Disclaimer: Naruto y Harry Potter no son míos
Capítulo 2 – El clan Black
—Una habitación grande para dos semanas, por favor.
Harry evitó sonreír cuando el civil ni siquiera pestañeó ni osó preguntar nada, simplemente le tendió las llaves y, con una reverencia, le deseó una buena estancia. Hacía apenas unas horas que habían llegado a la frontera del País del Fuego que rozaba con el País del Viento y habían decidido asentarse en un hostal en lugar de usar la tienda de campaña mágica. Andrómeda, y Teddy, quería verlo todo y George se estaba comportando como su antiguo yo de una vez por todas. Los 3 eran como niños pero Harry no los cambiaría por nada en el mundo.
Nada más llegar, conjuró una cuna para su ahijado, que ahora estaba profundamente dormido después del agotador viaje de traslador seguido de una aparición, y unas sillas mullidas así como una mesa pequeña para que pudieran planear a gusto. Harry, quien había sido votado por George y por Andrómeda, o más bien obligado, a ser el líder sabía que no podían ir de buenas a primeras a Konoha, su destino final. De hecho, al dependiente del hostal le había pagado con unos ryos transfigurados ya que ni siquiera había podido comprobar si su otro yo había cambiado su oro, el del gira-tiempos. Tenían tantas cosas que hacer que se sentía cansado y eso que no había hecho nada especial el día de hoy.
—Bueno, empecemos —abrió él la reunión cuando vio que le estaban mirando atentamente—. ¡Jara!
Apareció uno de sus elfos domésticos y sonrió triunfalmente cuando se dio cuenta que los hechizos que él les había puesto a sus elfos estaban haciendo efecto. Ahora, gracias a la magia élfica y su magia, los elfos domésticos podrían transportarlos en un instante al mundo exterior si fuera necesario. Además, así podría saber si sus inversiones estaban surtiendo efecto y si a Neville, con los votos del Wizenmagot Potter y Black, tenía algún problema. Aun así estaba seguro que Luna y Neville podrían encargarse de todo lo importante.
—¿Qué vamos a hacer con el oro? —preguntó George, quitándose la yukata que habían conjurado nada más llegar y habían visto que era la vestimenta habitual.
Harry se quedó mirándole fijamente y se dio cuenta de que tendría que soltar prenda más a menudo si quería que su familia funcionara. Aun así no estaba acostumbrado a ser honesto y abierto con los demás, ni siquiera con George a quien conocía de hacía 9 años. Andrómeda, viendo su rostro, en seguida supo qué pasaba y alzó una ceja.
—En realidad he usado mi gira-tiempos nada más llegar para cambiar el oro, de hecho debería mirar nuestras maletas y ver si es cierto —con un meneo de mano el baúl, que siempre llevaba empequeñecido como un adorno en su pulsera de muñeca, se agrandó y se abrió. Abrió el cofre y vio que lo había expandido mágicamente en el interior—. ¡Perfecto! Ya tenemos dinero.
Contó con su magia el dinero y vio que, haciendo cálculos, 1 ryo era aproximadamente 0.1€ lo que significaba que sus 5 lingotes de oro debían valer una gran fortuna. Nada más y nada menos que 323 millones de ryos y viendo como solo había tenido que pagar 10 ryos por 2 semanas y jornada completa en el hostal… Seguramente ahora debían ser muy ricos. Y eso que ni había cambiado un 0.5% de su fortuna.
—Con esto deberíamos tener para toda la vida —comentó Andrómeda, cuando anunció en voz alta sus pensamientos. George tenía los ojos salidos de las órbitas.
—¿Por dónde empezamos? —preguntó George, aclarándose la garganta—. Es decir, ni siquiera vestimos igual y solo hablamos el mismo idioma porque Harry nos ha hechizado con su magia permanentemente. No tenemos casa ni hemos decidido un nombre para nuestra familia. Digo, si somos una familia no podemos llamarnos los Weasley-Potter-Black-Tonks; eso sería ridículo además de impronunciable por esta gente.
—George tiene razón. Debemos encontrar un apellido común.
—¿Qué os parece Black? —preguntó Andrómeda con un brillo en los ojos—. Solo tiene una sílaba, es fácil de pronunciar y recordar, es misterioso pero no ridículo. Además, todos aquí estamos emparentados con los Black. La abuela de George era Cedrella Black, la tuya Harry Dorea Black y mi nombre de soltera es Andrómeda Black. Sin contar a Teddy, cuya abuela soy yo.
Harry y George intercambiaron miradas pero asintieron casi al instante. A él le daba igual ya que durante 2 años se había estado haciendo llamar James Black, aun así sabía que para George debía ser tan fácil como difícil dejar su verdadero nombre ya que era algo que compartía, y que por lo tanto le recordaba, con su hermano gemelo. Andrómeda cogió la pluma y escribió en letras bonitas y bien grandes en el encabezado el nuevo nombre de familia.
—¿George y Harry Black? —George se estremeció al escuchar su nuevo nombre y Andrómeda bufó una risa—. Entonces nuevos nombres.
—¿Tienes alguna sugerencia, Andy? —preguntó él y Andrómeda se llevó la pluma a la boca sin darse cuenta.
—Mmmm… supongo que nada de Sirius ni Orión, ni Draco, por supuesto. Sabes, una vez escuché a Sirius llamarte su cachorro y me recordó a la estrella Rho Pup, que básicamente se traduce literalmente como Cachorro 17. El nombre coloquial, por así decirlo, de esta estrella es Turais.
Harry cerró los ojos pensando, se preguntó si Sirius le hubiera adoptado como había querido antes de morir tan desafortunadamente le habría dado ese nombre. Pensó en su verdadero nombre y supo que quería dejarlo atrás, sobre todo porque aunque se lo dieron sus padres solo le había traído sufrimiento. Además, si estaba honrando a los Black, ¿por qué no hacerlo llamándose como una estrella según la tradición? Asintió más para sí que para los otros pero Andrómeda sonrió ampliamente y apuntó su nombre así como su apellido.
