Disclaimer: Naruto y Harry Potter no son míos


Capítulo 4 – La última sombra del Viento.

Gaara miró el basto desierto que se extendía más allá, detrás de los muros de su querida aldea natal. El tiempo en el desierto parecía pasar más lentamente que en los otros países elementales pero Gaara sabía bien lo rápido que podía formarse una tormenta de arena. Desde hacía 2 años, cuando Naruto Uzumaki tuvo el valor de enfrentarse a él, un jinchuriki desatado, todo cambió. Su vida como la conocía desapareció casi de un plumazo, solo le quedaran los retazos de una existencia llena de odio. Una vida la cual todos querían hacer ver que no había existido.

Desde pequeño las cosas habían sido muy difíciles para él debido al demonio que tenía en su estómago. Fue el causante de la muerte de su madre – a quien no conoció –, causante del resentimiento que le profesaba su tío y sus hermanos – quienes no entendían por qué él había sobrevivido y su hermana y su madre no –; causante de la decepción que sentía su padre – puesto que su experimento no había servido de nada y, aún más, su esposa estaba muerta – y, por si eso no fuera todo, también fue Shukaku el causante del odio que sentía su aldea – puesto que todos vivían aterrorizados de la vestía en su interior e, irracionalmente, también de él. Muchas veces había intentado explicarles, decirles que él no era un demonio, que no quería hacerles daño, que solo quería ser amado. Nunca sirvió de nada.

Lo intentó de todas las maneras, lloró todas las lágrimas que tenía, se le rompió el corazón más de una vez con sus rechazos, los insultos, las miradas cargadas de odio. Para cuando tenía 7 años ya no era un niño, ni siquiera era una persona normal. Estaba deshumanizado. La gota que colmó el vaso fue el intento de asesinato que su padre y su tío planearon y llevaron a cabo con tal de borrar su existencia de una vez por todas. En ese entonces se dio cuenta que no solamente era rechazado sino que nadie quería que viviera. Todos serían finalmente felices si él dejaba de existir y eso le partió el alma y, a la vez, le enfureció… La muerte de Yashamaru fue la primera muerte que saboreó. Y como solían decirles a los niños de la academia la primera era la más dura pero las siguientes ya eran otra cosa. Uno solo tenía que acostumbrarse a ver sangre y el demonio en su interior la deseaba fervientemente y, con creciente ira, Gaara también.

No iba a darles el placer de verle desaparecer; si su mera existencia les hacía daño él seguiría existiendo hasta que todos se convirtieran en polvo. Era por eso que, una vez se acostumbró a su nueva forma de vida, cuando sangraba en una de esas pocas ocasiones, perdía el control. Se daba cuenta de que era igualmente vulnerable, que era mortal y que si moría, les estaría haciendo un favor a todos. Por eso entrenaba a sol y sombra con su arena, con su demonio, con sus armas, leyendo libros, entrenando su intelecto. Si algo era Gaara era inteligente. Un prodigio. No era solo el poder prestado de su demonio lo que le hacía demandado como ninja sino sus capacidades de shinobi que había cultivado con entrenamiento y su sentido de la estrategia.

Cuando Naruto fue capaz de derrotarle en una pelea igualada, de dejarle por los suelos como si no fuera más que un patético genin salido de la academia… Las cosas cambiaron. La historia de Naruto, tan similar a la suya, le hizo reaccionar. No era el único con un demonio en su interior pero sí que era el único que había sido controlado por el odio y se había alimentado de la ira de la bestia a sabiendas. Naruto era odiado también pero su Hokage le protegía y eso era una diferencia radical entre ambos. Sobre todo porque el Kazekage de la Arena era su padre y éste había intentado matarle varias veces. Así pues, se dio cuenta que no era culpa suya ser odiado sino de aquellos que le odiaban por miedo debido a una cosa que ellos mismos habían hecho. ¿Qué sentido tenía seguir matándoles, haciéndoles daño? Gaara, tan listo que era, había cometido un error: les había estado dando fuerzas para seguir atormentándole.

Cuando llegó de nuevo a la aldea ya no era la misma persona. Ni siquiera miró a los aldeanos o a sus hermanos, quienes también se habían dado cuenta que odiándole por algo fuera de su alcance fomentaba también el odio de Gaara para con la aldea y contra ellos. Un círculo vicioso que se había roto. Todos se dieron cuenta en las próximas semanas. Gaara ya no mataba a sus supuestos asesinos, simplemente los dejaba inconsciente, y tampoco se vengaba de aquellos que cuchicheaban a sus espaldas o le miraban mal. Para él esa gente no merecía su tiempo, ya no.

Aquellos que le querían le apoyarían y aquellos que le odiaban no importaban. Eso era lo que Naruto le había enseñado y sin embargo no tenía a nadie a quien querer o que le quisiese. Y aun así, sabía que si intentaba acercarse con buenas intenciones a otros aldeanos sería rechazado. Sin nada que pudiera hacer para mejorar su situación se centró en hacer sus misiones a la perfección, en hacer desaparecer su reputación como persona violenta y en ayudar silenciosamente en la aldea reforzando las casas con su arena y los muros que la rodeaban. Fue difícil pero consiguió que poco a poco las cosas mejoraran.

