Disclaimer: Naruto y Harry Potter no son míos
Capítulo 3 – La energía negra
Tsunade Senju era la Hokage y como tal debía encargarse de todo lo que acontecía en su país. Aun así, algo que no se habría perdido era el combate entre Turais Black frente a Kakashi Hatake y Asuma Sarutobi. Realmente no sabía qué esperar de Turais. El clan Black era desconocido y, por lo tanto, todo lo que era desconocido resultaba una amenaza en menor o mayor medida. La única diferencia entre el consejo, el cual aprobaba y desaprobaba su decisión de concederles a los Black residencia y derecho a ser aldeanos del país del Fuego, y ella era que Tsunade primero preguntaba en lugar de sacar los kunais. El consejo, sobre todo Danzo, había querido que fueran sometidos a interrogatorio extremo pero… ¿quién quiere someterse a semejante cosa? Era Tsunade, Konoha, la que necesitaba a los Black y no al contrario. Sí, por alguna razón querían ser aldeanos de su pueblo pero quizás se debía solo al clima y no a una razón de mayor importancia. ¿Quién no le decía que los Black no darían media vuelta e irían al Rayo si les presionaba? Nadie, y eso el consejo no parecía entenderlo. Viejos buitres en los que se habían convertido todos ellos, corruptos y carcamales.
Tenía que mediar una vez más, forzarlos a entender que ella, y no el consejo, era la Hokage. Si Turais Black resultaba ser una adición a sus rangos shinobi beneficiosa e imprescindible podría restregarles por la cara haberle dado la oportunidad de probarse en un combate amistoso sin precedentes. Solo tenía que probarse. Los Black, a quienes tenía ligeramente vigilados, habían comprado ya a toca teja un estado pequeño (pequeño, pero capaz de alojar a un clan de 10 familias independientes; un cuarto del clan Hyuga) pero muy bonito a las afueras, cerca del complejo Uchiha. Estaba rodeado de campo y bosque y tenía cerca un pequeño lago. Sin duda alguna era una familia adinerada y muy misteriosa. Nadie de los que había puesto en su vigilancia había podido ver más allá de los límites del complejo, era como si estuviera protegido. Tsunade presentía que tenía algo que ver con las desconocidas técnicas del clan.
Dichas habilidades eran otra cuestión que la tenía muy intrigada. ¿Serían habilidades oculares, como los Hyuga o los Uchiha? ¿O quizás una línea de sangre capaz de usar todos los elementos? Tsunade no podía imaginarlo. No había nada en los Black que le diera una pista. Ni su nombre, el que ahora conocía gracias a Andrómeda como literalmente "oscuro" o variantes de "negro"; ni su símbolo, sobre el cual Andrómeda había sonreído enigmáticamente; o su lema… verlo escrito en papel había resultado ser extrañamente espeluznante. Ella como shinobi había visto y causado muchas muertes sin embargo el lema de los Black parecía más filosófico y no tan literal, más como un mandato en lugar de una simple frase bonita y pegadiza. ¿Desde cuándo se consideraba a la muerte como una entidad?
—Tsunade-sama, es hora de empezar el combate —le informó Shizune y Tsunade, desde su lugar bajo la sombra de un árbol, asintió.
Cuando dio un paso al frente todos los jonin de confianza, los que se habían enterado de un modo u otro del combate, callaron. Turais Black era igual o incluso más atractivo si cabe que Kakashi, con sus pantalones piratas negros, sus sandalias ninja y su camiseta ligeramente holgada de manga corta. Vestido todo de negro creaba una imponente imagen que a más de uno dejó intimidado, como podía notar, y sus ojos verdes refulgentes brillaban con tanto poder que se le erizó el bello de los brazos. Tenía un curioso parecido a los Uchiha pero, sin embargo, los Black eran mucho más atractivos –después de todo había visto a algún que otro Uchiha poco agraciado– y menos arrogantes, cosa que les hacía más simpáticos a su parecer.
Contempló como Turais examinaba a sus contrincantes y deseó saber qué pensaba. ¿Los encontraba igualmente intimidantes que él o le parecían precarios como oponentes? ¿Estaría pensando en una estrategia? ¿Lucharía solo cuerpo a cuerpo o usaría ninjutsu y genjutsu? ¿Invocaría a algún animal? Debía admitir que, sin duda, el combate resultaría muy entretenido para ella.
—¡Hajime!
En seguida Black saltó hacia atrás, creando simultáneamente 3 clones de sombra. Kakashi y Asuma iniciaron el combate con taijutsu pero era obvio que estaban igualados, ninguna de las patadas o puñetazos hacía contacto contra los luchadores y a los pocos minutos lo dejaron estar, volviendo al inicio. Tsunade se inclinó en su asiento.
—¡Es para hoy, chicos!
Harry no hizo ruido alguno mientras observaba, enlazando los ojos de sus clones en la superficie con los suyos con algo de magia, cómo peleaban Kakashi y Asuma. Sin duda alguna era mejor Kakashi, no solamente era un genio sino que su taijutsu era más completo, tenía más técnicas a mano y también era experto en genjutsu gracias a su Sharingan prestado. Sí, Harry había investigado bien a los oponentes que Tsunade le había buscado y ahora ya no había sorpresa alguna. Deshacerse de Asuma sería tremendamente fácil, de Kakashi algo más difícil. ¿Acabar el combate rápido o alargarlo?
