[12/7 16:22] HARLEENQUIN GIRL: Disclaimer: los teen titans no son míos, son de otra gente que no quiere darme una sexta temporada.

N/A: antes de empezar, muchas gracias por los reviews. Son tres, pero os amo porque todos han sido buenos. Seguiré este fic, ya llevo varios capítulos más así que no tardaré meses en subir capítulo ni nada de eso. Bueno, espero que os guste :)

CAPÍTULO DOS: Precipitada.

Caperucita no fue al bosque durante cinco días. Esos cinco días estuvo preparándose para la cacería. Ella se había criado conociéndolas, leyendo sobre ellas, como identificarlas, como había que dejar que creyeran que tenían tu confianza... Mas no podía sola. No sin entrenamiento y en tan corto plazo de tiempo. Ella iba a idear un plan, así las pillaría por sorpresa y sería mucho más fácil matarlas.

Mientras tanto, cierto chico rubio pasaba todos los días a la misma hora en busca de la chica que le quitaba el sueño. Él solo la había visto poco más de una vez, y con eso le bastó para quedarse loco por ella. Al principio la veía andar por el bosque, pero nunca se atrevió a acercarse, no hasta el día en que se quitó la capucha para recoger flores y comer fresas en aquel prado. Él sabía que debía tener cuidado, que eso nunca iba a acabar bien, y él no quería hacerle daño. Él no quería hacer daño a nadie, el temía que si eso sucedía, él mismo perdería la cabeza. Slade, su maestro, intentaba enseñarle como controlarla. Su maestro podía hacerlo cuando quería, a propia voluntad. Tara, otra de los discípulos, podía controlarla también, aunque no llegaba al extremo de cambiarse en cualquier momento. Wally también podía controlarla, pero seguía teniendo amnesia, aunque todos acordaron a no decirlo, ya que así se esforzará más. Todos sabían menos él, y él tenía miedo. Y ahora todavía más, ya que parecía que su vida iba a dar un giro en ese momento. Garfield estaba obsesionado con esa chica, y su amigo Wally, aunque no quisiera admitirlo, se había prendado por la fiera pelirosa.

Cinco días pasaron, y Garfield siguió volviendo a la misma hora todos los días. Él empezó a temer que estaba ocurriendo algo. Según la anterior conversación con Caperucita, ella iba a visitar a su abuela enferma. ¿Le habría pasado algo a su abuela o a ella misma? Últimamente habían habido una epidemia de gripe... ¿Estaría enferma? Si Garfield quería, el podía ayudarla, pero eso desvelaría su secreto, y ella era prácticamente una desconocida, además, él no tenía ni idea de donde podría estar la casa de su abuela, así que tampoco podía comprobarlo. Las dudas empezaron a comer a Garfield de dentro a fuera.

Podría decir que se quedó estático y se le paró el corazón cuando la vio así, con la capucha bajada, la capa abierta, la cual dejaba ver su cuerpo envuelto en el vestido verde más bonito que él había visto. Él sonrió. Aún recordaba ese día en la pradera, el primer día que la conocío:

-Flasback:-

-¿Sabes que se puede conocer tu suerte solo en la forma en la que comes?-El rubio se acercó detrás de la joven que comía fresas silvestres con los ojos cerrados, como si el mundo no le importara. Al escuchar la voz de este se giró y le propinó una patada en la entrepierna, lo que hizo retorcerse a Garfield en el suelo. Ella se quedó mirándole estática, mientras esta gritaba de dolor.-¡Joder!-Garfield empezó a gritar de nuevo.-¡Solo quería hablar, pedazo de bruja!

-¿¡Tú me vas a llamar bruja?! ¡Eres un acosador y un rarito! ¿¡Quién narices se acerca a otra persona en medio del bosque, susurrándole no sé qué de su suerte?! ¡Estúpido!-La chica se puso la capucha de su capa y agarró su cesta. Garfield sabía que ella estaba enfadada, y que seguramente ella era una de esas chicas con las que más vale no meterse, pero Garfield tenía unas ganas horribles de hablar con la misteriosa chica que paseaba casi todos los días por su nuevo área a cargo.

-¡Vale, vale!-Garfield se levantó como pudo y bajó un poco el tono de voz.-Dios, ¿te entrenas pegando a tíos patadas en sus huevos o es que eres profesional de naturaleza?-Rachel arqueo la ceja. Lo primero que pasó por su cabeza era lo descarado e inmaduro que era ese rubio. Incluso le hacía gracia, pero no era momento de reír.-Te juro por todo el tofu del mundo que nunca me habían pegado tan fuerte ahí.