—¿Y yo? Vosotros parecéis tía y sobrino pero con mi pelo rojo y mis ojos marrones no nos parecemos en nada —comentó George y Harry asintió.
—Ya lo había pensado, de hecho, te iba a preguntar si querías ser adoptado en la familia Potter como mi hermano —dijo Harry, algo preocupado por si a George el hecho de dejar a los Weasley aunque fuera de nombre le provocara malos recuerdos.
George le miró fijamente durante minutos hasta que finalmente asintió, sorprendido.
—Eso debería encargarse de tu aspecto, ¿qué hacemos con tu nombre?
Entonces Harry sonrió, sabía que el nombre que iba a proponer le iba a gustar a George —¿Qué te parece Leo Black?
George rio con sorpresa, de nuevo, al ver por qué Harry lo había elegido. El nombre le gustó al instante. Andrómeda, viendo la aceptación silenciosa del nuevo integrante de su familia, asintió. Luego, sin mediar palabra, fijó su vista en Teddy y Harry supo que Andrómeda tenía un nombre para él también.
—Voy a tener que cuidar a Teddy como a mi propio hijo… Siempre le dije a Ted que, de haber sido Nymphadora un niño, se habría llamado Eridanus —los ojos de Andrómeda se llenaron de lágrimas y George le pasó el brazo por los hombros para consolarla—. Siempre quise tener un niño; supongo que ahora ya lo tengo…
Harry, no, Turais cogió su taza humeante de té y suspiró. Tenían demasiadas cosas por hacer como para ponerse sentimentales. Horas más tarde, después de darle de cenar a Teddy y dejar que se entretuviera con sus juguetes hasta que su cansancio lo dejó K.O, ya habían acordado varias cosas y George incluso había sido adoptado oficial y mágicamente; los cambios notables fueron sus facciones libres de pecas, sus ojos de un marrón verdoso y su cabello negro.
La primera cosa que decidieron fue el nuevo lema de los Black que, obviamente, no podía continuar siendo "Toujours Pur". Después de un gran largo debate decidieron que, al haber sido todos tocados por la muerte, el lema fuera "El último enemigo que debe ser vencido será la Muerte". Un poco largo pero sincero. Harry todavía recordaba esa misma frase en las tumbas de sus padres y se preguntó cómo Andrómeda había sabido de ella viniendo de la Biblia. ¿Acaso Andrómeda habría visitado las tumbas en Godric's Hollow? Aunque claro Ted había sido nacido de muggles y sus padres habían sido cristianos…
La segunda cosa que acordaron fue el símbolo del clan que iban a registrar en Konoha, viendo la información que su otro yo le había proporcionado mientras discutían sus nombres y adoptaba a George. Si querían prestigio y estatus como para llevar una vida más holgada su familia tendría que registrarse en el País del Fuego como un clan, lo que le daría más libertad y derecho de secreto a su familia. No es que ellos no pudieran ser considerados un clan pero eso significaba que muchas veces sus habilidades serían requeridas por el país; lo que les llevaba a plantearse qué habilidades iban a mostrar y cuáles no. Fuera como fuera, el símbolo de las Reliquias de la Muerte, el escudo Peverell, un símbolo fácil de bordar y con mucho significado, fue votado por todos. Después de todo, fue un Peverell quien les proporcionó la información sobre los países elementales.
La tercera cuestión discutida fue la vestimenta aunque Andrómeda los vetó y decidió que iba a ser ella quien se encargara de hablar con la costurera local y darle las telas y diseños de su nueva ropa, tanto del símbolo del clan como los colores, etc. Harry y George no se negaron, al contrario, Andrómeda parecía saber lo que hacía así que le dieron carta blanca. En lo que todos habían estado de acuerdo era que al llegar a Konoha debían parecer un clan unido y eso significaba vestimentas y todo lo que fuera necesario.
—Mirad, aquí tengo un regalo para vosotros. Pensaba dároslo al llegar a Konoha pero pensándolo mejor es más útil que os acostumbréis a ello —les dijo y les dio a cada uno una caja de joyería.
—¿Para qué sirve? —preguntó George, quien podía notar la magia en el elegante aro plateado. Lo cogió y vio que en su interior había una secuencia de runas que desconocía.
Andrómeda jadeó cuando se dio cuenta de qué eran —¡Anillos mágicos!
—Sí, están encantados para que nadie pueda verlos ni robarlos ni sacároslo del dedo; con ellos podréis hacer magia como si fuera una varita pero, al contrario que las varitas, son indestructibles. Ahora nadie podrá romperos vuestra única forma de hacer magia; con esto todos pensaran que hacéis magia sin varita.
Los ojos de George, de nuevo, se salieron de sus órbitas cuando se puso el anillo y notó como su magia reaccionaba a la perfección, mejor aún que su varita y se acomodaba al tamaño de su dedo índice derecho. Andrómeda sabía por qué Harry había tenido la precaución de buscarles los anillos. De los 3 solo él era experto en combate y suficientemente poderoso como para no tener que usar una varita, de hecho, Harry podía hacer lo que le diera la gana con su magia porque él y su magia eran la misma persona. Algo que nunca había visto ni siquiera en Dumbledore o en Voldemort.
Algo que ninguno había previsto fue que los shinobis supieran como acceder a la energía natural, o chakra como ellos lo llamaban, que todo ser vivo tenía. El chakra no era más que un centro de energía espiritual que todos tenían, incluso los magos y brujas, que podía interaccionar con la naturaleza. Era por esa razón por la cual existían personas capaces de controlar los elementos en el mundo exterior, o de crearlos a partir de la nada, porque tenían acceso innato a su chakra. La magia era una energía también pero heredada, algo que no tenía explicación científica. Así pues, ante ninguna persona shinobi o civil podían decirles que tenían magia, sino querían parecer idiotas o ser perseguidos como ratas de laboratorio, sino más bien una energía secundaria a la que solo ellos podían acceder; cosa que sería vista como totalmente normal.