Si lo alargaba supondría que sus habilidades se mantendrían más escondidas que no demostrando que era más fuerte y poderoso que ambos jonin pero también podría ser considerado un golpe de suerte acabar el combate tan rápido. Fuera como fuera, ambas opciones tenían sus pros y sus contras. Quería ver más jutsus en vivo pero no quería enseñar sus habilidades delante de un grupo de jonin. Sin embargo, tarde o temprano tendría que soltar prenda si quería integrarse y qué mejor manera que dejando claro que el clan Black era poderoso y de temer. Si presentaba un precedente, si les dejaba claro a todos que no era bonito ni inteligente atacarles, su fama se extendería y pronto otros países se enterarían de su existencia. Pero… si no lo hacía tarde o temprano se vería obligado a usar sus habilidades, los otros países se enterarían y, sin su fama como clan poderoso, intentarían hacerse con sus poderes mucho antes seguramente, y por la fuerza. Teniendo eso en cuenta supo qué tenía que hacer.
Con su magia cubriéndole totalmente cogió la pierna de Asuma sin que nadie se diera cuenta y, con una descarga eléctrica poderosa, lo dejó inconsciente. Cuando vieron el cuerpo caer del jonin empezaron los murmullos, ninguno de ellos le había visto, por supuesto, ni siquiera habían intuido su mano asomándose. Kakashi se giró a ver a su compañero pero no había indicios de cómo había sido derrotado, aun observándole con el Sharingan. Sin descanso alguno hizo que sus clones batallaran con Kakashi y supo que lo mejor para ganarle, lo que le dejaría más satisfecho, era una batalla mental. ¿Qué mejor que ganar a un enemigo que en su propio campo? Los 3 clones de Harry inspiraron fuertemente y todos retrocedieron alarmados cuando notaron tal cantidad de chakra y, sin embargo, sabía que no parecía cansado. No estaba cansado, ni mucho menos.
—Tal cantidad de chakra… —susurró maravillada, y algo asustada, Shizune a su maestra y Hokage.
Tsunade no habló ni apartó los ojos de la pelea. Había estado mirando fijamente pero ni siquiera ella, la líder de la aldea y la ninja supuestamente más poderosa del país del Fuego no se había dado cuenta de cómo Asuma había caído inconsciente. No podía perder detalle alguno. De golpe, sin usar sellos, uno de los clones de Turais Black exhaló una gran y gigantesca bola de fuego y otro exhaló una ventisca de aire caliente. No sabía cuál era el original pero desde su posición vio como el restante desaparecía con una rapidez que la dejó helada, en memoria de Minato, y aparecía detrás de Kakashi, que estaba ocupado apagando las llamas y, sin embargo, fue capaz de bloquear el puñetazo y la patada. La patada a la cara, no obstante, fue incapaz de esquivarla así que cesó su jutsu de agua, dándose la vuelta y bloqueando el ataque con las manos. De golpe, la pelea terminó. O más bien, las llamas se extinguieron de golpe, la ventisca cesó y Turais y Kakashi se quedaron mirando fijamente. Genjutsu.
Turais Black solo tardó 2 segundos en dejar inconsciente a uno de sus mejores shinobi.
—¡Imposible! —jadeó Kurenai rompiendo el silencio sepulcral, que sabía que Kakashi era muy superior a sus habilidades en genjutsu aun siendo ella una experta.
Turais Black la escuchó y, girándose a mirarla, le dijo y Tsunade escuchó. —Nada es imposible.
Y sin más explotó en una nube y Tsunade, con la boca algo abierta, vio como salía el original de bajo tierra. ¿Cuándo se había escondido? ¿Habían estado luchando Asuma y Kakashi contra 3 clones todo el tiempo? Algo dentro de sí se removió preocupado. Turais Black estaba resultando ser más peligroso de lo que había previsto pero… ahora era parte de su aldea. Vio como suspiraba, no de cansancio sino de aburrimiento, y supo que tendría que Black pasaría todas las pruebas que le echara y regresaría de cada misión sin un solo arañazo. Simplemente había personas fuera de liga, mucho mejores que la mayoría. Ella lo sabía. Turais Black parecía inalcanzable, impenetrable, indestructible, en ese momento y se alegró, se encontró sumamente aliviada, de que por alguna extraña razón los Black hubieran elegido servir a Konoha, y no a otro país.
—Ni siquiera te has esforzado… —tuvo que comentar en voz alta, algo acusadora, cruzándose de brazos y todos la miraron en silencio.
—No. Podría haberlos matado desde el primer momento —contestó Harry, encogiéndose de hombros, diciendo la absoluta y más cruel verdad. Los ninjas eran buenos en su trabajo pero él, antes que ninja, era mago. Nadie estaba a su altura.
—¿Cómo ha dejado inconsciente a Asuma? —le preguntó Shizune, con interés.
—Le he cogido del pie y le he dado una descarga eléctrica.
Tsunade alzó una ceja incrédula mientras que otros negaban con la cabeza efusivamente.
—¡Pero si no le hemos visto! —exclamó Ebisu, el antiguo maestro de Konohamaru, ajustándose las gafas de sol.