-¿Quién narices eres?-Rachel contestó con la voz seca y apagada, totalmente monótona y fría, como si no sintiera nada. El rubio empezó a sonreír de oreja a oreja, era lo que quería, poder conocerla mejor.

-Garfield Logan, diecisiete, color favorito el verde, vegetariano de pura sangre y bromista y humorista profesional, encantado.-Hizo una pequeña y cómica reverencia, a la que Rachel no respondió de ningún modo. Él estaba confuso, normalmente la gente se reía.-¿Cómo se llama la dama?

-¿Ahora me hablas con propiedad? Eres un sin vergüenza y un desconocido, no tengo por qué decirte mi nombre.-Rachel bufó, Garfield le miró curioso de arriba a abajo, lo que puso de los nervios a Caperucita.-Es más, no tengo por qué hablar contigo.-Caperucita hizo ademán de irse, peor Garfield le agarró de la muñeca antes de que pudiera escapar a ninguna parte. Rachel respondió frunciendo el ceño y apartando su muñeca de la mano del rubio. A Caperucita no le gustaba mucho el contacto físico de gente que no conocía.

-¿Te quedarás un rato conmigo si adivino tu nombre?-Rachel le miró con curiosidad y picardía, todo esto claramente tapado por su expresión desaprensiva. Caperucita se quedó callada un momento, el cual se podían notar los nervios de Garfield. ¿Había sido él el único en notar la electricidad al sujetar su muñeca? Él sabía que no, y aunque estaba en lo cierto, Caperucita nunca lo iba a admitir.

-De acuerdo, es más, estoy tan segura de que no lo adivinarás, que si yo pierdo puedes preguntarme lo que quieras, sin tapujos, y yo te responderé.-Garfield meditó un momento y asintió. Luego sonrió con autosuficiencia, subiendo y bajando las cejas de modo en el que Caperucita se temía lo peor.

-Eres Rachel Roth.-Caperucita lo miro pasmada.

-¿Cómo es posible que lo hayas sabido?-Ella se quedó callada un momento, y frunció el ceño.-¿¡Acaso eres un acosador o un espía!? -Garfield rió, lo que molesto todavía más a Rachel.

-Ya te gustaría, yo solo lo he leído del nombre bordado que tienes en la esquina de tu capa. ¡Deberías haber visto tu cara!-El chico empezó a reírse de nuevo, provocando que Caperucita le propinase una colleja en la cabeza. Garfield emitió un grito de dolor no muy varonil, que por poco provoca la risa de Rachel. Esto no pasó desapercibido por el chico.-¡Eh, casi te ríes!-Rachel miró hacia otro lado. Con personas como esa no valía la pena malgastar palabras, aunque en el fondo pensaba que era algo cómico.-Decidido, a partir de ahora voy a intentar hacerte reír.-Garfield se llevó una mano al pecho, como haciendo una promesa.-Juro que no descansaré hasta que escuche una carcajada de la escalofriante Rachel Roth.

Rachel le pegó otro manotazo por eso último, esta vez menos fuerte. Rachel dejó su cesta en el suelo y suspiró.

-De acuerdo, hazme la estúpida pregunta y déjame en paz.-Rachel le miró seria. Garfield sonreía como si no hubiera otra cosa que supiera hacer mejor. El chico le creaba muchas dudas a Rachel, ¿por qué siempre sonreía? ¿Qué ganaba él con todo esto? ¿Qué quería de ella? ¿Era realmente tan estúpido como aparentaba? La voz del ojiverde la despertó de sus pensamientos.

-¿Vas a volver a venir por aquí y a hablar conmigo?-Garfield sonrió. Él sabía que la chica, en el fondo, fondo, más profundo de todo, en realidad era una persona buena, amable y cariñosa. Rita siempre se lo decía: las calladas son las que más valen la pena.

-Lo que sea.-Caperucita se levantó y se fue, dejando a un Garfield muy confundido. Ella no había dicho que sí, pero tampoco que no, lo que en el lenguaje de las chicas según su amigo Wally era que sí, pero según Victor es que estaban cansadas. Garfield debía de dejar de pedir consejos, al final siempre se hacía un lío, porque, ¿quién sabe lo que realmente quieren decir las mujeres?