Aun así, si se presentaban como un clan alguno de los 3 sería contemplado para ser ninja y, siendo realistas, ni George ni ella tenían las ganas de sangre o la edad para ello, respectivamente. Sin contar al bebé Teddy. Harry era el único verdadero luchador de la familia, el que podía usar su magia a placer y el que tenía la inteligencia y prodigio suficiente como para aprender a usar el chakra en un par de semanas sin que nadie se dé cuenta que realmente no era un shinobi de verdad, al menos hasta que tuviera los papeles en regla.
Era por eso que, el cuarto asunto del día, había sido qué pensaban hacer al llegar a Konoha. Andrómeda era más bien una persona sedentaria, a la que le gustaba viajar solo en verano y mantenerse en el mismo lugar y hacer vida tranquila así que ella había sido nombrada la portavoz, y líder marioneta, del clan. En realidad el clan Black estaba formado por consenso aunque teniendo las decisiones y pensamientos de Harry más en cuenta que ninguno. Sería ella quien también se encargaría de la economía del clan. Los 5 elfos domésticos que iban a vivir con ellos en Konoha realizarían todas las tareas de casa así que no tenían que preocuparse ni de lavar la ropa o cocinar, o de cuidar las plantas de su futuro y grandioso invernadero de plantas muggle y mágicas.
Andrómeda también se encargaría de la educación de Teddy, tanto muggle como mágica, antes de apuntarle a la Academia ninja, durante y después. George, que no tenía suficiente fuerzas como para abrir una tienda de artículos de broma, abriría un restaurante de comida del mundo exterior –que tenía que ser una innovación muy beneficiosa– con ayuda de Harry en sus ratos libres y también una tienda de remedios mágicos, al menos los accesibles a todo el público. Harry había pensado acertadamente que quizás podrían venderle al hospital o a distintos departamentos de Konoha pociones como Veritaserum u otras médicas. Aun así ya les había asegurado que con uno de sus nuevos hechizos inventados ninguno de sus productos podría ser replicado por nadie salvo por ellos. Después de todo, no querían que nadie desmontara sus negocios y se quedaran con los secretos de su familia.
Eso significaba que, irremediablemente, tendría que aprender en 2 semanas, 4 si contaba su gira-tiempos, todo lo que podía para ser un verdadero ninja. Acceder a su chakra era igual de fácil que usar su magia aunque visualmente podía separarlos por colores. Mientras que su magia era negra, esmeralda y dorada, debido a ser un Potter, un Evans y un Black por sangre directa, su chakra era de color azul hielo intenso. Así pues usó Legimancia en varias personas hasta que dio con alguien que tenía contacto directo con los ninjas y vio sus memorias. Éstos podían saltar de rama en rama, subir paredes y caminar sobre el agua seguramente usando su chakra en las piernas. Usaban sellos, cosa que no entendía por qué y de hecho le recordaba a los estúpidos movimientos de varita del pasado, para realizar técnicas. El hombre al que estaba leyendo sus memorias solo había visto un par de jutsus, como los llamaban, de fuego pero imaginó que debía haber un sinfín de jutsus, todos que se moría por conocer.
Días más tarde, en un claro, hechizado con su magia para ser impenetrable e ilocalizable, donde entrenaba y donde había convencido para que George y Andrómeda entrenaran con él al menos lo básico, puso comprobar que su chakra era igual de obediente y listo para complacerle como su magia. Las memorias de la bola de fuego, aun sin hacer tantos sellos, fueron fácilmente realizables y, asombrosamente, también descubrió que podía captar chakra de la naturaleza; cosa que le hacía triplemente más rápido, fuerte y poderoso. En un alarde de curiosidad se preguntó si podría convertir su chakra en magia y, con sorpresa, se dio cuenta que podía y que además podía transformar su magia en chakra. Usando chakra en sus ojos pudo ver como George y Andrómeda tenían proporcionalmente igual cantidad de chakra que de magia así que se dio cuenta que, igual que era uno de los magos más poderosos de la tierra, también lo era como ninja. Solo tenía que entrenarse.
Aprender artes marciales había sido como respirar para él en sus viajes pero nunca imaginó que pudiera aumentar sus habilidades físicas con chakra aunque de hecho lo había estado haciendo con su magia para ver mejor, reaccionar más rápido ante agresiones y tener más resistencia. Fue muy desestresante combatir con uno de sus maniquís de lucha hechizados que había transformado a partir de varias piedras. Cuando pasaron 10 días Andrómeda y George no podían creer que Harry hubiera mejorado tanto. ¡Parecía un verdadero ninja! Como siempre Harry tenía muy en cuenta que no tenía limitaciones y eso se notaba en los resultados de su entrenamiento.
Solo faltaban 5 días para aparecerse frente a las puertas de Konoha cuando descubrió el mejor jutsu nunca jamás inventado. Clonación con chakra. A él poco le importaba el nombre pero sí el hecho de que podía clonarse tantas veces como pudiera dividir su chakra en mitades iguales y mantener la técnica. Lo mejor de todo, no obstante, había sido darse cuenta por pura casualidad, mientras experimentaba con el jutsu, que su verdadero yo recuperaba todas las memorias y aprendizajes de sus clones al instante.
—¿Sabes lo que esto significa, Andrómeda? —le preguntó con un entusiasmo que dejó boquiabierto a George durante unos segundos—. Quizá no aprendáis tan rápido como yo las cosas pero con que podáis hacer un par de clones reduciréis 2/3 el tiempo que tardéis haciéndolo vosotros solos.
