podía ser tan hábil. Clavó dos listones para formar un marco, que apoyó y después pegó con poximix sobre el borde del cemento. Con los otros dos listones armó una puerta cuadrada, bien hecha, prolija y muy reforzada con tablas y la fijó al marco con bisagras. Y bien pegadas las cuatro baldosas, para que todo estuviese como antes.

Puppet no quería saber nada de trabajos a medio hacer.

-Otroso tiene que empezar bien. La puerta de Otroso tiene que estar bien hecha- decía ella.

-Puppet tiene razón- apoyaba Mangle mientras la ayudaba a lijar los listones para que no los lastimasen las astillas.

Fred, en cambio, sentía que no tenían que preocuparse por algo tan menor como una puerta, para el Otroso estaba mucho más lejos, mucho más allá. Otroso no tenía ni cincuenta centímetros todavía, ¡había tanto que hacer!

El Batata reconoce que no servía mucho en tareas manuales. Se aburría de cavar, nunca sabía cómo usar las herramientas como corresponde, pero apuesto a que tocaba tan bien la armónica que Otroso iba creciendo sonoro, melodioso, cantarín (como María Blanca).

Cavando y cavando, apareció un problema muy grave: no sabían dónde poner la tierra que iban sacando haciendo el camino hacia Otroso. En la pieza de Mangle ya habían dos bolsas grandes de escombros y cinco de tierra, además de las herramientas escondidas debajo de la cama.

En un momento, la bolsa seis de tierra quedó colmada.

-Podríamos llevar tierra al terraplén del tren, nadie se daría cuenta de que hay un poco más de tierra- propuso Rosita cuando vio la bolsa seis llena.

-Sí, pero ¿cómo? Y cuándo. ¿No te das cuenta de que si nos ven tirando tierra por ahí van a sospechar?- le cuestionó Hugo.

-Y bueno che, no se me ocurre otra cosa. Mangle no tiene patio grande como para poner…*cuenta* ocho bolsas. No vamos a meter las cosas en las macetas del patio.

-Tampoco la podemos tirar por el excusado. Mira si se tapa y tiene que venir Félix a destapar y todo el barrio se entera –opinó el Batata

-Por eso digo; no hay otra que el terraplén del tren. Es lo mejor.

-¡Pero no se puede!

-Sí que se puede- dijo Mangle-. A ver hoy, por ejemplo, ¿cuántas bolsas de tierra sacamos?

-Y... una bolsa... y media.

-Y bueno, nosotros somos cinco ¿no podemos llevar la bolsa y media de a poco y la vamos tirando donde podemos?... Sin que nadie se dé cuenta, claro. Aunque nos lleve dos o tres días, igual.

Como poder, podían. Entonces fue así como los cinco empezaron a llevar bolsitas de tierra, ya sea en la mano o en el bolsillo del pantalón, o envuelta en papel de diario, tierra que se fue desparramando por toda Florida.

Ellos nunca vieron a nadie verlos tirar las bolsitas de tierra, aunque talvez alguno los vio y no dijo nada.

Lo cierto es que, poco a poco, fueron vaciando setenta y dos bolsas de tierra (wow *-*), a veces negra, otras roja o amarilla, setenta y dos bolsas de las grandes, una por cada uno de los días que tomó la construcción de Otroso.

Después empezaron con la Gran Galería, seguía saliendo tierra, pero no tanta, porque mientras unos cavaban, otros tenían que poner las vigas para que no se caiga todo abajo y poner iluminación provisoria, así que solo sacaban media bolsa por día.

La Gran Galería fue solo la entrada de Otroso, y el día en el que la dieron por terminada, Mangle bajó de su casa el farolito que se prendía y se apagaba solo, entonces, todos sintieron que Otroso ya existía.

A Rosita se le ocurrió la idea de bajar en una canasta los panchos con kétchup y mermelada, la jarra de banarina y una pava con dos mates, dulce para Puppet y el Batata y amargo para Fred y Mangle.

Ha de haber sido un picnic extraño, sin sol, con tres bombitas de luz que colgaban en sus portalámparas del techo, la tres en fila. Y en la punta de la entrada estaba el farolito de Mangle que titilaba. Nadie podía explicar cómo es que el farolito ahí titilaba y arriba no, ni siquiera Puppet, que de electricidad sabe.

Se sentaron en ronda en el suelo. Se sentían grandes, otras personas. Puppet fue llenando los vasos con jugo de banarina y Mangle repartió los panchos. Comieron despacio, viéndose entre ellos, mirando las paredes nuevas en las que reinaban las sombras.

-Voy a cebar mate- dijo Mangle-. Hace mucho frío.

-Hace frío, sí. Toma mi bufanda.

Mangle se envolvió en la bufanda de Fred. Era ancha y larguísima, y se la enroscó alrededor del cuello y hasta alcanzó a cubrirla parte de la espalda. De la lana que se apretaba contra la nariz brotaba el inconfundible olor a Fred.