—Y no me verán nunca sino lo quiero.
—¿Y a Kakashi? —preguntó ella de nuevo, puesto que estaba viendo que Turais no iba a explicar sus habilidades de buenas a primeras.
—Solamente le repelí y le dejé inconsciente mentalmente.
—¿Le dejó inconsciente mentalmente? —preguntó incrédula Kurenai, que se había acercado junto con los demás hasta donde Turais y ella charlaban, rodeándolos.
—El genjutsu no es más que una técnica bastarda, vulgar, de una gran rama de poderes que mi clan tiene, los llamamos artes mentales y yo soy el mejor en ellas en mi familia
—explicó él, sabiendo que era el momento de soltar prenda—. Mi mente es impenetrable y ningún simple genjutsu, ni siquiera uno creado por el Sharingan funciona en los Black.
—… —Kurenai no supo qué decir. ¿El genjutsu era algo bastardo y simple? ¡Las cosas que debía saber ese hombre!— ¿Podría enseñarme?
Harry miró fijamente los ojos granates de Kurenai Yuhi. Si les decía que sí seguramente esa no sería la última cosa que les enseñara pero si les decía que no la integración con el país del Fuego sería mucho más difícil. Aun así, había cosas que esa gente nunca lograría aprender ya que ellos solo tenían chakra y, de cualquier forma, aquello que les enseñase nunca podría ser usado contra él teniendo él la verdadera base del conocimiento. Irremediablemente ese era el momento de decirles que poseía una segunda energía, de lo contrario Tsunade Senju le agobiaría durante meses.
—Sí. Hay ciertas cosas que nunca podrían captar —habló en general, viendo lo intrigado que parecían todos, al menos los que no eran tan orgullosos como para pedir ayuda— pero hay varias cosas que mi clan puede enseñarles.
—¿Se trata de las habilidades de su clan? —preguntó Tsunade, yendo al grano de la cuestión. Vio como Turais asentía—. ¿De qué habilidades habla?
—Mi clan posee una segunda energía, con ella podemos hacer muchas cosas. Nuestras habilidades se dividen en varias ramas, una de ellas ya la he comentado –las artes mentales– pero hay otras ramas que podemos usar.
Tsume Inuzuka se acercó con la curiosidad canina que la caracterizaba a pesar de su aspecto feroz. Anko, Kurenai, Genma, Shizune, Raidou, Shikaku, Inoichi, Chouza, Ibiki e incluso Kakashi y Asuma, que se habían despertado, se mostraron interesados mientras que otros volvieron a sus puestos de trabajo al ver una de sus señales. Tsunade estaba muy interesada, esa parte era algo que había esperado durante días. ¿Una segunda energía? Eso era rarísimo. La cosa más parecida que había escuchado había sido como varios monjes tenían la habilidad de usar la energía espiritual o Gai que podía abrir sus 8 puertas.
—¿Podría hacernos un resumen? —preguntó ella, totalmente intrigada.
—Veamos… Las ramas principales, lo que cada uno de nuestro clan domina primero son las siguientes ramas: las transformaciones, encantamientos, herbología, alquimia, defensa, aparición, runas, aritmancia y cuidado de criaturas.
Tsunade estaba atónita, nunca había escuchado nada igual y parecía que no era la única. Alzó de nuevo una ceja y Harry evitó rodar los ojos al ver que todos le escuchaban, sin duda recordarían la conversación; menos mal que ya había previsto con George y Andrómeda la conversación o se hubiera visto obligado a ir hablando sobre la marcha.
—Transformaciones es literalmente lo que se refiere, transformar una cosa en otra y me refiero a transformar cualquier cosa en cualquier cosa. Es decir, desde objetos, a seres vivos a uno mismo. Por ejemplo —Tsunade y los demás dieron un bote cuando un árbol se transformó en un elefante. En un elefante vivo.
—¡Kai!
—¡Imposible! ¿Cómo es posible?
—¡Es de verdad!
—Después están los encantamientos que, a pesar del nombre, no es más que otorgarle propiedades a una cosa o persona que inicialmente no tenía. Por ejemplo, podría coger una piedra y hacer que le creciera pelo.
—¿Y qué sentido tiene hacer algo así? —preguntó Anko, que parecía reticente a apartar los ojos del árbol que había sido durante segundos un animal.
—Bueno, puedo hacer crecer pelo a una piedra o darle vida a una estatua para proteger a mi casa —Turais se encogió ligeramente de hombros y Tsunade entendió las ventajas de semejante habilidad; una piedra no come, ni bebe, ni tiene necesidad, ni sangra, ni siente… No fue la única que estremeció—. Después está la herbología, que es básicamente como la botánica – hacer crecer plantas – pero tenemos técnicas que permiten crear híbridos impensables o extraer de plantas y flores propiedades que nunca se habían usado. La herbología la usamos en gran parte para la alquimia, creamos mejunjes y cualquier tipo de cosa con plantas, minerales, animales… de todo. Podemos hacer un antídoto para cualquier tipo de veneno o un suero de la verdad con el que se es incapaz de mentir durante una hora con solo ingerir 3 gotas.