-Fin del Flasback.-

Podría decir que por poco se desmaya, que estaba muerto de los nervios, que simplemente se quedó sin palabras. Pero no, Garfield no era así. Garfield hizo lo que mejor se le da: sonreír como un tonto al que le han dado un premio por hacer algo decentemente. Primero miró a Caperucita, la cual estaba con su expresión seria de siempre. Él se acerco y la saludo.

-¿Quién eres? Nunca te había visto por este bosque.-Sí queridos amigos, Garfield la había reconocido perfectamente, solo que él es así, no puede evitar hacer el tonto, siempre gastando bromas, nunca tomándose nada en serio.-¿Has visto a una chica bastante... -Él sujeto su barbilla, de manera en la que hacía un gesto pensativo.-Escalofriante? Va siempre con una capucha puesta y parece un monje, ¿sabes? Solo le he visto la cara una vez, imagínate las veces que se la quitará.-Rachel sonrío de manera irónica y le siguió en juego.-Si se la quitara de nuevo...

-¿Tú eres tonto o te lo haces?-Él soltó una carcajada, bastante nervioso. Ella si que había sido directa.-¿Qué Trigons dices de una chica?-Ella había pillado la broma, ella detestaba esa broma, y aunque él lo sabía, siguió con el juego. ¿Por qué? Porque Garfield es un chaval especial, al cual solo le gusta hacer tonterías.

-¡Sí! Es decir, esa chica es puro misterio. ¿Sabes que viene casi todos los días a ver a su abuela?-Rachel tomó con toda la fuerza de voluntad que pudo para no reír. El chico era más tonto de lo que parecía en un primer momento, o eso pensaba Caperucita. Pero ella tenía que seguir el plan, solo tenía que comprobar una cosa más para asegurarse de que lo era.-Sí, pero hace como cinco días que no viene. No se lo digas, pero vengo a pasear más a menudo por esa chica.

-¿Y eso?-En ese momento pensó que para su plan sería mejor seguirle la corriente al retrasado mental. Caperucita siempre había sido de pocas palabras, además, no quería saltar sospechas. Caperucita habló con tono enfadado, muy serio.-¿No estarás acosándola? A las chicas no les gusta mucho los acosadores, y menos los rubios de ojos verdes que van por el bosque acechándolas.-Garfield empezó a ponerse nervioso. ¿Qué estaba diciéndole? Caperucita puso su voz monótona y aburrida de siempre.-Aunque también puede que no le estés acosando, tú sabras.-Garfield expulsó el aire que había estado conteniendo. ¿Enserio se había puesto tan nervioso por esa tontería? Hasta él mismo estaba empezando a pensar que sí que era realmente tonto.-Hablando de otra cosa, tengo una amiga que tiene un problema. No para de llorar todo el día, ¿Sabes como alegrarla?-Él negó con la cabeza. Ella se acercó a él, aún a una distancia prudente. Se sentó en la hierba y él la acompañó.-Cantando.-Él abrió la boca, dando una expresión de sorpresa.

-¿Cantando?-Ella asintió.-¿Cuál debería cantar? No es por negar tu consejo, pero hay millones y millones de canciones.-Ella sonrió. Perfecto. Todo iba perfecto. Él era muy tonto, y ella muy lista.

-La canción más cercana a ti, la que tus familiares ta hayan cantado para ir a dormir, la que lleves en las venas.-Garfield la miraba embelesado. Sí, era un tonto, pero cuando Rachel miraba a ese chico, incluso le daba pena lo que hacía. Pero se le pasaba con el recuerdo de lo sucedido con su abuela.

-Entonces se la cantaré.-Se quedaron en silencio, cuando de repente, él empezó a cantar.

Ella escuchó su voz. Era una voz que llegaba a todos los rincones de su mente. Pero la voz no era lo que hizo que Rachel se tuviera que poner la capucha. Era la canción. Él había cantado la canción que su abuela Azar le cantaba por las noches.