Por encima de la bufanda se asomaban los blancos mechones de Mangle, por la punta se asomaban los ojos amarillos. Todos se rieron, Mangle estaba rarísima, según palabras de Fred, parecía una diosa antigua (n/a: ooooooooooo) o una astronauta, según palabras del Batata.

-Ahora tenemos que hacer el juramento-dijo Fred, que sin bufanda tenía un cuello fino y largo y una nuez afilada y vistosa.

-¿Con sangre o sin sangre?- preguntó el Batata con una sonrisa fantasiosa, por lo que Puppet le pegó en el hombro.

-Esto no es una película, tarado- Le dijo Rosita.

Pero igual, como en las películas, pusieron todas las manos juntas y dijeron:

-Este es Otroso, es nuestro lugar.

Nuestra guarida, nuestro escape del mundo natural,

Es nuestro escondite, lo vamos a cuidar,

¡PARA DEFENDERLO VAMOS A LUCHAR! **- gritaron lo último, pero no separaron las manos, disfrutaban estar así, con todas las manos juntas, unas más fuertes, otras más pálidas, otras con anillos de colores, otras de uñas comidas, otras tibias, todas disfrutaban estar juntas, pero luego de un rato, las separaron, les costó.

-Bueno- dijo Fred parándose-, sigamos cavando

Corredores enredados y canales de emergencia

Desde la Gran Galería fueron abriendo, poco a poco, los corredores enredados y luego los canales de emergencia.

Es evidente que los corredores enredados y los canales de emergencia eran estrechos y largos, pero sinuosos. Se curvaban hacia la derecha, luego para la izquierda, luego hacia arriba o hacia abajo.

Y es que en la excavación seguían los caminos de tierra blanda, la que se despegaba con un solo golpe de pico y, a veces hasta se iba desmoronando sola. De este modo, en las paredes y techos quedaba la tierra dura y firme, la pura arcilla, que disminuía el peligro de los derrumbes.

El proyecto que tenían, el que Fred dibujaba y volvía a dibujar sobre los pliegos de papel madera que traía Rosita de la ferretería, era el de un Otroso que creciera, que creciera por debajo de Florida y que llegara a cada una de las casas de ellos cinco, y talvez, sobre un par de lugares más que sean más o menos neutrales y muy escondidos, como para que sean canales de emergencia.

Era un plan ambicioso pero no irrealizable. El hecho de que cuatro de ellos vivieran en la misma manzana y que el quinto solo unos metros más lejos facilitaba las cosas, además, estarían seguros, secretos, y a salvo de la Patota. Porque, hay que reconocer, que aunque la Patota estaba lejos, tan lejos de Otroso, siempre estaba presente de alguna manera, no había día en que no hablaran de ella.

Acerca de cómo excavar, de cómo apuntalar, de cómo avanzar y sobrevivir en lo hondo, fueron aprendiendo un poco en "La Apasionante Vida En Las Minas (un libro que Fred había encontrado en su casa que parecía ser de su padre cuando tenía 15, su edad)" y otro poco conversando, experimentando y discutiendo.

Solían cavar de a dos, lenta, leeeeentamente. Puppet había fijado unas pocas reglas de seguridad las cuales todos respetaban:

"Había que tener siempre algún compañero a la vista"

"Había que avanzar poco a poco, clavando el pico y luego retirando la tierra hasta el centro de la Gran Galería"

"Había que ir apuntalando los techos"

Para esa última regla habían conseguido cañas de esas que crecen de a montones cerca de las vías del tren.

Al cavar se iban formando túneles casi cilíndricos, en los que el techo se curvaba en bóveda sobre las paredes y el piso se curvaba para arriba en sus costados.

Se puede decir que eran prudentes.

Y, sin embargo un día en el que casi estaba terminado el corredor número 3 (el que iba desde el centro de la Gran Galería hasta el jardín del fondo de los Jaramillo) sucedió lo que todos estaban temiendo que sucediese.

Puppet, Rosita y Mangle trabajaban en el apuntalamiento del corredor nuevo y fijaban cañas contra las paredes y la bóveda del techo. Y Fred, mientras tanto, recorría el lugar de arriba abajo mientras borraba y volvía a escribir en el gran mapa de papel madera, donde registraba cuidadosamente todas las novedades de Otroso y ponía cartelitos con nombres (porque Mangle insistía en poner nombres a cada curva y lomita que se asomaba en Otroso). El Batata, entretanto, cavaba con mucha energía en una veta de tierra tibia, blandísima, casi arena parecía, eso dentro de un tiempo iba a ser el corredor número 4, cuando se oyó en todo Otroso un ruido sordo y profundo, tembloroso, que se repitió en eco por todos los pasillos.

Corrieron hacia la Gran Galería. Faltaba el Batata.

Lo buscaron en los corredores, el 1 y el 2 estaban apuntalados hacía más de un mes, estaban vacíos, silenciosos, y cuando los iluminaron con linternas solo vieron filas de cañas quietas y prolijas contra las paredes y el techo.

Pero a unos metros del corredor numero 2 un acumulamiento de tierra blanda les hizo pensar que tal vez el Batata había empezado con el corredor numero 4 el solo, sin respetar las reglas de seguridad.