Las cejas de Ibiki, impresionado, se alzaron increíblemente al contemplar las posibilidades. Poco a poco los demás parecían estar más contentos al darse cuenta que Turais Black era ahora su camarada y que, por lo tanto, esas habilidades iban a beneficiarlos a todos. Algunos empezaron a reír, imaginándose lo que Turais podría hacer y las caras de sus enemigos.
—¿Qué más son capaces de hacer con la alquimia? —preguntó Shikaku, totalmente despierto—. ¿Algo médico también?
—Claro. Somos capaces de reconstruir huesos en 12 horas o recobrar la energía con un solo trago o también transformarnos completamente en una persona con un solo cabello, ser idénticos, durante un par de horas con unos cuantos buches. Hacemos de todo —dijo Harry, que veía que era imposible hablarles de la inmensidad de saber que su familia había reunido puesto que la magia había existido milenios y sus usuarios habían sido millones de mentes pensantes y creativas—. Después tenemos la defensa, eso no hace falta que lo explique, usamos nuestras habilidades para atacar y defendernos de cualquier forma. La aparición es una forma de transportarse; cuando vamos del punto A al punto B decimos que nos aparecemos en B y nos desaparecemos de A. Es instantáneo.
—¿Y las runas? ¿La aritmancia?
—Las runas es un lenguaje escrito que nosotros podemos energetizar para que tenga diversas funciones. Por ejemplo, puedo escribir unas runas en una puerta para que ésta solo se abra a las personas con buenas intenciones o puedo escribirle en el ojo a un ciego para que recupere la visión.
Algunos parecían incrédulos y Tsunade sabía que ella también lo estaba. Tales posibilidades… ¿Qué no podían hacer los Black? Y eso que había dicho ramas principales. Eso significaba que todos los Black las dominaban pero que había ramas secundarias que, seguramente, serían igual de útiles y, probablemente, más peligrosas y difíciles de masterizar. Eso la dejaba perpleja y algo excitada. Quería saber todas las posibilidades que el clan Black podría ofrecerles. Solo con lo que les había contado podía imaginar como la balanza del poder se tildaba radicalmente a favor del país del Fuego. Sin duda Turais Black sería alguien muy demandado pero Tsunade también veía que Turais tenía habilidades, algunas de ellas, que podía compartir con Konoha y eso la dejaba en una encrucijada. Hacer misiones, enseñar en Konoha, servir al hospital… Tendría que hablar con Andrómeda sobre sus planes de montar un restaurante para ver si podía convencerlos para hacer algo más fructuoso.
—Aritmancia es el estudio numérico, básicamente traducir nuestras técnicas y mejorarlas con cálculos o crear desde cero a partir de secuencias de números. Es muy útil para estudiar y ensayar las técnicas pero también requiere una amplia base matemática.
—¿Y puede usar el chakra combinándolo con su segunda energía? —preguntó Ibiki.
—Claro. Puedo transformar mi energía, la que llamamos energía negra, en chakra y viceversa. Además, como puedo usar la energía negra sin sellos, solamente con el pensamiento, también es fácil para mí hacer lo mismo con mi chakra. Puedo verlo, magnificando mi visión con energía negra, oírlo, sentirlo… y también captarlo de la naturaleza. Mi reserva es prácticamente ilimitada.
Harry respondió unas cuantas preguntas más pues sabía que todos estaban muy intrigados pero en su fuero interno se dijo que quizás había dicho demasiado. Después de todo existía el secreto del clan y, aunque no era cierto, le daba la impresión que esa gente se estaba acercando peligrosamente a la verdad oculta de los Black, algo que ninguno quería. Sí, no pensaba decir nada más de lo que había dicho. Que cada uno formara sus opiniones y pensara en las posibilidades que le ofrecía su magia, o como ahora era conocida energía negra.
Evitó sonreír al darse cuenta que, de ser famosos, en un futuro todos estudiarían las habilidades de su clan y pensarían en la magia como energía negra. ¿Era así como se creaban los mitos, a partir de una mezcla de verdad y engaños? Harry cogió la banda negra que Tsunade le había dado y se la guardó en el bolsillo, no le parecía correcto ponérsela sin su nuevo uniforme, el cual Tsunade ya había encargado de antemano y el que tenía que recoger en una tienda de ropa ninja en el centro de la villa. La Hokage debía haber sabido que él iba a pasar la prueba, de lo contrario, ¿por qué iba a tener preparado su registro como jonin o su primera misión en solo un mes? Sí, simplemente sería escoltar a un noble a una villa cercana al límite entre el país del Fuego y el del Viento pero… ¿cómo sabía Tsunade que iba a integrarse tan fácilmente?
—¿Qué tal ha ido? —preguntó Andrómeda cuando le vio con la bolsa de ropa entrando por la puerta.
Harry sonrió lanzándole la banda ninja, la cual cogió al vuelo George. Harry le dio a Andrómeda la bolsa de ropa para que la criticara a su gusto y cogió en brazos a Teddy, quien había sido hechizado para que en lugar de decir sus antiguos nombres los llamara por sus nuevas identidades. Caminó por la casa principal, la cual habitaban todos, mirando con sorpresa cómo George y Andrómeda, con la ayuda de sus elfos, habían limpiado a fondo, habían reemplazados suelos viejos y rotos, pintado paredes y arreglado todo tipo de desperfectos. Arreglar un clan al completo era una ardua tarea, sobre todo porque todos tenían más cosas que hacer y, aunque podían dejar que sus elfos domésticos hicieran la faena, querían implicarse en el proceso. Querían hacer esa casa suya.