Mucho más interesados que antes, solo les costó un par de horas en aprender a clonarse. Sin poder creerlo, todos notaron una enorme mejoría. A pesar de que ni George ni Andrómeda querían ser ninjas o matar a alguien sí que querían saber protegerse a sí mismos y, como la matriarca Black sugirió, aprender técnicas médicas nunca estaba de más, sobre todo si Harry pensaba ser ninja de élite. En un par de días Andrómeda y George fueron capaces de caminar por los árboles y por el agua, de saltar de rama en rama y de convertir su magia en chakra y viceversa. Además, su resistencia física también había mejorado notablemente. Harry tenía la sensación que, a pesar de sus conversaciones, poder luchar era atractivo para ambos; él creía que algún día cercano Andrómeda y George serían muy buenos ninjas aun sin ser oficialmente shinobis.
Cuando llegó el día de dejar el hostal Andrómeda agrandó la bolsa de ropa que la costurera les había preparado.
—Solo le he mandado hacer un par para cada uno hasta que lleguemos a Konoha pero espero que os guste, los diseñé yo misma —les dijo con una gran sonrisa en el rostro—. Pruébalo tú primero Harry, digo Turais.
Harry cogió el bulto que le daba su prima y se dirigió al baño. Por suerte Andrómeda había tenido en mente que a Harry le gustaba poder moverse en su ropa y no le había diseñado una yukata. Vistió los pantalones oscuros de una tela muy confortable y de fácil movilidad, seguidos de unas botas negras con unos cierres plateados. Se puso una especie de camisa que, por sus recuerdos de la cultura japonesa, sabía que era un haori y se ató un obi de color verde esmeralda, un tipo de cinturón de tela, alrededor de la cintura y dejando caer la tela restante por su costado derecho. Dándose un vistazo en el espejo salió del cuarto de baño. Vio como George y Andrómeda se quedaban algo mudos mirándole. Tal y como él había pensado de su propia imagen era algo intimidante con sus nuevas ropas, como un verdadero shinobi debía ser.
Andrómeda observó a su primo sin aliento. De haber sido más joven, y estar interesada, se le habría lanzado. Su cabello, ahora media melena, igual de negro que sus ropas rozaba con el cuello del haori y contrastaban sus ojos esmeraldas con el obi que Andrómeda había encargado hacer especialmente con seda india, con el bordado de su nuevo clan en ambos extremos. Gracias a su haori entre abierto podía ver sus pectorales bien definidos, el inicio de sus abdominales y su piel ligeramente dorada todavía. Las largas y anchas mangas del haori hacían parecer aún más esbelto si cabe a Harry y sus manos, a la vista, más elegantes y estilizadas. Las botas y los pantalones le hacían parecen mucho más alto y misterioso de lo que era normalmente. Harry era, simplemente, un hombre brutalmente atractivo.
—Gírate, Turais —dijo, por primera vez sin equivocarse George y Andrómeda sonrió al ver que por fin sus sueños se estaban cumpliendo de verdad.
Así se giró y pudieron ver el símbolo de las Reliquias de la Muerte bordado en color verde esmeralda. El gris, el negro y el verde iban a ser los nuevos colores de su clan; los colores que les favorecían a todos. Andrómeda, con las manos algo temblorosas, cogió su propia bolsa. Su vestimenta era parecida a la de Harry salvo que su kimono hasta las rodillas no tenía pantalones, sino mayas igualmente negras, y unas aperturas en los muslos para poder moverse más fácilmente. Andrómeda, cuyo cabello había hecho crecer con un hechizo, se sintió poderosa mirando su reflejo. A pesar de que su cabellera negra y luminosa tapaba el símbolo del clan, el collar de las Reliquias sentado sobre sus pechos, a la vista de todos, era más que perfecto. Mirando su reflejo nadie hubiera dicho que tenía 42 años, más bien parecía tener 25 años todavía.
George, quien Andrómeda sabía no estaba tan satisfecho enseñando su pecho como Harry, tenía en lugar de un haori una camisa de cuello ancho y alto, con cremallera en un costado de su pecho y con mangas anchas de 3/4. Los guantes sin dedos de cuero verde esmeralda le daban un aspecto rebelde, como el verdadero George. Teddy, su querido nieto, estaba vestido con una simple camiseta gris con el escudo del clan y unos monísimos tejanos negros con sandalias grises. Eran una familia muy atractiva. Midiendo George y Harry casi los 2 metros Andrómeda se sintió extrañamente pequeña pero protegida. Sabía que su familia cuidaría de sí misma. Y, sin duda alguna, Andrómeda tendría que hechizar a alguna que otra mujer para que dejara a sus chicos en paz.
—¡En marcha!
Salieron del hostal la mañana siguiente, a penas después de que saliera el sol, y Harry los desapareció hasta una aldea cerca de Konoha desde la cual irían a su nueva villa caminando. George, quien había sido el encargado de falsificar cualquier clase de papeles, les había explicado todo aquello que tenían que saber antes de cruzar las puertas de la aldea. Harry, quien gracias a uno de sus clones había investigado la villa de Konoha, les explicó por el camino qué clase de lugar era. Su clima, su estructura, sus gentes, su historia…
A Andrómeda le quedó claro que debido a las guerras que había sufrido Konoha y los intentos de invasión iba a ser difícil que no los interrogaran pero, por suerte, ya habían hecho una lista de cosas que podían decir y otras que iban a callar. Tsunade Senju era ahora la Hokage del País del Fuego así que, sabía cómo mujer, que podía favorecerles que fuera ella, y no Harry, quien fuera considerada líder del clan.