Primero con sus hermanos, que antes le habían odiado y temido a la vez y que, con el tiempo, dejaron de temerle y al pasar las semanas dejaron de odiarle. Las cosas no eran un camino de rosas, todavía había gente reticente a pensar que había cambiado pero, curiosamente, Gaara había cambiado. Radicalmente. Ahora ya no estaba dolido, ni molesto, ni iracundo… había encontrado un poco de paz y los ancianos del consejo lo notaron al instante. ¿Qué mejor manera de retener a una potencial arma que convirtiéndole en una marioneta? Y, mejor que mejor, ¿por qué no hacerle Kazekage para tenerle siempre rodeado en la aldea? Gaara se lo pensó mucho, ¿por qué iba a aceptar cuidar de un pueblo que le odiaba? Pero después se dio cuenta que solo era su resentimiento hablando. Darse cuenta que todavía tenía sentimientos negativos enterrados en su corazón fue un duro golpe, sobre todo porque pensaba que había estado mejorando. Fue por eso que aceptó ser Kazekage.

Toda esa gente le odiaba porque eran ignorantes. No sabían cómo comportarse frente a alguien como él y, aunque antes quería matarlos, ahora se encontraba deseando poderles hacer ver lo maravilloso que sería que pudieran aceptarse, unos a otros, y no tener que sufrir pensando si sus diferencias les convertirían en una paria. Les enseñaría a ser mejores personas, mientras él mejoraba también a título personal, a ser un pueblo más unido y a no tener miedo de lo desconocido. Cuanto más lo pensaba mejor le parecía convertirse en Kazekage. Él no tenía miedo de los ancianos, puesto que era más poderoso, y tampoco de sus artimañas, puesto que no era un idiota.

Pensaba que las cosas iban a ser más difíciles sin embargo nadie se opuso a que se hiciera con el cargo más alto del país del Viento. Había un descontento silencioso pero curiosamente las cosas evolucionaron más rápido de lo que jamás hubiera imaginado. Solo había pasado un año desde su mandato, medio año después de su despedida de Naruto que se iba de viaje a entrenar, cuando marchó a Konoha en una de sus tantas reuniones como aliados.

El país del Fuego sin duda era su mayor aliado, sus relaciones eran ahora de lo más amigables. Algo por lo que Gaara había luchado y había conseguido. Todos se lo pensaban un par de veces más antes de atacar al país del Viento, aliado del país del Fuego y cuna de los ninjas prodigio y el país militar más antiguo creado y con tradiciones fuertemente arraigadas y, sorprendentemente, extendidas por todo el país. En el país del Agua muchos ninjas se apuñalaban por la espalda y lo peor es que era normal. A Gaara, sin contar en su etapa de psicópata, nunca le había parecido normal. Un ninja tiene enemigos pero también camaradas. Él sabía mejor que nadie lo difícil y doloroso que era estar solo y tener al mundo en contra y, sin embargo, en algunos países esa práctica era habitual. Tenían suerte que sus respectivos países fueras los únicos verdaderamente aliados. El país del Rayo siempre había evolucionado solo y los de la Roca y el Agua eran demasiado orgullosos y estaban resentidos como para aliarse. A Suna y a Konoha ya les estaba bien.

Por otro lado Gaara también se sentía más tranquilo siendo aliados de su país vecino debido a su grandioso potencial bélico. Simplemente Konoha tenía a la gran mayoría de clanes con dojutsus posibles. Los Uchiha, los Hyuga, los Senju, los Akimichi, los Aburame, los Uzumaki, los Inuzuka, los Nara, los Yamanaka… Todos los clanes poseían unas habilidades especiales muy codiciadas y que nadie poseía. Nadie salvo el país del Fuego y, por consiguiente, el país del Viento. A pesar de la antigua alianza que había existido entre ambos países, creada por el Tercero Hokage y Cuarto Kazekage, ésta nunca había sido una verdadera alianza porque su país se había sentido ciertamente inferior. Y eran inferiores. Su padre había invertido más recursos en el bijuu de su interior, prefiriendo tener un arma poderosa, que en mejorar a sus shinobi. El tiro le había salido por la culata. Konoha había obrado al contrario y la diferencia era notable. Esa diferencia era una de las que se había estado encargando de acortar, poco a poco, con esfuerzo.

Era por eso que Suna y Konoha no se habían relacionada como aliados sino que se habían ignorado como quien ignora a un hermano irritante que siempre está ahí, que sabes que responderá si tienes problemas, pero al cual no soportas. Ahora Konoha había pasado de ser el hermano irritante a ser el hermano mayor idolatrado con el que sabes que siempre puedes contar y al que no cambiarías por nada en el mundo. Era divertido ver cómo las cosas cambiaban radicalmente y todo gracias a la cooperación de Konoha y a su voluntad innovadora. El consejo no había previsto que Gaara fuera incluso más difícil de manipular que cuando se dejaba llevar por su demonio. Ahora se lo pensaban dos veces antes de cruzarle.

Así pues, cuando había pasado un año desde que aceptó el puesto y desde que empezó las verdaderas relaciones con Konoha, Gaara marchó al país vecino sin preocupación alguna. Pensando que las cosas seguirían siendo relativamente iguales que hacía apenas un mes. Que equivocado estaba. No solamente Konoha contaba ahora con un nuevo jonin en sus filas sino que éste provenía de un clan poderoso. Gaara, una vez más, se sorprendió. ¿Qué tenía Konoha que los atraía a todos? Lo más curioso no había sido escuchar los cuchicheos de los chunin y genin, y civiles, que le alertaron de las novedades sino conocer en primera persona al hombre protagonista de todos los chismorreos.