El estado que habían comprado solo constaba de 10 casas de tamaño medio tirando a grande, cada una con un mínimo de 3 habitaciones y 3 baños, sótano, cocina, comedor y un estudio. La casa principal, además, tenía un gran y amplio ático vacío, lleno de telarañas. Los 10 habitáculos formaban una especie de rectángulo y en el centro del terreno, había unos grandes jardines a rebosar de malas hierbas juntamente con una especie de lago en miniatura, de poca profundidad, cubierto de hierbajos, algas y agua estancada. La propiedad, además, estaba rodeada por 3 hectáreas de terreno boscoso que compartía límites con el clan Uchiha por el oeste.
Lo primero que Andrómeda había hecho había sido crear un muro alto, para salvaguardar su privacidad (al menos de cara a los civiles que no podían subirse a los tejados como los ninjas) de color negro azabache; Harry se sorprendió en sobre manera al darse cuenta que el muro no era de piedra sino de obsidiana negra. Andrómeda se encogió de hombros, mencionándole que ciertas extravagancias podían permitírselas en los países elementales. Harry sabía que realmente Andrómeda quería probar sus dotes como decoradora pero fue suficientemente astuto como para no abrir la boca, sobre todo cuando vio el resplandor maligno en los ojos de Andrómeda. La única puerta del complejo era una gran puerta de madera maciza de ébano, donde grabado en ésta había el símbolo del clan, partido en dos mitades perfectas. Solo un maestro podría haber hecho semejante creación y, sin embargo, sabía que Andrómeda solo había tenido que agitar su mano.
—Los elfos están arreglando el jardín exterior e interior, y vaciando la laguna —le explicó George, mientras caminaban mirando las paredes blancas, esperando ser pintadas, y los suelos de madera oscura y elegante—. Hemos conectado por fin todos los sótanos, ahora podremos poner los invernaderos.
—¿Queréis que los hechice yo? —preguntó él, que sabía que George quería que le ayudara con los encantamientos del invernadero.
George asintió —Si no es mucho pedir.
George estaba encantado con la reforma pues le mantenía ocupado. Desde el primer momento Harry se había metido a estudiar en su habitación en la tienda de campaña que habían estado usando mientras no pudieran tener sus propias habitaciones, había ido y venido para entrenarse mientras Andrómeda y él se encargaban de la casa y de Teddy. George rápidamente se dio cuenta que Andrómeda tenía ideas muy claras de lo que había que hacer y había sido ella quien había delegado tareas, tanto a los elfos como a Harry, cuando estaba presente, y a él.
El primer día fue el más agotador sobre todo porque Andrómeda quería acabar en un solo día de construir el muro y transformarlo en obsidiana. Las puertas fueron mucho más fáciles de poner y tenía que reconocer que el arco negro que las enmarcaba, junto con las puertas de ébano y el escudo esmeralda daban un aspecto muy intimidantes al clan. Había sido Harry, esa misma noche, quien hechizó el muro con tal de que nadie pudiera pasarlo sin su permiso salvo los Black y sus elfos, de hecho, no habían pasado ni un par de horas que ya habían sentido las primeras intrusiones y George se alegró de que Andrómeda hubiera tenido el sentido común para darse cuenta de que el muro era algo prioritario.
—Tenemos que ir a comprar comida, George, por muy cansado que estés —se cruzó de brazos Andrómeda y le miró exasperada, tumbado en el suelo lleno de polvo y no quería saber qué más—. Los aldeanos se preguntaran de dónde sacamos la comida o si es que no comemos.
George suspiró y supo que tenía razón. El viaje a la aldea aunque corto había sido divertido. Todos les miraban entre asustados y sorprendidos y se preguntó si así era cómo Harry se había sentido en Hogwarts. El día siguiente fue el más aburrido de todos. No paró de hacer desaparecer el polvo y arreglar grietas y pintar las paredes de blanco con su magia, de solo pensar que un muggle hubiera tenido que hacerlo a mano… se estremecía. Los elfos se ocuparon totalmente de reparar los tejados y de reemplazar los suelos por unos más elegantes y nuevos mientras que Andrómeda cavilaba sobre cómo usar más eficientemente el espacio que habían comprado.
Para el cuarto día Andrómeda ya había decidido qué hacer con los sótanos y también había ordenado a los elfos domésticos que empezaran a arreglar el jardín delantero. La planta principal de la casa más grande, la cual residían, tenía un baño completo, la cocina, el comedor y un gran estudio. En solo un día Andrómeda lo había reformado al completo y había ordenado a George que guardara la colección gigantesca de libros en el estudio convertido en biblioteca que Harry había hechizado para que fuera más grande en el interior que en el exterior.
Para el sexto día la segunda planta estaba finalizada y solo quedaba que Harry decorara su habitación a su gusto. La de George tenía las paredes verdes, como la hierba, y una gran cama de matrimonio de color caoba a juego con la butaca de cuero blanco frente a la terraza y a las estanterías llenas de fotografías que colgaban de sus paredes y que sujetaban toda su ropa en el armario empotrado hechizado que Andrómeda le había construido con la ayuda de Biscuit, su elfo personal.
