Disclaimer: Los personajes son obra y gracia de J.K Rowling
Cáp. 5: devuelvo un favor, no soy tu esclava.
Caminó en lo que parecía la dirección a la sala común, no esperaba encontrar a Harry y a Ron ahí, ya que su tutoría había terminado en tiempo record, de seguro aun estaban en la cabaña de Hagrid. Se lamentó por no haber ido. Comer las galletitas que parecen de piedra hechas por Hagrid y las animadas conversaciones habrían sido infinitamente más grato que lo que acababa de ocurrir. Caminó y caminó, sin rumbo alguno, inserta en sus pensamientos. Tan distraída que no notó cuando se pasó del pasillo que conducía a la sala común, y cuando lo notó era bastante tarde. No sabía como había llegado hasta ahí.
Se encontraba en algún pasillo, como cualquier otro, que no podía identificar. Las armaduras se encontraban a cada lado de éste y las pocas ventanas no eran de gran utilidad, ya que poca luz se filtraba por ellas.
¿Dónde había ido a parar? Le tomó unos momentos darse cuenta que estaba en el ala oeste del castillo, o eso parecía.
Un murmullo la hizo dar un salto. Al pie de unas escaleras en forma de espiral había un chico, que la miraba confundido.
-¿Qué haces acá? – preguntó él, su voz era autoritaria.
-Ehh, la verdad, no lo tengo claro, me distraje y vine a parar aquí – respondió Hermione, sinceramente. Intentaba enfocar la vista, ya que no podía reconocer quien era la persona que hablaba. Debía ser un chico y parecía molesto porque ella estuviese ahí.
-¡Hey! Eres Granger¿Cómo sigue tu pierna? – preguntó de pronto en un tono más amable y comenzó a bajar la escalera lentamente.
Hermione pudo reconocer su rostro ahora que lo veía más cerca. Era el chico que la había llevado hasta la camilla el día que se había roto la pierna. Sonrió.
-Muy bien, Madame Pomfrey puede arreglar huesos rotos en un abrir y cerrar de ojos – respondió ella.
-Lamento haber sido tan hostil minutos antes, estaba intentando entrar a la sala común, pero no pude escuchar toda la pregunta cuando noté que había alguien aquí.
-¿Pregunta? – en el rostro de la Gryffindor se notaba la confusión.
-Ya sabes, la entrada a la sala común en mi casa, no es con contraseña, sino con una pregunta.
-Ahh, es verdad – concedió la castaña.
-Ahora tendré que esperar al menos media hora para entrar, o hasta que venga otro Ravenclaw – agregó tranquilamente.
-Lo siento – murmuró Hermione ruborizándose. – No fue mi intención…
-No te preocupes, de todos modos, no iba a hacer nada productivo dentro – se encogió de hombros y una sonrisa apareció en su rostro.
Hermione lo miró detenidamente unos momentos. ¿Quién era él y porque nunca había notado su existencia? No recordaba su nombre, ni nada que tuviera que le indicara haberlo visto antes. Tenía el cabello oscuro, casi negro, que caía despreocupadamente hasta la altura de sus ojos de color gris. Era alto y aunque no tenía un cuerpo tan formado ni musculoso sabía que tenía fuerza por la facilidad con que la había levantado el día en la enfermería.
-¿Tienes vista de rayos x¿Me estas viendo desnudo a través de mi ropa? – preguntó manteniendo la sonrisa.
-¿Qué? – preguntó confundida la chica.
-Lo digo porque me estas mirando, o más bien estudiando con una cara extraña – repuso el chico alegre.
-Lo siento – volvió a disculparse Hermione ruborizando un poco más.
-Oh, no tienes que sentirlo tanto, está bien. Por cierto, si es que con tu detallado estudio no lo descubriste, me llamo Kevin Corlen.
-Creo que no lo había descubierto aún – rió – yo soy Hermione Granger.
-Creo que eso si lo sabía yo – respondió él con una sonrisa que hacía que sus ojos quedaran reducidos a una pequeña línea. – Supongo que no deberías estar aquí, es territorio Ravenclaw, por decirlo de alguna manera – dijo él. Hermione asintió – ¿Te acompaño hasta el hall? – preguntó él.