Ella se había equivocado, era imposible que a una bestia le cantaran la canción para prevenir a las bestias. Era imposible. Es como si eres esclavo, y te cantan una canción sobre lo asquerosos que son los esclavos. Sería macabro hasta para los padres de una bestia. Se quedaron en silencio durante unos minutos. Al instante, Caperucita lloró. Garfield no sabía que pasaba, pero simplemente la abrazó, y ella lloró bajo su regazo. Ella se sentía muy rara, ¿por qué estaba llorando encima de un extraño al que apenas conocía de tres ocasiones? ¿Por qué últimamente todo era tan duro? Ella solo quería demostrar que las Bestias habían vuelto, ella de verdad pensaba que las Bestias le habían echo eso a su abuela. Caperucita necesitaba saber quién o qué fue lo que le hizo eso, y ahora su única pista se había ido. Ella había vuelto a donde empezó. Su padre tenía razón, o eso pensaba ella, tenía razón todas las veces que le pegaba y le decía que era una chica extraña y inútil, buena para nada. Estos pensamientos solo ayudaron a que Rachel siguiera llorando. Pasó una media hora hasta que Rachel calmó sus lágrimas, lo que serían unas tres horas en una persona normal. En ningún momento Garfield hizo ademán de querer irse o de estar molesto, solo la acompañó, a la chica extraña que apenas conocía, pero que en tres días parecía conocer mejor que a muchas personas que conocía desde hace años.

-Me gusta tu vestido.-Ella cerró los ojos. No le importaba estar acostada en el pecho de un chico que apenas conocía, estaba demasiado dolida, rota. Ella era fuerte, eso se decía, llorar no arreglaba nada. Todo su plan de venganza se había ido al traste, ahora debía empezar de cero.-¿Sabes que el verde es mi color favorito?-Rachel le miró, separándose un poco, y arqueó una ceja.-Recuerdo que mi madre biológica siempre me decía que el verde era el color de la felicidad. A veces a Mento le molesta que vista siempre de verde y que sea vegetariano, siempre dice que estoy trastornado y cosas de esas, pero no me importa.-Garfield sonrió a Rachel.-Por fin has parado de llorar, odio verte así. ¿Quieres decirme por qué estás triste?-Rachel se acostó de nuevo en él.

-Mi abuela ha muerto.-Él se cayó un rato. Ella siguió hablando.-He venido porque no podía seguir allí, en mi casa. Además, esperaba encontrarte. En el fondo me pareces algo... Gracioso.-A él le dio un brinco en el corazón.-Pero díselo a alguien y lo negaré todo, además de que torturaré.-Él asintió con respeto. Garfield pensaba que él era el único que pensaba en ella, pero al saber que el sentimiento era mutuo, lo único que pudo hacer fue reprimir una de las mayores sonrisas desde hace mucho tiempo. Porque, obviamente, no iba a ponerse a sonreír como un loco tras lo que le había dicho.

-¿Por eso no has venido en tanto tiempo?-Ella se levantó para sentarse frente a él, secándose las lágrimas con la palma de la mano, aunque no se las podía ver por culpa de la capucha.

-¿Cómo sabes que no he venido en mucho tiempo?-Él se rascó la nuca y se pasó la mano por el pelo, evitando la mirada de Caperucita.-¿Has estado viniendo al bosque para verme?-Él, sin mirarle a los ojos y rojo como un tomate, asintió. Ella silenció.-Eso es...

-Se que parece un poco de acosador, y sé que siempre me dices que soy un acosador y todo eso, además, todos mis amigos me han dicho que no lo haga, hasta el idiota de Jason Todd me ha dicho que solo haría el ridículo y malgastaría mi tiempo.-Garfield ha empezado a hablar muy deprisa de nuevo.-Tara me ha dicho de volver juntos, pero incluso con esas. He venido aquí todos los días desde que vine con Wally. Algunos días me ha acompañado también, pero él tenía más esperanzas en volver a ver a tu amiga pelirosa. Creo que soy un tonto, es decir, ¿una chica como tú, pensar en un chico como yo? Que locura. Pero antes de decirme nada de lo que piensas, solo quiero decirte que puede que me gustes un poco. Vale, un poco es demasiado poco, yo quiero decir que me gustas, gustas. Pero solo nos conocemos de una semana y...

-Garfield, cállate.-Caperucita se baja la capucha para mirarle fijamente a los ojos.-Esto me va a costar bastante decirlo. Dame un poco de tiempo para encontrar las palabras.-Garfield asintió. Rachel empezó a mirar a todos lados menos a él, y estuvieron así como cinco minutos. Garfield estaba a punto de hablar, cuando Rachel empezó a hablar.-No sé porqué, no me preguntes el porqué porque no te voy a saber contestar, pero tú me produces una sensación de como si te conociera de toda la vida. Parece que hemos tenido peleas tontas desde que tenemos cuatro años. Y... Creo que sí. Tú... No...-Rachel miró hacia otro lado y se mordió el labio.- No me desagradas.

Y Garfield sonrió como nunca lo había echo.