Poco a poco la casa había dejado su aspecto descuidado y lúgubre y parecía un complejo nuevo y poderoso. George, que había usado el factor de las apariencias en mucha de sus bromas, comprendía bien lo que significaba lo que los otros pensaran de la fachada del clan. Realmente las personas, en menor o mayor medida, juzgan todo lo que ven y Andrómeda lo sabía bien también. Era por eso que, además de levantar el muro como protección también lo había creado de forma intimidatoria. Ambos sabían que Harry debía estar haciendo su parte, demostrándoles a los demás que los Black eran, al menos como ninjas, de temer. Le tocaba a Andrómeda hacer que la apariencia del clan concordase con lo que Harry estaba tejiendo en las afueras, mostrándoles a todos una cara brutal del clan que les haría si bien no intocables, impenetrables.
Era él quien tenía que mover ficha ahora que la casa parecía otra. Debía poner en marcha los invernaderos con los que fabricarían pociones, las cuales venderían a Konoha, y con los cuales se harían con el monopolio en el país del Fuego. Nadie podía hacer crecer las plantas como ellos, por muy mediocres que fueran en comparación con Neville Longbottom o Pomona Sprout. Nadie podía hacer pociones, ni lanzar hechizos o maldiciones. La tienda que abrirían tendría una alta demanda y eso significaba ingresos pero además fama. Los Yamanaka tenían sus flores y decoraciones nupciales, los Nara sus ciervos y su medicina antivenenos, los Akimichi su comida y sus restaurantes, los Hyuga sus dojos y sus equipos de entrenamientos de taijutsu, los Uchiha habían tenido su propia policía, los Inuzuka su clínica veterinaria, los Aburame sus insectos productores de seda y polinizadores de Konoha…
Debían, de un modo u otro, hacerse un nombre entre tanta competencia. No por los beneficios, puesto que los clanes no lo hacían por el dinero, sino por la fama. La fama les haría sobresalir, les haría llamar la atención –positiva y negativa– pero también les haría indispensables. Si ganaban adeptos sería más complicado que intentaran asesinarlos, si tenían aliados no estarían solos en cualquier lucha política… Andrómeda lo sabía, Harry lo sabía y él lo sabía. El restaurante hubiera sido un lugar para escaparse, un hobby, pero ahora necesitaban hacerse un nombre. Era su sueño vivir al máximo y vivir una nueva vida y ayudaría en todo lo posible a conseguirlo.
Así pues, dejó que los elfos domésticos arreglaran el jardín bajo las discretas guardas que Harry había puesto y bajo las cuales no los verían nadie, y se despidió de Andrómeda dejándola decorando su tercera casa del complejo. Harry, ahora que era ninja, tendría que ganarse el pan afuera. Él sería, sin duda alguna, el punto de partida de la reputación de los Black. No podía fallar ni una sola misión puesto que no tenía historial como ninja. Aun así George sabía que Harry estaba hecho para luchar; se nutría combatiendo. Sin embargo Andrómeda y George sabían que iban a necesitar mucha de su ayuda si querían hacer todo lo que se proponían; tenían suerte que las reservas mágicas de Harry fueran tan ilimitadas como para dejar un clon atrás todo el tiempo.
—¿Cómo vas? —preguntó al clon de Harry, quien estaba moviendo las manos por el invernadero de más de 1000 metros cuadrados.
—Estoy hechizando el techo. Andrómeda me hizo un plano de las zonas que necesitaban sol constante y de las que no, y otras más dependiendo de si pueden convivir en un mismo espacio o no.
George cogió el plano que le pasaba el clon y asintió. Andrómeda sin duda había sido concienzuda haciéndolo. Miró los sacos de tierra y las zonas para plantas y se arremangó la camisa, manos a la obra. Tardó 2 horas en acabar de plantas la primera zona y eso que había 13 zonas de invernadero. George calculaba que podrían tener muchos beneficios con sus pociones y mejunjes al mes, sobre todo porque con su magia las plantas tardaban la mitad en crecer que una simple planta muggle. De hecho, también pensaban venderle algunas flores a los Yamanaka, especias mágicas a los Akimichi y hacer un pacto con los Aburame para que algunos de sus insectos se alimentaran de sus plantas mágicas y polinizaran sus invernaderos al menos una vez al mes.
Cuantas más alianzas, aunque fueran de negocios, tuvieran mejor. Poco a poco Andrómeda iniciaría unas tarde de tés y tartas con las mujeres de los clanes con tal de socializar y, si podían, una vez al año intentarían hacer un baile con los respectivos clanes para formalizar alianzas. La tienda en la villa se encargaría de socializarlos con los civiles del país del Fuego.
Esa misma noche, mientras comían pensativos sobre cómo mejorar al clan se le ocurrió algo a Harry.
—¿Qué os parece si criamos a varias especies de serpientes? Los huevos de Ashwinder son muy usados en pociones y las serpientes también pueden servirnos como centinelas y para recoger información en Konoha.
Andrómeda carraspeó asintiendo. —Sin duda los Yamanaka, los Akimichi y Aburame son los más enterados de todos, con sus respectivos negocios y con la ayuda de los insectos. Necesitamos información.