-Si, claro. – respondió mientras comenzaba a caminar siguiendo al chico.
-¿Y bien, es la famosa Hermione Granger tan inteligente como dicen? – preguntó el chico bromeando.
-Creo que no… simplemente estudio, si todos hicieran lo mismo que yo, probablemente no sería la mejor, como acostumbran a calificarme, es solo que yo me esfuerzo más. – le comentó muy calmada.
-Vaya, que honesto, puede que tengas razón, pero tienes suerte ya que nadie estudia tanto como tu.
-Es posible.
-Tal vez quedarías bien en nuestra casa, Ravenclaw busca gente como tu – murmuró Kevin más para él que para Hermione.
-Si, tal vez, pero estoy muy agradecida de estar en Gryffindor, me gusta y también los amigos que he hecho ahí – respondió.
-¿Eso impide que puedas tener amigos en otras casas? – Preguntó él en tono falsamente despreocupado, mientras le miraba de reojos sonriendo – otras como Ravenclaw, digo.
-Oh, claro que no – respondió. Luego se hizo el silencio que se prolongó por unos minutos, hasta que Hermione volvió a hablar – Disculpa¿Por qué no te había visto antes en el castillo?
-Vaya… es duro escucharlo así – dijo despreocupadamente Kevin – no lo sé, yo he estado aquí desde el mismo año en que tu entraste. Las malas lenguas han dicho que he cambiado un poco, pero… son cosas de crecer¿no? Tampoco es que me haya hecho alguna cirugía o algo.
-Es posible, es que soy bastante despistada en cuanto a gente se refiere – se disculpó Hermione.
Llegaron al Hall pasado unos minutos.
-¿Tendrás que esperar mucho? – preguntó Hermione avergonzada.
-Oh, no, creo que he visto pasar a un chico de mi casa entre uno de los pasillos. Si me apresuro, tal vez lo alcance antes de entrar. – Comentó y su sonrisa permanecía dibujada en su rostro – Nos vemos pronto, Hermione.
Kevin saludó con su mano y luego comenzó a correr hacia el pasillo del que provenían. Hermione se quedó unos segundos observando el lugar por donde se había marchado el chico. Luego volteó sobre sus talones y se dirigió hacia la sala común.
Llegó hasta la sala común de su casa y subió directo a los dormitorios y pocos segundos después de acostarse, se durmió.
Esa noche, Hermione tuvo sueños extraños, en los que aparecían Kevin con su deslumbrante sonrisa y Malfoy –aunque fuese raro – con otra deslumbrante sonrisa. Y Hermione estaba enceguecida con tanto deslumbramiento.
Se despertó un par de veces esa noche, pero cada vez que volvía a dormirse aparecía algo tan o aún más estúpido que los anteriores.
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La semana pasó tranquila, con altos y bajos. Harry y Ron habían mejorado mucho su actitud respecto a las clases, tomaban apuntes, incluso cuando Hermione no les vigilaba, solo en Historia de la Magia no podían evitar rendirse al aburrimiento, y eso para la Gryffindor era comprensible, para cualquiera lo era. Por otro lado los pagos de su deuda, esa semana no habían variado, cuidar la puerta noche tras noche. Ni Hermione ni Draco habían hecho ningún tipo de mención a lo ocurrido con Astoria, y ella lo prefería así, no quería ni se sentía capaz de explicar lo ocurrido, si él quería enterarse de algo, que lo averiguara por la otra chica.
El jueves había tenido que cuidar la puerta, pero había entrado una Slytherin de sexto, que no era Isadora, el viernes había sido, para sorpresa de Hermione, una Ravenclaw, también de sexto curso. El sábado, le había tocado el turno a Pansy, aunque Malfoy había entrado y salido con la misma cara de fastidio.
Y ahora Hermione caminaba hacia el salón de siempre, escondido en ese pasillo poco transitado, molesta como habitualmente ocurría, aunque era más temprano que días anteriores.
Malfoy estaba de pie apoyado en la puerta, con los brazos cruzados y los ojos cerrados. Un mechón rebelde de cabello rubio caía por su frente hasta quedar justo entre su ojo derecho y el puente de su perfecta nariz.
Al oír los pasos de la chica, se incorporó y abrió los ojos.