Caperucita sabía en lo que se metía, pero ella se lo había prometido a sí misma. Se mordió el labio de solo pensar en lo que estaba haciendo, pero no había otra opción.

Los últimos meses habían sido bastante tranquilos. Ningún ataque animal, ninguna oveja muerta. Todo el mundo estaba mucho más tranquilo, ya que la epidemia de gripe se estaba terminando de erradicar, y las cosechas iban bien. Trigon estaba satisfecho, por lo que esos meses de primavera no hubieron palizas a Caperucita después de un día de borrachera. Arella estaba destrozada por la pérdida de su madre Azar, pero el buen ambiente del pueblo ayudaba a mitigar ese dolor. Aún así, hubo días que tuvieron que obligar a Arella a comer algo, o a dormir. Garfield había estado visitando el bosque menos regularmente, ya que no hacía falta ir todos los días, porque Rachel y él quedaban una serie de días concretos a unas horas acordadas. Todo parecía ir de lujo, pero Rachel tenía ese pequeño trozo de mente que le impedía ser plenamente feliz. Ella sabía que habían sido las bestias, dlla no estaba loca. Necesitaba vengarse. Había momentos en los que ella pensaba que las bestias quizá habían emigrado, que tal vez su abuela las hubiera echo enfadar y por eso la habían matado. Pero ella había leído los libros prohibidos, ella sabía que las bestias cazaban menos en una serie de momentos específicos, que dependían de la manada, que si alguien atacaba la manada, esa persona moriría. Con este conocimiento, ella decidió que ya había sido suficiente espera, y fue a visitar a Malchior.

Malchior era la única persona del pueblo que podía venderte artículos especiales para la defensa contra "seres sobrenaturales". Él tenía una pequeña casa entre el camino que unía el pueblo vecino en el cual vivía Garfield, o eso le había dicho, con su pueblo, debido a que Trigon lo había exiliado de Jump por su "poca profesionalidad y falta de respeto por la creencia de ignorancia en su pueblo". Ella le tenía una especial repulsión, ya que él había intentado hacerle chantaje por ser la hija del alcalde, para librarse de su exilio del pueblo. Por eso, y por otra serie de cosas como que la siguiera alguien, era por lo que a Caperucita no le hacía mucha gracia tener que ir a ese lugar. La casucha de color gris humo, con la madera algo podrida en el porche, y la puerta negra, era la residencia y la tienda del gran (nótese la ironía en "gran") Malchior. De solo pensar que hace un tiempo Trigon iba a obligarla a casarse con semejante impresentable, le erizaba la piel y le hacía sentir cólera. Ella repitío su mantra antes de entrar: Azarath, Metrion, Zinthos. Caperucita tenía problemas de ira, y si entraba a ese sitio sin estar relajada, la cosa iba a acabar muy mal.

Os ahorraré esta parte de la historia y os la resumiré: ella fue muy desagradable, sincera y sarcástica con él, este le vendió la pistola con las balas de plata y la echó de la tienda/hogar, lo cual no molestó en absoluto a Rachel.

Lo siguiente que hizo fue volver a casa, esconder la pistola cargada junto con la daga de plata, coger su calendario y marcar con un círculo los días con luna llena. En ese momento pensó en Gar. En como ella había dudado de que él fuese una bestia, y en como se había dado cuenta, tras ese día en el que él le cantó, que sus suposiciones habían sido precipitadas. Aunque en el fondo esto no confirmaba el que no fuese una bestia, quitaba muchas probabilidades. Pero cada día lo conocía mejor y se daba cuenta de que había sido muy precipitada al creerlo. Ella no sabía si había sido tan rápido la primera vez que se conocieron, estaba de espaldas y distraída, no tenía porqué haber ido tan rápido como ella imaginó. Y tras aquella vez, ella había visto mil veces su sonrisa, y se había fijado en que sus dientes eran normales, quizá con los colmillos un poco más sobresalientes, pero nada en especial. Ella suspiró. Como se alegraba de haberse equivocado. Conforme había ido pasando los días, cada día cogía más cariño a aquel chico. Siempre le hacía fastidiar y la ponía nerviosa, alguna vez se habían gritado el uno al otro como si se fueran a matar, pero él siempre le sacaba una sonrisa al final. Ella no pensaba en ningún chico, después de vivir con su padre y ver ese ejemplo, nunca había tenido un especial interés en los hombres, pero Gar era diferente. Caperucita nunca lo admitiría, pero aquel chico tonto y molesto estaba empezando a caerle bien.