Turais Black. Tenía unos años más que él, quizás estaba en su veintena, pero había algo en su mirada que pudo comprender al instante. Turais Black era alguien experimentado. No solamente en la lucha, como su poder contenido le indicaba, sino en la vida. Le recordaba a él pero mejor. Como curado. No podía describirlo, él nunca había sido de esas personas locuaces sino más bien observador. Era por eso que se había postrado, ignorando las presencias curiosas de sus hermanos a su espalda, frente a la ventana, viendo como el hombre se iba con el que parecía ser su equipo genin. O al menos su equipo genin provisional. Gaara notaba que entre los genin y el jonin había cierta distancia cordial.

—¿Qué te parece mi nuevo jonin? —preguntó con retintín Tsunade, acompañándole a mirar por la ventana.

Gaara no habló. La mayoría de cosas que decía Tsunade eran para provocar. Él tenía su silencio impasible, Tsunade tenía su actitud impetuosa. Kankuro y Temari, no obstante, no eran tan pacientes ni sosegados.

—¿Quién era ese hombre? —preguntó Kankuro, con rostro algo serio pero con curiosidad—. Había algo en él que...

—Turais Black. Uno de los 4 miembros del nuevo clan Black —Tsunade pareció perderse momentáneamente en sus recuerdos antes de sacudir la cabeza—. Las habilidades de ese clan...

—¿Qué pasa?

—Bueno, digamos que nunca había visto nada igual —se sentó la Hokage tras su mesa y les indicó que era el momento de empezar la reunión con un ademán de cabeza—. Ya tendréis tiempo de conocerle luego. Podéis pasaros por la tetería, ahora...

Gaara se sentó en su correspondiente asiento, entre Temari a su derecha y Kankuro a su izqueirda, pero sus pensamientos seguían sumidos en Turais Black. Entonces, silenciosamente, se dio cuenta de una cosa: Shukaku había estado callado en todo momento.

…...

Andrómeda sonrió, asintiendo.

—No sé cómo lo han hecho pero estas flores... ¡son preciosas! ¡Tal oscuridad! ¿Cómo las han llamado? —exclamó maravillada la matriarca de los Yamanaka, mirando desde todos los ángulos a la rosa negra—. Todavía no puedo creer que no sean teñidas pero es cierto, son naturales. ¿Cómo lo han logrado?

Andrómeda volvió a sonreír. Las primeras flores que había querido vender a los Yamanaka, tan negras como su apellido, eran las rosas de Halfeti. Unas rosas negras que en el mundo exterior se encontraban en una pequeña aldea al sur de Turquía, la cual les daba su nombre, y que, además, eran totalmente naturales. No habían tenido que hacer nada, solo plantar sus semillas. Esas rosas serían, una vez más, un símbolo. Un recordatorio. ¿Qué mejor manera de empezar que pareciendo grandes botánicos, con una rosa negra de olor maravilloso? Inoichi, que esa mañana estaba un par de horas en la tienda, la miró con más perspicacia que su mujer.

Al contrario que ella, que era solamente una florista a pesar de ser una mujer de alta cuna, Inoichi era un jonin especial. Trabajaba, según le había contado Harry, en la unidad de interrogatorios y era, obviamente, mucho más difícil de engañar. Andrómeda, no obstante, no tenía ganas de engañar a nadie, sobre todo porque le era bien fácil conseguir flores y plantas que los países elementales, con una gran influencia asiática, no tenían ni sabían que existían tan siquiera. Eso le dejaba un gran margen para sorprender a la población con flores mágicas e híbridos que poco a poco iría introduciendo, éstos ya mucho más caros que las simples flores muggle.

Las rosas negras eran un total acierto. Los ninjas morían cada día y el luto, al contrario que en los países asiáticos en el exterior iba de blanco, curiosamente se vestía de negro en los países elementales. Las rosas negras se venderían pues fácilmente y serían en todos sitios un gran atractivo por su clásica belleza como rosa, su fragancia, y por su innovador color natural. Sí, Andrómeda no era idiota. Sabía cómo hacer negocios perfectamente y ahora tenía un gran aporte de dinero para hacer inversiones que, en el futuro, sabía que amortizarían la inversión y les aportarían beneficios. Además, no estaba de más que Harry hechizara cada producto que vendían con tal de que nadie, salvo ellos, pudieran cultivar las rosas.

—Se llaman rosas de Halfeti —les informó, acariciando un pétalo con una sonrisa.

—Un impactante nombre —comentó Inoichi, que no tenía ni idea de qué era Halfeti y Andrómeda tampoco se sentía dispuesta a informarle de los precisos detalles.

La matriarca Yamanaka, Akemi, ya era una gran aliada suya. Ambas provenían de sociedades parecidas y se habían casado a menos, como dirían algunos. Era ella quien le había introducido a su círculo de amigas, a pesar de que Andrómeda se había asegurado de comer varias veces en los restaurantes Akimichi para dejarse ver ante Chiharu Akimichi. Le había presentado a la matriarca Nara, Yoshino y a una mujer civil bastante importante llamada Mebuki Haruno. Andrómeda se había integrado bien, lo sabía, porque tenía ese don y también el entrenamiento que le dieron sus padres desde su nacimiento. Le era fácil llevarse bien con la simpática Chiharu, entendía a la perfección a Akemi y a Mebuki y era capaz de redireccionar el tempestuoso temperamento de Yoshino.

—Ahí va su hermano, Andrómeda —le habló Akemi, señalando hacia la calle y vio cómo Harry era seguido de tres niños de apenas 12 años, un pelirrojo de quizás 15 años y un par de personas más que parecían ser sus familiares.

—Ese es el Kazekage de la Arena.