-¡Batata! ¡¿Dónde estás Batata?! ¡Batata! ¡Sos un pelotudo Batata!- gritaba Fred tirándose al piso y empezando a arañar con las manos la lomada de tierra.

Mangle se puso de rodillas a su lado y empezó a cavar con las manos junto a él.

-¿A cuántos metros podrá estar?-preguntó Puppet, estaba en shock, no podía hacer mucho, apenas podía hablar.

Rosita tenía los ojos llorosos y no dejaba sus manos quietas.

-Y... ¡qué sé yo! Dos, tres metros... en una de esas, cuatro si había avanzado mucho.

-¡BATATA! ¡¿Me oís?!- volvió a gritar Fred y con el grito cayeron unas partes más de la tierra en la que el Batata estaba cavando.

-Mientras ustedes cavan, yo voy a apuntalar el techo, si hay otro derrumbe nos encierra a todos- Dijo Puppet.

Mangle seguía cavando, sin hablar, sin parar, arrodillada, avanzando.

Fred se puso de pie con un salto brusco. Agarró el pico.

-¡No Fred! ¡No! – Dijo Mangle agarrándole el brazo para que no clavara el pico en la tierra- Lo podemos lastimar.

Puppet plantó dos o tres cañas más entre el piso y el techo y se tiró a cavar con los chicos, Rosita hizo lo mismo.

Cavaron los cuatro, amontonados, apretados, pero sin parar. Hasta que la mano de Mangle tropezó con algo, una rodilla, un codo, la cabeza... ¡Un codo! Un codo era.

-¡Acá esta! ¡Acá esta!- Gritó emocionada.

-¡Vamos! ¡Vamos todos!- Gritó Fred.

Cavaron como desesperados, como perros, tirando toda la tierra que sacaban para atrás.

Cuando encontraron el brazo del Batata, Fred tiró de él con fuerza, mientras Rosita, Puppet Y Mangle sacaban la tierra del cuerpo de su amigo.

Tenía los ojos cerrados, la cara negra, y, así con medio cuerpo sumergido en la tierra, debió parecer una estatua a medio hacer.

-¡Batata! ¡Batata! – Gritaba Fred cacheteándole a más no poder- ¡Batata! – Rugía.

-Dos, tres, cuatro, siete minutos bajo la tierra ¿Serán muchos? ¿Cómo se asfixia la gente? ¿Cómo se sabe cuándo el vivo está muerto y el muerto está vivo?- se preguntaba Mangle mentalmente mientras trataba de parar a Fred, que si no estaba muerto el Batata de por sí, lo iba a matar a cachetadas.

La noticia de que el Batata podía haber muerto bajo un montón de Otroso les debe haber caído como un balde de agua fría.

Le sacaron lo mejor que pudieron la tierra de la nariz, de las orejas, de la boca.

Esperaron dos segundos, un minuto, miles de años ¿haciendo qué? Mirándolo, pasándole una mano por la cara a ver si se movía, estando atentos a cada mínimo y escaso movimiento que hiciera.

Fue Fred el que gritó:

-¡Se mueve! ¡Se está moviendo!

Lo que se estaba moviendo era la nariz del Batata, se ve que respiraba bien hondo, porque los agujeritos de la nariz se abrían grandes y se cerraban, mientras él temblaba. De pronto, un enorme, un gran, un maravilloso estornudo resonó por todo Otroso (no sé por qué, pero me lo imagino estornudando como un gato).

-¡Pelotudo! ¡Sos un pelotudo! – Gritaba Fred mientras lo abrazaba y hacía como una especie de risa y sollozo a la vez - ¿No te dijimos que había que apuntalar antes de seguir adelante?

-Me parece que nos hace falta un mate – Dijo Mangle mientras se iba a la cocina de su casa.

-¡Mate dulce! – Gritó Puppet.

-¡Mate amargo! – Gritó Fred.

El Batata estaba sentado con la cara negra, cada tanto estornudaba terroncitos de tierra.

De pronto se arrodilló y empezó a cavar con furia en el sitio donde todavía se amontonada la tierra blanda del derrumbe.

-¡Pará fanático! – Gritó Fred- Por hoy basta.

-¡La armónica! ¡Yo estaba tocando la armónica mientras cavaba!


WOW 13 hojas en Word! Ni yo me lo esperaba.

Me re cuelgo con esto de escribir... casi un mes me tardé, empecé a escribir el cap el 17/09 y ya... 05/10, me re colgué, estuve todos los días por más de dos semanas diciéndome "¡el cap pelotuda!" pero Yoshi rebelde no hacía caso -.-U

En fin... alguna crítica constructiva, tomatazos, una cita con purple guy... acepto lo que venga! No mentira, puede que me deprima con algunas cosas... PERO A LA MIERDA TODO! USTEDES REVIEWEEN Y YO LES CONTESTO OK!?

*listones de madera: supongo que son como tablas

**El juramento lo hice yo solita, no me gustaba mucho el que estaba en el libro, así que pos YOLO! ¿Cómo quedó?

P.D.: de acá a que suba el cap puede que pasen como dos, o siete días más...