-Cinco minutos antes… - murmuró Draco en tono de reproche.
-Hemos hablado de eso, ya no es tema – respondió la chica dando por finalizado el tema.
Aunque no hablaba mucho con Malfoy, sentía que la "relación" por llamarle de algún modo, había cedido un poco. Ella se hacía más fuerte ante los insultos del chico, y cada vez tenía mejores respuestas que no le dejaban nada que decir, y a él cada vez se le hacía más difícil herir con algún insulto a la chica.
-Quiero que hagas uno de mis trabajos – murmuró Draco extendiéndole un pergamino en el que estaba escrito la redacción de Transformaciones.
-¿Otro trabajo? – preguntó molesta, alzando una ceja.
-Esta vez, quiero que lo hagas, no pienso gastar mi tiempo haciendo estupideces – respondió muy serio.
Hermione tomó la redacción, sacó su tintero y otra hoja de pergamino y comenzó a escribirlo con el ceño fruncido.
-No deberías arrugarte tanto, después de todo, te gusta transformaciones – comentó Draco, aburrido.
-¿Eso crees? – preguntó ella molesta aún.
-Si
-Es verdad, pero eso no quiere decir que me guste hacerte los trabajos – replicó.
-Ya, pero yo te salvé y eso no quiere decir que me guste hacerlo, o que me guste que estés viva – murmuró él y una sonrisa torcida se dibujó en su rostro.
-Tal vez habría sido mejor que no lo hicieras, no se que es peor, si todo el dolor que sentí y haber tenido que esperar a que alguien me encontraran, porque era seguro que lo harían – afirmó la chica – o tener que pasar cada tarde cerca de ti y cuidándote las espaldas. ¿Niñera o agonía? Es casi lo mismo¿no crees? – comentó la chica distraída. Malfoy por segunda vez en su vida, desparramado sobre un asiento, como estaba, tuvo que ocultar la sonrisa que provocó el comentario de la chica. Pero esta vez, Hermione lo notó.
-Puedes reírte si te causa gracia, o si yo lo hago, no me vas a desagradar más o menos si lo haces. – volvió a agregar.
Malfoy levantó el rostro, y Hermione, por un momento, se olvidó de su nombre, el trabajo, su casa, las serpientes, los leones, y de todo lo que tenia sentido. Una sonrisa honesta y divertida se dibujaba en el rostro de Malfoy, y tal como en un sueño que había tenido… deslumbraba.
Desvió la vista hacia otro lugar, y luego hundió la cabeza en el trabajo.
-¿Sabes? Para ser sangre sucia, amiga de Potter, una rata de biblioteca y Gryffindor, no eres tan… desagradable como lo pensé. Al menos puedes decir cosas con sentido – dijo él mientras se encogía de hombros.
-Vaya… casi un cumplido, aunque, no se si pueda tomar como tal – suspiró Hermione resignada.
-No, no lo es – dijo cortante el chico
-Vale – y se encogió de hombros otra vez. Escribió por unos cuantos minutos en completo silencio, muy concentrada. Luego dejó la pluma a un lado y releyó todo lo escrito. – Toma, ya está listo.
Draco alargó el brazo y tomó el pergamino desde una esquina, poniendo cuidado en no tener ningún tipo de contacto físico con la castaña. Hermione hizo una mueca y soltó el escrito. El Slytherin sacó su tintero y comenzó a transcribir lo que la chica había hecho.
Hermione dudaba si su trabajo por el día había terminado, no sabía si quedarse o no, y por extraño y masoquista que sonara, esperaría a que Malfoy la echara.
Apoyó los brazos en la mesa, y su mentón en su mano derecha, mientras miraba por la ventana que había ahí. Los colores rojizos bañaban la habitación y sacaban destellos dorados desde su cabello.
Ella se sentía irrealmente cómoda con la situación, en completo silencio que solo era roto por el rasgar de la pluma en el pergamino.
Malfoy continuaba escribiendo lentamente, sin decir palabra.
-¿Qué dice ahí? – preguntó de pronto el rubio apuntando una línea en el pergamino
-…que las propiedades mantengan su materia – exclamó Hermione como si fuese lo más obvio del mundo.