—¿El líder del país del Viento? —preguntó Andrómeda, sin poner mucho énfasis en la pregunta.

—¡Ah! Mire, sensei, su hermana está en la floristería Yamanaka —escuchó como una niña decía aun estando a metros de distancia.

Harry se giró y como él se giraron los otros tres adolescentes. Andrómeda le sonrió y luego contempló estoicamente al pelirrojo, a la chica rubia y al castaño. Debían de ser sus guardaespaldas.

—Vaya con su hermano, nosotros acabamos de recoger aquí, no se preocupe —le dijo con el rostro todavía iluminado por las flores Akemi y ella asintió.

—Un placer hacer negocios con los Yamanaka, me voy si no les importa.

—Esperamos su siguiente remesa de flores. Gracias por las rosas —volvió a hacer una reverencia Akemi, seguida de su marido.

—¿Serán igual de sorprendentes, Lady Black? —preguntó Inoichi, cuando ya tenía la mano en la puerta.

Andrómeda miró sobre su hombre y sonrió —Un Black siempre sorprende.

Temari vio como su hermano charlaba calladamente con el jonin de Konoha, hablando sobre cosas tan cotidianas como el té o los entrenamientos matutinos. Al pasar por la floristería notó una presencia, una parecida a la de Turais Black. Vio a una mujer, mayor al jonin, pero igual de hermosa. Con su cabello negro como el carbón y de aspecto cuidado y suave como la seda. Tenía la piel blanca, mucho más aristocrática que la de cualquier noble que hubiera conocido, y los ojos grises como la luna. Vestía un kimono, como ella, negro con un obi gris medio atado y, en la espalda, el símbolo del clan Black el cual todavía no sabía qué significaba. Lo más curioso era que, al contrario que su hermano -quien tenía al menos 11 cuchillos en su persona, un látigo, papeles explosivos y un vial de veneno por lo que había podido ver-, Andrómeda Black no tenía una sola arma encima. Lo único afilado sobre ella era la intrincada peineta plateada, de un material desconocido con gemas esmeraldas, que llevaba en su cabello y la mirada de sus ojos.

Sin embargo... algo le decía que Andrómeda era igual de peligrosa que su hermano, aun estando desarmada. Era quizás el poder que todos los shinobi sentía cuando notaban sus presencias. A pesar de estar fuertemente atado, para pasar desapercibido, algo les alertaba de cuan peligrosos eran el clan Black. Era como cuando un conejo sentía la presencia de un lobo a quilómetros. Ella era el conejo, y no le gustaba. Gaara, no obstante, parecía haber tenido una conexión instantánea con Turais Black y Temari se preguntaba, sospechaba, que Gaara no se sentía tan indefenso como ella gracias al demonio en su interior. Y eso la asustaba. ¿Qué poder debía tener Turais Black para igualar a un bijuu?

Temari podía entender que Gaara iniciara una amistad con Naruto, en la cual después basaría la verdadera alianza con Konoha, porque era un jinchuriki como él. Black no era un jinchuriki, era un jonin especial de un clan desconocido con un inmenso y misterioso poder. Y había conectado con su hermano a pesar de ser "normal". ¿Debería sentirse mal porque, a pesar de todo, seguía sintiéndose algo distante de su hermano cuando un total desconocido era capaz de ignorar los rumores y no dejarse llevar por las apariencias? Quizás era por eso que recelaba de Black, porque le recordaba sus errores y defectos para con su hermano pequeño.

—Kazekage, le presento a mi hermana mayor, Andrómeda —escuchó, y vio, como el jonin sonreía a su hermana y como ésta se plantaba con mirada curiosa frente a su hermano, como quien observa a un cachorro adorable.

—Un placer conocerle, Kazekage.

—Lady Black, he escuchado sobre usted hoy. Felicidades por la residencia en Konoha, es un buen lugar para vivir —les dijo diplomáticamente Gaara y Temari se sintió orgullosa de él, a pesar de ser tan lelo emocionalmente a veces.

—En nombre del clan Black, gracias. ¿Les importa si les acompaño? Ya he terminado por hoy.

—Por favor —asintió Gaara y continuaron caminando tras los genin, que estaban charlando animadamente a unos metros de distancia—. Su hermano me ha comentado que está desarrollando una nueva planta.

—Cierto. Estamos cultivando varias especies con tal de venderlas a todo aquel que las quiera, por supuesto teniendo en cuenta los intereses del país del Fuego y a sus aliados —dijo Andrómeda, que veía la oportunidad perfecta de hacer negocios con el país vecino.

—Algo a tener en cuenta, claro.

Gaara, al parecer, también se dio cuenta. El Kazekage del país del Viento empezó a pensar. Si en algo era bueno Gaara era pensando, haciendo y deshaciendo estrategias. Sabía bien que Andrómeda Black le había lanzado una indirecta muy directa. Por lo que sabía de los Black, después de hablar con Tsunade, interrogar a Shizune y leer los labios con su ojo de arena a los civiles mientras estaba reunido con la Hokage, el clan Black tenía una serie de habilidades cada cual más específica y diferente una de otra. No sabía bien, a ciencia cierta, cuáles eran estas habilidades pero sabía que habían sido suficientes para dejar maravillados a los jonin de Konoha y, por encima de todo, a la Hokage. La cual tenía más de 50 años y se las había visto de todos los colores. Sin duda alguna Turais Black, con lo inteligente y astuto que era, de ninguna manera les había enseñado todo lo que podía hacer. Simplemente les habría mostrado aquello que no pudiera causarles daños colaterales. Gaara quería saber qué más escondían el clan Black pero, aun así, también quería saber qué era lo que le atraía del jonin.