—Lo primero que debemos hacer es registrarnos como clan y como aldeanos de Konoha y luego buscar un estado para el clan. Los elfos se encargaran de restaurar lo que sea necesario y de decorar con nuestros muebles del exterior la casa —habló Harry en voz baja cuando vieron a lo lejos las grandes puertas verdes de Konoha—. Lo siguiente será llenar nuestro almacén de comida y preparar nuestros invernaderos y las salas especiales.
—Tú céntrate en convertirte en ninja, Harry —le reprochó George, dándole una palmada en el hombro—. Andy y yo nos encargaremos de todo.
Los siguientes metros los pasaron en silencio, caminando entre la gente que se les quedaba mirando, algunos asustados y otros atónitos. Andrómeda le miró pero él solo pudo encogerse de hombros. Nada relacionado con ellos había aparecido en sus múltiples investigaciones. Quizás debían parecerse a alguien.
—¡Alto! Documentación, por favor —les dijo un ninja, con vendas en la cara y la banda shinobi de Konoha en la frente. Harry tendió la documentación del clan, dándose cuenta que incluso los ninjas –entrenados para no mostrar emociones– parecían francamente sorprendidos y algo estupefactos—. ¿Black? Nunca habíamos escuchado ese apellido.
Harry se encogió de hombros, después de todo era cierto. —Hasta ahora habíamos pasado desapercibidos.
—¿Qué les trae por Konoha? —preguntó el otro ninja, de aspecto algo más amable, mirando atentamente la documentación, totalmente válida, de los extraños frente a él. De no haber leído, y comprobado, la documentación hubiera pensado que eran del masacrado clan Uchiha.
—El mundo ha avanzado irremediablemente, nos sentiríamos más seguros residiendo en Konoha como un clan.
Kotetsu e Izuno intercambiaron rápidas miradas. Quizás no fueran jonin pero incluso un par de chunin como ellos podían leer entre líneas. Sí, ambos podían creer que cualquiera estuviera asustado con los sucesos de la última década y media; en solo 15 años habían acabado la Tercera Guerra Ninja, el Cuarto Hokage había muerto, el Kyuubi había atacado Konoha, muchísimos ninjas habían perecido, Konoha había sido traicionada por un sanin –Orochimaru–, habían sido invadidos por un país desconocido creado por el sujeto mencionado y habían perdido al Tercer Hokage. La mitad de eso era suficiente para que muchos se removieran intranquilos en sus casas y, de haber comprendido bien Kotetsu e Izuno que los Black tenían poderes especiales como para ser un clan… Sí, cualquiera intentaría ponerse a salvo.
—Pasad, informaremos a la Hokage de vuestra llegada.
—Perfecto. ¿Debemos ir de inmediato a verla? —preguntó Andrómeda, con rostro firme pero neutral.
Kotetsu asintió. —Allí se os dará una cita su asistente en caso de que la Hokage esté demasiado ocupada.
—Es el edificio rojo ahí a lo lejos —les sonrió Izuno y los Black asintieron antes de coger la documentación.
Los 2 chunin de la entrada les vieron marchar en silencio, con el bebé totalmente dormido en brazos. En sus espaldas vieron un símbolo extraño, un símbolo de un clan, y se preguntaron con curiosidad creciente qué tipo de habilidades tendría el clan Black como para haber pasado desapercibido durante años. Además… el hombre de ojos esmeralda… había algo en él que les ponía los pelos de punta. No por tener intenciones malignas sino por como parecía rebosar poder casi sin darse cuenta por los ojos. A pesar de tener su chakra bien atado había algo en él que alertaba a los demás de un posible depredador y, extrañamente, no tenían intenciones de satisfacer su curiosidad en los próximos días.
Izuno se estremeció. —Bueno… Tengo la sensación que las cosas van a cambiar mucho.
Kotetsu le miró de soslayo y bufó cínicamente antes de hacer pasar al siguiente viajero.
Harry observó atentamente todos los alrededores. La gente les miraba igual de horrorizados y estupefactos que los ninjas de la entrada, sin embargo Andrómeda y George parecían haberse acostumbrado. Harry, que sabía que no había ninja alguno que pudiera identificar su magia debido a que no sabían si quiera de su existencia –ni podían notarla–, la desplegó como un abanico silencioso, catalogando todo lo que les rodeaba. De inmediato notó las presencias de un par de ninjas en los tejados, siguiéndolos, y varios ninjas de menor nivel observándoles desde varias tiendas al pasar.
Ese era su elemento. El combate, el estrés, la intriga… Eso era lo que mejor se le daba y ahora estaba en un lugar donde todas sus cualidades eran apreciadas en lugar de repudiadas. Sí, lo había pasado de maravilla el último mes con Andrómeda, George y Teddy pero lo cierto es que algo dentro de sí estaba inquieto. No le gustaba sentirse así. Había dejado el mundo exterior justamente para encajar en algún sitio, quería usar sus poderes porque quería y no porque le habían obligado y sabía que si llegaba a amar a Konoha él sería un fiel protector de su nuevo país. Suprimió una sonrisa algo maníaca; no quería que se sintieran amenazados. Sí, en Konoha cada uno podría hacer realidad sus deseos: George sus deseos de pasar página y curar la pérdida de Fred, Andrómeda podría ver crecer a Teddy libre y envejecer como la señora que había sido y era, y él… él podría saciar su sed de sangre protegiendo al pueblo de sus antepasados. Podría sentirse útil, no rechazado, y podría hacer lo que le viniera en gana.
Cuando llegaron a la torre Hokage sus pensamientos ya se habían repetido varias veces, confirmándose a sí mismo que estaban haciendo lo correcto, debido a la agilidad de su mente. Algo en Konoha, a pesar de ser tan militarmente obvia, era extrañamente tranquilo. Quizás fueran las hojas bailando en todas partes sin preocupaciones, o los arroyos que cruzaban la aldea tranquilamente y que podía escuchar a las lejanías, o la gente, civiles y ninjas, que caminaban y compraban en la villa con total normalidad… podía sentir, con su magia, los pájaros volar libres sobre su cabeza y los insectos ir y venir de las múltiples flores que adornaban las calles, en los balcones y terrazas, en las esquinas. Su magia podía sentir la paz y la tranquilidad general de Konoha. Era como un gran árbol, gigante y de raíces fuertes, todas sus hojas bajo el mismo sol.