-No es mi culpa que tu letra sea tan horrible e inteligible – respondió Malfoy a la defensiva, notando el tono que había empleado ella.
-Escribo como escribo, es lo que hay, si te molesta, no me hagas hacer tus estúpidos trabajos – sentenció la chica.
-No me hables así, sangre sucia – espetó el chico enfadado.
-No me digas lo que puedo y no puedo hacer, Malfoy – gritó Hermione molesta de pronto – estoy harta de todas tus ordenes, y mandatos, estoy devolviéndote un favor, no siendo tu esclava y creo que eso no lo tienes claro – gritó desahogándose por fin.
Draco observó unos segundos a la chica en completo silencio. Estaba sorprendido aunque ningún centímetro en su rostro lo demostrara, pensaba en lo que había dicho la castaña, las palabras se repetían muchas veces en su interior. ¿Desde cuando tenía tanta personalidad?
Hermione por su parte, después del alivio que sintió al decir todo de una buena vez, una especie de miedo la invadió, no esperaba haber sido tan dura y honesta… Si Malfoy se enojaba, ella no sabría como reaccionar, podría lanzarle una maldición, o golpearla, nada lo detendría, y el hecho que su varita reposara sobre la mesa a dos centímetros de la mano derecha del chico, solo lograba espantarla más.
Se mantuvo en un silencio expectante.
De pronto los labios de Malfoy se curvaron en una mueca que Hermione no supo interpretar. ¿Estaba furioso o… sonreía?
-Está bien – se limitó a decir, mientras volvía su rostro hacia su redacción y el mechón rebelde caía sobre su frente otra vez.
-¿Qué dices? – preguntó extrañada la chica.
-Que esta bien – y esta vez se encogió de hombros y despreocupadamente agregó – no te trataré como una esclava, porque no lo eres.
Hermione alzó una ceja, mientras en su expresión se palpaba la incredulidad y la sorpresa. ¿Que Malfoy qué? Se quedó unos minutos en silencio, de pie junto a la mesa. Cuando entendió que Malfoy no diría nada más, avanzó hacia la ventana y se sentó sobre su marco. Los colores rojos y rosas la bañaban con su calidez y se sintió más relajada. Hacía frío y la reconfortaba el suave calor que sentía. Se quedó en silencio mirando hacia el exterior, en los jardines lograba ver pequeñas motas negras, que eran los alumnos que estaban disfrutando de los pocos días de sol en el crudo invierno.
Malfoy levantó la vista y se detuvo unos segundos a contemplar la escena que se dibujaba ante sus ojos. Algo le provocaba ver a la sangre sucia ahí, con la mirada perdida en el exterior, no sabría precisar si era asco o furia, pero se guardó los sentimientos y apartó la mirada. Ya había terminado.
-¿Y que¿No piensas irte? – preguntó Draco a nadie en particular.
-¿Hoy no tienes cita? – preguntó Hermione volviendo la vista y alzando las cejas.
-Si, pero es más tarde.
-Prefiero quedarme aquí, de todos modos ya anochece y si Harry y Ron me ven llegar para volver a salir, se preguntarán que demonios estoy haciendo… si alguien tiene que irse, prefiero que seas tu – murmuró Hermione y una sonrisa burlona se dibujó en su rostro.
-Yo no me voy – desafió él.
-Vale, nos quedamos entonces – dijo Hermione y se encogió de hombros y volvió su vista hacia el exterior. Un poco de nervio se instaló en su estomago, era verdad que ya anochecía, pero aún era temprano… ¿pasar tres horas con Malfoy?
No podría traer nada bueno…
Y? que tal?
Espero que les guste... tenemos a este nuevo chico, tan adorable y carismatico!! Keviiin! (L)
XD... lo siento, bueno, aquí traigo otro cap, y a penas pueda comienzo a escribir el prox, ahora tengo muchas ganas, pero poca inspiracion...
De todos modos prometo no tardar mucho con el proximo cap :)
Y como ya es tarde, pasamos rapidamente a lo que nos importa... o al menos a mi!
SALUDOS!!!
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Muchisimas gracias por dejar sus reviews!!! Y como ya saben! Un cap con reviews es un cap feliz
Rominitap Moon