Había algo en él que le hacía sentirse seguro, que mantenía a raya a su bijuu y eso era algo impensable para él. Se había sentido más cómodo estando en presencia del jonin que en toda su vida en la Arena, y no porque le desagradara su aldea. Era como si pudiera irse a dormir sin que Shukaku saliera a merodear, algo impensable también. Era por eso que había hecho caso de las provocaciones de Tsunade y se había pasado por la tetería, no es que tuviera nada más que hacer, y había visto como los genin servían a todo tipo de clientes esa tarde. Turais Black, a pesar de estar en el mostrador cobrando, había sido capaz de apaciguar a su demonio aun estando lejos. Gaara había querido investigar dicha posibilidad y, a la hora de cerrar, se había acercado al jonin.

Hablar con él había sido fácil sobre todo porque era igual de diplomático que él a pesar de su apariencia intimidante. Además, parecía que no era el único que había notado la extraña conexión entre ambos. Cosa que a Kankuro parecía fascinarle y a Temari asustarle. No supo cómo pero de repente se encontró hablando como si fueran viejos amigos, dejando boquiabiertos a todos los que le conocían, y a los que no le conocían también. Él, por naturaleza, era callado y silencioso. Observador. Se encontró hablando de cosas que antes no había dado importancia, como su té favorito, cómo se levantaba por las mañanas de su cama en la cual se tendía a ratos -a pesar de no dormir ni un solo minuto- a entrenarse cuando las pistas estaban vacías salvo el típico grupo anbu y la patrulla nocturna, o cómo le gustaban los cactus porque eran la única planta que no se le moría si la intentaba cuidar...

Aprendió también mucho de Black. Su prodigioso cerebro era difícil de esconder. Black estaba atento a todo, algo que le dejó atónito, era capaz de percibir lo que pasaba tres calles a la distancia y sin hacer el menor movimiento. Tal percepción era, debía ser, casi imposible de conseguir y, sin embargo, Black sabía que su hermana estaba comprando más adelante en una de las tiendas sin tan siquiera girarse a mirar. ¿Cómo debía coordinar su mente, para estar en tantos sitios a la vez? ¿Cómo demonios lo hacía? Se preguntó. Black era también un inventor, le había visto mirar objetos y muebles de forma calculadora, cómo hacía Kankuro cuando veía que sus marionetas no eran tan perfectas como él quería. ¡Las cosas que ese hombre debía saber, las cosas que debía tener guardadas en su casa!

Era por eso, por todo lo que había descubierto de Turais Black, que sabía que quería hacer negocios con el clan Black. La oportunidad que le brindaba de forma tan simple Andrómeda, sin tener que pasar por el sistema burocrático de pedir ayuda a la administración de Konoha, era perfecta. Pero, ¿qué podían negociar? Gaara no sabía qué podía ofrecerles que los Black quisieran o no tuvieran y tampoco sabía qué cosas podían ofrecerles que serían útiles para su pueblo. Al instante supo cual sería el siguiente movimiento de Andrómeda Black. Qué mujer más ladina...

—¡Por supuesto! ¿Por qué no cenan con nosotros esta noche? El clan Black todavía no ha recibido ningún invitado, estaríamos encantados de invitarles y también a la Hokage esta noche, estoy segura que todavía tienen muchas cosas de las qué hablar —aplaudió una vez Andrómeda, con una sonrisa cordial y alegre que hizo sonrojar a más de un hombre que pasaba por ahí.

Gaara estuvo a punto de ponerse a aplaudir también. ¡Qué inteligente era! Vio como el jonin suprimía una sonrisa y supo que él también sabía dado cuenta, quizás también sospechaba algo Temari, de las verdaderas intenciones y palabras de Andrómeda. ¡Cómo le gustaría tenerla en su consejo! La matriarca de los Black había conseguido en solo un par de frases abrir una posible ruta de comercio, demostrarles a todos que el clan Black tenía muchos más recursos de los que todos creían, les había proporcionado una invitación irrechazable y había dejado claro las alianzas del clan. Nadie rechazaría una invitación a cenar, la primera invitación a pisar el clan Black y la notoriedad que ello conllevaría pero, a su vez, los Black iban a beneficiarse al tener a el Kazekage y a la Hokage como primeros invitados en su casa, dando a entender su importancia.

—Estaríamos encantados —contestó él, obviamente. Andrómeda no buscaba hacerles daño sino beneficiar a su clan y, si podía, a la Arena también. Los negocios serían una buena oportunidad para ambos.

Horas más tarde, después de ver como Black presentaba el informe de su misión, despedía a sus genin, invitaba a la Hokage y a su asistente a cenar y se despedía con su hermana para preparar la casa, Gaara estaba vestido con un kimono azul marino formal para cenar con los Black.

La primera impresión que tuvo, junto con Temari, Kankuro, Shizune y Tsunade con quienes se habían encontrado por el camino, fue que el clan Black era intimidante. Las paredes que rodeaban el complejo, altas y negras, con un brillo apagado pero casi espeluznante con su sencillez, le dejaron sin aliento. ¿Cómo habían construido semejante cosa en tan poco tiempo? Las puertas de madera, una madera que desconocía, de un negro grisáceo tenían el símbolo del clan grabado bajo el arco perfecto de piedra negra. Era la única mota de color que rodeaba el muro, salvo la hierba perfectamente cortada de un verde intenso.