—¿En qué puedo ayudarles? —preguntó la secretaria nada más pasar por las puertas, sin duda era civil, a pesar de no haber reaccionado ante sus apariencias, aunque las presencias que notaba en los techos debían ser ninjas.
Andrómeda dio un paso al frente. —Buenos días, somos el clan Black. En la entrada nos dijeron que debíamos acercarnos aquí para entregar nuestra documentación y registrarnos con la Hokage.
La mujer enfocó su mirada en una agenda de papel y comprobó que la líder del país tuviera un momento libre. De repente Harry notó como su magia captaba algo extraño y se forzó a no mostrar sorpresa alguna; parecía una mesa volando 3 pisos más arriba. Sonó un fuerte estruendo que hizo saltar a la secretaria, a George y a Andrómeda. Harry suprimió una carcajada al darse cuenta que había sido la Hokage quien había lanzado la mesa por la ventana, ésta estando aun cerrada, en un ataque de irritación. Escucharon un golpe tremendo contra el suelo y vieron algunas patas de madera saltar por los aires a través de las ventanas del edificio.
—¡SHIZUNE! ¿¡Dónde está mi sake!? —gritó una voz femenina más arriba pero aun así pudieron escucharla con total claridad.
George soltó una carcajada sorprendida y Harry y Andrómeda intercambiaron miradas, ella confusa y él divertido. La secretaria, curiosamente, se puso roja aunque no sabía si era por la vergüenza ajena o por otra cosa. Incluso a los ninjas del techo los sentía algo avergonzados e irritados, pero sobre todo resignados y muy exasperados. La secretaria suspiró antes de sacar una pluma y pasar página a su agenda.
—Este es el cuarto de este mes… 3 más y batirá el récord.
George volvió a reír cuando se dio cuenta de lo que estaba hablando la secretaria; ésta volvió a sonrojarse cuando se dio cuenta de que había hablado en voz alta. Andrómeda suspiró también y le pasó a Teddy cuando él bebé empezó a tirar del cabello de su abuela para que le prestaran atención.
—Tío, te'go hamb'e —le tiró del haori Teddy y Harry sonrió y aceptó el plátano que le tendía Andrómeda antes de pelarlo y dárselo a Teddy.
—¿Quieres agua? —preguntó él.
Teddy negó con la cabeza de forma adorable, esturreándose el plátano por toda la boca y las mejillas. Cogiendo el pañuelo de Andrómeda escuchó como la secretaria les hacía pasar, diciendo que la Hokage estaba libre en 20 minutos. Harry se sentó en la silla y contempló el paisaje sin prisa alguna. O bien les dejaban registrarse o bien tendrían que ir a otro lugar. Lo cierto es que ninguno de ellos había contemplado qué iba a pasar si les denegaban acceso pero sin duda alguna no querían volver al mundo exterior.
De repente la puerta se abrió y salió una chica joven, en su veintena, morena con el pelo corto por los hombros y ojos marrones muy oscuros. Tenía la tez blanca y un kimono negro con un obi blanco a juego con los bordes, en sus pies había unas sandalias negras con tacón grueso y, para finalizar, llevaba en sus brazos un cerdo con un collar de perlas y un chaleco magenta. Ellos, siendo personas mágicas, se las habían visto de cualquier color y forma así que un cerdo, algo cotidiano, era más bien poco sorprendente, al menos en comparación con ratas bailarinas o conejos capaces de transformarse a voluntad en sombreros de terciopelo. Encogiéndose de hombros todos entraron a la oficina circular de la Hokage que, de buenas a primeras, estaba particularmente vacía. Sobre todo el hueco donde se suponía debía ir la mesa.
—Así que son el clan llamado Black, ¿no es así? —preguntó la Hokage, haciéndoles un ademán para que se sentaran en las sillas delante de ella. Cogió un papel de un montón de papeles encima de un montón de libros en forma de mesa a su izquierda y les miró por encima de éste—. ¿Y qué les trae a Konoha?
Andrómeda cogió las riendas de la conversación y, aunque él estaba parcialmente atento de las mujeres, así como de Teddy en su regazo y de los ninjas en el techo, se dedicó a mirar por la ventana las vistas con rostro neutral. En menos de un cuarto de horas las 3 mujeres estaban riendo y bromeando como si se conocieran de toda la vida. Suponía que era porque Andrómeda y Tsunade, aunque no lo parecían, eran prácticamente de la misma edad. Supo que todas sus preocupaciones habían sido en valde pero hasta ese momento no se dio cuenta cuan de preocupado había estado realmente.
—Bien, pues. Andrómeda-san dice que eres un ninja, Turais-san —le sonrió brevemente Tsunade antes de ponerse seria—. El problema es que no tienes documentación oficial que haga constancia de ello así que, o bien decide dedicarse a otra cosa, o bien deberá realizar unas pruebas.
Harry asintió. Ya lo había imaginado. —Estaré dispuesto a demostrar mis habilidades como se me requiera.
Tsunade sonrió casi aliviada. Suponía que, sin su sake, cuanto más estuviera de acuerdo y dispuesto a complacer sus deseos mejor iba a ser para su familia.
—Mmm… Obviamente que no puede ser parte de un equipo sin saber su rango pero podemos hacerle ahora mismo un examen escrito. Es el típico que se les hace a los genin cuando se presentan a las pruebas de chunin. Después de esto veremos si, al menos en la teoría, está aprobado.
—Por mí no hay problema.