—Por cierto, ¿cómo van las guardas? —preguntó George, pensando si estarían siendo espiados por insectos Aburame en ese mismo momento.
Harry alzó una ceja casi leyéndole el pensamiento —Bien, son muy completas pero a medida que se me van ocurriendo cosas las agrego a la piedra madre. Aquí dentro somos invulnerables, incluso si cayera un meteorito sobre Konoha el clan Black seguiría en pie.
—¿Has pensado en hacer un mapa merodeador de Konoha?
—Lo he pensado pero de momento no tengo tiempo para incluir a todos y excluir a los extraños. Si pudieras hacer el croquis yo lo hechizaría en un momento; lo más pesado sería darle nombre a cada individuo y saber si es local o no.
—¿Por qué no usas un clon, George? Podrías ir a comprar mañana y así de paso familiarizarte con Konoha.
George asintió, pensando en las palabras de Andrómeda. Entonces la matriarca Black se giró a mirar a Harry.
—¿Y qué tienes que hacer mañana, dices?
—Simplemente entrenar con los demás jonin y chunin, quieren que me familiarice con los ninjas de Konoha. Creo recordar que Tsunade quiere que lidere a un grupo de genin cuyo maestro está de misión recientemente para hacer unas cuantas misiones D.
—Así tu historial no estará tan vacío.
—Y los más jóvenes me empezarán a ver más por Konoha —se encogió de hombros, echándose una copa de vino—. La primera misión de verdad la tendré dentro de un mes, creo que con Hana Inuzuka y un par de chunin recién estrenados.
—¡Mira, cómo tú! —rió él, y esquivó el hechizo amarillento que Harry le enviaba sin mucho entusiasmo.
Andrómeda rodó los ojos y continuó dándole de comer a Teddy, que parecía más animado hablándole a Harry, a quien apenas veía por las mañanas de lo ocupado que estaba. Harry se despidió de su ahijado, dándole un beso en la frente, y se fue a duchar. Observó su habitación recién decorada, con las paredes de un masculino y cálido color arena oscuro, a juego con los muebles negros que imitaban la distribución de las demás habitaciones y una alfombra gris con motivos esmeraldas en los pies de la cama, delante de una chimenea recién instalada, moderna, entre un par de butacas de cuero negro. Miró por la terraza, abriendo con un movimiento de mano las cortinas de seda negra y vio como la terraza de piedra, con una gárgola en forma de basilisco (sin duda un regalo irónico de George) en cada extremo, cubiertas de macetas colgantes con flores blancas y rojas. Lilas… Desde su terraza podía ver el enorme y por terminar patio interior, cuya laguna ahora estaba seca.
Casi podía imaginar la fuente de granito impoluto blanco y con reflejos nacarados que Andrómeda estaba pensando construir en mitad de la laguna, sobresaliendo del agua, la que pensaba llenar de plantas acuáticas vistosas y olorosas así como peces de colores. Sabía que las flores de loto que Andrómeda estaba pensando poner iban a quedar impresionantes. Unas carpas koi le irían de perlas al estanque, eran resistentes y bonitos. Cogió el pergamino médico que había copiado esa misma tarde de la biblioteca de Konoha y memorizó los contenidos sin prisa pero sin pausa. Sin darse cuenta, se quedó dormido…
—¡Kya! —escuchó por lo bajo nada más entre ver a sus nuevos compañeros de equipo.
Lo primero que le llamó la atención fue el cabello anaranjado de la niña, que lo llevaba en dos coletas altas encima de la cabeza, cerca de su banda ninja atada en la frente. Vestía un atuendo poco acertado para camuflarse y solo llevaba un porta armas en la pierna derecha. Después vio a un chico mocándose, con gafas –que desaprobó al instante de verlas– y a otro niño con una larga bufanda la cual le dio 5 ideas de como estrangularle a distancia usándola como herramienta mortal.
Puede ser que hubieran nacido en los países elementales y hubieran estudiado más tiempo que él como ser ninja pero ninguno de los 3 tenía el sentido común de un asesino. Suponía que eso era algo bueno de contemplar en cuanto a la humanidad de un trío de chiquillos pero sabía que si salían ahí fuera lo más probable es que regresaran a casa heridos. O peor.
—Mi nombre es Turais Black y yo seré vuestro líder en las próximas misiones durante un mes.
Moegi se llevó sin poder contenerse las manos a las mejillas, que estaban ardiendo, y contempló al hombre frente a sí. A pesar de tener solo 12 años sus hormonas habían despertado hacía tiempo. Sin duda alguna Turais Black era atractivo. Vestía el uniforme jonin y unas botas negras de anbu con los dedos tapados. Su banda estaba atada en su bíceps izquierdo y llevaba un porta armas en su pierna derecha, así como una pequeña mochila negra en la baja espalda. No era su porte elegante, alto y esbelto lo que le llamó la atención de buenas a primeras, sino sus ojos esmeraldas que miraban casi perezosamente sus alrededores, ensombrecidos por el cabello azabache que rodeaba su masculino y atractivo rostro cayendo casi despeinado, rozando sus hombros.
—Mientras vamos a la torre de la Hokage decidme algo de vosotros, vuestras habilidades, defectos, sueños o hobbies, lo que sea.