Las puertas se abrieron solas y Gaara vio como Tsunade, y Shizune, entrecerraban los ojos con aspecto comprensivo. Había algo que la Hokage sabía que él no, sin duda. Aun así cruzó el arco y vio como la hierba de la parte exterior del complejo estaba igual de cuidada. Tras el muro, en las paredes, observó como varias especies de hiedra, con flores de colores y perfumadas, escalaban el muro tapándolo casi por completo como un bello puzle. Las casas que llegaba a ver, separadas una de la otra por varios metros de hierba, eran de ladrillo cenizo, rústico, que le daba un aspecto antiguo a cada casa, aspecto oscuro pero acogedor. Pocas veces había visto algo igual, salvo en casas nobles. Los marcos de las ventanas eran, con poca sorpresa, negros y podía ver alguna que otra cortina de colores de aspecto sedoso.

El clan Black al completo estaba en la puerta de la casa principal, mucho más grande que cada casa a ambos lados. Estaban de pie, frente la puerta de madera similar a la puerta del complejo pero sin el símbolo del clan. Hasta llegar a ella había un par de escalones, de forma redondeada, del mismo ladrillo, con bordes negros. Rodeando la casa había flores, algunas que escalaban por la pared como guiadas de forma invisible, otras enmarcando las ventanas de la primera planta. Le sorprendió lo bien cuidado que estaba todo, lo bonito que resultaba ver tantas flores y las hiedras devorando parte de la fachada. Sin duda tal desorden estaba perfectamente calculado, y eso le divertía. El tejado era, por supuesto, negro con una gran chimenea central, y de cada extremo del tejado, había una gárgola de un material que, de nuevo, desconocía de color blanco con reflejos iridiscentes. Una era un león con cabeza de águila y ojos verdes esmeralda mientras que el otro parecía una mujer con cola de serpiente y cabellos con cabezas de serpientes, los ojos, una vez más, eran esmeraldas.

—Bienvenidos al clan Black —les saludó Andrómeda. El otro hombre, el que no conocía, llevaba un bebé en brazos con el cabello negro y ojos grises—. Estos son Leo y Eridanus, y por supuesto, Turais. Leo, estos son Temari, Kankuro y el Kazekage, Gaara de la Arena, respectivamente.

—Encantado.

—Gracias por la invitación, Andrómeda —le dijo Tsunade, con una familiaridad peculiar. Gaara asintió su agradecimiento también—. Debo decir que estoy impresionada con lo poco que he visto.

—Entonces el interior te dejará aun más impresionada. Pasad.

Gaara pasó tras la Hokage y observó la entrada que, al contrario que todo el exterior, era luminosa y de colores claros casi blancos. Dejaron sus zapatillas distraídos, incluso él, demasiado ocupados maravillándose con la decoración de los Black, mucho más elaborada que cualquier cosa que hubieran visto. Los techos eran altos, con rodapiés elegantes y puertas acristaladas de la misma madera que había estado viendo y que, al preguntar Shizune, supo que se llamaba ébano. Los suelos eran oscuros, del mismo aspecto cenizo que la fachada. En las paredes colgaban algún que otro cuadro enorme de pinturas impresionantes, y en alguna que otra esquina había un tiesto, alto, que seguramente tendría un nombre clave en botánica, negro con bordados de ese blanco perlado, con lilas rojas color sangre. Era como una especie de fuente.

El comedor era igual de sorprendente que el resto de la casa, con una gran mesa de ébano rectangular con sillas negras con mullido suave blanco. A través de las dobles puertas de cristal podían ver el interior del complejo, tan grande como el hospital de Konoha o más, con su césped bien cuidado, unos caminos de losas grises y, en medio, lo más espectacular, una fuente enorme que parecía salir en medio de un pequeño lago, rodeado de piedras negras, del mismo material -mármol blanco con acabados en nácar, según Andrómeda- en forma de pequeño podio con un impresionante gran dragón con las alas extendidas y la bota abierta, con ojos esmeraldas, y cada escama dramáticamente esculpida, con puntiagudos y afilados cuernos desde la parte posterior de la cabeza, formando una fila india, hasta la cola que rodeaba el podio, perdiéndose en el agua, y garras largas y realistas. De su boca salía agua sin cesar, creando una música de ambiente característica.

El lago estaba cubierto de nenúfares y flores de loto de colores, olorosas, y de vez en cuando aparecía una cabeza de un pez blanco con manchas rojas, dorados o de azul intenso. Carpas koi. Podía ver, un poco más allá del lago, una especie lugar de descanso con un camino de piedras, con unas sillas acolchadas y una pequeña mesa del té de piedra, bajo 4 columnas blancas de mármol y nácar, una cúpula de arcos entrecruzados en el exterior que frenarían la lluvia; una glorieta. Era simplemente espectacular. Se encontró callado mirándolo todo, deseando poder estudiarlo más profundamente.

Notó varias presencias a su lado y vio los rostros totalmente impresionados de los demás invitados, que miraban de aquí para allá, contemplando las flores del jardín, el lago, la fuente, la cúpula, las terrazas interiores de cada planta superior de cada casa... sin saber dónde mirar.

—¿Cómo habéis hecho todo esto? —preguntó Tsunade, girándose al fin y dándose cuenta que la cena estaba ya servida y humeante —. ¿Dónde habéis aprendido a hacerlo?

—La decoración es uno de nuestros puntos fuertes —rió Leo Black y Gaara se sentó de mala gana en su asiento, frente a Turais Black, queriendo contemplar más el paradisíaco paisaje y observó la sonrisa comprensiva de Turais.