Lo cierto es que lo esperaba. Tsunade hacía nada más que 2 años que estaba en el poder y justamente después de una reciente invasión. Había perdido al único Uchiha superviviente –clan que había leído era tremendamente poderoso en cuanto a habilidades de guerra– y, en principio, leal a Konoha a su antiguo compañero de equipo y ahora traidor Orochimaru. Muchos de sus shinobi habían resultado heridos o habían muerto debido a la invasión así que no podía permitirse que un clan, seguramente poderoso, se les escapara. Puede que Tsunade Senju no supiera de sus habilidades pero cualquier cosa era mejor que nada y, si lograban pasar los interrogatorios y el período de prueba de 6 meses al que Andrómeda había acordado someterse de buena voluntad, tendrían a 3 personas dispuestas a hacer prosperar a Konoha.
Sí, Tsunade le haría el examen escrito y seguramente haría concesiones para que probara sus habilidades como luchador y para probar que eran un clan. Los necesitaban y aunque ellos querían residir en Konoha Tsunade tampoco sabía si de rechazarlos irían a un país enemigo para asentarse. Quizás no tenía un rango ninja, todavía, ni había hecho una sola misión, cosa que Tsunade a pesar de no saberlo y aunque tampoco había constancia de ese hecho en papel no lo sabía, pero Harry tenía grandes planes para elevarse rápidamente. No solamente había copiado varios tomos de la Biblioteca de Archivos de Konoha, y los había memorizado al dedillo gracias a mágicamente potenciada mente, sino que también había robado varios de los exámenes de chunin –curiosamente los únicos que encontró– con tal de poderse preparar con antelación. Ese jutsu de clon de chakra resultó ser un regalo divino.
—Shizune le acompañara a una sala contigua para que haga el examen mientras Andrómeda-san y yo acabamos con el papeleo.
—Mucha suerte —asintió Andrómeda con una sonrisa y George le levantó los pulgares. Ambos le habían visto leer los tomos así que suponía que no debían estar muy preocupados.
Media hora más tarde ya llevaba la mitad del examen hecho y revisado. Solo le quedaban 5 preguntas y sabía que la última era trampa. Accedió a sus memorias y revisó a la velocidad del rayo la pregunta 6 antes de pasar a la siguiente. Shizune miró el reloj antes de informarle que le quedaban 25 minutos. El tiempo pasó rápido pero en solo 10 minutos fue capaz de acabar el examen y entregárselo a Shizune, quien iba a corregírselo al momento. La Hokage sin duda trabajaba rápido…
Un cuarto de horas más tarde Shizune estaba algo sorprendida. Una cosa era ser buen luchador y otra cosa era ser un escolar, y Harry era ambas cosas. Sin duda su puntuación era perfecta, sobre todo porque sus respuestas eran las mismas que la Biblioteca de Konoha le había facilitado aunque escrito de forma distinta y con algo más de fundamento.
—Una puntuación perfecta, Turais-san.
—Gracias —sonrió brevemente él antes de levantarse y seguir a la asistente de la Hokage.
Vio como la Hokage examinaba su hoja con una ceja alzada y sacaba una hoja sin rellenar de registro. Suprimió una sonrisa satisfecha cuando vio que pensaban aceptarle. Quizás todavía no supieran de sus habilidades físicas pero sabía que solo por su intelecto llegaría a ser muy demandado. Echando un vistazo a George vio que estaba jugando con Teddy, pintando en una hoja en blanco, mientras que Andrómeda estaba mirando unas fotografías de lo que parecían ser estados en venta. Así que Andrómeda había conseguido que Tsunade les diera permiso para asentarse en una propiedad a su nombre… Pensaba que quizás los 6 meses de prueba iban a pasarlos en un piso de alquiler aunque visto lo visto no debió preocuparse.
—¿Me podría decir cuáles son sus habilidades como shinobi, Turais-san? ¿Sabe usar el chakra para intensificar sus capacidades físicas? Tipo saltar, correr, caminar sobre el agua…
—Sí, a todo.
Tsunade asintió sin parecer sorprendida. Anotó algo en la hoja. —¿Y sabe su naturaleza, o naturalezas, de chakra? ¿Puede usarla con facilidad?
—Sí. Puedo usar todas las naturalezas de chakra con facilidad —eso, sin embargo, sí que sorprendió a Shizune y a la Hokage.
—¿T-todas? —casi tartamudeó con los ojos como platos Shizune, el cerdo en sus brazos gruñendo casi sorprendido.
—Sí. También puedo combinarlas, por ejemplo, con mi naturaleza agua y tierra puedo hacer crecer plantas y árboles.
Eso había sido también una grata, aunque ligera, sorpresa para él. Después de todo entendía el chakra desde un punto de vista mágico y él, que era magia, lo era todo; es decir, era fuego, agua, viento, tierra y rayo. Si podía usar todas esas naturalezas por separado, ¿por qué no iba a poder dividir algo de su chakra, cada parte de una naturaleza, para crear más elementos? Es más, ¿por qué iba a tener que usar varios elementos para formar uno solo? Su magia, y su chakra, obedecían sus órdenes y él no era habitante de ninguno de esos pueblos, no estaba limitado por sus creencias, así que también podía crear lava o metal, o incluso cambiar la gravedad. Después de todo podía controlar variables como la masa de un cuerpo, su aceleración y otros muchos factores. No había nada que la magia, y su chakra en menor medida, no pudieran hacer.