Moegi ni siquiera recordaba qué había dicho, solo se concentró en retener su sonrojo y controlar el latido de su corazón adolescente. Ese hombre era mucho más guapo que Sasuke Uchiha. Y más abierto. Udon y Konohamaru, curiosamente, parecían satisfechos con su nuevo líder, mucho más de lo que habían estado con Ebisu-sensei en sus comienzos. Quizás fuera por el poder que emanaba casi inconscientemente de su cuerpo, o por el caminar confiado pero no arrogante, que les daba seguridad a los 3. En cuanto pisaron la torre roja Moegi se dio cuenta de algo. ¡Black! El nuevo clan de Konoha. ¡Cómo podía haber sido tan poco atenta!
Incluso una genin como ella había escuchado los rumores del nuevo y poderoso clan del país del Fuego. Venidos de un lugar desconocido pero con una gran fortuna, suficiente para comprar a toca teja un complejo medio con varias hectáreas de terreno; mucho más grande de lo necesitado por 4 personas. También había escuchado que, en una pelea amistosa y preparada por la Hokage, había sido Turais Black el ganador contra el mismísimo Kakashi Hatake y, tío de su amigo y camarada Konohamaru, Asuma Sarutobi. No podría existir tal rumor tan ridículo de no tener una pizca de verdad y eso la dejaba muy sorprendida. ¿El hombre tan guapo que caminaba a su lado había sido capaz de vencer a 2 poderosos jonin sin tener un solo arañazo o hueso roto?
Moegi también había escuchado a algunos civiles hablando del apuesto Leo Black, cuyos ojos verdosos habían ganado ya bastantes admiradoras, o de la elegante señora y joven matriarca de los Black, Andrómeda, acompañada de su hijo Eridanus, el pequeño adorable con ojos grises de su madre y el cabello tan oscuro como el de su tío, Turais. Se preguntó qué le habría pasado al padre, ¿habría muerto? ¿Les habría dejado? Lo cierto es que Moegi no podía imaginarse que los hermanos de la imponente matriarca y líder de los Black dejaran que un hombre mancillara a su hermana y saliera con vida del embrollo. O que ella misma dejara que la traicionaran…
Rumores había que Leo Black estaba iniciando un nuevo e insospechado negocio en Konoha y que Andrómeda Black se estaba convirtiendo en una de las señoras de la élite, la líder del clan y portavoz. Por lo que había escuchado, que no sabía si era cierto, los Black habían donado bastante dinero al hospital y a la academia, y también les habían ofrecido tratamientos médicos –algo que los dejó impresionados a todos, por lo visto– antes de pactar con el hospital un contrato de compra-venda. Sí, Moegi podía comprender que los Black estaban para quedarse y poco a poco se estaban haciendo un sitio en Konoha.
—Turais Black y el equipo Ebisu para una misión.
Moegi se sobresaltó de nuevo y se reprochó en voz baja no estar más atenta. Ya tendría tiempo para pensar en los Black. Solo esperaba que no les tocara otra vez el gato…
Tsunade levantó la cabeza y sonrió casi maliciosamente al ver a su nuevo jonin, postrado allí, casi aburrido, y supo que tenía la misión perfecta para el impenetrable Turais Black. Oh, sí, unas horas de camarero en la tetería no le harían daño alguno. Le lanzó el pergamino mirando su reloj de pulsera. Como siempre iba con retraso. Shizune le mandó a Turais una mirada de disculpa al conocer perfectamente a su maestra y saber que pensaba echarlos.
—¡Y ahora marchaos de aquí, mocosos!
Harry leyó el pergamino, dándose la vuelta sin prisa alguna, irritando a la Hokage.
—¡Tendremos té y galletas gratis! —exclamó Konohamaru, mirando por debajo de sus manos, leyendo el pergamino.
—¡Increíble!
—¡Oh, no, mi figura! —se quejó Moegi y Udon abrió la puerta.
De repente Harry miró al frente, dejando de lado la irritación de la Hokage y enrollando el pergamino con un movimiento de muñeca antes de guardarlo en su chaleco. Sus ojos, irremediablemente, se clavaron en los ojos verdes de un chico pelirrojo vestido de negro, tenía un tatuaje rojo con el kanji amor grabado y cargaba en su espalda una calabaza color arena que olía a sangre. Se quedaron allí unos segundos, mirándose uno al otro, en silencio, pero Harry comprendió que ese chico, no, ese joven hombre, estaba atormentado. Sin embargo, algo en su semblante le dejó bien claro que era fuerte, que tenía una gran voluntad. Era alguien a quien podía comprender. Pestañeando una vez de forma neutral, le dirigió una pequeña pero sincera sonrisa que dejó a Moegi y a los demás atónitos; a pesar de su habitual calma y serenidad nadie le había visto sonreír.
Pasó por su lado sin mediar palabra, asintiendo a sus escoltas que, por sus facciones debían ser sus hermanos, y supo que ese chico era alguien importante. Alguien a quien quería conocer. No como representante del clan Black, sino como persona. No hacía falta que se girase a mirar puesto que con su magia era capaz de seguir los movimientos de todo lo que le rodeaba pero… antes de cerrar la puerta, el pelirrojo se giró a observarle en silencio, pensativo.
Otra actualización. ¡Espero que os guste!
Blackcirce