La conversación progresó muchísimo durante toda la noche. Sobre todo una vez pusieron a dormir al pequeño Eridanus. Finalmente, decidieron que los Black intercambiarían con la Arena varios medicamentos y pomadas a cambio de oro -algo que nadie sabía que Suna poseía-. Con el oro crearían joyería, algo para nada peligroso, que el clan podría vender a los demás países, dándole una pequeña parte a Konoha quien se encargaría de transportar las mercancías entre ambos países una vez al mes.

Gaara vio como su hermano acompañaba a Leo Black en un tour por la casa mientras que las mujeres seguían sentadas en la mesa, charlando y tomando una bebida alcohólica que incluso hizo toser a la experimentada Tsunade, para sorpresa de Shizune y Temari. Gaara, no obstante, estaba más interesado en la compañía de Turais Black.

—¿Le apetece ver el patio interior?

—Claro.

Caminaron en silencio, Gaara mirando ávidamente el jardín y Turais pensativo. Al final acabaron sentados en las sillas de exterior bajo la glorieta y se dio cuenta que el clan Black, a pesar de su creciente fama como intimidantes, estaba formado por miembros bastante pacíficos. ¿Por qué sino habían puesto semejante zona de relax para mirar durante horas como nadaban los peces entre las flores? Viendo las flores rodear los pilares delicadamente, cubriendo parte del techo, le dejó totalmente relajado. Incluso olvidó todo lo quería decir.

…...

Harry esquivó una patada, la había visto venir desde hacía segundos. La magia combinada con el chakra le daba una percepción mucho mayor, una que nadie podía alcanzar debido a la carencia de magia. Poco a poco se estaba entrenando por las mañanas con los múltiples shinobis, tanto jonin como chunin, conociéndolos y compartiendo según qué habilidades. Todos se habían dado cuenta ya de que podía deshacerse en humo y traspasar cualquier material para aparecerse donde menos lo esperaban. El sonido tan característico de la aparición, así como esa molesta sensación de presión, habían desaparecido con su aparición mejorada que ya estaba escrita en el grimorio del clan.

—Piensas demasiado —le dijo a la chica, Hinata, que había aceptado entrenar con él después de verla aporrear un tronco en mitad de la nada—. ¿Por qué no dejas de pensar si lo estás haciendo bien o mal? Llevas años entrenando, estás acostumbrada y lo mejor es que tú cerebro también lo está. Solo te falta confianza para dejarte llevar y luchar de forma instintiva.

Hinata miró el suelo antes de juntar los dedos en un tic nervioso que le irritó. ¿Por qué una chica con talento como ella tenía tan poca autoestima? Con el ceño algo fruncido se dijo que ayudaría a Hinata a superarse, después de todo, era la única que parecía necesitar verdadera ayuda. Kurenai y los demás eran capaces y podían aprender por sí solos y, a pesar de haber mostrado interés por aprender de su clan, ninguno se había molestado en pedirle ayuda. Lo que estaba claro es que él no pensaba ir detrás de nadie.

—No hagas eso —le dijo suavemente pero de forma firme. Hinata no era de las que necesitaran autoridad, eso seguro, según lo que sabía de ella y de su clan.

Necesitaba a alguien con quien confiar y que le ayudara sin compararla con nadie, como hacía su padre, además de alguien que no la mimara en un pésimo intento por hacerla sentir mejor, ignorando lo que realmente debía hacerse con Hinata, como hacía Kurenai. Después estaba el tema de la ropa; el otro día había visto a una chica de la edad de Hinata con un vestido rojo y pelo rosa. ¿Es qué ningún chunin se tomaba en serio lo que significaba "pasar desapercibido"? Todos los jonin tenían un uniforme perfecto para el camuflaje, ¿por qué demonios los chunin no? Eso le parecía una semejante tontería.

—Hinata, ¿quieres que te ayude a entrenar? —preguntó finalmente, cuando vio que Hinata se llevaba lentamente las manos a los costados, cogiéndose la chaqueta blanca y lila.

Levantó la cabeza tan rápido que casi se rompe el cuello. Hinata, por otro lado, se quedó mirando fijamente al hombre delante de sí. Nadie, ni siquiera Naruto, se había ofrecido a ayudarla a menos que estuvieran obligados -como algunos en su clan- o se vieran tan en peligro debido a sus pésimas habilidades que se ofrecieran a ayudarla -como su equipo-, el hecho de que alguien se ofreciera, sin ganar nada a cambio, la dejó atónita. El clan Black era un clan que su padre estaba estudiando con ojo de halcón pero resultaba obvio para todos que se había vuelto sumamente importante para Konoha, y para Suna, en menos de un par de meses. Los Black debían ser todos y cada uno muy inteligentes como para sacar un clan adelante y de la forma tan espectacular como lo habían hecho. Incluso su clan estaba sorprendido.

—¿P-por qué? —preguntó, su tartamudeo casi desaparecido después de un par de años.

—¿Por qué no? —se encogió de hombros e Hinata se sorprendió al ver que Turais Black parecía casi indignado de que alguien cuestionara un acto de voluntad altruista—. Obviamente necesitas ayuda para sacar todo tu potencial. Te veo y me dan ganas de ayudarte, me cabrea ver que otros te han dado por sentado y que otros creen que no tienes talento cuando, en realidad, eres la persona con más potencial entre los Hyuga solo que simplemente nadie lo sabe o quiere verlo.