Tsunade, que había estado mirándole casi sin pestañear, seguramente perdida en sus pensamientos, volvió en sí cuando Shizune carraspeó su garganta. Ese hombre frente a sí afirmaba poder usar todos los elementos, no, afirmaba poder usarlos todos y de forma simultánea. Algo así era… imposible. Pero, ¿y si fuera cierto? Ella hacía cosas que muchos habían creído imposible pero lo cierto es que se había superado y eso que no era ningún genio. El hombre delante de sí era muy inteligente, eso era obvio, y por lo visto poderoso. Un prodigio. Lo que faltaba, otro más. Sin embargo, uno de esos le vendría muy bien a Konoha y, para rematarlo, la guinda del pastel era que nadie conocía su existencia, ni la de su clan, hasta el momento. Sus habilidades estaban por explotar y sería su pueblo quien tuviera acceso a ellas de forma ilimitada. Lo único que tenía que hacer era probarlo, darle un rango ninja, y dejar que las cosas siguieran su curso… sí, se le estaba ocurriendo la solución.
—Muy bien, Turais Black… Te daré una semana para prepararte, lucharás con 2 de mis jonin y, si consigues dejarlos K.O o aguantar durante una hora sin quedar inconsciente te elevaré de rango a jonin. Y, si me demuestras habilidades de tu clan que puedan ser útiles para nuestra fuerza shinobi serás nombrado tokubetsu jonin —Tsunade sonrió con una satisfacción poco contenida, como si hubiera ganado una apuesta—. Por otro lado, durante los próximos 6 meses para compensar tu desconocido historial de misiones y para que puedas compenetrarte con los shinobis de Konoha serás enviado a múltiples misiones de rango B y A. Aunque claro… todo esto si consigues vencer a mis 2 jonin.
Harry reprimió un bufido divertido. Tsunade Senju le estaba provocando pero él tenía bastante práctica con situaciones similares así que se mostró impasible. La Hokage solo suspiró, tendría que habérselo imaginado; otro igual de impenetrable que Itachi Uchiha o Kakashi Hatake. Tendría una semana para combatir a un par de personas mucho más experimentadas en cuanto al combate físico se refiere, lo que significa que iba a tener que entrenar muy duro durante 7 días si es que quería ser aceptado. El ninjutsu, como había aprendido llamaban a las técnicas elementales y a otras muchas que usaban el chakra, era algo que tenía ya por la mano. El genjutsu era simplemente una técnica vulgar y mucho menos desarrollada que sus propias artes mentales aunque lo había estudiado de los pergaminos copiados para evitar posibles sorpresas.
Lo que no sabía Harry, puesto que no estaba en los pergaminos que había podido copiar, era que él también era ya experto en senjutsu, o más conocido como reunir chakra de la naturaleza, cosa que hacía las 24 horas del día. Solamente el hecho de enviar su magia lejos de su cuerpo, en forma de sensor, le permitía absorber energía de sus alrededores. Por otra parte, el iryo ninjutsu o técnicas médicas de los ninjas, era un campo que desconocía totalmente pero el cual iba a ponerse al día en cuanto tuviera tiempo. Quizás había cosas inventadas por shinobis que todavía los magos no habían podido realizar. Andrómeda estaba muy interesada en esas técnicas.
El taijutsu era algo que tenía que mejorar y que pensaba mejorar gracias a la percepción de su magia, solo tenía que mirar una lucha cargando su cerebro de magia, usar su Oclumancia y grabar en su mente las secuencias. Había descubierto que eso era justamente lo que hacía una persona con memoria eidética, solo había tenido que mirar la magia del cerebro de Hermione para darse cuenta. Si había algo en lo que estaba agradecido de semejante traidora era de haberse enterado de eso. Ese pequeño truco le había permitido almacenar en lo que sería el disco duro de su mente aquello sumamente innecesario pero, a la misma vez, al contrario de Hermione que lo retenía todo, incluso lo más estúpido e inútil, discernir lo que no quería y aquello que le parecía tonto.
Algo tan insignificante había resultado ser una bendición. Muchas veces, cuando tenía un problema, en su mente aparecían múltiples soluciones e información pero, antes de ordenar su mente y guardarla con la Oclumancia, su mente también había almacenado información estúpida que reaparecía en los peores momentos; como quien se ríe de una broma tonta en el peor momento al recordar algo. Cuando buscó en su mente se acordó de cosas que ni siquiera sabía que sabía, cosa que era suficiente para dejarle atónito. Se acordó de su mismo nacimiento y de ese año de vida que fue el más feliz de su vida. ¿Cómo era posible? ¿Es que acaso el cerebro se acordaba de todo aquello que percibía con todos sus sentidos? Resultó ser que sí.
Fue muy difícil ser consciente de todo lo que su cerebro había aprendido durante 19 años de vida; de todas las cosas que aprendía cada día sin darse cuenta, era abrumador y muy cansado al principio. Acordarse de cómo olía el perfume de Petunia su sexto cumpleaños o de qué el primer vehículo de 2 ruedas fue inventado el 1817. Cosas que había juzgado como poco importantes y que había pensado que había olvidado. Oh, no podría estar más equivocado. Era por eso que, con su nuevo método de aprendizaje, y con su cerebro plenamente consciente, luchar contra 2 jonin sería fácil. Solo tenía que ver a alguien luchar antes que nada. Su cerebro, conectado a su cuerpo, haría el resto.
Cada día se sorprendía a sí mismo.
—Vamos, Turais. Tenemos que ver esas casas que la Hokage me ha enseñado.
George gimió aburrido.
Como habréis podido deducir Harry y compañía llegan a Konoha cuando falta todavía un año para que Naruto reaparezca. Eso quiere decir que Sakura, Sasuke y los demás tienen 15 o 14 años dependiendo de su mes de nacimiento. Por otro lado, he puesto en mi perfil una votación para ver cuál de las 3 personas candidatas es la favorita para ser pareja de Harry. A Andrómeda y a George ya los tengo emparejados, aunque obviamente ocuparán un plano secundario. Mañana empiezo las clases de nuevo así que no sé si mis actualizaciones serán cada semana o cada 2 semanas.
Espero que os guste el capítulo, el siguiente es mucho más movido. :)