Los ojos de Hinata se llenaron de lágrimas cuando, al fin, finalmente, alguien le dijo que valía la pena. A pesar de las palabras de su equipo sentía que a veces la envolvían en algodón cuando ella era una kunoichi igual de capaz. Estaba frustrada, dolida, deprimida muchas veces... Sus manías, su forma de ser, su forma de actuar, sus tics... Eran el resultado de largos años de frustración y rechazo, y lo sabía. Quería cambiar pero ella sola no podía, no tenía autoestima como para reafirmarse de vez en cuando en sus creencias -justamente algo que Naruto había hecho más de una vez-, necesitaba una ayuda externa y ahora se la habían ofrecido.

—S-s-sí... —lloró Hinata, como si algo dentro de sí se hubiera roto. Sintió unos brazos rodearla y lloró durante lo que le parecieron horas.

Cuando dejó de llorar y se dio cuenta que sus manos tenían cogido el chaleco jonin de Turais Black. Se secó las lágrimas totalmente avergonzada y escuchó un suspiro casi frustrado. Lo estaba volviendo a hacer, estaba frustrando a otra persona con sus idioteces.

—No hagas eso. No te sonrojes cuando llores porque llorar es algo natural, todos lloramos. No te sientas culpable ni pienses que tus sentimientos importan menos que los de los demás. —Hinata asintió, todavía sin levantar la cabeza. Entonces una mano la forzó a encontrar los ojos esmeraldas de Turais—. Deja que te haga un par de preguntas. Si un enemigo os secuestrara a tu hermana y a ti y te dijera que matará en un par de horas a una de las dos, ¿te sacrificarías por tu hermana dejando que te mataran?

—Sí —contestó sin dudar. Su hermana podía ser muchas cosas, podía pensar que era más débil que ella, pero seguía siendo su hermana. ¿A dónde quería llegar?

—Vale, tú mueres y tu hermana sigue viva... ¿Y si el enemigo te ha mentido? ¿Y si viola luego a tu hermana, la tortura, le saca los ojos y la deja moribunda para que se la coman los lobos en el bosque? ¿Quién la protegerá entonces? ¿Tú, que estás muerta?

Hinata abrió y cerró la boca, ojos como platos. Turais le presentaba un dilema. Sería fácil sacrificarse por su hermana porque la quería pero nunca había pensado qué pasaría con ella después de su muerte. ¿Estaba siendo egoísta sacrificándose? De repente se dio cuenta que Turais Black le había dado un giro completo a su forma de pensar. Ya no sabía si sacrificarse por los demás era lo correcto, o si era mejor no hacerlo y pensar en su supervivencia primero o cómo actuar. Los ojos se le volvieron a llenar de lágrimas porque ahora sus ideales con los que siempre había contado se estaban viendo sacudidos. Miró al atractivo joven con ojos suplicantes.

—Te diré lo que deberías hacer en una situación como esa: deberías unir fuerzas con tu hermana para derrotar al enemigo. Deberías pensar en que tu supervivencia, tu vida, tiene mucho significado ya que sin tu ayuda sería posible que tu hermana no lograra escapar jamás. Sí, es posible que muráis intentando huir pero... ¿no es mejor intentarlo que tirar la toalla? ¿Sabes lo que significa, Hinata? Que primero debemos cuidar de nosotros mismos ya que si estamos muertos no podemos cuidar de los demás. Pocas veces nuestra muerte beneficia a nuestros seres queridos, al menos a largo plazo.

Hinata se fue esa noche a su casa pensando, como si de un bucle se tratara, en las palabras de Turais Black. Había tardado 14 años en darse cuenta y ahora, ahora que comprendía el verdadero significado de su vida, se sentía como una idiota. Muchas veces había dicho que iba a mejorarse, a entrenar para cuidar a sus seres queridos pero incluso cuando enunciaba esas palabras no sabía lo que estaba diciendo. Hasta el día de hoy habría entrenado cada día, para salvar a sus seres queridos, pero se habría sacrificado sin dudarlo por los demás. Turais le había hecho darse cuenta que ella misma era tan importante como los demás, algo que no había comprendido, nunca.

Sus amigos y compañeros de equipo la habían animado, su maestra le había ofrecido consejo, su padre la había entrenado duramente... pero ninguno se había parado a hablarle, a decirle que su debilidad y su motivación era egoísta, en cierto modo. Había creído que Kiba, Shino y Kurenai la mimaban cuando quizás ni ellos mismos entendían porqué no podía avanzar, porqué siempre seguía siendo tan débil. Incluso ellos, que la apreciaban, miraban primero por mejorar sus habilidades antes que las del equipo; miraban primero por su salud, antes que la suya. No era egoísmo cuidarse primero a sí mismo y tampoco era sacrificado cuidar a los otros primero antes que a sí misma, era una tontería.

Siempre había hecho lo que los otros querían de ella, lo que pensaba que querían de ella. No había sido ella misma en 14 años, salvo en alguna que otra ocasión. Toda su debilidad radicaba en su falta de persona. Se había cortado el cabello como su padre había querido, se vestía como le decían las ancianas del clan, soportaba los insultos de su hermana y había soportado las miradas llenas de odio de Neji. Dejaba que Shino y Kiba la pasaran por encima, creyéndola demasiado tímida cuando en realidad se sentía algo fuera de lugar. Pero... iba a cambiar y Turais Black iba a ayudarla.


¡Aquí está la conti! Dentro de 3 capítulos cerraré la votación, para que os hagáis una idea, pero antes de eso introduciré a Ino, a Sakura y a los demás para que se desenvuelvan con el clan Black. Espero que os guste el capítulo.

Blackcirce